España penaliza casarse y tener hijos

En Andalucía, familias se separan porque “da puntos para el colegio”; en Cataluña, niegan permisos de paternidad a funcionarios

Víctor Ruiz (forumlibertas.com)

El partido socialista no se distingue precisamente por su ‘generosidad’ con las familias. Diferentes organizaciones han denunciado en reiteradas ocasiones el desolador panorama de futuro que la familia tradicional tiene con el Gobierno de Zapatero. Y es que, en España, casarse y tener hijos está penalizado.

Dos ejemplos bien claros los tenemos en sendas comunidades gobernadas por socialistas: Andalucía y Cataluña. Cuando llega el mes de marzo, familias andaluzas recurren a divorcios falsos para lograr plaza en colegios concertados, dado que los hijos de divorciados y separados tienen ventajas.

En Cataluña, mientras tanto, la Generalitat niega permisos de paternidad a los funcionarios si las familias de éstos crecen y sus mujeres no trabajan. Además, la Administración catalana equipara las ayudas por hijo a cargo de las familias numerosas con las monoparentales.

Marzo, mes de divorcios en Sevilla

Sevilla sufre una crisis de matrimonios y parejas estables en cuanto se aproxima el mes de marzo. Ya sucedió en 2007 y vuelve a suceder el año en curso: las rupturas matrimoniales crecieron un 50% durante los meses previos a las peticiones de escolarización de los hijos.

Además, llama la atención las prisas con que muchas de esas parejas pretenden obtener la sentencia de divorcio o separación antes del 31 de marzo, fecha límite para solicitar plaza escolar pública o concertada.

Hay parejas que consiguen formalizar su ruptura en apenas diez días, aunque el proceso suele alargarse normalmente entre dos y tres semanas.

La Junta de Andalucía fomenta este fraude, al conceder desde el pasado año dos puntos adicionales a los hijos de familias monoparentales, lo que les da una ventaja para entrar en un colegio concertado o público frente a los que sólo tienen puntos por domicilio o trabajo.

En abril, reconciliación

Posteriormente a la separación, la Policía pudo constatar que algunos de esos cónyuges continuaban conviviendo en el mismo domicilio. Y es que, al no poder considerarse como un delito, muchos padres recurren a este ‘truco’ para tener más ventajas en la escolarización de sus hijos.

Otros, sencillamente, acuden de nuevo a los juzgados semanas después de separarse para solicitar la reconciliación. Eso sí, una vez conseguida la plaza escolar solicitada.

De hecho, algunos juzgados de familia sevillanos detectaron el año pasado hasta 26 casos de fraude por parte de padres que alegaron estar separados o divorciados para obtener más puntos en la solicitud de plaza escolar para sus hijos.

Sin permiso de paternidad

Otro caso paradigmático de cómo las Administraciones socialistas penalizan a las familias lo tenemos en Cataluña. El pasado 16 de marzo, el diario La Vanguardia publicaba una ‘carta de los lectores’ en la que un funcionario de la Generalitat denunciaba su situación.

Voy a ser padre de mi cuarto hijo y me he llevado una desagradable sorpresa”, decía al inicio de su carta Wifred Jacquet, residente en Banyoles (Girona), haciendo referencia a la información que obtuvo tras empezar a gestionar las ayudas y permisos que supuestamente le correspondían.

“Resulta que no tengo derecho a disfrutar de ninguno de los permisos que por ley se conceden a los padres. La causa es muy clara: mi mujer no trabaja. ¿Alguien puede creerlo?”, añadía.

Jacquet y su mujer decidieron en 2002, con la llegada de su segundo hijo, apostar por un modelo de familia en el que la educación de sus hijos fuera su “máxima prioridad”.

“Mi mujer renunció a su trabajo para cuidar a nuestros hijos […] Trabaja más que yo, pero no tiene ningún reconocimiento. Le quitan cualquier derecho que como mujer trabajadora pudiera tener”, denuncia.

“Por si fuera poco, a mí me privan, como padre, del permiso de paternidad y del de reducción de jornada laboral […] ¿En qué modelo de familia estarán pensando?”, concluye preguntando a la Administración Wifred Jacquet.

Monoparental o numerosa, misma ayuda

La confusión sobre el modelo de familia que fomenta la Generalitat se hace evidente también en las ayudas que concede por hijo a cargo, dado que se da la misma cantidad a las familias monoparentales que a las numerosas.

“Si es familia numerosa o monoparental y tiene uno o más hijos o hijas menores de seis años, puede solicitar una prestación por hijo a cargo. El importe máximo anual a percibir por este concepto supone 730 euros”, dice sobre estas prestaciones la web del Departamento de Acción Social y Ciudadanía.

De esta manera, las familias que quieren tener más hijos se ven menospreciadas por las Administraciones socialistas, a pesar del beneficio que este modelo de familia supone para la sociedad. A pesar también de que son imprescindibles para afrontar el incierto futuro del sistema de pensiones y del bienestar en general.

 

Se curó por intercesión de Van Thuan

Podría ser el milagro para beatificar al cardenal vietnamita

Los médicos le declararon oficialmente muerto, pero se curó por intercesión de Van Thuan

La familia del seminarista sanado en EEUU era amiga del difunto cardenal vietnamita, que pasó 13 años en las cárceles comunistas.

Actualizado 16 noviembre 2010

Pablo J. Ginés/ReL

En agosto de 2009, Joseph Nguyen, un joven de origen vietnamita en su tercer curso en el seminario de Denver (EEUU), pasaba bastante tiempo visitando enfermos en el hospital y llevándoles la Eucaristía, como parte de su entrenamiento hacia el sacerdocio. Contrajo lo que parecía una gripe normal, pero empeoró rápidamente. Dejó temporalmente el seminario para descansar en casa. El 1 de octubre sufrió una grave crisis, no podía respirar. «Recuerdo el uno de octubre, no tenía ni idea de por qué me asfixiaba», explicó después Nguyen a la agencia CNA. Lo que ya no recuerda es cómo su padre lo llevó al hospital, le practicaron una traqueotomía y cayó en coma.

Su ritmo cardíaco estaba por debajo de cualquier recuperación y no registraban actividad cerebral. Según explica la agencia CNA, los médicos rellenaron su certificado de defunción y declararon que, oficialmente, había muerto. Pero el 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario, empezó a agitarse violentamente, con riesgo de arrancarse los tubos. Su padre le colocó un rosario en la mano y quedó quieto. Seguía en coma, pero los médicos ya no sabían qué hacer con él. No se atrevían a declararlo muerto otra vez.

Pasaron siete días

Y al día 32, Joseph despertó. No tenía ni idea de lo que le había pasado ni por qué tenía «todos esos tubos y cables», explicó. Le molestaba el tubo en el cuello que le impedía hablar. Los médicos le dijeron que había sufrido una grave pulmonía, complicada por una variante de la H1N1, la “gripe porcina”. Era increíble su recuperación. Los médicos pensaban que tardaría meses o años en poder hablar, caminar o estudiar, quizá con secuelas. Pero a los pocos días hablaba y caminaba con normalidad y enseguida volvió a sus estudios.

«Van Thuan se me ha aparecido dos veces»

La Iglesia tiene dos razones para atribuir la milagrosa curación de Joseph al cardenal François Nguyen Van Thuan, que murió en 2002. La primera razón, es que la familia de Joseph le estuvo rezando todos esos días pidiendo su intercesión. Los padres de Joseph eran amigos del “padre Van Thuan”, a quien conocían ya antes de su nombramiento como obispo. Para sus padres, el padre Van Thuan era prácticamente un miembro de la familia.

La segunda razón para atribuir el milagro al cardenal es que mientras estuvo en coma, Joseph lo vio en dos visiones. Aunque no lo conocía en persona (su familia emigró a EEUU en 1975, donde Joseph nació) lo reconocía por imágenes. “Durante mi estado de coma, hay sólo dos cosas que recuerdo: dos visiones del cardenal Van Thuan. Se me ha aparecido dos veces”. Joseph dijo que no sólo lo vio sino que también habló con el cardenal, en dos momentos que describe como “separación de cuerpo y alma”. Joseph piensa que los encuentros ocurrieron mientras los médicos estaban observando su pérdida de actividad cerebral y la desaparición de los signos vitales. “Poco después de la segunda visita del cardenal, me desperté del coma”, afirmó.

Un rosario y una marca en la garganta

Su caso ha recibido la atención de los impulsores de la causa de beatificación del cardenal Van Thuan en Roma, que han entrevistado a Joseph. Y también de la hermana del cardenal en Canadá, que telefoneó al joven seminarista y le envió un rosario de su hermano.

Joseph sigue con sus visitas en el mismo hospital y ofrece esperanza y consuelo a sus pacientes. No les habla necesariamente de su encuentro misterioso con la muerte -si fue tal- ni con el difunto cardenal, futuro santo. A los enfermos lo que más les impacta es la cicatriz en la garganta, y ver que él los entiende. «Es muy satisfactorio poder entrar en la sala y decir ´no te sientas solo, yo he estado ahí, físicamente, en esa cama de hospital«, dice el seminarista. Afirma que de su experiencia en el coma aprendió «la virtud de la esperanza«, un mensaje para transmitir a los demás. «Ese es el cardenal Van Thuan en mi vida», afirma.

Misas clandestinas con miga de pan y gotas de vino

Precisamente, la capacidad de dar esperanza fue la razón por la que Benedicto XVI menciona al cardenal Van Thuan en su encíclica Spe Salvi.

«El que reza nunca está totalmente solo. De sus trece años de prisión, nueve de ellos en aislamiento, el inolvidable Cardenal Nguyen Van Thuan nos ha dejado un precioso opúsculo: Oraciones de esperanza. Durante trece años en la cárcel, en una situación de desesperación aparentemente total, la escucha de Dios, el poder hablarle, fue para él una fuerza creciente de esperanza, que después de su liberación le permitió ser para los hombres de todo el mundo un testigo de la esperanza, esa gran esperanza que no se apaga ni siquiera en las noches de la soledad», explica el Papa en el párrafo 32 de su encíclica sobre la esperanza.

Van Thuan fue nombrado obispo coadjutor de Saigón el 24 de abril de 1975. Seis días después, la ciudad caía en manos del ejército comunista norvietnamita. En sus años de prisión y aislamiento severo, hizo circular papelitos con mensajes espirituales «de contrabando«. Los católicos los copiaban a mano y circulaban por el país. Luego se recopilaron en un libro, y se tradujo a varios idiomas: el hombre condenado al aislamiento llegó a decenas, a cientos de miles de personas. Sus oraciones de la cárcel se popularizaron. Con una pieza de madera y un alambre se hizo un pequeño crucifijo. Con unas migas de pan y unas gotas de vino que conseguía con dificultades, celebraba la misa a escondidas.

Ya libre, en los últimos años de su vida, como Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz desde 1998, trabajó los temas de la Doctrina Social de la Iglesia con una gran influencia en el actual «Compendio» de Doctrina Social. Existe hoy incluso un «Observatorio de Doctrina Social» con su nombre: www.vanthuanobservatory.org

 

 

Se busca «compañera cristiana de piso»

Puso la nota en su iglesia

Cuelga un cartel buscando «compañera cristiana de piso» y la denuncian por discriminación

«Expresa una preferencia ilegal por una compañera cristiana, excluyendo así a las personas de otras creencias», explica la denuncia. La asociación denunciante cobra hasta 73.000 dólares del ayuntamiento si presenta 70 quejas al mes.

Actualizado 16 noviembre 2010

Pablo J. Ginés/ReL

Tricia Rowe es una mujer de Alger Heights (Michigan, EEUU) que colocó una nota en el tablón de anuncios de su iglesia buscando «una compañera cristiana de piso» para compartir gastos.

Una entidad privada llamada «Fair Housing Center of West Michigan» (www.fhcwm.org) la denunció al departamento de Desarrollo Urbano de EEUU y al departamento de Derechos Civiles de Michigan porque su anuncio «expresa una preferencia ilegal por una compañera cristiana, excluyendo así a las personas de otras creencias«.

Un grupo cristiano conservador especializado en defender el derecho a la libre expresión, Alliance Defense Fund (ADF, www.alliancedefensefund.org ), decidió defender a Tricia Rowe y escribió al departamento de Derechos Civiles de Michigan pidiendo que se rechazara la denuncia por ser una «queja sin fundamento». El abogado de ADF, Joel Oster. declaró que «los cristianos no deberían vivir con miedo a ser castigados por el Gobierno por ser cristianos. Es absurdo penalizar a una cristiana soltera por buscar de forma privada una compañera de piso en la iglesia, una actividad obviamente legal y protegida por la ley».

Muchas personas escribieron o llamaron a Derechos Civiles enojadas por el caso. Este departamento pasó el tema a Desarrollo Urbano, que desestimó la denuncia.

La entidad denunciante, «Fair Housing Center of West Michigan», se negó a explicar a la prensa quién había puesto la denuncia, pero el abogado Joel Oster puso en circulación un contrato de esta entidad con el Ayuntamiento de Grand Rapids en el cual la asociación cobra hasta 73.000 dólares si «presenta un mínimo de 70 pruebas de alojamiento basadas en quejas o no para determinar que se cumplan las leyes de alojamiento», según se lee en el contrato.

Discriminación religiosa «de vivienda»

En su web, esta entidad dice defender el «derecho a la vivienda justa». Lo define así: «Vivienda justa es el derecho del individuo de obtener la vivienda de su elección (ej: rentar un apartamento, comprar una casa, obtener una hipoteca, comprar seguro de propietario, entre otros), libre de discriminación basada en la raza, el color, la religión, el género, el origen nacional, la incapacidad, la condición familiar, la condición marital, la edad, la preferencia sexual y la fuente de ingresos legal y verificable. Estos derechos están asegurados por las leyes de la vivienda justa al nivel federal, estatal y local.  La discriminación en la vivienda es negarse a rentar o vender una vivienda a alguien a causa de una o más de las siguientes características de la persona: la raza, el color, la religión, el género, la condición familiar, el origen nacional, la incapacidad mental o física, la edad y/o la condición marital. Hay unas comunidades locales que incluyen la fuente de ingresos (legal y verificable) y la preferencia sexual bajo sus leyes de la vivienda justa.»

La web anima a la gente a buscar casos de «discriminación en la vivienda» y a denunciarlos a través de su asociación. «Tome nota de las conversaciones o de los incidentes», «guarde copias de anuncios, publicidades y cartas», «si conoce a alguien que recibió una respuesta distinta a la de usted, anote el nombre», pide la asociación, que tiene una cuota que cumplir.

 

La mendiga que llegó a Harvard

jorgellop

La casilla de salida era el mismo infierno. Y sin embargo, Liz Murray consiguió ganarle el juego a la vida con las peores cartas posibles. Un viaje del último peldaño de la escalera social hasta el que sólo pisan las élites que ha puesto por escrito y convertido en best seller: ‘Breaking night‘.


Su camino fue una infinita cuesta arriba desde el minuto cero. Liz nació sin padres, y desde muy pronto tuvo que encargarse de los dos niños grandes que la habían concebido. Hippies a los que se les fue la mano con la droga en los años 70 y que al comienzo de la década siguiente, que marcaría el inicio del calendario de su hija, eran adictos terminales.

Capaces de robarle el dinero de su cumpleaños e incluso un pavo que una iglesia les había dado para que tuvieran algo que echarse al estómago en Acción de Gracias.

Eso en los días buenos. Cuando las vacas andaban ya famélicas, Liz y su hermana tuvieron que tirar de imaginación para tenerse en pie. “Comíamos cubitos de hielo o repartíamos un tubo de pasta de dientes para cenar”, cuenta la joven, hoy de 29 años, graduada en Harvard y portavoz juvenil en foros internacionales.

“Aprendí desde los cuatro años que mamá y papá tenían extraños hábitos de los que no me informaban”, explica sobre su primera infancia en las calles del Bronx. Asistió muchas veces, por ejemplo, al ritual de colocar en la mesa una ristra de cucharas y extraños objetos “en una suerte de preparación urgente”.

Las cosas siempre pueden empeorar y a Murray se le torcieron del todo. Dejó de ir al colegio, donde no era fácil integrarse cubierta de piojos de arriba abajo y oliendo mal. Una vez fuera de clase tuvo que improvisar conocimientos de enfermería. Tenía 15 años y su madre, sida.

Entre los vómitos y el síndrome de abstinencia, logró, sin embargo, meterle a su hija un mantra en la cabeza. Algo así como “ya vendrán tiempos mejores”. No para ella, que murió enseguida y fue enterrada en una caja de madera. Y para su hija aún tardarían años.

Incapaz de afrontar el alquiler, su padre se trasladó a un refugio para los sin techo, mientras su hermana se agenciaba una plaza en el sofá de un amigo. Liz tuvo peor suerte y se quedó en la calle, rodando por bancos de los parques y vagones del metro de la ciudad que nunca duerme.

Y entonces, con 17 años, decidió que había llegado la hora de que llegaran aquellos escurridizos “tiempos mejores” que anunciaba su madre con los brazos heridos por las agujas. Y se puso a estudiar. Completó el instituto en sólo dos años, gracias a unas clases nocturnas y al ángel de la guarda que se las daba. El mismo que la llevó a Harvard de visita junto a otros estudiantes.

Ante aquel edificio, Murray tuvo claro que quería traspasar el umbral de un mundo que suele reservarse el derecho de admisión. Se enteró de que el New York Times daba becas a los buenos estudiantes. Consiguió una. Se graduó en Harvard. Conoció a Clinton….

Ahora recorre el mundo contando su historia a jóvenes que también lo tienen crudo. “Yo era una de esas personas de las que uno se aleja en la calle”, sonríe, libre de drama o resentimiento hacia unos padres que no supieron serlo: “Tenían muchos defectos, pero eran gente increíblemente cariñosa. Yo crecí entendiendo ese mensaje de una manera u otra”.