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Anécdotas de Madre Teresa de Calcuta

teresa-de-calcuta-sonrie1. Cuenta la Madre Teresa de Calcuta: Un grupo de profesores de Estados Unidos se encontraba de visita en Calcuta. Tras visitar nuestra Casa del Moribundo Abandonado en Kalighat, vinieron a verme. Antes de irse uno de ellos me dijo que le dijera algo que se pudiese llevar como recuerdo de la visita y que al mismo tiempo les pudiese servir. –Sonríanse unos a otros- les recomendé. Uno de ellos dijo:
– ¡Cómo se ve –Madre- que no está usted casada!
– Lo estoy -le dije-, y a veces se me hace cuesta arriba sonreír a Jesús, porque me pide demasiado.
2. Cuando le pregunta un periodista: En los últimos años usted ha recibido muchas distinciones, la mayor de las cuales es el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, ¿cuál es para usted el premio más querido?, no duda en contestar:
Mi mayor premio es amar a Jesús. Él lo es todo para mí. Es mi vida, mi premio. Para mí lo más grande sería poder realizar el amor universal, sobre todo para los que sufren.
3. Teresa de Calcuta y el pordiosero
Un pordiosero vino a mí y me dijo:
─Madre Teresa todo el mundo te da algo y yo también quiero dártelo, pero hoy en todo el día sólo recogí esto (eran alrededor de diez peniques). Quiero dártelo también. Entonces me dije a mi misma: Si lo tomo puede que se tenga que ir a la cama sin comer, pero si no lo hago, le haré daño. Lo cogí, y jamás he visto a nadie con tanta alegría como la que vi en la cara de aquel hombre, que también podía darle algo a alguien. Ése es el placer del amor.
Basta con que no hablemos nunca mal de nadie para dar un testimonio espectacular de caridad.
4. Uno de nuestros colaboradores me preguntó:
– ¿Quiere que nos hagamos católicos como usted?
Yo le contesté: – Me gustaría daros el tesoro que poseo, pero no está en mis manos darlo a nadie, porque es un don de Dios. Lo que hago es ofreceros la posibilidad de realizar obras de amor.
5. Le citaré un caso real. Un hombre muy rico e importante advirtió que tenía lepra. Tuvo que abandonar inmediatamente a su familia y su puesto en una empresa. Su mujer había insistido: Sabes bien que si no dejas la casa nuestras hijitas no se casarán nunca. Por lo tanto, vete. Él obedeció y se fue a un asilo para pobres, sin pedir nada, ni siquiera las curas, sólo quería morir. Un día nuestras hermanas lo encontraron; desinfectaron sus heridas y lo acostaron. Aquel día cambió y dijo:¡Ahora creo que Dios me ama!
… Él se convirtió en nuestro brazo derecho en todas las tareas, en la asistencia sanitaria y en la escuela. Ha cambiado por completo y ha renacido cuando se ha dado cuenta de que lo aman.

Cfr. Juan Pedro Manglano, Orar con Teresa de Calcuta, Desclée de Brouwer, España 2003.

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