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Cuando el libro prescinde de Gutenberg

Primeros síntomas de un cambio en la forma de publicar y leer

RAFAEL SERRANO

2.MAY.2012

Los libros electrónicos van a provocar profundos cambios en la industria editorial. Los lectores tendrán más títulos para elegir, pues publicar y distribuir es mucho más fácil. Pero no es seguro que un catálogo casi infinito vaya a traer de hecho más variedad en las ventas.

Lo que más provoca la compra de un libro es verlo y hojearlo. Y en las librerías “online” el escaparate no es tan amplio como en las de la calle

Hace mucho que se puede leer sin papel, como es evidente en los periódicos; pero los libros digitales no empezaron a difundirse realmente hasta hace unos dos años. Ahora están en fase de crecimiento acelerado. En Estados Unidos, el mercado número uno del mundo, las ventas se multiplicaron por casi 14 en dos años, de modo que pasaron del 0,6% del total en 2008 al 6,4% en 2010, según la última edición de BookStats (el informe de la Asociación Americana de Editores). El periodo enero-mayo de 2011 fue el primero en que se vendieron más ejemplares electrónicos que de primeras ediciones en tapas duras. Amazon, la librería onlinemás grande del mundo, desde el último trimestre de 2010 vende más libros sin papel que impresos.

Europa, con excepción de Gran Bretaña, lleva notable retraso. Pero ya nota también la eclosión del libro electrónico (ver Aceprensa, 20-10-2011). En España, las ventas alcanzaron el 2,3% del total en 2010, y este formato es el único que subió en un año de descenso general de las ventas (7,8% menos que en 2009). Una encuesta indica que los españoles que leen en un lector electrónico (Kindle o cualquier otro) se duplicaron en 2011, hasta el 2,7%; y podrían ser más, si todos los que tienen uno de esos aparatos lo usaran (ver Aceprensa, 20-02-2012).

Las cifras aún son bajas, pero la tendencia al alza es fuerte. En la última Feria de Fráncfort se dijo que en 2020, los libros electrónicos llegarían al 50% del mercado mundial, o al menos en los países desarrollados. Aunque la papelera de la historia está llena de profecías incumplidas, los precedentes de la prensa y de la música permiten suponer que los libros digitales cambiarán la industria de la edición. Los primeros síntomas ya son visibles.

Los libros electrónicos hacen la competencia a los de papel más baratos, y esto indica que en el incipiente mercado digital el precio es muy importante

Un catálogo inagotable
Para empezar, el libro electrónico suprime la necesidad del distribuidor y así deja mayor margen para la editorial y los otros participantes. También desaparecen los costos de impresión, almacenaje y devolución de invendidos. En los libros de papel hay que tomar la arriesgada decisión de fijar la tirada: pasarse es perder beneficios y cargar con ejemplares devueltos; quedarse corto supone perder ventas, y si se opta por una reimpresión, se vuelve a la casilla 1. La impresión por encargo no ha prosperado, pero el libro electrónico resuelve perfectamente el problema.

Así, los libros digitales pueden romper el dominio delbestseller y aumentar la variedad. Al no tener casi costos de almacenaje, se pueden mantener en catálogo cuantos títulos se quiera y resucitar los agotados. Ya no hay que obedecer la ley de las grandes superficies, que manda vender toda la tirada en cuatro semanas: aunque no sea un bestseller, un título se puede mantener en venta todo el tiempo que se quiera; tal vez, por darle más tiempo, se convierta en unlongseller.

Hasta ahora los libros digitales no han satisfecho esas esperanzas. Desde luego, han hecho que aumente el catálogo. Sin embargo, en las ventas no hay tanta diversidad. Por Internet se pueden encontrar ediciones electrónicas de muchos libros raros que no existen ya impresos; pero pocos lectores buscan libros raros. Parece que se sigue cumpliendo lo que dice Murray: la gente compra principalmente los libros de los que tiene noticia o los que ve cuando va a una tienda. Y en las librerías online el escaparate no es tan amplio como en las de la calle.

El caso es que las ventas de libros electrónicos se concentran en los títulos populares. La semana pasada, los libros para el Kindle más vendidos en Amazon.com no deparaban sorpresas. A la cabeza figuraban las tres entregas de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, a los que Hollywood ha regalado una campaña publicitaria con el estreno de la versión cinematográfica. A continuación salían los típicos libros de literatura popular: muchos románticos, otros de autoayuda, novelas sencillas… Una lista similar a la debestsellers de papel en el mismo Amazon.com, si bien los tres primeros puestos eran para la trilogía erótica Fifty Shades, de E.L. James, seguida del libro de autoayuda The Laptop Millionaire; los de Suzanne Collins son el quinto, el sexto y el séptimo.

E-pulp fiction
Probablemente no cabía esperar otra cosa: ¿por qué losbestsellers digitales iban a ser distintos de los impresos? Aunque la edición digital da más oportunidades de satisfacción a los apasionados por la historia de los escitas o los incondicionales de Thomas Mann, la mayor parte de la clientela es gente común, que tampoco cambia de gustos cuando lee en una pantalla.

Ahora bien, hay otro dato no tan trivial. Según BookStats, en Estados Unidos las ventas de libros electrónicos han llegado al 6,4% de las totales, como se ha dicho arriba. Pero en un tipo, “ficción para adultos”, su cuota es casi doble: 13,6%. Y si se comparan formatos, se ve que los electrónicos son los que más crecieron de 2008 a 2010, y los impresos de bolsillo, los únicos que bajaron, y no poco: casi un 14% (los demás, tapas duras y tapas blandas, se quedaron prácticamente igual, con subidas en torno al 1%).

Entonces, tal vez los libros electrónicos refuercen, no contrarresten, el predominio del bestsellerThe Economist(10-09-2011) propone la hipótesis de que quitan inhibiciones: si usas un e-reader en el transporte público, los demás viajeros no sabrán si lees a Dostoievski o a Rosamunde Pilcher. Aparte de eso, da la impresión de que los libros electrónicos hacen la competencia a los de papel más baratos, y esto indica que en el incipiente mercado digital el precio es muy importante.

Pero ¿a cuánto se debe vender un libro electrónico? El público sabe juzgar, más o menos, el precio de un volumen impreso, según la extensión, la calidad del papel y la encuadernación, la presencia o ausencia de ilustraciones, la novedad. Es lógico pensar que un libro digital ha de ser más barato, por los menores costes de producción y distribución. Pero como la gente no puede hacer las cuentas, al principio no tiene puntos claros de referencia. Tenderá a tomar como criterio los primeros precios que le ofrezcan y a considerar excesivos los superiores al más bajo. Editoriales y minoristas harían bien en recordar lo que pasó con la música.

El aparato es el negocio
La difusión de música sin disco aumentó extraordinariamente gracias a Napster (más tarde, en 2001, cerrado por infracción del copyright). En cambio, la venta no arrancó con fuerza hasta que Apple abrió su tienda iTunes en 2003, para alimentar el fabulosamente popular iPod, puesto en el mercado menos de dos años antes. Por fin el público tenía un procedimiento para comprar cómodamente de un amplio catálogo. Apple convenció a las discográficas de que licenciaran su música para venderla a 99 centavos la pieza. El éxito fue fenomenal: hoy Apple sigue siendo el número uno en venta de música online, con casi el 70% del mercado en Estados Unidos y más de la cuarta parte del mundial.

Demasiado tarde las discográficas se percataron de que habían aceptado unos márgenes reducidos para engordar la criatura de Apple. Pues el negocio de verdad estaba en vender no la música, sino los iPod. Después de eso, ¿cómo convencer a la gente de que pague más? Ahora la tienda de iTunes ofrece canciones a tres precios: 0,69, 0,99 o 1,29 dólares (en Europa, las mismas cantidades en euros). Ha resultado un buen arreglo para los consumidores y para Apple, que ha servido ya más de 16.000 millones de piezas musicales en su tienda iTunes. En cambio, para la industria discográfica, el gran aumento de las ventas online no ha compensado el descenso de las de discos.

Con los libros electrónicos tenemos una historia similar. La venta no arrancó con fuerza hasta que Amazon lanzó su lector electrónico Kindle en 2007. Como en el caso de iTunes, la idea consiste en combinar un aparato con una tienda que surte productos digitales para disfrutar en él. También en este caso, el tendero y fabricante gana dinero principalmente con el artilugio, y está dispuesto a vender contenidos muy baratos para que mucha gente lo compre. A fin de ofrecer un amplio catálogo de títulos, Amazon cerró acuerdos con las editoriales por los que les dejaba poner el precio de los libros al por mayor, mientras Amazon se reservaba fijar el de venta al público. Puso, por lo general, 9,99 dólares, cantidad que en bastantes casos era inferior a lo que había pagado. En poco tiempo se hizo con el 90% del mercado del libro electrónico.

Las editoriales se arrepintieron pronto, al comprobar que estaban contribuyendo al dominio de Amazon mientras la gente se acostumbraba a pagar poco por los libros electrónicos. Apple vino en su ayuda. En 2010 sacó al mercado el iPad, que también sirve para leer libros, y ofreció a las principales editoriales otra clase de acuerdo: ellas pondrían el precio de venta al público y Apple se quedaría con una comisión fija, el 30%. Así, empezaron a vender libros electrónicos a 14,99 dólares por lo general, y Amazon tuvo que ceder. Ofreció a las grandes editoriales (no a las demás) un trato como el de Apple y por tanto, también en su tienda subieron los precios. La cuota de mercado de Amazon bajó al 60%, y su principal competidor, la cadena de librerías Barnes & Noble, que a finales de 2009 comenzó a ofrecer su propio e-reader, llamado Nook, se hizo con el 27%. En cambio, Apple –pese al descomunal éxito del iPad– vende poco, quizá porque para leer libros la gente prefiere aparatos específicos y más pequeños. Los Kindle son el 62% de los e-readers que se venden en Estados Unidos.

La Justicia contra Apple y las grandes editoriales
El acuerdo entre Apple y cinco de las seis grandes editoras mundiales (Hachette, HarperCollins, Macmillan, Penguin y Simon & Schuster) atrajo la atención del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Visto que habían fijado el mismo precio para la mayoría de los títulos en venta en la tienda de Apple, sospechó colusión para encarecer los libros, que de hecho se han asentado en unos 13-15 dólares. Tras una investigación, el 11 de abril presentó una demanda por prácticas contrarias a la competencia. Hachette, HarperCollins y Simon & Schuster prefirieron firmar un acuerdo extrajudicial por el que rompen su acuerdo con Apple y se comprometen a no hacer ninguno semejante con nadie durante dos años. Los demás acusados están dispuestos a ir a juicio. Apple y las mismas editoriales (menos Macmillan) son investigadas en la Unión Europea por el mismo motivo.

Amazon reaccionó anunciando que bajaría los precios. Pero su victoria no es tan clara entre los comentaristas. Muchos creen que el Departamento de Justicia ha errado el tiro, y que el verdadero malo de esta película es Amazon. La intervención contra Apple y las grandes editoriales, dicen, no es buena para los intereses de los consumidores a largo plazo, pues estos no son bien servidos con una bajada de precios si el resultado es entregarles a un cuasimonopolio. Es Amazon, no sus rivales, la amenaza a la libre competencia. Artículos aparecidos en estas pasadas semanas muestran cómo Amazon exprime a los editores independientes. Por ejemplo, quiso apretar las condiciones a IPG, distribuidora de muchos de ellos, y como esta rehusó, le retiró casi 5.000 títulos de la tienda online.

Hacen falta editores
Amazon no ha comentado directamente el caso. Un portavoz, Russell Grandinetti, había dicho que en el negocio del libro, los únicos realmente imprescindibles son el autor y el lector; los demás son intermediarios (cfr. The New York Times, 16-10-2011). En el contexto actual, tan modesta declaración alude, en el fondo, al cambio de tornas que suponen el libro electrónico y la venta online, que hacen menos imprescindibles a algunos intermediarios. Distribuidoras y libreros tienen nubarrones en el horizonte. Con menos puntos de venta, las editoriales se ven echadas en brazos de los grandes minoristas, físicos u online, con más poder para apretarles las tuercas.

Incluso ya se puede prescindir más fácilmente de ellas. En el libro eléctronico, la autoedición es una posibilidad real, no un eficaz método de perder dinero y terminar con casi toda la tirada pudriéndose en el garaje, después de haber regalado veinte o treinta ejemplares a los parientes y amigos. Amazon ofrece al autor que se edita fijar el precio de venta al público y quedarse con el 70% de las ventas. Eliminado el 43% de la editorial, el libro autoeditado puede venderse a bajo precio, y de hecho en Amazon los de ese tipo son de los más baratos, a tres dólares o menos.

La calidad de esos títulos es muy variable. Pero todo el mundo admite que también una editorial, incluso de las famosas, puede publicar libros infumables, aunque no hay unanimidad con respecto a los que entran en esa categoría. Los editores tienen una función importante –descubrir, alentar, seleccionar, hacer promoción–, y el nivel medio de los libros sería inferior sin ellos. De hecho, Amazon no considera superfluo al editor: la prueba es que se ha metido en el gremio creando sus propios sellos, seis hasta el momento, que producen libros en versiones tanto impresas como electrónicas.

Como es lógico, para entrar en la era digital, tendrán más facilidad las editoriales nacidas en ellas, que no arrastran las estructuras y costes exigidos por el clásico modo de publicar. Pero las tradicionales tendrán que adaptarse decididamente, sin caer en el error de las casas discográficas, que se empeñaron en resistir el cambio para seguir ordeñando la gran vaca del CD. Y para competir con la marea de literatura electrónica gratuita (no necesariamente pirata), tienen que pulir sus ediciones electrónicas y hacerlas transferibles entre distintos tipos de dispositivos. Si no, pueden acabar con el mismo problema que la industria de la música y la prensa, que han visto crecer extraordinariamente el consumo digital sin que ello les haya servido para resarcirse del descenso de los discos o del papel.

El fiasco de la Ley de Dependencia socialista

El fiasco de la Ley de Dependencia socialista: agujero de 700 millones en la Seguridad Social

La ley arrancó sin dinero suficiente para financiarla y los recursos destinados a las cotizaciones sociales de los llamados ‘cuidadores no profesionales’ se han cargado a la Seguridad Social. Tomás Burgos pide a Hacienda que se responsabilice del gasto vía impuestos

ForumLibertas.com

02/05/2012

“No se puede pretender que la Seguridad Social sea una especie de monedero que lo paga todo, que incluso en momentos de bonanza económica las cotizaciones sociales se hagan cargo de prestaciones y pensiones que deberían ser sufragadas con las aportaciones de los Presupuestos Generales del Estado. […] Convendría que cuando los legisladores alegremente adoptan decisiones para incrementar determinadas prestaciones, también dejaran meridianamente claro quién las financia y con cargo a qué partidas se financian”.

Son palabras del nuevo secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, tras descubrir que la atención a la dependencia le ha causado “un roto de enormes proporciones” a la Seguridad Social, un agujero de 700 millones de euros. Se trata del pago de cotizaciones a los familiares que cuidan de los pacientes en casa, de los que se ha hecho cargo y que tendrían que haberse contemplado en el presupuesto de la Ley de Dependencia.

En definitiva, esos 700 millones son el coste de los recursos destinados a financiar las cotizaciones sociales de los llamados “cuidadores no profesionales” de las personas dependientes que necesitan este tipo de prestación.

Un fiasco sin plazas ni dinero

De hecho, la Ley que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero puso en marcha para atender a los dependientes, y que vendió ‘a bombo y platillo’ como uno de sus estandartes de protección social, cuando nació ni había plazas, ni había dinero, ni sabían cuántos eran los dependientes.

Se trataba pues de un fracaso anunciado, ya que, por ejemplo, en marzo de 2008 el propio Defensor del Pueblo advertía de que “muchos dependientes no reciben los derechos que emergen de la ley”, tras las quejas recibidas de que no se cumplían los plazos ni las prestaciones y servicios que contempla la Ley de Dependencia.

Ahora, con el cambio de Gobierno, van saliendo a la luz día tras día las ‘chapuzas’ que la gestión del Ejecutivo de Zapatero tenía que practicar para vender como buenos proyectos como el de la Ley de Dependencia.

Así, Tomás Burgos está comprobando en su propia casa lo que significa la instauración de un derecho social por parte del anterior Gobierno sin saber ni quién se hará cargo de él ni cómo se sostiene.

En este caso ha afectado al universo formado, fundamentalmente, por mujeres, como son las abuelas, las madres y las hijas de quienes necesitan ayuda de terceros para hacer su vida normal.

Estos cuidadores de la dependencia doméstica son 176.000 personas en toda España y, por ello, desde 2007, la norma les reconoce el derecho a cotizar a la Seguridad Social con el objetivo de que, en su caso, puedan tener derecho a las pensiones contributivas. De hecho, su aportación es de 748 euros mensuales.

El sistema de protección es el que ha corrido con este gasto y ésta es la razón de la queja de Tomás Burgos ante la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados. Indirectamente, el responsable de la Seguridad Social reclama a Hacienda que los impuestos paguen las cotizaciones de estas personas, puesto que la dependencia es una prestación asistencial y universal.

Es decir que, llegado el caso, todos los ciudadanos tienen derecho a tenerla, cuando menos en un nivel básico, que depende del Gobierno central y de las comunidades autónomas.

Una prestación asistencial

Dicho de otra manera, la Seguridad Social está pagando una parte del entramado de la dependencia, que no debería financiarse con cotizaciones sociales. Consideran que es Hacienda quien debe facilitar los fondos a Sanidad para que este ministerio le pague los 700 millones de euros a la Seguridad Social.

Por esta razón, Tomás Burgos advierte de que la Seguridad Social puede ponerse en peligro si sigue haciéndose cargo de todo tipo de protección, tanto para los que contribuyen al sistema, como los que no.

En cualquier caso Hacienda, lo que en técnica presupuestaria se denomina el Estado, va a hacer aportaciones a la Seguridad Social. En concreto, 1.407 millones de euros para la dependencia. El año pasado, la aportación fue de 1.482 millones de euros.

Es un recorte en el gasto producido por la exigencia de conseguir el objetivo de reducción del déficit global de todas las Administraciones desde el 8,5% al 5,3% del Producto Interior Bruto (PIB).

Por otro lado, Hacienda ha transferido a la Seguridad Social en el primer trimestre del año 2.888 millones de euros. Básicamente, para pagar las pensiones no contributivas y lo que técnicamente se conoce como ‘complementos a mínimos’. Es decir, las ayudas que reciben las pensiones que ni siquiera llegan a los niveles de las rentas más bajas del sistema. Y que, como la dependencia, también es una prestación asistencial y no contributiva.

20 sacerdotes y religiosos celebran sus Bodas de Oro

20 sacerdotes y religiosos de San Sebastián celebran sus Bodas de Oro 

Actualizado 2 mayo 2012

ReL

El Seminario de San Sebastián acogió este lunes 30 de abril la celebración de las Bodas de Oro sacerdotales de 20 sacerdotes y religiosos de la diócesis donostiarra. 

La jornada celebrativa comenzó con una Misa presidida por el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, que agradeció a los sacerdotes homenajeados su trabajo y dedicación de toda una vida. 

Muchos de ellos concelebraron la Eucaristía, en la que también participaron los vicarios de la diócesis, Joseba González y Juan Kruz Mendizabal. 

Tras la Eucaristía se celebró un comida fraterna, en la que se hizo entrega de un recuerdo a cada uno de los sacerdotes y religiosos homenajeados. 

Los sacerdotes que cumplieron sus boda de Oro  son: Ignacio Alzueta Beneite, José Antonio Almandoz Garmendia, Pedro Albizuri Aguirregabiria, Pedro Oyarbide Jáuregui, Ignacio Galdos Urcelay, José Gabilondo Aspiazu, Joseba Beobide Arburua, Pedro Vázquez Bengoetxea, Joseba Mikel Egaña Albizuri y Félix Bergara Zurutuza.

Los religiosos son: José Antonio Lasa Urtasun OFM Cap, José Antonio Izaguirre Iruretagoyena OFM Cap., Dionisio Arruti Arruti OFM, José Mª Azkue Irastorza OFM, Julio Arbulu Galllastegui OCD, Juan Luis Astigarraga Alberdi OCD, José Mª Ellacuría Beascoechea SJ, Alberto Beltrán de Heredia Cerain SJ, Francisco Calvet Bazán SJ y Anselmo Larrea Vélez SJ.

Soldado musulmán se plantea ser cura

Estudiaría en el seminario de Sudán, que necesita ayuda

Omar era un soldado musulmán a quien hablaron de Santa Bakhita: hoy, católico, se plantea ser cura 

Una esclava, secuestrada cuando era una niña de 9 años en Darfur, Sudán, es la gran santa nativa de este enorme país. Omar estudiaba técnicas de paracaidismo en la Libia de Gadafi cuando le hablaron de ella. 

Actualizado 1 mayo 2012

Pablo J. Ginés/ReL

“Llamémosle Omar, para protegerle”, empieza su historia el padre Jorge Naranjo, misionero comboniano de 38 años, natural de Majadahonda, cerca de Madrid. Este sacerdote se dedica a fomentar vocaciones consagradas en Sudán, un país islámico con un régimen radical, salafista.

Omar es un sudanés de Darfur. Esta es una zona de Sudán casi sin cristianos. Allí están, por ejemplo, los famosos janjawid, milicias armadas por los islamistas que atacan a civiles. Omar era musulmán y soldado del gobierno contra los rebeldes. En Libia, donde se entrenaba como paracaidista -cuando el régimen sudanés aún se llevaba bien con el coronel Gadafi- conoció a un sudanés del sur que le dijo: ´vaya, eres de Darfur, como Santa Josefina Bakhita´. Y le habló algo de esta santa”.

La esclava y San Josemaría

Santa Josefina Bakhita es conocida en España, sobre todo, porque fue canonizada en Roma en octubre del 2000, junto con San Josemaría Escribá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Pero su historia es todo un periplo: fue secuestrada y esclavizada a los 9 años, maltratada y apalizada por diversos amos, finalmente llegó a Italia, ingresó en vida religiosa y murió como tal en 1947, ejemplo de alegría, perdón y confianza en la Providencia para muchos.

A Omar la historia no le impresionó demasiado al principio. Le pareció curioso que en el extranjero conociesen a una paisana suya. Pasó el tiempo y volvió a Jartum. Y allí se le acercó un día un misionero comboniano. Estaba haciendo un estudio sobre ¡Josefina Bakhita! Necesitaba alguien que conociese Darfur y le acompañase a esa región, porque quería conocer a los parientes y descendientes de la familia de la santa. 

Bautizarse es peligroso

Así, Omar se convirtió en su acompañante… y conoció en profundidad a Santa Josefina, su vida, a los cristianos, a su forma de celebrar, de recordar, de perdonar… Y pidió ser bautizado, allí mismo, en Darfur. Pero era algo muy peligroso: muchos le conocían o podrían hacer circular la noticia. ¡Un soldado musulmán, paracaidista, bautizado! El misionero lo aplazó.

Pero Omar seguía convencido. De vuelta a Jartum, un tiempo después, aprovechando el anonimato de la capital sudanesa, se bautizó. “Yo le conocí en uno de los grupos vocacionales que he creado: está planteándose ser sacerdote. ¡Es una historia de lo más inusual!”, explica el padre Jorge. 

Ser seminarista en Sudán

¿Y si se hiciera seminarista? Estudiaría en el seminario nacional de Sudán, que durante décadas estuvo en Jartum (la capital del régimen islamista era el sitio más seguro durante la guerra: allí no caían bombas), y ahora se está trasladando a Juba, capital de Sudán del Sur, donde vive la población cristiana. “La misa en el norte de Sudán, donde había muchos emigrantes y refugiados cristianos de distintas zonas del sur, la hacíamos en árabe, pero las clases del seminario las damos en inglés, y además hay pocos libros de teología católica en árabe, los usamos en inglés”, explica el padre Jorge. 

Los estudios de los seminaristas en territorios de misión los tutela y convalida la Universidad Urbaniana de Roma, de Propaganda Fide. Pero, para financiarse, dependen de la Providencia y la generosidad de los cristianos. La mejor forma de ayudar es a través de la Obra Pontificia San Pedro Apóstol, que el pasado domingo celebró el Día del Clero Nativo. Un sistema muy extendido para apoyarla es el de lasbecas (por ejemplo, con 2.000 euros se apoyan los 6 años de formación de un seminarista). Muchas veces grupos de fieles, cofradías o matrimonios se deciden a “patrocinar” así, a un seminarista. La Obra San Pedro Apóstol es la que está posibilitando el establecimiento del seminario en Sudán del Sur.

De la mecánica cuántica a las misiones

¿Y el padre Jorge Naranjo? ¿Qué fue lo que le llevó de la comunidad autónoma de Madrid al remoto Sudán? Él recuerda perfectamente el momento clave de su propia vocación.“Fue el 25 de noviembre de 1996. Yo estabaestudiando Mecánica Cuántica I, en mi cuarto, a oscuras, sólo con el flexo de luz. Y de repente sentí como una evidencia que Dios quería que yo fuese misionero, que lo dejase todo. Y me llenó una alegría inmensa, como un salto en el corazón, que me duró varios días. Iba a clase, en la carrera de Ciencias Físicas, pero ya no atendía a nada, estaba despistado, siempre muy contento”.

Así acabaron varios meses de dudas, de preguntar a Dios “qué quieres de mí”, después de haber pasado el verano como voluntario en unas misiones de Perú. En marzo de 2006 empezó a trabajar con cristianos sudaneses refugiados en Egipto, donde estudió lengua árabe y Ciencias Islámicas durante dos años. Después, Sudán. “Allí enseño que Dios tiene un plan para la vida de cada uno de nosotros“.

Borracho con kalashnikov

Jorge llegó después de la guerra, pero eso no siempre significaba seguridad. “Pasé miedo una vez, en Sudán del Sur, cuando tuve que llevar a un soldado borracho con su kalashnikov en la furgoneta; en esos casos has de tener cuidado con lo que dices”. 

El comboniano explica también que “los cristianos sudaneses cuentan historias estremecedoras acerca de sus catequistas, que murieron anunciando el Evangelio. Sólo dos cosas unían al Sur de Sudán, dividido en muchas etnias: el enemigo, que es el norte, y la fe cristiana. Por eso, las tropas del norte cuando llegaban a un pueblo a menudo buscaban a los catequistas, factores de unidad, para matarlos“. 

El perdón en una cultura vengativa

No es fácil predicar el Evangelio del amor y el perdón en un país que ha salido de una guerra, donde todos tienen parientes asesinados. “En las culturas tradicionales africanas, la venganza es lo normal. También en la literatura clásica pre-islámica. Perdonar es como la prueba definitiva de que eres verdaderamente cristiano, y es algo que no asumen muchos, incluyendo algunos sacerdotes. Pero puedes predicar el perdón partiendo de cosas tangibles, que muchos ven, como que la espiral de la venganza es inútil y dañina“, explica el padre Jorge. 

Salen así almas generosas, “como Santino Akón, que se jugó la vida como catequista y ahora quiere ser sacerdote”. Será posible gracias al apoyo de la campaña de Vocaciones Nativas y la Obra San Pedro Apóstol, que financian al seminario sudanés: sacerdotes católicos para un país presionado por el Islam.

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