El ocaso de una estrella del cine erótico

Colaboro regularmente en algunos programas de Radio María, en un horario que precisamente prime time no es: el domingo a las 11:00 AM.

No voy a engañaros, más de una vez he tenido dudas siquiera de que hubiese oyentes. Como casi siempre ocurre con los voluntariados, el gran beneficiado es uno mismo. Al final del programa quedan muchas llamadas por atender, los datos de audiencia son increíblemente buenos, el tiempo dedicado a preparar los temas da fruto, y como voy de relleno con gente listísima, pues, aprendo un montón. Pero por si la propia experiencia no fuese determinante, el director de RM nos hace llegar, de vez en cuando, historietas de la Radio.

Llevo pensando —y rezando— varios días el último correo de don Esteban: la historia de Laura Antonelli. Mito erótico del cine de los 70. Creo que se puede traducir erótico como porno, pero en antiguo. Yo, en los setenta no tenía uso de razón, así que me fiaré de «los expertos».

La semana pasada la opinión pública italiana se sacudía con la petición de auxilio de Lino Banfi en el Corriere della Sera. También actor, amigo de Laura, utilizaba su tribuna para pedir a los poderes públicos que en virtud de una ley de 1895, el gobierno italiano se hiciese cargo de la indigencia de la ex-actriz, que con 69 años sobrevive con 510€ al mes.

Apagados los encantos naturales, la Antonelli intentó sustituirlos por los artificiales de una cirugía estética que terminó por desfigurarle el rostro. La puntilla se la dio una condena por tráfico de cocaína, que tras diez años de apelaciones fue desestimada. Me vino a la cabeza el extraordinario paralelismo con la trayectoria de Mickey Rourke.

Desaparecida del mapa, escondida de los medios y de los pocos amigos; Lino Banfi consigue presentarse en su casa y el panorama es desolador. Quiere quitar hierro con una broma «sí, yo también he engordado». El actor dice que «se le encogió el corazón». Oye ruidos en el fondo de la estancia, y para continuar la conversación le pregunta que qué está viendo:

Hace más de veinte años que no veo la televisión. Sólo escucho Radio María y rezo.

Vive de su exigua pensión, de cáritas y de la parroquia.

Supongo que como gracias a Dios los italianos son así, la historia tendrá un buen final. Pero es inevitable pensar que la ley natural nos protege de nosotros mismos, y que cuando decidimos ignorarla ahí está la Gracia, ya sea de modo extraordinario o a través de pobres instrumentos, como el párroco, o esos voluntarios de Radio María. Al final, una vez más, ahí está la Iglesia, con gratuidad, como una buena madre.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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