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La aceptación de uno mismo

La aceptación de sí mismo es un deber tanto para el hombre como para la mujer. Deber difícil porque esta aceptación no nacecon nosotros. Tenemos queaprenderla. Si yo no me acepto, no puedo aceptar a otros. Si yo no me amo, no puedo amar a otro. La aceptación de sí mismo es necesario para cada ser humano. Si vivo en conflicto con mi cuerpo, vivo en conflicto con Quien me ha creado, como le sucede a los que plantean la perspectiva de género.

Para amar a los demás, el ser humano debe de empezar por amarse a sí mismo. La medida del amor al otro ha de ser la del amor a sí mismo.

Las mujeres no se liberan por el camino de esforzarse en ser como los hombres. La llamada a la liberación es mucho más que eso. Requiere que las mujeres se acepten a sí mismas en su originalidad. El hombre no es superior a la mujer, simplemente son diferentes, para complementarse.

Enamorarse es fácil, pero ser constante y lograr el crecimiento del amor, no lo es. Y esto lo podemos constatar en muchos casos. El amor desea el bien del otro, quiere que sea mejor; pero ¡cuánto cuesta aceptar los defectos ajenos! Amamos realmente cuando aceptamos al otro tal y como es, con sus defectos y con sus cualidades, pero con la esperanza de que luche y supere sus defectos.

El amor auténtico es exclusivo y tiene un matiz de absoluto. El amor verdadero implica tratar a la otra persona de modo excepcional, amable y cordial. El amor inteligente está formado de tres elementos básicos: corazón, cabeza y espiritualidad. Cuando se elige pareja, hay que apostar por los valores interiores. Si no, tarde o temprano ese romance termina por aburrir.

La felicidad está construida a base de amor, trabajo y cultura, sin que por eso pierda su aspecto trascendental. Al contrario, de algún modo, el amor, el trabajo y la cultura trascienden cuando se les da su sentido y se les ubica en un proyecto donde cabe lo espiritual.

El amor es como el fuego, que hay que avivarlo cada día, de otro modo se apaga. Hay que nutrirlo de cosas pequeñas, de detalles cotidianos que hacen la vida agradable y llevadera tanto al cónyuge como a los hijos, si los hay.

En nuestros días se le da tal lugar a la belleza física, que con frecuencia se olvida la importancia del buen carácter y de los valores de la persona. Si se acaba la hermosura y la atracción, ¿se acaba el amor?… ¿Fue amor verdadero el que no supo superar el paso de los años?

Cuando se ama verdaderamente, se ama con todo el ser y a través del tiempo.

Te invito a leer un soneto de Francisco de Quevedo (del Siglo de Oro de la Literatura Española); en una primera lectura, escucha su musicalidad, en una segunda lectura, trata de entenderla, y en la tercera, profundiza en su significado.

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera.

mas no de esotra parte en la ribera

dejará memoria, en donde ardía;

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a la ley severa.

 Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

medulas que han gloriosamente ardido:

 su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

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