El colegio del futuro: público ¡y católico!

El modelo que más y mejor funciona en Suecia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos…

Cada final de curso, se repite la jugada: uno de cada cinco padres que solicitan plaza para su hijo en un colegio concertado se queda sin ella. A pesar de la inmensa demanda por los colegios con ideario propio, la Administración sigue dando prioridad a la creación de centros estatales en los que, además, la ideologización está a la orden del día. Sin embargo, un nuevo modelo se abre paso desde Europa: centros con ideario propio, pero financiados como institutos estatales.

Las preferencias de los padres y las iniciativas de mayor éxito dibujan cómo será el colegio del siglo XXI: público y católico

El éxito escolar pasa, en un altísimo porcentaje, por dar autonomía a los centros. No lo dice ningún gurú de la escuela concertada, ni una asociación de padres que promueva el cheque escolar. Lo ha reconocido nada más y nada menos que la Secretaria de Estado de Educación, la socialista doña Eva Almunia, una de las representantes del ala más ideologizada del Ministerio que encabeza Ángel Gabilondo, e incansable promotora de las corrientes pedagógicas que inspiran la controvertida LOE.

Para sorpresa de muchos, la realidad escolar de nuestro país ha resultado ser tan tozuda que incluso Almunia se ha visto obligada a reconocer, hace sólo unas semanas, que, «si la descentralización autonómica ha sido positiva para la educación (sic), tenemos que pensar ahora en descentralizar a los centros ciertas medidas». La Secretaria de Estado realizó estas declaraciones durante la presentación de los resultados de la Prueba de Nivel de 4º de Primaria, en la que ha vuelto a quedar claro que, para que la escuela cumpla bien su función de educar y formar, lo que importa no es sólo que la Administración invierta mucho en educación, sino que los centros puedan gestionar sus recursos de forma autónoma, ajustándose a la realidad de su alumnado y sus familias, dotando a los profesores de autoridad y primando lo académico y lo formativo por encima de lo ideológico.

El ejemplo europeo

El descubrimiento ante el que Almunia hubo de plegarse (aunque con la boca pequeña), no es, sin embargo, ningún secreto entre los países de nuestro entorno. La educación del siglo XXI, la que mejor funciona y mejores resultados obtiene en las pruebas internacionales y nacionales, tiene un componente común, más allá de toda frontera: dar rienda suelta a la gestión privada de los centros -aunque con financiación estatal-, atender a las demandas de las familias y no hacer monolítico el modelo de escuela pública. Así, por ejemplo, el nuevo Gobierno británico presidido por David Cameron ha anunciado que permitirá a las escuelas públicas convertirse en academias independientes, gestionadas por entidades no estatales. Un ejemplo del nuevo modo de hacer política preconizado por Cameron, con más iniciativa privada y menos intervencionismo estatal.

Un modelo aplicable en España

Estas escuelas pasarán a engrosar la red de las City Academies que ya existen en Reino Unido: colegios financiados por el Estado, de enseñanza gratuita, que permanecen dentro del sector público, pero que son gestionados de forma autónoma por cooperativas de padres, empresas, o por la Iglesia. Aplicado a España, sería como si un colegio concertado fuese financiado íntegramente por el Estado (y no sólo en un mínimo porcentaje, como ocurre hoy), o como si el modelo sanitario que está aplicando la Comunidad de Madrid se extendiese a la red educativa. Según recoge la agencia Aceprensa, «estas academias tendrán mayor autonomía para desarrollar sus propios métodos pedagógicos, así como para diseñar -hasta cierto punto- el plan de estudios, y seleccionar a los alumnos y profesores». Es decir, justo lo que Eva Almunia reconocía como necesario para nuestro país…

Visto esto, quizá la oposición de muchos a aplicar este modelo responda a intereses no pedagógicos sino ideológicos, puesto que, en España, la mayoría de los centros de iniciativa social tienen el respaldo de la Iglesia, por lo que el colegio del futuro sería (¿será?) público de financiación y católico de ideario.

El dinero no es el problema
Alumnos del St. Martin de Porres High School, de la red educativa Cristo Rey Network, en una zona empobrecida de Cleveland, Estados Unidos
La iniciativa de Cameron sigue la estela marcada por las escuelas independientes de Suecia; el sistema educativo alemán (con el 100% de escuelas públicas); o las charter schools de Norteamérica, que, además, alcanzan un alto nivel educativo en entornos sumamente deprimidos. Así, quienes en nuestro país sostienen que el bajo nivel sociocultural de la familia es determinante para enquistar el fracaso y el abandono escolar, y que la fórmula que aplican los centros concertados y privados (más exigencia, más relación con las familias, más disciplina) es inviable en un instituto público, quizá se vean desconcertados al saber que los colegios Cristo Rey Network,Harris Academies, en Londres, logran resultados académicos excelentes en entornos empobrecidos. El diario The TimesHarris Academies, «pueden verse todos los signos clásicos de la excelencia académica: cortesía en el trato, uniformes limpios, enseñanza rigurosa de las asignaturas difíciles como Matemáticas, Ciencias, idiomas o Latín», y que, «en los últimos años, sus resultados han mejorado 4 veces más que la media del país», a pesar de estar en las zonas humildes del sur londinense.

Otra de las señas de identidad que comparten estos colegios del futuro es la implicación de las familias. En España, la plataforma Mejora tu escuela pública propone que se estrechen esos lazos, porque «el derecho de los padres a educar a sus hijos, amparado por la Constitución, no se agota en elegir escuela, sino que se prolonga en su presencia activa en la vida de la comunidad escolar, para garantizar la colaboración de todos sus miembros en el desarrollo del proyecto educativo».
en Estados Unidos, o las reconocía hace unos meses que, en las en las Harris Academies, «pueden verse todos los signos clásicos de la excelencia académica: cortesía en el trato, uniformes limpios, enseñanza rigurosa de las asignaturas difíciles como Matemáticas, Ciencias, idiomas o Latín», y que, «en los últimos años, sus resultados han mejorado 4 veces más que la media del país», a pesar de estar en las zonas humildes del sur londinense.

Una guía imprescindible

Así, Mejora tu escuela pública -cuyas iniciativas ya se aplican con gran éxito en numerosos institutos de toda España- sintetiza la línea que han de seguir todos los centros que no quieran contribuir a engrosar las cifras del fracaso escolar, y dibuja qué ha de caracterizar a la escuela española del siglo XXI: «La apuesta por una educación de prestigio, que forme en valores y en un ejercicio responsable de la libertad; un profundo respeto a la libertad de los padres y madres, y a sus convicciones morales; el fomento de la estima, el respeto y el prestigio social que merecen los profesores; un espíritu de colaboración entre la Dirección del centro, padres y profesores; la promoción de la autonomía de la escuela pública; la formación de padres y madres para una mejor y más efectiva participación en la educación de sus hijos en la familia y en la escuela; la pluralidad de modelos educativos para que los padres puedan elegir el que consideren más conveniente para sus hijos; el intercambio de experiencias positivas y buenas prácticas educativas que se hayan realizado en los distintos centros docentes; y la oposición a todo tipo de injerencia ideológica en la escuela». ¿Quién se anima a construir el cole del mañana?

José Antonio Méndez

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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