En Adoración

en-adoracion-catalina-katia-rivas-ane-eucaristiaEstoy leyendo éste libro de Catalina Rivas mientras me acerco a Jesús en nuestra Capilla de Adoración Perpetua, después de pasar una noche obscura y de retomar poco a poco la oración, el rosario y de haber salido de una cirugía en la que antes de entrar a quirófano recibí por primera vez la extrema unción. Ese día antes de internarme fuí a buscar al sacerdote pero no encontré a ninguno, quizá fué necesario que él llegara hasta la cama del hospital y así otros pudieran darse cuenta de que Cristo aún se pasea con autoridad en medio de nosotros en esos ambientes seculares. ¿Cuanto debía confesar? mucho, pero fue tan rápido el juicio que no me dio tiempo de decir algo y recibí el aceite en la frente y en las manos, luego, cuando el Padre se retiró una paz me acogió, cerré los ojos y una luz violeta me confortó brevemente, tan breve como aquella vez en la comunión el piso sobre el que me arrodillaba cambió a un mar de luz. Son estas la experiencias espirituales que animan a seguir en el camino lleno de trampas, aciertos y desaciertos.

El testimonio de Catalina es exquisito y está disponible para que lo consigan en el A.N.E., pero me permito transcribir algunas líneas de lo que ella vive en la adoración eucarística y algunas de las palabras que le dirige el Señor.

Del Capitulo I, el Trono de Dios

[…]
Al aproximarme a la capilla, vi que habia mas luz de la que usualmente hay y hasta pensé, torpemente, que tal vez habría sido mejor iluminar el lugar con menos luz o con una luz mas difusa. Al entrar vi a un hombre de mediana edad, de rodillas en un reclinatorio frente a la Custodia que contenía la Divina Hostia. La luz que salía del ostentorio bañaba todo el lugar, como si de ella salieran rayos de Luz que se abrían cubriendo todos los lugares de aquel Santo recinto. Me puse de rodillas para saludar al Señor, pero casi enseguida me instruyó que me sentara para contemplar silenciosamente aquello que estaba ocurriendo. Supe que ése sería tambén otro día especial.

Apenas me había arrodillado desapareció el Altar y las paredes que estaban detrás de él, y ante mis ojos se abrió el Cielo, por decirlo de alguna manera, aunque tal vez con lenguaje demasiado terreno. En el lugar del altar había un inmenso trono, no puedo precisar ahora si era dorado o plateado, pero si se que estaba lleno de luz, y en él reposaba la hermosa Custodia. El trono tenía muchisimas incrustaciones, como de piedras preciosas, que se iluminaban y relucían como si tuvieran luz propia, es decir, como si la luz saliera de adentro.

Agaché la cabeza por un instante, y luego fui levantando la vista. Así pude ver que eran tres asientos unidos los que formaban un mismo trono y en cada trono estaba sentado «un Jesús», o sea, el mismo Señor pero en triplicado -si es que puedo emplear ese término, a fin de hacerme entender- pues eran tres personas exactamente iguales.

No había diferencia alguna entre los tres aparte de la vestimenta: Uno llevaba una hermosa túnica color blanco, el otro la tenía toda en dorado y el tercero en color rojo. Es dificil describirlo, pero esos eran los tonos que predominaban en las vestiduras, aunque de las tres emanaban una resplandeciente luz.

Escuche la voz del Señor que me decía: «¿Donde encontrarán ayuda terrena para describirme a Mi, el indescripible? ¿Donde encontrarán su apoyo ahora que son viadores, para escalar a mi Alteza? Nunca nadie ni nada me podrá alcanzar y explicar toda Mi dulce Esencia de Dios Trino y Uno, nadie comprenderá la infinita vida que anima todo Mi Ser.

Eleven su corazón y su mente a lo alto, porque deseo corregir su torpe visión y darles el encanto del fulgente aspecto aun de uno de Nosotros. >¡Oh, lazo glorioso dulce Hijo que dejas al Padre y entregas al Amor a los hombres descarriados que caminan apesadumbrados en la tierra!.

Hijos, criaturas mías, pobres hombres que no pueden ir mas allá, y puesto que nunca terminará su investigación de Mi conocimiento, siempre estarán felices de descubrir infinitos y deslumbrantes aspectos. Vengan al seno de Mi Divinidad y permanezcan como nuestros invitados eternos.

Aprendan mas sobre el Divino Amor y dejen de poner resistencia en ustedes y fuera de ustedes, para que Nuestra Paz Infinita pueda ingresar en sus corazones, y traerles la confirmación de que los quiero Conmigo, y con ello manifestarme a ustedes y darles Mi Amor, darles la vida eterna y la santidad infinita de mi Ser.»

Quedé sobrecogida, porque hasta ahora me es dificil llegar a pensar que fue el Padre, a través del Verbo en el Espíritu Santo, Quien me habló.

A la derecha del trono estaba la Santísima Virgen, Bellisima como nunca, traía las manos unidas en plegaria y en el sereno Rostro muy radiante. Llevaba una diadema con piedras preciosas de distintos colores, que mas parecían luces de colores, como las del trono.

[…]

El libro tiene 12 capítulos y cuenta con el imprimatur de Mons. Cristóbal Bialasik Obispo de Oruro Bolivia, si deseas contribuir adquierelo en el Apostolado de la Nueva Evangelización . Aunque tambíen estan estos documentales en vídeo con su testimonio.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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