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«El Señor de los Anillos» gracias a un sacerdote

Tío Curro

Tolkien pudo escribir «El Señor de los Anillos» gracias a un sacerdote del Puerto de Santa María

La figura de Francis Morgan ha sido rescatada en un encuentro de universitarios católicos junto a la de grandes conversos británicos.

Actualizado 16 octubre 2010

C.L./ReL

La Universidad Católica de Ávila acoge este fin de semana el 56ª Encuentro de Universitarios Católicos, inspirado por la Cruzada de Santa María y la Milicia de Santa María, este año en torno a Intelectuales conversos del siglo XX.

Rogelio Rovira sobre Manuel García Morente, José Luis Orella sobre Christopher Dawson, Eudaldo Forment sobre Robert Hugh Benson y Pablo Ginés sobre John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) son algunas de las intervenciones del Encuentro, y en esta última se glosaron algunos datos relevantes sobre la vida del autor de El Señor de los Anillos, entre otros la influencia decisiva que ejerció sobre él un sacerdote español, Francis Morgan.

«Es un perfecto ejemplo de salvación en racimos», explicó Ginés a ReL, «que está siendo central en el Encuentro. Esto es, que Dios no salva uvas, sino racimos, porque unos ayudan a salvar a otros. Es así como el viñador recoge la cosecha».

La historia está contada por extenso en un trabajo de José Manuel Ferrández Bru cuya lectura recomienda Ginés. Realmente Tolkien no fue un converso, pero sí su madre, Mabel Tolkien, quien tuvo el mérito de abrazar la fe católica al poco de quedarse viuda y con dos hijos pequeños, y a costa de empobrecerse, pues su familia la abandonó por completo cuando dejó el anglicanismo.

Es entonces cuando aparece en su vida la figura de Francis Xabier Morgan, el párroco de Mabel. El padre Morgan era español, nacido en el Puerto de Santa María de padre galés, anglicano, y madre católica de la familia de los Osborne. Fiel a sus orígenes, firmó alguna carta como Tío Curro [Francis, Francisco].

Y es ahí donde entra la teoría del «racimo». Morgan se había ordenado sacerdote en 1883, ingresando de inmediato en el oratorio del ya cardenal John Henry Newman, cuyo sistema educativo le había hecho desplazarse desde el Puerto hasta Birmingham. A su vez, en la conversión de Newman fue decisivo un sacerdote pasionista italiano, el padre Domenico Barberi, que fue quien le recibió en la Iglesia.

Pues bien: cumpliendo su eslabón de la cadena, Morgan, ante las dificultades por las que atravesaba la familia Tolkien, se volcó con ellos, les ayudó económicamente, y se preocupó de que JRR aprovechase sus dotes naturales, y le guió hasta la conclusión de sus estudios en Oxford, además de orientarle en las relaciones juveniles con la que luego sería su esposa, Edity Mary Bratt.

«Sin Morgan y su ayuda en los difíciles momentos en que quedó su madre, no habría habido el Tolkien capaz de escribir El Señor de los Anillos», asegura Pablo Ginés, quien considera que el «racimo» que forman Barberi-Newman-Morgan-Tolkien ha multiplicado luego sus uvas: «En mi opinión, y también en la de otras personas con las que he hablado al respecto, Tolkien ha dado más fruto de salvación que G.K. Chesterton o C.S. Lewis, porque ha llegado a más gente, y a más gente tocada por el paganismo».

En ese sentido Tolkien, concluye Ginés, es el fruto más popular de Newman, recientemente beatificado por Benedicto XVI durante su visita al Reino Unido.

 

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