Las irregularidades de la píldora postcoital

Las irregularidades de la píldora postcoital: el Instituto Efrat las analiza


Las definiciones de ‘aborto’, los riesgos para la salud, el negocio económico creado y la objeción de conciencia son los temas tratados en este informe basado en evidencias documentales

La ‘anticoncepción de emergencia’ produce y multiplica los abortos a una escala jamás vista”. Esta afirmación es también una de las conclusiones del estudio La píldora del día siguiente, a examen, elaborado por el Instituto Efrat y que firma su director, David del Fresno.

Asimismo, el estudio recoge afirmaciones de los medios de comunicación próximos al Gobierno que afirman que “esta píldora evitaría hasta el 50% de los abortos”. Sin embargo, estas consideraciones son contrarias a aquellas que aportan datos científicos que afirman que “en el 75% de los casos la píldora ha evitado el embarazo por un mecanismo anti implantatorio, por tanto, abortivo”.

La píldora del día después: un fracaso

Las pastillas Anticonceptivas de Emergencia (PAE) o Anticonceptivos orales de Emergencia (AOE) comenzaron a usarse –según recuerda Efrat- en la década de los sesenta. Su objetivo era el de evitar los embarazos no deseados y los abortos quirúrgicos.

Casi cuarenta años después, en 1999, el Comité de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Medicamentos Especiales incorporó la píldora del día después (PDD) en su lista de ‘medicamentos especiales’ como un medicamento que “sirve para satisfacer las necesidades de atención de la salud de la mayoría de la población”.

Desde hace varios años, siguiendo con las indicaciones de la OMS, en España se dispensan gratuitamente la PDD en los centros de salud. Y la historia constata que ese hecho no ha servido para disminuir las tasas de aborto: “ningún dato estadístico ha permitido concluir que la difusión masiva de la PDD disminuya en modo alguno las tasas de embarazos imprevistos, ni los abortos”, según el estudio.

Riesgos para la salud escondidos

La libre difusión de la PDD supone un grave error sanitario, según el informe del Instituto Efrat. Por un lado, la libre ingesta de las píldoras “no exige controles clínicos previos ni posteriores”. Y por otro lado, ante posibles problemas de salud que pueda ocasionar y que den como resultado un desenlace fatal, “la disposición administrativa hará recaer sobre la consumidora toda la responsabilidad ante cualquiera de las consecuencias derivadas de su ingesta”.

En esta línea, el programa ‘La quinta columna’, de Radio Intercontinental se manifestaba: “¿es coherente querer prohibir el acceso al alcohol y al tabaco a una niña de 15 años, en aras de proteger su salud y, paralelamente, darle toda la facilidad para ingerir un cóctel hormonal en cuyo prospecto los fabricantes indican que no están suficientemente comprobados sus efectos secundarios en menores de edad?”. Además, la emisora recordaba la advertencia “mantener alejado de los niños” como otro ejemplo de incoherencia.

Sin embargo, prosigue el estudio, los promotores de la PDD minimizan los riesgos con declaraciones como: “el uso de PAE no requiere examen médico previo. Las mujeres pueden determinar su necesidad de uso de PAE y administrárselas a sí mismas sin riesgo”.

Los científicos responden a estas declaraciones aclarando que: “en la práctica del consentimiento informado es imprescindible comentar con el paciente aquellos riesgos o efectos secundarios que aun siendo poco frecuentes, pueden ser importantes para él”.

Además, Efrat reproduce las declaraciones de la doctora Theresa Menart del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital Huber Heights de Ohio que sostiene que “los efectos secundarios más comunes son las nauseas, con un 50% de las casos, y los vómitos, que ocurren en un 25% de los casos”. Otros efectos secundarios –según la doctora- incluyen “el dolor de cabeza, la inflamación de senos, la fatiga, el dolor abdominal y el vértigo”.

Objetivos del Milenio: ¿acabar con la humanidad?

La OMS ha señalado en varias ocasiones que para llevar a cabo la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM): “quienes elaboran las políticas y planifican los programas de salud deberán desarrollar estrategias para ofrecer a la gente joven información y educación sobre salud sexual reproductiva y sobre la disponibilidad de servicios de anticoncepción y aborto”.

El informe alerta de “una embestida internacional orquestada desde la Organización de Naciones Unidas (ONU) contra la vida y la familia, promovida por la Organización Mundial de la Salud y financiada por los gobiernos en el caso de los países ricos y por el Banco Mundial en el caso de los países pobres.

Un negocio fructífero

La PDD se vende en las farmacias y puede ser adquirida sin receta médica por 20€. Lo que no se ha comentado, según Efrat, es que el Ministerio de Sanidad las compra al por mayor por 1€. El contraste se encuentra en que, según el ‘International Drug Price Indicator Guide’ de 2006, el precio de la pastilla es de diez céntimos de dólar.

Los datos que aporta el documento revelan que se trata de un negocio productivo que perjudica siempre a la misma víctima: la mujer. “La mujer pierde su dignidad, se perjudica su salud, pierde su dinero y en ocasiones, puede perder hasta su vida”, constata el texto.

¿Cuándo nace la esencia de ser humano?

La OMS señala que “desde el punto de vista médico, se considera que una mujer está embarazada cuando un óvulo fecundado se implanta en las paredes del útero y sólo entonces puede desarrollarse como feto”. Sin embargo, autores como David del Fresno, presidente del Instituto Efrat, califican de “estupidez” las afirmaciones de la OMS denunciando que “la esencia del ser humano no depende del lugar donde éste se encuentre, ni del volumen que ocupe”.

Los fabricantes de la PDD afirman que el mecanismo de acción de la píldora es triple: “inhibe la ovulación si ésta todavía no se ha producido”, impide “la fusión de óvulo y espermatozoide si la ovulación se ha producido” y, por último, “impide la implantación en el útero si la concepción se ha producido”.

Según datos de trabajos científicos que analizan el tema, la píldora actúa de anticonceptiva entre el 20 y el 30% de los casos, mientras que actúa de abortifaciente de la esencia de ser humano, es decir, “de la vida” en más del 75% de las veces.

La objeción de conciencia como deber moral

El anuncio, hace años, de la inclusión de las píldoras postcoitales en el servicio público sanitario español provocó el rechazo de asociaciones de farmacéuticos que reivindicaron su derecho a la objeción de conciencia para no venderla. El consejero de Salud de la Junta de Andalucía, Francisco Vallejo, amenazó con sanciones máximas a las farmacias que se negasen a vender la píldora.

Por el contrario, Efrat señala que para los profesionales católicos, sin embargo, la objeción de conciencia es un deber moral. Su Santidad Juan Pablo II afirmó en la encíclica Evangelium vitae: “el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley puede legitimar […] el rechazo a participar en la ejecución de una injusticia no sólo es un deber moral, sino también un derecho humano fundamental”.

En conclusión, según el estudio del Instituto Efrat, la PDD “no nos ha aportado unos resultados favorables durante sus años de existencia”. Los datos científicos son negativos en referencia a la disminución de los abortos y tampoco parecen brindar la esperanza de un futuro mejor, según revelan los datos que aparecen en el documento. El estudio sospecha que la venta de la PDD constituya un negocio de la industria pro abortista, lo cierto es que las tasas de abortos van en incremento.

La realidad que describe Efrat sugiere que el Gobierno socialista ha facilitado el acceso a estos medicamentos sin receta médica previa ni controles sanitarios. Adolescentes y mujeres toman las píldoras a modo de anticonceptivo sin saber sus efectos secundarios y con la posibilidad de estar perdiendo el que sería su hijo. Los debates científicos se enfrentan a los ideológicos en un marco, el de las píldoras postcoitales, que tras haber analizado las irregularidades no parece tener una clara solución.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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