«Milagros»

Cinta premiada

«Milagros», película sobre madre que reza a Juan Pablo II gana festival de cine religioso

MADRID, 08 Nov. 07 / 07:53 am (ACI).- El cortometraje «Milagros», producido por el español Juan García del Santo, ganó como mejor cinta internacional en el festival de cine religioso «Religion Today» en Roma, y que tuvo entre el jurado al reconocido Cristoph Zanussi y a Enzo Sisti, productor de Pandillas de Nueva York y de La Pasión.

Según informó el diario español La Razón, «Milagros» narra la historia -ficticia aunque basada en un hecho real- de Ana, una niña parapléjica cuyo padre (interpretado por el mismo director) es un profesor de universidad racionalista puro y ateo; y su madre, una persona con profundos sentimientos religiosos que reza a Juan Pablo II por la curación de su hija, «lo que supondrá un conflicto matrimonial por el escepticismo del padre«.

Así, al referirse al personaje que encarna, Del Santo explicó que este es tratado como alguien «que se pregunta sobre el sentido de la vida, entre lo racional y lo espiritual».

La película ha sido financiada por el mismo director, quien afirmó que «Milagros» es una iniciativa personal que ha contado con la colaboración «inestimable» del director Javier Figuero y de la Universidad San Pablo CEU.

La cinta, indicó, quiere mostrar «la grandeza y la belleza del misterio de la fe y de la espiritualidad«, así como «explicar lo inexplicable» a través de personajes reales y entorno al Papa Juan Pablo II, por su milagro en la monja francesa Marie Simon Pierre.

Hombre, mujer, familia y amor

miércoles, 07 de noviembre de 2007
Emili Avilés


www.mujernueva.org

Emilio AvilesEn conversaciones de amistad y familiares, he visto que algunos piensan que la mujer, para ser «ella misma», se ha de presentar como antagonista del hombre. Más bien creo que la rivalidad entre los sexos no ayuda a un desarrollo armónico de la familia. Se han creado-inventado-exagerado tensiones; incluso se ha buscado el camino del medio: desdibujar las diferencias hombre-mujer, pasando a ser secundaria la diferencia sexual y primordial una visión cultural o de género.

Por favor, no cambiemos lo que es la naturaleza de las cosas. Ya sabemos que los hombres nos interesamos más por lo que pasa, ellas por lo que es, van más a la raíz, a lo concreto, son más «conscientes». ¡Pues genial, así nos complementamos también en un nivel afectivo y racional!

Urge que la mujer lleve su naturaleza específica femenina a todas las actividades que ahora está asumiendo, y no imitar al hombre en ellas, no repetir al hombre, porque es verdad que el hombre y la mujer son iguales, pero, evidentemente, no son lo mismo.

Digámosles a nuestros amigos y amigas que ya está superada la diferenciación de mujer pasiva frente a hombre activo. Es claro que el amor -máxima actividad humana y siempre entrega al otro- no siempre supone salir activamente de sí; también es activo el recibir, pues el acoger de verdad es una manera activísima de amar. En eso estamos todos, hombres y mujeres.

Por otra parte, el hombre tendrá que asumir, sobre todo en el hogar, actividades consideradas hasta hace pocos años típicamente femeninas. Como dice un amigo, si no es bueno que el hombre esté solo, tampoco está bien que deje sola a la mujer en las tareas de casa. Sabemos que no es cuestión de roles impuestos desde fuera. No se hace de esposa o de esposo, se es esposa o esposo.

¿Vemos todos que es importante valorar más el trabajo del hogar y la familia, esmerarse en un reparto de tareas prudente y generoso, evitar estereotipos machistas y también feministas, amar adelantándose a lo que necesite el otro, venerar la maternidad, respetar y proteger la naturaleza humana? Seguro que sí, pues lo natural es la mutua ayuda en el matrimonio, poder ceder en los gustos y aficiones particulares para construir mejor la estupenda realidad del «nosotros».

En fin, trabajemos con determinación por un amor enamorado, que seguro será creciente. Nada puede haber más atractivo y por lo que valga más la pena entregarse. Un gran medio es cuidar muy bien, a diario, los pequeños detalles de cariño y servicio en nuestra propia familia.

Eso es amar de verdad. ¿No os parece?