El Prelado del Opus Dei habla de los sacerdotes

Actualizado 16 junio 2010

Con motivo de la clausura del Año sacerdotal, la revista Palabra entrevistó al Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría. Debido al interés de la doctrina vertida en las respuestas que dio al periodista, traigo al Blog algunas de ellas que considero de especial interés.

Palabra. – Está a punto de terminar el Año sacerdotal que el Santo Padre convocó en el aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars. Ya que la Iglesia lo propone a los sacerdotes como modelo, ¿qué aspectos destacaría en la vida de San Juan María Vianney?

Mons. Javier Echevarría: Su humildad, su piedad, su espíritu alegre en la penitencia, etc., etc. Y pienso que el aspecto más importante de la vida del Santo Cura de Ars es su completa dedicación al ministerio. Precisamente por esto, al final del Año sacerdotal, Benedicto XVI lo proclamará patrono de todos los sacerdotes (de los confesores lo era hace tiempo).

La figura de San Juan María Vianney es una fuerte llamada a que seamos sacerdotes, sólo sacerdotes: por el bien de las almas hemos de estar dispuestos a dejar de lado todo lo que pueda estorbar, aunque sea una pequeñez, el servicio pastoral. Con frase gráfica, un pastor santo de nuestra época —San Josemaría Escrivá de Balaguer— nos repetía que hemos de ser sacerdotes cien por cien.

P.- El trabajo de los sacerdotes encuentra muchos puntos de apoyo: por ejemplo, la inclinación de muchos jóvenes a participar en actividades de voluntariado, o la disposición favorable de muchas personas. Pero, a veces, halla también motivos de desilusión, y resistencias: ignorancia religiosa, mentalidad secularista, incomprensiones, etc. A pesar de todo, ¿pueden los sacerdotes trabajar hoy con confianza?

No sólo podemos, sino que debemos trabajar sacerdotalmente con optimismo y confianza. Basta tener presente que la eficacia del ministerio no proviene de nosotros —de nuestra preparación, de nuestras cualidades, etc., aunque todo esto hemos de cuidarlo para ser mejores instrumentos—, sino de la acción de Cristo en cada uno y por medio de cada uno. Al mismo tiempo, hemos de esforzarnos para hacer desaparecer esas resistencias, difundiendo la verdad con caridad.

P.- La vida sacerdotal gira, en gran medida, en torno a la liturgia. Su momento cumbre es la celebración de la Eucaristía, sobre todo el domingo. ¿Podría hacer algunas recomendaciones concretas a los sacerdotes, para fomentar una celebración llena de fruto?

El sacrificio eucarístico constituye, en frase del Concilio Vaticano II, el “centro y raíz de toda la vida del presbítero” (Presbyterorum Ordinis, 14). Para que esa aspiración se convierta en realidad, suele ser eficaz preparar la Misa ya desde la noche anterior a la celebración eucarística, con actos de amor a Jesús Sacramentado, con comuniones espirituales, con deseos de acompañarle en el tabernáculo; y prolongar luego la acción de gracias por el Santo Sacrificio durante la jornada…

P.- ¿Qué hace eficaz la predicación? ¿Podría indicar alguna experiencia particular relativa al modo de prepararla?

Hay muchos modos de preparar la predicación. Como explicó el Sínodo sobre la Eucaristía, la homilía tiene una finalidad catequética y exhortativa (cfr. Sacrosanctum Concilium, n. 46), y no debe confundirse con una conferencia, una clase, etc. Ha de ser fruto del trato personal del sacerdote con el Señor. Sin vida interior, sin piedad, poco valen las palabras persuasivas. San Agustín aconseja que el predicador, al hablar, haga cuanto esté de su parte para que se le escuche con gusto y docilidad…

P.- Un tesoro del sacerdocio es la administración del perdón divino en el sacramento de la Penitencia. Usted ha dicho recientemente que no existe propiamente una crisis de la confesión, sino que, en todo caso, sería más acertado hablar de una crisis de confesores. ¿A qué se refería?

No es una frase mía, sino una afirmación que vienen haciendo los Romanos Pontífices desde Pablo VI a Benedicto XVI. También en este aspecto la experiencia lo confirma. Conozco innumerables casos en los que la administración del sacramento de la Reconciliación en su forma ordinaria ha recibido un gran impulso, por el simple hecho de disponer en las iglesias de confesores con horarios claros y en momentos favorables para los fieles…

El ejemplo del Cura de Ars es elocuente. Un sacerdote con cura de almas no se queda tranquilo si no dedica todo el tiempo necesario a este ministerio, si no ama el confesonario y no espera en esa sede a las almas…

P.- La Escritura dice que el hermano ayudado por otro es como una “ciudad amurallada”. San Josemaría Escrivá de Balaguer, el Fundador del Opus Dei, solía utilizar esa expresión. ¿Podría hablar de fraternidad entre los sacerdotes, y de unión de cada uno con el obispo?

Debemos partir del hecho de que todos somos débiles. San Josemaría ilustraba el sentido de la fraternidad sacerdotal —y, más en general, de la fraternidad cristiana—con una imagen tomada de la vida corriente. Todos recordamos los castillos de naipes que quizá levantábamos en nuestra infancia. El Fundador del Opus Dei señalaba que los cristianos, apoyándonos unos a otros por la caridad, estamos en condiciones de levantar esos castillos. “Vuestra mutua flaqueza —escribía— es también apoyo que os sostiene derechos en el cumplimiento del deber si vivís vuestra fraternidad bendita: como mutuamente se sostienen, apoyándose, los naipes” (Camino, 462)…

…Por otra parte, es muy importante la unión con el propio Obispo; una unión que no ha de ser sólo de subordinación jerárquica, no sólo efectiva, sino también afectiva…

P.- ¿Cómo hacer para despertar nuevas y abundantes vocaciones sacerdotales?

Lo primero, como siempre, es rezar al Dueño de la mies. Pero rezar de verdad, sin cansarse, todos los días, explicando a los demás fieles de la Iglesia que a todos compete el deber de promover vocaciones para el sacerdocio. Luego, al mismo tiempo, examinar qué acciones concretas se pueden emprender, para descubrir y fomentar la llamada de Dios entre los jóvenes…

Bastantes sacerdotes saben por experiencia personal que es muy eficaz dedicar una atención especial a los monaguillos y a otros muchachos que colaboran en las parroquias, transmitiéndoles detalles de piedad eucarística, enseñándoles a rezar, a servir a los demás, etc. Lo mismo cabe decir de los profesores de religión, que pueden descubrir, entre los alumnos, aquellos que manifiestan las cualidades humanas convenientes para que el Señor siembre en ellos la vocación sacerdotal…

P.- Usted preside la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que está intrínsecamente unida a la Prelatura del Opus Dei. ¿Cómo trabaja esta asociación de sacerdotes?

Favoreciendo en todo momento la plena comunión de cada uno con el Obispo y con el presbiterio de la Diócesis. Los socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz procuran vivir el espíritu del Opus Dei, y así buscar la propia santificación en el ejercicio de su ministerio y en el ámbito secular propio de su vocación…

P.- Ante algunas tristes noticias recientes, hay quienes inciden de nuevo en cuestionar el celibato. Con todo, esta puede ser una buena ocasión para volver a exponer los motivos en que se basa el celibato sacerdotal, y los frutos que se esperan de él.

Existen estudios científicos serios —también algunos realizados por especialistas no católicos—, que demuestran que la disciplina sobre el celibato sacerdotal nada tiene que ver con esos lamentables casos que tanto se han aireado. Más aún, cuando se vive como lo que es —un don divino—, por amor a Dios y a todos los hombres (aunque en ocasiones haya que luchar para conservarlo fielmente), el celibato sitúa al sacerdote en las antípodas de esos comportamientos aberrantes…

P.- Una vez que concluya el Año sacerdotal, ¿qué debe permanecer de esta celebración?

En los sacerdotes, una profunda renovación personal, caracterizada por concretas y diarias conversiones interiores, encaminadas a vivir con una fidelidad más acendrada el ministerio, un amor más grande y diario a la celebración de la Eucaristía y a la administración del Sacramento de la penitencia. Y en los demás fieles, la toma de conciencia —no con solas palabras, sino con hechos— de que todos somos Iglesia. El futuro depende también de ellos: de cómo cumplen sus deberes cristianos; de cómo rezan por el Papa, por los Obispos y por los sacerdotes; de cómo educan a sus hijos; de cómo ejercitan su alma sacerdotal también en el trabajo, en el descanso; de cómo piden al Señor que envíe a su Viña muchos y santos trabajadores.

Los sacerdotes agradecemos todas las ayudas que nos puedan prestar almas experimentadas y santas. Sin duda Mons. Echevarría tiene en su haber una experiencia dilatada de tratar a sacerdotes santos, con los que convivió, y de formar a tantos que han llegado y siguen llegando al sacerdocio. Todos los hombres de Dios coinciden en lo fundamental: es imprescindible la vida de oración, la formación, la celebración y recepción de los sacramentos con toda dignidad, la fidelidad a la palabra dada a Dios y a la Iglesia… Esa es la tarea, que intentamos afrontar cada día con la ayuda de Dios y de los hermanos.

Se puede leer la entrevista completa en:

http:// sacerdotesyseminaristas.org/index.php

www.youtube.com/watch

Juan García Inza

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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