Enviar oraciones por internet

San Isidoro de SevillaAmigos del blog Moral y Luces.
Mi deseo es que en todo el mundo, a través de internet, haya siempre una gran red de amistad y de oración, de unos por otros. Por eso, antes que nada, quiero empezar encomendándonos, a tí y a mí al patrono de Internet, San Isidoro de Sevilla.
Por si a alguien le puede interesar, quiero compartir con todos unas direcciones de internet, que sirven para enviar peticiones de oración, directamente a través de un formulario.

Gruta de la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes (Francia)

Santuario de Fátima (Portugal)

Red internacional de oración

Cadena de oración mensual (España)

Red Mundial de Oración

Basílica de san Antonio de Padua (Italia)

Comunidad de San Egidio (Italia)

Nuestra Señora de Guadalupe (México)

Adoración Nocturna Mexicana (México)

Santuario María del Rosario de San Nicolás (Argentina)

María desatadora de nudos (Argentina)

Fiesta de Todos los Santos

Fiesta de Todos los Santos

Celebramos a las personas que han llegado al cielo, conocidas y desconocidas.
 
Fiesta de Todos los Santos
Fiesta de Todos los Santos

Este día se celebran a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana.

Comunión de los santos

La comunión de los santos, significa que ellos participan activamente en la vida de la Iglesia, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.

Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión. Este día es el 1ro. de noviembre.

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. Que debemos luchar todos para conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.
Se puede aprovechar esta celebración para hacer un plan para alcanzar la santidad y poner los medios para lograrlo:

¿Como alcanzar la santidad?

– Detectando el defecto dominante y planteando metas para combatirlo a corto y largo plazo.
– Orando humildemente, reconociendo que sin Dios no podemos hacer nada.
– Acercándonos a los sacramentos.

Un poco de historia

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo, en el año156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general. Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía. Se reunían en el lugar donde estaban sus tumbas, haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires

La veneración a los santos llevó a los cristianos a erigir sobre las tumbas de los mártires, grandes basílicas como la de San Pedro en la colina del Vaticano, la de San Pablo, la de San Lorenzo, la de San Sebastián, todos ellos en Roma.

Las historias de los mártires se escribieron en unos libros llamados Martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cesaron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los santos confesores. En el año 258, San Cipriano, habla del asunto, narrando la historia de los santos que no habían alcanzado el martirio corporal, pero sí confesaron su fe ante los perseguidores y cumplieron condenas de cárcel por Cristo.

Más adelante, aumentaron el santoral con los mártires de corazón. Estas personas llevaban una vida virtuosa que daba testimonio de su amor a Cristo. Entre estos, están san Antonio (356) en Egipto y san Hilarión (371) en Palestina. Tiempo después, se incluyó en la santidad a las mujeres consagradas a Cristo.

Antes del siglo X, el obispo local era quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los Sumos Pontífices, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones.

El Concilio Vaticano II reestructuró el calendario del santoral:

Se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas (se eliminaron algunos santos no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros); se seleccionaron los santos de mayor importancia (no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representan: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc.); se recuperó la fecha adecuada de las fiestas (esta es el día de su nacimiento al Cielo, es decir, al morir); se dio al calendario un carácter más universal (santos de todos los continentes y no sólo de algunos).

Categorías de culto católico

Los católicos distinguimos tres categorías de culto:
– Latría o Adoración: Latría viene del griego latreia, que quiere decir servicio a un amo, al señor soberano. El culto de adoración es el culto interno y externo que se rinde sólo a Dios.

– Dulía o Veneración: Dulía viene del griego doulos que quiere decir servidor, servidumbre. La veneración se tributa a los siervos de Dios, los ángeles y los bienaventurados, por razón de la gracia eminente que han recibido de Dios. Este es el culto que se tributa a los santos. Nos encomendamos a ellos porque creemos en la comunión y en la intercesión de los santos, pero jamás los adoramos como a Dios. Tratamos sus imágenes con respeto, al igual que lo haríamos con la fotografía de un ser querido. No veneramos a la imagen, sino a lo que representa.

– Hiperdulía o Veneración especial: Este culto lo reservamos para la Virgen María por ser superior respecto a los santos. Con esto, reconocemos su dignidad como Madre de Dios e intercesora nuestra. Manifestamos esta veneración con la oración e imitando sus virtudes, pero no con la adoración.

Todos llamados a ser santos

Novena de oración por nuestros difuntos

Catholic.net ha organizado, juntamente con diversos conventos y casas de religiosos y religiosas, una novena de oraciones por todos los Fieles Difuntos, con adoraciones, oraciones, el rezo del rosario, y una intención especial en la Santa Misa el día 2 de noviembre celebrada por sacerdotes amigos de Catholic.net que se han sumado a nuestra primer Novena de los Fieles Difuntos.

Únase a nuestras oraciones, y envíenos los nombres de los difuntos a quienes usted desea que encomendemos. Tendremos un recuerdo especial para ellos durante los nueve días previos a la fiesta de los Fieles Difuntos el día 2 de noviembre. Si desea enviarnos los nombres y sus intenciones es muy sencillo, rellenando el formulario en nuestro sitio Novenas Catholic.net (click aquí) Nosotros enviaremos estos nombres e intenciones a los diversos conventos y casas de religiosos y religiosas, y sacerdotes diocesanos que se han sumado a esta Novena de los Fieles Difuntos.

¿Te encontrarás un día entre los grandes?

Todos los Santos. Todavía hay tiempo de ganar un lugar, tu lugar, tu escaño vacío que te espera.

Chicas y PadreFiesta de muchos, de muchos valientes, de muchos que ganaron a pulso un galardón eterno.

¡Cuántos son! ¡Qué buenos son! ¡Cómo quisieras ser como ellos! Pero del quisiera al quiero, media un trecho muy grande.

Quisieras ser escritor, quisieras hablar con gracia, quisieras hablar por televisión, quisieras… Por ahí andan millones llevando durante toda la vida sus quisieras en sus pupilas y en su imaginación, y los entierran así, con sus quisieras y unas palabras de tierra.

¡Cuánto quisieras tú encontrarte un día en esa fila de bienaventurados que van llenando los escaños de la gloria! ¿Será tan difícil obtener el boleto? ¿En este momento cómo andarán tus ganancias? ¿Te encontrarás un día entre los grandes?

Son de todas las edades, de todos los tiempos, y aún no concluyen las entradas; entre las que faltan está la tuya. Todavía hay tiempo de ganar un lugar, tu lugar, tu escaño vacío que te espera.

Ser santo fue desde tu infancia un sueño dorado y en tu edad madura es un sueño que no ha muerto, sigue siendo tu meta primera: A veces parece que muere, cuando te revuelcas en tu sangre con el ánimo destrozado, pero te levantas muchas veces, todas las que es necesario, y lo vuelves a intentar. Mientras duren los días, la esperanza está abierta y se puede.

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Conoce más acerca de la
Solemnidad de Todos los Santos

Beneficios y peligros de los medios de comunicación

martes, 30 de octubre de 2007
John Flynn


www.zenit.org

    Niño jugando con GameboyLa explosión de tecnología en los medias hace necesario que tanto los padres como la sociedad estén más atentos a los peligros a que se enfrentan los niños. Esta es la advertencia contenida en un informe de título «Good Servant, Bad Master: Electronic Media and the Family» (Buen Sirviente, Mal Amo: los Medios Electrónicos y la Familia), publicado el 15 de octubre por el Instituto Vanier para la Familia de Ottawa, Canadá.

    La autora, Arlene Moscovitch, ha revisado la investigación canadiense e internacional sobre los media y, en su informe, reconocía la aportación positiva de los mismos, puesto que son una fuente útil de educación y entretenimiento. Igualmente, las nuevas tecnologías ayudan también a las familias a estar en contacto con mayor facilidad.

    Al mismo tiempo el informe ponía en guardia ante algunas consecuencias más negativas.

– Quienes más usan los medios electrónicos, en todos los grupos de edad, pasan menos tiempo interactuando con sus parejas, hijos y amigos.

– Los investigadores temen que la exposición excesiva a los media entre los niños más jóvenes pueda traer consigo problemas de control de la atención, comportamiento agresivo y un pobre desarrollo cognoscitivo.

– Con el aumento de los problemas de obesidad y diabetes entre los niños, resulta una preocupación que la vasta mayoría de los anuncios de alimentos durante los programas infantiles sean de alimentos con alto contenido de azúcar, sal y grasas.

– Muchos padres están preocupados porque sus hijos pasan largos periodos de tiempo conectados y la clase de cosas a las que están expuestos.

Exceso de tecnología

    Moscovitch observaba que según la Asociación de Consumidores de Electrónica de Norteamérica, el hogar medio de Estados Unidos tiene una media de 26 aparatos electrónicos diferentes para comunicación y mass media. En Canadá sólo el 1% de la población poseía un reproductor de DVD en 1998, actualmente están presentes en el 80% de los hogares.

    También en Canadá, el 94% de los jóvenes tienen acceso a Internet en casa. La mitad de los estudiantes de undécimo grado y, aunque sorprenda, el 20% de los de cuarto grado tienen su propio ordenador conectado a Internet, separado y aparte del de la familia.

    El 44% de los jóvenes canadienses utilizan sus móviles para navegar por Internet, y el 22% tienen webcams.

    Citando datos de una encuesta sobre dedicación de tiempo llevada a cabo en 1995 por el organismo del gobierno Statistics Canada, el informe indicaba que los canadienses de 15 años o más pasaban sólo 2 horas al día viendo la televisión, en comparación con las 3 que pasaban en 1998.

    El consumo de radio ha permanecido relativamente estable entre 1998 y 2003, en cerca de 3 horas al día, pero se dedican de 30 a 45 minutos más al día al uso del teléfono, y el tiempo en Internet ha aumentado.

    Un estudio con 5.000 jóvenes llevado a cabo por el Media Awareness Network descubrió que, en un día normal de fin de semana, los estudiantes canadienses pasaban -muchas veces de forma simultánea- 54 minutos enviando mensajes; 50 minutos bajándose contenidos y escuchando música; 44 minutos jugando a juegos online; y sólo 30 minutos haciendo las tareas del colegio.

    En general, en Canadá y Estados Unidos, cada vez más jóvenes pasan menos tiempo con los medios escritos y de televisión, y más tiempo con medios interactivos como los móviles, los videojuegos y los ordenadores conectados a Internet. Además, esta actividad mediática tiene lugar cada vez más en sus propios cuartos, en vez de los espacios comunes de la familia.

Niños en riesgo

    Una de las principales razones del informe del Vanier Institute es cuánto están expuestos los niños a los medios. Moscovitch citaba un estudio reciente que mostraba que el 50% de los niños y preescolares de Estados Unidos viven en hogares con tres o más aparatos de televisión, el 97% tienen ropa o juguetes basados en personajes de los medios y tres cuartas partes comparten su espacio vital con un ordenador.

    La Academia Norteamericana de Pediatría recomendaba no dedicar tiempo alguno a la pantalla para los niños de menos de dos años; no obstante, un estudio del 2003, sobre los hábitos mediáticos de los niños de Estados Unidos desde su nacimiento hasta los seis años de edad, mostraba que casi el 70% de los niños con menos de dos años pasaban una media de dos horas al día viendo programas de televisión o vídeos. De hecho, el 26% de los niños con menos de dos años tenían un aparato de televisión en su dormitorio.

    Otros informes recientes confirman el efecto deletéreo de la televisión para los jóvenes. El 27 de mayo, el Boston Globe informaba que un estudio de investigadores pediátricos mostraba que cerca del 40% de los bebés de tres meses veían televisión o vídeos una media de 45 minutos al día, o más de cinco horas a la semana.

    El estudio se basaba en 1.009 entrevistas telefónicas al azar con familias de Minnesota y Washington, y se publicó en la revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine.

    Esta exposición tan temprana puede tener, según los investigadores, un impacto negativo en el desarrollo cerebral del bebé y poner a los niños en un alto riesgo de problemas de atención y disminución de la comprensión lectora.

Páginas sociales

    El Vanier Institute informaba que los medios de comunicación cada vez son más activos y con una orientación social. Un estudio de 2005 sobre jóvenes canadienses llevado a cabo por la Media Awareness Network mostraba que, entre los jóvenes, el 28% tienen su propia página web, el 15% tienen diarios online y blogs, y, en noveno grado, el 80% de los adolescentes escuchan música online y envían mensajes diariamente.

    A finales de 2006, el 55% de todos los adolescentes de Estados Unidos utilizaban redes sociales como MySpace y Facebook, y el 55% había creado su perfil online.

    Los peligros de las páginas sociales de contacto fueron confirmados por un informe con fecha del 14 de octubre, publicado por el Pew Internet and American Life Project.

    El estudio titulado «Teens and Online Stranger Contact» (Adolescentes y el Contacto Online con el Extraño) informaba que el 32% de los adolescentes online había sido contactado por alguien sin conexión alguna con él o con alguno de sus amigos, y el 7% de los adolescentes online afirmaban haber sentido miedo o incomodidad como resultado de contactar con un extraño online.

    Según el estudio, aquellos que han colgado fotos de sí mismos o creados perfiles en las páginas de contactos sociales es más probable que sean contactos online por personas que no los conocen.

    Entre los adolescentes que han sido contactados por alguien que no conocen, es más probable que sean las chicas las que informen de haber sentido miedo o incomodidad como resultado del contacto.

Preocupación de los padres

    Muchos padres, observaba el informe del Vanier Institute, se inquietan por el impacto de los medios en sus hijos. Las inquietudes incluyen no conocer con quienes contactan sus hijos, qué tipo de canciones escuchan, y si han caído en la tentación como el juego online y la pornografía. Además, muchos padres no son muy duchos en las tecnologías que emplean sus hijos.

    Sin embargo, los padres pueden influir en los hábitos mediáticos de sus hijos. El informe recomienda algunos pasos.

– Limitar el número de aparatos individuales y sacarlos de los cuartos a los espacios comunes.

– Limitar los tiempos en que son usados. Por ejemplo, no tener encendida la televisión durante todo el tiempo, especialmente en las comidas.

– Limitar también el tiempo total que los niños pasan al día con sus aparatos.

– Plantear normas sobre dar información personal o visitar ciertas páginas de Internet.

– Ayudar a los niños, especialmente a los más jóvenes, a distinguir entre fantasía y realidad hablándoles sobre el contenido que encuentran en los medios.

– Discutir con los niños sus experiencias en Internet y preguntarles sobre sus juegos, las páginas que crean y la forma en que interactúan socialmente.

Formar conciencias

    El informe también recomendaba que los padres ayudaran a instruir a sus hijos en los valores que necesitan, y no sólo dejarlos escoger a través de los valores que transmiten los medios. Al hacerlo los jóvenes estarán más preparados para juzgar críticamente la información y los fines que vienen de los medios.

    «Los usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass-media», recomendaba el No. 2496 del Catecismo de la Iglesia Católica. «Han de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente las influencias menos honestas».

Nuestro gusto es servirles

jueves, 01 de noviembre de 2007
Jaime Nubiola


Gaceta de los Negocios

Hace unas pocas semanas en un pequeño y acogedor restaurante de Bogotá, al despedirme de la encargada agradeciéndole lo bien que nos habían atendido, llamó mi atención su respuesta: «Nuestro gusto es servirles», me dijo con una sonrisa amable.

Lo decía con un tono tan verdadero que persuadía de que no se trataba de una mera frase Jaime Nubiolahecha, sino que -como habíamos podido comprobar- quienes llevaban aquel restaurante disfrutaban realmente si conseguían que sus clientes estuvieran a gusto.

Dándole vueltas en mi cabeza a aquella frase, caí en la cuenta de que en nuestro país no está de moda la palabra «servicio», aunque a todos nos encante -como me pasó a mí en aquel restaurancito al pie de los cerros de Bogotá- encontrarnos con personas serviciales.

Hasta no hace mucho la gente mayor -al menos en las zonas rurales- respondía a la pregunta de «¿quién es?» por el interfono del portero automático con un sonoro «servidor» o «servidora», sin que advirtieran en el empleo de aquella expresión nada peyorativo, sino más bien el resultado de una buena educación, unos buenos modales. Hoy en día me parece que se contesta casi universalmente al interfono con un estentóreo «yoooo». Un pequeño cambio semántico que quizá refleja un giro importante en el foco de la atención.

Cuando a principios de los 80, British Airways quería relanzar su actividad, el consejo de administración contrató para dirigir la compañía a Colin Marshall, procedente de Sears, precisamente porque, aunque no tenía experiencia en el negocio aéreo, sostenía que la clave estaba en el servicio. De hecho, fue él quien acuñó aquel hermoso lema de British Airways, To fly, to serve («Volar para servir»), ahora ya en desuso. En este mismo sentido, me pasaba ayer un colega unas sabias declaraciones del ex presidente de Hewlett Packard en España, Juan Soto, encabezadas por el titular -extraído de sus palabras- «Liderar es querer servir», que es una versión más general de aquel antiguo lema de la compañía aérea.

Me parece que la palabra «servicio» no está ya en boga, porque el servicio ha sido malentendido como servilismo, como aquella actitud pasiva y complaciente del esclavo, del siervo de la gleba, manipulado despóticamente por su amo. «Más vale morir de pie que vivir de rodillas», repite por doquier el grito revolucionario.

Sin embargo, la igual dignidad de todos los ciudadanos, la igualdad ante la ley de todos los españoles -que, por supuesto, son valores democráticos inalienables- no tienen relación ninguna con la necesidad de que en nuestras organizaciones sociales y empresariales y, muy en particular, en la vida familiar, nos sirvamos unos a otros. Las comunidades humanas sólo funcionan bien, sólo logran su fin, cuando cada uno, comenzando por los que están más arriba, pone lo propio, lo personal, al servicio de la comunidad, al servicio de quienes de ellos dependen o de quienes simplemente están a su lado.

No se trata de pedir a todos el heroísmo de la Madre Teresa de Calcuta, pero sí que ha de poder exigírsenos a cada uno el buen ejercicio de nuestro trabajo, con eficiencia y buenos modales, con una sonrisa amable para todos. A fin de cuentas, el servirse unos a otros es una traducción práctica del mandamiento cristiano del amor, pero es también la condición vital del desarrollo de una genuina sociedad democrática.

Sólo puede una sociedad florecer si sus miembros en sus diferentes ámbitos y funciones se sirven unos a otros. Basta con pensar en la propia comunidad de vecinos para persuadirse de que ésto es así. Cuando en una cuestión debatida un vecino aporta lealmente su experiencia profesional suele ser fácil que se adopte pronto una decisión satisfactoria. Si, en cambio, los vecinos rehúyen comprometerse en la gestión del bien común, los problemas fácilmente se eternizan y las relaciones personales con frecuencia se deterioran.

Para un profesor universitario resulta fácil entender la importancia del servicio, pues nuestro trabajo tiene tradicionalmente «tres patas»: docencia, investigación y servicio. Por servicio se entienden todas aquellas tareas que no son docencia ni investigación y que ocupan a menudo tantas horas de nuestra jornada. Van desde la participación en órganos de gobierno y comités de todo tipo, hasta la evaluación del trabajo de nuestros colegas y el servicio a la comunidad extrauniversitaria, pasando por todas aquellas tareas que quizá parecen menores y que consisten básicamente en ayudar y acompañar a unos y a otros.

La actitud permanente de servicio es todavía más esencial en las familias. Realmente una familia es aquel ámbito en el que sus miembros se sirven unos a otros sin reclamar nada a cambio; es un espacio en el que lo natural, lo normal, es servir. Las familias en las que marido y mujer, padres, hijos y abuelos, se sirven unos a otros crecen indefectiblemente. Habrá altibajos e incluso conflictos, pero la cohesión que crea el mutuo servicio es difícilmente destructible.

Sin embargo, el punto que quería destacar es que al servicio realizado ha de corresponder siempre la expresión de un agradecimiento verdadero. No basta con el simple pago de la cantidad convenida, ni siquiera aunque vaya acompañado de una buena propina. Hemos de aprender a regalarnos unos a otros siempre la gratitud por el servicio prestado, pero todavía es mejor -como hacía la encargada de aquel restaurante de Bogotá- descubrir que realmente nuestro gusto es servir a los demás.

Familias a la deriva

martes, 30 de octubre de 2007
Javier Arnal


El Mundo – Castellón

Javier ArnalNo me importa escribir sobre la familia coincidiendo con la presentación de mi libro «Desafío a la familia», que tuvo lugar ayer en la plaza Santa Clara. Y no me importa porque, siendo la familia la institución más valorada por todos en cualquier tipo de encuesta, se merece el mejor y continuo tratamiento en los medios. Es lo que más nos interesa a todos, de verdad, ocupe o no la apertura de informativos televisivos o radiofónicos, primeras páginas en periódicos o titulares destacados en internet.

La familia ha sufrido, y sufrirá en el futuro. Pero ha demostrado que ninguna tempestad puede con ella. Hoy en día, sufre no pocos envites, pero el optimismo ante la pervivencia de esta institución invita al optimismo: saldrá airosa. El deseo es que el «túnel» por el que atraviesa ahora, en España y en nuestro entorno, dure lo menos posible, porque ahora mismo navega a la deriva.

La familia está enferma. Incluso puede hablarse de pandemia. Si alguien puede poner en duda esta consideración, que defienda ante los micrófonos que le parecen un logro social los 95.000 abortos legales o los 150.000 divorcios contabilizados en España en 2006, o una ínfima tasa de natalidad de 1,3 -a la cola mundial-, o el pánico de muchos a contraer matrimonio por la inseguridad que se fomenta, o que seamos el país del mundo con mayor tasa de embarazos en menores de edad -la niña embarazada en León con 11 años ha alarmado socialmente-, o el olvido que sufren muchos abuelos, o la legalización de la unión de homosexuales como matrimonio -somos tan originales en España que prácticamente nadie nos ha seguido en ese «nuevo derecho»-, o los desajustes emocionales y psíquicos que sufren cientos de miles de españoles por una situación familiar a la deriva.

Deliberadamente he escrito el párrafo anterior muy extensamente. Sin el fin de recordar desgracias, el auténtico mal de las familias ahora es que hay una campaña para hacernos creer que la familia no está enferma, sino solamente que se está modernizando. Líderes culturales y políticos desean «contentar» con facilonería a los ciudadanos, y de paso consiguen mayor manipulación bajo el lema del «todo vale».

Modernizar no es intentar desfigurar la familia ni experimentar superficialmente en semejante aventura humana, que tanto tiene que ver con la felicidad. Modernizar es asumir los cambios sociales, integrarlos con respuestas actuales en el contexto familiar y asimilar avances reales. Avances reales son la dimensión laboral de la mujer -pendiente de muchas mejoras- y reclamar a los varones que se preocupen más del hogar. Mi libro pretende desenmascarar, alertar y seguir ayudando a las familias a reponerse de la enfermedad.

Para santificar al mundo

miércoles, 31 de octubre de 2007
A. Aranda


La solemne liturgia tuvo lugar en el marco de la II Asamblea General de Amigos de la Universidad de Navarra, y fue oficiada en el campus universitario, más precisamente en el lugar conocido como la explanada de la Biblioteca. Era indudablemente el acto más importante de aquellas jornadas.

“Amar al mundo apasionadamente”Cuando se contempla una fotografía del lugar en tan histórico momento y se compara con otra actual de idéntica perspectiva, se pueden observar muchos detalles interesantes, aunque uno destaca a primera vista entre todos: los hermosos árboles que adornan ahora ese rincón entrañable del campus no existían entonces o, quizás, sólo eran pequeños arbustos rodeados de una mancha de césped, que los presentes en aquella ceremonia litúrgica evitaban pisar.

Como ellos, ha crecido en forma notable la Universidad de Navarra, y, a la par, se han visto desarrolladas tantas otras iniciativas apostólicas que San Josemaría fundó, bendijo y amó. El Opus Dei, que en aquel 1967 ya hacía llegar su eficacia santificadora a los cuatro ángulos de la tierra, ha experimentado también en estos 40 años, por la gracia de Dios y bajo la guía amorosa, sucesivamente, de San Josemaría, de Mons. Álvaro del Portillo y de Mons. Javier Echevarría, una formidable expansión de su servicio universal a la Iglesia y a la sociedad.

La homilía [1] que San Josemaría proclamó aquel día con voz firme, con tono vibrante y a la vez templado, y siempre con la impresionante auctoritas de su condición de Fundador y Pastor del Opus Dei, ha recorrido desde entonces un largo y fecundo camino de influjo a lo divino. Al tiempo de ser pronunciada, veía la luz su primera edición escrita, pues al finalizar la Santa Misa, fueron repartidos algunos ejemplares entre autoridades e invitados. Las ediciones sucesivas (bien de la homilía por separado o incluida ya en el libro Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer) han superado en la actualidad el centenar, en una docena de lenguas. La simiente de amor a Dios, de vida ordinaria santificada, de generosidad apostólica, de servicio a la Iglesia, de amor cristiano al mundo que San Josemaría arrojaba a manos llenas ante unos miles de personas, continúa floreciendo hoy por todos los rincones del mundo.

UN TEXTO NACIDO EN UN CLIMA DE ORACIÓN Y AFAN DE ALMAS

Quienes participaban en la II Asamblea de Amigos de la Universidad de Navarra esperaban con alegría y emoción el momento en que tendría lugar la Santa Misa del Gran Canciller en la explanada de la Biblioteca. Estar cerca de San Josemaría y, más aún, poder participar en el Santo Sacrificio celebrado por él, significaba mucho para las personas allí congregadas, entre las que se contaban tantos hijos e hijas suyos y tantos Cooperadores y amigos. Muchos de ellos -quizás la mayoría, constituida por personas jóvenes- no lo conocían físicamente y sólo unos pocos habían tenido la oportunidad de asistir alguna vez, y lo guardaban en su corazón como un regalo de la Providencia, a una Misa suya. Eran miles de personas felices y agradecidas por encontrarse junto al Fundador del Opus Dei, y sobre todo porque tomaban parte con él -y, en cierto modo, a través de él- en «la acción más sagrada y trascendente que los hombres, por la gracia de Dios, podemos realizar en esta vida«[2] .

No es posible describir con palabras la fuerza espiritual del momento. Allí se hacía evidente aquel: «¡Vive la Santa Misa!»[3] , que tantos fieles cristianos han aprendido a hacer suyo, siguiendo las enseñanzas de San Josemaría. En aquel «templo singular«, como lo describía en su homilía -«la nave es el campus universitario; el retablo, la Biblioteca de la Universidad; allá, la maquinaria que levanta nuevos edificios; y arriba, el cielo de Navarra…«[4]-, era patente la fe y la piedad de una multitud en oración. Se «oían» con igual intensidad los diálogos y los silencios litúrgicos. Con la mirada fija en el celebrante y en el altar, se vivía intensamente el Sagrado Rito.

En ese ambiente espiritual, llegó, tras las Lecturas, el momento de la homilía, que fue seguida de principio a fin con atento y respetuoso interés. El Fundador del Opus Dei, de pie ante el altar y con los folios de la homilía en sus manos (se los había entregado D. Javier Echevarría, que permanecía delicadamente junto a él), pronunciaba el texto con la cadencia y la modulación necesarias para que pudiera ser bien seguido en aquel espacio abierto. Proclamaba la doctrina -aspectos centrales del espíritu que Dios le había entregado- con elegancia y vigor, con esa fuerza de atracción y convicción que siempre tenía su predicación. Leía el texto como diciéndolo, y se advertía que lo conocía muy bien. Lo había preparado cuidadosamente en las semanas anteriores, durante su estancia en Elorrio (Vizcaya), y lo había retocado días antes de los actos de Pamplona. Cada párrafo, cada palabra de aquella homilía era fruto de su meditación personal y de su deseo de ayudar a todos dando a manos llenas el buen espíritu.

San Josemaria en PamplonaEsta homilía y todos los escritos pastorales que San Josemaría ha dejado en herencia a sus hijos y a toda la Iglesia poseen, en efecto, con independencia de sus concretas circunstancias de tiempo y lugar, y de sus diferentes características internas, una importante cualidad común. Han venido a la luz en un clima de oración, de compromiso con la misión y el espíritu fundacionales, de plena fidelidad a la doctrina de fe de la Iglesia Católica y de afán de almas. Originados en el corazón y en la mente del Fundador, son fuente de la que mana incesante el espíritu del Opus Dei, a la vez que motor de vida cristiana para personas de todo lugar y condición. Es preciso acercarse a ellos, como es tradición en la Obra, con gratitud y veneración, leerlos y meditarlos con una disposición personal semejante a aquella con la que fueron escritos: en un ámbito de oración, de compromiso con la tarea apostólica encomendada, de fidelidad a la Iglesia.

¿No es cierto que la homilía Amar al mundo apasionadamente, releída en un clima de oración y afán de almas como en el que fue pensada, siempre vuelve a impresionar por la fuerza espiritual que encierra? San Josemaría quiso que, pocos días antes de ser pronunciada por él en el campus de Navarra, fuera leída en su presencia a un puñado de hijos suyos. La impresión que dejó en ellos fue, en cierto modo, como una anticipación de la que iba a transmitir días más tarde a quienes la escucharon de sus labios en Pamplona y la que sigue proporcionando a cuantos la han leído en estos años.

VIVIR SANTAMENTE LA VIDA ORDINARIA

La frase que da título a este parágrafo es el leitmotiv de la homilía: su verdadera música de fondo. Esas cinco palabras sintetizan perfectamente su contenido e incluso, yendo más allá, permiten formular con brevedad y acierto la sustancia del mensaje fundacional de San Josemaría: la vida ordinaria puede ser medio de santidad, Dios nos llama a santificarnos en ella. «¡Con cuánta fuerza ha hecho resonar el Señor esa verdad, al inspirar su Obra! Hemos venido a decir, con la humildad de quien se sabe pecador y poca cosa –homo peccator sum (Luc. V, 8), decimos con San Pedro-, pero con la fe de quien se deja guiar por la mano de Dios, que la santidad no es cosa para privilegiados: que a todos nos llama el Señor, que de todos espera Amor: de todos, estén donde estén; de todos, cualquiera que sea su estado, su profesión o su oficio. Porque esa vida corriente, ordinaria, sin apariencia, puede ser medio de santidad: no es necesario abandonar el propio estado en el mundo, para buscar a Dios, si el Señor no da a un alma la vocación religiosa, ya que todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo»[5].

La homilía hace hincapié en esa doctrina fundamental y pone de manifiesto sus principales claves teológicas y espirituales, como por ejemplo el hecho de acentuar ya desde el principio que la vida ordinaria es «el verdadero lugar de nuestra existencia cristiana«[6] . El término «lugar» indica el conjunto de realidades que constituyen nuestra existencia cotidiana: circunstancias, deseos, acciones, inquietudes personales, relaciones con los demás, acontecimientos, etc. Todas las vicisitudes materiales y espirituales de nuestro vivir de personas corrientes durante las veinticuatro horas del día conforman, a la vez e inseparablemente, el marco necesario del ser cristiano, que no consiste sino en vivir la vida diaria en referencia a Cristo, como hijos de Dios. «Existencia cristiana» nada añade a «vida cotidiana» salvo la intencionalidad de vivir ésta, con ayuda de la gracia, en Cristo[7] , es decir, dejándose guiar por el Espíritu Santo[8] : con sentido sobrenatural, con caridad y verdad, con finura de conciencia, con recto criterio moral. En definitiva, como hijos de Dios. «En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria…«[9]

En el don de la adopción filial que Dios nos ha concedido por los méritos de Cristo, y en la llamada que nos dirige a comportarnos en todo, confortados con la gracia, como hijos suyos, radica la humilde grandeza de la existencia cristiana, que es -mientras no lo ocultemos con acciones impropias- un inmenso foco de luz en medio de la sociedad. «Vosotros sois la luz del mundo«[10] .

La voz de San Josemaría resonaba con extraordinaria determinación en aquella mañana de octubre de 1967: «No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca«[11] . Esa misma voz, entrañable y paterna, sigue recordando a todos los cristianos que tenemos el deber de mostrar a nuestros conciudadanos, a toda la sociedad contemporánea el verdadero rostro amable y misericordioso de Cristo: la obligación de que pueda ser conocido en y por nuestra vida. «Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos«[12] .

Vivir santamente la vida ordinaria -«sin ruido, con sencillez, con veracidad«[13] – es, como hemos comprobado en nuestra propia existencia, un ideal de extraordinario atractivo. Pero sólo se alcanza a comprender plenamente su grandeza («la grandeza de la vida corriente«[14] ) cuando ese existir está empapado a diario de espíritu apostólico, de celo por las almas. «Santidad en las tareas ordinarias, santidad en las cosas pequeñas, santidad en la labor profesional, en los afanes de cada día…; santidad, para santificar a los demás«[15] . Los cimientos firmes del camino del Opus Dei, queridos como tales por Dios, se siguen implantando y extendiendo día a día por todo el mundo sobre el fundamento de la fe (pues «sin la fe, falta el fundamento mismo para la santificación de la vida ordinaria«[16] ), y de la puesta en práctica -con naturalidad y audacia, con humildad y sin temores- de la libertad del cristiano(«no podríais realizar ese programa de vivir santamente la vida ordinaria, si no gozarais de toda la libertad que os reconocen -a la vez- la Iglesia y vuestra dignidad de hombres y de mujeres creados a imagen de Dios«[17] ).

AMAR EL MUNDO APASIONADAMENTE

Una frase que el Fundador del Opus Dei escribió en la homilía del campus y que, llegado el momento de su proclamación litúrgica, pronunció con singular vibración, ha servido para inspirar el título con que la homilía ha pasado a la historia: «Amar al mundo apasionadamente«. La referida frase suena así: «Soy sacerdote secular: sacerdote de Jesucristo, que ama apasionadamente el mundo[18] «. Entre la frase y el título hay un evidente parentesco, pero no es menos evidente que la frase dice más que lo expresado en el título. Hay en ella un plus de significado, cuyo peso teológico otorga también implícitamente al título su auténtico alcance espiritual.

Cuando la homilía salió de la pluma de San Josemaría no tenía propiamente un título, ni tampoco lo tuvo en su primera edición[19] , o en sus primeras reproducciones en algunos medios de comunicación en lengua castellana. Sólo al ser traducida y editada en otras lenguas -como al francés y al italiano- recibió, con aprobación de su Autor, un título propio[20] . Fue el italiano (Amare il mondo appassionatamente), directamente deducido de la frase antes mencionada, el asumido en las ediciones y traducciones sucesivas. Bajo ese título, ya definitivo, se incluyó la homilía en el libro Conversaciones.

El amor al mundo del que trata la homilía no es un amor simplemente natural, como el que pudiera brotar en alguien que admirase su armonía y belleza desde una perspectiva ajena al sentido religioso, o incluso -aun sin excluir su referencia a Dios- desde una actitud religiosa genérica. San Josemaría, por el contrario, está hablando en su homilía del amor cristiano al mundo, contemplado por él no sólo como creación de Dios -que es lo propio de una visión creyente- sino sobre todo, yendo más allá, como lugar del encuentro personal con Cristo, como escenario en el que los cristianos están llamados a «vivir santamente la vida ordinaria«. El mundo que el Fundador del Opus Dei ama y enseña a amar es esencialmente amable «porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yaveh lo miró y vio que era bueno (cfr. Gen 1, 7 y ss.)»[21] . En el amor al mundo de San Josemaría está latiendo la sublime enseñanza del Señor a Nicodemo: «tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito» (Jn 3, 16). Ese es el mundo que contempla y ama con amor sacerdotal: el que, amado eternamente por el Creador, ha sido redimido y santificado por Cristo mediante su vida humana, su muerte y su gloriosa resurrección y ascensión al Cielo.

El amor apasionado de San Josemaría al mundo está siempre ardiendo en la llama del amor a Cristo y a su obra de salvación. Es un amor apostólico, un amor redentor y, en ese sentido, un amor también sacerdotal, mediador, sacrificado, partícipe del amor al mundo del Sacerdote Eterno, Cristo Señor nuestro. La referencia personal del cristiano al mundo (su mundo, su quehacer, su cotidiana relación con las personas y las cosas) incluye sustancialmente, en virtud de su sacerdocio común, una dimensión de mediación y suscita, en el alma abierta a la gracia, la intención de conducir a Dios todas las cosas, de encaminarlas a su destino, que es la gloria de Dios. «Todas las cosas son vuestras, vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios(1 Cor 3, 22-23). Se trata de un movimiento ascendente que el Espíritu Santo, difundido en nuestros corazones, quiere provocar en el mundo: desde la tierra, hasta la gloria del Señor» [22] . Traen esas palabras a la mente aquellas otras en las que habla de la «corriente trinitaria de amor por los hombres, que se perpetúa de manera sublime en la Eucaristía«[23] . La corriente de amor de Dios que ha descendido sobre los cristianos y sobre la entera creación, perpetuada en el Sacrificio del altar, pide ser correspondida por el movimiento ascendente del amor a Dios y a todas las cosas creadas -cotidianamente encendido en la Eucaristía- para reconducir la entera creación redimida a su Creador. Es un ideal apasionante, como el amor que el Espíritu Santo induce y sostiene en nosotros.

EN TODO EL INMENSO PANORAMA DEL TRABAJO

«Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día«[24] . Aquellos miles de personas que escuchaban atentamente aquel 8 de octubre de 1967 eran como una breve representación de todos los que, desde 1928 y hasta el final de los tiempos, habrán sido confortados con su mensaje de santidad. En el campus dePamplona, ante el Fundador del Opus Dei, se hallaba, en cierto modo, como en apretada síntesis, el inmenso panorama del mundo del trabajo -el mundo de los hombres y las mujeres corrientes, el de su diario existir- en medio del cual había hecho Dios brotar, en su misericordia, esa fuente permanente de luz y de sentido cristiano que es el espíritu del Opus Dei.

«Mirad las aves del cielo … Fijaos en los lirios del campo …«, decía Jesús a las gentes que escuchaban su discurso en el monte, haciéndoles meditar sobre la presencia bienhechora de Dios entre nosotros, sobre su providencia paterna[25] . Ha querido también el Señor que, a través de San Josemaría, resuene en el seno de la Iglesia y en la entraña misma del mundo un cierto eco de sus palabras, y no falten personas que al calor del espíritu del Opus Dei sepan poner de relieve el significado cristiano del cotidiano acontecer. «Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir«[26] . Ese quid divinum que corresponde descubrir a cada uno, contribuyendo así a que también otros se animen a descubrirlo, es sencillamente «la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida«[27] , es decir, lo que da valor y significado transcendente a la vida ordinaria es que, en y desde ella, Dios dice lo que espera de cada uno.

«Son muchos los aspectos del ambiente secular, en el que os movéis, que se iluminan a partir de estas verdades«[28] , repite nuevamente San Josemaría con sus palabras de entonces. En realidad, es la propia alma, la inteligencia, la conciencia las que se iluminan en primer lugar a partir de esas verdades, y con ellas también se llena de nueva luz y queda purificada la mirada sobre los acontecimientos y las cosas. El mundo en el que vivimos y actuamos «como ciudadanos en la vida civil«[29] , cuando es contemplado con ojos cristianos, con mirada de hijo de Dios, deja ver a través de su belleza la Belleza de su Autor, a través de su grandeza la grandeza del Amor Creador.

El mundo que Dios amorosamente ha creado y redimido en Cristo para nosotros sus hijos, este mundo real de lo cotidiano que nos ha sido entregado para que lo santifiquemos y lo pongamos a los pies de su Señor, despierta el amor, solicita el trabajo, apremia el celo apostólico. Convoca, en definitiva, a vivir santamente la vida ordinaria con generosidad y audacia, con sentido apostólico, con intención: «porque una vida santa en medio de la realidad secular (…) ¿no es hoy acaso la manifestación más conmovedora de las magnalia Dei (Eccli 18, 4), de esas portentosas misericordias que Dios ha ejercido siempre, y no deja de ejercer, para salvar al mundo?» [30] .

Autor: A. Aranda.

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[1] San Josemaría Escrivá, Amar al mundo apasionadamente, en «Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer«, nn. 113-123, Madrid, Rialp, 1968 (1ª ed.). (Citaremos ese texto en adelante siguiendo la numeración marginal de Conversaciones, distinguiendo los párrafos dentro de cada número con letras minúsculas).

[2] Conversaciones, 113b.

[3] Cfr. Forja, 934.

[4] Conversaciones, 113d.

[5] Carta 24-III-1930, 2

[6] Conversaciones, 113e.

[7] Cfr. Gal 2, 20; 2 Cor 13, 5; Rm8, 10; Col 1, 27; Ef 3, 17; etc.

[8] Cfr. Rm 8, 14.

[9] Conversaciones, 116b.

[10] Mt 5, 14.

[11] Conversaciones, 114e.

[12] Mt 5, 16.

[13] Conversaciones, 123a.

[14] Cfr. Amigos de Dios, 1-22.

[15] Amigos de Dios, 18.

[16] Conversaciones, 117b.

[17] Conversaciones, 123d.

[18] Conversaciones, 118b.

[19] Esa primera edición, impresa en «Ediciones Magisterio Español, S.A» (E.m.e.s.a.), Madrid, vió la luz coincidiendo con la Misa de nuestro Padre en Pamplona. En la portada se lee: «Homilía | pronunciada por el Excmo. y Revmo. Sr. | Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer | Gran Canciller de la Universidad de Navarra | durante la Misa celebrada en el campus de la | Universidad, con ocasión de la Asamblea General de la Asociación de Amigos | 8 de octubre de 1967 | Pamplona | mcmlxvii». Constaba de 16 páginas.

[20] Los títulos, en ambos casos, se inspiraban en palabras tomadas del mismo texto de la homilía. En francés fue denominada: «Le matérialisme chrétien» (cfr. «La Table Ronde», nº 239-240, noviembre-diciembre 1967, pp. 231-241; en italiano recibió el nombre de «Amare il mondo apassionatamente» (cfr. «Studi Cattolici», nº 80, noviembre 1967, pp. 35-40.

[21] Conversaciones, 114a.

[22] Conversaciones, 115c.

[23] Es Cristo que pasa, 85.

[24] Conversaciones, 114b.

[25] Cfr. Mt 6, 26-28.

[26] Conversaciones, 114b.

[27] Conversaciones, 116d.

[28] Conversaciones, 116d.

[29] Conversaciones, 116d.

[30] Conversaciones, 123a.