La procesión eucarística más grande de la historia

Con motivo del 51 Congreso Eucarístico Internacional en Filipinas

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Catholic devotees celebrate mass to culminate the International Eucharistic Congress (IEC) in Cebu City, Central Philippines on January 31, 2016. The special envoy of Pope Francis on January 31 told a massive crowd in the Philippines that the country had a special role of spreading the gospel, even to developed nations. AFP PHOTO / AFP / STRINGER

Tuvo lugar el pasado 29 de enero en Cebú, Filipinas, durante el 51 Congreso Eucarístico Internacional. Más de dos millones de personas salieron a la calle para adorar a la Santísima Eucaristía. El país asiático vuelve a registrar un nuevo récord en lo que a participación de los fieles se refiere. Ya lo hizo en 2015, cuando 6/7 millones de personas participaron en la Eucaristía celebrada por el Papa Francisco durante su visita al país, considerada la Misa con más participación de fieles de la historia

Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega

 

EE.UU.: Dios esta con ellos

Dios no ha abandonado a Ciudad Juarez

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La visita del Papa Francisco a tierras mexicanas ha causado mucha alegría y esperanza al pueblo mexicano, una alegría que llega mas allá de sus fronteras. La visita de seis días a México concluye en Ciudad Juarez, Chihuahua, en el norte del país y que hace frontera con El Paso (Texas, EE.UU.). Dos naciones una fe, es el lema con el que estas ciudades hermanas esperan al Papa Francisco.

El Obispo Mark Seitz, Obispo de la Diócesis de El Paso nos habla acerca de esta visita papal:

“Estamos muy animados por la visita del Papa a nuestra tierra, algunas veces son sentimos alejados de todos,  de vez en cuando nos sentimos separados del resto del mundo aquí en el Paso  y Ciudad Juarez, pero nuestro Papa, el vicario de Cristo nos tiene en cuenta y va a visitarnos”.

Una visita que el Obispo Seitz cree ayudara a la sanación de Ciudad Juarez, ante la violencia que ha vivido durante varios años.

“Como saben, Ciudad Juarez ha pasado por un tiempo muy difícil, de mucha violencia, y están tratando de comenzar de nuevo, de recibir la sanación. Esto es lo que necesitan, necesitan saber que Dios no los ha olvidado a ellos. Y gracias a la presencia del Papa, pueden conocer y entender esta realidad más claro que antes. Dios esta con ellos, Dios no ha abandonado a Ciudad Juarez”.

La visita del Papa Francisco también servirá para abordar el tema de la inmigración, un problema que estas dos ciudades comparten.

“El Papa se va enfocar en la cuestión de la inmigración en su visita, y creo que ha escogido un lugar muy bueno para mostrar al mundo cómo podemos reaccionar a esta realidad. Nosotros decidimos no ver al inmigrante como una amenaza, sino como gente que debe recibir nuestra compasión. Vivimos tras la frontera no como dos mundos separados, sino como un gran comunidad.

Dependemos unos de otros, sabemos que nuestras familias están en los dos lados, la economía, la zona geográfica, todo dice que no somos diferentes mundos, sino en verdad una comunidad que vive en dos lados de una frontera de dos países. Esperamos que el mundo pueda ver cosas buenas, que podamos servir como  modelo

Una oportunidad para compartir como hermanos: Ciudad Juarez y El Paso trabajan juntos para recibir al Papa Francisco.

“Estamos trabajando duro, hemos tenido una colecta en nuestra Diócesis de El Paso para ayudar a nuestros hermanos de Ciudad Juarez, y ellos estas compartiendo muy generosamente con nosotros esta experiencia que van a tener. Por ejemplo vamos a distribuir boletos para la Misa en Ciudad Juarez aquí en nuestra Diócesis de El Paso.

Para todos los que no puedan ir a la misa en Ciudad Juarez, vamos a poder participar desde El Paso. El estadio de Sun Bowl sera el lugar en donde no solo podremos ver y participar en la Misa, sino también el Santo Padre y nuestros hermanos en Cuidad Juarez podrán vernos a nosotros. Vamos a experimentar de muchas maneras esta unión que vivimos”, finalizó el obispo Mark Seitz.

First bishop of the Personal Ordinariate of the Chair of St. Peter

The Personal Ordinariates rejoice as Bishop Stephen Lopes is ordained in Houston as the shepherd of the Personal Ordinariate of the Chair of St. Peter. Lopes was ordained a bishop on Feb. 2, 2016 at the Co-Cathedral of the Sacred Heart in Houston, Texas.

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In a majestic Mass at Houston’s Co-Cathedral of the Sacred Heart on Tuesday evening, history was made for the Anglican ordinariates established by Pope Benedict XVI: Their first bishop was ordained.

“In a nutshell, it means we’re here to stay,” summarized Msgr. Harry Entwistle, the ordinary of Australia’s ordinariate, which is under the patroness of Our Lady of the Southern Cross.

The new bishop, Stephen Joseph Lopes, 40, a native of California, was in fact instrumental in the creation of the ordinariate that he now leads — the Personal Ordinariate of the Chair of St. Peter.

The ordinariates were established as the Vatican’s pastoral response to repeated and persistent inquiries made by Anglican individuals and groups who desired full communion with the Catholic Church, in a history that goes back to at least Pope Pius XII.

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Oración por mi esposo

Que sea mi compañero y mi mejor amigo

web-love-romance-married-couple-rosanne-haaland-ccSeñor, Tú que conoces los corazones y
escudriñas en las profundidades de cada alma,
hoy quiero pedirte por mi esposo, que para mi corazón
es muy amado,
a quien elegí gracias a Ti para que sea mi compañero y mi mejor amigo;
a quien preferí y escogí entre las páginas de mi vida.

Quiero pedirte por su corazón,
míralo con ternura y acaricia sus heridas más profundas,
sana su memoria de recuerdos dolorosos
y regálale la alegría siempre nueva para sus labios.

Colma su corazón de amor,
para que sus palabras, sus gestos
transmitan a quienes estamos a su lado
la compañía y la seguridad
que tanto necesitamos.

Fortalece sus manos
para que su trabajo sea digno y bueno,
guía sus pensamientos para que sus pasos
sean bendecidos.

No alejes tu mirada de sus días,
para que se sienta muy amado por Ti.

Atráelo hacia la Fuente de Tu Amor,
si se encuentra alejado;
manténlo muy unido a Ti,
si ya está aferrado a tus amores.

Toma su mano y guíalo cada día
para que como padre y esposo,
sea fiel a tus mandamientos
y su sola presencia
inspire fuerza, valentía y seguridad.

Que su familia pueda recurrir a él,
como sostén y guía, fuerza y ayuda
en cualquier situación.

Que nuestros hijos descubran en él,
al modelo perfecto de amor
y seguridad;
que en sus brazos aprendan del valor del trabajo y la fidelidad,
y que por sus palabras
beban de honestidad y responsabilidad.

Bendice su trabajo y las manos que día a día no se cansan;
que todos sus caminos sean bendecidos
y que yo, como esposa, descubra en él…
el amor verdadero y eterno que siempre anhelé.

Dame capacidad de entenderlo y amarlo,
sin pretender cambiarlo, más bien valorarlo.
Que corrija con prudencia y camine a su lado
respetando su individualidad y diferencias.

Que lo ame y cada día lo conduzca
con mis oraciones y ejemplo,
hacia nuestro fin, que es el Cielo,
donde el amor será eterno.

Que encuentre en él
la fuente del amor humano,
que su corazón no sea turbado
y que nuestros corazones
al mismo ritmo de amor fusionen su latir,
para que quienes comparten nuestras vidas,
vean en nosotros la belleza
del Amor de DIOS en nuestras vidas!!!.

El “don” de ser ancianos y frágiles

Una reflexión sobre el valor de la vejez y la enfermedad, a partir de la experiencia de mi papá con Parkinson

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“Te bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, oré haciendo tres veces el signo de la cruz sobre la frente de papá, la penúltima noche. Él me miró desde su cama, con los ojos bien abiertos. Me acordé de mis hijos cuando, antes de dormirse, estaban listos para la oración y para un beso de buenas noches.

“Es como un niño”, dijo después mi madre al referirse a mi frágil padre de 86 años enfermo de Parkinson. “Ha vuelto a ser completamente un niño”, repitió con una mezcla de sorpresa y tristeza.

Sabíamos todos que este día estaba llegando. Pero a pesar de saberlo, fue conmovedor ver a un hombre tan fuerte, robusto y físicamente atlético caer en la total impotencia y debilidad.

Mi mente voló a uno de los momentos más dulces que haya vivido nunca con mi padre, durante el semestre en que asistió a mi curso sobre “Principios de bioética” en la Universidad de Nuestra Señora de la Santa Cruz, hace casi una década. Orgulloso como un pavo del hecho que yo estuviera enseñando en la universidad, estaba feliz de asistir a mi curso y mis estudiantes lo amaban.Leyó diligentemente y subrayó el libro de texto dejándolo sobre la mesa junto al sofá en la sala, para poderlo mostrar a quien lo fuera a visitar a la casa. La enfermedad de Parkinson estaba empezando a afianzarse en esa época y, por suerte, los fuertes temblores estaban muy controlados por los fármacos que tomaba.

Un martes pasé a recogerlo por la mañana temprano para ir a la clase, como hice todo el semestre. Habíamos cruzado el Greater New Orleans Bridge hasta la orilla oeste del Mississippi, donde está la pequeña universidad católica. Recogimos algunas naranjas maduras que estaban en el árbol junto al estacionamiento, para luego entrar al edificio escolar por la puerta de atrás. Después de subir un piso con el elevador, atravesamos el pasillo de azulejos blancos que conducía al salón donde nos esperaban treinta estudiantes.

Casi a mitad de la calle las piernas de mi papá se petrificaron y él, con una mirada asustada, les ordenó que siguieran adelante, con el pensamiento. Nada que hacer. En pocos segundos se derrumbó en un gran llanto a causa de la pérdida de control sobre su cuerpo. “Ánimo, papá”, le dije tomándolo por el brazo para ayudarlo a seguir adelante. “Tú puedes”. Llegamos tarde a la clase, y mientras él intentaba poner buena cara al mal tiempo, estaba sacudido al darse cuenta de su condición degenerativa. Esas fueron las primeras manifestaciones de una enfermedad que al final le habrían vuelto casi imposible caminar o hablar.

Al mirar fijamente el frágil y debilitado cuerpo de mi papá, reflexioné sobre el misterio de la pérdida de la fuerza y capacidades de nuestra vida – tal como la conocemos – para prepararnos a la vida eterna. Existe una inmensa gracia en el dejar de depender de nosotros mismos, y aprender a depender completamente de Dios y los demás. La última etapa de una larga vida está generalmente caracterizada por una profunda vulnerabilidad, un despojarse de las propias corazas, máscaras y mecanismos de defensa. Es una etapa sagrada donde volvemos a ser lavados, alimentados, acompañados y limpiados por los demás. Teniendo la posibilidad de recuperar – a pesar de la piel marchita – un corazón de niños.

La mayor parte de nosotros necesita una vida entera para alcanzar el lugar en que la naturaleza ofrece como un don – la impotencia – lo que hemos, a menudo, temido perder más, contra lo que hemos combatido más duramente y que hemos buscado rechazar incansablemente con cada instrumento a nuestra disposición. Al final, la impotencia es una gracia que nos invita a rendirnos, nos enseña simplemente a abrir nuestras manos para recibir de Dios y de los demás. La impotencia es el beso del cielo, un beso que nos invita a la confianza, un beso que nos invita a casa al lugar donde hemos finalmente entendido que somos infinitamente amados por un Dios que nos ve como lo que hemos sido creados para ser: pequeños niños.

“Buenas noches, papá. Te quiero”, le dije en voz baja arrodillándome para besar su rostro infantil. “Todo está bien. Quédate en paz”.

El primer mártir de América

Pedro Martínez

Impulsan la canonización del primer jesuita que dio su vida por el “Nuevo Mundo”

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El misionero jesuita Pedro Martínez fue asesinado hace 450 en las costas de Florida (EEUU) y se convirtió en el primer mártir jesuita del “Nuevo Mundo”.

“El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte”, reza elCatecismo de la Iglesia Católica (2473).

A lo largo de la historia de la humanidad hubo quienes han perdido su vida por diversos motivos como los vinculados a la ideología, a las reivindicaciones humanitarias, etcétera.

Pero también hubo y hay quienes pierden su vida a causa de su fe. Tal es el caso del padre Martínez, que nació en España en 1533 y se vinculó desde muy joven a la Compañía de Jesús con el ferviente deseo de ser misionero.

En el año 1566 Martínez partió hacia América. Una de las características más destacables del joven jesuita, según una reseña de Ompress-Florida, era su alegría.

Cuando llegó a Florida, Martínez junto al grupo que lo acompañaba, se perdió en sus costas y al ingresar a una aldea hostil fue asesinado por los nativos.

Siervos de Dios

Su proceso de canonización fue impulsado hace poco y junto a él también el de otros 80 mártires (dominicos, franciscanos y unos 61 nativos americanos convertidos) asesinados en diversos lugares de Florida entre 1549 y 1706.

En cuanto a los nativos americanos asesinados a causa de su fe, se estima que hay más de 1000, cuyos nombres se han perdido, según expresó monseñor Gregory Parkes, obispo de Pensacola-Tallahassee.  En octubre de 2015 se realizó la apertura de la causa de estos mártires, que fueron declarados Siervos de Dios por la iglesia.

“El número de mártires que vimos en los siglos pasados en Florida ha aumentado de modo exponencial hoy en Oriente Medio, África, India y otras partes del mundo”, dijo Parkes. En ese sentido, “la historia de los mártires de Florida adquiere un significado especial para nosotros”, concluyó.

Contribución a la evangelización de América

“La historia de la evangelización de América reconoce numerosos mártires, varones y mujeres, tanto obispos, como presbíteros, religiosos y laicos que con su sangre regaron estas naciones. Es necesario que sus ejemplos de entrega sin límites a la causa del Evangelio sean no sólo preservados del olvido, sino más conocidos y difundidos entre los fieles del continente (EA 15)”, expresó el Papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica Ecclesia in América.

Algunos cristianos en el continente fueron llamados desde siempre a dar este supremo testimonio de amor ante todos, principalmente ante los perseguidores.

Actualmente son miles los cristianos en el mundo entero que atraviesan por esta situación.

Es por ello que la causa de canonización de estos mártires de Florida, junto al testimonio del padre Martínez, y el del resto, debe ser ejemplo de perseverancia para esos tantos miles que hoy en día sufren persecuciones a causa de su fe.

CARTA DE UN PADRE

carta-sobre-rojoEra una mañana como cualquier otra, yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar conlos cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por el cabello y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato. Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo solo te advertí que no te portaras mal.Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mí te indiqué que caminaras. Mas tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me dí cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Como podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta.“Adelante” dije adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunte: -¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte?No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba.-“Hasta mañana papito”, me dijiste.¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mi y ciertamente no eras igual.Tu tenías unas cualidades de las que yo carecía, eras legítimo, puro, bueno y sobre todo, sabías demostrar amor? ¿Por qué me costaba tanto trabajo?, ¿por que tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba aburriendo?. Yo también fui niño. ¿Cuando fue que comencé a contaminarme?. Después de un rato entré a tu habitación y encendí una lámpara con cuidado.Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación.Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo mas que a mi vida.

Almas retardadas

retardoJuan Pablo II dijo en una encíclica y una carta sobre el Rosario que vendría la primavera de la Iglesia, pero antes padecería una gran purificación. La tribulación está a la vuelta de la esquina, y todo terminará en “nuevos cielos y nueva tierra” o el milenio de paz; pero luego de un periodo de paz y fervor, la humanidad volverá a decaer, y entonces el mal será la tibieza de las almas, como dice el experto Antonio Yagüe.

Las almas retardadas son aquellas que no crecieron o dejaron de crecer por rebeldía, flojera para las cosas de Dios, egoísmo, por negligencia, por no cultivar el amor a Dios. El fondo están el orgullo y la pereza,… el miedo al sacrificio. Es un fracaso que se gesta poco a poco, es casi imperceptible. Si no hay un progreso continuo se corre el riesgo de volverse deforme.

Se toma la decisión de ser para Dios pero luego no se cumple con ella y se hace un poco duro el corazón. Esa persona está convencida que hace lo que debe. No quiere convertirse. No oye razones. Dice: “No me vengan a pedir, a exigir, no quiero ser corregido”. Se menosprecia la hora de la visita del Señor.

Dios nos ha elegido para transformar la historia. Pero cuando no vivimos lo ordinario con heroísmo viene el desencanto. Benedicto XVI dice que el cáncer más virulento es la apatía del corazón, corazón que no busca la rectitud.

El beato Álvaro del Portillo decía en una de sus Cartas: La insidia más peligrosa, la enfermedad más dañina es el aburguesamiento interior, la tibieza, que se manifiesta en la disminución de la lucha por cumplir las exigencias de la llamada divina. Es la más insidiosa porque puede no advertirse en sus principios. El joven rico reunía las condiciones para recibir la llamada de Dios pero cuando Jesús lo invitó a seguirlo, a dejarlo todo por el amor, descubre que no está dispuesto a abandonar sus cosas, su riqueza, su comodidad, sus manías, sus proyectos más o menos mezquinos.

Un muchacho le preguntó a don Álvaro del Portillo:

-Padre, voy a dar una conferencia en el retiro, ¿qué me recomienda que diga?

-Diles que en esta vida sólo hay dos caminos: Uno que conduce imperceptiblemente hacia arriba y otro que conduce imperceptiblemente hacia abajo.

Por dos motivos podemos retrasar el avance espiritual:

1º Por negligencia en las cosas pequeñas, que lleva a la negligencia en las cosas grandes.

2º La huida de los sacrificios conduce a la inmadurez espiritual; produce un “retardo”.

Gran parte de los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están íntimamente relacionados con el corazón del hombre.Para mantener limpio el corazón es necesaria la virtud de la castidad. Se ha dicho que es la puerta de entrada… y también de salida de toda vida interior. La pureza no es la principal cualidad cristiana, pero es, sin embargo, indispensable para perseverar en el esfuerzo diario de la santificación. Esta virtud exige una especial ayuda de la humildad.

El alma retardada ha ido desalojando poco a poco a Dios de su corazón, de allí que frecuentemente necesite huir de sí mismo. Padece una pereza que consiste en hacer cosas que van en beneficio de intereses humanos, pero no en el de su vida espiritual.

La tibieza es una grave enfermedad del amor que puede darse en cualquier edad. La tibieza es una parálisis espiritual, una enfermedad del alma. Esa debilidad de las fuerzas del alma es consecuencia de la falta de ilusión porque no se tiene en cuenta el amor que Dios nos profesa, y por tanto, no se encuentra aliciente para comportarse como a Dios le gusta. Es una cierta tristeza por la que el hombre se vuelve tardo para realizar actos espirituales, a causa del esfuerzo que llevan consigo.

La tibieza nace de la dejadez prolongada en la vida interior; nace de sucesivas transigencias, cediendo fácilmente ante los pecados veniales. Y todo ello porque no se tiene a Dios suficientemente presente y se le da poca participación en la vida, quizás pensando en Él sólo en esas cuantas ocasiones destacadas; pero no en las peripecias y las coyunturas que entretejen los días corrientes.

El error más grande de los seres humanos sería basar su vida sobre la falsa seguridad del bienestar material, sobre el prestigio humano; sobre el dinero u otra cosa de poca consistencia. Poner a Cristo en primer plano está en el origen de la vocación cristiana y de la alegría. Es causa de infelicidad todo lo que nos separa de Jesucristo.

Dice Peman: “La prudencia, si no se hace celestial, se vuelve tibieza”. La tibieza hace difíciles las cosas fáciles. La tibieza todo lo encuentra extremadamente dificultoso. Con tibieza, se piensa más en lo difícil de lo bueno y en el placer de lo malo. Se pierde el deseo de un acercamiento profundo a Dios, incluso se rehuye en lo posible, el trato con Dios.

El corazón no puede estar “en vacío”, o se le da un gran amor o se llena de compensaciones. San Gregorio lo ilustra diciendo que: “el alma negligente padecerá hambre; porque cuando no aspira con ardor a lo más alto, se derrama perezosamente en los bajos deseos; y por lo mismo que se dispensa de someterse a disciplina, se siente atraída por deseos de placeres”.

En palabras del Papa Benedicto, el camino sería: yo, pero no más yo, ésta es la fórmula de la existencia cristiana fundada en el Bautismo, la fórmula de la resurrección en el tiempo. Yo, pero no más yo: si vivimos de este modo, transformaremos al mundo” (Homilía en la Vigilia Pascual, 15-IV-2006).

El Señor nos dice: “Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Y así, porque eres tibio, y no caliente ni frío, voy a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3,15-16). Y añade que no hay que dejar el fervor de tu primera caridad”.

Es preciso destacar que todas las enfermedades tienen remedio en la vida espiritual. El tratamiento de la tibieza viene por la línea de la oración y por la línea de la sinceridad.

Jesús le dijo a una mística francesa: No te desanimes. Hay muchas maneras de avanzar, incluso por medio de caídas. Clama a mí, y no temas gritar si en algo caes; pero que ese grito vaya derecho a tu Único amigo. Cree en mi fuerza.

La devoción a la Virgen es, tal vez, lo que más ayuda. San Josemaría Escrivá escribe: “El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza” (Camino, n. 492)