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Cómo dejé la industria del sexo por el cristianismo

Abusos sexuales en su infancia la condujeron ahí, Jesús la ayudó a escapar

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WASHINGTON – En el verano de 1980, una niña de 4 años y su hermano fueron a jugar en la piscina de sus amigos. La niña no era muy cercana a sus compañeros de juego; los veía más bien como conocidos. Pero los dos niños tenían permiso para ir a jugar. En el gran calor de Jacksonville, Florida, poder bañarse en la piscina es una bendición.

No era día de fiesta y, sin embargo, lo último que supo la niña es que el papá de sus amigos la llevó al baño. Ahí dentro, dice, el hombre abusó sexualmente de ella: “me tocó y cosas así”, dijo absteniéndose de dar detalles.

Hoy en día se hace llamar Christina Outlaw, nombre que tomó tras casarse hace casi tres años; aunque se refiere así misma como Crissy. Sin embargo, Crissy es muy cautelosa cuando habla de su infancia, escoge cuidadosamente las palabras, hace pausas, y titubea para encontrar la expresión adecuada.

Explicar sus años de juventud es difícil no sólo por el dolor por el que pasó. Crissy sintió que no tenía el control: cero, ninguno. Sus padres de clase trabajadora lucharon mucho. Su padre bebía. Cuando Crissy tenía 12 o 13, sus padres se divorciaron. Su madre se volvió a casar. Muchachos más grandes la tocaron y hombres mayores la miraban lascivamente, dijo. “Sólo recuerdo que la gente me miraba de una manera sexual, hombres mayores especialmente”, comentó.

Crissy creció como baptista en el corazón del Bible Belt; la Convención Baptista de Florida tiene su sede en Jacksonville.

A los once años, Crissy aceptó a Jesucristo como su salvador. Pero en su adolescencia, se desvió y fue llevada por el mal camino. Sentí que Dios no me quería en absoluto. Cuando tenía 17 años, aborté”, dijo. Si me amara, no habría permitido que pasara eso”.

Como muchos estadounidenses que tienen mala suerte, Crissy quiso dar la vuelta al guión. Tomar control de su vida se volvió su ambición. Para algunos, el trabajo, el alcohol o apostar es el camino hacia la autonomía y autodeterminación.

Para Christina, protagonizar películas porno fue el camino. En su carrera engendró el nombre artístico conocido actualmente, Crissy Moran.

De 1999 a 2006, Moran apareció en más de 50 películas de contenido adulto. Su belleza y atractivo eran innegables.

Actualmente, Cristina Outlaw vive con su esposo en Houston. (No quiso dar su original apellido por cuestiones personales). Dejó la industria del porno hace alrededor de una década y dijo que no está recibiendo regalías de la industria desde que se fue. Trabaja en una tienda de ropa y accesorios femeninos como estilista. Y lo más importante para ella es que es cristiana.

La transformación de Crissy de niña abusada a estrella porno y a cristiana se ha contado antes en los medios y prensa cristiana.Otras estrellas pornos, de la talla de Linda Lovelace, protagonista de Deep Throat, se han vuelto cristianas tras dejar la industria.

En una entrevista para Aleteia, Outlaw enfatiza que dejar atrás el negocio pornográfico dominantemente masculino por el cristianismo fue su camino hacia la paz.

El cambio de perspectiva de Crissy sobre la vida es evidente en su actitud en su nueva línea laboral. Ve a las mujeres de manera diferente. “Me encanta hacer que las mujeres y chicas se vean bonitas. Las mujeres son muy hermosas y cada una es diferente. Es un trabajo maravilloso. Las mujeres ya no están compitiendo conmigo. Es algo raro. Veo la belleza en todas. La primera cosa que solía ver eran los defectos. Ahora veo la belleza”, dijo.

A pesar de las cicatrices emocionales de su infancia, Crissy se volvió una adulta funcional. Se graduó de la preparatoria en Florida, tomó clases en una universidad local, y tuvo varios puestos de trabajo, incluido uno como mesera en Hooter’s.

Sin embargo, quería más para su vida. Tras tomarse fotos y distribuirlas, recibió ofertas de revistas para adultos, incluidaHustler. A los 25 años, apareció en su primer video sexual.(También le contó a un pariente sobre los abusos sexuales de su infancia, pero no hizo denuncia).

Crissy vivió en Jacksonville, pero se mudó a Encinitas, California, más tarde. Vivir lejos de su ciudad natal era una cosa. Volverse una actriz protagonista en una película era otra. Crissy vio el negocio de la pornografía como el camino a la autonomía.

“Pensé que sería muy fortalecedor entonces, sabes, tenía a todas estas personas que dependían de mí. Sabía lo que tenía que esperar. Sabía qué escenas tenía que hacer y quienes eran los influyentes” dijo. “Sentí que estaba por encima de todo el mundo, la gente me necesitaba”.

Incluso la elección de Crissy de un compañero sexual masculino confirmó su visión de que estaba al mando. Mientras sus competidoras femeninas estaban emparejadas con actores mayores, durante tres años y medio ella estuvo emparejada con el novio con quien vivía.

Vivió con otros chicos también. De hecho, tenía recurrentes citas amorosas. Necesitaba tener hombres a su alrededor. La hacían sentir deseada y que no estaba sola. Los hombres dominaban también su vida profesional.

Las críticas feministas han señalado que la pornografía estadounidense atiende los deseos masculinos de intensa estimulación visual en lugar de las relaciones de pareja. Las películas de Moran reflejan esto; con títulos apropiados para la programación de la audiencia general, protagonizó Jack’s Playground 15, Country Girls y Men’s Only Gorgeous All Girls.

Los hombres ayudaron a Christina a volverse no sólo famosa sino rica.

Su página web para adultos sacaba fácilmente 20.000 dólares mensuales, y tenía tanto dinero que podía descansar durante meses. Pero la competencia de Crissy por la autonomía a través del ego y la carne no le consiguió el respeto de los hombres.

Por ejemplo, se dio cuenta de que muchos hombres la veían como un objeto sexual y poco más. Sus sueños y esperanzas no importaban; los de ellos sí. Un día, viajó a Albuquerque, Nuevo México, para reunirse con su novio en su trabajo, que no era en la industria porno.

Un colega de él distribuyó copias de su esposa posando en topless. Los hombres se rieron. A Crissy no le hizo gracia. Si este fuera mi esposo, esperaría que no distribuyera fotos mías”, recuerda haberle dicho a los hombres. Se sintió avergonzada y enojada.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Tras el incidente, Crissy le dijo a su agente, “Necesito una pausa. No se qué decir. Luego le dije que se había terminado”, recuerda haberle dicho. Christina habló con Dios sobre su predicamento. Dijo que confiara en Él y que me guiaría. Me sentí condenada a darme por vencida… Esta gente en la industria no eran realmente mis amigos”.

A pesar de que Crissy permaneció en Los Angeles, su estilo de vida cambió. Perdió contacto con amigos y colegas de trabajo. El hombre que llevaba su página para adultos se rehusó a cerrarla. Ya no recibía grandes nóminas mensuales. Sobretodo, tenía que aprender a vivir sola, especialmente sin novio.

El retiro de Crissy del negocio de la pornografía hizo fuertes estragos a nivel emocional y espiritual en ella. “Tuve fuertes traumas posteriores. No sabía cómo salir y pagar mis cuentas.Estaba acostumbrada a pagar mi manicura, mi peluquería. Renunciar a eso fue traumático, extremadamente traumático como digo”.

La transición de Crissy de estrella de porno a una mujer cristiana no fue algo automático. Hubo baches en el camino. No siempre se abstuvo de salir con chicos, dijo. Tenía pesadillas. Pero se unió a la Iglesia cristiana en Los Angeles.

Tuvo varios trabajos en oficinas, incluido uno como secretaria jurídica. Trabajó para Treasures, una organización religiosa sin fines de lucro que guía a hombres y mujeres de la industria del sexo. Y dejó de salir con chicos durante 10 meses.

Durante este tiempo sabático, Crissy conoció a un hombre a través de un amigo en común. Vivía en Texas. Pero los dos hablaban por teléfono y se volvieron amigos. En mayo de 2012, se casaron.

Cuando era pequeña, Crissy soñaba con tener una familia. “El objetivo de mi vida no era ser doctora o abogada sino esposa y madre”. La primera parte se ha vuelto realidad; la segunda no. Durante años, cuando estaba en la industria, Crissy tenía pocos deseos de ser mamá.

Ahora el deseo ha vuelto. Pero Crissy no está casada con la idea. A sus 39 años, se da cuenta de los riesgos y las dificultades prácticas de dar a luz. Sea que ella y su esposo conciban o adopten, ella estará en paz. “Rezo por tener un hijo, pero si no sucede…”, dice con la voz entrecortada. Mi deseo ha sido estar cerca de Él”.

Por Mark Stricherz, el corresponsal en Washington de Aleteia, autor deWhy the Democrats are Blue (Encounter Books). Síguelo en Twitter en @MarkStricherz

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