Periódico con personalidad

Una bella historia del «Osservatore»: el cura ucraniano en Capri que lo comentaba con Graham Greene

En ocasiones se da una relación especial entre el papel impreso y las personas. Como en el caso que cuenta este sábado el diario vaticano.

Actualizado 17 septiembre 2011

C.L./ReL

Es relativamente frecuente que entre algunas personas y su diario de cabecera se genere una relación especial de dependencia, seguimiento y archivo. Una vinculación afectiva que acaba siendo característica de quien la vive, y formando parte también de la pequeña historia del periódico.

L´Osservatore Romano le ha sucedido eso también muchas veces en sus 150 años de presencia en los quioscos, y este sábado recoge una entrañable reseña biográfica de uno de sus lectores más fieles durante años.

Exilio en Capri

Se trata de un hombre que llevó una vida dura y vivió exiliado la mayor parte de su existencia. Ivan Chomenko nació en Ucrania y fue una vocación tardía, en una época bajo la tiranía comunista en la que sólo había diez sacerdotes libres en el país. El resto estaban en el Gulag o, lo más afortunados, como Don Iván, en el destierro.

Llegó a la isla italiana de Capri, un paraíso natural y meta romántica por excelencia, con una misión:completar una traducción de la Biblia a su lengua materna.

Vivió sus últimas décadas en la iglesia de Santa Sofía en la villa de Anacapri, en el piso superior de la casa parroquial, frente a un campanario que iba marcando las horas de sus días tranquilos dedicados al estudio, a un intenso apostolado entre turistas de todos los idiomas que dominaba… y la atenta y subrayada lectura del diario vaticano.

En el pueblo, que tiene hoy seis mil habitantes y una gran población flotante, las costumbres del padre Chomenko pasaron a formar parte de la liturgia de la vida comunal.

Todos los días laborables acudía a Correos a recibir L´Osservatore Romano, que se sentaba a leer atentamente después de comer, antes de volver al trabajo. Cuando sonaba el Ave María y regresaba a la oficina parroquial, los paisanos reparaban en los profusos subrayados que plagaban las páginas del diario

Un sueño cumplido

Al finalizar el día, el ejemplar de la fecha era cuidadosamente archivado en un arcón de madera… de donde lo sacaba, para leerlo con una esperanza distinta, la de escribir un día en sus páginas, Raffaele Vacca, autor de la crónica, quien comentaba con Don Iván y con el párroco esa ilusión juvenil. Vacca, hoy habitual del Osservatore, la realizó cuando ya ambos habían fallecido, el ucraniano en 1981 (a los 89 años), el cura local en 1987.

El padre Chomenko, huido del régimen soviético, medía casi dos metros y su conocimiento de múltiples lenguas le hacía especialmente apto para el apostolado en una isla como Capri. 

Una tertulia de lujo

Se convirtió en una especie de director espiritual de personalidades poderosas y variopintas que frecuentaban el lugar en los años cincuenta y sesenta, como el conde Giuseppe Bennicelli, el enigmático holandés Tony Paanaker (quien se construyó allí una mansión a la que llamó La Virgen te acompañe), el director de cine brasileño Alberto Cavalcantiy el escritor inglés Graham Greene, que pasaba temporadas allí desde 1948.

Graham Greene compartía con el cura ucraniano un gran aprecio por elOsservatore, y para Don Iván era un lujo cuando coincidían y podían comentar juntos noticias y documentos, en una ventana abierta que se abría al mundo para un sacerdote que murió sin poder volver a su patria y verla libre de sus verdugos.

El principio de la salvación de Lorraine Murray

Una vela a sus padres marcó el retorno

Fue atea, hippy, feminista… y abortó: ése fue el principio de la salvación de Lorraine Murray

La periodista y escritora norteamericana, autora de una biografía de Flannery O´Connor y una novela de misterio, se había educado como católica.

Actualizado 17 septiembre 2011

C.L./ReL

Los caminos por los que Dios llama a la conversión son muy variados. En ocasiones, espectaculares. Y otras, paradójicos.

El caso de Lorraine Murphy se sitúa entre estos últimos, porque fue el aborto provocado al que se sometió la primera brecha que le permitió comprender la ruta equivocada que seguía su vida.

Hoy vive en Georgia (Estados Unidos), donde es bibliotecaria en la universidad, y trabaja como periodista free-lance y como escritora. Ha publicado siete libros, entre ellos una biografía de la escritora Flannery O´Connor y una novela de misterio titulada Death of a liturgist [Muerte de un liturgista].

De familia italiana, había crecido en un ambiente cien por cien católico en familia, escuela y ambiente, hasta el punto de que cuenta el shock que le produjo en su adolescencia ver en una librería de la estación de tren de Miami la obra de Bertrand Russell Por qué no soy cristiano.

De niña católica a joven atea

Y lo cierto es que años después dejó de serlo ella también, cuando en la universidad, donde estudiaba filología inglesa para ser un día escritora, todos sus profesores apuntaban contra la fe.

«Era el año 1964 cuando llegué al campus. Era una chica delicada, virgen y que iba a la iglesia»: dos años después, ella misma describe que se había convertido en una hippy apuntada a la tesis de la «muerte de Dios» y que veía la misa como una reliquia de su infancia similar a un osito de peluche. «Desprecié todo lo que mis padres apreciaban, desde la virginidad antes del matrimonio a la abstinencia de drogas»: se hizo feminista, enemiga del matrimonio y la maternidad, y se dedicó al «amor libre».

«Las feministas como yo no nos dábamos cuenta entonces de lo felices que hacíamos a hombres poco honorables practicando sexo sin compromiso», dice Lorraine: «Estaba demasiado ciega para ver la verdad. Aunque me empeñaba en ser la modélica chica fácil de los 60, en mi corazón seguía siendo la niña que había ido a una escuela católica y soñaba encontrar alguien tradicional que la quisiera y se casara con ella».

Lorraine lamenta que en su infancia y adolescencia nadie le diese argumentos para contrarrestar las ideas ateas. Cuando sacó el doctorado y se hizo profesora, ella misma se convirtió en su propagandista ante sus alumnos.

La vida de su hijo la salvó

Pero todo empezó a cambiar ante un embarazo inesperado: «No tardé demasiado en decidir lo que tenía que hacer. Al fin y al cabo, había abundado sobre el tema del aborto en mis clases, y me parecía absolutamente claro que los derechos de la mujer siempre prevalecen sobre los del niño«.

Así que puso en marcha el proceso, «que sería tan simple y directo como sacarse una muela, según decía el argumentario feminista. En realidad, el aborto se convirtió en uno de los momentos más horrendos de mi vida, física y emocionalmente, algo que reviviría y lamentaría durante todos los años posteriores. Este terrible acontecimiento se convirtió en la primera grieta de mi armadura feminista, y empecé a preguntarme si todo lo que había sostenido sobre el feminismo era verdad».

Una vela en San Patricio

Ese momento abisal fue el despegue de Lorraine. Conoció a un buen hombre, cristiano sin denominación específica aunque no muy practicante, y se casó con él. Y aunque ella continuó siendo atea, empezó a no ver las cosas de la religión con tanto despego.

Hasta que un día, al regreso de un viaje de trabajo a Nueva York, su marido, que jamás había estado en una iglesia católica la dejó anonadada: «Entré en la catedral de San Patricio y puse una vela a tus padres y a mi padre». «Entonces me recorrió un escalofrío al darme cuenta de que jamás había rezado por mis padres, que habían muerto años atrás».

A partir de ese momento, confiesa, «las cosas fueron muy deprisa». Vivían cerca de una iglesia católica y empezaron a ir a misa allí: «Comencé a re-leer las Escrituras y me parecía que Cristo salia de esas páginas para irse apoderando de mi corazón«.

Una noche, con ese corazón atribulado, acudió al sacerdote a confesarse, y en particular a recibir el perdón «por aquel horrible pecado negro que me había encadenado durante años».

Aun así, Lorraine siguió rechazando la doctrina de la Iglesia sobre los anticonceptivos, la homosexualidad o el sacerdocio femenino, y aunque rechazaba el aborto que ella había cometido, seguía pensando que las mujeres debían tener esa opción.

El cáncer

Pero en el año 2000 le diagnosticaron un cáncer, y al pedir asistencia espiritual conoció a un sacerdote con quien empezó a formarse mejor, y que la ayudó cuando ella pensaba, entre lágrimas, que iba a morir: «Finalmente, el padre Richard López me dio los fundamentos que necesitaba para abandonar mi catolicismo a la carta«.

«Mi marido y yo pronto celebraremos 29 años de matrimonio. Y aunque no hemos sido bendecidos con los hijos, sí por otras muchas vías, en particular nuestra fe», concluye Lorraine Murray: «Y cuando reflexiono sobre mi recorrido, creo que Dios me llamó de vuelta a la Iglesia con la ayuda de mis padres y con las oraciones de aquella pequeña alma que no llegó a nacer, pero que jamás será olvidada».

Lea aquí el testimonio completo de Lorraine Murray (en inglés).

«A prueba de fuego», ahora «Courageous»

Auge del cine cristiano

«A prueba de fuego», ahora «Courageous»: así cuida a los católicos la factoría Sherwood

A pesar de sus señas de identidad baptistas, sus películas entusiasman por igual a todo el público religioso… o no religioso.

Actualizado 18 septiembre 2011

C.L./ReL

ReL se hizo eco de la llegada de Siete días en Utopía, interpretada por Robert Duvall, que si bien no es una película específicamente religiosa, sí está siendo jaleada y bien acogida por la opinión pública cristiana en Estados Unidos. Y también del próximo estreno, el 30 de septiembre, de Courageous [Valientes], la última película de Sherwood Pictures, la productora vinculada a la Iglesia Baptista Sherwood que rompió moldes, esquemas y taquillas con Fireproof [A prueba de fuego].

El toque evangelista

Una cuestión que ha preocupado en ocasiones a la opinión pública católica es en qué medida estas películas, a pesar de sus innumerables factores positivos (exaltación de la ley natural, defensa del matrimonio, invitación a la conversión espiritual, afirmación explícita de Jesucristo como Dios y como camino único de salvación del alma) podían suponer un peligro doctrinal, al proceder de entornos nítidamente protestantes.

Lo cierto es que ninguna autoridad de la Iglesia se ha pronunciado en ese sentido, más bien al contrario.Fireproof fue recomendada por varios obispos, y muy probablemente Courageous lo será también. No en vano es una apología de la familia y la paternidad, que cuenta la historia de cuatro policías y sus problemas para afrontar sus responsabilidades con sus hijos, y busca resaltar la importancia de la figura paterna en el hogar. Su ausencia tiene ahora mismo condición de epidemia en Estados Unidos, en particular en la comunidad negra.

Teniendo en cuenta a los católicos

Un reciente artículo de Tim Drake en la prestigiosa publicación católica conservadoraNational Catholic Register explica por qué estas pequeñas obras maestras (eficaces y creíbles en el mensaje, a pesar de su bajo presupuesto) no incluyen nada que pueda molestar a un católico.

Courageous, por ejemplo, contó para su realización con una agencia católica de relaciones públicas, y en su producción participaron hasta diez instituciones católicas, entre ellas alguna vinculada a los Caballeros de Colón: Knights of Columbus’ Fathers for Good, Alexander House, National Fellowship of Catholic Men, The King’s Men, the National Association of Catholic Family Life Ministers, Fraternus, That Man Is You, Familia y The Men of St. Joseph.

Esta agencia católica, The Maximus Group, ya había participado en la promoción de A prueba de fuego, y en ambas un miembro de su staff directivo pudo conocer el guión y hacer sus sugerencias.

«Teníamos la seguridad, antes incluso de que comenzase la producción, de que los católicos no tendrían nada de que preocuparse desde un punto de vista sacramental o doctrinal», explica la vicepresidenta ejecutiva de Maximus, Lisa Wheeler: «Son películas hechas por protestantes, así que no se cuentan con una perspectiva católica, pero no hay nada objetable en ellas«.

En Fireproof [A prueba de fuego], la única conocida hasta el momento en España, es evidente el toque evangélico, y la raíz protestante se percibe en dos puntos: es sólo la fe la que justifica, y no hay mediación entre Jesucristo y los hombres. Pero ambos puntos están expuestos en el guión y en la realización sin rechazo alguno a la confesión o al sacerdocio, que no aparecen ni para bien ni para mal. De manera que un católico puede entender y aceptar el argumento sin dificultad, y entusiasmarse sin reparos con la espléndida labor artística de Sherwood.

Marketing eficaz

En cualquier caso, para evitar cualquier objeción (que obviamente no interesa a los productores, pues necesitan al público católico para multiplicar su éxito comercial), Sherwood convocó a dos grupos de creadores de opinión católicos (Tim Drake fue uno de ellos) para que estuviesen presentes en el rodaje. Y durante este verano se realizaron más de trescientos pases privados, que incluyeron la Conferencia Episcopal y los influyentes Caballeros de Colón.

Toda una campaña de marketing bien hecha destinada a que, cuando se estreneCourageous [Valientes], todos los cristianos norteamericanos puedan aplaudir al unísonosu defensa del orden natural en la familia, su insistencia en la oración y el amor a Jesucristo que quiere transmitir.

Al final, concluye Wheeler, de lo que se trata es de que los hombres «sean líderes en sus familias y responsables de sus decisiones, y tengan la valentía de enfrentarse a las tentaciones del mundo«.