«Las mujeres salvan a la humanidad»

RD Miércoles, 21 de noviembre 2007 

Sor Enrica Rosanna, Subsecretaria de la Vida Consagrada

Es italiana, pero habla un correctísimo castellano. En 2004, Juan Pablo II la nombró subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, lo que la convirtió en la primera mujer en ocupar un cargo oficial en el Vaticano. Acaba de presidir una de las mesas redondas del IX Congreso Católicos y Vida Pública, donde, entre ponencia y ponencia, recibe a LA RAZÓN. La entrevista Mar velasco.

-¿Cómo acogió la noticia de su nombramiento?

– Ante todo, con fe, porque fue una noticia inesperada. También con cierto temor, porque no sabía qué significaba este cargo, ni qué tipo de trabajo tendría que desempeñar. Pero también con normalidad y espontaneidad, que es la característica de los salesianos. Profesamos la fidelidad al Papa, y éste era un modo de responder a la confianza que Juan Pablo II me había dado a mí y a mi familia religiosa.

-En el Vaticano son pocas las mujeres que alcanzan un cargo de responsabilidad. ¿Cómo trabaja una mujer en un mundo de hombres?, ¿se ha sentido incómoda en algún momento?

-Al principio hubo, quizá, algo de perplejidad por ambas partes. Pero después llegó la espontaneidad. Creo que lo que las mujeres pueden aportar en el Vaticano es esa capacidad tan propia de «cuidar», de hacernos cargo de personas y cosas. Hay muchas maneras, en los múltiples contextos en los que vivimos, de desarrollar esta capacidad y hacerlo con simplicidad. No son nimiedades, son cosas que hacen más hermosa la vida.

-El cardenal Bertone ha expresado la intención de incorporar un mayor número de mujeres a la organización general de la Iglesia…

-Si el cardenal Bertone lo ha dicho, creo que realmente será así. No soy partidaria de cuotas ni paridades, creo que uno adquiere un puesto de trabajo porque es competente, y porque puede hacerlo. Espero que otras muchas mujeres puedan en el futuro ocupar otros cargos y trabajar en el Vaticano, y en cualquier otro lugar, pero no por la cuota.

-La vida consagrada se enfrenta hoy a grandes problemas, el más importante, quizá, la crisis de vocaciones…

-En efecto, existe una crisis, no podemos esconderla. Pero pensemos en las múltiples posibilidades de realización de la mujer: hoy en día la mujer puede ser asistente social, enfermera, misionera temporal… Éste es uno de los factores por el cual las vocaciones a la vida religiosa han disminuido. Luego están los Institutos Seculares, los de Vida Consagrada, etc. También cuenta la secularización y el descenso de la natalidad. La crisis, por tanto, existe, pero yo tengo confianza, porque veo el entusiasmo de las que han seguido esta vocación. Quizá deberíamos redescubrir que la vida religiosa vale más por lo que es que por lo que hace.

– Otro problema es el alejamiento de las órdenes religiosas de su carisma original…

– No creo que sea así. El Sínodo sobre la Vida Consagrada lanzó precisamente la idea de profundizar en los carismas. Es un camino largo, porque después del Concilio, las Constituciones han profundizado más en aspectos teológicos, en las Escrituras, pero ahora el esfuerzo va precisamente en esta dirección. El Papa habla de «volver siempre a la raíces». Esto no quiere decir sólo volver al fundador o la fundadora, sino recorrer doscientos, quinientos años de historia, que son enseñanza viva en el tiempo y recuperarla, inculturándola en el hoy de nuestra historia.

-Usted ha dicho que «las mujeres salvarán a la Humanidad». ¿Cuál es la aportación de la mujer hoy en día , cómo salva la mujer a la sociedad?

-Con la fuerza de su genio. La gratuidad, la dulzura, el coraje… no son sólo valores femeninos, sino valores profundamente humanos. Y la Humanidad necesita ser salvada a través de estos valores. En nuestra sociedad se valora mucho el coeficiente intelectual, pero lo que le falta es el coeficiente del amor, el del corazón. Esto no significa que no se ha de tener en cuenta la razón, pero hace falta gratuidad, compasión, ésta la sociedad de la soledad, hace falta gente que escuche, y las mujeres no podemos olvidarnos de esto.

-¿Qué recuerdos guarda de Juan Pablo II, quién era para usted?

-Tengo recuerdos bellísimos. Ante todo, era el Papa del hombre, el que ha valorado plenamente la dignidad humana, del niño no nacido, del concebido, del hombre que muere, del negro, del blanco, del inteligente, del torpe, el Papa de todos, el del ecumenismo.., pero sobre todo, el Papa de los jóvenes, a quienes llamó «centinelas del alba». Se hacía joven entre los jóvenes, y hasta el día de su muerte fue un Papa joven. Era el gran montañero, y Dios le quitó las piernas; era el Papa de la palabra, y Dios le quitó la capacidad de hablar. Fue el último gran sacrificio. Creo que ha sido un gran Papa, que dejará un signo indeleble en la Historia.

– ¿… y Benedicto XVI?

-Es espléndido. Benedicto XVI es el Papa de la profundización, del estudio, pero también de la dulzura, de la cordialidad, de la atención. He estado con él en tres ocasiones, y me ha recibido con cariño y con esa mirada que, sin palabras, dice «estoy contento de que estés aquí, de que trabajes, de que ofrezcas tu vida». Creo que el Señor ha elegido bien con los dos: Juan Pablo II y Benedicto XVI son muy distintos, pero se complementan; los dos son grandes hombres, cada uno hijo de su cultura, y ambos, unos hombres con una fe enorme.

Salesiana de vocación

A sus 69 años, esta religiosa salesiana conoce a fondo la vida de la Curia vaticana. Licenciada en Pedagogía, Ciencias Religiosas y doctora en Sociología, la docencia ha ocupado la mayor parte de su vida hasta que Juan Pablo II la nombró subsecretaria de un dicasterio, un cargo oficial que no esperaba, pero que ejerce con entusiasmo. A pesar de ser religiosa, tiene un fuerte sentido de la maternidad: «El sello de la maternidad está impreso en nuestro cuerpo. Una madre embarazada es un gran misterio de comunión y libertad, porque la madre no respira por su hijo pero está en conexión profunda con su criatura. Las mujeres debemos ofrecer esta comunión y esta libertad a la sociedad de la técnica. Sabemos perfectamente lo que quieren decir esas dos palabras, de la misma manera que sabemos el significado de «limitación», porque la mujer no siempre es fecunda. Otra experiencia única que los hombres no conocen», sostiene.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: