Madre Teresa de Calcuta y Garabandal

Actualizado 31 mayo 2010

La Madre Teresa de Calcuta nunca se definió explícitamente sobre la autenticidad de las apariciones, no podía hacerlo porque estaba sometida, como debemos estar todos, a la Autoridad de la Iglesia, pero sí mostró gran interés por este lugar privilegiado, hasta el punto de escribir al Sr. Obispo de Santander, y ofrecer oraciones por todos y cada uno de los sacerdotes de la Diócesis, cosa que el Sr. Obispo agradeció bastante y se lo hizo saber a todos sus sacerdotes. Ofrecemos las cartas de ambos.

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La Madre Teresa, en una carta del 10 de noviembre de 1987 le comunica a Monseñor Don Juan Antonio del Val, Obispo de Santander de 1971 a 1991, lo siguiente:

«Era en 1970, hace 18 años, cuando oí hablar por primera vez de las apariciones de San Sebastián de Garabandal en España.

Algunas veces me parece que hace mucho tiempo y otras que fueron ayer. Desde el principio sentí que los sucesos eran auténticos» .

Madre Teresa tuvo siempre gran interés por las Apariciones de Garabandal, fue amiga personal de las videntes. Humildemente expone al Señor Obispo sus deseos en una carta que dice así.

Excelencia:

Con el deseo de saciar la sed de Jesús en la Cruz por Ud. y por cada uno de sus sacerdotes me agradaría ofrecer, individualmente a cada uno de Uds., la ayuda espiritual de una Hermana nuestra. A través de María la Madre de la Iglesia, esa Hermana ofrecería a Jesús todo lo que ella es y tiene por Ud., o por el sacerdote que recibiere esa adopción como lo hiciera Santa Teresa de Lisieux.

De este modo, el Jesús que agoniza y es flagelado, coronado de espinas o crucificado en sus sacerdotes, podrá encontrar una Verónica que le ayude en su camino hacia el Calvario.

Así le será posible a Jesús lograr un nuevo Pentecostés, no sólo para la Diócesis de Ud. sino para toda la Iglesia.

En consecuencia y como signo de la aceptación de mi ofrecimiento a Ud. envíeme por favor, lo antes posible, los nombres de todos los sacerdotes de su diócesis.

Le ruego tenga presentes a mí y a todas nosotras en sus oraciones y en el Sacrificio Eucarístico.

Dios le bendiga.

M. Teresa, M. C.

Respuesta del Obispo de Santander a la Madre Teresa de Calcuta.

M. Teresa y Hns. Misioneras de la Caridad

Calcuta. India.

Al recibir su carta me recogí ante el Señor en alabanza y acción de gracias.

El ofrecimiento misionero de Ud. y sus Hermanas en «todo lo que son y tiene» por cada uno de los sacerdotes de esta diócesis y por mi, es una gran misericordia del Señor con todos nosotros.

Su alusión de Ud. en este ofrecimiento a Santa Teresa de Lisieux me ha conmovido: es la Santa que más me dice como pobre de Yahvé.

Lo que el Señor ha hecho con Ud. y sus Hermanas Misioneras de la Caridad en la Iglesia, me ha llenado de gratitud ante Dios hace bastantes años, a veces lo he predicado a sacerdotes, religiosos y seglares.

Hace mucho una convicción espiritual me estaba diciendo que algún día llegaría esta comunicación mutua y fraterna entre nosotros.

Al enterarse mis sacerdotes de su carta de Ud. me han comentado no pocos lo que tantas veces le he pedido al Señor; que El nos preparase el camino de una futura fundación en esta diócesis con sus Hermanas Misioneras de la Caridad.

Ante el reto del secularismo, de la desunión y la falta de esperanza que encontramos aquí, en occidente, los que hemos trabajado por el Reino de Dios, su carta ha supuesto para nosotros como una nueva luz y empuje evangélico.

Con nuestra oración Eucarística queda de Ud. y sus Hermanas Misioneras de la Caridad, atentamente en el Señor.

Juan Antonio del Val
Obispo de Santander.

P.D. Acompañan a esta carta los nombres de todos los sacerdotes y religiosos con cargo parroquial en esta Diócesis de Santander. España.



Cripta de la Catedral de Santander

Carta del Obispo Don Juan Antonio del Val dirigida a los sacerdotes de la Diócesis, publicada en el Boletín Oficial del obispado de Santander.

Queridos sacerdotes diocesanos:

Con alegría os presento, a continuación, una carta de la Madre Teresa de Calcuta. Me acaba de escribir con una propuesta de generosidad evangélica con nosotros que me ha llenado de alegría, acción de Gracias a Dios y nueva esperanza para el Año Nuevo.

En el gesto de la Madre Teresa de Calcuta se adivina una predilección del amor de Dios con nosotros los sacerdotes de la Diócesis de Santander.

Me pide los nombres de todos los sacerdotes de la Diócesis para entregar cada uno de esos nombres a otras tantas Misioneras de la Caridad -Instituto de la Madre Teresa de Calcuta-. Cada hermana, a través de Maria la Madre de la Iglesia, ofrecerá a Jesús todo lo que ella es y tiene, por cada uno de nosotros en una adopción misionera, como lo hizo Santa Teresa de Lisieux en otra parte.

Ante este ofrecimiento, queridos hermanos sacerdotes, nos abrimos de nuevo a la conversión para ser hombres de Dios en servicio a los hermanos desde nuestra Iglesia.

Cuando oremos, cuando demos pasos positivos en la comunión eclesial entre todos nosotros, cuando participemos en las reuniones de arciprestazgo y sector, cuando hagamos los retiros o ejercicios espirituales, cuando participemos en la formación permanente diocesana y, sobre todo, cuando seamos pregoneros del Evangelio, ministros de la Eucaristía y perdón, pastores del Pueblo de Dios, cuando suframos y trabajemos por el Reino de Dios, al recordar que una Hermana Misionera de la Caridad desde cualquier parte del mundo está dando al Señor, por cada uno de nosotros, todo lo que es y tiene en su servicio «a los más pobres de los pobres», la esperanza cristiana brotaría renovada en nosotros los sacerdotes diocesanos, nos abriremos más a la disponibilidad, a la gracia de Dios y a la luz del Espíritu haciendo «algo hermoso para Dios», según expresión frecuente de la Madre Teresa.

La Madre Teresa de Calcuta describió una vez a petición de los periodistas la jornada-tipo de una Misionera de la Caridad. Es bueno recordar esto para saber quienes nos van a ayudar desde ahora en adelante. En síntesis es así:

Empezamos nuestra jornada en Calcuta a las 4:30 de la mañana con la oración, la meditación y la Misa. Nuestra Comunidad está muy unida. Seguidamente, puesto que cada una de nosotras no dispone más que de un par de saris, uno de ellos tiene que lavarse cada día para recambio. A las 7:30 algunas de las Hermanas salen al «hogar del moribundo abandonado». Otras van a los dispensarios y hogares para leprosos. Otras van a trabajar en la cocina, para preparar nuestra comida y la de los pobres. Otras van a visitar a familias necesitadas y con enfermos. Otras a enseñar el catecismo. Y así sucesivamente, es decir, se esparcen por toda la ciudad.

Las hermanas se desparraman por toda la ciudad Rosario en mano. Tal es nuestro hábito de rezarlo: mientras caminamos por las calles. Nunca nos acercamos a la gente sin rezar. El Rosario ha constituido y constituye una fuerza y protección.

Después de la comida del mediodía tenemos examen de conciencia, rezamos el Oficio Divino y el Vía crucis.

Seguidamente todas las Hermanas tienen media hora de siesta porque hasta entonces todas han permanecido de pié. Hacia las dos de la tarde tenemos media hora de lectura espiritual, luego tomamos una taza de té. A las tres las Hermanas profesas salen de nuevo. De 6:15 a 6:30 todas están de vuelta otra vez.

De 6:30 a 7:30 tenemos la adoración al Santísimo Sacramento expuesto.

A las 7:30 cenamos. Tras la cena, durante 20 minutos, nos dedicamos a preparar el trabajo para el día siguiente. De 8:30 a 9 tenemos recreo. Todo el mundo habla entonces en alta voz porque todo el día hemos estado trabajando.

A las 9 tenemos la oración de la noche y preparamos la meditación para la mañana siguiente.

Todas las semanas tenemos un día de retiro.

Por esto doy gracias a Dios en nombre de todos, porque este gesto de la Madre Teresa de Calcuta con nosotros es un buen regalo de Año Nuevo que comienza, y nos expresa ya la fuente de esperanza y de renovación que esto va a traer a nuestra Iglesia diocesana.

Vuestro Obispo con saludos de Año Nuevo.

Juan Antonio del Val
Obispo de Santander.

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Vemos que en estas cartas no se definen sobre la autenticidad de las apariciones, como no podían hacerlo al estar sometidos al criterio de la Iglesia sobre el asunto. En próximo capítulo publicaremos la definición de la Jerarquía sobre los fenómenos “sobrenaturales” de Garabandal, y nuestro criterio sobre tema tan delicado.

Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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