«La maleta del papa Wojtyla»

Un libro narra el «milagro» que llevó a Wojtyla a la Sixtina, de donde salió Papa

Un conductor de autobús público participó inconscientemente de la génesis de su pontificado.

Actualizado 17 noviembre 2011

Salvatore Cernuzio/Zenit

Ha sido presentado en Roma el nuevo libro del vaticanista Fabio Zavattaro: La valigia di Papa Wojtyla (La maleta del papa Wojtyla), el martes 15 de noviembre, en el palacio del Vicariato Maffei Marescotti.

El 14 de octubre de 1978, el entonces Karol Wojtyla peregrinó al santuario de la Mentorella, en el Lacio, para después detenerse en una posada de la zona. Una vez en marcha, se le estropeó el coche y se quedó bloqueado en la carretera. Así que hizo autoestop hasta que un conductor de una línea de pasajeros, Candido Nardi, lo dejó subir al autobús cerca de Guadagnolo, un pueblo a 50 kilómetros de Roma. Ya que, el que le parecía un simple sacerdote, le había dicho que tenía que llegar al Vaticano antes de la 13,30 (en el momento en que el Cónclave se cerraba, y el que no llegaba a tiempo se quedaba irremediablemente fuera), se vio obligado a saltarse todas las paradas hasta Palestrina, donde consiguió conectar con el autobús que iba directamente a la capital. Un milagro hizo que Wojtyla llegase a tiempo a la Capilla Sixtina de donde salió, dos días después, con las vestiduras papales, gracias a la inspiración del Espíritu Santo, a los votos de los cardenales y a la ayuda providencial de un conductor de autobús público que participó inconscientemente de la génesis de un pontificado.

Esta anécdota, que hoy es legendaria, y otras muchas historias son las perlas que enriquecen el nuevo libro del vaticanista Fabio Zavattaro: La valigia di Papa Wojtyla. Una especie de “diario de a bordo” donde el autor que, desde 1983, siguió como enviado los numerosos viajes del papa en Italia y al extranjero, entrelaza relatos, episodios inéditos, curiosidades, personas y lugares para hacer emerger un perfil hasta ahora desconocido, casi irónico de Juan Pablo II.

Encontramos, hojeando las páginas del libro, muchos asuntos que no siempre han tenido el honor de ser registrados en una crónica, pero que han acompañado la preparación de los 104 viajes internacionales de aquél papa: desde Jerusalén hasta la Cuba de Fidel Castro, pasando por los indios del norte de Canadá, los sacerdote perseguidos por el régimen en Ucrania y su amada tierra natal, Polonia.

Un libro-testimonio que muestra, no sólo la figura del Pontífice, sino también la del hombre que fue Juan Pablo II. Un hombre que se conmovió en el avión viendo al pueblo mexicano saludarlo con los espejos reflejando el sol y, que en su primer viaje a México, pasó más de una hora hablando con los periodistas a diez mil metros de altitud, como recordó durante el encuentro Valentina Alazraki, corresponsal mexicana, que siguió también al Papa en innumerables peregrinaciones.

Un hombre que, como declaró monseñor Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio de las Comunicaciones, invitado también a la conferencia, “sentía tan fuerte el anhelo misionero que pedía continuamente partir hacia China, incluso en el momento en el que la enfermedad lo retenía en Roma”.

Un hombre que, a través de la comunicación, de los medios, pero incluso con sencillos gestos, deseaba entrar en la cultura, en las tradiciones de cada pueblo “para llevar hacia adelante su misión cristiana derruyendo las barreras del mundo y de los prejuicios”, añadió Marco Simeon, director de Rai Vaticano.

“Juan Pablo II es la encarnación viviente de las palabras del Evangelio: ´Id y anunciad a Cristo hasta los confines más lejanos de la Tierra”, declaró, durante la presentación del libro, monseñor Liberio Andreatta, vicepresidente de la Opera Romana Pellegrinaggi, de la que el Palacio del Vicariato es la sede. “El Papa Wojtyla ha sido el más grande operador turístico de finales del milenio. Ha llevado a Cristo al mundo y al mundo a Cristo”, añadió monseñor Andreatta.

La maleta, por tanto, siempre preparada de un papa que ha hecho de las peregrinaciones el punto central de su magisterio. Una maleta llena no sólo de lo necesario para partir, sino también de recuerdos, de palabras, de intenciones y de pequeños detalles como el chiste que se contaba en el Vaticano en la época de su Pontificado: “¿Cuál es la diferencia entre Dios y el papa? Que Dios está en todas partes y el papa ¡ya ha estado!”

Para adquirir el libro de Fabio Zavattaro, hasta ahora publicado sólo en italiano, por Iacobelli Editore.

Tíos con suerte

Tíos con suerte, primera novela de Jesús García

El autor de Medjugorje y ¿Qué hace una chica…? nos adentra en el mundo de los toxicómanos

Es su primera novela tras los éxitos de sus dos ensayos, y la nota no puede ser más favorable: ocho sobre diez. Tenemos un best-seller en potencia.

Actualizado 17 noviembre 2011

Darío Tomé/ReL

Aún no se deja de hablar de ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?, el libro que da vida a un monasterio de papel habitado por diez monjas de nuestro tiempo, y el autor Jesús García estrena nueva obra. 

Después del citado libro y del reportaje escrito titulado Medjugorje, García se prueba ahora con la ficción, presentando una novela fresca y de contrastes: Tíos con suerte, editada por Ediciones Cobel.

Jesús García (Madrid, 1977), autor de Medjugorje y¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?, sorprende de nuevo sentado ante un teclado. Esta vez el mérito no ha estado en documentar una historia compleja como las de las apariciones marianas en Bosnia, ni en atravesar los muros de varias clausuras españolas para entrevistar con desparpajo a unas cuantas monjas, sino en inventarse una ficción y que de su imaginación surja una novela en la que, como por arte de magia -o a golpe de talento, según se mire-, el lector se hace testigo sorprendido de cómo se vive una semana de verano siendo voluntario en una casa de rehabilitación de toxicómanos en España, y que todo sea verosímil, casi real.

Desvelar el mundo de la droga
En la obra, García deja notar que es un novel de la ficción, pero consigue con una sencillez inusitada engancharte a una trama en la que no sólo uno se entretiene, sino que también aprende, y todo esto sin desvelarte casi hasta la contraportada el meollo de la cuestión, el cómo y el por qué, un joven madrileño de 23 años se puede pasar un verano de su vida rodeado de drogodependientes. 

De entre las virtudes del libro cabe la propia trama y el desenlace, pero lo que le da al joven escritor otra oportunidad de seguir leyéndolo también en la ficción, son los personajes del libro, un desfile interminable de gente normal, cercan, amistosa, que con su gracia y desgracias logran sacar una mano del papel y presentarse al lector como un amigo, un familiar, o aquel hijo de la vecina que cayó en el pozo de la droga siendo tan buen chico.

Rehabilitación de toxicómanos
Para escribir Tío con suerte, Jesús García se ha servido de su propia experiencia en diferentes voluntariados con rehabilitación de tóxicos, anécdotas reales y conversaciones allí mantenidas.

Muy recomendable para jóvenes, quedan reflejadas en esta obra las miserias y las grandezas de un grupo de personas que, siendo ficticias, tienen mucho de reales. Y por si fuera mucho tequila, la sal y el limón lo ponen de por medio una historia de amor juvenil con un desenlace que, por momentos, te deja en estado de shock. Para ser su primera novela, García se lleva un ocho de diez.

Testimonio de una peregrina agradecida

07/10/2011

Oí hablar de Medjugorje a una amiga de Miami que estuvo allí en los años 80 pero no volví a escuchar ese nombre hasta que mi hermano escribió un artículo para su periódico. Volvió de allí entusiasmado con lo que había encontrado y no paraba de decir a todo el mundo que tenía que ir y vivirlo personalmente. Decía: “no se puede describir, hay que vivirlo.” Mi interés no pasaba del punto de que mi hermano a veces escribía sobre el tema, pero aunque no me planteaba ir ni de lejos, él no se desanimaba y seguía insistiendo, tanto que llegó a resultar pesado porque no hablaba de otra cosa. Así estuvimos dos años, él diciendo que tenía que ir y yo viendo dificultades por todas partes: falta de dinero, una familia numerosa con niños pequeños que atender, la lejanía… Sin embargo empezaba a desearlo.

Ya no era él sólo quien me animaba, sino nuestro hermano mayor y un amigo suyo que organiza peregrinaciones, pero como cada vez que me lo planteaba en serio las dificultades crecían acabé diciéndole a la Gospa que si Ella quería que fuera a verla a su casa me lo hiciera saber, pero sin lugar a dudas. Un día sentí que era el momento y no debía esperar más, y aunque surgieron nuevas dificultades me abandoné en Sus manos e hice la maleta.

Mi intención era peregrinar para pedirle 3 cosas, ninguna para mí, pero tan importantes que tenía que pedírselas allí, no valía con rezar desde mi casa.

Era el 5 de diciembre de 2008, aniversario de la marcha al cielo de la Sierva de Dios Alexia González-Barros, de quien soy muy devota, e iba camino del aeropuerto cuando me di cuenta de que me había dejado en casa todas mis medicinas. Llevaba en tratamiento con psiquiatras y psicólogos desde los 17 años, interrumpido solamente durante mis embarazos, y pasándolo mal sin la medicación, así que me asusté, pero no me daba tiempo a volver. Sólo tenía dos opciones: agobiarme por lo que pudiera pasar o tomarlo como una señal de la Virgen, que algo querría decirme aunque yo no sabía qué. Elegí la 2ª opción y me olvidé del tema.

La 1ª vez que subí al Podbro dejé mis peticiones a los pies de la imagen de la Virgen y le dije que no pedía nada para mí, que si Ella quería darme algo que lo hiciera pero que yo no pedía nada en particular. Terminé de rezar y me aparté de la imagen para dejar sitio a otros peregrinos.
Me puse a mirar alrededor y a hacer fotos. Ya había hecho lo que tenía que hacer allí, a partir de ese momento podía dedicarme a lo que quisiera.

Esto estaba pensando cuando sentí que mi corazón era llenado de un amor intensísimo, como no había sentido hasta entonces ni he vuelto a sentir después, que tenía la certidumbre de que procedía de Dios.

Estaba consciente, no veía a la Virgen, ni veía bailar al sol ni nada parecido. Sabía que los problemas ordinarios de mi vida seguirían existiendo a mi vuelta, pero no me pesaban como antes de la peregrinación. Me sentía tan feliz que lloraba y reía a la vez. Acababa de recibir un regalo sorpresa de María, pero aún me esperaba otro que no podía imaginar.

Volví a Madrid el 9 de diciembre por la noche y tenía revisión con mi psiquiatra el 18. Decidí no tomar más medicación y decírselo en la consulta, pero me dio una bronquitis y no pude ir hasta un mes después. Al contarle cómo había dejado las pastillas, me preguntó qué síntomas tuve los primeros días, y le dije que ni mareos, ni temblor en las manos, ni sequedad de boca, ni ansiedad: nada. Entonces me explicó que se refería a cosas más serias: síndrome de abstinencia, convulsiones y hasta un coma.

Me ha tenido en observación hasta el 12 de diciembre de 2009, que me dio el alta definitiva.

Es la fiesta de la Virgen de Guadalupe de México y yo celebro mi santo.

Por si había alguna duda de que la Gospa me curó, puso su firma.

Guadalupe García Sánchez-Colomer