Inicio > Mundo, ProVida > El síndrome del coronel Nicholson

El síndrome del coronel Nicholson

De cara al Congreso Internacional Provida que se celebra en Madrid del 6 al 8 de Noviembre próximos, la prensa viene aireando varias de las denuncias que el movimiento provida repite desde hace ya tiempo. Son titulares como: EL ABORTO ES LA PRIMERA CAUSA DE MUERTE EN ESPAÑA, EN ESPAÑA SE HACE UN ABORTO CADA 7 MINUTOS, o LAS ADOLESCENTES ABORTAN CADA VEZ MÁS. Todo ello es cierto y estas denuncias deben de ser un motivo de reflexión en un curso lleno de campañas electorales y con tres llamadas a las urnas, todas ellas de enjundia. La cuestión que quiero plantear ahora no es la conveniencia de que el tema sea repensado y replantado de nuevo ante la conciencia pública ni apuntar los argumentos ponderativos que habría que traer a colación en esa, a mi juicio necesaria, reflexión. Más bien quiero dirigirme a una cuestión de principio que puede enconar más el debate y que hace referencia al contexto, es decir: ¿podemos plantearnos dirimir con garantías de ecuanimidad en estos momentos un asunto de ese tenor en el marco en el que supuestamente ha de plantearse, que es el de la esfera política? Avanzo que mi respuesta es negativa y como ello puede sorprender voy a intentar explicar porqué.

Bueno es recordar que los providas al margen de la acción del estado vienen, desde hace ya más de veinte años, haciendo algo para paliar los efectos negativos del aborto en nuestro país. Más de veinte mil niñas y niños han tenido la oportunidad de nacer gracias a la acción de los centros de acogida a la vida diseminados por toda España. Son centros atendidos en su mayoría por voluntarios y en los que al margen de las instancias públicas de servicios sociales trabajan desinteresadamente hombres y mujeres que aportan lo que saben y pueden para resolver lo que para ellos es el problema más grave de España. El contraste para cualquiera que, independientemente de sus creencias y opción política, pueda ponerse en la situación mental de estos voluntarios y colaboradores es de por sí llamativo. Se trata del contraste entre la sociedad civil (estos provida) que se sacrifica y dedica tiempo y recursos para salvar vidas y el Estado que, cual es el caso en nuestro país, con los impuestos de todos subvenciona y procura el aborto.

Y es que a la hora de pensar el aborto no podemos ignorar esta cuestión fundamental: de facto el estado español es un estado abortista. Esto nos sitúa en nuestro argumento y, obviamente, la pregunta es -vamos a tratar de pensar con coherencia como uno de estos voluntarios provida que se plantease la cuestión con inocencia y buena fe- ¿puedo yo colaborar con ese estado aunque sea para hacer el bien y enmendar parte del mal que causa a sabiendas de que el estado no dejará de facto de ser un estado abortista? Más aún, ¿no estoy yo, al plantearme esta misma pregunta, dando una legitimidad al estado, legitimidad que tenía que haberme cuestionado mucho antes? En mi opinión este es el quid del asunto y de lo que se trata aquí es de diagnisticar el síndrome del coronel Nicholson.

Como todos ustedes recordarán, el coronel Nicholson, maravillosamente impersonado por ese gran actor, converso católico y noble inglés, que era Sir Alec Guinness, creyó enmendar la plana al ilegítimo opresor construyendo un magnífico puente sobre el río Kwai, que si bien era reflejo de la honradez y buen hacer del oprimido, facilitaba de modo innegable la expansión del opresor. En su ceguera colaboracionista el coronel Nicholson no pudo darse cuenta de que lo que efectivamente estaba haciendo era afianzar el dominio de quien al mismo tiempo le negaba la libertad a él y a los demás como él.

Pues bien, creo que nosotros, hablo ahora de nuestra esfera pública, tampoco nos damos cuenta. No nos damos cuenta de que al colaborar con el estado, un estado de facto abortista, para mejorar leyes, cual es el caso por ejemplo de la ley de reproducción asistida, que afiancen su continuismo y dirigismo sobre las vidas de otros como nosotros, estamos siendo pacientes de un síndrome, el síndrome del coronel Nicholson. Ese síndrome necesita cura. Para procurarla sigamos el consejo que se da a los que han padecido otros síndromes similares: alejémonos un poco, aseguremos nuestra autonomía y libertad, y preguntémonos si de verdad necesitamos colaborar y ayudar a quien amenaza la libertad de terceros. En definitiva todo ello demanda que examinemos el contexto de nuestras relaciones con el poder constituido y tratemos de repensarnos como ciudadanos, como contribuyentes, de un estado abortista, que es lo que en definitiva somos. Creo que ese es el primer paso para liberarnos del síndrome del coronel Nicholson pues solo después de ello estaremos en condiciones de dialogar con el opresor.

José Pérez Adán
profesor de sociología en la Universidad de Valencia

Categorías:Mundo, ProVida
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: