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Así nació la vocación de los jóvenes Koenigsknecht

Son diez hermanos y un tercero «se lo está pensando»

Así nació la vocación de los jóvenes Koenigsknecht: gemelos, sacerdotes y granjeros de Michigan 

Actualizado 1 agosto 2014

L. / ReL

No sólo entre pucheros anda Dios, como decía Santa Teresa: también entre terneros. Fotos: Lansing State Journal.

No sólo entre pucheros anda Dios, como decía Santa Teresa: también entre terneros. Fotos: Lansing State Journal.

El 14 de junio, muy poco tiempo después de su ordenación como diáconos, Todd y Gary Koenigsknecht, de 26 años de edad, recibieron el orden sacerdotal. Son hermanos gemelos (Todd es el mayor por unos minutos) y, como no es un caso frecuente, su vida ha saltado a los medios de comunicación, sobre todo en el entorno de East Lansing, una ciudad de menos de cincuenta mil habitantes en el estado de Michigan (Estados Unidos) en cuya parroquia de Santo Tomás de Aquino recibieron sus manos el poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo y de perdonar los pecados.

La granja (también) imprime carácter

Unas manos acostumbradas al duro trabajo de la granja. Los Koenigsnecht son una familia muy conocida en la zona, donde, entre otras cosas, crían un centenar de vacas. Brian y Agnes formaron un hogar con diez hijos (los sacerdotes son el cuarto y el quinto), y todos frecuentaban la parroquia de la Santísima Trinidad en Fowler, su pueblo.

Esa forma de vida ya imprime carácter. El padre John Linden, director de vocaciones de la diócesis de Lansing, confía en que los gemelos serán buenos pastores “porque están muy pegados al terreno y te hacen sentir a gusto en su presencia. No hay nadie que entable conversación con ellos que no se sienta bienvenido y escuchado”, explica al Lansing State Journal.

Los hermanos atribuyen buena parte de su formación a la tarea agropecuaria diaria que conforma el sustento familiar: roturar la tierra, plantarla, cavar, ordeñar… Crecieron sin televisión en casa, trabajando duro y en un ambiente de oración, rematado con elrosario diario en familia. Al entrar en el hobar de los Koenigsknecht llama la atención una docena de rosarios colgados de un perchero, de donde los toman cada día para agradecer y honrar a la Santísima Virgen.

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Todd y Gary, con sus padres, que han educado
a sus hijos en el trabajo duro y la devoción a la Virgen.

Además los Koenigsknecht tienen otro sacerdote en la familia, William, hermano de Brian, que ha rotado por numerosas parroquias de la diócesis. Pero casi todos los miércoles hacía un alto en sus obligaciones para alimentar el ganado o segar el trigo en la granja de su hermano. El tío William animó a todos, y en particular a los gemelos, a envolverse en la vida parroquial. 

Como lo está haciendo Lee, su hermano pequeño, quien acaba de cumplir 19 años y está a punto de tomar también la decisión de ingresar en el seminario y formarse para ser el tercer sacerdote del clan.

Una espiritualidad encarnada
“La granja es un buen contexto para la vida familiar”, dice el recién ordenado Todd. “Porque ambos padres están siempre cerca y disponibles”, completa su madre, Agnes. Y se va creando así una espiritualidad encarnada, añade su padre, Brian: “En la granja dependes de Dios, para la subsistencia y para todo. Es muy fácil imbuir a los hijos de lo que es la Creación y de cómo funcionan las cosas”.

koenigsknecht_bautizo

Dos imágenes entrañables: a la derecha, compartiendo
el día de su ordenación con el sacerdotes que los bautizó (izquierda).

Una vez concluido el bachillerato, la formación sacerdotal de los gemelos Koenigsknecht duró ocho años, tras pasar por el seminario San Juan María Vianney de St. Paul (Minnesota) y el del Sagrado Corazón en Detroit (Michigan), y vivir un semestre en Roma.

Una vez ordenados hicieron un retiro espiritual, y ya tienen destino en dos parroquias distintas (en la suya Todd bautizó recientemente a unos gemelos). Pero en cuanto tienen un momento libre… hay que echar una mano, y este verano ya han estado en casa plantando maíz y apilando heno.

“Me encanta la granja y siempre será así”, dice Gary. Y Todd apunta el motivo: “Te da tiempo para pensar y es un bonito paréntesis en la atareada vida de un sacerdote“.

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