Pasotismo televisivo

lunes, 16 de junio de 2008
Javier Arnal


Las Provincias

Suena a contradictorio. Vemos muchas horas de televisión y, a la vez, son constantes las críticas hacia la calidad televisiva. Se puede responder que, gracias a la diversidad de canales, siempre encontramos algún programa, película o reportaje de interés. ¿Se corresponde la audiencia con la calidad, realmente? No creo que semejante pregunta admita una respuesta sencilla.

Para cuantos trabajamos en alguna televisión, resultan molestas e injustasAlmudi.org - Javier Arnal afirmaciones descalificadoras para el conjunto de nuestro trabajo. Se nos tilda de sensacionalistas, morbosos, superficiales e insolidarios ante sufrimientos o carencias de personas o sectores desfavorecidos.

No seré yo quien diga que todo lo hacemos bien o que no es mejorable. Ningún profesional, de ningún ámbito, puede decirlo. Pero de ahí a una descalificación genérica y casi sistemática, hay un largo trecho que en más de una ocasión he criticado.

Los profesionales de la televisión somos responsables, por supuesto. Pero también, y sobre todo, los ciudadanos, que no se pueden limitar a quejarse, porque con sus impuestos se financian las televisiones públicas o con su audiencia alimentan todo tipo de televisiones. Si tan cierta es la influencia de la televisión en la actual cultura, no es lógico el pasotismo televisivo que observamos, en no pocas empresas anunciantes y en muchos ciudadanos.

La participación ciudadana respecto a la calidad de los contenidos televisivos es una asignatura pendiente. Cuando había menos televisiones, había más participación de los telespectadores: por la novedad e importancia de cada canal existente y porque había pocos canales. Ahora nos encontramos con cientos de canales, y probablemente se genera una actitud de saturación y desbordamiento en el espectador, que ejercita su derecho a la crítica simplemente cambiando de programa. En ese sentido, se puede decir que el mando a distancia es el cauce de participación ciudadana en los contenidos televisivos.

Pero en España ha sucedido algo que puede marcar un cambio. Me refiero a la decisión de Heineken, la famosa marca de cerveza, de retirar su anuncio en la franja de emisión del programa «Salvados…» de La Sexta, por los capítulos dedicados a la Iglesia católica. Es muy interesante cómo ha surgido: las protestas de los espectadores las ha impulsado y coordinado la página web www.hazteoir.org. Es una demostración de que las nuevas tecnologías pueden y deber servir para participar de verdad mucho más en los medios de comunicación, superando la fase actual de saturación o desdén: como hay tantas cadenas, se acaba por aceptar el «todo vale» o por ver normal lo que no lo es.

Esta conocida marca de cerveza toma esta medida por primera vez en España, y ha reconocido -en un gesto que le honra- que no le cuesta nada pedir perdón a los clientes, porque ha recibido multitud de e-mails de católicos que se han considerado ofendidos por esos programas, y que «no se trata de un castigo, sino de un aviso acorde con la política social corporativa de nuestra compañía». De hecho, no retira la publicidad, sino que la cambia de franja horaria.

Nos tenemos la televisión que merecemos, así de sencillo. Los profesionales queremos hacerlo mejor, recibir críticas, ser plurales sin ofender. Las televisiones son empresas, empresas de comunicación, y por tanto las mantienen la publicidad y la audiencia. Con una mayor responsabilidad corporativa de las empresas anunciantes -que también se juega sus ventas si apoya programas que son considerados ofensivos- y de los espectadores, todos ganaríamos mucho. Seguro que Jordi Évole, «El follonero», que presenta el programa «Salvados por…», coincide conmigo más de lo que parece, y que en La Sexta habrán tomado nota, así como todas las televisiones y tal vez organizaciones ciudadanas y anunciantes.

Si el que paga manda, la publicidad puede mandar mucho más en valores y contenidos humanos. Hasta le interesa. Esta decisión de Heineken es un motivo de reflexión para quienes piensan que el mundo actual globalizado impide cambiar u orientar casi nada, porque lo determinan poderosos grupos económicos. Tal vez se demuestra que tenemos más medios que antes para participar en la opinión pública, a la vez que ha aumentado el pasotismo. Sencillamente, es una gran noticia.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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