La Theotokos

Por Carmen Pérez Rodríguez

Dicen que cuando se quiere conocer la especie particular de un árbol se mira la tierra que cobija sus raíces, de la que asciende la savia hasta el tronco, las ramas, la flores y los frutos. Pues ,celebramos una fiesta preciosa, la fiesta del suelo de donde surge la figura del Señor: María, la Madre. El concilio de Efeso, convocado por el Papa S. Celestino y presidido por el Patriarca Cirilo de Alejandría, proclamó
la maternidad divina de María, la Theotokos. Efeso proclama que la naturaleza humana y divina de Cristo están unidas sin confusión y por lo tanto María es verdaderamente Madre de Dios, año 431. El argumento de S. Cirilo es nítido: María es la Theotokos, no porque ella existiese antes de Dios o hubiese creado a Dios.Dios es eterno y Maria es una criatura de Dios. Pero Dios quiso nacer de una mujer. La persona que nace de María es divina, por lo tanto ella es madre de Dios. María es la Theotokos, theos, Dios y tokos, madre, la que engendra, la que da a luz (de ahí la palabra tocologo) ¿Dónde está la dificultad para Dios de crear lo que creo y de hacer lo que hizo y
lo que hace? Es bastante irracional dudar de que Dios pueda hacerlo ¿En qué Dios se cree o qué Dios se niega? ¿El Dios soberano no pudo hacer algo así? Cierto, todo lo que Dios ha creado, y lo que El ha querido revelarnos. Sólo Dios puedo hacerlo. Pero eso lo que realmente tiene que hacer es aumentar más y más nuestra admiración y amor.

Theotokos es también un tipo iconográfico de la Virgen en el arte bizantino. Aparece María sentada en un trono con el Niño Jesús en su regazo, mirando ambos de frente. En este modelo iconográfico se basa otro característico del arte románico: La Los cristianos del siglo III, en Egipto, son los que empiezan a llamar a la Bella María como Teotokos, Madre de Dios. Hay una de las más antiguas plegarias de la Bella María, para muchos es la más antigua de las plegarias, de gran significado que quizá muchos conocemos: Bajo tu amparo nos acogemos santa Madre de Dios, no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien líbranos siempre de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita. Este título, dice Juan Pablo II, no es fruto de la reflexión de los teólogos sino de una intuición de la fe del pueblo cristiano. Los que reconocen a Jesús como Dios, se dirigen a María como Madre de Dios, y esperan obtener su poderosa ayuda en las pruebas de la vida. Theotokos es también un tipo iconográfico de la Virgen en el arte bizantino, en el que aparece sentada en un trono con el Niño Jesús en su regazo, mirando ambos al frente. Hay una muy conocida que seguro la han visto se llama la Theotokos de Vladimir, y también la se S. Teodoro. En este modelo iconográfico se basa otro muy propio del arte románico: la Majestad de María. ¡Qué bonita manera de empezar el año tenemos los católicos¡ El día 1 de enero, fiesta de María, la Madre, en la mayor de sus grandezas, en la máxima grandeza a que ha podido ser elevada una mujer: en su Divina Maternidad. Es la fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente. Ya en las catacumbas, que están cavadas debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Eucaristía, en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este nombre: María, Madre de Dios.

No se si conocían este dato. Tolkien, el autor del El Señor de los Anillos, afirma en una carta que la influencia más grande que ha tenido en su vida y en sus escritos es de la Virgen María. Este hombre, asumía frente al que quisiera escucharlo que Nuestra Señora era el motor de su arte. Y en otra carta dice que sobre Nuestra Señor se funda toda su escasa percepción de la belleza, tanto en majestad como en simplicidad. Claro que María es modelo estético del ser humano: su sí inaugura la era cristiana. Esa muchacha judía en un pequeño y pobre poblado, en oración es la mayor obra de arte porque se abre al Amor, a la Vida, a la Verdad. Esa mucha judía es la Theotokos, la Madre de Dios, la Madre ya para siempre por excelencia. Dicen que Galadriel, la princesa élfica, en el Señor de los anillos, recuerda a la Virgen María, es la pureza, la gracia, la humildad, el valor sereno.

El destino de María, la Madre, se modeló sobre el de su Hijo. Toda la vida de Jesús está sumergida en la maternal proximidad de su madre. Su fuerza estriba en su silencio. La Theotokos, el amor de Dios hace cosas así.

 

El Belén, arte y devoción

Belen de San Sebastian de los Reyes

Belén de San Sebastián de los Reyes

Ramón y Lourdes, con uno de sus hijosOs invitamos a ver nuestro Belén

Ramón y Lourdes explican en varios videos el Belén que han hecho, junto con otros matrimonios de la Asociación de Belenistas, en la localidad de San Sebastián de los Reyes.

 

 

 

 

Este Belén está considerado como uno de los más artísticos y hermosos de España.

Para ver los vídeos:

José Mar�a Mar�n Fernández-DiezUn acontecimiento único

Sin duda el Belén que ponemos en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestras calles, representa un acontecimiento único que nunca seremos capaces de comprender del todo: Dios entra en la historia, Dios se hace hombre.

Dios comparte nuestros quehaceres, nuestras debilidades, nuestras ilusiones, nuestros amores. Así se nos enseña que vivir cerca de Dios es vivir en plenitud.

Esta es la gran noticia que traen los ángeles:¡ Vivir cerca de Dios es vivir con toda la dignidad posible del hombre, vivir como hijo de Dios!

De este modo quitar -o pretender quitar- a Dios de nuestra vida, de nuestra sociedad, de las familias, de las escuelas, es destruir al hombre.

¡Cuánta alegría la de la Navidad! ¡Dios no te deja! ¡Sale a tu encuentro! ¡Se hace niño para estar contigo!

Déjale que entre en tu vida, porque cuanto más esté Dios en tu vida, en tu hogar y en tu ciudad, habrá más plenitud, más alegría.

José Mª Marín Fernández-Díez

¿Qué es el Belén?

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Por Mauro Piazenza, Presidente de la Pontifica Comisión de Arqueología Sagrada del Vaticano

A partir del siglo IV la Natividad se convirtió en uno de los temas más frecuentemente representados en el arte religioso, como demuestran el precioso díptico de marfil y piedras preciosas del siglo V guardado en la Catedral de Milán, los mosaicos de la Capilla Palaciega de Palermo, el Baptisterio de Venecia y las Basílicas de Santa Maria La Mayor y de Santa Maria en Trastevere en Roma.

El belén como nosotros lo concebimos tuvo origen, según la tradición, en el deseo de San Francisco de hacer revivir el nacimiento de Belén, ante todo en el corazón de los hombres, implicando a la gente del pueblo reunida en Greccio (Rieti) la noche de Navidad del 1223, (Tommaso de Celan, Leyenda segunda).

El episodio fue pintado por Giotto en un fresco de la Basílica Superior de Asís.

El primer ejemplo de belén inanimado que nos ha llegado e sin embargo, el de Arnolfo de Cambio tallado en madera en el 1280 y del que hoy se conservan algunas estatuas en la cripta de la Capilla Sixtina en Santa Maria La Mayor en Roma

Desde entonces y hasta mediados de 1400 los artistas preparaban pesebres para colocar dentro de las iglesias, modelando estatuas de madera o terracota, colocadas ante un fondo pintado.

A partir del siglo XIX el belén ha conocido una verdadera difusión a nivel popular, que dura hasta nuestros días. Aunque en los años 60 y 70 del siglo que acaba de pasar sufrió la «competencia» con el árbol de Navidad, no existe casi ninguna familia, especialmente si hay niños, en la que no se realice más o menos reducido.

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Pero ¿conserva el belén todavía hoy un mensaje actual? Pensamos que si. Desde que los evangelistas lo «pintaron» en sus narraciones, la escena de la Natividad se ha vivido como el lugar dónde toda la humanidad se recoge en adoración a su Salvador, sin miedo a ser rechazados: judíos y paganos, pobres y potentes, justos y pecadores, ciudadanos y extranjeros.

Ante el belén ningún hombre se siente mal, porque sabe que es acogido, así como es, por Dios que se ha hecho Niño para compartir con cada uno de nosotros las alegrías y los sufrimientos, los éxitos, las fatigas y las incomprensiones de la vida.

Sólo quién sólo busca su propio interés puede pensar que recibirá algún daño: para Herodes y para los otros como él, Jesús ya es «signo de contradicción».

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El belén es ciertamente un signo cristiano, pero es un signo que todos pueden entender y que no puede ofender de ningún modo la sensibilidad de nadie.

Se deberían valorar más los signos porque son llamadas saludables a las mismas raíces, a la propia identidad y constituyen igualmente ocasiones pacíficas de reflexión para todos, cercanos y lejanos.

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De esas cosas sencillas del belén, de esas casitas, de esos papeles-roca, de esas estatuillas, de los ángeles de la Gloria encima del portal, de los ingenuos cielos adornados de estrellas y de esa estrella emana el sentido del mirar extático y adorante y un sentido de alegría profunda, intensa y toda interior: es la alegría de haber sido alcanzados por la verdad, que nos concede poder vivir con dignidad; de haber sido alcanzados por la gracia, que siempre vence nuestro mismo pecado.

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¿Cómo usar rectamente Internet?


– El uso de Internet constituye para muchas personas un instrumento habitual de trabajo. ¿Qué reflexiones de carácter moral plantea su uso?

– Depende de las diversas circunstancias. Pensemos por ejemplo en una persona de actitud moral recta que usa Internet para su trabajo o para su estudio, y que no busca contenidos inconvenientes ni pasa el tiempo «navegando» sin rumbo fijo. Si trabaja en un sistema (universidad, empresa, colegio, etc.) protegido por un proxy y un filtro (tipo Optenet, por ejemplo), el uso de Internet no debería ocasionarle ningún proble­ma moral.

Si en cambio trabaja sin protección alguna (sin proxy o sin filtro), se encontrará de vez en cuando con contenidos muy negativos (pornográficos). Es inevitable, porque los que promueven las páginas con graves inconvenientes usan muchos sistemas para que la gente acabe entrando, sin desearlo. Según las informaciones que me han proporcionado expertos en informática, utilizan diversos procedimientos.

Uno de ellos es registrar los errores más frecuentes que suelen producirse al teclear el nombre de una página muy frecuentada (por ejemplo, de un periódico, de un motor de búsqueda, etc.), de forma que al teclear la dirección equivocada se entra directamente en una página pornográfica.

Otras veces incluyen anuncios publicitarios en otras páginas, que llevan a los contenidos inmorales. También introducen en las partes más profundas del sistema operativo del ordenador programas ocultos (adware, spyware), que se reduplican continuamente, y que llevan a los contenidos negativos. Hay en fin otros procedimientos que sería complicado e innecesario explicar aquí.

Atendiendo a lo que sucede generalmente, y teniendo en cuenta la natural debilidad humana, presente también en las personas de recta orientación moral, si varias o muchas veces aparecen en la pantalla contenidos fuertemente pornográficos, alguna vez se caerá, y es fácil que si no se pone remedio eficazmente se repita la caída y se cree incluso una adicción.

Por eso existen motivos serios para afirmar en términos generales, sin prejuzgar la actitud moral del usuario, que quien trabaja con Internet habitualmente sin protección alguna, sobre todo si se trabaja durante muchas horas, se encontrará varias o muchas veces en una ocasión próxima de pecado grave, que hay grave obligación moral de evitar. Por eso se puede concluir que, para quien trabaja en esas condiciones, existe el deber moral de usar un filtro.

– Pero si una persona muy recta…

– Si; no se puede excluir el caso de una persona muy recta que trabaje sin filtro pueda no correr esos peligros, bien porque pone mucha atención en lo que hace o porque usa Internet muy poco. La experiencia de varios meses o años podría confirmar que efectivamente no los corre.

En ese caso, no es claro que exista una obligación moral de usar un filtro. Sin embargo, usarlo es una medida de prudencia muy recomendable, que evita tensiones innecesarias y que una persona recta en principio no debería despreciar, puesto que nadie puede estar seguro de no ceder ante tentaciones que se presenten de improviso.

Consideramos ahora otra posible situación. Si una persona que necesita trabajar con Internet, y no usa un filtro, hubiese cometido por ese motivo varias veces pecados graves, el arrepentimiento de esos pecados y el consiguiente propósito de la enmienda comporta poner en práctica medios concretos para que, al menos, la ocasión próxima se haga remota. Uno de esos medios es el uso de un filtro adecuado. Otros medios podrían ser trabajar en un lugar de paso o reducir al mínimo el uso de Internet.

Una situación moral análoga podría darse también en personas que trabajan con un filtro, pero que tienen una actitud moral poco firme o que, de vez en cuando, dejan la puerta abierta a claras complicidades, lo que le lleva a incurrir en comportamientos gravemente negativos. Desde el punto de vista de la moral católica esas personas tienen el deber prioritario de evitar todo daño grave para su vida cristiana, poniendo en práctica los medios necesarios para evitar el pecado.

Según los casos, tendrán que prescindir de Internet, al menos durante unos meses, si parece que la dificultad es debida a un momento particular de su vida y se presume que será pasajera; o bien recurrir a un filtro tipo ICRAplus que permita el acceso sólo a las páginas web que se sabe con certeza que necesita para su trabajo. En casos extremos se podrá plantear un cambio de trabajo.

Si la dificultad no se debiera sólo al uso de Internet, sino también a la televisión, revistas, etc., se está ante un problema más amplio, y los remedios que se han de poner son también más amplios.

Cabe señalar, por último, que a las situaciones crónicas de dificultad suelen concurrir varias causas. Suelen surgir cuando se usa Internet sin filtro, en la propia habitación, de noche, y sin una finalidad precisa. Se puede tratar de personas que están solas o que se aíslan (aunque vivan con muchas otras personas), y que usan Internet para pasar el tiempo, a veces con la actitud, al menos implícita, de buscar satisfacciones para la sensualidad.

– Un tema sobre el que se debate con frecuencia es el uso de Internet durante las horas de trabajo…

– Sobre este punto, resulta claro que existe una obligación de justicia de dedicar el horario previsto en el contrato laboral al propio trabajo. El uso del correo electrónico o de Internet para otras finalidades podría equipararse al uso del teléfono o a la lectura de periódicos o libros ajenos a la propia ocupación.

Evidentemente, esto admite cierta flexibilidad: no parece censurable, por ejemplo, que un empleado haga una breve llamada telefónica a su casa.

Pero en la medida en que los responsables descubran que se cometen claros abusos, tienen derecho a limitar el uso de Internet, por ejemplo instalando un filtro que consienta el acceso sólo a los lugares relacionados con el trabajo de la empresa u oficina, o bien impidiendo el acceso a las páginas web que son objeto de uso abusivo (música, fotos, videoclips, películas, etc.).

Los responsables del trabajo son los que deben valorar prudentemente la necesidad de esas medidas, que pueden resultar contraproducentes en algunos casos y mermar la confianza y el espíritu de colaboración por parte de los empleados. Pero de lo que no cabe duda es que los ordenadores y las conexiones a la red son instrumentos que la empresa pone a disposición para la realización del trabajo que los empleados están moralmente obligados a realizar en virtud del contrato laboral.

El hecho de que la empresa se niegue a proporcionar medios de distracción o de evasión del trabajo no es una indebida restricción de la libertad de los empleados.

– Una cuestión más delicada es la que se plantean algunos pedagogos y formadores, responsables de seminarios o de residencias de estudiantes, que desean para que las personas que viven allí se encuentren en un ambiente cristiano. ¿Deben contar los que viven en esos lugares con acceso a Internet desde cualquier lugar, en las zonas privadas?

Algunos de estos responsables dicen el comportamiento moral privado del estudiante que reside allí no es responsabilidad suya, y más cuando se trata de un adulto. Otros temen dar la impresión de no respetar la libertad y generar un ambiente de desconfianza en la residencia de estudiantes, etc.

Y no falta quien argumenta que al fin y al cabo también Dios, que ama a los hombres más que nadie, no impide el mal uso de la libertad…

– No se puede negar que en estos razonamientos hay algo de verdad. Pero también son verdaderos los peligros: siesas personas disponen de conexión a Internet en su habitación, es fácil que pierdan el tiempo «navegando», o «chateando» con los amigos, etc. La experiencia enseña que, incluso cuando se trata de personas con una cierta formación moral, se hace un uso bastante inmoral de la red, con notable daño para los interesados.

Por otra parte, hoy es sumamente fácil y económico para los residentes conectarse a la red mediante el teléfono móvil o mediante tarjetas prepagadas. Por lo que es siempre más clara la importancia de la formación y de las actitudes morales del usuario

Sin embargo, conviene centrar bien la cuestión: no se discute el uso que pueden hacer los adultos de su libertad, sino el tipo de servicio que ofrece una determinada institución educativa.

Es razonable que, del mismo modo que se procura dar a esos estudiantes una alimen­tación sana o un lugar de trabajo adecuado, se les ayude a vivir unos criterios de calidad en el servicio de Internet que se ofrece.

Por eso, la recta conciencia exige a los responsables de este tipo de instituciones colocar una unidad central con un proxy (que también protege de los virus y de los piratas informáticos) y un filtro entre la entrada de la línea y los puntos en los que los estudiantes, residentes, etc., se conectan personalmente.

Según la circunstancias (tipo de residentes, etc.) se podrá valorar la posibilidad de emplear otro tipo de soluciones, por ejemplo, que se disponga una sala de ordenadores cómoda y bien instalada, y que sólo en ella haya conexiones a la red. Para ciertos trabajos, que requieren el uso simultáneo de muchos libros o de otro material de consulta, esta solución puede presentar notables inconvenientes.

A mi modo de ver conviene evitar restricciones innecesarias. El uso de un proxy y de un filtro puede ser una garantía suficiente. A veces quizá no lo será. Es una cuestión sobre la que hay que llegar a un juicio prudencial, teniendo en cuenta todas las circunstancias, así como los costos de ciertas medidas en términos de ambiente de confianza y de libertad.

Lo que estoy diciendo no supone un juicio sobre las intenciones de los usuarios ni es una limitación de su libertad, sino una concepción de los servicios que una institución pone a disposición. Se les ofrece un instrumento de trabajo, de información, de descanso, etc., pero no un acceso a determinadas páginas inmorales, que se contraponen a los fines específicos de esa institución educativa.

Una persona que viva en una de estas residencias podría quejarse razonablemente por la falta de luz, de agua, de condiciones materiales mínimas, pero no porque los responsables de esa institución educativa no le proporcionen acceso a páginas de carácter inmoral.

En todo caso, no conviene perder de vista lo esencial: lo decisivo no son las medidas técnicas, sino ayudar a cada persona para que adquiera las virtudes necesarias para usar rectamente Internet.

Cómo enseñar a los hijos el recto uso de Internet

Entrevista con Ángel Rodríguez Luño

Sacerdote. Doctor en Ciencias de la Educación y en Filosofía. Profesor ordinario de Teología Moral Fundamental. Miembro de la Pontificia Academia para la Vida y Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.



– Hay un gran número de padres de familia que se encuentran perplejos ante el llamado fenómeno Internet. Las informacionesque les llegan les desconciertan, especialmente a los menos familiarizados con la red.Tienen noticia de los contenidos nocivos que circulan y de los delitos graves que se cometen, como el terrorismo, la pederastia y los fraudes con tarjetas de crédito…Y por otra parte les hablan de las grandes posibilidades de Internet para la difusión de valores positivos. Ignoran con frecuencia los criterios morales válidos para enjuiciar este novedoso fenómeno…- Ciertamente, es un fenómeno novedoso. Sin embargo la Iglesia ha dado ya algunas pautas morales. Por ejemplo, el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales publicó en el 2002, cuando la red no había alcanzado aún el desarrollo actual, un interesante documento, titulado Ética en Internet.– Muchos padres se preguntan: ¿qué actitud debemos adoptar ante un medio de comunicación que pone al alcance de nuestros hijos tantos contenidos violentos, racistas, terroristas y pornográficos, con diverso grado de dureza?

Los peligros son evidentes para todos, pero especialmente para los padres que tienen en la misma casa a hijos pequeños, adolescentes y adultos que pueden entablar relaciones mediante la red con personas poco recomendables (pederastas, prostitutas, personas que desean mantener conversaciones obscenas…).

Sin olvidar la pérdida de tiempo que supone. ¿Qué opina de todo esto?

– En primer lugar, me gustaría hacer una precisión: el bien y el mal no son algo específico de Internet. La red no es el único medio para hacer el bienniel único medio para hacer el mal. Esos peligros que me acaba de citar, junto con otros muchos, no son exclusivos de internet: en la actualidad existen desgraciadamente muchos otros medios de comunicación que producen efectos similares.

Por ejemplo, es muy pernicioso que los adolescentes tengan un televisor en su dormitorio y que puedan encenderlo a cualquier hora del día o de la noche. Por no hablar de las líneas eróticas o de los clips pornográficos que se transmiten mediante los teléfonos móviles en los entornos escolares.

Lo realmente novedoso del fenómeno Internet es la posibilidad de hacer llegar el bien a muchos, sin movilizar a muchas personas y sin grandes recursos económicos.

– Pero también es posible hacer ese bien a través del cine, la prensa o la televisión…

– Sí; pero resulta mucho más difícil: para hacerlo se necesitaríauna editorial, una emisora de televisión o una productora de cine propia; o al menos, la posibilidad de poder actuar libremente en esos campos… Esto no resulta fácil por muchas razones. Además, exige una preparación profesional específica.

Sin embargo, mediante Internet, invirtiendo poco tiempo y poco dinero, se pueden comunicar contenidos positivos a muchas personas.

– ¿Es un fenómeno con más luces que sombras, o al revés?

– En términos generales Internet es un bien, como son un bien la imprenta, el teléfono y la televisión; es un avance tecnológico que admite un uso bueno y un uso malo; un uso experto y un uso inexperto. Se puede afirmar que -exceptuando el caso de los niños- en Internet sólo suelen quemarse los que se quieren quemar o, al menos, aquellos a los que les gusta jugar con fuego.

El problema que plantea el uso de la red es, fundamentalmente, un problema de educación moral y de firmeza de convicciones en el usuario.

Es algo muy propio de nuestra época, en la que se realizan muchos progresos que no siempre vienen acompañados por la sabiduría y la prudencia necesarias: son como naves cada vez más rápidas que necesitan pilotos que las conduzcan a buen puerto. Cuando esos avances se gobiernan adecuadamente, pueden generar un bien para toda la sociedad. En caso contrario, pueden acabar contribuyendo a su corrupción y empobrecimiento.

– Muchos padres de familia, maestros y catequistas no saben enseñar a usar rectamente Internet porque, por diversas razones, como la edad, la falta de formación, etc., desconocen su realidad y funcionamiento en la práctica.

¿Se puede decir que les falta la formación necesaria para el buen uso de Internet?

-Sí; y no sólo de Internet, sino del conjunto de los medios de comunicación. Esa formación específica es decisiva para la formación moral y cristiana que los niños y jóvenes requieren en la actualidad.

La cuestión ética de Internet, como usted señala, es una cuestión de recto uso. El reto para los padres, maestros y catequistas consiste en proporcionar a los niños y jóvenes la formación y las virtudes personales que necesitan para usar Internet rectamente. Y cuando empleo el verbo usar me refiero tanto al que «cuelga» contenidos en la red como al que los consulta o recibe.

– Para muchos padres esta cuestión resulta especialmente difícil de resolver porque, como le decía antes, tienen en la propia casa a hijos de diversas edades, adultos, jóvenes y niños, que usan Internet en el trabajo, en la escuela, en el hogar…¿Qué les aconsejaría?

– Que diferenciaran cada situación, cada persona. A los hijos adultos resulta muy difícil impedirles que hagan el mal cuando están dispuestos a hacerlo. Y con frecuencia, cuantas más dificultades se les ponen, mayor es el precio que se acaba pagando en términos de confianza y falta de libertad. Los efectos suelen ser contraproducentes. Su situación es muy diversa a la de los jóvenes, los adolescentes, y por supuesto, los niños.

Por eso hay que valorar las circunstancias personales de cada uno, como la edad; y los diversos ámbitos -el trabajo, la escuela, la familia, la diversión- en los que se mueve cada hijo. Los padres necesitarán grandes dosis de templanza, sentido común y sentido sobrenatural, prudencia, y atención a cada persona en su totalidad.

– ¿Cuáles pueden ser las «llamadas de alerta», cuando se enciende la «luz roja» para los padres en este campo?

– Se activa la alarma, se enciende la «luz roja» cuando un hijo hace un uso excesivo, casi obsesivo, del ordenador, que debe ser un aparato más dentro de la casa.

Dedicarle un tiempo excesivo, una concentración y focalización exagerada, resulta nocivo tanto desde el punto de vista humano como del punto de vista ético y suele acabar aislando a esa persona de los demás.

– Hay países, como Japón, en los que se da a gran escala el fenómeno de adolescentes que dejan de salir con sus amigos, de leer y de hacer deporte para encerrarse en su cuarto, solos, frente a la pantalla del ordenador…

– Ésa es precisamente la actitud que conviene educar, siguiendo este principio: hacer un buen uso de Internet supone usarlo siempre para un fin bien determinado. Se debe entrar a la red para buscar algo concreto, algo que se sabe cómo y dónde encontrar.

Lo que no resulta razonable es «engancharse» a la red sólo «para pasar el rato»; «para ver que hay de nuevo»; navegando de aquí para allá sin rumbo fijo. Una persona bien formada debería ser intransigente consigo mismo en este punto.

– ¿Y en el caso de los niños y los videojuegos?

– También en este caso -sin olvidar que los niños necesitan estar con sus amigos, leer y hacer deporte- el videojuego no puede ser un simple campo de evasión para los niños, un juego de duración ilimitada. Los padres deben ayudarles a jugar dentro de un horario, con una finalidad, utilizando un videojuego determinado y bien conocido por ellos.

Sería imprudente dejarles que usaran cualquier videojuego prestado por un amigo cuyo contenido se desconoce.
– ¿Qué valoraciones de carácter moral se pueden hacer en este campo?

– La experiencia demuestra que entrar en la red sólo «para curiosear», sin una finalidad precisa y justa, tiene algo de éticamente negativo, porque se llega con facilidada males más graves.

Ante las páginas webs, los correos, la publicidad, los chats, etc., que puedan inducir a cometer pecados contra la fe, la caridad, la justicia o la castidad, se debe observar el mismo comportamiento que se observa cuando esos contenidos aparecen en otros ámbitos de la vida: en conversaciones, mientras se lee un libro, se ojea la prensa o se vela televisión. Se han de aplicar los principios morales de las llamadas «ocasiones de pecado».

Estos principios se podrían resumir así: existe el grave deber moral de evitar las ocasiones próximas de pecado, libres y graves. Y además, se deben poner los medios necesarios para convertir en remotas las ocasiones de pecado que sean necesarias.

Ese carácter próximo o remoto, lo mismo que la gravedad de las ocasiones, puede tomarse en un sentido absoluto o relativo, porque una situación puede constituir una ocasión grave y próxima para la mayoría de las personas; o puede ser una ocasión grave y próxima sólo para una persona determinada, o para unas personas en particular, mientras que para el resto no lo es.

En mi opinión, sin querer minimizar la complejidad del problema moral, sería reduc­tivo considerar Internet, de forma genérica y global, como una ocasión de pecado. La experiencia no lleva a esta conclusión negativa. Existen muchas personas que usan Internet habitualmente sin mayores problemas, y otras muchas que hacen el bien a través de la red.

La mayoría de los que encuentran problemas morales en la red suelen ser personas que probablemente, de no existir Internet, encontrarían problemas parecidos en otros campos.

– Pero no siempre es así…

– Se dan casos de personas de actitud general recta que cometen ciertos errores morales por haberse encontrado por casualidad en la red con una página web moralmente negativa. Pero no son, ni mucho menos, la mayoría.

Segunda parte de la entrevista: los filtros

Cómo enseñar a los hijos el recto uso de Internet II

La cuestión de «los filtros»


– Un reciente estudio de la International Crime Analysis Association, titulado «Child Internet Risk Perception«, ha puesto de manifiesto que el 77% de menores entre 8 y 13 años usa Inter­net. Sólo el 26% de los padres sigue de cerca el uso que sus hijos hacen de ese medio.Se afirma en ese estudio que el 52% de los niños entrevistados se han encontrado con contenidos pornográficos, y el 24% de ellos ha reaccionado con curiosidad. El 13% de los entrevistados ha tenido contactos con pederastas a través de la red, y el 70% de éstos no ha dicho nada a sus padres.¿Qué opina de esto? ¿Datos exagerados?

– No parece: se corresponden en líneas generales con los datos que ofrecen los expertos. Un documento de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos titulado La familia en el ciberespacio: www.nccbuscc.org/comm/archives/2000 /00-151.htm, del 22 de junio de 2000 se hace eco de este mismo problema.

Y e ldocumento del que le hablado antes, La Iglesia e Internet, recuerda: «Por el bien de sus hijos, así como por el suyo propio, los padres deben «aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación social».
En lo que a Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes están más familiarizados con él que sus padres, pero éstos tienen la grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso. Si esto implica aprender más sobre Internet de lo que han aprendido hasta ahora, será algo muy positivo.

La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en los ordenadores accesibles a los niños, cuando sea económica y técnicamente factible, para protegerlos lo más posible de la pornografía, de los depreda­dores sexuales y de otras amenazas. No debería permitírseles la exposición sin supervisión a Internet. Los padres y los hijos deberían discutir juntos lo que se ve y experimenta en el ciberespacio. También es útil compartir con otras familias que tienen los mismos valores y preocupaciones.

Aquí, el deber fundamental de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios juiciosos y responsables de Internet, y no adictos a él, que se alejan del contacto con sus coetáneos y con la naturaleza»

– Sin embargo, aunque sean innegables las ventajas de los filtros -que son bastante seguros para detenerpáginas eróticas- hay filtros que entorpecen el trabajo normal y bloquean la pantalla cuando se teclean -cuando se está preparando un trabajo científico, por ejemplo- términos calificados como sospechosos.

– Reconociendo ese problema, los filtros son muy convenientes porque realizan una prevención inmediata, que presupone la prevención remota de orden cultural y ético, que crea en la persona la decisión de querer usar bien Internet. Esto es lo decisivo.

Los filtros actuales más divulgados (Optenet, CyberPatrol, CyberSitter, Net Nanny, Surfwatch, X-Stop, Rated-PG) son bastante económicos y dan buen resultado.

Ciertamente su eficacia no llega al cien por cien: cualquier joven usuario sabe que esos filtros sólo analizan los contenidos en unas cuantas lenguas pero en no en todas, y que resulta fácil saltárselos.

En Italia, donde vivo, se puede usar un Provider con un sistema de filtración serio y bien orientado. Es el caso, por ejemplo, de «Davide.it». Es un sistema gratuito y eficaz, muy apropiado para las familias, aunque no sea perfecto: alguna vez no deja pasar contenidos buenos, o deja pasar cosas que no son del todo con­venientes; pero los expertos de buen criterio lo consideran muy aconsejable para los hogares con niños.

El problema es que hoy día los niños saben bastante de informática, y pueden abrir una conexión gratuita con otro Provider sin que los padres lo sepan.

– Hay un sistema que posiblemente conocerá, que consiste en instalar un filtro gratuito ICRAplus y programarlo para que se pueda acceder sólo a las páginas que se le indican expresamente. Algunos padres lo defienden porque se basa en los mismos criterios con los que se compran libros para la biblioteca familiar. Sólo se compran los libros que son necesarios para el estudio, la formación o el descanso.

– Ese sistema puede ser útil para unos hijos que lo entienden como una ayuda libremente aceptada para usar Internet con rectitud. De lo contrario, puede ser contraproducente. El caso de los adultos resulta más discutible.

Desde luego, ese tipo de medidas fracasan si un joven, en cuya casa se usa este sistema de protección, hace en otro lugar lo que en su casa no puede hacer. Es un fracaso porque ese joven o esa joven acabará emancipándose tarde o temprano, formará su propio hogar, y hará lo que quiera en su casa, yendo quizá más lejos en el mal que otras personas que han sido educadas en unos ambientes menos rígidos y que han aprendido a administrar su libertad.

En la pedagogía hay una larga experiencia sobre este punto: es frecuente encontrar a personas que no rezan o que no van a Misa sólo porque en su colegio, de pequeños o de adolescentes, les obligaban a hacerlo.

Es un tema clásico, sobre el que existen muchos estudios que obligan a reflexionar seriamente acerca del modo y de la medida en la que se emplean las restricciones, que han de ir adecuándose siempre a la edad y al desarrollo de los jóvenes.

Los padres tienen que educar a los hijos también en este aspecto, dedicándoles tiempo y poniendo el esfuerzo necesario para saber como funciona el «fenómeno Internet». No pueden permanecer al margen. Cuando se trata de menores, es moralmente necesario protegerles mediante un sistema seguro. Y es muy conveniente, como recuerdan tantos educadores, que el ordenador conectado a la red esté en un lugar de paso de la casa.

También se ha de explicar a los niños que no den informaciones personales (por ejemplo, rellenando cuestionarios) ni entren en contacto con desconocidos, hablando siempre con sus padres de lo que les parezca extraño, y siendo prudentes con el material que les prestan sus amigos de la escuela (videos, videojuegos, programas, etc.) Si esto se hace adecuadamente, los hijos considerarán estas precauciones como una ayuda que se les presta para hacer algo que ellos desean hacer: usar rectamente Internet.

– ¿Y cuándo los hijos se hacen mayores?

– Sigue siendo moralmente necesario usar un filtro en el ordenador con el que trabajan en casa. Así se evita el acceso a páginas dañinas que podrían generarle una adicción.

Conviene hablar con ellos claramente sobre estas cuestiones: en ese clima de confianza resulta fácil reconocer que encontrarse, por ejemplo, con un contenido fuertemente erótico es una ocasión grave y próxima para cualquiera, y que los padres tienen el deber moral de evitar esos peligros a sus hijos.

Esta es la conducta que los padres honestos tienen con sus hijos: no van de paseo con ellos por ciertos lugares, no los llevan a determinados locales, etc.

– El problema se presenta cuando en una familia de tres o cuatro hijos, por ejemplo,sólo uno de ellos hace un mal uso de Internet. Esto obliga a los padres a tomar medidas para todos y acaban pagando justos por pecadores…

¿Qué regla general daría en estos casos?

– Es difícil dar reglas generales. Pero no resulta educativo el hecho de que «paguen justos por pecadores», ni someter a los hijos que se comportan rectamente a unas restricciones mayores de las moralmente necesarias.

Pienso que convendrá afrontar, enérgicamente si es necesario, el problema real y concreto del hijo que no se comporta bien, evitando crear en la familia un clima generalizado de desconfianza o de falta de libertad.

– Hay padres que dicen: «Nosotros hemos vivido toda la vida sin Internet y no nos hemos muerto. Por tanto, no pienso ponerles Internet a mis hijos en casa: muerto el perro, se acabó la rabia».

– Generalmente no parece acertado obligar a todos los hijos a prescindir por completo de Internet. Cuando menos sería un fracaso en la tarea educativa de enseñar a usar rectamente los medios informáticos que, se quiera o no, forman parte del mundo actual, y que los hijos tendrán que manejar en la escuela, en la universidad, en el futuro trabajo y, más adelante, en el hogar que constituirán cuando se casen, donde a su vez tendrán que guiar a los hijos que Dios les dé.

Me parece que eso de que antes no había Internet y nadie se moría, etc.,es una falsa razón. Antes tampoco había automóviles, ni aviones, ni teléfonos, etc., y no por eso se ha de prescindir de esos medios. Hay que aprender a usarlos rectamente.

Tercera parte de la entrevista

Te perdono, mamá; duerme tranquila…

Nos gustaría convencerles de la heroicidad que supone deshacerse de un niño.

¡Señoras y señores, sean bienvenidos, una vez más, al Gran Circo Esperpéntico de la Vida! Como muy bien sabrán, este espectáculo se basa, principalmente, en arrebatarles su libertad, en el dominio incondicionado sobre ustedes y que salgan del mismo con ese orgullo falso de creer saber la verdad.

Queremos penetrar en sus mentes, confundirles, manipularles para que afirmen rotundamente aquello que nos interesa que afirmen. De este modo, colaborarán con «La Organización de Interesados y Egoístas», para que consigan sus propios fines, teniendo en cuenta que lo que se maneja detrás de ellos es el poder, el dinero y un deseo desmesurado de controlar sus vidas.

El tema de hoy es el aborto. Ese acto tan noble y generoso del que ya hemos conseguido que participen innumerables mujeres de todas las edades. Nos gustaría convencerles de la heroicidad que supone deshacerse de un niño que nunca contemplará los ojos de su madre y de la felicidad que eso conlleva. Tengan en cuenta que esos niños nunca tendrán la oportunidad de expresarles la desbordante alegría de haber sido asesinados.

Tampoco les agradecerán el haberlos librado de ver el cielo azul, las estrellas, de escuchar música, de sentir el amor, de prendarse de los campos verdes del verano… Una vez acaben con ellos sentirán en su interior el vacío característico de un abismo, y pasarán su vida recordando el día de su cumpleaños; pero no sufran, será mucho más gratificante saber que podrán hacer tantos viajes como deseen, o que podrán seguir viviendo sin esos «problemas» que les impedirían hacer aquello que les apeteciera en cada momento.

Hoy en día, además, disponen de maravillosas opciones para llevar a cabo un aborto. Una de ellas es eliminar la primera y humilde célula de su hijo con una simple pastilla. ¿Saben de lo que les hablo, verdad? Esa célula que se crea después de una noche de alcohol o irresponsabilidad que todo el mundo, como les hemos hecho creer, niega que sea una persona.

Eso sí, por favor, no dejen que otros decidan por ustedes el momento a partir del cual «esa célula» empieza a ser persona. Doy por descontado que saben que empezará a ser humano cuando lo decidan sus padres y que sólo ellos tienen esa capacidad.

La siguiente opción, pensada para las valientes, es regalarle al bebé la agradable sensación del desgarro despiadado y lento de una trituradora hasta que su cuerpecito se rinda y sus llantos enmudezcan; eso sí, para mayor satisfacción personal, elijan esta opción cuando su cuerpo esté ya formado del todo. De este modo, quien sabe, quizá hasta sientan que su bebé se aferra con fuerza con sus bracitos al vientre para pedir inútilmente una oportunidad.

Para las que crean que estos métodos no son lo bastante buenos, pueden optar por extraerlos del vientre y dejarlos al amparo de un contenedor, entre la basura y la tristeza. Pero no abusen demasiado de esta opción ya que supondría un esfuerzo económico para los ayuntamientos sumar otro contenedor, encima no-reciclable, con el rótulo «Para bebés«.

En resumen, elijan la opción que elijan, el propósito del número de hoy es que se convenzan de que no es bueno tener valores y que pensar en la comodidad de uno mismo es esencial para llegar a la felicidad fugaz terrenal. Además, todos los niños que consigan matar piensen que van al cielo, como dicen los llamados católicos, y que según su religión, sus bebés las mirarán con cariño y dulzura desde arriba, rezarán por ustedes, llorarán al verlas tristes, las amarán con todas sus fuerzas, incluso pedirán a Dios que las lleve junto ellos y no dejarán de hacerles favores durante sus vidas, ¿no?

No me gustaría despedirme sin antes darles el secreto para la completa felicidad: por las noches, cuando su habitación se sume en la más profunda oscuridad y amargura escuchen atentamente, y ya verán como consiguen sentir en su cara el beso tierno y caliente de su bebé y que bajito le susurra al oído: «Te perdono mamá, duerme tranquila».

Familia y tradición

La celebración de la fiesta de las familias cristianas les ha dejado el cuerpo a los progres como a la niña de «El exorcista».

El progre, que es analfabeto y se vanagloria de serlo, cuando se refiere a la familia le añade desdeñosamente el calificativo de «tradicional»; pero decir «familia tradicional» es como decir «cigüeña ovípara». El progre es ese tío que está dispuesto a defender la existencia de cigüeñas que se reproducen al modo mamífero, o por esporas; y, del mismo modo, pretende vendernos la moto de que existen familias no tradicionales. Al decir «familia tradicional», el progre revela dos rasgos constitutivos de su idiosincrasia: su incultura supina (ignora el muy zoquete que traditio significa «entrega», «transmisión»; y huelga explicar que no puede existir familia si no existe transmisión de vida, afectos y valores) y su odio atávico, inveterado, insomne a la tradición.

Y es que la razón vital del progre no es otra que acabar con la tradición, romper los vínculos que unen a unas generaciones con otras. La tradición es una larga cadena viviente en la que cada generación absorbe el acervo moral y cultural que la precede y lo entrega a la generación siguiente; y en ese proceso de transmisión, que no es inerte ni fosilizado como pretende el progre, cada generación enriquece el legado recibido mediante aportaciones propias. Así ha ocurrido desde que el mundo es mundo, en el arte y en la vida; y la civilización humana ha crecido de este modo, sobre el humus fecundo de los tesoros que las generaciones anteriores se han encargado de preservar y ceder en herencia a quienes venían después. El progre sabe que, mientras esta cadena no se quiebre, no logrará imponer sus designios; de ahí que quiera destruir el mundo heredado de nuestros antepasados y sustituirlo por otro nuevo en el que ya no existan vínculos entre generaciones. Por supuesto, este afán destructivo no es inocente: el progre sabe que el hombre desvinculado deja de ser hombre para degenerar en monicaco; sabe que, desamparado de la tradición, el hombre se convierte en carne de ingeniería social. Por eso, el progre abomina de las fiestas y ritos que nos vinculan al pasado, por eso destierra de sus planes educativos el Latín y lo sustituye por Educación para la Ciudadanía, por eso trata de matar los afectos que sólo en el seno de la familia adquieren sentido. Pero el progre no puede completar su designio destructivo sin ofrecer algo a cambio, una pacotilla que anestesie el desvalimiento humano. Y así, aprovechándose de ese desasosiego que deja en el corazón del hombre la falta de asideros, le vende progreso y modernidad como lenitivos de su terrible desvalimiento; y se los vende a través de la propaganda de los medios de adoctrinamiento de masas, logrando que el hombre alienado de su naturaleza (de la tradición que lo constituye) crea que esos lenitivos son más atractivos, logrando arrasar esa silenciosa y pensativa conversación de generaciones que a lo largo de los siglos había garantizado la transmisión de afectos y valores morales.

El progre sabe que para llevar a cabo su misión necesita destrozar el tejido celular de la sociedad, los vínculos que unos hombres entablan con otros según un impulso cordial y sagrado. También sabe que la primera sociedad natural es la familia: destruida ésta, será mucho más sencillo llevar a cabo sus designios. Y disfruta orgiásticamente contemplando los efectos de su devastadora acción: matrimonios deshechos porque sí a velocidad exprés, hogares desbaratados con el menor pretexto o sin pretexto alguno, hijos desparramados y convertidos en carne de psiquiatra, abortos a mansalva, nuevas fórmulas combinatorias humanas negadas a la transmisión de la vida, etcétera. Cuando, por el contrario, descubre que aún hay familias que se resisten a su ingeniería social; cuando descubre que aún queda gente con sueños comunes, con ideales compartidos, con afectos heredados de sus mayores que se renuevan en sus hijos; cuando descubre la fidelidad y la perseverancia de los buenos en medio de una generación que ya creía pervertida; cuando descubre que, además, toda esa resistencia numantina se funda en Dios… bueno, es natural que se le ponga el cuerpo como a la niña de «El exorcista».

www.juanmanueldeprada.com

JUAN MANUEL DE PRADA

La familia grita libertad

Es una constante en todos los totalitarismos ese empeño por destruir a la familia, precisamente porque es el ámbito que se interpone entre el individuo y el Estado, el valladar en el que nos sentimos seguros y más fuertes frente al Poder.

Plaza de Colón y calles adyacentes. Millón y medio o dos millones de
personas; da igual. Una muchedumbre inmensa, venida de toda la
geografía española, incluso algunos desde Portugal y Alemania. Y aire
de fiesta. Alegría de niños. Gente corriente.

«Invito a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien
evidente que los hogares en paz y armonía aseguran al hombre y a la
familia, centro neurálgico de la sociedad» (Benedicto XVI en el V
Encuentro Mundial de las Familias). Pues sí, Zapatero y amigos: pasen y vean. Sólo las anteojeras de unos prejuicios ideológicos insalvables impiden asentir una afirmación que se ha hecho visible en la calle esta mañana de diciembre. Pese a los problemas que cada uno sin duda tendrá, esos cientos de miles de personas reunidas eran la viva estampa de la alegría de vivir.

Desde las revueltas del 68 hemos venido escuchando mensajes contra el valor de la familia, contra su vigencia como célula social, contra la validez de su aportación al sostenimiento social, contra su futura perdurabilidad. Y desde hace poco menos de una década estamos asistiendo en toda Europa a legislaciones explícitamente antifamilia, so pretexto de salvaguarda de los derechos de otros grupos. Sin embargo, muy fuerte y muy real debe de ser la «experiencia humana elemental» de que hablaba Juan Pablo II que cada una de las generaciones ha vivido en su familia, pues, pese a todo, la familia sigue gozando de buena salud. Sin ir más lejos, en el informe del Congreso Familias: construyendo ciudadanía, organizado por la Fundación de Ayuda a la Drogadicción y el Ministerio de Asuntos Sociales el pasado mes de Noviembre, quedó patente que la institución más valorada por los jóvenes es la familia. Y a la inversa: algunos estudios realizados recientemente en Estados Unidos han puesto de manifiesto que el deterioro de la institución familiar se concreta incluso en cifras económicas, y que este deterioro ha incrementado espectacularmente las tasas de pobreza en la población negra.

Para el Estado, las personas no son más que números de NIF, consumidores, votantes… Para la familia, esos ciudadanos son personas únicas, seres con anhelos e ideales que alentar, con inseguridades que cubrir, con talentos que potenciar; faltas que perdonar y luchas que animar. La familia es el lugar privilegiado donde cada persona es apreciada por sí mismo, donde aprende a dar y a recibir amor. Un espacio para la pedagogía de la gratuidad.

Por eso es una constante en todos los totalitarismos ese empeño por destruir a la familia, precisamente porque es el ámbito que se interpone entre el individuo y el Estado, el valladar en el que nos sentimos seguros y más fuertes frente a un Poder que, si le dejáramos, nos lo arrebataría todo.

Este ámbito de crecimiento y maduración en el mutuo respeto, el aprecio y el amor no puede generar números, caras anónimas, sino personas maduras, conscientes de su dignidad y de su responsabilidad ante la sociedad, conscientes de su valor y sus inalienables derechos, conscientes de su intrínseca libertad. Por eso, del seno de familias
fuertes no pueden sino salir seres humanos libres y seguros, a los que el Poder no puede manipular con facilidad. Por eso, defender la familiaes –en definitive– defender la libertad.

Y defender la libertad implica –como nos han recordado esta mañana– defender que las familias puedan transmitir a sus hijos los valores de la tradición moral o religiosa que consideren les van a hacer más felices y buenas personas, a lo que tienen perfecto derecho según la Constitución (art.27.3), sin intromisiones ilegítimas del Estado en forma de Educación para la Ciudadanía, evitando que esos valores libremente escogidos colisionen con otros supuestos valores que el Estado se atreva a decidir como universalmente imponibles, puesto que la educación ha de ser integral (artículo 27.2 de la Constitución).

Y defender la libertad implica defender que las familias puedan traer al mundo los hijos que deseen, sin que las diversas cortapisas de la Administración coarten o dificulten su generosidad. La crisis demográfica europea trasluce en definitiva una desgana de futuro, una mentalidad de decadencia de civilidad. Las familias con las que me he cruzado esta mañana traslucen todo lo contrario. Pero necesitan ayuda material.

«La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado». (artículo 16.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). Cúmplase.

Victoria Llopis