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«Mi madre (Isabel Preysler) consagró a todos sus hijos a la Virgen»

Una entrevista larga, sincera y sin tabúes 

«Mi madre (Isabel Preysler) consagró a todos sus hijos a la Virgen», explica Tamara en Radio María 

Actualizado 22 octubre 2013

P. J. G. / ReL

Tamara Falcó en Radio María entrevistada por Álex Navajas y el P. Luis Fernando de Prada

Tamara Falcó en Radio María entrevistada por Álex Navajas y el P. Luis Fernando de Prada

El 14 de octubre y el 21 de octubre (en una reposición) los oyentes de Radio María pudieron escuchar la entrevista larga, sincera y a corazón abierto del padre Luis Fernando de Prada, director de Radio María y el nuevo coordinador de la radio, Álex Navajas, a la hija de Isabel Preysler y el marqués de Griñón, Tamara Falcó.

La entrevista puede pedirse gratis a Radio María mediante su formulario de solicitud de programas: 
www.radiomaria.es/formulario.aspx?tipo=3

Aunque Tamara ya ha explicado en algunas ocasiones su conversión y los pasos que ha dado en la fe, la entrevista de Radio María fue especial por ser larga (casi una hora, aunque con interludios musicales) y especialmente abierta y sincera. 

Habló por ejemplo de algunos “regalitos del Señor” (experiencias místicas puntuales) que le sorprendían y apoyaban en su camino de fe, y contó también algunos detalles sobre la fe en su famosa familia. Y admitió ser una oyente habitual de Radio María: “una vez, volviendo de Toledo capté la emisora y desde entonces la escucho”, explica.

Las abuelas religiosas
– Sé que tuviste dos abuelas muy religiosas -le comenta el padre Luis Fernando en la entrevista.

– Sí, mi abuela por parte materna, que siempre ha vivido con nosotros, y es muuuy, muy religiosa. Mi abuela por parte de padre, la recuerdo menos, pero recuerdo que organizó una peregrinación a Santiago para el Año Xacobeo. 

Tamara cuenta su itinerario familiar. 

– Mis padres se separaron cuando yo tenía 3 años; mi madre se volvió a casar, la persona con la que se casó [el ex ministro socialista Miguel Boyer] no era creyente.

– No era ni es, pero rezamos, ¿verdad? -comenta el padre De Prada (queriendo decir “rezamos por él”).

– Exactamente, rezamos -dice ella. – Mi madre sí que cree. Aunque ella no siguiera la fe, sí se preocupó de que hiciéramos la Primera Comunión. Incluso mi hermana Ana [Boyer], que es mi hermana por parte de madre, no de padre, también se bautizó e hizo la Primera Comunión. Recuerdo una misa de pequeña, en que todos iban a comulgar y yo tenía un tremendo deseo y me dijeron: “no puedes, no has hecho la primera comunión”. A esa edad sí tuve experiencias de la presencia de Jesús; luego las fui olvidando. Ahora, al volver a la fe, las voy recordando, es como ir conectando puntos.Mi madre me contó hace poco que a todos sus hijos los había consagrado a la Virgen cuando nacimos. Hoy creo que eso influyó bastante. De pequeña aún íbamos algunas veces los domingos a misa. Y en el Colegio Británico a veces había misa también. A los 12 años discutí con el sacerdote y ya me fui alejando de la fe. Me cambié de la clase de Religión a la de Ética. Y busqué la paz, o la felicidad, en el mundo material… y me sentó cada vez más vacía. 

Una autoridad en mundanidad
Formando parte de una familia rica y famosa, cuando Tamara habla de su “búsqueda” en lo mundano, lo hace con autoridad.

– Era una sensación continua -recuerda.- Yo pensaba: “cuando tenga este trabajo, o gane este dinero, seré feliz”; “cuando tenga este piso; cuando vaya a ese sitio…” ¡Y nada me llenaba! Creo que todos anhelamos la paz, pero esa paz sólo la da Dios. Por ejemplo, antes yo tenía mucho ruido: la radio, música en el móvil, ahora, aunque me sigue gustando la música, escucho a Dios en el silencio. La oración es muy importante para mí.

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Como en otras ocasiones, Tamara explica como le llamó la atención una Biblia en La Casa del Libro, que parecía diddáctica, algo infantil, no amenazadora, con una palmera en la portada… Ella sabía que “Tamara”, en hebreo, significa “palmera”. Y empezó a leerla. 

– Al principio, leyendo la Biblia, de una manera muy mundana, yo decía “¡esto no se lo cree nadie!” Pero seguí leyendo, y de repente llegué a los 10 mandamientos y pensé: “si esto se hubiera seguido, nadie me hubiera hecho daño”. Y seguí leyendo. Yo consideraba que la Iglesia era muy inflexible en temas morales, pero leyendo el Antiguo Testamento veía que todos eran malísimos pero que Dios, pese a todo, les quería muchísimo. Y pensé: “si Dios les quiere a ellos, más me ha de querer a mí”. Y así me hablaba la Biblia. Y sentí la necesidad de rezar: no me sabía bien el Rosario, pero sí sabía que eran 10 avemarías con un Padrenmuestro, y así lo rezaba. 

– ¿Y no acudiste a nadie en esa fase? -le pregunta Álex Navajas. 

– Al Espíritu Santo, ¿te parece poco? -responde Tamara riendo. – Creo que Dios nos conoce. Yo soy una persona que necesita silencio, meditación… Dios sabe que necesitaba ir despacio, estar sola, hablarme al corazón… Fue después, cuando ya estaba lista, que me invitaron a un retiro. Yo había estado 2 semanas en el campo. Mi padre me preguntaba qué hacía encerrada todo el día. Le enseñé la Biblia y me dijo: “me parece fenomenal, continúa”. Nos fuimos de vacaciones en un barco, yo con mi Biblia y mi Rosario. En la cena se metían conmigo pensando que lo mío era una moda, pero resultó que nuestras dos amigas en la cena eran muy católicas. Una me dio un librito de Medjugorje y me invitó a un retiro del padre Ghislain, canadiense. Era un retiro de la Renovación Carismática, en Vic.

Fin de semana en el confesionario
Tamara no ha detallado mucho sobre ese retiro en otras entrevistas (excepto en el libro de Jesús García “Estamos de vuelta“, que recoge con detalle las fases de su conversión). En Radio María Tamara lo cuenta con más amplitud.

– Primero, nos dieron una hojita. “Si has hecho esto, vas fatal”. ¡Yo tenía tres cuartas partes de eso! Luego nos explicaron que, sin confesión, cerrabas las puertas a Dios. Así que pasé el fin de semana en el Confesionario. Era mi primera confesión desde niña. Y a medida que me confesaba me acordaba de más cosas, y volvía a pedir confesión. Y por primera vez me presentaron el tema del demonio. 

Aquí empezó el crecimiento en la fe de Tamara. 

– Yo decía: bien, ya voy a misa los domingos, visito a mi tía enferma, leo la Biblia... Y me creía que ya lo hacía bien. Pero cuando avanzas en la vida espiritual ves que no era tan fácil ser bueno. 

Una oración de sanación
Fue en una oración de sanación, estando de retiro, que Tamara recordó un momento de su infancia, de cuando sus padres se divorciaban. 

– Yo era una niña y discutía con Dios, porque oía que Él me decía: “Todo va a salir bien”, y yo le respondía, enfadada: “Pero si es todo un desastre”. Luego, cuando ya empezó mi conversión, le dije a mi padre, un día en el coche: “oye, papi, ¿tu hablas con Dios?” Y él me dijo: “los que hablan con Dios acaban fatal”. Y le dije: “no, no, ¡son los que no hablan con Dios los que acaban fatal!”

Regalitos místicos
Tamara siente que Dios ha ido tirando de ella, o ayudándole con pistas.

– Sentí que necesitaba ir a misa diaria. Dios me iba dando “regalitos”. En una misa tomé la Comunión, la Hostia consagrada, y me sabía a sangre… En otra ocasión ví al sacerdote, en misa, convertirse en Jesús. Así entendí, me quedó claro, que Jesús estaba realmente presente en la Eucaristía. Y noto que si no voy a misa siento ansiedad, desasosiego…

Como cristiana en un ambiente a menudo hostil, Tamara no se deja amedrentar.

– Hay una moda antirreligiosa que ve la religión como una falta de libertad, cuando es todo lo contrario. Me dicen que sea una católica moderada, que no vaya a misa cada día, que no me deje embaucar… Pero yo siento que Cristo es mi amigo, que tengo que defenderle. Y he visto que mi testimonio ayuda, porque viene gente y me dice que les ayuda.

El fruto del Espíritu es la paz
Hubo otro momento que la confirmó en su fe.

– Estaba en el campo, sola, rezando, iba a misa… Y sentí la paz. ¡La paz! Sentí que nada me hace falta, que estoy bien con todo. Era esa paz que nunca había sentido. Como un bienestar. Lo había intentado sentir con el yoga…¡y me dormía! Pero aquí me vino: la paz.

Ella empieza a conocerse mucho mejor, con sus puntos débiles y fuertes. 

– Soy bastante tímida, pero los flashes, la fama es algo con lo que he vivido desde pequeña -explica. -A lo mejor si viviera en el campo todo el tiempo querría más vida social. Ahora discierno así: si algo me da pereza -retiro, oración, etc…-, es que hay que hacerlo, que me acercará a Dios. ¿Otros cambios? Bueno, yo antes era más de ojo por ojo y diente por diente, pero me fueron llegando señales: “ten paciencia, confía en Dios…” Y vi que si no respondes a los que te atacan, sorprendentemente, se solucionan cosas. Por ejemplo: Dios te aleja algunas personas, y te acerca otras. Respecto a lo que digan los medios de comunicación: pienso que antes me atacaban también sin parar; por lo menos que ahora me ataquen por lo que creo…

En casa de Chabeli
Explica además que su fe empieza a tener efectos en su entorno familiar.

– Estábamos en casa de mi hermana Chabeli [hija de Julio Iglesias e Isabel Preysler], y ella decía que “algo que te ha hecho daño, ya no hay forma de solucionarlo”. Y yo dije: “claro que hay forma, ¡Jesús lo soluciona!” Y todo el grupo soltó una carcajada. Y Chabeli, que aún es como una niña pequeña, me dijo: “¿Tú crees? Pues pídeselo”.

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Además, Tamara tiene claro el papel de la Iglesia en la fe y que no basta con una mera espiritualidad.

– Lo de “Dios sí, Iglesia no” es como decir “soy vegetariana pero como carne”.Pero eso yo ya lo sabía antes. Tras mi conversión conocí sacerdotes que hacen una labor muy buena, algo que yo desconocía. Animo a la gente que critica a los curas o la Iglesia a que investigue. El director de mi productora también decía “yo no creo en los curas”, pero cuando fuimos a Mozambique vio que todos los que están en orfanatos y hospitales son misioneros, monjas… Y admitió: “ante esto, no puedo decir nada”.

Ese viaje fue una toma de conciencia de Tamara con la pobreza del Tercer Mundo. 

– Al cuarto día de ver desgracias en Mozambique yo desesperaba, pero, pensé, si este sacerdote que lleva aquí 50 años hubiera desesperado, como yo, no habría ayudado a estos 128 niños. ¡Por poco que hagas todo ayuda! 

Ahora intenta apoyar esas misiones y orfanatos de Mozambique. “Preparo unas cestas, las vendo a mis amigas”, comenta. Tiene además consejos para quien tenga inquietudes espirituales. Por ejemplo, sobre el poder de la confesión recomienda el testimonio en Internet de Gloria Polo. Y a quien esté alejado de la fe pero inquieto le da un consejo: “reza el Rosario y pide la ayuda de la Virgen; ella es Nuestra Madre. ¡Ella te lleva!“.

La entrevista, larga pero animada y cálida, puede pedirse gratis a Radio María mediante su formulario de solicitud de programas: 
www.radiomaria.es/formulario.aspx?tipo=3

El testimonio de Tamara, con más detalles, puede también leerse, junto con otros testimonios impactantes y edificantes, en el libro “Estamos de vuelta“:
www.ociohispano.es/libro/estamos-de-vuelta_297

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