Caso cerrado en las apariciones de Lipa

La CDF desautoriza la aprobación del obispo filipino

A las 1:26 AM, por Juanjo Romero

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En septiembre de 2015 contaba que el el obispo de Lipa, Ramón C. Argüelles, anunciaba que los acontecimientos que rodean la aparición de la Santísima Virgen María (en 1948 en Lipa) bajo el título de Mediadora de Todas las Gracias son de «carácter sobrenatural» y «dignos de credibilidad».

Lo dijo en un emotivo acto recogido por la página web de noticias de la Conferencia Episcopal de Filipinas, aunque todavía no había pronunciamiento formal del CBCP. Era una aprobación diocesana.

Pues nada. La Congregación para la Doctrina de la Fe dice que no. Básicamente, en un documento fechado el 15 de diciembre de 2015 y dado a conocer (al menos la primera página), por el propio Obispo Argüelles, dice que el obispo no tiene competencias para ello.

El documento está firmado por el Cardenal Müeller y por el Secretario de la CDF, Mons Ladaria. El obispo Argüelles, con buen hacer, lo hizo público en cuanto dice que lo recibió, el 30 de mayo, «considero que es mi deber hacerles saber». A la vez que asegura en la página de la CBCP (Conferencia Episcopal de Filipinas) que «mi esperanza y oración es que, a pesar de este documento, nunca dudemos del amor de Dios y la Santa Madre por todos nosotros, sus fieles devotos de todo el mundo»

En resumen, el documento de la CDF lo considera «caso cerrado»: no hay sobrenaturalidad en las «apariciones»

  • La autoridad que dictaminó no es la de una comisión, es la del Sumo Pontífice
  • El obispo Argüelles no es competente
  • El decreto del obispo Argüelles es nulo e inválido
  • No hay más comisión estudiando el asunto, y si la hubiera debe ser disuelta

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En Medjugorje recuperó la paz tras la muerte de su hijo

Ombretta sintió el abrazo de una religiosa a quien nadie vio

Alguien le hizo sentir que está en el cielo

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Ombretta Rossi, en la colina de las apariciones: la sonrisa volvió allí a su rostro y la paz a su alma.

 

Actualizado 22 junio 2016

Cari Filii

A lo largo de los 35 años transcurridos desde el inicio del fenómeno de Medjugorje, son numerosas las personas que han acudido a esta localidad de Bosnia-Herzegovina con una herida en el corazón que les robaba la paz y que allí, a los pies de la imagen de la Gospa, ha comenzado a desaparecer.

Es el caso, por ejemplo, de Ombretta Rossique refiere Gloria Callarelli en su blog En el nombre del Padre de Today.

Gloria conoció a Ombretta hace cinco años, justo cuando iba a Medjugorje para celebrar el trigésimo aniversario de las apariciones. Iba en el barco que cruza el Adriático desde Ancona, en Italia, hasta Split, en Croacia, una de las vías de acceso más sencillas para los italianos del centro de la península.

El Rosary Club
En cubierta iba un alegre grupo de mujeres con una camiseta del Rosary Club (clara evocación del Rotary Club, de fama paramasónica), esto es, Club del Rosario. Gloria se acercó a ellas y les preguntó por esta entidad. Ombretta se presentó y, para explicarle los orígenes, le contó su propia historia: la de una madre que pierde a su hijo en accidente de tráfico.

Filippo tenía 21 años. El sábado 25 de febrero de 2007 conducía su vehículo camino de la discoteca Pascià, en Riccione, al sur de Rímini. Le acompañaban tres amigos, con quienes acababan de cenar en Pesaro junto con los padres respectivos por el decimoctavo cumpleaños de uno de ellos: «Un clima de fiesta de absoluta normalidad y serenidad sin excesos», contó Ombretta.

En un momento dado, la lluvia hace patinar el coche, que se sale en una curva y se estrella contra un monovolumen donde viaja una familia al completo: padre, madre y dos niños, que quedan malheridos. Filippo y sus tres amigos, el chico de 18 años y un chico y una chica de 17, mueren en el acto.

«El dolor que sufrí fue devastador, de esos que te hunden en la sima más negra de la desesperación. La herida de mi marido y mía era aún más punzante por el sentido de culpa ante el trágico final de los otros tres chicos«, confiesa Ombretta.

Medjugorje: la propuesta
Antonella, una amiga, viendo que su lamentable estado anímico no mejoraba con el transcurso de los meses, le sugirió ir a Medjugorje a mediados de junio.

La misma tarde que llegaron, se dirigieron junto a otros peregrinos hasta la Cruz Azul.

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Allí Ombretta sufrió una gran conmoción: «Allí rompí a llorar en un llanto incesante, irrefrenable, con lágrimas pesadas como piedras que al fluir me iban aligerando de la pesadez insoportable en el estómago que sentía hasta entonces».

Cansada del viaje y de las emociones, Ombretta durmió profundamente aquella noche. Pero a la mañana siguiente le asaltó una duda: «¿Qué he venido a hacer aquí? Lo único que busco, lo único que deseo, es volver a ver a Filippo. Y eso es imposible». Pero se unió a los demás para ir hasta la colina de las apariciones.

A los pies de la Gospa
En ese lugar volvió a llorar rezando a la Virgen y aferrándose a una foto de su hijo. En un momento dado, siente que alguien la abraza: es una religiosa que la aprieta contra sí con dulzura y le transmite «un profundo sentido de confianza y de ternura». Después de mucho tiempo, se siente de nuevo en paz. Y justo entonces sucede algo extraordinario: Ombretta adquiere la plena conciencia de que existe la vida eterna y de que su hijo participa de ella.

Ese gozo dura unos minutos, pasado los cuales Antonella la llama para bajar. Ella ve alejarse a la hermana, que viste hábito de color gris perla y velo blanco. Ombretta quiere compartir con todos su alegría, y entonces comprueba que nadie ha visto a la religiosa, a pesar de que ella tiene grabado su rostro y sabe que ha sido tocada por alguien de carne y hueso. Ni siquiera la ha visto el sacerdote que guía espiritualmente al grupo, Marco de Franceschi, que admite que, sin embargo, no quitó el ojo de encima de Ombretta durante aquellos momentos porque le preocupaba su estado anímico y justo estaba rezando por ella, para que superase ese terrible dolor.

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Gloria se sintió impactada por este relato, por la serenidad y firmeza de Ombretta al contarlo, por la intensa alegría que transmitía al recordar aquel momento.

El sentido de la pérdida: la conversión de otros
«Hoy comprendo que por medio de mi dolor por la desaparición de Filippo descubrí el amor de Dios, y muchas personas se han convertido. Ahora sé que él está verdaderamente bien y que sería egoísta querer tenerle aquí. El vacío de la ausencia física de mi hijo existirá siempre, me siento como amputada, como una madre a medias. Cuando alguien me dice que cuántos hijos tengo, le digo que dos, uno en la tierra y otro en el cielo, que vive espiritualmente junto a mí».

A partir de aquella peregrinación a Medjugorje, Ombretta empezó a frecuentar suparroquia de Santa María del Puerto en Pesaro. Rosy, una amiga, le regaló una coronilla del Santo Rosario, y entonces decidió fundar, junto con Stefania, la madre de Paolo, el chico que murió aquel fatídico día de su mayoría de edad, un grupo de oración, el Rosary Club.

Hoy son sesenta miembros y todas las mañanas del año, haga el tiempo que haga, de 6.10 a 7.30, antes de ir a trabajar, acuden a la playa de Pesaro y rezan el rosario caminando por la orilla.

Y en junio, de nuevo visita a la Gospa en Medjugorje. «Ombretta se despide confiándome esto», concluye Gloria: «La alegría de Dios que tengo en el corazón aumenta cada vez que se la doy a los demás«.

St Josemaría arrived in Rome

St Josemaría arrived in Rome for the first time on June 23, 1946

On June 23, 1946 the founder of Opus Dei arrived in Rome to expedite pontifical approval of Opus Dei. This approval would enable Opus Dei, which was universal from the very start, to spread its apostolate to different countries. Pilar Urbano wrote an account of the journey after interviewing the people concerned.

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A record in photographs of St Josemaría’s journey to Italy

On the port side of the J. J. Sister, Father Josemaria Escriva and a very young Law professor, José Orlandis, a member of Opus Dei, were leaning on the rails breathing in the sea air. They looked at each other and smiled. One of the passengers nearby commented, “After the storm comes the calm.” The platitude described the situation perfectly. They had just been through twenty hours of terrible storm; the little mail steamship had been buffeted by a violent gale which blew from the Gulf of Lyon. The J. J. Sister, notorious for pitching and tossing, kept its course despite wind and tide, although the dining-room china and glassware were shattered, the waves swept the deck, and the furniture slid up and down. All the passengers and the crew, from the captain to the cabin boy were seasick. At the height of the storm Father Escriva quipped, “Do you know what? If we go down and get eaten by fish… Perico Casciaro will never eat fish again as long as he lives!” 1 .

It was 5 p.m. on a warm day, Saturday 22nd June 1946. The sun beat down, but the breeze on the high seas made being on deck very pleasant. The J. J. Sister was sailing eastwards from Barcelona to Genoa.

Three years earlier Alvaro del Portillo, another young member of Opus Dei, had travelled the same route, but by air, while the war was still raging. Del Portillo was unperturbed. “I was quite sure nothing would happen. I was carrying all the papers.” 2. He had with him all the documents which he was to present to the Holy See to obtain the nihil obstat, the green light for setting up Opus Dei, or the Work, in different dioceses. At the time Opus Dei had just one limited approval: a kind of pass granted by Monsignor Eijo y Garay, Bishop of Madrid-Alcalá, to allow it to develop within the limits of a “Pious Union”. From every point of view this was insufficient for the universal scope which its nature demanded.

Later on Father Escriva would write: “Both to the world and to the Church the Work seemed a great novelty. The canonical solution that I was seeking seemed impossible to attain. But, my daughters and sons, I could not wait for things to be possible. A high-ranking member of the Roman Curia told us, ‘You have come a century too soon’. Nevertheless we had to attempt the impossible. I was urged on by the thought of the thousands of souls who had dedicated themselves to God in the Work, with full commitment, in order to do apostolate in the middle of the world” 3.

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