El «Cáliz de la Misericordia»

El «Cáliz de la Misericordia» que salva vidas en Ucrania

Una iniciativa de ayuda médica y situaciones de emergencia humanitaria impulsada por una emigrante

topic

El último informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) del pasado 11 de septiembre indicaba que sólo en la región de Donetsk (Ucrania), miles de personas abandonaban cada día las zonas en conflicto huyendo de las fuerzas pro rusas. La tregua acordada para estas semanas, aunque no siempre respetada, colaboró al desplazamiento. Entre ellos impactaban las necesidades de sobre veinte mil personas con discapacidad que llegaban a refugiarse en la ciudad de Zaporiyia.

Pocos refugiados que llegaban a ese lugar saben que parte del alimento, sillas de ruedas, medicinas y otros enseres que reciben es fruto del trabajo de una joven ucraniana emigrante, Valentyna Pavsyukova, y la organización humanitaria “Cáliz de la Misericordia” que ella, con el apoyo de amistades, fundó el año 2007 en Estados Unidos.

Valentyna emigró a Medford (USA) desde Ucrania el año 2002. Tenía 18 años, sabía algo de cosmetología, casi nada de inglés y su primer trabajo fue en Black River Industries, empresa cuya política laboral involucra promover -ofertando trabajo- a personas con discapacidad. Sería un aprendizaje significativo para la joven emigrante y determinante en su futuro…

En Ucrania -comenta la joven- nunca ves a las personas con discapacidad en público. No son considerados por las instituciones; sus familiares se avergüenzan de ellos y los ven casi como una maldición. Es parte de una mentalidad. Sin embargo, ahí estaba yo, en Medford, trabajando con personas que tenían severas discapacidades, y ellas cuidaban de mí, ayudándome cuando no podía entender algunas cosas en inglés. Esta fue mi primera gran conversión”.

El Padre Nuestro y el Evangelio ante las adversidades

Valentyna había crecido sin experimentar la fe, debido a los devastadores efectos de la persecución religiosa y la ideologización atea comunista, que incluso se prolongaron tras la caída del Muro de Berlín, en 1989.

Su única raíz espiritual la representaba su abuela a quien aún considera “la persona más santa del mundo”. Ella había hecho bendecir, precisa la joven nieta, un ícono de la Santísima Virgen María y Jesús que luego colocó en su dormitorio.

“Un día, cuando era pequeña, me dijo: «Debo enseñarte el Padre Nuestro para que lo reces cuando lleguen a tu vida los tiempos difíciles»”.

Aquellas palabras, cobraron sentido cuando estaba en Medford. El pequeño pueblo y sus costumbres resultaban una cárcel para la joven emigrante. El Padre Nuestro era su consuelo y fortaleza. Luego, a comienzos del 2003, una mujer inmigrante que conoció providencialmente, le regaló una Biblia en ruso que la joven podía leer. “Poco a poco, los Evangelios me fueron volviendo a la vida», relata.

Pero la de Valentyna aún no era una fe sólida… “me faltaba coraje”. Todos los días camino al trabajo, relata, pasaba frente a la iglesia San Juan Bautista, le atraía mirarla, pero no se animaba a entrar. “Hasta que una mañana desperté con una gran tristeza en el corazón y dije entre lágrimas: «Dios, ayúdame a sanar, porque no puedo seguir adelante por mi cuenta»”.

La oración, junto con un texto bíblico que leyó al azar fueron determinantes. “Recuerdo que el pasaje decía algo como: «Si quieres amar a Dios, llámalo tu Padre y pídele que entre en tu corazón». La primera oración que aprendí fue el Padre Nuestro y junto a esta plegaria «Padre, ven a mi corazón», forjaron un tremendo cambio en mi vida”.

La Eucaristía y el “Caliz de Misericordia”

Para cuando por trabajo hubo de trasladarse el año 2004 a Chippewa Falls (Wisconsin USA), la experiencia de Dios llegó a ella con toda su fuerza en la Eucaristía.  «Fue una experiencia tremenda. Sentía al Espíritu Santo. En el momento de la consagración pensaba: «No sé nada, pero sé que esto es cierto». Justo ahí, delante de mí, en el altar estaba el Cuerpo de Cristo.» Finalmente con el apoyo de un círculo cada vez más grande de amigos católicos que eran como su familia,se bautizó después de la pascua de 2007.

Pero este recién era el comienzo para la apasionada Valentyna. Ella quería entregarse por completo a Dios, pero no sabía cómo. «De repente pensé en mi propio pueblo, en Ucrania y del hambre de fe que tenían… «¿Cómo podría olvidarlos?», me dije».

Comenzó así el proyecto que luego se consolidaría como ‘Cáliz de Misericordia’ cuya prioridad sería la ayuda médica y situaciones de emergencia humanitaria. El primero de muchos conteiner con equipamiento médico llegó a Ucrania el otoño de 2009.

Hoy que están profundamente involucrados en la ayuda a los refugiados, Valentyna tiene una sola frase cuando se le pide que dé razones para su esperanza… “Dios es quien nos da la providencia y abre los corazones… cuando decimos «sí» a Dios, Él hace el resto”.

Artículo originalmente publicado por Portaluz

 

Yo, católica y casada con un musulmán

Sínodo de la familia

La receta de Jeannette Touré, experta en el sínodo sobre la familia: «Estar en la verdad y llegar a un acuerdo con su marido… ¡y el Espíritu Santo!«

topic

Jeannette Touré es presidenta nacional de las mujeres católicas en Costa de Marfil. Pero es también la esposa – desde hace 52 años – de un musulmán, y a esta mujer de fe cuyos hijos son bautizados y practicantes, ha sido llamada a participar, como experta, en el Sínodo de la Familia. Aquí su testimonio:
 
« Lamine (Touré) y yo nos conocimos en Francia, cuando éramos estudiantes. Decidimos casarnos y nuestros padres no se opusieron, pues cada uno seguiría su propia religión. Nos casamos en París, en el distrito 5. Hoy tenemos cinco hijos y seis nietecitos.
 
Tolerancia, diálogo, oración y perdón
 
Dado que llevamos 52 años de matrimonio, somos un punto de referencia para los jóvenes de religiones diferentes que quieren casarse. Ellos dicen: Mamá Touré lo ha conseguido, ¿por qué nosotros no? Para superar las dificultades, es necesaria la tolerancia, el diálogo, mucha oración y mucho perdón. ¡Estos elementos existen en el Corán!
 
Nosotros nunca rezamos juntos, cada uno lo hace por su lado: yo en mi rincón de la oración, él en su alfombra. Por la mañana, mientras yo voy a misa a las 6 y cuarto, él se queda rezando en casa. Para que esto funcione, es necesario confiar la pareja al Señor, a María y a san José, patrono de la Sagrada Familia. Sin el Señor, no se puede hacer nada. Con Él, todo es posible.
 
Nuestras tres hijas han estudiado en escuela de monjas. Después, ellas pidieron el bautismo. Su padre no se opuso. Sus hermanos siguieron su ejemplo. Cuando me preguntan: “¿cómo has hecho para que todos tus hijos sean católicos?”, yo respondo: nunca les he obligado. Ha sido el ejemplo de una mamá muy comprometida en la Iglesia; una mamá que vuelve de misa cantando y que da testimonio de que ella está alegre con su Dios.
 
Cuando mi marido hace su Ramadán, nosotros le ayudamos. Durante las fiestas musulmanas, toda la familia se implica y participa. Por su parte, mi marido lee la biblia, escucha la radio católica y sigue las audiencias del papa de los miércoles. Él está contento – ¡y orgulloso! – de que esté yo en el Sínodo. Me llama todos los días. Me decía: El Papa debería invitarme a mi también, ¡esto es discriminación!
 
Estar en la verdad y llegar a un acuerdo con mi marido… ¡y el Espíritu Santo!
 
En los matrimonios entre católico y musulmán, el problema viene sobre todo de las familias políticas musulmanas, especialmente de la suegra, que no quiere que el hijo o la hija se convierta. Yo nunca he tenido problemas con mi suegra. Por el contrario, el hermano mayor de mi marido ha creado dificultades.
 
A veces, la familia política obliga a la esposa católica a convertirse. Algunas aceptan, aunque siguen yendo a la Iglesia a escondidas. Yo les digo siempre: estad en la verdad y arreglaos con vuestros maridos. Les aconsejo también que recen al Espíritu Santo.
 

Sacerdote y capellán paramédico

Era un joven baptista, desde los 12 años quería ser predicador: hoy es cura católico ¡en ambulancia!

Actualizado 7 octubre 2014


P.J.Ginés/ReL

Lorenzo Hatch en una de sus primeras misas con compañeros de su promoción
Lorenzo Hatch en una de sus primeras misas con compañeros de su promoción

En la parroquia de Saint Stephen en Midland, Texas (una población de 100.000 habitantes, con casi un 40% de hispanos) no falta clero: cuentan con 3 sacerdotes y cinco diáconos, que atienden sus 3 misas diarias y los domingos incluso una misa a las 12.30 en español. 

La última adquisición de la parroquia es el joven padre Lorenzo Hatch, ordenado hace un año. Tiene un par de peculiaridades.

Con los bomberos y paramédicos

Por un lado, es capellán de un servicio de ambulancias y tiene un título de paramédico. A veces pasa dos o tres días seguidos entre ambulancias y ambulatorios. 

“Ir en la ambulancia afina mis habilidades. Voy con los bomberos y con el personal de emergencias médicas, oigo a muchos en confesión, doy consejos… El gusanillo de las emergencias médicas nunca se me irá, me encanta. Poder estar en eso y hacer un ministerio eclesial a la vez es una gran bendición para mí, y para la gente, creo. Me parece que les gusta tener alguien que habla su jerga y sabe lo que viven”, explica el padre Lorenzo.

De familia baptista anticatólica

La otra peculiaridad de este sacerdote es que se crió en una familia protestante baptista de tradición muy anticatólica. 

Desde niño quiso servir a Dios como predicador, pero en esa época nunca pensó que finalmente lo haría como sacerdote católico.

“De niño yo estaba en la iglesia baptista cada vez que abría sus puertas. Incluso nos mudamos una vez para estar más cerca de una iglesia baptista, a un bloque de distancia, para ir andando. Participábamos en todo”, recuerda.

Al joven Lorenzo le encantaban especialmente los campamentos cristianos de verano. “Yo era casi un profesional de los campamentos de verano”, bromea en una entrevista en Mrt.com

En uno de esos campamentos, cuando tenía 12 años, supo que Dios le quería para hacerle evangelizador. “Era el último día del encuentro, y el predicador nos decía ‘Dios os está llamando’. Era un sitio enorme con cientos de jóvenes, pero me parecía que me hablaban sólo a mí”.

Siento que Dios me está llamando para ser predicador – le dijo en ese momento a un monitor que tenía a su lado.

– Espera, ¿vale?, sólo tienes 12 años – le respondió el monitor sin tomárselo muy en serio.

Lorenzo fue a buscar al predicador y le dijo lo mismo, que Dios le llamaba. El pastor también le pidió tomárselo con calma.

Pero Lorenzo decidió en ese momento entregarse a Dios.

Me ofrecí a Dios en dedicación… pero luego volví a casa, y pasaron mil otras cosas, yesa decisión quedó como cocinándose a fuego lento en la trastienda…”

Tocar el piano ¡para católicos!

A los 15 años Lorenzo ya trabajaba en una casa de cuidados a enfermos. Allí tocaba el piano para entretener a los pacientes. Una enfermera lo vio y le invitó a tocar en su iglesia, a ser el organista. ¡Incluso le pagarían por ello! 

Pero Lorenzo descubrió que había un gravísimo problema: ¡era en una parroquia católica!

“La iglesia baptista a la que iba era fundamentalista, desde el púlpito nos hablaban cada cierto tiempo de las maldades del catolicismo. Esa era mi mentalidad, incluso diría que era un tipo de prejuicio”, recuerda.

Decidió aceptar el cargo pagado de organista para tocar en las misas. 

Cuando ensayaba en la iglesia,aprovechaba para charlar con el sacerdote y plantearle temas de doctrina y Biblia

Resultó que el párroco se sabia la Biblia a la perfección y podía justificar cada doctrina católica recurriendo a la Escritura. “¿Por qué no lo compruebas en tu Biblia en tal sitio?”, solía decir al joven baptista. Ahí estaban María, la intercesión de los santos, el purgatorio, el primado de Pedro y su oficio como Portador de las Llaves, los sacramentos… todos los temas que los protestantes fueron perdiendo desde el siglo XVI. 

“Yo era del ‘cinturón bíblico’, y para mí, como baptista, era importante conocer la Biblia, y me impresionó que un cura católico la conociese tan bien; que él fuera capaz de responder muchas de mis preguntas con la Biblia era algo que yo valoraba mucho”, recuerda Hatch.

Durante un par de años continuó acudiendo a la iglesia baptista con su familia, peroempezó a sentir que lo que de verdad le nutría espiritualmente era la Iglesia Católica. “Toda la naturaleza sacramental del culto católico me atraía más y más”. 

El paso hacia el catolicismo

A los 17 años decidió hacerse católico. “Tomar esa decisión fue duro por mis padres y abuelos. Mis padres no intentaron impedirlo, pero sí querían que lo pensase muy cuidadosamente, como haría cualquier padre”. Su abuela sufrió más, “le rompía el corazón”.
“Pero el día que me hice católico, yo estaba un poco nervioso porque no sabría quién vendría, sabía que estarían papá y mamá pero me asombró ver que mi tío, mi tía y mi abuela se dejaron caer por allí. Era algo enorme para mí, porque ellos habían estado tan en contra…”

Ya como católico, se volcó en ayudar en la parroquia y pronto le sugirieron que quizá tenía vocación de sacerdote… y el llamado que había sentido con 12 años se reavivó.

Aplazando el seminario… un tiempo

Acabó los estudios secundarios en 2002… pero no era un momento favorable para la vida vocacional en EEUU. En esas fechas, cada día la prensa publicaba más y más escándalos de pederastia en la Iglesia y de decisiones ineptas que no protegieron a los niños y jóvenes. «Era una época que nos asustó», recuerda Hatch.

Lorenzo decidió explorar otra vocación: la de los estudios paramédicos y de enfermería en ambulancia. Era algo que le encantaba, le apasionaba… y sin embargo, pasados 3 años, en 2005, se convenció de que el llamado a servir a Dios como sacerdote era lo único que le iba a dar felicidad.

lorenzo_hatch_ordenacion

Lorenzo Hatch en el día de su ordenación

Entendió que al menos debía dar una oportunidad al seminario. Así lo hizo, perseveró. Acabó sus estudios, confirmó su vocación y finalmente fue ordenado en 2013.

Su experiencia como paramédico y su experiencia como converso desde otra iglesia cristiana le ayudan hoy a servir a muchas personas que acuden a él. “Abre la oportunidad a mucha gente que oye mi historia y ve mi viaje”, explica el padre Hatch.

Memorable canción de “Sonrisas y Lágrimas”

​Gran familia versiona memorable canción de “Sonrisas y Lágrimas”

Emocionante interpretación del Clan Willis en el programa “America’s got talent”

Tal vez difícil, pero posible: una familia actual con doce hijos. Viven en Tennessee (Estados Unidos) y son de origen irlandés, son músicos, bailarines, atletas, escritores,… en fin: artistas. Se hacen llamar el Clan Willis.

Recientemente se presentaron en el programa televisivo America’s got talent y despertaron una gran curiosidad, no sólo por el número de hermanos, sino también por sus talentos.

Ya han recibido muchos premios y han lanzado producciones propias. El vídeo de esta atractiva actualización de la popular canción Cosas tan bellas me gustan a mí de la película Sonrisas y lágrimas (The sound of music) cuenta ya con más de cuatro millones y medio de visionados en Youtube.

sources: ALETEIA