Profecía de la verdadera Navidad

Cien años de Madre Teresa de Calcuta y su profecía de la verdadera Navidad

Escrito por Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia y Ecclesia Digital    sábado, 11 de diciembre de 2010

Su frase “Dios nos creó para amar y para ser amados”, lema de las celebraciones del centenario del nacimiento de la beata Madre Teresa de Calcuta, es un eco interpelador siempre, especialmente en Navidad

Jesús de las Heras Muela

Ahora, en las vísperas ya de la Navidad, recobran plena actualidad e interpelación las figuras de extraordinarios cristianos que hicieron del misterio de la encarnación de Jesucristo –la verdad de la Navidad- el santo y seña de sus vidas. Gracias a ellos, la Iglesia y el mundo son mejores y la Navidad, por ejemplo, vuelve a ser realidad encarnada –y no solo espumillón y consumo, tan al uso en nuestra sociedad actual- en el servicio por amor a los pobres y necesitados. Uno de estos cristianos extraordinarios, uno de estos ejemplos más luminosos es el de la madre Teresa de Calcuta, de cuyo nacimiento se acaban de cumplir cien años. Gracias a ella, la Navidad es más de todos, es más justa, es más cristiana.

Madre Teresa de Calcuta nació en Skopje el 26 de agosto de 1910 y falleció en Calcuta el 5 de septiembre de 1997. El 21 de octubre de 2003 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II. En 1997 recibió el Premio Nobel de la Paz, el más destacado de los numerosos y prestigiosos premios y reconocimientos que recibió a lo largo de toda su dilatada y fecunda vida y todavía después de ella.

Documento preparatorio

Como preparación al centenario que durará un año, las Misioneras de la Caridad y el Centro Madre Teresa de Calcuta difundieron en agosto un texto que invita a reflexionar sobre la vida de la beata y sobre lo que ella ha aportado a la Iglesia y al mundo. Tomando su ejemplo -se lee en el documento-, personas de distintas creencias han empezado a experimentar que sólo el don de sí mismo es capaz de satisfacer el aliento vital presente en cada criatura: un aliento vital espiritual que tiende a la relación con Dios y pasa por el amor al prójimo.

En este sentido, el texto citaba el magisterio de Benedicto XVI en la Deus caritas est: “Amar al prójimo es también una vía para encontrar a Dios” (n. 16) porque “en el más pequeño, encontramos al mismo Jesús y en Jesús encontramos a Dios” (n. 15). También recordaba las palabras que Juan Pablo II pronunció en un discurso con motivo del tercer aniversario de la muerte de Madre Teresa: “Ella ha encarnado el amor que Jesús indicó como signo distintivo a sus discípulos: ‘En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros’” (Jn 13,35).

Por otra parte, el texto destaca el carácter “cotidiano” del amor de Madre Teresa, un amor alimentado con pequeños gestos, oportunidades ofrecidas a todos para llevar consuelo en los sufrimientos, la soledad, el desánimo en todo lugar y toda circunstancia, comenzando por su propia familia, con el objetivo de transmitir al prójimo el amor de Dios. A sus hermanas, la beata les resumió la vocación universal al amor de esta manera: “Todos nosotros estamos llamados a la perfección de la caridad: la santidad no es un lujo de unos pocos, sino sencillamente un deber para cada uno de nosotros”.

En Kosovo, Macedonia, Albania

Nacida de padres albaneses originarios de Kosovo, la beata fue homenajeada el 26 de agosto en su Skopje natal, en la República ex-yugoslava de Macedonia, con una sesión en el parlamento macedonio, seguida de la presentación del Premio Nacional Madre Teresa. Por la tarde, se celebró una misa solemne a las 18 horas en la catedral del Sagrado Corazón, presidida por el arzobispo de Belgrado, monseñor Stanislav Hočevar.

También se abrió al público una exposición de fotografías realizadas por el artista croata Zvonimir Atietić en la Casa del Memorial Madre Teresa. Las celebraciones en Macedonia se alargarán hasta el final de este año 2010.

En Albania, hubo una peregrinación nacional en su honor el 26 de agosto, a la catedral de Vau-Dejës, en la diócesis de Sapa, con una liturgia eucarística presidida por el arzobispo de Durres-Tirana, monseñor Rrok Kola Mirdita, y concelebrada por el nuncio apostólico en Albania, el español monseñor Ramiro Moliner Inglés, y por todo el episcopado local.

Kosovo, que ha proclamado el año 2010 Año de Madre Teresa, rindió homenaje a la beata el 5 de septiembre, día de su fiesta litúrgica, consagrándole una iglesia santuario en Prístina. La construcción de esa iglesia comenzó en 2003 a petición del obispo local, monseñor Sopi, y del presidente Rugova, y ha concluido siendo administrador apostólico de Kosovo monseñor Dodë Gjergji.

En Europa y en América

En Roma, ya el 26 de agosto,  el vicario general de Su Santidad para el Estado de la Ciudad del Vaticano, el cardenal Comastri, presidió  una misa primera de acción de gracias en la basílica de San Lorenzo en Damasco. La celebración estuvo precedida por la inauguración de una exposición de fotografías titulada Beata Teresa de Calcuta, vida, obras, mensaje, organizada en el Palacio de la Cancillería, contiguo a la iglesia de San Lorenzo en Damasco.

Con motivo de su fiesta litúrgica, la iglesia de San Gregorio en Celio acogió diversas iniciativas espirituales: una vigilia de oración el sábado 4 de septiembre y una liturgia eucarística el domingo 5 de septiembre, celebrada por el prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Ivan Dias.

También se celebrarán liturgias y novenas en otras ciudades de Italia (Turín, Génova, Bolonia, Florencia, Nápoles, Reggio, Calabria, Palermo, Cagliari,…) y de Europa, entre ellas Madrid, Barcelona, Murcia,  París, Copenhague y Munich.

La memoria de Madre Teresa llegó a los cinco continentes, donde está presente su legado. A título de ejemplo, la ciudad de Nueva York celebró el 26 de agosto el centenario de su nacimiento Madre Teresa de Calcuta con la iluminación en blanco y azul –los colores del “sari”, el hábito de Madre Teresa y de las Misioneras de la Caridad, de algunos de sus enclaves más populares, como la Gran Manzana, pero entre los que, sin embargo, no estaba  su rascacielos más conocido, el Empire State.

En India

En la India, donde Madre Teresa llegó en 1929 y donde pasó gran parte de su vida, las celebraciones empezaron el 17 de agosto con una novena en todas las parroquias de la arquidiócesis de Calcuta, sede de la Casa madre de las Misioneras de la Caridad. Allí, el centenario se abrió oficialmente el 26 de agosto con una celebración eucarística presidida por el arzobispo de Ranchi, el cardenal Telesphore Toppo.

En Nueva Delhi, un programa cargado de iniciativas incluyó un simposio sobre la beata Madre Teresa y dos espectáculos de danza y teatro, previstos entre los días 23 y 31 de agosto, por iniciativa de la Conferencia Episcopal India y con la colaboración de la UNESCO.

También en Nueva Delhi, tuvo lugar la conmemoración pública de este centenario el sábado 28 de agosto, en presencia del presidente indio, Pratibha Devisingh Patil.

Este encuentro dio lugar a la presentación oficial de una moneda acuñada con la imagen de la beata por el Estado indio, que ha querido proclamar el 26 de agosto Día nacional de los huérfanos, como signo de reconocimiento a Madre Teresa y a su obra con las pequeñas víctimas de la soledad y el abandono.

Entre las numerosas declaraciones y testimonios de obispos, eclesiásticos y laicos, católicos o no, en torno a este primer centenario de madre Teresa, el arzobispo de Calcuta, el salesiano Lucas Sirkar, afirmó que “en medio de los desastres naturales, la violencia, la injusticia y el sufrimiento, el 100° aniversario del nacimiento de la Madre Teresa vino a traer un rayo de esperanza y alegría a miles de indigentes, pobres, desvalidos, marginados de la India”.

En todas las diócesis indias hubo y hay celebraciones, exposiciones, eventos para conmemorar el aniversario. El jesuita William D’Souza, arzobispo de Patna, subrayó que “la presencia de la Madre Teresa es para la India y el mundo hoy en día como una nueva encarnación, que trae la salvación, la redención y la libertad para todos los abandonados. Sólo una persona guiada por Dios puede hacer lo que hizo la Madre: recoger a niños, enfermos terminales, pobres y abandonados, y restaurar su dignidad”. En el nombre de la Madre Teresa, explica el arzobispo, “la Iglesia está siempre del lado de los pobres a través de obras de educación, desarrollo social, instrucción. Somos una iglesia que promueve la dignidad de los dalit, de los marginados, que trabaja por la justicia social, de acuerdo con los valores del Evangelio”. Monseñor Bernard Moras, arzobispo de Bangalore, por su parte, señaló que “Madre Teresa, con su misión de misericordia y caridad, es un modelo no sólo para los cristianos sino para toda la humanidad”.

Madre Teresa llegó a India en 1928. Fue primero religiosa de la Congregación de las Hermanas de Loreto y se dedicó inicialmente a la enseñanza. Veinte años después recibió permiso de la Iglesia para dedicarse a los más pobres entre los pobres. En 1948 adoptó la nacionalidad india. En 1950 funda las Misioneras de la Caridad, y en 1966 nacen los Hermanos de la Caridad, de la mano del hermano Andrew.

Un gran milagro para el mundo

La religiosa alemana Mary Prema es desde marzo de 2009, la superiora general de las Misioneras de la Caridad. Sucedió, tras doce años en el cargo, a la india Sor Nirmala Joshi. Preguntada la madre Prema por la posible próxima canonización de la beata Madre Teresa, respondió: Todos hablan de una aceleración, en el camino hacia la canonización, en ocasión del 100º aniversario del nacimiento. Pero yo no creo que esto sea tan importante. Todos saben que es santa. Tanto para hindúes como para cristianos, aquí en Calcuta y en la mayor parte de lugares en los que estamos presentes esto no se pone en duda. Todos esperan un milagro… Pero la misma Madre Teresa era el milagro para el mundo y para la humanidad”.

Sobre lo que por misión entendía la Madre Teresa, Sor Mary Prema afirmó que “la Madre Teresa deseaba que todos conociesen y amasen a Jesús. Estaba convencida de que cada alma desea la salvación de Jesús, independientemente de que fuese consciente o no. La obra de la conversión, sin embargo, es siempre una obra de Dios. No es nuestra tarea. Sólo Dios convertir un alma. La Madre Teresa entendió su propia vida como la tarea de amar a Jesús y transmitir ese amor a todas las personas en torno a ella. Este era su único objetivo. Buscaba en conciencia de hacer sólo aquello que Dios esperaba de ella. Madre Teresa pensaba que Dios la había llamado a cumplir un servicio auténtico y desinteresado al hombre, y a tener una atención absoluta frente a la persona que sufre. Estaba siempre presente al 100% y con el corazón abierto frente a cualquier persona que se cruzase en su camino. No estuvo jamás interesada en las cosas grandes, no se ocupaba de hacer publicidad o cosas semejantes. En el primer plano estaba siempre el encuentro directo con la persona individual. Ello, naturalmente, era expresión de una gran sabiduría”.

Mensaje de Benedicto XVI

Con ocasión de este centenario, el Papa Benedicto XVI envió a la madre Prema el siguiente y bien elocuente y significativo mensaje: «Envío un cordial saludo a usted y a todas las Misioneras de la Caridad al inicio de las celebraciones del centenario del nacimiento de la beata madre Teresa, fundadora de vuestra congregación y modelo ejemplar de virtud cristiana. Espero que este año sea para la Iglesia y para el mundo una ocasión de gozosa gratitud a Dios por el don inestimable que la madre Teresa fue durante su vida y sigue siendo a través de la obra amorosa e incansable que realizáis vosotras, sus hijas espirituales.

Al prepararos para este año, os habéis esforzado por acercaros más aún a la persona de Jesús, cuya sed de almas apagáis sirviéndole a él en los más pobres entre los pobres. Habiendo respondido con confianza a la llamada directa del Señor, la madre Teresa ejemplificó ante el mundo de modo excelente las palabras de san Juan: «Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud» (1 Jn 4, 11-12).

Que este amor os siga impulsando a vosotras, Misioneras de la Caridad, a entregaros con generosidad a Jesús, a quien veis y servís en los pobres, las personas solas y los abandonados. Os animo a beber constantemente de la espiritualidad y el ejemplo de la madre Teresa y, siguiendo sus huellas, a acoger la invitación de Cristo: «Ven, sé mi luz». Uniéndome espiritualmente a las celebraciones del centenario, con gran afecto en el Señor imparto de corazón a las Misioneras de la Caridad y a todos aquellos a quienes servís, mi paternal bendición apostólica».

 

 

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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