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Archive for the ‘Testimonios’ Category

JESÚS, MI MEJOR AMIGO

Actualizado 22 marzo 2010

Sor Emmanuel: Jesús, mi mejor amigo (2)


Esa tarde, le entregué mi vida a Dios:

Señor, hoy mi plan era morir. Pero tú has tomado sobre ti mi muerte y me has dado tu vida. Entonces Señor, esta vida que me queda por vivir sobre la tierra, es enteramente tuya. ¡Tómala!

Durante la misa, ¡reía de alegría! Al final, el animador del grupo pro­puso que algunos avanzaran para recibir la efusión del Espíritu Santo. Un pequeño grupito imponía las manos y oraba por cada uno en particular. No podía dejar de repetirle aJesús que mi vida era suya y, bajo las manos ben­decidoras de estos maravillosos hermanos, abrí mi corazón al Espíritu Santo. Me tocó entonces en un punto neurálgico, el de mi ceguera espiritual, y recibí una luz penetrante, clara como el cristal: la voluntad de Dios es vida, mi propia voluntad puede generar la muerte. ¡Era clarísimo, irre­batible!

Si anteriormente desconfiaba de la voluntad de Dios y me mantenía a distancia como si se tratara de una avalancha de desgracias, en ese momento era todo lo opuesto, la amaba, la buscaba con todo mi ser ¡por­que era vida! Esa noche se apoderó de mí un temor, el temor de no hacer la voluntad de Dios. El Espíritu Santo me había hecho acceder a sus teso­ros, a sus siete dones, en particular al denominado “temor de Dios”. ¡Temor de disgustar a quien uno ama!

Esa noche, dormí como bebé recién nacido sobre el corazón de su madre, y a partir de la mañana siguiente una vida totalmente nueva comenzó para mí. ¡Estaba tan feliz que saltaba de alegría en el asiento de mi ciclomotor aun en pleno París! Jesús se había convertido en mi mejor amigo, lo consultaba en todo momento, ante la menor decisión a tomar y él me guiaba.

UNA BUENA LIMPIEZA INTERIOR

Iba a menudo a casa de Andrée T. que ejercía en aquel entonces un minis­terio de liberación y de evangelización en ciertos barrios pobres de París, especialmente entre las prostitutas. Junto con Paul, su marido, pertenecía a una asamblea pentecostal muy activa, y a ambos les gustaba venir a des­lizarse en medio de los católicos con el verdadero propósito de “unidad en Cristo”. Vivían en un hogar muy pobre. Andrée apenas conseguía moverse en la cocina. Pero para mí, [era mi pequeño rincón del Paraíso! Conocía tan bien su Biblia, que en cada situación evocaba un versículo: “Cristo ha dicho … , Pablo ha dicho … , Moisés ha dicho … ” y nos sacaba sus hilachitas de luz a chorro continuo. Nutría entonces mi alma y mi corazón con ese fuego y yo salía de allí con tanta alegría como para levantar montañas.

Muy pronto después de mi ´liberación´ ella me explicó -a su mane­ra- lo que realmente debía haberme ocurrido con ese astrólogo en la India, pues sus conocimientos me habían sorprendido. ¿Cómo había podi­do leer mi vida pasada sobre un viejo libro? ¿Cómo podía haber tenido el libro de mi vida en su biblioteca?

-Te dejaste engañar por el Enemigo -me dijo Andrée-. Te mintió todo el tiempo y ¡tú no lo podías comprender porque no conoces bien la Palabra de Dios! ¡Sin embargo, Dios ha advertido a su pueblo sobre esto!

Entonces me hizo comprender el famoso capítulo 18 del Deuterono­mio sobre los profetas que yo leía por primera vez en mi vida católica (jamás lo he oído citar en una iglesia).

Cuántos jóvenes van a ver adivinos, astrólogos y se vuelven obse­sivos, depresivos, suicidas! El libro que tenía era tan sólo un soporte a su adivinación.” Recibía la información de Satanás y simulaba leer. ¡No me digas que te vas a tragar que un hindú haya escrito tu vida en sánscrito hace más de 1.000 años! Pero Satanás conoce tu pasado, él también es un ángel (caído). No conoce tu futuro, pero es inteligente y puede suponer algunas cosas en función de tu pasado y de tu presente. Lo que te dijo es mentira.´ Su palabra es una palabra de muerte que conduce a la muerte. Su plan con­sistía en matarte por dentro… Alaba el santo nombre de Jesús y ponte bajo su preciosa sangre. El Enemigo huirá.

Con Andrée, mis descubrimientos sobre el poder de Cristo y sobre la demonología eran en cierta manera empíricos. Leía el Evangelio y la vida de los santos de una manera completamente nueva, pues ahora podía tocar y reconocer estas realidades en mi vida cotidiana. Jesús era ahora alguien vivo!

Desde el día siguiente de mi liberación, hablé con Andrée y Paul sobre mi hermano Bruno quien, también él, sufría angustias mortales como consecuencia de muchas tonterías y extravíos de parte suya…

Fuimos alcanzados por la misericordia. Habiendo gustado del fruto amargo de las tinieblas, habiendo maldecido el día de nuestro nacimiento y rozado la muerte de cerca, hoy damos gracias a aquel que, derramando su Sangre en la Cruz nos hizo pasar de la muerte a la vida.

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Y Sor Emmanuel sigue corriendo el mundo para hablar de Dios y de la Virgen. Ella es un milagro viviente, ya que encontró la Vida, cuando pensaba que ya merecía la penar seguir viviendo. La seguiremos teniendo en cuenta.

Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com


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He confesado al diablo

Actualizado 28 marzo 2010

Estamos en el Año Sacerdotal en honor del Santo Cura de Ars. El próximo Jueves Santo celebraremos el día de la Institución del Sacerdocio Católico. Con este motivo ofrecemos en el Blog una interesante aportación.

La Página W. Catholic.net tuvo la feliz idea de lanzar un concurso sobre “Anécdotas Sacerdotales”, dirigido en exclusiva a sacerdotes de todo el mundo. El resultado ha sido magnífico. Han participado en él sacerdotes de 78 países, que han aportado 820 anécdotas.

Tras una concienzuda deliberación de los 20 miembros del Jurado Internacional, fue seleccionada una de las anécdotas como la más original e interesante. La escribió el padre Manuel Julián Zapata, sacerdote de la Diócesis de Cartago en Colombia. Reproducimos a continuación lo que cuenta este sacerdote en su colaboración:

Anécdota Ganadora

HE CONFESADO AL DIABLO


De lo que viví antes de confesarlo, recuerdo lo siguiente…

Como párroco de un pequeño pueblo, frecuentemente, cada domingo, salía por las calles y aprovechaba para saludar a la gente, dejándoles una catequesis escrita, especialmente a aquellos que por diversas razones no acudían al templo.

En aquella parroquia dedicada a San José, muchos tenían una costumbre que cumplían sin falta cada domingo, como si fuera un deber. Esto era tomarse “unas frías” -así llamaban ellos a la cerveza-. Por tanto, era fácil saber dónde encontrar este tipo de “fieles”, y entre ellos estaba también él.

Cierto día, al terminar mi recorrido, se acerca una señora para preguntarme si había reconocido al “diablo”. Según ella, yo lo había saludado y él había recibido uno de los mensajes que yo repartía. Yo no había visto al “diablo”, o por lo menos no recuerdo haber visto a ninguna ni a ninguno que se le pareciera.

En otra ocasión necesitaba ir al pueblo vecino para ayudar a un hermano sacerdote, pero el coche de la parroquia se había averiado y por ello necesitaba a alguien que me transportara.

Vaya sorpresa cuando, al preguntar a algunas personas quién podría ayudarme con este servicio, inmediatamente un niño me dijo: «Padre, si gusta llamo al “diablo” para que se lo lleve». No se imaginan lo que pensé en aquel momento. Parecía una broma, pero luego acepté la propuesta y ese día lo vi por primera vez…

Por un buen rato guardé silencio, pues era la primera vez que hacía un viaje así. Además pensé: ¿de qué puedo hablar con el diablo? Al poco tiempo le hablé, pero parecía más una entrevista que un diálogo. Ese día, antes de terminar el viaje y sin decir nada, dejé en su coche un escapulario de la Virgen del Carmen.

En adelante lo veía por todas partes; ya lo reconocía y, aunque siempre lo invitaba a la misa, él siempre me decía: “ahora no, algún día lo haré, tengo mis razones”.

El tiempo pasó, y cierto día un niño que esperaba en la puerta del templo me dijo que alguien me necesitaba urgentemente y que no quería irse sin antes hablar conmigo. El niño me explicó que se trataba de un enfermo grave. Entonces, rápidamente busqué todo lo necesario para la visita.

Cuán asombrado quedé cuando, al llegar a aquel lugar, descubrí que el enfermo grave que hacía varios días esperaba al sacerdote era Ramón, aquel a quien llamaban “el diablo”; un hombre del campo que había vivido situaciones humanas muy difíciles. No recordaba cuándo ni por qué le habían empezado a decir así, pero él se había acostumbrado. Ahora, postrado en una cama, padecía de un cáncer terrible y se acercaba a su final.

Recuerdo muy bien lo que él me dijo aquel día: «Padre, ¿me recuerda? Soy aquel que llaman “el diablo”, ¡pero mi alma no se la dejo a él; le pertenece a Dios!  Por favor, ¿me puede confesar?»

Fue un momento muy especial, pero aún más cuando vi lo que apretaba en sus manos mientras lo confesaba: un escapulario; precisamente aquel que yo le había dejado en su coche. Ahora él lo portaba en su viaje a la eternidad. Luego, en aquella casa también pude ver una hoja sobre la confesión, una de aquellas que yo mismo le había dado un domingo al mediodía.

Qué grande y misterioso es Dios. Obra en silencio y con sencillez, pero además nos permite compartir con todos el don que nos ha dado.

Y ese día todo el pueblo lo comentaba (y también yo lo pensaba): ¡he confesado al diablo!
Manuel Julián  Quinceno Zapata
Colombia
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A propósito de esta anécdota recuerdo un artículo que publiqué en la revista “Mundo Cristiano” que titulé: Yo he estado en Los Infiernos. Y efectivamente, yo estuve un día en Los Infiernos. Se trata de una pedanía del Campo de Cartagena (Murcia-España), cercana a mi pueblo que se llama LOS INFIERNOS. Es curioso, pero allí vive un grupo de familias que, de por vida, han tenido que decir siempre que viven en los Infiernos, aunque estén en la gloria por la paz que allí se respira. Son ironías de la vida.

Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com

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¡El grito del Copón!

Actualizado 31 marzo 2010

Sor Emmanuel

Olvidamos demasiado que, en la Eucaristía, Jesús es más humano que cualquiera de nosotros; lo experimenta todo con una sensibilidad que nos causaría vértigo. Él es todo corazón, toda expectativa de amor y más vul­nerable que un recién nacido. Cuando comulgamos, sabemos lo que expe­rimentamos. ¿Pero, qué sabemos de lo que Jesús experimenta en nosotros?

Una noche en que había prolongado el tiempo de mi adoración en la capilla de mi comunidad, me dirijo hacia el sagrario para cerrarlo y apagar las velas que lo rodean. En Francia, los miembros de la Comunidad de las Bienaventuranzas tienen la posibilidad de exponer el Santísimo Sacramen­to sin tocado, abriendo la puertecita del sagrario donde reina una pequeña custodia. Un foco ilumina la hostia, mientras que las otras luces están apa­gadas, lo que permite concentrar la atención en el cuerpo de Jesús.

Encontrándome sola en la capilla, me tomo el tiempo para cumplir con mis pequeñas tareas de sacristana alrededor de Jesús mientras le hablo. ¡¿No soy acaso su esposa?! Estoy por lo tanto muy cerca de él y, llave en mano, me dispongo a encerrado hasta la mañana siguiente. Sin embargo, el corazón se me estrecha: tantos cristianos soñarían con poder adorado aunque fuera por una hora, aun en medio de la noche, ¡y he aquí que yo le cierro la puerta! En ese momento un detalle me salta a los ojos: la cera de la vela se ha derretido sobre el borde de madera de la puerta y debería lim­piada. Comienzo a quitar toda marca de cera, cuando me sorprende una especie de grito. No proviene de la custodia, sino del copón ubicado al fondo del sagrario, que contiene muchas hostias. Es un grito inaudible a mis oídos de carne, pero justamente por ello resuena con mayor intensidad en mi corazón, ¡pues nuestros corazones poseen antenas, y muy poderosas!

Jesús quiere decirme algo. Él vive realmente en cada una de las hos­tias, y sin embargo no hay trescientos treinta y siete Jesús en el copón. Jesús es uno, pero multiplicado.´

Es como si cada hostia se pusiera a hablar, describiéndome el momen­to crucial que se prepara a vivir en los días venideros. Me parecía que cada hostia sabía a qué alma, a qué persona estaba destinada. Cada hostia vivirá una aventura amorosa única, ¡y la amplitud de las posibilidades es vertigi­nosa! Ciertas hostias caerán en corazones que serán un Cielo para ellas; para otras será como un descenso a los infiernos. El grito que resuena en mi corazón es en realidad un grito de angustia.

Muchas hostias están en agonía; saben que serán recibidas en mora­das inmundas donde reinan esos pecados que engendran la muerte. Perma­nezco clavada en el suelo, petrificada… Esas hostias sienten repulsión de ser consumidas.´ Jesús pide socorro! Grito silencioso, como el de un niño­ embrión que siente que lo van a matar y se acurruca instintivamente en el seno de su madre, cuando se aproxima el instrumento que lo extraerá con violencia. Grito silencioso del inocente que no posee en su pequeño cuer­po ningún medio para defenderse, si la que lo lleva en su seno no lo ama. Grito silencioso de Dios, que ha querido depositar su pequeño cuerpo inmóvil, más ligero que un grano de trigo, entre las manos de los hombres, por su cuenta y riesgo.

Cada hostia conoce también el día y la hora cuando entrará en el cora­zón que la consumirá. Estoy fascinada por la conciencia de Jesús: lo cono­ce todo, lo ve todo, lo prevé todo, iY se deja conducir como un cordero! Felizmente, la mayoría de las hostias se regocijan por anticipado de poder unirse con su destinatario.´

Aquella noche, cuando cierro el sagrario, intento captar el mensaje que Jesús me ha dado, un mensaje que no ha terminado de agotar su conte­nido, pues sólo en el cara a cara del Cielo, comprenderé plenamente su cla­mor. Por el momento, una cosa está clara: Jesús me invita a adorarlo en espí­ritu no sólo en todos los sagrarios del mundo,sino también en el corazón de todos aquellos que comulgan, tanto los buenos como los malos, a fin de que allí donde revive su condenación a muerte, Jesús reciba también una pequeña visita de amor, un humilde gesto de atención que lo consuele.

HOSTIAS ROBADAS

La Madre Yvonne-Aimée es una gran mística francesa, muerta en 1951 a los 49 años. Poseía numerosos carismas. Entre otros, solía ocurrirle que Cristo la previniera cuando ciertas hostias eran profanadas. Hoy, ciertas personas sostienen que la presencia real no existe fuera de la celebración de la misa. Esto es un gran error. He aquí la carta que la Madre Yvonne­Aimée escribió desde París al padre Crété, el 31 de marzo de 1923:

“Padre, le escribo teniendo a Jesús conmigo. Anoche, mi Bienamado me dijo que fuera a buscarlo a casa de una persona que desde el sábado con­servaba una hostia que había recibido indignarnente en el comulgatorio. Apenas la había recibido, aquella pobre alma la había retirado de su boca y la había puesto en su pañuelo para llevada a su casa con el fin de ultra­jada. Entonces le pedí a Jesús que me concediera esa alma, y le hablé del caso a mis amigas de la calle Monsieur (París), para que también oraran por: esta pobre extraviada.

Aquella noche, obedeciendo a la orden del muy dulce Señor Jesús, fui a casa de esta persona de buena posición. Ella misma me vino a abrir. Le dije inmediatamente que venía a buscar la hostia. Ella palideció notable­mente, indicándome que la siguiera. Me condujo a su salón privado, abrió una cajita que se encontraba sobre la mesa … ¡la hostia estaba allí!

La tomé y, siguiendo la inspiración del Maestro, le hablé a esta pobre mujer, que derramó lágrimas de sincero arrepentimiento.

Regresé al Hogar con mi querido tesoro sobre mi corazón. Era la una y media de la madrugada. Por todo el camino, mi Bienamado me hablaba. “Consérvame”, me decía, “hasta que te diga qué hacer y te haga conocer mi volun­tad”. (El padre espiritual de Yvonne le pidió que consumiera la hostia que llevaba con ella y ¡que procediera siempre así en situaciones similares!)

Yvonne continúa su carta:

“Esta tarde, Jesús me dijo nuevamente, que por la noche iría a sustraerle de otra casa en la cual había sido ultrajado. ¡Oh, pobre Jesús, que­rido Bienamado, tan mal amado!

En rescates ulteriores, Yvonne regresó a veces herida con la Eucaris­tía que había arrancado a unos profanadores que la habían golpeado.

Yvonne sufría muy cruelmente por las almas que profanaban las hos­tias y pedía al Señor por su conversión. A menudo, la noche siguiente a la recuperación de las hostias, Jesús la asociaba a su agonía, como para repa­rar por los sacrilegios. Estos acontecimientos ocurrían cuando Yvonne­Aimée aún no era religiosa. Tenía tan sólo unos veinte años. Más tarde, entraría en el convento de las Agustinas en Malestroit, Bretaña.
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Tomado del libro “El niño escondido de Medjugorje” (Págs. 272-275)

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Primera película dramática de Hannah Montana

«LA ÚLTIMA CANCIÓN»

La crítica cristiana lanza su valoración sobre la primera película dramática de Hannah Montana


A punto de cumplir los dieciocho años y de abandonar la serie de televisión que la ha hecho célebre, Miley Cyrus vuelve a la pantalla grande en una historia que consideran con valores positivos para los adolescentes.

Actualizado 1 abril 2010

E.R./ReL

La última canción [The last song] se estrena en España el 16 de abril, pero ya puede verse en Estados Unidos desde este miércoles. Es la primera incursión de Miley Cyrus, la célebre Hannah Montana, en un papel nítidamente dramático. A punto de abandonar la serie, este nuevo giro a su carrera no la aparta de su carrera musical, en la que está cada vez más centrada.

La crítica cristiana norteamericana no ha recibido mal The last song. El film está basado en una novela de Nicholas Sparks, un autor superventas que ya ha llevado al cine varias de sus obras, como Mensaje en una botella (protagonizada por Kevin Costner) o El diario de Noah, ambas también de éxito en nuestro país.

Sparks se ha confesado siempre cristiano, intentando dejar en sus novelas los principios en los que cree. En el caso de La última canción, las primeras reseñas, tanto por parte católica como por las confesiones protestantes evangelistas, ven en la película una aproximación al mundo adolescente distinta a las más corrientes en el cine actual.

«Los personajes buscan el sentido de la vida más en el corazón que en la libido», sintetiza el baptista Phil Boatwright. Por parte católica, Joseph McAleer, de Catholic News Service, afirma que «moralmente hay poco que objetar y mucho que celebrar» en la película, como la fuerza vital del amor, el perdón y la redención.

En La última canción, Miley Cyrus interpreta a una joven que no pudo superar el divorcio de sus padres. Cuando su madre le obliga, contra su voluntad, a pasar un verano con su padre (un hombre que siempre ha frecuentado la iglesia), la adolescente rebelde que es conocerá el amor de otro joven y muchas sensaciones, sentimientos y valores que hasta ahora le habían permanecido escondidos.

McAleer cita que la película ha sido recomendada para adolescentes por la oficina cinematográfica de la Conferencia Episcopal norteamericana, y considerada por otras asociaciones como útil para la labor educativa de los padres.

Diez mil jóvenes hacen promesa de castidad

Diez mil jóvenes en Ecuador hacen promesa de castidad


QUITO, 01 Abr. 10 / 12:15 am (ACI)

En el Día del Niño por Nacer, las Arquidiócesis de Quito y Cuenca (Ecuador) reunieron a 10 mil jóvenes que se comprometieron a permanecer castos hasta el matrimonio y, una vez contraído, ser fieles hasta la muerte, en una fiesta juvenil en que celebraron la vida y aceptaron el desafío de defenderla desde su concepción hasta la muerte natural.

Según señala Amparo Medina, miembro de Acción Provida (Filial de Vida Humana Internacional), institución organizadora del evento, los miles de jóvenes congregados en el parque El Arbolito (Quito) participaron de un show artístico y escucharon los testimonios “sobre la verdad del negocio de muerte, de la anticoncepción y del aborto, sobre la mentira del preservativo y las consecuencias de una vida en la anticoncepción”.

“Los jóvenes pudieron escuchar testimonios de mujeres que en las puertas de un abortuario con la ayuda de voluntarias de Provida, pudieron ver qué es un aborto, recibir ayuda y decirle Sí a la Vida. Los gritos de emoción de los chicos al ver a los bebitos y a sus felices madres, fue un sí a la vida“, agrega.

Tras las diferentes presentaciones, los miles de jóvenes realizaron su consagración a vivir castamente hasta el matrimonio y, una vez contraído, permanecer fieles hasta la muerte.

“Volveremos a repetir estos eventos, por la vida de nuestros hijos y de nuestras familias. Por un Ecuador libre del imperio de la muerte, de la anticoncepción y del aborto”, concluye la nota.

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“Sed testigos de Jesús con alegría…”

viernes, 02 de abril de 2010
Almudí


Benedicto XVI ha dirigido unas palabras a los participantes en el UNIV en su audiencia de los miércoles. El Papa les ha animado a “tratar personalmente a Cristo”.

El Santo Padre ha saludado a los universitarios procedentes de diversos países que participan en el Congreso Universitario promovido por la Prelatura personal del Opus Dei. Ha señaladoAlmudi.org - UNIV 2010 que «habéis venido a Roma con ocasión de la Semana Santa para tener una experiencia de fe, de amistad y de enriquecimiento espiritual».

El UNIV se ha convocado bajo el lema “¿Puede el cristianismo inspirar una cultura global?”. En este sentido, el Papa ha invitado a los jóvenes a «reflexionar sobre la importancia de los estudios universitarios, para formar esa “mentalidad católica universal” que san Josemaría describía así: “amplitud de horizontes, y una profundización enérgica, en lo permanentemente vivo de la ortodoxia católica”».

«Ojalá crezca en cada uno —ha añadido el Papa— el deseo de tratar personalmente a Jesucristo, para dar testimonio de Él con alegría en todos los ambientes» (el texto completo de Benedicto XVI puede consultarse en la página web del Vaticano).

Al finalizar la Audiencia una representación de universitarios ha entregado al Papa una carta de agradecimiento y solidaridad, firmada por el presidente del Forum UNIV 2010, el austríaco Robert Weber:

«Gracias por haber establecido este Año Sacerdotal para la Iglesia y para el mundo. Vemos cómo muchos toman ocasión de hechos dolorosos para la Iglesia y para el Papa y siembran dudas y sospechas. A estos sembradores de desconfianza queremos decir con claridad que no aceptamos su ideología. Les respetamos, pero exigimos de ellos también el respeto por nuestra fe y el reconocimiento del derecho que tenemos de vivir como cristianos en una sociedad plural».

En la carta de los jóvenes se lee además: «Cada uno de nosotros, también quien no tiene el don de la fe, conoce directamente innumerables sacerdotes, capellanes universitarios, párrocos, directores espirituales y confesores. Les conocemos personalmente, no por los periódicos, y estamos agradecidos por su presencia disponible, eficaz, sacrificada, abierta a todos. A todos ellos, y al Papa en primer lugar, queremos decir: ¡Gracias!».

La carta acaba con estas palabras: «Gracias, Santidad, por el valor con que invita a todos los fieles de la Iglesia a seguir a Cristo con una entrega total, sin dejarse “intimidar por las falsas apariencias de las opiniones dominantes” Y gracias, también, a Dios, que ha entregado a su grey un Pastor que desde el primer momento ha dicho que la Iglesia hoy es joven y está viva».

¿Qué es el UNIV?

El Forum UNIV nació en 1968, bajo la inspiración e impulso de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Desde entonces, todos los años los participantes han sido recibidos por los Papas desde Pablo VI. Los textos de los mensajes pontificios están disponibles en el website UnivForum.org

Los participantes, estudiantes universitarios procedentes de más de 200 universidades de todo el mundo, reflexionan sobre el tema propuesto en las diversas actividades culturales que se desarrollan en diferentes lugares de Roma: conferencias, exposiciones, debates, grupos de estudio, tablas redondas.

La Prelatura del Opus Dei organiza actividades de formación cristiana que completan el programa general. El encuentro es también una oportunidad para conocer Roma y apreciar las huellas de la historia de la Iglesia desde los primeros siglos.

El amor movía a Juan Pablo II

miércoles, 31 de marzo de 2010
Jesús Colina


ZENIT.org

Lo que movía a Juan Pablo II “era el amor a Cristo”, explicó Benedicto XVI en la misa presidida este lunes con motivo del quinto aniversario de su fallecimiento.

En un ambiente de gran recogimiento, en la Basílica Vaticana, su sucesor sintetizó la vida de Karol Wojtyla (1920-2005) como “desarrollada en el signo de esta caridad, de la capacidad de Almudi.org - Juan  Pablo IIdonarse de forma generosa, sin reservas, sin medidas, sin cálculos”.

Roma revivió la emoción del 2 de abril de 2005 —este año la fecha cae en el Viernes Santo, motivo por el cual el recuerdo litúrgico ha sido anticipado—, cuando la muchedumbre seguía bajo la ventana del Papa polaco su último aliento.

Para esta ocasión, entre los purpurados que rodeaban el Altar de la Confesión, se encontraba su fiel secretario durante 40 años, el actual cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia, así como peregrinos de los cinco continentes, en particular de Polonia, muchos de los cuales habían hecho cola durante el día para visitar la tumba en las grutas vaticanas.

Durante la homilía, en medio de un gran silencio, el Papa explicó el secreto de Juan Pablo II: “Lo que lo movía era el amor hacia Cristo, al que había consagrado su vida, un amor sobreabundante e incondicionado”.

“Y precisamente porque se acercó cada vez más a Dios en el amor, pudo hacerse compañero de viaje para el hombre de hoy, dispersando en el mundo el perfume del Amor de Dios”, añadió.

Su sucesor y cercano colaborador, recordó los últimos días de sufrimiento: “La progresiva debilidad física, de hecho, no corroyó nunca su fe rocosa, su luminosa esperanza, su ferviente caridad”.

“Se dejó consumir por Cristo, por la Iglesia, por el mundo entero: el suyo fue un sufrimiento vivido hasta el final por amor y con amor”, subrayó, ese “amor de Dios, que lo vence todo”.

El Papa habló en italiano durante la homilía. Utilizó brevemente el polaco para asegurar a sus compatriotas que “la vida y la obra de Juan Pablo II, gran polaco, puede ser para vosotros motivo de orgullo”.

“Pero es necesario que recordéis que esta es también una gran llamada a ser fieles testigos de la fe, de la esperanza y del amor, que él nos enseñó ininterrumpidamente”, añadió en la lengua materna de Wojtyla.

Durante la oración de los fieles se elevó en polaco esta súplica: “Por el venerable Papa Juan Pablo II, que ha servido a la Iglesia hasta el límite de sus fuerzas: para que desde el cielo interceda para infundir la esperanza que se realiza plenamente participando en la gloria de la resurrección”.

También se rezó en alemán por Benedicto XVI “para que siga, tras las huellas de Pedro, desempeñando su ministerio con perseverante mansedumbre y firmeza para confirmar a los hermanos”.

En español se elevó una plegaria “por quienes estamos reunidos para recordar al Papa Juan Pablo II: para que sepamos amar y servir a la Iglesia como él la amó y sirvió, dando testimonio de la fe en Dios y ofreciendo su amor a todos”.

Benedicto XVI aprobó el 19 de diciembre el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Karol Wojtyla. El estudio del supuesto milagro experimentado por una religiosa francesa que padecía Parkinson, atribuido a la intercesión de Juan Pablo II, sigue el proceso establecido por la Congregación para las Causas de los Santos, según han se confirmó el mes pasado.

Si bien Benedicto XVI había concedido la licencia para no esperar los cinco años exigidos para comenzar la causa de beatificación de Juan Pablo II, el proceso está sometido a todas las exigencias requeridas para cualquier otro caso, entre las cuales, se encuentra el reconocimiento de una curación inexplicable por parte de una comisión médica, reconocida después como “milagro” por parte de una comisión teológica, una comisión de cardenales y obispos, y el mismo Papa.

Enlace relacionado:

Homilía de Benedicto XVI en la Misa de aniversario de la muerte de Juan Pablo II

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