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Brujería y supersticiones

La brujería ¿es manejable?

brujas

En Inglaterra encienden la televisión y –como por arte de magia- encuentran un programa tras otro sobre brujería o ciencias ocultas. Los programas con tema siniestro y de brujería han proliferado. Entre ellas está Buffy, que es una brujita que lucha contra los vampiros. Otros programas sacan a un simpático dragón –animal lleno de simbolismo-, o buscan algo extraño que hay “allá afuera” ¿Es esto sólo una diversión…?

No hay nada nuevo en las historias de fantasmas y brujas; son parte de su folklore. Mirar o leer historias de miedo tiene su encanto, y gusta porque se sabe que aquello se acaba, tarde o temprano.

Lo que da más miedo que cualquier cuento de espantos, es que ciertos jóvenes y niños toman esas historias como si fueran valiosos objetos de estudio. Empiezan a jugar a la ouija, conjuran a ciertas personas y llaman a los malos espíritus.

Cuando una persona empieza a involucrarse con la brujería y las ciencias ocultas, cambia su personalidad. Lo oculto es mucho más fuerte de lo que imaginamos, más fuerte que todo poder que los humanos podemos tener de modo natural. Los brujos muchas veces juegan con poderes que los sobrepasan y que no pueden manejar a su antojo.

La Constitución Gaudium et spes dice: “a través de toda la Historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final” (8-XII-1965, n. 37). Lo que está en juego es la salvación o la condenación de cada alma.

El “humo del infierno” se ha infiltrado en todas partes. Hoy se vive una contradicción, por un lado se ve un crecimiento desmedido del culto satánico con expresiones de prácticas ocultistas a través de la magia, la hechicería, la brujería y el esoterismo. Y por otro lado se percibe el miedo a hablar del infierno; no está de moda hablar del Diablo. No se cree en él o se prescinde de su existencia.

En diversas partes del mundo y entre todas las clases sociales, se ha puesto de moda acudir a los brujos o brujas, sin medir el mal que ocasiona la brujería al que la solicita y al destinatario.

Superstición

La superstición es una creencia irracional que trata de convencer a las personas de que ciertas obras, objetos o números pueden traerles buena suerte o desgracias. Hay quien piensa que romper un espejo es de mala suerte y llevar una herradura es de buena suerte. Hay quien piensa que le va mal porque “le han echado la sal”. La sal no trae mala suerte.

Brujería

Hay que diferenciar entre ”brujas” y ”hechiceras”. Las primeras habrían desarrollado su actividad en un ámbito predominantemente rural y habrían sido las principales víctimas de las cazas de brujas en los años 1450-1750. En cambio, las hechiceras, conocidas desde la antigüedad clásica, son personajes fundamentalmente urbanos: un ejemplo característico en la literatura española es la protagonista de ”La Celestina” de Fernando de Rojas.

Es difícil distinguir claramente entre brujería, hechicería y magia. Estas prácticas utilizan medios ocultos (fuera de la revelación dada por Dios) para producir efectos mas allá de los poderes naturales del hombre. Se puede afirmar que, mientras le hechicero y el adivino invocan la ayuda del demonio, la bruja se somete a él por completo, en cuerpo y alma. La brujería se adapta a los tiempos modernos y abunda aun en los libros populares para niños.

El rechazo a la brujería no comienza con la Iglesia Católica. La condena ya existía en el Antiguo Testamento. También el Imperio Romano penalizaba ciertas actividades de brujería con la pena de muerte.

La brujería implica la creencia en una realidad invisible a la que el practicante queda atado. Las Sagradas Escrituras y los Padres enseñan que se trata de una entidad diabólica (Dt 18,12). La ayuda que ofrece la brujería se busca por diferentes razones. Las principales son: Para dañar a quien se odia, para vengarse, para enamorar, para tener poder, para invocar a los muertos, para suscitar calamidades y para resolver un problema obsesivo.

Prácticas de los Brujos. La brujería data desde los tiempos de la antigua Mesopotamia y Egipto. Así lo demuestra la Biblia como también otros antiguos escritos como el Código de Hammurabi (2000 a.C.). No todos los brujos siguen las mismas prácticas. El brujo hace un pacto con el demonio, abjura de Cristo, adora al Príncipe de las Tinieblas y participa en aquelarres (reuniones de brujos donde hay maledicencias). La brujería está relacionada con el satanismo.

Tanto en la brujería como en la magia se encuentran estos elementos:

1-La realización de rituales o de gestos simbólicos. 2- El uso de sustancias y objetos materiales que tienen significado simbólico. 3- Pronunciamiento de un hechizo. 4- Una condición prescrita del que efectúa el rito.

La brujería consta de rituales para hacer sus hechizos (ejercer un maleficio o atadura sobre alguien), algunos de los cuales requieren hierbas particulares. También hay palabras de conjuro o hechizo que pueden ser escritas para obtener un mayor poder. Quién realiza el rito debe desear su propósito con todas sus fuerzas para obtener mayores efectos y algunas veces debe ayunar por 24 horas antes de realizar el rito para purificar el cuerpo.

¿Es real el poder de la brujería?

En algunos casos puede ser real, pero en otros casos puede ser sugestión de la mente. En ambos casos está actuando el demonio, príncipe de la mentira. La Biblia, la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la tradición no dejan lugar a dudas sobre el hecho que los seres humanos tienen la libertad para pactar con el diablo el cual tiene influencia en la tierra y en las actividades humanas.

La Biblia condena la brujería y la hechicería: “A la hechicera no la dejarás con vida” dice el libro del Exodo (22,18; Deuteronomio 18,11-12). El  primer mandamiento condena la brujería, la magia y todo tipo de adivinación: “Yo Soy el señor tu Dios…no tendrás dioses extraños delante de mi” (Ex 20:2-3).

Debemos evitar exagerar o minimizar el poder de Satanás. En una guerra es esencial conocer las fuerzas contrarias y saber cómo vencerlas. Satanás tiene poder para tentar y asediar a los fieles, pero su poder no es comparable al de Dios. Satanás puede causar persecuciones y el martirio de los fieles, pero la victoria de los santos no está en vivir sin pruebas sino en vencerlas.

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