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Cuando la infidelidad se “instala” en el matrimonio, ¿hay solución?

Un caso real y doloroso que tuve en mi consulta

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Les traigo aquí un caso real que tuve que atender, una historia dolorosa. El mayor problema de la infidelidad es cuando se “instala” en el matrimonio y el esposo o esposa infiel no quiere realmente dejar esa relación.

Esposo.

Verá usted, mi esposa y yo tenemos dieciséis años de casados y dos hijos adolescentes, hemos sido más o menos felices, pero desde hace cinco años yo había tenido una relación en la clandestinidad con una compañera de trabajo, mi esposa lo descubrió y estamos en una fuerte crisis.

La verdad es que con mi otra relación experimento sentimientos distintos y un fuerte deseo sexual; usted entenderá, ella es más joven que mi esposa, no tiene hijos, siempre esta arreglada y despreocupada para mí. También es capaz de comprenderme mejor que mi esposa.

Quiero a mi esposa y me siento mal, en verdad no soy cínico y me encuentro luchando conmigo mismo, pues quisiera reconstruir mi matrimonio y cuento con que ella lo desea, está dispuesta a perdonarme, así como seguir al pié de la letra todo lo que nos aconseje usted como terapeuta para salvar nuestro matrimonio.

Tengo una fuerte sensación de pérdida de cuánto representa el matrimonio y la familia, de la forma en que me ven mis hijos ante los cuales no sé qué explicaciones dar. También siento culpa por el dolor que estoy causando. Creí que no llegaría a provocar nada de eso cuando mi infidelidad estaba en la clandestinidad, me había acostumbrado a llevar una doble vida y pienso que no hacia mal, pues cumplía con todas mis obligaciones familiares. Ahora todo ha cambiado.

Aunque debo admitir, que por otro lado, estoy roto por dentro, pues se me hace difícil, casi que imposible, renunciar a todo lo que siento con mí… amante… si mi esposa lo supiera… En los últimos seis meses me he ido de mi casa por seis ocasiones y he regresado a los pocos días, esto debido a que siento intensa nostalgia de estar con mi amante, y eso me hace pensar que no podre dejarla; además, tengo con ella un compromiso, pues por mi causa dejo un novio que tenía, al menos, es lo que me reclama.

Todos los días me digo; ahora sí voy a rectificar, ya me voy a portar bien, pero…. mañana empiezo.

Esposa

Lo que han sido las cosas…

Yo, por haberme enfermado, y mi esposo por fingir demencia, fuimos al especialista. A él por sus incongruencias lo diagnosticaron con trastorno bipolar y le recetaron sales de litio; a mí, un cuadro depresivo y sus respectivos medicamentos, pero eso es simplemente absurdo, ya que el origen de nuestros problemas, bien lo sabemos, es su infidelidad que nos tiene a todos rotos por dentro, eso y no otra cosa es nuestra enfermedad, que no inventen.

Mis hijos también están afectados pues han bajado su rendimiento escolar y se han vuelto muy conflictivos en sus relaciones, sabemos muy bien que son adolescentes, con todo, no eran así antes, nos han llamado de la escuela y pueden ser expulsados. Han recibido ayuda psicológica, pero no ha funcionado, son muchachos más bien tristes.

Pero en su orientación matrimonial, el enfoque profesional fue distinto, por lo que yo me esforcé y sé que pudo habernos ayudado mucho, pues coincidí con usted en que:

  • Ambos, a través del diagnóstico y la terapia correcta, teníamos la posibilidad y responsabilidad de volver al punto, donde pudiéramos entender cómo y cuándo nuestro amor se enfermó de muerte.
  • Que existen disfunciones en nuestra unión conyugal que pudimos identificar, enfrentar y resolver.
  • Que mi esposo debe superar una sexualidad desintegrada por las que se orienta a la infidelidad.
  • Que la verdadera causa la podíamos haber resuelto no solo a partir de la comprensión del problema y en el perdón, sino además, en recuperar el entrelazamiento amoroso de esposos y en el darnos y acogernos mutuamente. Que si bien existe una terapia, esta no suplía nuestra propia capacidad de auto regenerarnos gradualmente para volvernos a unir.

El grave problema es que mi esposo realmente no ha querido enderezar su vida, y ante esto no hay terapia que sirva. Llegué al final del camino, me encuentro muy cansada, no quiero seguir, esto se acabó.

Mi esposo sigue con muchas contradicciones, cuando no busca hacerse el ofendido, se victimiza, ha llegado a decirme que no está en su voluntad comportarse como se comporta, que es como si estuviera hechizado. Busca evadir su responsabilidad dándome regalos personales, saliendo conmigo y tratándome muy bien. Dice que quiere arreglar su vida, que conserve esa esperanza, peroel suyo es un querer sin querer, pues está instalado en su infidelidad, y para mí, lo que realmente busca, es que yo termine aceptándolo así.

Todo lo contrario, jamás lo aceptare, ni guardo ya esperanzas.

¿Cómo puedo tener aun esperanza?, si cada vez pierdo más y más mi confianza en él, estoy además muy desconcertada, pues ya no sé qué hacer o decirle para que reaccione de ese comportamiento tan contradictorio y cínico.

Estas contradicciones y su ir y venir me han hecho un gran daño, pues mi salud se ha deteriorado. Ya no me puedo ver como mujer, esposa, madre, es como si mi vida entera se hubiera hecho jirones. Quise luchar por mi matrimonio, primero por amor a él, después solo para conservar un padre para mis hijos, pero ha sido inútil. Estoy muy descorazonada.

Lo que mi esposo no alcanza a comprender, es que poco a poco he perdido el deseo de luchar, de llegar a una solución, ya no tengo la fortaleza para eso. Estoy triste y sin esperanzas. Ahora lo que deseo es apartarme de él, pues todo esto me ahoga y destroza.

Desenlace. Divorcio y un profundo daño familiar.

La esposa. Tendrá que superar una gran tristeza, una enorme decepción respecto de los pilares en los que había basado su vida, una crisis profunda de autoestima, y una gran desesperanza sobre la valía de su futuro. Habrá de enfrentar problemas de medios económicos, y la ausencia en el cada día de la figura paterna, para sacar adelante a sus hijos.

Los hijos. Sufren la desintegración de la familia, y con ello, un grave deterioro en su principal referente de identidad, que afectara definitivamente el desarrollo de sus personalidades.

El esposo. Empezó a vivir con su amante pero la relación simplemente no funcionó, como no funciona todo lo que se funda en el más despersonalizado egoísmo. Trató de volver con la ex esposa y fue rechazado contundentemente, aumentando el daño moral y psicológico entre ellos. Vive solo y visita a sus hijos a través de acuerdo legal.

La amante. Al margen del grado de culpa o responsabilidad, jamás sabrá el daño directo o indirectamente causado por ella. No lo sabrá porque le es imposible dimensionar la profundidad de las heridas producidas, o porque por insensibilidad, no quiera o le interese acercarse a esta verdad. Aunque no lo admitiera, también a sí misma se hizo un gran daño moral y la secuela de la injusticia cometida será muy difícil de seguir, y siempre será a través de un oscuro rastro.

La infidelidad atenta directamente al matrimonio y se convierte en un cáncer que invade a toda la familia, rompiendo su unidad de vida y amor al través del daño espiritual, moral, psicológico y corporal.

La infidelidad introduce la muerte en los lazos familiares.

Por Orfa Astorga de Lira, Orientadora familiar. Máster en matrimonio y familia. Universidad de Navarra.

Escribenos a  consultorio@aleteia.org

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