Una monja que lucha sin descanso contra la explotación sexual

La religiosa italiana eugenia bonetti es una de las mayores expertas planetarias

«Esta es la esclavitud del siglo XXI», asegura

30/08/2009 | J. M. Ballester Esquivias. Roma

Tras haber pasado casi un cuarto de siglo en Kenia, sor Eugenia, Misionera bonettide la Consolación, coordina desde el año 2000 la oficina de lucha contra la explotación sexual de la Unione Superiori dei Maggiori d’Italia (USMI), el organismo que congrega a 628 congregaciones femeninas. 77 de ellas operan en contra de la explotación sexual de la mujer y gestionan 8 unidades a pie de calle, una casa de menores en dificultad por explotación, 73 casas de acogida, 40 casas que acogen a mujeres con niños, 50 para mujeres en dificultad y 41 casas dedicadas exclusivamente a las víctimas de la explotación sexual. Esto es lo que coordina sor Bonetti. “Para nosotras las religiosas, nuestra fuerza es crear redes y sinergias”, comenta. Ciñéndose a este guión, también se relaciona con las diversas instituciones civiles.

Drama con pingües beneficios

Sin embargo, la entrevista se orienta, en primer lugar, hacia la vertiente internacional de la explotación sexual. Que sor Eugenia es consultora de Naciones Unidas. “Es la esclavitud del siglo XXI”, según esta monja de voz dulce pero firme. Las estadísticas que avanza son espeluznantes. “Cada año son desplazados de una parte a otra del planeta 2.700.000 personas. El 80% son mujeres y niños”. ¿Se trata solo de un tráfico de finalidad exclusivamente sexual? “No. El tráfico de personas implica a varios actores: el trabajo, las adopciones, el tráfico de órganos, la mendicidad, los niños soldado, personas atrapadas de modo consciente o seudo consciente también se encuentran en mitad de esta trata. Y ya no son personas sino que se convierten en objeto e instrumento de lucro o de placer”.

Obviamente, el dinero que generan unas redes tan espurias aterra. “Según Naciones Unidas -apunta sor Eugenia-, el ‘volumen de negocio’ de este tráfico es de 32 mil millones de dólares al año. El tercero más importante después de las armas y de la droga”. Prosigue: “El fenómeno es planetario pero en los Estados de toda Europa circulan unas 500.000 personas, que son de países de origen, de tránsito o de destino. Por lo tanto, ningún país europeo puede decir que no tiene nada que ver con esto“. Y apunta a España. “Es un país de tránsito. Muchas nigerianas cruzan Marruecos, pasan por España y luego van a Italia”.

Sor Eugenia pasa analizar el drama desde la perspectiva de los que lo sufren. Y es tan espeluznante o más que las estadísticas globales. “Las prostitutas han de pagar el ‘alquiler’ del metro cuadrado que ocupan en la calle. Por ejemplo, una nigeriana para terminar de pagar su metro, que ha contratado sin saberlo, debe prestar no menos de 4.000 servicios sexuales. Puede tardar un año, dos o más. Todo está bajo control, la organización es trasnacional”.

Del cliente a los Estados

Para sor Eugenia, la actual crisis económica agrava la ya de por sí precaria situación de estas mujeres y acecha el peligro de un aumento de la demanda: “En una situación de pobreza extrema, cada vez más mujeres intentarán escapar de su país de origen. El riesgo no es tanto el aumento de la demanda como la reducción de la paga. Y una chica que tiene que pagar su deuda puede acabar aceptando prestaciones de 10 euros”.

Llegados a este inquietante punto, a uno le invade la curiosidad por saber cuáles son y cómo funcionan los entresijos de tan triste negocio. “Todos los canales están perfectamente identificados”, señala. Empecemos por la base. O sea, por el cliente. “Con su petición, favorece la oferta y al traficante que le provee con una persona. Es el gran problema. Cuando en las organizaciones católicas, impregnadas de valores éticos oímos al cliente decir ‘yo pago’, nos indigna. ¿Pero tú qué pagas? La dignidad de una persona es sagrada y nadie puede venderla ni comprarla. ¿Y pretendes que, porque pagas, una mujer haga lo que tu quieras?” Segundo nivel, el ‘empresario’. “Los hay locales e internacionales. Y muchos traficantes son legales, entre otras cosas por la cantidad de dinero en juego”. Sor Eugenia no se para en barras a la hora de señalar con el dedo: “Hay gente de las administraciones de Inmigración, sin olvidar a las embajadas, a los hoteles, a los taxistas. La corrupción existe a todos los niveles. Es una plaga…”.

¿Y el nivel más alto? “La connivencia que existe entre algunos gobiernos, por los intereses que hay en juego. Recuerdo que al redactar una tesis sobre esta realidad, llegué a descubrirlas y a entenderlas. Sin ir más lejos, las que hay entre los países de origen y de destino en relación con los desechos tóxicos: algunos hacían la vista gorda sobre la extensión de la inmigración clandestina debido a que obtenían un beneficio por enviar residuos tóxicos a los países de destino”. Y eso que, como dice sor Eugenia, existe una agencia internacional contra la trata de humanos, hay un embajador ex officio y una clasificación sobre los países que más luchan-o menos-contra el fenómeno.

Es el turno de hablar de las posibles soluciones. ¿Represión? ¿Educación? Menciona a las “tres p: prevención, persecución y protección, esta última es la reintegración de la víctima. Respecto de la prevención, en primer lugar en las parroquias, en los grupos juveniles y en las escuelas”. A lo largo de la conversación y ya que hemos mencionado la reintegración social de la víctimas, sor Eugenia insiste una y otra vez en la violencia psicológica que padecen. “Es una de las violencias más terribles que existen. En el caso de las nigerianas, procede de los ritos que tienen que ver con la cultura y con la religión, que en África constituyen un todo. Es difícil separarlas y apremian a la víctima de un modo increíble”.

Por eso, es tan importante ayudar a las mujeres a que “recuperen su personalidad. Y eso que es dificilísimo, ¡mamma mía!”, exclama. “No es solo la esclavitud material, también está esclavizada respecto del miedo y de su libertad. No basta con dejar la calle, la chica necesita liberarse en su interior. El método seguido por la red que coordina sor Eugenia consta de dos “acogidas”. La primera es la inmediata. “Una vez que la mujer ha entendido la importancia de su colaboración en su recuperación, se integra en un proyecto donde aprende un idioma o un oficio que desembocará en su propia autonomía, un periodo de formación estable”.

Casos de aborto

Si hay algo a lo que sor Eugenia se ha enfrentado a lo largo de su notable trayectoria es el aborto. Una lacra desgraciadamente muy presente en la explotación sexual. “El aborto nunca es la solución”, afirma tajantemente. “En el caso de las africanas, las ‘madames’ las obligan a abortar para no perder dinero. La presión ejercida sobre ellas hace que no tengan alternativa. Cuando alguna tiene la valentía de huir para salvar a su criatura, es cuando de verdad entendemos lo que significa salvar la vida”. Y añade una precisión muy importante, que desconocemos en Occidente. “Para la mujer africana, el aborto no es solo el matar a una criatura, también es matar a una cultura”.

Inmediatamente pasa a casos que ha presenciado, como el de “aquella chica de 19 años, que estando embarazada de seis meses, seguía ejerciendo en la calle o de aquellas que han dado a luz en el desierto, las acogimos, las ayudamos a tener por lo menos un certificado, inscribimos el nombre de su hijo en el pasaporte, para que al menos pudiera decir ‘este niño es mío’”.
Sin embargo, el caso que más le ha impresionado es el de aquella embarazada que, “pese a su estado, también seguía ejerciendo en la calle, no sabía idiomas y sus chulos intentaron que abortara cuatro veces sin conseguirlo. La última vez sufrió una fuerte hemorragia, fue llevada al hospital, donde la salvaron y nació su hija que pesaba 1,4 kg. Una vez que llegó a la casa de acogida, dijo que no podía tenerla. ‘Ayudadme a volver a casa pero sin la niña. Que esta haga feliz a otra familia’. Y así fue. La dio en adopción. Su drama debió ser tremendo como para que dijera eso. Por lo menos, su hija vive. Yo me dije a mí misma: no puedo infligirle otro trauma, aunque me sigue costando imaginar lo que ha debido vivir para llegar a semejante extremo”.

Antes de concluir, Sor Eugenia da dos recomendaciones. A los que quieren adoptar, “comprobar que los canales de adopción son fiables”. En segundo lugar, anima a los particulares a comprometerse en la lucha contra la explotación sexual, ayudando a las mujeres víctimas. Y especialmente a los hombres porque “la percepción que tienen de la figura masculina es negativa. Y no es así, es positiva”.

-¿Hay motivos para la esperanza?
-”Nunca deben faltar”. Palabra de sor Eugenia Bonetti.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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