Se desarmó el Belén

– Hace unos días saltó a la opinión pública una noticia ocurrida en el Colegio de las Lagunas de Mijas Costa (Málaga). La directora desmontó el Belén que los alumnos de 1º ESO habían hecho en clase de Religión y lo tiró a la basura, despreciando el trabajo, la asignatura y, mucho peor, todo lo que el Belén significa: el Nacimiento de Jesús. El argumento es que “un centro laico no puede contar con manifestaciones religiosas”. Lo más grave de este asunto, al margen de lo meramente religioso, es que una directora de un Colegio Público, dependiente de la Junta de Andalucía gobernada por el PSOE, no ha respetado las creencias religiosas de los alumnos lo cual, según la Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de Málaga, puede ser un delito tipificado en el art. 525 del Código Penal vigente. La Delegación de Educación justifica a la directora, argumentando que esta actividad no fue notificada. Una vergüenza de comunicado oficial en los días previos a la Navidad.
Se ha pedido el cese de la directora por herir la sensibilidad de los pobres chicos de primero de ESO, que se habían esmerado en hacer un trabajo, y tirar a la basura toda su ilusión. Además, la profesora de religión ha visto totalmente desprotegida su dignidad como docente y no respetada su libertad de cátedra dentro del aula.

Este laicismo que nos invade, imperativo al que estamos sometidos los cristianos por no poder hacer uso de nuestra libertad religiosa es, en el fondo, una discriminación que ya viene de lejos. Está lleno de un rencor y un complejo que demuestran intolerancia, falta de talante, incultura, fundamentalismo y falta de sensibilidad y respeto hacia los ciudadanos. ¿Qué será lo próximo: impedir los desfiles procesionales de Semana Santa en la calle, prohibir la celebración pública del Corpus Christi, impedir que Benedicto XVI vuelva a España…?

Este gesto, absurdo y destructivo, retrata a esta directora de colegio, no como defensora de las libertades ni como buscadora de la excelencia educativa o de difíciles equilibrios que sólo existen en una atormentada cabeza, sino como una persona incapaz de respetar aquello con lo que no está de acuerdo. La discrepancia y la variedad de opiniones nos enriquecen, siempre que exista el respeto, por eso, lo que ha ocurrido en este centro educativo tiene un nombre: intolerancia.

Autor: Moral y Luces

Moral y Luces

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