Al Sr. Rencor le echamos de casa

Lo que comenzó siendo una conversación normal entre dos personas que se quieren, acabó en discusión. Las frases se iban cargando de doble y hasta de triple sentido. Miradas burlonas y desafiantes que cortaban el ambiente. Descargo de agravios comparativos. Sobre la mesa que hacía de frontera entre los dos, volvieron a presentarse unos cuantos recuerdos de sucesos desagradables, ya superados, que hieren sólo con mencionarlos.  Un golpe seco encima de la mesa. La silla que se desplaza con fuerza y un portazo. El famoso portazo que hiela el corazón y la casa. Después, silencio. Un silencio agobiante.

Y entra en escena el Señor Rencor, ése que firma el acta de la discusión, y que me imagino vestido de negro y con bastón, con cara de viejo amargado que se frota las manos cuando ve que dos personas se tiran los trastos a la cabeza y discuten por soberbia.

Al día siguiente, entre los dos, silencios prolongados. Miradas que se esquivan mutuamente. Convivencia sin vivencia. Y pasan las horas. Y sigue el silencio.

Hasta que uno de los dos, quizá el que comenzó con una broma de mal gusto la dichosa conversación, da un paso al frente, y mirándole al otro a los ojos, le dice: ¡Perdóname! Entonces tienes que ver la cara del Señor Rencor… todo un poema. Su rostro, que había manejado los hilos hasta entonces, se contrae de ira y huye desconsolado. No tiene sitio entre los dos. Se va a la mierda.

Y vuelve la alegría.

PD.- Esta es la historia de un matrimonio santo que lucha desde hace más de cuarenta años por quererse como el primer día. Contemplar sus luchas me llena de fortaleza. Ellos, sin palabras, me demuestran que el amor se forja en la debilidad, en ese comenzar y recomenzar cuantas veces haga falta. Y, lo demás, pamplinas.

Fuente: http://juanjomolina.wordpress.com

«Las mujeres salvan a la humanidad»

RD Miércoles, 21 de noviembre 2007 

Sor Enrica Rosanna, Subsecretaria de la Vida Consagrada

Es italiana, pero habla un correctísimo castellano. En 2004, Juan Pablo II la nombró subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, lo que la convirtió en la primera mujer en ocupar un cargo oficial en el Vaticano. Acaba de presidir una de las mesas redondas del IX Congreso Católicos y Vida Pública, donde, entre ponencia y ponencia, recibe a LA RAZÓN. La entrevista Mar velasco.

-¿Cómo acogió la noticia de su nombramiento?

– Ante todo, con fe, porque fue una noticia inesperada. También con cierto temor, porque no sabía qué significaba este cargo, ni qué tipo de trabajo tendría que desempeñar. Pero también con normalidad y espontaneidad, que es la característica de los salesianos. Profesamos la fidelidad al Papa, y éste era un modo de responder a la confianza que Juan Pablo II me había dado a mí y a mi familia religiosa.

-En el Vaticano son pocas las mujeres que alcanzan un cargo de responsabilidad. ¿Cómo trabaja una mujer en un mundo de hombres?, ¿se ha sentido incómoda en algún momento?

-Al principio hubo, quizá, algo de perplejidad por ambas partes. Pero después llegó la espontaneidad. Creo que lo que las mujeres pueden aportar en el Vaticano es esa capacidad tan propia de «cuidar», de hacernos cargo de personas y cosas. Hay muchas maneras, en los múltiples contextos en los que vivimos, de desarrollar esta capacidad y hacerlo con simplicidad. No son nimiedades, son cosas que hacen más hermosa la vida.

-El cardenal Bertone ha expresado la intención de incorporar un mayor número de mujeres a la organización general de la Iglesia…

-Si el cardenal Bertone lo ha dicho, creo que realmente será así. No soy partidaria de cuotas ni paridades, creo que uno adquiere un puesto de trabajo porque es competente, y porque puede hacerlo. Espero que otras muchas mujeres puedan en el futuro ocupar otros cargos y trabajar en el Vaticano, y en cualquier otro lugar, pero no por la cuota.

-La vida consagrada se enfrenta hoy a grandes problemas, el más importante, quizá, la crisis de vocaciones…

-En efecto, existe una crisis, no podemos esconderla. Pero pensemos en las múltiples posibilidades de realización de la mujer: hoy en día la mujer puede ser asistente social, enfermera, misionera temporal… Éste es uno de los factores por el cual las vocaciones a la vida religiosa han disminuido. Luego están los Institutos Seculares, los de Vida Consagrada, etc. También cuenta la secularización y el descenso de la natalidad. La crisis, por tanto, existe, pero yo tengo confianza, porque veo el entusiasmo de las que han seguido esta vocación. Quizá deberíamos redescubrir que la vida religiosa vale más por lo que es que por lo que hace.

– Otro problema es el alejamiento de las órdenes religiosas de su carisma original…

– No creo que sea así. El Sínodo sobre la Vida Consagrada lanzó precisamente la idea de profundizar en los carismas. Es un camino largo, porque después del Concilio, las Constituciones han profundizado más en aspectos teológicos, en las Escrituras, pero ahora el esfuerzo va precisamente en esta dirección. El Papa habla de «volver siempre a la raíces». Esto no quiere decir sólo volver al fundador o la fundadora, sino recorrer doscientos, quinientos años de historia, que son enseñanza viva en el tiempo y recuperarla, inculturándola en el hoy de nuestra historia.

-Usted ha dicho que «las mujeres salvarán a la Humanidad». ¿Cuál es la aportación de la mujer hoy en día , cómo salva la mujer a la sociedad?

-Con la fuerza de su genio. La gratuidad, la dulzura, el coraje… no son sólo valores femeninos, sino valores profundamente humanos. Y la Humanidad necesita ser salvada a través de estos valores. En nuestra sociedad se valora mucho el coeficiente intelectual, pero lo que le falta es el coeficiente del amor, el del corazón. Esto no significa que no se ha de tener en cuenta la razón, pero hace falta gratuidad, compasión, ésta la sociedad de la soledad, hace falta gente que escuche, y las mujeres no podemos olvidarnos de esto.

-¿Qué recuerdos guarda de Juan Pablo II, quién era para usted?

-Tengo recuerdos bellísimos. Ante todo, era el Papa del hombre, el que ha valorado plenamente la dignidad humana, del niño no nacido, del concebido, del hombre que muere, del negro, del blanco, del inteligente, del torpe, el Papa de todos, el del ecumenismo.., pero sobre todo, el Papa de los jóvenes, a quienes llamó «centinelas del alba». Se hacía joven entre los jóvenes, y hasta el día de su muerte fue un Papa joven. Era el gran montañero, y Dios le quitó las piernas; era el Papa de la palabra, y Dios le quitó la capacidad de hablar. Fue el último gran sacrificio. Creo que ha sido un gran Papa, que dejará un signo indeleble en la Historia.

– ¿… y Benedicto XVI?

-Es espléndido. Benedicto XVI es el Papa de la profundización, del estudio, pero también de la dulzura, de la cordialidad, de la atención. He estado con él en tres ocasiones, y me ha recibido con cariño y con esa mirada que, sin palabras, dice «estoy contento de que estés aquí, de que trabajes, de que ofrezcas tu vida». Creo que el Señor ha elegido bien con los dos: Juan Pablo II y Benedicto XVI son muy distintos, pero se complementan; los dos son grandes hombres, cada uno hijo de su cultura, y ambos, unos hombres con una fe enorme.

Salesiana de vocación

A sus 69 años, esta religiosa salesiana conoce a fondo la vida de la Curia vaticana. Licenciada en Pedagogía, Ciencias Religiosas y doctora en Sociología, la docencia ha ocupado la mayor parte de su vida hasta que Juan Pablo II la nombró subsecretaria de un dicasterio, un cargo oficial que no esperaba, pero que ejerce con entusiasmo. A pesar de ser religiosa, tiene un fuerte sentido de la maternidad: «El sello de la maternidad está impreso en nuestro cuerpo. Una madre embarazada es un gran misterio de comunión y libertad, porque la madre no respira por su hijo pero está en conexión profunda con su criatura. Las mujeres debemos ofrecer esta comunión y esta libertad a la sociedad de la técnica. Sabemos perfectamente lo que quieren decir esas dos palabras, de la misma manera que sabemos el significado de «limitación», porque la mujer no siempre es fecunda. Otra experiencia única que los hombres no conocen», sostiene.

Los Apóstoles de la Divina Misericordia

Caravana de los Apóstoles de la Divina Misericordia

Monseñor Carlinga: Nuestro amor debe derramarse como solidaridad y caridad

ZÁRATE-CAMPANA, martes, 20 noviembre 2007 (ZENIT.org).- El pasado 17 de noviembre el obispo de la diócesis argentina de Zárate-Campana, Óscar D. Sarlinga, presidió la celebración eucarística en la Basílica de Luján, con motivo de la caravana Nacional de los Apóstoles de la Divina Misericordia. «Nuestro amor contemplativo y activo debe derramarse sobre quienes nos rodean como solidaridad y «caridad» (virtud teologal de la cual deriva la primera, la solidaridad)», dijo el obispo argentino a los peregrinos.

En una basílica totalmente colmada de fieles llegados de todas partes del país, monseñor Sarlinga, en su homilía, recordó en primer lugar la «Misericordia» en la Biblia, que, dijo, «penetra toda la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis».

En esta celebración, espigó algunos puntos para la reflexión, tales como Éxodo 34:5-7, cuando Moisés invoca: «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad,que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes».

O Isaías (1: 17-20): «Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán», sin olvidar Nehemías 9: 31: «Mas en tu inmensa ternura [Misericordia] no los acabaste, no los abandonaste, porque eres tú Dios clemente y lleno de ternura» y Salmo 103 (8-18): «Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahveh para quienes le temen».

En la Alianza Nueva, Mateo (6:12): «Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores», (6:14-15): «Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas». Lucas, «hijo pródigo», (Lc 15:11-32). Jesús muestra su Gran Misericordia a María Magdalena (Jn 8:3-7) y otra regla de oro: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.». Por último, el Señor en la cruz expresa su Misericordia infinita (Lucas 23: 34): «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

En la segunda parte de su homilía abordó la misericordia en el mensaje de Jesús Misericordioso, según santa Faustina, que, dijo, «no podemos dejar de deducir que, en pleno siglo XX, de grandes transformaciones sociales, guerras, martirios y avances de la técnica pero sin el condigno avance del desarrollo de ‘todo el hombre y todos los hombres’, también en el orden espiritual, ese arraigamiento era más que necesario, de forma renovada, con una manifestación de la Misericordia que fluye y se derrama en forma de dos rayos que poseen la finalidad de la conversión y el arrepentimiento del pecado, para una vida en gracia, en armonía con el proyecto de Dios».

Por eso el Señor Jesús, explicó el obispo argentino, «le dice a nuestra Santa esa afirmación y profecía: ‘La Humanidad no tendrá paz, hasta que torne con confianza a Mi Misericordia’, porque no puede haber Paz verdadera en el mundo mientras que el ser humano no se arrepienta de sus malas obras y restablezca su amistad con Dios, el ‘Kýrios’, el Señor».

A esta amistad renovada, sugirió monseñor Sarlinga, «es la fe quien le abre la puerta. Y la fe viene del brazo de la confianza, virtud que expresa por excelencia una actitud del corazón humano que debe darse ante Dios, el Digno de toda confianza. Esta última depende de la esperanza, sí, pero también de la fe viviente, de la humildad, de la actitud de ‘no creernos más’ sino tener ‘alma de niño’, enteramente confiado en su Padre de Amor».

Por esto, la confianza, indicó «es la esencia, el núcleo, de la devoción a la Divina Misericordia».

En la tercera parte de su homilía, monseñor Sarlinga dijo que la solidaridad y la misericordia son los aspectos de la caridad a llevar al nuestro mundo contemporáneo.

En este sentido exhortó a no quedarse «en la pequeñez de nuestras sacristías, con todo el respeto por éstas».

«Nuestro Amor contemplativo y activo debe derramarse sobre quienes nos rodean como solidaridad y ‘caridad (virtud teologal de la cual deriva la primera, la solidaridad)», dijo.
Pidió a los peregrino, llegados de lugares tan diversos «a la Casa de la Madre», que pusieran «en manos de la Madre del Cielo» todas sus «intenciones, peticiones y acciones de gracias» y dijo que contaran «con la ayuda de nuestra Madre, la Madre de la Iglesia, venerada como Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina».

«Pongamos aquí -concluyó– en el Corazón de Cristo, a nuestros enfermos, a los más pobres y necesitados, a aquellos que han perdido la fe y la esperanza, a quienes se confían en nuestras oraciones. Pongamos nuestros deseos de ponernos a la obra para la construcción de un mundo mejor, animado por el Espíritu de Cristo».

Sacerdote discapacitado evangeliza por Internet

Un sacerdote de Schoenstat discapacitado evangeliza por Internet

Más de 1.500 personas reciben las charlas del padre Nicolás

PARAGUAY, martes, 20 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Ha nacido un servicio gratuito de envío quincenal de textos del padre Nicolás Schwizer, sacerdote del Instituto de los Padres de Schoenstatt, que nació en Suiza, y trabajó muchos años en Paraguay. En el año 2000 sufrió un accidente de carretera que le causó una grave discapacidad.

«La tendencia, con el tiempo, es que sus impedimentos vayan en aumento. Con sus homilías y retiros se tiene un material abundante y muy rico. Un equipo de personas hemos iniciado esta publicación vía mail, que actualmente se distribuye en español, inglés, portugués y alemán a más de 1.500 personas en todo el mundo», informa a Zenit Javier Cabral, de la Federación de Familias de Paraguay.

El padre Nicolás llegó a acumular un abundante material, catalogado por su seguidores que ofrecen en Internet el «retiro virtual con el Padre Nicolás», envíos quincenales con el título retiros del Padre Nicolás Schwizer, que están teniendo difusión en la red.

«Cada vez son más las personas que se suscriben, y que a su vez preguntan también: ¿quién es el Padre Nicolás?, explica Cabral.

Se puede acceder a este material en: http://groups.google.com/group/PNreflexiones

El padre Nicolás Schwizer, nació en Suiza y tras aprender una profesión administrativa (municipalidad, notario-escribano), a los veinte años, optó por el sacerdocio y tuvo que completar sus estudios medios.

Entró en un colegio de los Palotinos (Ebikon). Allí conoció el movimiento Schoenstatt, fundado por el alemán padre José Kentenich, y formó parte de un grupo de estudiantes.
Hizo su primera consagración en 1959 y la segunda en 1961. Del padre fundador se hablaba poco, estaba lejos, exiliado en Milwaukee.

En el último año de sus estudios secundarios (Gossau), se decidió a ingresar en la comunidad de los Palotinos, pero por amor a Schoenstatt. (Era en ese entonces el camino normal para quien quisiera ser un sacerdote schoenstattiano).

En 1963, entró en el noviciado de los Padres Palotinos en Suiza, al mismo tiempo que seguía conociendo la misión, la pedagogía y la espiritualidad de Schoenstatt.

Al terminar el noviciado empezó sus estudios teológicos en la universidad de Friburgo. Allí conoció a muchos chilenos que vivían en la misma casa. A través de ellos y de su filialidad sencilla y fuerte encontró un acceso nuevo al fundador.

Muy pronto, en 1965, fue fundada la comunidad de los Padres de Schoenstatt. Con ello llegó el momento de la separación. Prácticamente todos los estudiantes dejaron a los Palotinos y entraron en la nueva comunidad en 1966.

Al entrar en la nueva comunidad, se encontró con estudiantes argentinos, chilenos y paraguayos de la misma generación. Su gran vivencia del fue conocer por fin al fundador personalmente.

En el Colegio Mayor de Münster, en 1968, su curso hizo su consagración ante el fundador.
En la década de los 70 llegó a Paraguay para trabajar por Schoenstatt y lo hizo con gran fecundidad. En el año 2000, un gravísimo accidente –al que sobrevivió casi milagrosamente– le destruyó parte del cerebro y lo dejó imposibilitado.

«Ahora –explica Cabral– vive su amor a Schoenstatt en el dolor y con el testimonio de su dignidad sacerdotal, manifestada en todo momento».

En sus vivencias recogidas fielmente por este grupo de seguidores latinoamericanos, que otros han traducido a varios idiomas, el padre Nicolás relata, por ejemplo, su último encuentro con el fundador: «Fue cuando todos los seminaristas hicimos una peregrinación a Cambrai (Francia). Fue el 15 de julio de 1968, dos meses antes de su muerte. Empezamos nuestra peregrinación en Schoenstatt para pedir la bendición del Padre. Pero era muy difícil llegar junto a él. Entonces nos pusimos debajo de su ventana y empezamos a cantar hasta que logramos llamar su atención. Abrió la ventana, nos saludó. Después de un rato desapareció. Volvió enseguida y empezó a tirar por la ventana: caramelos, bombones, chocolates… Finalmente nos dio la bendición para el viaje y se despidió de nosotros».

«Cuando ya estábamos subiendo al ómnibus -añade– vimos de repente como salió por una puerta lateral para ir a rezar su rosario en el parque (…) Y de nuevo nos habló un rato. Pero lo que quedó grabado para siempre en mi memoria es mi despedida personal de él. (…) Y siguió hablando un largo rato, mientras mantenía mi mano en la suya. Y la aferraba fuerte, de tal modo que no podía retirarla. Después nos dejó. Pero a mí me quedó la pregunta ¿qué quiso decirme al retener tanto tiempo mi mano? ¿No sería un signo de su especial cercanía y vinculación de Padre y Fundador? ¿O quería darme ánimo y fuerza antes de dejar este mundo? De cualquier modo lo considero un gesto de despedida muy cariñoso y significativo».
Y concluye que, a través de los encuentros con el padre José Kentenich le quedaron tres imágenes en la mente y en el corazón: «El fundador de una gran obra, padre de una gran familia, y yo he sido llamado a ser hijo de este gran padre y a ser cofundador con él; el Padre espiritual y guía para mi vida sacerdotal, cuyo reflejo he de ser, junto con mi comunidad de padres; el santo para nuestro tiempo, que se hizo santo en medio de el mundo de hoy, mundo complejo y difícil, el gran modelo de vida para mí y para todos nosotros que somos sus hijos y seguidores».

Desde hace varios meses, se envían dos veces por mes por correo electrónico las fichas de reflexión llamadas «El Padre Nicolás predica desde la web».

Para suscribirse (gratis): pn.reflexiones@gmail.com. Se ofrecen en castellano, portugués, inglés, alemán.

La Iglesia se desmarca en EPC

La Iglesia se desmarca de la Guía de los colegios religiosos para adaptarse a EpC

miércoles, 21 de noviembre de 2007
Libertad Digital


La Conferencia Episcopal difundió este fin de semana un comunicado escueto en el que deja claro que no comparte la doctrina de la FERE de que es posible adaptar Educación para la CiudadaníaAlmudi.org - Adoctrinamiento al ideario de los centros católicos.Si la asignatura es tan flexible que puede convertirse en lo que los centros quieran, ¿cuál es su contenido válido y verdadero? Por otro lado, si los colegios religiosos asumen que el programa de la asignatura necesita ser adaptado al ideario de las familias católicas, ¿qué ocurre con los alumnos católicos de las escuelas públicas? ¿Cómo se protege su derecho a la libertad de conciencia? ¿Quién adapta la asignatura para ellos?.Éstas y otras preguntas vienen denunciando críticamente la debilidad moral de la posición de la FERE ante Educación para la Ciudadanía. La patronal de colegios religiosos insiste en que la asignatura es compatible con el ideario católico, siempre que se practiquen en ellas determinados retoques; de ahí, la edición de una guía para que los colegios asociados sepan cómo adaptarla al ideario cristiano de las familias que envían a sus hijos a estudiar en esos centros.La primera y más significativa respuesta a esta iniciativa de la FERE ha llegado de la propia Iglesia Católica. La Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal subrayó el pasado sábado que «no ha refrendado ni aprobado» la guía de la FERE.

La Comisión de los Obispos españoles emitió un comunicado escueto y directo en el que recuerda que «se atiene a los criterios establecidos en las declaraciones de la Comisión Permanente del Episcopado de 28 de febrero y de 20 de junio de 2007».

Es decir, la Iglesia sigue oponiéndose a la asignatura de adoctrinamiento por una cuestión de principios y de compromiso con la libertad que es incompatible con experimentos de adaptación o apaños como el de la FERE.

No ha sido la única respuesta a la Guía de asimilación de EpC. María Rosa de la Cierva, consejera del Consejo Escolar del Estado, la ha calificado de «deficiente», durante el IX Congreso de Católicos y Vida Pública, celebrado este fin de semana en Madrid bajo el lema «Dios en la vida pública. La propuesta cristiana».

De la Cierva explicó que la Guía, dirigida a los profesores, «siembra la confusión» y, además, «no cuenta» con el visto bueno de la Conferencia Episcopal Española.

La experta pronosticó que las Comunidades Autónomas no aceptarán el pacto de no agresión suscrito entre el Ministerio y la FERE. Gobiernos nacionalistas y socialistas en las regiones no van a aceptar que «algunos temas, como la formación en educación sexual, sean impartidos a los alumnos de acuerdo al pensamiento de la Iglesia Católica. Van a chocar», adelantó.

En Cataluña, la respuesta a la Guía de la FERE ha llegado por medio de la asociación E-Cristians y de la Convención Cristianos por Europa. Joseph Miró i Ardevol aseguró este fin de semana que el documento de la FERE es «un proyecto construido sobre una base muy débil».

Ardevol recordó que la Guía se basa en «una palabra dada» por el Ministerio de Educación y «no en un fundamento jurídico».

«Es un compromiso verbal del ministerio de que los colegios concertados podrán adecuar a su ideario el programa de la asignatura pero esto no figura en ninguno de los reales decretos del Gobierno central ni de las administraciones autonómicas», advirtió.

La laicidad del Estado y el Cristianismo

«La laicidad del Estado tiene su origen en el cristianismo»

miércoles, 21 de noviembre de 2007
Santiago Mata


Gaceta de los Negocios

Filósofo y sacerdote, Martin Rhonheimer nació en Zúrich (Suiza) en 1950. Es profesor de Ética y Filosofía política en la Universidad de la Santa Cruz (Roma); miembro del consejo editorial del American Journal of Jurisprudence y de la Academia Pontificia de Santo Tomás. Ayer pronunció una conferencia en el IESE de Madrid.

¿Cómo encuentra nuestro país después de muchos años sin visitarlo?

Hay muchas tensiones porque está en una situación de transición. Algunos piensaAlmudi.org - Martin Rhonheimern que España es católica y ya no lo es. Como toda crisis es una oportunidad, una crisis de crecimiento, como la adolescencia. Hoy España es un país normal, pero la normalidad incluye cosas problemáticas.

¿No es posible una sociedad cristiana?

Tiene que ser compatible con un Estado laico, con una cultura política que respeta la libertad, también y en primer lugar la libertad religiosa, que mantenga los logros de la modernidad, la democracia occidental que llamamos no-plebiscitaria, una democracia limitada, domada por los derechos constitucionales, porque los derechos humanos limitan la soberanía del pueblo, son estándares de derecho natural que indican que la mayoría no es el último criterio. La democracia no es sólo poder votar, es una cultura política compleja, que incluye la libertad, la competencia, los partidos, los derechos, la independencia judicial, un logro que hay que defender también contra la cultura islámica, que no reconoce la independencia y la separación.

¿Cuáles son esos aspectos problemáticos?

Hay un autor italiano que defiende como meta del laicismo actuar «como si Dios no existiera», es el credo laicista, que se enfrenta a lo dicho por Juan Pablo II de que leyes como la del aborto eran ilícitas y carecían de valor jurídico. Ratzinger explicó eso diciendo que no siempre es derecho lo que decide la mayoría. Para ese autor laicista, esto es fundamentalismo. Pero decir que carecen de valor tales leyes puede decirse en dos sentidos. En un sentido lo dice el que no la acepta y busca una nueva mayoría que la revise, pero reconociendo la estructura democrática: aunque algo sea derecho vigente, puede ser injusto y se puede luchar contra ello. Para eso está la democracia y eso no es fundamentalismo. En cambio, se puede criticar como si la cultura política que produce esas leyes fuera injusta, como si la democracia se deslegitimizara por despenalizar el aborto. No es eso lo que dijo Juan Pablo II: dijo que carece de valor una ley que no cumple los estándares jurídicos objetivos de la ley natural.

¿Debe sentirse cómodo el cristiano en un Estado laico?

El cristianismo es la primera religión que sólo es un proyecto religioso. Todas las otras religiones, también la griega, eran al mismo tiempo proyectos políticos y jurídicos. La Iglesia católica es la primera que no hace depender el orden sociopolítico de la religión y de textos sagrados. La laicidad tiene origen cristiano. Yo veo la modernidad como un encuentro de la Iglesia consigo misma como religión. Pero eso no quiere decir que no pueda pronunciarse en cuestiones de relevancia moral, sino que lo debe hacer sin reprochar ilegitimidad, sin dar la impresión de que la Iglesia quiera someter al poder temporal a su competencia judicial.

¿Existe un fundamentalismo democrático?

Sí, es el de Rousseau, que presupone que la voluntad general es verdadera y que, por tanto, la opinión minoritaria es ilegítima. Eso no es cierto, ya que la opinión minoritaria es tan legítima como la otra y puede ser verdadera. Las reglas del juego dicen que si quieres que tu opinión sea ley, tienes que convencer a la mayoría.

¿Y si el laicismo es anticlerical?

Es lo que sucedió a fines del siglo XIX en la Francia de la III República. Hay que tener en cuenta que la Iglesia francesa era antirrepublicana. Cuando el Papa les propuso el ralliement, la cooperación con la República, los católicos franceses no lo quisieron. La Revolución Francesa no iba contra la monarquía, sino contra la aristocracia, su lema era: «Contra los privilegios».

¿El anticlericalismo hispano es algo rancio?

Hasta cierto punto es un anacronismo. Pero no se debería reaccionar como si hubiera que defender la España católica (algo que suena a confesionalidad), porque España no es un país católico, es un país con muchos católicos, quizá con algunos de los mejores católicos del mundo, un país que tiene raíces católicas. Es verdad que la sociedad se está descristianizando y que eso es un problema, pero volviendo al pasado no se arregla.

¿Tener ideas claras es obstáculo para el diálogo?

Al contrario, no puedo tener una discusión interesante con una persona que no tiene convicciones. Sólo convencemos si argumentamos. Y la Iglesia tiene argumentos. Los documentos del Magisterio hoy día son fantásticos, porque son razonados. Por ejemplo, el documento a las uniones homosexuales alega razones seculares, políticamente aceptables, sin ninguna afirmación deducida de la Biblia: todo es de sentido común. Expone que el matrimonio tiene un estatuto particular porque es responsable de las nuevas generaciones: de su nacimiento, educación, cultura y hasta de la transmisión de la riqueza y el saber. Las uniones homosexuales no producen nada de eso. Pueden ser uniones afectivas, de amistad: la cuestión no es que la Iglesia prefiera el amor entre hombre y mujer como tal.

Masoneria y Cristianismo

Es falso que masonería y cristianismo sean compatibles, afirma periodista

MADRID, 20 Nov. 07 / 05:57 pm (ACI).- «En la masonería no hay nada por encima de la razón y por ello no es compatible con la fe» aseguró el periodista y escritor español José Antonio Ullate durante la presentación de su libro «El secreto masónico desvelado» que publica la editorial Libros Libres.

La presentación se llevó a cabo en la Universidad CEU San Pablo de Madrid y contó con la participación del historiador Ricardo de la Cierva, el editor de dicha casa editorial, Álex del Rosal, y el subdirector general de Relaciones Institucionales y Desarrollo Corporativo de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, Raúl Mayoral.

Ullate explicó que la realización de este su segundo libro -el primero, «La verdad del Código Da Vinci», fue un éxito de ventas- responde al objetivo de proporcionar «una explicación sintética que nos diga qué es lo que lleva a una persona a hacerse masón«.

Según el joven escritor, la misma definición que la masonería da de sí revela sobre ella cuestiones cruciales, pues «en el momento en que se propone un sistema de moralidad autónoma, se dice que no existe Dios. La masonería, en el fondo, propone un solo Dios, que es el hombre«.

El pensamiento masón, señaló, es «esencialmente naturalista» pues está construido desde «la convicción de que el ser humano no puede abrirse a lo sobrenatural«.

Para Ullate, la masonería, pese a que no es una religión, «se sitúa por encima de toda religión«, ofrece una cosmovisión en que toda respuesta brota de la premisa de que «nada está por encima de la libertad y de la conciencia».

«En la masonería no hay nada por encima de la razón y por ello no es compatible con la fe«, aseguró el periodista, recordando que el Papa León XIII aseveró que «entrar en ella es salir de la Iglesia«.

Durante su intervención, Ullate advirtió asimismo que el «Gran Arquitecto del Universo» masónico no se puede equiparar en absoluto con el Dios de la religión pues aquel «puede ser una cosa y la otra, y cuando esto es así es que no significa nada».

Sobre esta figura enarbolada por esta sociedad secreta, Ullate aseguró que «empuja hacia una visión agnóstica y relativista de la religión» pues, «hay dos maneras de ser ateo, decir que Dios no existe o llamar a Dios lo que no es Dios. Esto último es lo que se hace al crear el concepto de Gran Arquitecto del Universo».

Finalmente, el autor advirtió hay algunas ideas que «traspasan los límites de las logias» y que ya han influenciado en la sociedad actual en la que impera «si no la masonería, sí la ideología masónica«.