No fue ninguna broma

Actualizado 27 diciembre 2010

La matanza de los Santos Inocentes no fue ninguna broma

Cada año, el 28 de diciembre es sinónimo de bromas, burlas y monigotes. Pero muy lejos de las chistes queda el asesinato de aquellos niños que podrían considerarse los primeros mártires perseguidos y asesinados por la causa de Cristo. Hoy se recuerda de un modo especial a los inocentes asesinados antes de nacer por causa del aborto. Nada de esto suena a broma.

La crónica de lo que ocurrió aquel día, dos años después del nacimiento de Jesús, la escribió el poeta alemán Clemens Brentano, siguiendo el dictado de la beata Ana Catalina Emmerich, quien sufrió los estigmas de la Pasión en su propia carne y quien tuvo, a principios del s. XIX, diferentes visiones sobre la vida de Cristo. Según ella misma, se apareció un ángel a María y le hizo conocer la matanza de los niños inocentes por el rey Herodes. María y José se afligieron mucho y el Niño Jesús, que tenía entonces un año y medio, lloró todo el día. Como no volvieron los Reyes Magos a Jerusalén, y estando Herodes ocupado en algunos asuntos de familia, sus temores se habían calmado un tanto; pero cuando regresó la Sagrada Familia a Nazaret y oyó las cosas que habían acontecido en el templo, con las predicciones de Simeón y de Ana en la ceremonia de la Presentación, aumentaron sus temores y angustias.

La degollación

Herodes mandó entonces soldados que, con diversos pretextos, debían guardar los lugares alrededor de Jerusalén, a Gilgal, a Belén y hasta Hebrón, y ordenó hacer un censo de los niños. Los soldados ocuparon esos lugares durante nueve meses, mientras Herodes se hallaba en Roma. Después de su vuelta se produjo la degollación de los inocentes.

Juan el Bautista tenía entonces dos años, y había estado escondido en casa de sus padres antes de que Herodes diera la orden para que las madres se presentaran con sus hijos de dos años o menos ante las autoridades locales. Isabel, advertida por un ángel, volvió a huir al desierto con el niño Juan. Jesús tenía entonces año y medio. La matanza tuvo lugar en siete sitios diferentes. Se había engañado a las madres, prometiéndoles premios a su fecundidad; por eso ellas se presentaban a las autoridades vistiendo a sus criaturas con los mejores trajecitos. Los hombres eran previamente alejados de las madres y una vez separados de ellas, fueron degollados en patios cerrados y luego amontonados y enterrados en fosos.

Las madres acudieron con sus niños de dos años o menos a Jerusalén, desde Hebrón, Belén y otros lugares a donde Herodes había mandado a sus soldados y funcionarios. Ellas se dirigieron a las ciudades en grupos diversos: algunas llevaban dos niños montados en asnos. Cuando llegaban, eran conducidas a un gran edificio, siendo despedidos los hombres que las acompañaban. Las madres entraban alegres, creyendo que iban a recibir regalos y gratificaciones en premio a su fecundidad.

Encierro de las madres

El edificio estaba un tanto aislado y bastante cerca del que fue más tarde el palacio de Pilatos. Como se hallaba rodeado de muros, no se podía saber desde fuera lo que pasaba dentro. Parecía aquello un tribunal, con bloques de piedra y cadenas colgantes. Había árboles que se encorvaban y ataban juntos y luego despedazaban a los desgraciados a ellos atados.

Todo el edificio era sombrío, de construcción maciza. El patio era muy grande como el cementerio que hay al lado de la iglesia parroquial de Dülmen -ciudad natal de la citada beata-. Se abría una

puerta entre dos muros y se llegaba al patio, rodeado de construcciones por tres lados. Los edificios de derecha e izquierda eran de un solo piso y el del centro parecía una antigua sinagoga abandonada. Varias puertas daban al patio interno. Las madres fueron llevadas a través del patio a edificios laterales, y allí encerradas. Parecía aquello una especie de hospital o posada. Cuando se vieron encerradas, tuvieron miedo y empezaron a llorar y a lamentarse. Pasaron la noche allí dentro.

Al día siguiente fue la horrible matanza de los niños. El gran edificio posterior que cerraba el patio tenía dos pisos. El inferior era una sala grande, parecida a una prisión o a un cuerpo de guardia, y en el piso superior había ventanas que daban al patio. Allí había algunas personas reunidas en un tribunal; delante de ellas había rollos sobre una mesa. Herodes estaba presente, vestido con un manto rojo adornado de piel blanca, con pequeñas colas negras. Estaba rodeado de los demás y miraba por la ventana de la sala que daba al patio. Las madres eran llamadas una a una para ser llevadas desde los edificios laterales hasta la sala inferior. Al entrar, los soldados les quitaban los niños, llevándolos al patio, donde unos veinte hombres los mataban atravesándoles la garganta y el corazón con espadas y picas. Había niños aún vestidos con pañales, a los cuales amamantaban sus madres, y otros que usaban ya vestiditos. No se ocuparon de desvestirlos, sino que tal como venían los tomaban del bracito o del pie y los arrojaban al montón.

En la fosa común

El espectáculo era de lo más horrible que puede imaginarse. Las madres fueron amontonadas en la sala grande y cuando veían lo que hacían con sus niños, lanzaban gritos desgarradores, mesándose los cabellos y echándose en brazos unas de otras. Al fin se encontraron tan apretadas que apenas podían moverse.

La matanza duró hasta la noche. Los niños fueron echados más tarde en una fosa común, abierta en el mismo patio. Había unos setecientos niños.

A la noche siguiente vi a las madres sujetas con ligaduras y conducidas por los soldados a sus casas. El lugar de la matanza en Jerusalén fue el antiguo patio de las ejecuciones, a poca distancia del tribunal de Pilatos. Se cumplió así lo que dice el mismo Evangelio de san Mateo, que afirma que en ese día se realizó lo que había avisado el profeta Jeremías: “Un griterío se oye en

Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen” (Jer 31, 15). Y aquellos niños inocentes volaron al cielo a recibir el premio de las almas que no tienen mancha y a orar por sus afligidos padres y pedir para ellos bendiciones.

Estas almas y las de los niños pequeños, según otra devoción privada, en este caso las revelaciones del Señor a santa Faustina Kowalska, son “las más parecidas a mi corazón”. Ellas proporcionaron a

Jesucristo, en su dolorosa Pasión, “fortaleza durante mi amarga agonía, ya que las veía como ángeles terrenales, velando junto a mis altares”, como nos enseña la devoción a la Divina Misericordia. Fueron los Santos Inocentes, pues, los primeros mártires del cristianismo, cuando Jesús era apenas un bebé.

El secreto del padre Pío

Actualizado 25 diciembre 2010

El padre Pío no celebró congresos, ni pronunció discursos, no promovió concentraciones, manifestaciones, documentos, proyectos pastorales. Para cambiar el mundo, para salvar a la humanidad, celebró la Santa Misa. Es este el único acontecimiento que cambia el mundo. El Calvario, con el que Dios ha derrotado todo el Mal de los hombres y del Maligno. En efecto, para la Iglesia no puede celebrarse la misa sin un crucifijo.

Si el mundo, inmerso en el Mal y en la más feroz violencia, no ha sido aún reducido a cenizas, ha sido sólo gracias a la Santa Misa. Por eso nos da a entender el Padre Pío que no hay desastre, guerra o catástrofe que sea un mal mayor, que la desaparición de la misa: «El mundo podría quedarse incluso sin sol, pero no sin la Santa Misa».

El Cardenal Siri nos desvela un misterio excepcional: «Mientras se celebra la Santa Misa todo el mundo recibe algo de esa celebración». Incluso la más humilde de las celebraciones eucarísticas en el mas apartado pueblecito de la cristiandad, ante unas cuantas humildes mujeres, acarrea a la humanidad beneficios que ningúna gran iniciativa humana, ni conferencia, ni manifestación, ni acción política o social pueda acarrear. Ningúna revolución humana, pacifista incluso, ninguna diplomacia ni gobierno o partido o fuerza terrena puede hacer por la paz y el bien de los hombres, lo que hace la misa celebrada en la más apartada parroquia de la cristiandad.

El Cardenal Ratzinger, durante la Missa pro eligiendo Romano Pontífice en 2005, citaba a San Pablo, y añadía: «Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estos últimos decenios, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento…No ha sido raro que la pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos se viera agitada por esas oleadas – arrojada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, pasando por el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateismo a un vago misticismo religioso; del gnosticismo al sincretismo etc…

Los católicos parecen haber olvidado que no hay nada, absolutamente nada, que pueda ser equiparable a la misa en cuanto a fuerza y eficacia de salvación y de cambio de la historia. Efectivamente desde que la fe en ella ha disminuido, se ha multiplicado el afanoso atarearse, el hablar, y el hablar de más por parte de los cristianos, acaso arrastrados aquí y allá, por una ráfaga cualquiera de la doctrina.

Los católicos se han hecho la ilusión de que la redención de la humanidad, o aunque no fuera más que un cambio del mundo, podría ser llevada a cabo por el hombre mediante su compromiso de cristianos, o mediante el compromiso de los hombres a favor de los últimos, de los penúltimos, de la justicia, del bien.

Mas aún, en el Siglo XX, dentro de la propia Iglesia, una sombra terrible ha caído sobre la santa liturgia, y tal vez fuera que para iluminar a los cristianos, el Cielo quiso conceder a nuestrso tiempos el primer sacerdote estigmatizado de la historia cristiana, un sacerdote que revivía en sus propias carnes el misterio del Calvario durante la Santa Misa. Y que no fuera casual que el padre Pío muriera precisamente en los meses que se estaba llevando a cabo esa reforma litúrgica que, según la interpretación de muchos circulos clericales, hubiera debido poner en la sombra de forma completa, la noción de «sacrificio», corriendo el riesgo así de transformar de hecho el catolicismo en protestantismo. (No hay que olvidar que el ciclón protestante que devastó la Iglesia como pocos otros, se dirigió sobre todo a barrer la Eucaristía, centro y fundamento de toda la obra de la Redención).

Sin embargo, si no pudo llegar a perpretarse algo semejante, borrar la noción de «sacrificio» de la Santa Misa, los daños fueron inmensos en cualquier caso, lo que llevo a este Papa a escribir: «Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy, depende en gran parte del hundimiento de la liturgia, que a veces se concibe directamente «etsi Deus non daretur»: como si en ella ya no importase si hay Dios, y si nos habla y nos escucha. Pero si en la liturgia no aparece ya la comunión de la fe, la unidad universal de la Iglesia y de su historia, el misterio de Cristo viviente, ¿dónde hace acto de presencia la Iglesia en su sustancia espiritual? De esta manera la comunidad se celebra unicamente a sí misma, sin que algo así merezca la pena».

Así, por más que lo esencial se haya salvado, la mentalidad de los cristianos ha quedado contaminada y la ortodoxia católica está minada porque «lex orandi, lex credendi». En especial, el ataque ha sido atestado contra el carácter del sacrificio expiatorio de la Santa Misa, precisamente el que la Providencia ha querido recordarnos con el padre Pío.

El padre Pío no se limitó a dejarnos su asombroso ejemplo. Su misión no finalizó el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1968. Monseñor Pietro Galeone que formó parte de su proceso de beatificación ha revelado un secreto que nos deja sin palabras: «El padre Pío me reveló que le había pedido a Jesús, y que lo había obtenido, no sólo el poder de ser una víctima perfecta, sino también una víctima perenne, con el fin de prolongar su misión de corredentor con Cristo hasta el final de los tiempos. El me dijo y me confirmó que había recibido del Señor, la misión de ser víctima y padre de víctimas hasta el último día…. El secreto de su singular fortaleza le venía del fuego devorador del amor, más fuerte que la muerte, que le abrasaba las visceras por amor hacia Cristo y hacia sus hermanos de las futuras generaciones».

(Texto entresacado del libro de Antonio Socci, El Secreto del Padre Pío).

 

Salvó a unos diez mil judíos

El arzobispo Giovanni Ferrofino

Fallece el arzobispo que salvó a unos diez mil judíos como colaborador del Papa Pío XII

Pío XII le envío como emisario al presidente de Portugal para pedir visas para que judíos pudieran entrar en ese país.

Actualizado 24 diciembre 2010

Jesús Colina/Zenit

El 20 de diciembre falleció a los 98 años de edad el arzobispo Giovanni Ferrofino, nuncio apostólico emérito en Ecuador y Haití, quien salvó a unos 10 mil judíos durante la segunda guerra mundial, como colaborador del Papa Pío XII.

Gary Krupp, judío, fundador de la Pave the Way Foundation (PTWF), surgida en Nueva York, en declaraciones a ZENIT ha explicado que monseñor Ferrofino «fue quizá el testigo presencial más grande en vida de los esfuerzos de Pío XII por salvar vidas de judíos que ha entrevistado nuestra Fundación».

«Pío XII le envío como emisario al presidente de Portugal para pedir visas para que judíos pudieran entrar en ese país», revela.

Luego, sigue diciendo, monseñor Ferrofino continuó con esta labor de ayuda cuando fue enviado como secretario de la Nunciatura de la República Dominicana.

En una entrevista que Ferrofino grabó para la PTWF, nacido en Alessandria, Italia, el 24 de febrero de 1912, revela la frustración que Pío XII manifestó, golpeando con la mano sobre la mesa, al ver que los estadounidenses no habían ayudado a «salvar a esta vibrante comunidad», en referencia a los judíos.

El entonces sacerdote Ferrofino recibió en la República Dominicana regularmente telegramas cifrados de Pío XII entre 1939 y 1945. Personalmente descifró estos mensajes y, junto al nuncio apostólico, el arzobispo Maurilio Silvani, presentó algunas peticiones al gen eral Rafael Trujillo, presidente de la República Dominicana «en nombre del papa Pío XII».

«El Vaticano había conseguido viajes trasatlánticos desde Europa –explica Krupp–. Y esto sucedió al menos dos veces al años, pidiendo en total 1.600 visas al año para judíos que escapaban a través de Portugal y España. El arzobispo Ferrofino ayudó también a estos refugiados a emigrar a Cuba, México, Estados Unidos y Canadá. Salvó, bajo las directas instrucciones de Pío XII, a más de 10 mil judíos».

Krupp explica que en enero de 2008, en Francia, junto al director de la Fundación en ese país, Costantino Fiore, pudo grabar una amplia entrevista de monseñor Ferrofino en el que se ofrecen pruebas y detalles de esta acción.

In 2010, después de que el arzobispo Ferrofino regresara a Italia , el presidente y director general de la PTWF en ese país, el abogado Daniele Costi y el comendador Rolando Clementoni, recogieron su testimonio escrito, verificado por un notario, que ahora obra en poder de Yad Vashem, la autoridad israelí para el recuerdo de los mártires y héroes del Holocausto.
El testimonio en vídeo de monseñor Ferrofino puede verse en la página web www.ptwf.org

Las hermanas de «Iesu Communio» revelan detalles inéditos

Nota de las Hermanas de La Aguilera-Lerma

Las hermanas de «Iesu Communio» revelan detalles inéditos de la aprobación e historia del instituto

«Muchas de nosotras hemos sentido la llamada a la consagración en las Jornadas Mundiales de la Juventud».

Actualizado 23 diciembre 2010

Zenit

Publicamos a continuación la nota informativa que ha compartido con ZENIT la comunidad de Hermanas de Lerma-La Aguilera (Burgos, España) sobre los aspectos principales de la reciente aprobación, por parte del Papa Benedicto XVI, del instituto religioso «Iesu Communio», el pasado 4 de diciembre.

* * * * *

ASPECTOS PRINCIPALES DE LA APROBACIÓN
DEL INSTITUTO RELIGIOSO “IESU COMMUNIO”

(Nota informativa de la comunidad de Hermanas de Lerma-La Aguilera, 22.12.10)

En la audiencia concedida el pasado 4 de diciembre al Cardenal Franc Rodé, Su Santidad el Papa Benedicto XV I, tras oír el parecer favorable del Dicasterio, dio su beneplácito a la resolución propuesta por el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada. En consecuencia, dicha Congregación emite el Decreto fechado el 8 de diciembre de 2010, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que contiene las siguientes disposiciones principales:

1. El monasterio autónomo de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, de Lerma, se transforma en un nuevo instituto religioso de derecho pontificio, denominado “Iesu communio”.

2. En el mismo acto se aprueban y confirman las Constituciones del nuevo instituto ad experimentum por cinco años, conforme a la praxis habitual. Durante este tiempo debe experimentarse si las normas e instrumentos previstos en la redacción aprobada resultan suficientes para ordenar la vida y misión del instituto o es preciso revi sarlas o completarlas en algún aspecto antes de su aprobación definitiva.

En ejecución de dicha decisión:

—Se declara extinguido a todos los efectos canónicos el monasterio autónomo y, conforme a lo previsto para ese caso por las Constituciones Generales de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, la Santa Sede dispone que su patrimonio, activo y pasivo, pase al nuevo instituto religioso.

—Por gracia de la Sede Apostólica, las hermanas que han hecho su profesión solemne o temporal en el monasterio extinguido, conservan en el nuevo instituto la condición respectiva de profesas solemnes o temporales, con los derechos y deberes establecidos por el derecho universal y las Constituciones del instituto religioso “Iesu communio”. Se procede análogamente, respecto a las hermanas que aún no habían profesado en la fecha del Decreto, con los tiempos de postulantado y noviciado transcurridos.

—A las hermanas que por ancianidad, salud u otros motivos fundados así lo pidan, se les concede por indulto especial de la Santa Sede la facultad de continuar como monjas clarisas, sin la obligación de pasar al nuevo instituto o a otro monasterio; y de permanecer unidas a la comunidad con derecho de voz activa en el Capítulo y con los deberes adecuados a su edad y salud.

—La Madre Verónica María Berzosa es reconocida como Fundadora y confirmada como Superiora general del nuevo instituto. Se confirma asimismo en sus cargos a la Vicaria y a las demás hermanas que forman el Consejo.

—Finalmente, se encomienda al Arzobispo de Burgos el especial cuidado y vigilancia de la vida del nuevo instituto, sin perjuicio de la autonomía de vida y gobierno propia de un instituto religioso, por un periodo de cinco años, durante los cuales se le pide que informe anualmente a la Congregación de su desarrollo.

El Decreto concluye expresando el deseo de que, “fieles a la vocación recibida y dóciles a la acción del Espíritu, los miembros del instituto ‘Iesu communio’ sean, en la Iglesia y para el mundo, signo vivo del amor de Dios, manifestado en Jesucristo, crucificado y resucitado”.

Un único proyecto: secundar el querer de Dios

Suplicando la luz del Espíritu Santo, queremos releer con vosotros, en este momento de nuestro peregrinar, lo que el Señor ha venido haciendo en esta comunidad, como don de Dios que se nos está concediendo vivir. Hoy resuenan en nosotras, con especial fuerza, las palabras de Jesús: “La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el m undo. Vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16, 21). Nos sentimos pobres criaturas con el único deseo de vivir el don de Dios.

Los comienzos

Ha sido un largo camino el que nos ha traído hasta el día de hoy. Quien sólo haya conocido las últimas noticias podría tener la impresión de que nuestra vida ha cambiado de la noche a la mañana, pero no es ése el caso. Dios ha ido sembrando y trabajando este designio suyo día a día, durante bastantes años, en medio, sin duda, de nuestra fragilidad.

En la comunidad de Lerma, por pura gracia, que no es posible reducir a explicaciones humanas, comenzó a darse un crecimiento de vocaciones, que nos llenaba de asombro también a nosotras mismas. Dentro de una comunidad de Damas Pobres de Santa Clara, de modo sereno y paulatino, algo estaba naciendo. Bebíamos de San Francisco y de Santa Clar a, pero también de los Padres de la Iglesia, de los santos, de los maestros y teólogos de la Iglesia y, por supuesto, del Magisterio, muy especialmente el de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, a quienes amamos entrañablemente. Muchas de nosotras hemos sentido la llamada a la consagración en las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Nuestra situación actual no es resultado de la negación de un carisma radiante como el de San Francisco y Santa Clara, en cuyo seno se han generado y seguirán generándose grandes santos. Si, aparte de la Madre del Señor, tuviésemos que afirmar una mujer apasionadamente enamorada de Jesucristo, tenemos grabado en lo más hondo la figura de Santa Clara: hija, mujer, esposa y madre según el corazón de Cristo. Sus cartas han sellado en nosotras la certeza de que la consagración es un camino de plenitud, de bienaventuranza, vivido en “un amor incomparable” (Sta. Clara, Carta III). Esta inquebrantable certeza, con la gracia de Dios, ha sostenido nuestra perseverancia en la vida consagrada. El franciscanismo ha sido la cuna en la que Dios ha querido que surja una nueva forma de vida.

No se trata de una negación, sino de la afirmación y acogida, en obediencia, de un designio de Dios sobre la vida de esta comunidad, que se perfilaba como una vida contemplativa que se hace presencia y testimonio. Siempre han resonado en nosotras las palabras que Juan Pablo II dirigió en Ávila a las religiosas contemplativas: “Consientan vuestros monasterios en abrirse a los que tienen sed. Vuestros monasterios son lugares sagrados y podrán ser también centros de acogida cristiana para aquellas personas, sobre todo jóvenes, que van buscando una vida sencilla y transparente en contraste de la que les ofrece la sociedad de consumo”.

A lo largo del camino, se han alzado voces, no siempre afectuosas ni respetuosas, pero muchas veces también sencillas y desconcertadas, que no comprendían lo que estaba sucediendo. Hemos sentido siempre un vivo dolor al oír que hacíamos mal y hasta traición a la Orden por secundar la llamada a una vida que no observaba estrictamente la Regla de las Clarisas. Incluso algunas voces que decían que no éramos verdaderas Clarisas, eran las mismas que nos pedían a la vez que enviásemos hermanas a sus conventos. Nunca nos ha dejado indiferentes la reiterada petición de que las hermanas de una comunidad, que iba haciéndose tan numerosa, fuesen repartidas por los diversos monasterios de Clarisas. Pero no era posible, en conciencia y ante Dios, acceder a esas demandas, porque las vocaciones que iban surgiendo se sentían llamadas a abrazar precisamente esta forma de vida que acaba de ser aprobada.

Cuando nuestras hermanas de los monasterios de Briviesca y Nofuentes, necesitadas de ayuda por su avanzada edad, nos pidieron con toda sencillez que las acogiéramos entre nosotras, les explicamos lo que estaba aconteciendo en nuestra comunidad; ellas lo aceptaron y su llegada ha sido una bendición para nuestra casa.

Discernimiento y aprobación

Dios, poco a poco, ha ido desvelando su designio sobre nuestra comunidad. Pero este peregrinar, movido únicamente por el deseo de secundar dócilmente su querer, podía ser una mera ilusión sin el discernimiento y la aprobación de la Iglesia. Llevamos grabadas a fuego las palabras de Santa Clara: “Vivid siempre fieles y sujetas a los pies de la Madre Iglesia”.

El rápido y continuo crecimiento de la comunidad hizo que el espacio vital de nuestro monasterio de Lerma resultara gravemente insuficiente. Por otro lado, crecía también el número de peregrinos que se acercaban a nuestros locutorios con un único deseo en el corazón: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21); y por tanto, necesitábamos con urgencia espacios adecuados. Tras llamar a muchas puertas, sólo apareció un lugar con posibilidades realistas: el convento de San Pedro Regalado de La Aguilera (Burgos), además muy cercano a Lerma. En un primer momento, los hermanos franciscanos, con la firma de dos contratos complementarios, nos cedieron su uso por treinta años a cambio de una contraprestación económica que debería pagarse cuando se pudiera vender el convento de Briviesca. El convento de La Aguilera, aunque ofrecía el necesario espacio, llevaba mucho tiempo casi deshabitado y se hallaba en un estado de grave deterioro, que hizo necesario emprender una obra de saneamiento muy importante. Un bienhechor quiso hacerse cargo de la reconstrucción.

Pero la comunidad seguía creciendo y nos veíamos en la necesidad de realizar ampliaciones que no era prudente acometer con la incertidumbre de si sería posible seguir usando el lugar cuando transcurriera el tiempo de la cesión. Creímos oportuno, por eso, pedir a la Provincia franciscana que nos vendiera el convento de La Aguilera. La Provincia nos comunicó su aceptación y las condiciones poco después; y con la ayuda de bienhechores —muchos de ellos, como la viuda del Evangelio, incluso “nos daban de lo que tenían para vivir”— se formalizó la compra, y poco a poco lo vamos pagando.

Cuando una parte de la comunidad iba a pasar a La Aguilera, solicitamos autorización a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada para poder ser una única Comunidad en dos sedes diferentes y con un único gobierno y una única casa de formación. El Cardenal Rodé, Prefecto de la Congregación, respondió: “Este Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada ha decidido acoger su instancia, en espera de que la Comunidad llegue serenamente a una mayor claridad respecto a lo que se sienten llamadas a realizar. Tal concesión es válida por tres años, con el ruego de enviar anualmente una relación a este Dicasterio”.

Nuestro Arzobispo, padre y pastor de la Diócesis, D. Francisco Gil Hellín, nos aconsejó que pusiésemos por escrito la realidad que se estaba viviendo en nuestra comunidad. Durante casi un año de oración, discernimiento y trabajo, fuimos redactando el texto de unas Constituciones. No era cuestión de idear conforme a un modelo unos Estatutos con más o menos acierto práctico, ni de elaborar un calculado proyecto de futuro. Se trataba de procurar plasmar por escrito los aspectos esenciale s de la vida que ya venía viviendo la comunidad desde hacía más de diecisiete años.

Una vez acabada la redacción, se convocó un Capítulo, bajo la presidencia del Sr. Arzobispo, para que la comunidad se pronunciara sobre la oportunidad de poner en manos de la Santa Sede nuestra forma de vida, tal como quedaba expresada en el Proyecto de Constituciones. Se dio lectura del documento a toda la comunidad, con las oportunas explicaciones y dando respuesta a las preguntas que se iban planteando. Teniendo en cuenta la trascendencia del momento, se pidió en primer lugar que se pronunciaran en votación secreta, antes de abandonar la sala capitular, las hermanas que no forman parte del Capítulo, es decir, profesas temporales, novicias y postulantes. Aunque esa votación no tenía valor jurídico, parecía necesario que se expresaran en conciencia sobre el paso que la comunidad estaba decidiend o. A continuación tuvo lugar la votación del Capítulo propiamente dicha y se escrutaron por separado los resultados de las dos votaciones. Ambas asintieron por unanimidad a que los documentos que reflejaban nuestra forma de vivir fueran presentados ante la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada.

El pasado 4 de diciembre, nuestro Sr. Arzobispo nos comunicó con gozo que el Santo Padre Benedicto XVI, oído el parecer favorable de la Congregación, había manifestado su beneplácito para que las Constituciones fueran aprobadas y nuestra comunidad fuera transformada en un nuevo instituto religioso de derecho pontificio con el nombre de “Iesu communio”. El correspondiente Decreto de la Congregación está firmado el día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Las hermanas nos llenamos de alegría, porque la Madre Iglesia había discernido y aprobado nuestra forma de vivir, y confirmaba su nacimiento, con el deseo de que sea acogido y cuidado por la comunidad eclesial sin sombras ni sospechas.

“Iesu communio”

Quienes nos habéis conocido y habéis leído el libro Ven y verás, tendréis muy vivas estas experiencias expresadas por las hermanas, una tras otra: “Queremos hacer presente a Jesús, la victoria del Resucitado, lo que Él ha hecho y está haciendo día tras día con nosotras; nos experimentamos gozosamente como piedrecillas de un mosaico que no se entienden separadamente sino llamadas a hacer presente en comunión una única Vida: Jesús”. La propia misión es ser “comunión de Jesús”, “Iesu communio”, comunión que brota del don de Jesucristo y se hace testimonio de la unidad en la carida d y manifestación de que el Espíritu convoca a los dispares y a los dispersos para que sean un solo corazón y una sola alma.

Como religiosas contemplativas, las hermanas nos sentimos llamadas a ser por entero de Jesucristo, a estar con Él y permanecer en vela para orar sin interrupción por los hijos que nos han sido confiados: “Que ninguno se pierda” (Jn 6, 39). Ser posada del Buen Samaritano, una casa abierta, donde los peregrinos sedientos y heridos puedan encontrarse con Jesucristo Redentor y experimentar que han sido acogidos en la oración y presentados al Padre, esperados como hijos por la Madre Iglesia; lugar de encuentro para avivar en comunión nuestra fe hasta hacer arder el deseo de santidad como plenitud de vida.

A quienes nos habéis acompañado en el camino y a toda la Iglesia os pedimos vuestra oración para vivir la misión que, por voluntad de Dios, la Iglesia nos ha confiado. Hoy más que nunca somos conscientes de nuestra fragilidad, pero avanzamos fiadas en la promesa de que el Espíritu Santo llevará a feliz término lo que ha comenzado en nosotras, porque para Dios nada hay imposible.

Somos hijas de la Iglesia; creemos y esperamos en la comunión de los santos; en ella queremos vivir, madurar y abrazar el don del seguimiento a Cristo hasta el fin, porque ¿a quién vamos a seguir? Sólo Jesucristo tiene promesa de vida eterna, sólo Él nos explica la vida. Según la palabra y experiencia de nuestro Santo Padre Benedicto XVI: “Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande”.

Gracias, Jesucristo; gracias, Madre Iglesia.

Hermanas Iesu communio
La Aguilera-Lerma

Joven judía conversa conmueve al mundo

Joni Seith

Una joven judía conversa conmueve al mundo: soy feliz en medio de una terrible enfermedad

Ha hecho del «todo es gracia» paulino el lema de su vida hasta el límite de afirmar que su enfermedad degenerativa de los huesos también lo es.

Actualizado 21 diciembre 2010

Gilberto Pérez/ReL

A veces podríamos pensar que la felicidad empieza allí donde termina el sufrimiento. Y así postergamos para un mañana que probablemente nunca llegará nuestra decisión de amar y ser felices. Pero Joni Seith, una joven judía conversa al catolicismo, ha descubierto esa paradoja de la vida cristiana: el valor salvífico y redentor del dolor, y su sufrimiento, una penosa enfermedad degenerativa del sistema óseo, se ha convertido para ella una «gracia» que testimonia al mundo entero.

Buscar a Cristo con los cinco sentidos

Nacida en una familia en la que el judaísmo era más cultural que religioso, de pequeña participaba con agrado de las diversas tradiciones hebreas. Sin embargo, entrada a la adolescencia, lleva una vida «bastante mundana» pues, «¿Quién necesita la religión o a Dios?».

Unas extrañas pesadillas, su desencanto de la vida que llevaba, la depresión unidas al testimonio de fe y paz con el que su abuela dejó este mundo hacen que Joni se fuera «de compras por las iglesias” de diferentes denominaciones para encontrarse con el Mesías.

«Finalmente entré en una iglesia católica para ver lo que tenía que ofrecer. Llegué durante su celebración y de inmediato me sentí cómoda. Entonces sucedió algo que cambió mi vida para siempre. Campanas sonaron y el celebrante tomó en sus manos un círculo blanco. Mientras mantenía el misterioso disco en alto para que todos lo vieran, mis ojos se abrieron. Vi la Verdad por primera vez. «¡Señor mío y Dios mío!» proclamé con todo mi ser, y lloraba. Estaba en casa. Inmediatamente fui a ver a mis padres y les dije que me convertía al catolicismo».

Tras recibir el bautismo y contraer matrimonio que la bendijo con cuatro hijos, Joni comienza a experimentar la crudeza de su enfermedad. «La endometriosis se hizo tan debilitante que tuvieron que hacerme una histerectomía completa a la edad de treinta y dos años. Allí los doctores descubrieron que mi densidad ósea era la de una mujer de ochenta años de edad. A partir de ese momento, mi cuerpo parecía desmoronarse».

La perspectiva de llevar una vida marcada por el sufrimiento era algo que Joni no aceptaba. Y el padecimeinto comenzó a agravarse. «Fui diagnosticada con fibromialgia». Pese a la terapia «me encontré sin siquiera poder levantarme del sofá.

Posteriormente, los médicos le diagnosticaron una rara enfermedad genética del tejido conectivo llamada síndrome de Ehlers Danlos. El músculo y los tejidos conectivos unidos a la base de su columna vertebral se habían soltado de los huesos de la espalda inferior.

La Gracia vino

«Todo lo que podía hacer era rezar. Y Dios me respondió. Mientras estaba acostada en el sofá, sentí desesperación. Pero Dios me permitió ver la desesperación a través de los ojos de una persona con fe. Aprendí en un instante lo que la fe era, y la fe en Dios hace la diferencia en la vida de las personas.

«La Gracia vino. La gracia de creer en Aquel que me amó más que nadie me amaba. La gracia de aceptar que mi enfermedad se permanecería hasta que Él creyera que estaba lista para sanarme. La gracia de confiar en Él, que sabía mejor que nadie cómo quería usarme para su bien. Y Él me regaba con su paz. Con este nuevo conocimiento acepté mi deterioro de salud. A pesar de que la enfermedad causó estragos en mi cuerpo, no robó mi paz. El dolor no disminuyó pero ahora tenía la oportunidad de llevarlo mejor. Dios me enseñó «qué ofrecer». Había escuchado la expresión, pero ahora Él quería que yo la viviera».

Camisetas con mensajes católicos

Así, y a pesar de que estaba destinada a estar postrada en un sofá, Joni se sintió que podría pintar camisetas con mensajes católicos desde el sofá. Su fe, su esfuerzo y el apoyo de su esposo y de unos amigos hicieron que naciera su hoy próspero negocio.

Mientras tanto, su salud siguió disminuyendo. Ahora tenía la densidad ósea de una mujer de noventa años. Su pie se rompió mientras salía de la iglesia. Se rompió el esternón mientras estaba durmiendo. «Había confiado en Dios antes, pero ahora había llegado el momento de confiar realmente en Él».

Posteriormente se dedicó a escribir un libro sobre la vida de los santos para niños. «¡Él no iba a dejar que perdiera la cabeza como estaba perdiendo mi cuerpo! Cuanto peor me sentía, más me inspiraba lo que iba a dibujar y escribir. Dios me dio el regalo de mis obras de arte y nuestro negocio de camisetas para mantenerme cuerda».

Las «muertes misericordiosas», robo de una bendición

La experiencia de Joni la lleva a rechazar la eutanasia. «A través de estos desafíos, Dios me dio una conciencia de lo que las llamadas «muertes misericordiosas» están robando a los enfermos y a los ancianos. La mentalidad de la «cultura de la muerte» está tratando de romper la relación íntima con Jesucristo, del sacrificio de amor que Él espera de aquellos que sufren. Este mundo quiere robar nuestra paz, nuestra alegría y la unión de nuestros sufrimientos con Él. Este mundo quiere robar nuestra oportunidad de amar como Jesús ama».

«Pero gracias a Dios, Jesús me guardó de que el mundo me robe esa bendición. Él me enseñó lo que significa «qué ofrecer». Todo lo que necesitamos hacer es pedirle que derrame su gracia sobre nuestros hermanos y hermanas para ofrecer nuestro dolor y enfermedades, nuestras decepciones así como nuestras alegrías por el bien de los demás. Dios nos ama tanto que Él nos quiere introducir en el sacrificio amoroso de su cruz, el instrumento de su amor y gracia, su paz y vida en nosotros -el misterio de su Sacratísimo Corazón. Es una gran lección que aprender».

Lea aquí el testimonio completo de Joni.

Beatificación de un matrimonio con veintiún hijos

Bajo la dirección espiritual de San Pío de Pietrelcina

La diócesis de Roma abre el proceso para beatificar a un matrimonio con veintiún hijos

Se trata de Settimio Manelli (1886-1978) y su esposa Licia Gualandris (1907-2004), modelo de matrimonio fecundo, confiado en la Providencia, generoso y espiritual.

Actualizado 22 diciembre 2010

Pablo J. Ginés/La Razón

Hoy pocos consejeros de pareja apostarían por esta unión, pero San Pío de Pietrelcina, el franciscano de San Giovanni Rotondo famoso por sus milagros y estigmas, los conoció en 1924: ella era una chica de 17 años; él, un profesor de secundaria de 38 años, que había luchado en la Primera Guerra Mundial y había llegado a ser capitán. ¿Podía funcionar este noviazgo? El Padre Pío les profetizó que tendrían más de 20 hijos. Se casaron en 1926 y tuvieron 21 hijos, aunque cinco murieron en abortos naturales y otros tres en su infancia.

Los años de la Segunda Guerra Mundial y de la postguerra fueron muy duros, pero los comerciantes les daban créditos, y la Divina Providencia les ayudaba día a día. «Si no, no se explica», dice su hijo Stefano. «Papá y mamá nos invitaban siempre a confiar en la Providencia, a esperar su llegada a casa, como si fuese una persona», explica en «La Reppublica». Stefano tiene un recuerdo de cuando él tenía 10 años: «papá llegó a casa y mamá le dijo tímidamente, casi en un susurro: “¿sabes que estoy embarazada de nuevo?” Y él: “¿Ves? Otra llama que Dios ha encendido”».

Recuerda también que hacia finales de la guerra, su padre salió a buscar algo de comer para su numerosa familia, sin poder conseguir nada. Cuando volvía triste a casa, salieron sus hijos muy alegres a recibirle: habían recibido un paquete de ayuda alimentaria de los Aliados.

Dicen los sociólogos que las madres jóvenes y con muchos hijos corren riesgo de no poder darles una buena formación. Pero Licia, de quien se recuerda su «sonrisa constante, oración incesante y caridad sobrenatural», pudo ver a ocho de sus hijos obtener una licenciatura y a los trece establecerse bien en la vida. Su hijo Pío, por ejemplo, le dio nueve nietos: de ellos, siete entraron en vida religiosa en los Franciscanos de la Inmaculada, la orden fundada en 1970 por Stefano y que ha logrado una increíble expansión mundial con casi mil seguidores entre monjes, monjas, novicios y novicias. Es uno de los fenómenos vocacionales más asombrosos de los últimos años.

Espiritualidad franciscana

La fuente de toda esta fecundidad hay que buscarla en la espiritualidad franciscana que aprendieron del Padre Pío, a quien visitaban a menudo y que los consideraba como de su familia. Cuando recibía la noticia de que los Manelli daban a luz otro hijo, comunicaba su alegría a todo el convento. Ambos esposos entraron en la rama laica de los franciscanos, como terciarios.

Stefano afirma en el digital «Tgcom» que «mis padres discutían, como es normal, pero nunca los vi pelearse. Probablemente tenían el sistema nervioso más fuerte de Europa». Hoy, entre hijos, nietos y bisnietos, tienen más de 200 descendientes, y querrían asistir a la beatificación.

En el Cielo, tomados de la mano

Matrimonios, en el santoral, hay unos cuantos, como es el caso de San Isidro, patrón de Madrid, y su esposa, Santa María de la Cabeza. Lo novedoso es que lleguen juntos a los altares, compartiendo proceso canónico y hasta milagro. Sólo hay dos casos. En octubre de 2001, Juan Pablo II beatificaba al matrimonio de Luigi Beltrame y María Corsini, de Roma, con cuatro hijos. Dos de ellos, ancianos sacerdotes, concelebraron la misa de beatificación. Por su intercesión conjunta se curó  el joven Gilberto Rossi de alteraciones óseas. En octubre de 2008 fueron beatificados Louis Martin y Zélie Guérin, los padres de Santa Teresita de Lisieux. Se les atribuye la curación en 2002 del bebé Pietro Schiliro.

«La fe de los más pequeños»

La alemana Elisabeth von Thurn und Taxis

Una gran princesa que escribe sobre «La fe de los más pequeños»

Una obra en la que describe cómo usaba los cinco sentidos para buscar a Dios. El libro ha gustado tanto a Georg Ratzinger, el hermano del Papa, que él mismo ha escrito el prólogo.

Actualizado 20 diciembre 2010

Rome Reports

Estamos ante una joven princesa alemana, Elisabeth von Thurn und Taxis, que acaba de presentar en Roma su libro “La Fede dei Piccoli”, “La fe de los más pequeños”. Una obra en la que describe cómo usaba los cinco sentidos para buscar a Dios. El libro ha gustado tanto a Georg Ratzinger, el hermano del Papa, que él mismo ha escrito el prólogo.

“Es una persona encantadora, un hombre muy piadoso, con una humildad y sencillez auténticas. Representa todo lo que me gusta de la fe católica: no tanto las grandes cuestiones teológicas sino los aspectos sencillos y físicos de la fe», dice la princesa sobre el hermano del Papa Benedicto XVI.

La princesa presentó el libro en la Librería Vaticana. Dice que lo escribió para lectores que buscan una fuente de inspiración. En él explica su relación con la fe y dice que ser católico es contar con Dios para todo lo que hacemos cada día. “Si ayuda a la vida de las personas, si les gusta, si les hace sentir algo bueno, estaré satisfecha de haber escrito este libro”.

La princesa trabaja en una revista y publica un blog titulado “El diario de la princesa”. Ha escrito este libro con las ideas con las que ha sido educada. Por eso, además de contar su relación con Dios, regala al lector historias de cómo se crece en una familia real.

“El editor me dijo que podía escribir lo que quisiera. Por eso empecé a reflexionar sobre mis raíces católicas, lo que significaba para mí el catolicismo, lo que me atraía cuando era pequeña y lo que me atrae ahora”, continúa.

El libro ha sido un éxito en alemán y la Editorial Vaticana lo ha publicado en italiano. Por eso, espera que pronto pueda leerse también en otros idiomas.

¡Han desalojado a Jesús de la Navidad!

..Y algunos buscan que recupere su lugar

El Movimiento de los Focolares realiza una campaña internacional para que Jesús sea el centro en estas fechas.

Actualizado 21 diciembre 2010

Carmen Elena Villa/Zenit

Como todos los años, el fin de semana anterior a la navidad, las calles están invadidas de espíritu de consumo. Uno centro comercial de Roma, ubicado en la concurrida Vía del Corso, el pasado sábado no era la excepción.

Y en medio una cantidad abrumadora de gente que salía para realizar las compras de navidad, se encontraban unos singulares personajes: una decena de niños que detenían, a los apresurados transeúntes, para regalarles un Niño Jesús.

“¿Será una campaña de publicidad?”, se preguntaban algunos. “Quizás perten ecen a secta futurista que anuncia el fin del mundo” dijeron otros que en un momento quisieron acercarse, pero luego prefirieron seguir sus agitadas compras.

Eran las reacciones de quienes observaban a estos pequeños protagonistas en medio del ajetreado escenario.

Se trata de la campaña “¡Han desalojado a Jesús!”, la cual está presente en la mayoría de países donde el Movimiento de los Focolares realiza sus obras apostólicas. Busca hacer recordar días antes de la noche de la navidad, que en estas fechas, la celebración verdadera es el cumpleaños de Jesús. Nada diferente.
El Niño Jesús de yeso que entregan, acostado en una cestita, adornada con pajitas, es elaborado por los mismos niños: miembros de Gen 4: entre 4 y 12 años y miembros del Movimiento de los Focolares.

“¡Tenemos prisa!”, dijo uno de los consumidor es cuando un grupo de pequeños lo detuvo junto con su novia, luego de que salieron de un almacén de una conocida marca de ropa italiana. “Espera”, le dijo ella. “a lo mejor tienen algo qué decirnos”.

“Queremos hacerles recordar que el niño Jesús ha nacido y que ese es el sentido de la navidad”, la pareja se mostró interesada, se llevaron el regalo y depositaron una oferta libre.

“Queremos hacerles recordar que Jesús ha venido a la tierra para devolvernos el paraíso”, dijo a ZENIT Chiara Chatel, una focolarina – consagrada de esta realidad eclesial -, mientras acompañaba a los niños en esta campaña. “Queremos aprovechar para recolectar dinero para los más pobres de nuestro movimiento”, aseguró.

Historia de esta iniciativa

La campaña nació basándose en una reflexi&oacu te;n escrita por Chiara Lubich (1920 – 2008), fundadora del Movimiento de los Focolares.

“Se acerca la Navidad y las calles de la ciudad se cubren de luces. Una fila interminable de tiendas; una riqueza fina pero exorbitante” escribió Chiara.

“Y más trineos con Santa Claus y cervatillos, cerditos, liebres, marionetas en forma de rana y enanitos rojos. Todo se mueve con elegancia”, decía.

“Vino a los suyos y no Lo recibieron… No había lugar para Él en la posada. Ni siquiera en Navidad”, señala el escrito de Chiara.

Y justo para devolver el sentido cristiano de la navidad, desde semanas antes de la repartición de los Niño Jesús en los centros comerciales, los pequeños del Movimento Gen 4 los preparan, los ponen en cunitas, los pintan, los envuelven en papel celofán transparente y le adjuntan impreso el texto completo de Chiara Lubich.

También elaboran alcancías para con recoger fondos que van a las obras de misiones de este movimiento, (este año los fondos fueron destinados a las víctimas de los desastres naturales en Paquistán).

“Los niños se alegran con la preparación. Están dispuestos a acogerlo y ver que en esto hay un compromiso”, asegura Chiara Cantel.

“Al inicio los niños son un poco tímidos”, dijo Therese-Marie Dessaivre, miembro del Movimiento de los Focolares quien también acompañó el sábado pasado a los niños en esta iniciativa. “Luego se dan aliento unos a otros”, y así detienen a la gente, algunos pasan de largo “pero en ellos también vemos el rostro de Jesús”, dijo a ZENIT una de las participantes de esta campaña que está por cumplir 11 años.

Frutos de esta campaña

Son muchos quienes, alrededor del mundo se detienen y agradecen por esta iniciativa. En un libro que los Focolares han editado por Città Nuova y que lleva el mismo nombre de la campaña, hay varias historias recopiladas, entre ellas una ocurrida en el concurrido centro comercial Rockefeller ubicado muy cerca de la Quinta Avenida en Manhattan:

Una mujer, que recibió el niño Jesús, días después envió a los pequeños diciéndoles: “Mientras visitaba Nueva York con mis amigos, no se bien cómo, en medio a la multitud vi su estante y me llamó la atención. Aquellas palabras… ‘Han desalojado a Jesús’ resonaron bien dentro de mi”, confesó.

“Quisiera transmitir vuestro mensaje a otros, ha sido la navidad más bella desde hace mucho tiempo, me llenó de calor el corazón”.

Y aunque muchos pasan de largo, otros más se detienen y se dejan tocar por esta iniciativa: “Entrar en un supermercado y verse acogido por unos niños tan sonrientes que te ofrecen un niño Jesús es inquietante”, fue el testimonio de un señor en Florencia que recibió un niño Jesús de parte de estos pequeños.

“A veces pensamos poder encontrar todo en un supermercado, ¡pero jamás me hubiera imaginado regresar a casa trayendo a Jesús!”, aseguró.
“Hoy le agradezco a la Iglesia por haber salvado las imágenes”, decía Chiara Lubich en su reflexión sobre la navidad. “Hace años estuve en un país donde reinaba el ateísmo y vi a un sacerdote que esculpía estatuas de ángeles para recordarle a la gente el Cielo. Hoy comprendo aún más su actitud: el ateísmo práctico que hoy invade el mundo la exige”.

La verdad es que apoderándose de la Navidad y desterrar al Recién Nacido, es algo que hace sufrir”, confiesa.

“Que por lo menos en todas nuestras casas se grite Quién ha nacido, festejándolo de un modo nunca visto”, concluye la fundadora del Movimiento de los Focolares.

Cinco reglas de oro para tratar a los adolescentes

Escrito por Andrés Barba

Muchos padres se quejan al llegar la adolescencia de la dificultad de comunicación con sus hijos. En esa época de la vida no basta que queramos comunicarnos, es necesario que ellos también lo deseen. La comunicación positiva es un intercambio de sentimientos, hay padres que se limitan al simple interrogatorio, lo que da lugar a respuestas – si las hay – monosilábicas. El breve documento adjunto trata de cinco reglas sencillas, basadas en la experiencia cotidiana de muchas familias, que pueden ayudar en la comunicación con hijos adolescentes.

1.- Darles oportunidad de ser responsables, delegándole responsabilidades.
Para eso tienen que saber que se confía en ellos y les consideramos capaces. La mejor forma de que aprendan lecciones es enseñarlas a otros, por eso es tan eficaz el que se haga responsable, por ejemplo, del cuidado de un hermano pequeño, en ausencia de sus padres o el que le explique una materia en la que necesita ayuda.
También en múltiples gestiones personales que pueden hacer por sí mismo en lugar de los padres.

2.- Haga que el adolescente participe de las discusiones, alegrías y preocupaciones de la familia.
Cuántas veces se oye esta queja por parte de los chavales: ¡Es que en mi casa no me cuentan nada! ¡Me entero por otras personas y me cae fatal!

A veces, por miedo a que no sufran no les comunicamos una adversidad familiar, hablamos entre nosotros y nos callamos cuando entra en la habitación: un problema económico, la enfermedad de un pariente cercano, etc.

Ante esta postura, el adolescente puede imaginarse que algo terrible está pasando, incluso exagerar en su cabeza dada a la fantasía las circunstancias, y lo que es peor, creer que son demasiado insignificantes como para que sus padres les tengan confianza.

Se les debe informar para que se involucren, colaborando – si pueden hacer algo – o rezando para que el problema se solucione.

Estas muestras de confianza nunca caen en saco roto, pues al comunicárselas los consideramos personas dignas de nuestra confianza, y ellos se considerarán adultos y dignos de la confianza de sus padres.

3.- De aquí se podría deducir otra regla Comuniquemos a nuestros hijos cómo nos sentimos.
Escuchar a los hijos sus opiniones, sentimientos, alegrías y dificultades constituye sólo un aspecto de la comunicación. También tenemos el derecho y la libertad para expresarles nuestros propios sentimientos y ser oídos: alegrías, cansancio, una buena o mala jornada laboral, etc.
Esta dualidad en la comunicación es imprescindible para lograr la confianza del adolescente porque constituye el verdadero diálogo.
No vamos a perder nuestro prestigio como padres cuando nuestros hijos aprendan a vernos como personas que se cansan y tienen buenos o malos momentos; es más es con esa persona con las que querrán comunicarse no con el padre o la madre ideal o perfectos porque sencillamente no existe.
La obediencia está muy relacionada con el cariño y el cariño se fomenta con el conocimiento real de una persona. Un adolescente que quiere a sus padres puede desobedecerles, pero se sentirá muy mal al hacerlo, el cariño a sus padres hará que él mismo se proponga rectificar.

4.- Otra regla importante es No dejar de exigirles en el plano moral y social.

Ante una mentira manifiesta, el hurto – coger dinero sin permiso – la incorrección ante otras personas de sus modales o faltas de respeto a algún miembro familiar – incluido el propio servicio – no deben ser nunca pasadas por alto.
No basta pedir perdón, a veces creen solucionado el problema, sino compensar con un detalle su falta.
En este tipo de conducta ser inflexibles, porque el adolescente necesita de esta exigencia, si ante una conducta de este tipo la pasamos por alto la traducirá como indiferencia o que no nos importa.

5.- La formación de un frente unido.

En todas las edades, pero aún más en la adolescencia, es importante el hecho de que los hijos vean que padre y madre van en la misma línea de exigencia.
Es importante la formación de un frente unido para la batalla, sobre todo en las cuestiones que consideréis importante que obedezcan, y eso os toca a vosotros decidirlo a lo mejor con papel y lápiz.
Estas normas de obligado cumplimiento hay que delimitarlas bien para no quemarse ni gastar cartuchos en balde.

Para un adolescente unos pantalones vaqueros gastados y un jersey puede ser su vestidura más usual y querida, conforme al grupo con el que se relaciona, otro tanto sucede con el pelo. Una actitud impositiva o sancionadora en estos casos puede ser contraproducente. Lo que no equivale a aceptar tales cosas. Se debe exigir limpieza, eso sí creo que es importante.

Las normas en las que tenemos que exigir obediencia debe ir, en mi opinión, hacia temas más transcendentales como por ej. la hora de llegada a casa, el no ir a dormir a casa de los amigos, etc., eso tenéis que decidirlo entre padre y madre y tratarlo muy claramente con el hijo.

En estas cosas si es muy necesario el frente unido que antes comentaba No nos encontremos en la situación en la que uno tenga que ser «el malo» mientras que el otro sea siempre «el bueno».

Los hijos aprenden muy pronto la divisa «divide y vencerás»; También saben distinguir muy bien cual de las partes, ese día, está agotado y -al no tener ganas de pelea tiende por el camino más fácil, que es ceder a su petición- con lo cual a la opinión contraria la pone en una situación conflictiva.

 

Más de 50 sectas satánicas actúan en España

Escrito por Juan Manuel Rodríguez (ageanet)

El mayor experto de la Iglesia española en estos temas tiene catalogados 54 grupos diabólicos. Más de 6.000 personas adoran a Lucifer en nuestro país. Las zonas de mayor implantación son el Levante y las grandes urbes como Barcelona. La Iglesia en España ha dado la voz de alarma. A través de Manuel Guerra, sacerdote de Burgos y máximo experto eclesiástico en estos temas -toda una autoridad dentro y fuera de nuestro país- ha denunciado a LA RAZÓN la existencia de más de 50 sectas satánicas operando de forma activa y peligrosa en la península. El culto al diablo se está generalizando y con ello diversos rituales satánicos. Según estos datos más de 6.000 personas estarían enganchadas a estos movimientos diabólicos. Madrid, Barcelona y, sobre todo, la Comunidad Valenciana son los lugares de mayor implantación de estos grupos. Está confirmado que tanto la secta «Toro» como «Hermanos de Changó» han practicado sacrificios humanos.

El poeta francés del siglo XIX P. Baudelaire afirmó que «la astucia más hábil del diablo es convencernos de que no existe». En el Occidente actual esa máxima parece cumplirse, pues, paradójicamente, junto al descreimiento generalizado proliferan las sectas satánicas y el culto al «Príncipe de este mundo».

Durante los últimos años la Iglesia, al tiempo que en ambientes católicos se relativiza -cuando no se niega- la existencia del demonio, ha insistido frecuentemente en la influencia de Satanás en el mundo. El propio cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha dicho que «La cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del terror de los demonios que le trajo el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo se apagara, a pesar de toda su sabiduría y de toda su tecnología, el mundo volvería a caer en el terror y en la desesperación. Y ya pueden verse signos de este retorno de las fuerzas oscuras, al tiempo que rebrotan en el mundo secularizado los cultos satánicos».

Demonismo en España

Nuestro país no es ajeno a ese rebrote. El sacerdote Manuel Guerra, catedrático en la Facultad de Teología del Norte de España, doctor en Filología Clásica y en Teología Patrística y el máximo experto en sectas de la Iglesia española, tiene catalogadas un total de 164 sectas satánicas, de las cuales más de 50 operan en el territorio español. Por su parte, José Antonio Fortea, párroco de Nuestra Señora de Zulema, en la diócesis de Alcalá de Henares, exorcista y estudioso de la Demonología, asegura que en España el número de estas sectas superaría las 100, de las cuales sólo en la Comunidad de Madrid estarían implantadas alrededor de 30.

Su número exacto, sin embargo, es muy difícil de determinar, ya que, como afirma Manuel Guerra a LA RAZÓN, «la mayoría de las sectas satánicas y sus grupos tratan de permanecer ocultas, desconocidas, a no ser para sus miembros y muy pocos más». «Prefieren dividirse y subdividirse a formar un grupo numeroso, que, aunque contaría con más fuerza, estaría más expuesto al desvelamiento de sus secretos y a las denuncias, con la consiguiente localización de los centros e identificación de sus adeptos, su represión y disolución».

Por razones tácticas el número de sus miembros suele ser muy reducido (entre 10 y 25), aunque algunas tienen varios grupos. Continuamente aparecen y desaparecen nuevas sectas demoníacas y en muchas ocasiones los miembros de unas no saben de la existencia de otras. Según Guerra el demonismo español está integrado por más de 6.000 personas. De ellas 2.000 pertenecen a sectas, algo más de 1.500 son creyentes en Lucifer, Satanás, etc., y mantienen relación con algunas de las sectas, aunque no estén incorporados a las mismas, y aproximadamente un grupo de 3.000 estaría dividido entre practicantes de magia negra, el ocultismo de signo satánico, el vampirismo o la brujería. El resto lo forman adeptos de la música heavy-metal en su vertiente satanista.

Las zonas de nuestro país donde más implantación tienen las sectas satánicas son el Levante, desde Barcelona hasta Valencia, provincias mediterráneas costeras como Murcia, Almería o Málaga, y en general todas las grandes ciudades. Madrid y Barcelona ocupan los primeros puestos por número de estas sectas, habiendo experimentado la segunda un aumento considerable en los últimos años.

Este actual auge del satanismo se debe, según Manuel Guerra, a numerosos factores, entre los que destacan «la profunda crisis de los principios y de los valores tanto religiosos como éticos. Una crisis agravada por el permisivismo, por el consumismo y por el laicismo, promovidos a veces por no pocos gobiernos occidentales». La «fascinación por lo oculto» es otro de los factores que influyen en este aumento del culto al diablo. Otros expertos como Giuseppe Ferrari, secretario general del italiano «Grupo de investigación e información sobre las sectas», indican que buena parte de las personas que llegan al satanismo lo hacen por frecuentar ambientes esotéricos, mágicos y ocultistas hasta llegar a habituarse a las ideas y prácticas de los mismos, al «deseo de ir más allá para experimentar nuevas vías de conocimiento», así como la participación en reuniones espiritistas para la evocación de seres particulares, donde no es difícil que se llegue a la «invocación de espíritus demoníacos».

Crímenes rituales y hornos crematorios

Los adeptos de las sectas satánicas celebran actos del culto demoniaco, tales como las misas negras o los robos de cálices y hostias consagradas para su profanación en misas u orgías rituales. También son frecuentes los sacrificios de animales e incluso en ocasiones humanos. El profesor Guerra dice que los relatos de crímenes rituales, sobre todo del satanismo, han disparado la imaginación popular que no conviene «exagerar ni generalizar» y que los números de muertos rituales en muchos casos aparecen hinchados. Por otro lado asegura que estas sectas utilizan «últimamente crematorios portátiles que permiten incinerar los restos en el acto mismo» y que «suelen comprar hijos de emigrantes, gitanos, etc. De esa forma nadie reclama y no puede iniciarse una investigación policial ni el proceso judicial». Testimonios de ex miembros de sectas satánicas han confirmado esta práctica. Según explican, embaucan a los padres del bebé que va a ser sacrificado, diciéndoles que éste irá a una familia que no puede tener hijos y que los padres han de renunciar a cualquier contacto posterior. Está confirmado que sectas españolas como la denominada «Toro» (única que se mantiene desde la Edad Media) o los «Hermanos de Changó» han practicado sacrificios humanos en sus rituales.

(Artículo publicado el «La Razón» de Madrid)