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Una estrella de beisbol fiel a Dios y a su familia

Cuando emigraba de su Cuba natal, el jugador pensó en dejar la lancha libre para que pudieran salvarse sus padres y su hermana

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En la pretemporada de las grandes ligas de beisbol, las historias de los jugadores del llamado en Estados Unidos “el rey de los deportes” suelen ocupar más titulares que los resultados de los partidos amistosos entre los equipos de las dos conferencias (la nacional y la americana).
 
El año pasado, muy poca gente conocía al cubano José Abreu, pero este año los reflectores han ido sobre él pues fue nombrado “Novato del Año” en la temporada pasada, con un lugar importantísimo en los Medias Blancas de Chicago, su equipo, y en los promedios generales de un deporte que tiene mucho de estadística.
 
Una batalla contra las olas
 
José Dariel Abreu Correa nació en las Cruces, en Cuba. Fue jugador de la selección nacional cubana de beisbol y emigró, en un pequeño bote, junto con sus padres y su hermana en 2013, llegando, milagrosamente, sorteando olas de 6 metros de altura en una noche terrible, a las costas de Haití.  Y ya en 2014, el jugador de 28 años y 1.90 de estatura, saltó a la fama.
 
El tema de Abreu es la fe en Dios, la capacidad para enfrentar la adversidad y el valor de la familia. Las olas –según la historia contada por Chicago Magazine—fueron vencidas por los Abreurezando, y en un momento determinado el jugador cubano pensó en dejar la lancha libre para que pudieran salvarse sus padres y su hermana.
 
Abreu prefiere no hablar mucho del tema. Solamente da gracias a Dios de haber salvado a su familia y, ahora, de darle la oportunidad de estar en las grandes ligas, con un salario de 7 millones de dólares para el 2014, seguramente doblado para el 2015, aunque el contrato original con Medias Blancas fue de 6 años y 68 millones de dólares.
 
Quien aporta más detalles es su compañero de equipo, el también cubano Adrián Nieto. “José temía por su vida en ese pequeño bote”, dijo Nieto al Chicago Magazine. “Todo el mundo estaba asustado. En momentos, dudaba de sí mismo. Tenía que animarse diciendo: “Vamos, tú tienes que ser el que se haga cargo aquí y esté mentalmente fuerte para que esto tenga éxito'”.
 
Con la ayuda de Dios y de las oraciones, llegaron a las costas haitianas y después a República Dominicana, donde muchos equipos se interesaron en sus servicios pues había habido “buscadores” que lo vieron jugar en varios campos de entrenamiento de equipos de Estados Unidos en ese país y lo querían de inmediato hacer debutar en el máximo circuito profesional de béisbol del mundo.
 
“Eso hay que preguntárselo al Señor”

José estuvo triste, sin embargo, porque su familia permanecía en República Dominicana hasta que a mediados del año pasado, justamente en el Juego de las Estrellas que parte la temporada de beisbol en dos mitades, la familia Abreu ya pudo estar en las tribunas y vivir en Estados Unidos, al lado de la gran estrella.
 
“Es completamente diferente porque mi familia está aquí”, dijo Abreu el lunes pasado por la noche. “Para mí, mi familia es todo. Ser capaz de traerlos aquí es grandioso para mí. Hace todo más fácil para mí en el equipo y en mi vida porque tengo su apoyo”, concluyó diciendo este cubano de fe, que lleva en el dorsal el número 79, un número inusualmente alto (los equipos de beisbol tienen 9 jugadores cuando están a la defensiva) que escogió su madre “para que todo el mundo lo recuerde”.
 
Abreu creció en Cuba admirando a otros beisbolistas; ahora hay niños que se inician en el béisbol y lo ven a él como un ejemplo a seguir. Para ellos el jugador de los Medias Blancas tiene un consejo importante: “Primero que todo, estudiar. Que estudien, que respeten a sus padres y se comporten correctamente en la vida”.
 
En alguna ocasión, la temporada pasada, Abreu tuvo una pequeña baja en su forma de batear la pelota, y lejos de atribuirla a cuestiones personales o del nuevo país, contestó a la pregunta de los reporteros sobre qué estaba pasando: “Eso habría que preguntárselo al Señor”, dijo Abreu.

“Esas son cosas del béisbol que no pueden explicarse -explicó-. Dios te quita por un lado, pero te da por otro. Me quitó los Home Runs (el máximo batazo del beisbol), pero me dio el average (el promedio de bateo). Eso es así de simple”.

Dallas, Texas, EE. UU.

 

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