Milagro en Lourdes

Testimonios de peregrinos al santuario francés

16/06/2010 | Rosa Cuervas-Mons

Las damas hospitalarias atienden a los enfermos durante todo el viaje.

Acaban de llegar y ya están preparando el siguiente viaje. Los miembros de la Hospitalidad de Lourdes en Madrid peregrinan dos veces al año -mayo y octubre- hasta el santuario en el que la Virgen se apareció, hace más de siglo y medio, a la pequeña Bernadette.

Sus estancias en el pueblo francés son, como ellos mismos dicen, “especiales”, porque hasta allí marchan siempre acompañados de enfermos. En total, una media de 1.000 peregrinos por viaje entre voluntarios -”hospitalarios”-, peregrinos sanos y peregrinos enfermos. Mil almas que parten con inquietudes muy diferentes y que encuentran, casi siempre, algo más de lo que esperaban.

“El primer año que mi hija me acompañó me dijo: ‘Papá, creo que Lourdes es un trocito de cielo en la tierra’, y pienso, realmente, que es la mejor definición de lo que vivimos allí”, explica a ALBA el doctor Francisco Xavier Santos, jefe del equipo médico de la Hospitalidad.

Un acto de egoísmo

Para quien se asome desde fuera a este viaje especial que es Lourdes, puede parecer extraño hablar de cielo en un mundo de pacientes oncológicos, enfermos de sida, discapacitados, niños atados a una silla de ruedas y vidas difíciles. Y sin embargo, eso es lo que encuentran muchos -casi todos- los que van allí. “Ir de voluntario no es un acto de entrega, es un acto de egoísmo porque quien más recibe es el que comparte su tiempo con los enfermos”, explica el doctor Santos. Más testimonios: “En Lourdes se ve el dolor, pero siempre hay una sonrisa, una mano amiga que consuela. Nunca me he sentido más feliz que allí”, decía Fernando Pardo, camillero del grupo 11 fallecido a los 65 años.

Y Manuel Díaz Roldán, primero peregrino y después camillero, encontró en Lourdes la esperanza que buscaba en los momentos de desaliento en su vida. Durante cinco días los cientos de peregrinos que viajan al pueblo francés con la Hospitalidad de Madrid viven una experiencia de fe, comparten buenos y malos ratos y crean vínculos muy fuertes que duran todo el año.
“Muchos de los enfermos proceden de residencias o centros de acogida y los hospitalarios los visitan a lo largo del año y mantienen el contacto”, cuenta Santos, para quien el primer y mayor milagro es volver de Lourdes sin ningún percance. “En un grupo de 900 personas, con enfermos de todo tipo, el mayor milagro es volver todos. La mayoría de los que van no pide curarse, sino recibir la fuerza que da Lourdes, y repiten año tras año”, añade.

Él, como jefe del equipo médico, coordina la labor de los profesionales sanitarios (médicos, enfermeros y farmacéuticos) para que los enfermos -que previamente han enviado una ficha con sus necesidades especiales- estén siempre bien atendidos.

* Reportaje íntegro en el número 281 del semanario, desde el 11 de junio en los quioscos.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: