Dejan las drogas gracias al método de Sor Elvira

Comunidad del Cenáculo 

Cientos de toxicómanos dejan las drogas gracias al método de Sor Elvira: trabajar y rezar 

Hoy cuenta con más de 58 casas de rehabilitación para toxicómanos en una decena de países, una de ellas en España. 

Actualizado 16 agosto 2012 

L. Moreno/M. Velasco/ ReL 

Aunque la «Casa Madre» de la Comunidad del Cenáculo se encuentra sobre la colina de Saluzzo, una ciudad en la provincia de Cúneo (Piemonte), en el noroeste de Italia, aquí, en Medjugorje, cerca de la colina de las apariciones de la Virgen, cuentan con una de las casas más numerosas, en la que conviven 80 jóvenes adictos a la droga.
 
El alma de la comunidad es Sor Elvira Pettrozi, una religiosa italiana que, sin ninguna formación en psiquiatría o en psicología, fundó en 1983 la primera casa de acogida y ha conseguido liberar a cientos de jóvenes drogadictos de su adicción.

Trabajo, oración y amistad verdadera es lo que consigue sacar a estos jóvenes de la desesperación, la tristeza y la dependencia. Un horario muy estricto, trabajo y oración: ése es el secreto de sor Elvira.

Uno de estos jóvenes es Iván, que llegó a la comunidad huyendo de la Policía: «Fuera de aquí yo era un esclavo. Tenía mucho dinero y, cuando empezó la guerra, como me daban dinero en casa, me sentía superior a los demás. No estaba a acostumbrado a esforzarme, me hacía muchas preguntas y busqué las respuestas en lugares equivocados, hasta que la heroína fue la respuesta a todo», recuerda.

«No sabía vivir»
«Llegué drogado. Pero nadie me preguntó nada, ni qué drogas había tomado, ni si había matado a alguien, ni de qué religión era. Nadie me juzgó. Sin embargo, todos me abrazaron», recuerda conmovido. «Cuando llevaba aquí tres meses, me mandaron como trabajo ordeñar dos vacas, a las cuatro y media de la mañana. La primera noche no dormí. Si me quedaba dormido no habría leche para el desayuno, ¡y 80 ex-drogadictos me matarían! Al darme ese trabajo, entendí que confiaban en mí y entonces empecé a mejorar», prosigue Iván. 

Un ángel de la guarda
«Cuando entré me pusieron un ángel (cuidador), que era pesadísimo. Me decía por favor y gracias. Yo no estaba acostumbrado a eso y me ponía enfermo. Dormía en la litera encima de la mía, y hasta venía al cuarto de baño y llamaba a la puerta si tardaba para ver si estaba bien. 

Comprendí que el problema no era la droga: era que yo no sabía vivir. Aquí he aprendido a vivir. ¡Cristo es el Maestro que te enseña a vivir! El Señor nos ha dado otra oportunidad, ¡…a nosotros!», recalca Iván.

Mirsa, otro joven toxicómano reincidente, llegó a la comunidad cuando apenas tenía 16 años. «Empecé a drogarme muy joven. Mi vida era unos amigos que en realidad eran mis peores enemigos; una novia a la que nunca amé; la heroína y la música. Cuando llegué, yo ya había probado de todo; me había desintoxicado incluso durante dos meses, pero siempre volvía. Aquí me aceptaron como era. Desde que he entrado en la comunidad no he vuelto a pensar en drogarme», asegura Mirsa. «No tenemos chicas, ni tabaco, ni drogas, pero yo he ¡ vuelto a la vida. Estaba muerto, pero me han rescatado», asegura.

La fuerza de la oración
La comunidad del Cenáculo propone a los jóvenes que acoge un estilo de vida simple, familiar y disciplinado, basado en el redescubrimiento de la oración y del trabajo («ora et labora»). Una vida de amistad verdadera, sacrificio y fe en Jesús. La espiritualidad de la comunidad es profundamente eucarística y mariana. Se alternan en la jornada momentos de oración(rosario, adoración eucarística, liturgia de las horas) con momentos de trabajo y de ocio. Todo ello compartiendo la vida delante de la Palabra de Dios y de los hermanos.
 
Sor Elvira está convencida de que la vida cristiana, en su simplicidad y plenitud, es la respuesta a toda inquietud del corazón y que el encuentro con Dios hace renacer el hombre a toda esperanza.

La comunidad del Cenáculo, con una eficacia altísima en la sanación de drogadictos, llega a España

El centro con mayor porcentaje de éxito en la rehabilitación de drogadictos abre casa en Barcelona

Los católicos de Arabia Saudí

En la cuna de Mahoma viven más de un millón de católicos 

Los católicos de Arabia Saudí son presionados en sus trabajos: conversión al islam o despido 

Existe un Ministerio de Asuntos Islámicos que cuenta con unos 500 empleados dedicados a animar a los extranjeros a convertirse al islam. 

Actualizado 17 agosto 2012 

Pablo J. Ginés/ ReL 

En Arabia Saudí, la cuna de Mahoma, viven más cristianos que nunca, entre ellos cientos de miles de filipinos católicos. También son cristianos buena parte de los palestinos, libaneses, srilankeses e indios que nutren las empresas del país.

Es «público cautivo» para el Ministerio de Asuntos Islámicos, que cuenta con 50 centros y unos 500 empleados dedicados a animar a los extranjeros a convertirse al islam. «He visto numerosos emigrantes filipinos aceptar el islam bajo presión laboral», denuncia en la agencia AsiaNews la enfermera filipina Joselyn Cabrera, que trabaja en el hospital de Riyadh. «Unos meses después de contratarte, tus jefes te dan un ultimátum y te dicen que has de convertirte al islam para conservar tu empleo. Es una elección muy dura», explica. 

Joselyn ha visto al menos cincuenta casos de conversiones por presiones en el trabajo. «Incluso a mí me han presionado mis compañeros musulmanes, pero yo siempre les he dicho que permaneceré católica. Hasta ahora no me ha pasado nada», añade. 

Prohibido rezar en casa

En Arabia Saudí no se permite la existencia de ninguna parroquia ni iglesia. A fecha de 2010 había allí al menos 400.000 católicos, probablemente muchos más, a los que la ley les impide reunirse para rezar, incluso en casas particulares. También es ilegal que enseñen el catecismo a sus hijos, más de cien mil niños. 

La situación es menos opresiva en los otros países del Golfo Pérsico, donde el proselitismo (y la evangelización) están penalizados o restringidos, pero se permite el culto cristiano en las iglesias y las casas. 

El obispo católico de Arabia, el franciscano suizo Paul Hinder, es pastor de un rebaño de, al menos, 1,3 millones de católicos repartidos por Emiratos Árabes (15 parroquias), Bahrein (1 parroquia), Qatar (2 parroquias), Yemen (4 parroquias) y Omán (4 parroquias). Para ello, cuenta con 40 sacerdotes, la mayoría de ellos filipinos, indios y cingaleses. 

Su vecino, el obispo de Kuwait Camillo Ballin, cuenta con diez curas para atender a unos 160.000 católicos con misas en árabe (para libaneses y palestinos), en tagalo (para filipinos), y en malalayam, tamil, konkani y cingalés para los indios. En la liturgia, los libaneses usan a menudo el rito maronita y los indios el rito siromalabar y el siromalankar. En cuanto a la vida religiosa, además de los franciscanos, siempre ligados a Tierra Santa y Oriente Medio, abundan las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa. Sólo en Yemen, las monjas del sari blanco tienen cuatro casas. 

Sin embargo, la mayor parte de los católicos del Golfo viven en Arabia Saudí, una teocracia donde el Corán y la Sunna (Tradición) son, oficialmente, la Constitución del país. 

Si hubiera libertad

Si llegase la libertad religiosa a los países del Golfo, cientos de miles de cristianos, quizá millones, podrían hablar y testimoniar sin miedo a represalias, tanto a la población nativa como a sus compañeros inmigrante

Murió perdonando y podría ser santa

Maria Laura Mainetti 

Dos adolescentes matan a una religiosa en un acto satánico; murió perdonando y podría ser santa 

Tres adolescentes asesinaron a la religiosa porque así se lo había dicho el demonio. La apuñalaron pero, como no moría, la apedrearon. 

Actualizado 16 agosto 2012 

R. Martí/ ReL 

La religiosa, que fue declarada mártir en 2008, se dedicaba desde hacía años a labores educativas y de ayuda a los necesitados en el pequeño pueblode Chiavenna, al norte de Italia. Sin embargo, la noche del 6 al 7 de julio del año 2000, tras chicas adolescentes le tendieron una trampa mortal.

Ambra, Vernónica y Milena, dos de ellas de 16 y 17 años, planearon el asesinato, según reconocieron después de ser detenidas. Las declaraciones conmocionaron a todo el país, más cuando confesaron que en un acto satánico se les había pedido asesinar a un religioso.

Una de las menores, fingiendo estar embarazada y al borde de la desesperación, pidió ayuda a la religiosa. Una vez atrída a la trampa en un lugar apartado, le asestaron a Mainetti 6 puñaladas cada una: un total de 18. Maria Laura Mainetti seguía viva, pero ignoraron sus súplicas, mientras pedía el perdón para sus asesinas, y la apedrearon hasta morir, sin más razón que la de llevar a cabo un acto satánico.

La religiosa tenía 61 años y pertenecía a la Congregación de las Hijas de la Cruz. En el momento en que la asesinaron era la superiora de su comunidad en el Instituto de María Inmaculada en Chiavenna.

Las perdonó

Las propias adolescentes reconocieron también que la religiosa pidió el perdón para ellas, lo que ha supuesto el principal motivo para calificar la muerte de Mainetti como martirio. El 23 de octubre de 2005 se abrió su proceso de beatificación.