¿Es posible la castidad?

Actualizado 28 junio 2010


¡Menuda pregunta nos hacemos en estos tiempos! Ya la palabra castidad parece pasada de moda, de otra época, de libros viejos y sermones caducos. Para un gran número de jóvenes y adultos la palabra castidad no existe, no saben lo que es. Y sin embargo es posible y necesaria para vivir como personas libres, que saben gobernar su cuerpo y ver con buenos ojos a los demás. Hoy desde las altas esferas de los gobiernos se fomenta lo contrario. Lo que llaman educación sexual es una información de lo que pueden hacer con el sexo y, por supuesto, sin trabas morales de ningún tipo. El sexo es parte de mi cuerpo, y si soy dueño de él puedo hacer lo que me dé la gana. La cuestión es disfrutar. Si defienden el aborto con el argumento, por otro lado falso, de decidir libremente lo que puedo hacer con lo que hay en mi cuerpo, ¿cómo no van a propalar que el sexo es un instrumento de diversión de primera magnitud, y además muy barato?

El célebre escritor francés André Frossard, converso desde el ateísmo a los 20 años, dice en uno de sus escritos: “Cuando los hombres apartan su mirada del cielo para posarla sobre la tierra, lo primero que perciben es su sexo, del que hacen gustosos una pequeña divinidad substitutiva en la medida en que guarda, aparentemente, el secreto de la vida y promete, a falta de eternidad, la compensación de una especie de perpetuidad biológica. Esta idolatría más o menos consciente es de las más extendidas en la actualidad: el sexo ocupa cada vez más espacio en la literatura, el cine y, sobre todo, en la televisión, donde se disfraza muy superficialmente de sociología, de psicoanálisis o de estadística. Tras la película y su obligatoria secuencia de alcoba pública, apenas se emite un programa que no incluya un debate sobre la manera de alcanzar, o no, un acto sexual satisfactorio, sin que los infelices invitados se den cuenta de que la cámara, fisgona,  al recrearse en sus verrugas o en los orificios de su nariz, incita más a las sombrías meditaciones sobre el cráneo de Yorick que a una imaginación lascivas” (“Preguntas sobre el hombre”, Rialp, págs. 33-34).

Creo que está claro. La castidad es posible  mirando un poco más al cielo, con la ayuda de Dios y con nuestra colaboración honesta. Pero no lo entienden así los que elaboran la “Educación para la ciudadanía” o el programa de educación sexual que pretenden impartir obligatoriamente en los centros de enseñanza, por personal ya aleccionado sobre el hombre como objeto de placer.

La castidad es posible, sin traumas ni moralismos trasnochados. Con la claridad del que ve al hombre como lo que es: un ser digno de respetar y de ser respetado según el orden establecido por el Creador para bien de todos. Invito a escuchar lo que dice sobre el tema Andrés Verastegui, el director y protagonista de la película Bella, en el siguiente vídeo:

http://www.youtube.com/watch?v=0QDnd8_Nhcs

Y que cada uno lo piense con la objetividad y seriedad que merecen las cosas importantes.

Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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