Un director de cine que propone «Vivir para siempre»

Entrevista con Gustavo Ron

Ahora llega a los cines con «Vivir para siempre» que comparte algunas características de su anterior película: la lucha por cumplir los propios sueños y un toque mágico.

Actualizado 9 noviembre 2010

José Manuel López y María Martínez López./CinemaNet

“Me gusta que todas las culturas entiendan mi cine”

Gustavo Ron ya llamó la atención en 2006 con su “opera prima” como director, ‘Mia Sarah’. Licenciado en Comunicación por la Universidad de Navarra, había comenzado trabajando como guionista y, de momento, ha escrito el guión de sus dos películas. Ahora llega a los cines con ‘Vivir para siempre’, que comparte algunas características de su anterior película: la lucha por cumplir los propios sueños y un toque mágico.

En este artículo te presentamos la primera de las dos entrevistas que CinemaNet ha hecho a Gustavo Ron.

-¿Qué es lo que más le llamó la atención del libro de Sally Nichols, para convertirlo en película?
– Se podría decir que encontré el libro en el suelo, en FNAC de Barcelona, medio escondido en la estantería de abajo. Me gustó la contraportada: “Cosas que deberías saber sobre mí: me llamo Sam, tengo 12 años, tengo leucemia, y cuando leas esto ya estaré muerto”. Caray. Me lo leí en el AVE a Madrid y me conmovió. Me pareció una historia muy difícil, porque habla de dos niños que tienen cáncer, pero lo que me llevó a convertirlo en película es que no habla de la muerte para nada. Es una novela que te habla de las ganas de vivir, de los sueños por cumplir, de cómo luchar por las cosas que quieres que existan… Y, al final, el mensaje global es tan positivo que pensé que era todo un reto.

– ¿Un toque optimista para hoy en día?
– Sí. Oyes a mucha gente que estamos en crisis, y la gente no quiere llorar ni sufrir, sólo reírse. Pero la gente no es tonta, y se ve en los resultados de mercado: algunas comedias tontas, tanto en Estados Unidos como en España, han pinchado. Y, sin embargo, dramas con más inteligencia o más profundos están funcionando. E insisto: nuestra película no es un dramón; es un drama que tiene mucho de mensaje positivo.

– Sin embargo, la idea de la muerte no dejaría de estar presente en el rodaje. ¿Cómo se enfrentó el equipo a ella?
– Yo estaba muy obsesionado con que la película no iba sobre la muerte, y quería que todo el equipo tuviera claro que el mensaje de fondo era cómo cumplir tus sueños. Por eso, recopilé una serie de frases que se han dicho a lo largo de la historia sobre este tema, para que se viera que siempre ha estado presente. Ahora bien, dicho esto, cuando rodamos la escena en la que Sam muere, quería que los actores tuvieran una calma total, por lo que sólo estuvimos las personas fundamentales: los tres actores, el cámara, el pertiguista y yo. Quisimos que fuera muy intimista, muy real, nada dramática.

– ¿Cómo es dirigir sobre una historia que ha escrito otro?
– Lógicamente, tienes tu punto de vista. Si el escritor te deja hacer, ocurre lo que pasó con esta película. Yo la ambienté con una familia de clase media-alta, porque me parecía muy interesante contar la historia de la familia perfecta a la que, de repente, le ocurre algo que ellos no tienen medios para arreglar. Después conocí a Sally en persona, y cuando vio el set, me dijo que ella se había imaginado a la familia mucho más pobre. Entendí su punto de vista, ella comprendió el mío y no hubo problemas. La visualización de Sally sobre el papel es muy activa: hay dibujos, esquemas, anotaciones al margen… Yo quise llevar eso al cine, con cosas escritas sobre los fotogramas, imágenes de cartón como si las hubiesen hecho los chavales…

“Como lo contaría Sam”

– Ya con “Mia Sarah” se hablaba de un formato como de fábula, mágico, y en esta película pasa lo mismo con esos recursos. ¿Está marcando su estilo?
– Ésta es mucho más realista que “Mia Sarah”. Pero sí tiene una parte totalmente imaginaria: las historias que cuenta Sam, a través de animación en 3D. Sam no ha salido de su ciudad en toda su vida, ni va a salir. Por eso, cuando habla de viajar a América o a Italia, o de tal cosa que ocurrió en el siglo XVI, teníamos que contarlo como él lo hubiera contado: en su cuarto, con dibujos y trozos de cartón.

– Ha escrito sus dos películas, así que no depende de otros guionistas para elegir sus proyectos.

Soy guionista antes que director. Pero si encuentro un guión que sea la visión de lo que yo quiero hacer, me lo quedo sin reescribirlo. Sí puedo resultar un poco ‘puñetero’ a la hora de trabajar, porque me gusta valorar los ingredientes de la trama y de cada acto como guionista. Pero también he visto libros que dirigiría si los adaptara otro. De hecho, estoy empezando a trabajar con un guionista inglés para adaptar uno, y él va a llevar la voz cantante, porque me da muchas garantías.

– Cuando escribe y dirige, ¿cómo es el proceso de rodaje?
– En realidad, me desdoblo en dos personalidades. Como guionista, estoy acostumbrado a trabajar para otras personas, y sé cuál es mi rol. No me gusta dar órdenes de dirección, me quedo en descripciones y diálogos. Y, cuando los productores y yo consideramos que el guión está ya cerrado, lo cojo y lo empiezo a analizar como director, y a veces veo que algunas cosas deberíamos cambiarlas o quitarlas. En “Vivir para siempre”, hay una escena que mantuve hasta el último borrador pero no se llegó a rodar.

Un cine de personas y familias

– Ha hecho una comedia y un drama. ¿Qué tipo de historias busca?
– Fundamentalmente, historias que me conmuevan. Me dan igual los géneros, las épocas o los estilos; pero necesito que me genere una pasión que pueda tirar de mí durante el año o dos años que dura el proyecto, no estar perdiendo la ilusión a los dos meses. Al promocionar “Vivir para siempre”, necesito hacerlo con las mismas ganas que cuando empecé a leer el libro. Y es así. De hecho, me encanta revivir ahora ciertos momentos.

Soy incapaz de ponerme a hacer una película por encargo. En algún momento no he querido hacer una película, aunque los ingredientes fueran muy buenos, porque no me sentía cómodo; al final, el que firma soy yo. En el fondo eso juega en mi contra, porque habrá muchos proyectos a los que diré que no. Pero es el camino que escojo. Quiero que todo a lo que pongo mi nombre tenga coherencia con lo que soy.

– ¿Considera su cine un cine social, al estilo de Capra?
– Objetivamente no, tal como hoy día se entiende: enfocado a las clases medias-bajas, con un tono mucho más documentalista y con dramas más desgarrados. Mi cine es un cine de personas, de parejas, de familias. Busco fundamentalmente que, aunque no es para niños, quizá lo vean y les guste. Me gusta abarcar a todo tipo de público, que mi cine pueda llegar a todas las culturas y que todas las culturas lo entiendan.

– ¿Qué es eso esencial, lo que le gustaría que nunca faltase en una película suya?
– Me gustaría que nunca faltaran relaciones entre personas, historias de amor, y lucha por lo que uno quiere conseguir. Si la película es de ciencia ficción o de época me da igual. Me daría pena que la gente fuera a ver una película mía, se riera, y saliera diciendo “vaya parida”. Me gustaría que la gente vaya a una película mía y diga: “Cómo me he reído, y cómo me ha gustado. Me he sentido bien, me ha hecho pensar”.

– ¿Un cine que inspire, o incluso que eduque?
– Sí, pero es muy difícil, porque hay una fina línea entre ser sutil y dar sermones. Mi primer objetivo es que la película sea entretenida sin ser superficial.

Momento brillante del cine español
– ¿Cómo ve la industria en España?
– Yo creo que ahora mismo está en un momento brillante, porque, aunque se han producido menos películas este año, se han hecho más coproducciones internacionales que nunca, y eso es gracias a que el Ministerio de Cultura ha facilitado mucho la cooperación internacional. Se está abriendo el cine español hacia el cine europeo y, como en España hay muy buenos directores, comparados con otros países, cada vez más de ellos están teniendo trabajo fuera. Hay una nueva generación de gente a la que no le importa, e incluso está deseando, trabajar en Francia, en Alemania, y no digamos en Inglaterra o Estados Unidos.

También pasa otra cosa: el público quizá se ha cansado un poco de que todos los cineastas sean autores. Y lo que está reclamando es que existan unos cuantos autores (como Almodóvar, una marca que se vende en todo el mundo), pero otros muchos a los que no conoce casi nadie. Lo que quieren es un producto que se pueda ver. La prueba de que el cine español puede funcionar está en películas como “Celda 211”, 100% española, y un taquillazo que a la gente le encantó.

– Se comentó que era tan buena que no parecía española.
– Lamentablemente, nuestro país está lleno de tópicos y ése es uno más. Pero, si te fijas, cada vez hay más películas españolas de las que se dice eso. Y, fundamentalmente, se debe a lo que he dicho: cada vez más gente quiere que su cine se venda fuera de España, y ya no importa tanto que sea un cine hecho en España, en español y con actores españoles. Los actores salen, los directores salen, y las productoras también empiezan a salir. Que el Ministerio de Cultura me deje adaptar un libro inglés y rodarlo en Inglaterra es para quitarse el sombrero. De la misma manera que Woody Allen y otros directores han venido aquí y han rodado películas que se han considerado españolas.

A más selección, mejor producto

– Una de las figuras más criticadas en la industria audiovisual española es el guionista. ¿A qué se debe? ¿Despreocupación en las instituciones públicas, o cuestión de talento?
– Creo honestamente que, en España, hay muy pocos o muy malos editores de guión. Guionistas buenos los hay siempre. Pero, al igual que a un director los productores le critican el montaje, y le dicen que cambie cosas, y a los escritores les empaqueta el libro un editor, ¿por qué no al guionista? Se le da el visto bueno a un guión con mucha ligereza, y salen a la luz guiones que tendrían que estar mucho más trabajados. Pero yo no le hecho la culpa al guionista, sino al sistema con el que se hacen las cosas.

– Han cambiado las subvenciones a los guiones: menos, pero más cuantiosas. ¿Cree que eso es beneficioso?
– Cuando hablas de cine, opina hasta la portera de mi casa. Y está muy bien que la gente escriba, pero lógicamente no todo el mundo tiene talento, y no me parece justo que no se haga una selección igual que con los largometrajes. Que se sea más selectivo hará que la gente se esfuerce más y, sin duda, que lo que salga sea mejor.

– Cuéntenos algo de su último proyecto, ‘140’.
– Está bien, tiene su gracia: 140 directores rodando 140 segundos, todos a la vez, en distintos lugares. El director, dio el “Acción” desde Twitter, y ha hecho un montaje de una hora y media. Lo interesante es ver la honestidad o falta de honestidad de la gente, porque lo que nos pidió es que rodásemos nuestras vidas en ese momento. Yo grabé a mi hijo, que por entonces tenía algo menos de dos años, porque era su hora de cenar. Pero había otros, algún director más o menos famosillo de Hollywood, que veías que lo tenían todo súper preparado.

El formato de grabación va cambiando. Es un tipo de película tan experimental que te lo admite. De hecho, está funcionando muy bien en festivales, pero no va a tener ningún éxito en salas. En Internet se pueden ver algunos trozos. Ridley Scott publicó que iba a hacer lo mismo con Youtube y presentarlo a Sundance, y nosotros hicimos toda una red para decir en publicaciones de América que ya lo habíamos hecho.

 

San Martín de Tours

San Martín de Tours, Obispo

11 de Noviembre

San Martín es un santo muy querido para los franceses, y muy popular en todo el mundo. Nació en Hungría, pero sus padres se fueron a vivir a Italia. Era hijo de un veterano del ejército y a los 15 años ya vestía el uniforme militar.

Una noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado a un pobre y oyó que le decía: «Martín, hoy me cubriste con tu manto».

Luego de esta visión renunció a las armas y decidió seguir a Cristo en una milicia más noble. En seguida se fue a Poitiers donde era Obispo el gran sabio San Hilario, el cual lo recibió como discípulo y se encargó de instruirlo. Como Martín sentía un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, San Hilario le cedió unas tierras en un sitio muy solitario y allá fue con varios amigos, fundando el primer convento o monasterio que hubo en Francia. En esa soledad estuvo diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras.

En Tours fundó otro convento y pronto tenía ya 80 monjes. Y gracias a los milagros, la redicación, y la piedad del nuevo Obispo, pronto desapareció el paganismo en esa región.

CUANDO LOS OJOS VEN

ACOMPAÑANDO A BENEDICTO XVI

Posted by jorgellop en Noviembre 9, 2010

Este es un relato contado por Ellen McCormick. Largo pero bueno.

Mi mamá proviene de una familia católica y numerosa, la familia Connor; de la cual ella, a los siete años, y dos de sus hermanas, se quedaron ciegas debido a una enfermedad de la vista. Afortunadamente esto no ha sido nunca un obstáculo para ella, sino todo lo contrario, ha sido una gracia muy especial y una bendición.

A pesar de su ceguera, siempre ha sido una persona normal, estudiando, viviendo y trabajando en el extranjero, adoptando niños además de los suyos propios, etc. Espiritualmente, ha sido un constante medio de fortalecer su fe y su amor. Me resulta imposible pensar en mi madre sin pensar en Jesucristo al mismo tiempo, pues siempre ha vivido en unión con Él y con su confianza puesta en Él.

Nunca olvidaré una conversación que tuve con ella cuando yo tenía 5 años. Por primera vez me di cuenta de que ella nunca había visto ni a mi papá, ni a mi hermano, ni a mí, y esto me preocupó un poco. Yo quería que ella me viera, que se diera cuenta cómo era. Le pregunté si le resultaba difícil el no poder ver a la gente y ella me sentó sobre sus piernas, me abrazó y me respondió: «Ellen, claro que quisiera verte. Pero a la primera persona a la que voy a ver cara a cara será a Jesucristo. Este es un regalo muy especial que Él me ha otorgado y no quiero que nadie me lo quite. Estoy esperando ese momento en que lo podré ver».

Al escuchar, el 19 de abril, que el Cardenal Ratzinger era ahora el Papa Benedicto XVI, recordé otra conversación que tuve con ella, esta vez cuando yo ya tenía 12 años, (ahora tengo 19). Mi madre siempre había querido mucho al Cardenal Ratzinger, así que todos estábamos muy familiarizados con su persona.

Cuando mi hermano y yo nos portábamos mal o perdíamos el tiempo, nos ponía como compensación, escuchar casetes del Cardenal o de Fulton J. Sheen. Después de escucharlo, mi mamá nos pedía que le hiciéramos el resumen de lo que habíamos aprendido. En una ocasión, después de haberle dicho mi resumen, mi madre empezó a hablar de él y de una de sus obras. Me parecía aburrido lo que estaba diciendo y yo sólo quería salir a jugar, así que le dije que ya estaba cansada del Cardenal Ratzinger. Inmediatamente me cogió de los hombros y me dijo: «Ellen, escúchame. No vuelvas a decir eso sobre el Cardenal Ratzinger. Él es un hombre de Dios. Además, es un sacerdote de Dios, y un sacerdote muy santo. Nunca puedes hablar mal de una persona porque nunca sabes el plan que Dios le tiene preparado. ¿Y si Dios quiere que él sea el próximo Santo Padre? Va a haber un día en que Juan Pablo II se encuentre con Jesucristo en el cielo y, entonces, tendremos un nuevo Papa aquí en la tierra. ¿Y si Ratzinger fuera el elegido por Dios para cumplir con esta misión? Uno nunca sabe. No puedes hablar mal de alguien a quien Dios ama. Tu tienes que pedir mucho por Juan Pablo II, por el próximo sucesor de Pedro, así como por el Cardenal Ratzinger y por todos los pilares de la Iglesia que fielmente cumplirán con el plan que Dios les tiene preparado».

En una ocasión, unos años más tarde, regresé a casa por la noche. Durante esa semana se había hablado de la posibilidad del que el Cardenal Ratzinger se retirara. No sabía bien si la información era creíble o no, sin embargo, sabía que mi madre estaba pidiendo mucho por él. Entré a casa de puntitas, para no hacer mucho ruido y no despertar a mi madre. Pero me di cuenta de que no estaba dormida, sino de rodillas con el rosario entre las manos, rezando por el Cardenal Ratzinger.

No parecía haberse percatado de mi presencia, ya que continuaba con su oración en voz baja: «Señor, no dejes que se retire ahora, es sólo una tentación, no lo dejes caer en ella. Ya ha hecho mucho por la Iglesia, pero todavía no ha cumplido su misión. Lo necesitamos, Señor. Dale tu gracia. Dale la gracia que yo le puedo alcanzar por medio de mis oraciones y sacrificios, y de cualquier sufrimiento que me quieras mandar. Dale la gracia que necesita para completar la misión que le has confiado. No estará solo; yo lo acompañaré con mis oraciones. Dale la gracia para que cumpla Tu voluntad. María, madre mía, te lo encomiendo a ti. Tú que acompañaste a tu Hijo al pie de la cruz, acompáñalo una vez más en la persona del Cardenal Ratzinger. Confío en Ti. Haz lo que tu Hijo quiera. Haz lo que te diga».

Jamás olvidaré esas palabras y esa plegaria de mi madre, especialmente después del 19 de abril del 2005, fecha en que, tras la muerte de Juan Pablo II, Ratzinger, elegido por Dios desde toda la eternidad, fue elegido en el Cónclave para ser el 265 Papa de la Iglesia Católica. Me da mucha paz el saber que ha sido acompañado por las oraciones de mi madre por tantos años, y que ahora continúa siendo fiel y cumpliendo la misión que le ha confiado Dios.