Archivo

Archivo para 6 agosto 2011

Una familia de doce hijos y… siete de ellos, religiosos

Un libro cuenta su historia

Juan y Áurea, origen de una familia riojana de doce hijos y… siete de ellos, religiosos

Cuatro hijas de la Caridad, una concepcionista franciscana, dos jesuitas… y todo con un origen: la forma en que vivían su matrimonio.

Actualizado 12 agosto 2011

Isis Barajas/ReL

Este matrimonio riojano formaron una familia cimentada en los valores cristianos. Sus hijos han recuperado su legado en el libro «Juan y Áurea, un testimonio fecundo» (Ediciones Scire), coordinado por uno de ellos, José Martínez de Toda. «Mi padre decía que los hermanos éramos diversos como los dedos de la mano. Somos doce, más que los dedos de la mano, y esto ha llevado a la diversidad de carismas, pero todos con una gran fe y práctica religiosa », explica José. 

Tanto es así que la mayoría de los hermanos optaron por la vida consagrada. Cristina, Ángela, Andrea y Carmen son ahora Hijas de la Caridad; Silvina, Concepcionista Franciscana; mientras que Valentín y José eligieron la Compañía de Jesús. Para todos ellos fue determinante «la vida ejemplar y cristiana » de sus padres a la hora de discernir sus vocaciones. Juan y Áurea eran personas «sencillas, comunes y corrientes como los demás ». Su excepcionalidad radicaba en su fe robusta, su devoción a la Eucaristía, sobre todo a través de la Adoración Nocturna -una organización instituida por Hermann Cohen en Francia (1848)y su vinculación permanente a la vida parroquial y sus diversas actividades. Una fe sin ñoñerías. 

¿Cómo se vivía la fe en la familia?
En cambio, su testimonio de fe se vivía principalmente en casa. Así lo recuerda Carmen: «Son inolvidables para mí no sólo el rezo del rosario por la noche todos alrededor de la mesa, el ejemplo de la comunión diaria, la visita al sagrario de la parroquia o las oraciones que de forma espontánea rezaba mi madre… sino toda su vida. Ellos convencían ». 

Por su parte, Feli, la más pequeña, señala que transmitieron la fe a través «del amor que se tenían el uno al otro y el que nos demostraban a nosotros ». De hecho, Carmen asegura que la fe de Juan y Áurea «no era nada ñoña ni acaramelada, sino que era vivida desde lo cotidiano, en la enorme responsabilidad de tener que sacar adelante una familia numerosa en tiempo de escasez y con los coletazos de la Guerra Civil». 

Un testimonio sobre el valor de las cosas realmente importantes en la vida.

Juan y Áurea tuvieron que educar a sus hijos en una época especialmente dura en la historia de España. «El Gobierno exigía una especie de – contribución- a los labradores en la penuria de la posguerra y Juan y Áurea ya tenían 12 hijos en 1941. ¿Cómo alimentar aquella familia numerosa? », se relata en el libro. Para evitar las confiscaciones, escondían el trigo y la harina entre las paredes de la casa o en el palomar y cocinaban el pan por la noche para que, con la oscuridad, se disimulara el humo. Pero, a pesar de todas estas adversidades, Ángel, padre de cuatro hijos, asegura que todos «los problemas se minimizaban gracias a la fe que tenían ». La influencia que ejercieron Juan y Áurea en la vocación de sus hijos fue siempre indirecta, ya que nunca empujaron a ninguno de ellos a ser sacerdotes o religiosas. «Los padres en esto siempre respetaron la última decisión de sus hijos y nunca se opusieron a ella. Pero con frecuencia manifestaron su satisfacción por tener siete hijos religiosos y cuatro de ellos misioneros », explica Cristina en el libro. Los hijos que no siguieron la vida religiosa se casaron y formaron una familia siguiendo el ejemplo de sus padres. «Entre los hermanos seglares hemos tenido el ejemplo de nuestra hermana mayor, Paulina, que estuvo 18 años junto al marido enfermo e inválido en el lecho de su casa; Crispín, juez de paz en Badarán; Juan, que llevó el ser sordomudo con serenidad y alegría; Ángel, alcalde por dos períodos lectivos, y Feli, feliz madre de familia », describe José. Ahora, «la apoteosis familiar se da cuando nos reunimos en Badarán en verano. Es una vuelta a las raíces », reconoce José.

Posibilidad de ganar indulgencias en la JMJ

El Papa ha concedido la posibilidad de ganar indulgencias a aquellos que participen en la JMJ

Benedicto XVI ha concedido indulgencias para quienes participen en la Jornada Mundial de la Juventud, y cumplan con los requisitos requeridos. En concreto: 

•    Se concede la indulgencia plenaria a los fieles que participarán devotamente en cualquier ceremonia sagrada o práctica devota que se celebre en Madrid durante la XXVI Jornada Mundial de la Juventud y en su conclusión solemne, con tal de que, confesados y verdaderamente arrepentidos, reciban la santa Comunión y recen con devoción según las intenciones de Su Santidad.

•    Se concede la indulgencia parcial a los fieles, dondequiera que se encuentren durante la mencionada Jornada Mundial, si al menos con ánimo contrito, elevan sus súplicas a Dios Espíritu Santo, para que impulse a los jóvenes a la caridad y les dé la fuerza de anunciar el Evangelio con su propia vida.

¿Qué son las indulgencias? (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1471 y siguientes)

•    La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos. 
•    Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos las indulgencias. 
•    Para entender esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia: 
o    El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la ‘pena eterna’ del pecado’
o    Por otra parte, todo pecado, incluso venial entraña apego desordenado y necesita purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la ‘pena temporal’ del pecado.

Condiciones para ganar las Indulgencias

•    Ser bautizado
•    Estar en estado de gracia
•    Tener la intención de obtener la Indulgencia

Cumplir con las demás condiciones que la Iglesia ha determinado para la Indulgencia que se desee obtener:

para Indulgencia Plenaria: estando arrepentido de los pecados, realizar la acción requerida para dicha Indulgencia (en este caso referida a la participación en la JMJ) y, además, hacer una confesión sacramental, recibir la sagrada comunión y rezar por las intenciones del Papa (un Padre Nuestro y un Ave María, por ejemplo). Finalmente, hay que estar libre de todo apego de pecado, incluyendo los pecados veniales.

para Indulgencia Parcial: estando arrepentido de los pecados y realizar la acción requerida para dicha Indulgencia (en este caso referida a la participación en la JMJ)

Categorías:Mundo, Religión, Testimonios

Combaten el sida con cine

De la mano de Loyola Productions, Incorporated

Los jesuitas de Zambia combaten el sida con cine

Producirán 20 historias narradas por estudiantes de las escuelas de la Compañía de Jesús en África.

Actualizado 9 agosto 2011

Jorge Enrique Mújica/ReL

¿Puede el cine ayudar a combatir el sida? Los jesuitas de Lusaka, en Zambia, quieren mostrar que es posible y para ello producirán 20 historias narradas por estudiantes de las escuelas de la Compañía de Jesús en África. La iniciativa se enmarca en el contexto de un concurso titulado «Películas de jóvenes por la vida y el amor contra el SIDA» y que se desarrolló el curso escolar pasado.

Según informaciones de L´Osservatore Romano (cf. 16.07.11, p. 7) el objetivo de ese concurso y de la producción de los 20 cortometrajes ganadores  es ofrecer a los jóvenes africanos de los centros educativos participantes «la posibilidad de entender y describir lo que esa pandemia significa en su vida y en la de sus amigos, de sus familias y comunidades».

Para el concurso «Películas de jóvenes por la vida y el amor contra el SIDA» se presentaron más de 50 proyectos.

Loyola Productions, Incorporated (LPI) es una productora sin fines lucrativos de la Compañía de Jesús. Además de producir programas y series de televisión, impulsa premiaciones de documentales, cortometrajes y películas que reflejan el empeño de los jesuitas en el campo de la justicia social y de la educación. Se puede visitar su portal y conocer parte de su trabajo en http://www.loyolaproductions.com.

Los últimos momentos de Sor Lucía de Fátima

Actualizado 8 agosto 2011

Los últimos momentos de sor Lucía (de Fátima) narrados por su superiora del Carmelo

Sor María Celina de Jesús Crucificado, del convento de Coimbra

    En el Carmelo de Coimbra (Portugal) sor Lucía siempre ocupó la misma celda, y «desde allí voló al cielo», escribió en su memoria su superiora, sor María Celina de Jesús Crucificado.

  Los numerosos invitados que acudieron en su día a la presentación del libro «L´ultima veggente di Fatima – I miei colloqui con Suor Lucia» («La última vidente de Fátima – Mis conversaciones con sor Lucía») –del cardenal Tarcisio Bertone, con el periodista Giuseppe De Carli; editado por RAI Eri – Rizzoli– pudieron presenciar, en exclusiva, la proyección de un video-reportaje sobre el convento de Coimbra donde vivió la religiosa.

 

   Ingresó en él en 1941. Desde 1950 pasó a formar parte establemente de la comunidad, habiendo profesado el 13 de mayo del año anterior. Tomó el nombre de Sor María de Jesús y del Corazón Inmaculado. En la clausura se ocupó de distintos encargos.

   Realizado por Elena Balestri y De Carli, el reportaje televisivo va mostrando los escenarios que tantas veces recorrieron los ojos de la vidente de Fátima, y relata que amaba rezar el rosario, y que trabajó hasta que los dedos, deformados por la artrosis, se lo hicieron posible.

   Para millones de devotos de Fátima, los lugares donde Sor Lucía pasó casi 57 años «son misteriosos; en televisión –comentan los realizadores– vimos a la vidente de Fátima con ocasión de las peregrinaciones de los Papas, Pablo VI y Juan Pablo II, y su última aparición es de octubre de 2000, mientras reza desde el coro del convento una decena del Rosario en conexión con la Plaza de San Pedro».

   De ahí el carácter ciertamente excepcional de la filmación que, «gracias a la Santa Sede, realizó un equipo en el convento de Coimbra», observan.

   El convento, el claustro, el jardín, la imagen de la Virgen a cuyos pies se sentaba, un pasillo al que se asoma la celda de Sor Lucía. El espectador puede contemplar estos lugares. La comunidad religiosa ha decidido dejar la celda de Sor Lucía abierta, como si estuviera presente. En la puerta cuelga la inscripción: «Corazón inmaculado de María. Mi corazón inmaculado será tu refugio».

   En el interior de la estancia se conserva el lecho donde murió, con una fotografía que la muestra abrazada a la superiora. Sostiene en su mano el mensaje de Juan Pablo II de consuelo y de cercanía espiritual en su enfermedad; también se ve un corderito de peluche, regalo de un sacerdote italiano.

   Completan la celda imágenes de los tres pastorcillos y de la Virgen, una butaca, la silla de ruedas, un sencillísimo escritorio con los diccionarios que consultaba a diario mientras escribía, un rosario, un altavoz gracias al cual seguía la misa y los momentos de oración comunitaria.

   Superiora de Sor Lucía durante seis años –la última por orden de tiempo–, Sor María Celina recibió al equipo televisivo, junto a Sor María del Carmen, hermana de comunidad de la vidente de Fátima durante 52 años. De hecho ésta acompañó a Sor Lucía a Fátima el 13 de febrero de 2000 por la beatificación de sus primos Jacinta y Francisco, una celebración que presidió Juan Pablo II.

   De las conversaciones con las dos religiosas anfitrionas se desprende, en el reportaje, la vida de recogimiento de Sor Lucía, de soledad y silencio, apartada de la curiosidad de la gente: «en el exterior, como todas, en el interior como ninguna».

   «Cuando ingresé, tardé ocho días en reconocer a Sor Lucía» –recuerda Sor María del Carmen–; «una hermana me dijo: “Madre, ¿si te llevara un trozo de pan que comer por la noche?”. Y me dije que con seguridad no podía ser aquella. En cambio lo era».

   Recuerdan los realizadores en el reportaje que uno de los últimos pensamientos de Sor Lucía fue para el Santo Padre, que en Roma estaba internado en el Policlínico Gemelli; la vidente ofreció sus sufrimientos por él.

   Ofrecemos la traducción del diálogo mantenido en el reportaje con la superiora de sor Lucía.

–¿Vio más veces a la Virgen María sor Lucía?

Sor María Celina: No hablaba fácilmente de esto. En los últimos años, en cambio, relataba la extraordinaria experiencia de 1917. Pero no decía «yo», sino «los pastorcillos»: se refería siempre a ellos. La imagen de Nuestra Señora no era como ella la deseaba. A veces le parecía fea, no se correspondía a la precisión de su recuerdo, no era la que el artista había plasmado a partir de su descripción. Es un poco lo que le ocurrió a santa Bernadette.

–Y a quien hablaba de un cuarto secreto, de un secreto no desvelado, ¿qué le respondía sor Lucía? 

Sor María Celina: Que nunca están satisfechos; que cumplan lo que pidió la Virgen, que es lo más importante. Cuando alguno observaba: «sor Lucía, dicen que existe otro secreto…», ella miraba irónicamente. «Si existe –rebatía– que me lo cuenten. Yo no conozco otros».

–¿Cómo era Sor Lucía como religiosa?

Sor María Celina: Era una persona que emanaba alegría. Viví con ella 28 años y noté que era una persona que cuanto más avanzaba en edad más reencontraba una infancia evangélica. Parecía de nuevo la niña que en la Cueva de Iría había tenido las apariciones. Cuanto más pesado se hacía el cuerpo, más ligero se hacía el espíritu.

–¿Se apagó poco a poco, casi dulcemente? 

Sor María Celina: Cuando tuvo necesidad de ayuda, pusimos su cama en el centro de la celda y todas nosotras alrededor, junto al obispo de Leiría-Fátima. Yo estaba de rodillas junto a ella. Sor Lucía miró a todas y al final me miró a mí la última. Fue una mirada larga, pero había en sus ojos una luz profunda que llevo en mi alma.

–¿La siente aún cercana? 

Sor María Celina: Le rezo siempre y sé que ella ruega por nosotros. Hay cosas que no necesitan palabras: basta un gesto, un pensamiento. Antes Sor Lucía tenía problemas de oído. Ahora ya no. Ahora entiende todo hasta sin palabras.

 www.youtube.com/watch

Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com

Obligada a prostituirse

Lek, una adolescente que fue vendida para prostituirse y que ahora es monja católica

Lek acababa de cumplir catorce años cuando llegaron a su casa las «señoras pescadoras» de Bangkok. Hablaron con su padre y llegaron a un acuerdo: le darían mil dólares para que Lek les acompañase hasta la capital donde le enseñarían un «oficio».

Actualizado 9 agosto 2011

Mónica Vázquez/ReL

Era un buen pacto para una familia que vive en una de las zonas más pobres de Tailandia. Pero cuando llegó a Bangkok se dio cuenta de que no existía ese trabajo. Sola en una ciudad de 8 millones de habitantes, sin conocer el idioma, pues hablaba un dialecto, y con su familia a miles de kilómetros, Lek era obligada a prostituirse.

Pero Lek no se resignó a su destino. Su hermana, que se encontraba en el centro de formación profesional católico «Baan Marina», dirigido por las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y María, se convirtió en su única posibilidad de salvación. No sin dificultades, se puso en contacto con ella, quien contó a las hermanas su situación.

La única manera de salir de la prostitución pasaba por devolver la cantidad que habían dado por ella a su familia, más los gastos que había ocasionado por el alquiler de la habitación donde dormía y otras cantidades en concepto de manutención. Una «deuda» imposible de satisfacer con su escaso «salario» como prostituta.

Las Misioneras lograron pagar esa cantidad y consiguieron la libertad para Lek, que ingresó en la casa de «Baan Marina», donde, ahora sí, podría aprender un oficio, en este caso de modista. Con ella hicieron una pequeña excepción, pues todavía no había cumplido los quince años que las hermanas piden para el resto de la chicas.

Descubrir la vocación

Los seis años que Lek pasó en el centro le sirvieron para aprender corte y confección, pero también recibió una formación integral en otros aspectos como los derechos humanos, la autoestima o los primeros auxilios. Pero lo que más cambió su vida fue el conocer una fe distinta a la budista que ella profesaba.

Una fe en Cristo, que había movido a las hermanas a ayudarla a ella y a otras muchas chicas .Le llamó la atención el trabajo y la dedicación de las Misioneras y decidió bautizarse. Durante un tiempo colaboró con las hermanas como profesora y también como catequista de otras chicas que se convertían al catolicismo. Pero su inquietud fue más lejos,y le llevó a conocer diferentes órdenes religiosas católicas hasta que encontró la que más encajaba con su carisma.

Hoy, más de veinte años después de aquella experiencia de infierno en Bangkok, es feliz en esta orden, que las Misioneras no han querido revelar para preservar su intimidad. No guarda rencor a su familia, sabe que, como ella, fueron engañados. Reza por ellos. El caso de Lek es uno de los más llamativos porque reúne una buena parte de los problemas que en estos momentos sufren las mujeres tailandesas. A la lacra de la prostitución, que afecta a más de 50.000 niñas menores de 15 años, se suma el fantasma del sida, la principal causa de mortalidad en el país, y el consumo y tráfico de drogas.

La labor de «Baan Marina»

La promoción de las jóvenes más desfavorecidas que evite historias como la de Lek, llevó hace treinta y ocho años a la creación del hogar «Baan Marina» (casa de María) en la ciudad de Chiang Mai, al norte de Tailandia. Más de dos mil jóvenes, provenientes de ambientes rurales y pobres, han obtenido formación y empleo como modistas gracias a la labor de las Misioneras de Sagrado Corazón de Jesús y María que regentan este centro.

«Estamos realizando una verdadera promoción integral y de evangelización de todas estas jóvenes que pertenecen a distintas creencias religiosas», comenta una de las religiosas. En la primera fase del proyecto, que dura dos años, las jóvenes reciben formación académica correspondiente a la enseñanza primaria tailandesa y además se les da una formación específica en patronaje y confección, para que al finalizar sus estudios puedan ser contratadas por las empresas textiles de la ciudad o crear ellas mismas cooperativas.

En la segunda fase, las jóvenes obtienen un trabajo en una de estas empresas, donde adquieren experiencia laboral. Durante este tiempo siguen vinculadas con «Baan Marina» que les asesora jurídicamente y evita cualquier abuso por parte de los empresarios, más comunes en su caso por ser mujeres y pertenecientes a minorías étnicas.

Amenazan con boicotear la JMJ

ELABORAN UN CALENDARIO DE ACCIONES DE PROTESTA

Los indignados del 15-M amenazan con boicotear la JMJ

El 15-M, el movimiento de los indignados, comenzó este fin de semana a prepararse para la visita de Benedicto XVI y están elaborando un calendario de acciones de protesta, entre las que se encuentra la escenificación de un vía crucis reivindicativo, la colocación de puestos informativos en los lugares donde se hospedarán los peregrinos y una manifestación en Neptuno paralela a la misa del martes en la plaza de Cibeles con la que se inaugura la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

 08/08/11

(El País/El Periódico de Aragón) Para llevar a cabo estos actos miembros del movimiento han contactado con asociaciones y organizaciones (laicas, feministas)que critican también la visita del Papa para unir fuerzas.

Los indignados han recogido el testigo de grupos de laicos, ateos y cristianos de base que, a mediados de julio, guiñaron el ojo al 15-M para sumar esfuerzos y convocar acciones de protesta cara a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que empieza el 18 de agosto en Madrid. Tras horas de debate en las asambleas y una vez reconquistada la plaza madrileña, el colectivo de indignados anunció que no se quedaría de brazos cruzados ante la visita papal. Lo primero que propusieron fue animar a la gente a que se disfrazara de bebé para “protestar contra la pederastia dentro del mundo eclesiástico”.

Otra de las ideas barajadas es la de ocupar los 800 colegios públicos e institutos cedidos gratuitamente para su uso como albergues de peregrinos. El 15-M también pretende boicotear a las empresas patrocinadoras de la visita, así como repetir lo que ya se hizo en Barcelona para que parejas del mismo sexo se besen libremente en la calle al paso del Papa y protestar así contra la intolerancia de la jerarquía eclesiástica a los gais y lesbianas.

Calman mis interrogantes más dolorosos

Su apellido significa «de parte de Dios».

Gerard Depardieu: «Las Confesiones de San Agustín calman mis interrogantes más dolorosos»

El célebre artista francés cuenta cómo se enganchó a San Agustín en un viaje a Roma con motivo del Jubileo del 2000. En un encuentro con el entonces papa Juan Pablo II, éste gritó a los cardenales presentes «¡Agustín! ¡Tenéis que hablarle de Agustín!». Así comenzó con las Confesiones de San Agustín.

Actualizado 8 agosto 2011

Jean Marie Guènois/ReL

El actor francés Gérard Depardieu participó hace años en un ciclo de lecturas de San Agustín, en la catedral de Nôtre-Dame de París, declamando durante 50 minutos algunos fragmentos del libro de las Confesiones seleccionados por el escritor André Mandouze. En la siguiente entrevista, publicada por el diario «La Croix», Depardieu explica el origen y el sentido de esta iniciativa.

- ¿Podría contarnos el origen de estas lecturas?
- Todo comenzó en Roma, durante el Jubileo del 2000. Quise ir en peregrinación porque siempre he admirado mucho a Juan Pablo II. Me colocaron entre los cardenales y me presentaron al Santo Padre. Él me miró y exclamó en dirección a los cardenales que le rodeaban: «¡Agustín! ¡Tenéis que hablarle de Agustín!» El cardenal Poupard quería que hiciese una película, pero le objeté que no conocía nada de la obra de San Agustín. 

Me aconsejó que comenzara con las Confesiones. La lectura no me resultó fácil al inicio, pero las palabras de Agustín me cautivaron. Su reflexión me pareció sublime y me remitió a mí mismo, a mi itinerario personal. Entre los 15 y los 17 años no sabía explicarme, no era capaz de hablar a causa de una hiperemotividad patológica. Sólo gracias a las palabras de los demás, de los escritores, logré sosegarme. 

Cuando leí a San Agustín rechacé la idea de la película, porque la imagen ata. Mientras que las palabras de Agustín y lo que dejan entender nos ofrecen toda su verdadera dimensión. Me he atado a ese libro, hasta el punto de que me sigue atrayendo con fuerza a pesar de que lo leo todos los días. He estado acudiendo durante veinte años a un psicoanalista. Pues los libros X y XI de las Confesiones (¡un pozo de referencias para los psicoanalistas!) ofrecen respuestas a nuestras preguntas más íntimas y calman nuestros interrogantes más dolorosos. 

«Le escuché enseguida» - Usted ha escuchado la voz de San Agustín. ¿A qué se parece? 
- ¡La escuché enseguida! Parece la poesía de un hombre que no sabe decir lo que le pasa. Esa búsqueda me toca de lleno porque me remite a mi misma fragilidad y a lo que he vivido en los momentos cruciales de mi existencia. 

Percibí instintivamente la irradiación, la luz y una cierta verdad de San Agustín a la vez que hicieron nacer en mí las ganas de buscar la forma de compartirlas con los demás en algún momento. Me imaginé un lugar donde la gente se recoge: iglesia, templo, mezquita, sinagoga. Allí encender cuatro velas que se consuman en 45 minutos – Moliére calculaba la duración de sus comedias conforme a la duración de las velas-, colocarme sin montaje alguno, simplemente anunciando en la puerta de la iglesia una lectura. 

Me encontré con el presidente Bouteflika en Argelia en el 2001, en pleno recrudecimiento del fundamentalismo musulmán y sólo hablamos de San Agustín. Le dije que tenía necesidad de una guía, y él me aconsejó que hablara con André Mandouze que, por casualidad, estaba en Argelia en aquel mismo momento. 

Estaba impresionado, pero perdido en los libros de San Agustín. Pocos días después de nuestro encuentro, André me ofreció lo que buscaba: la historia de Agustín, su vida anterior, su conversión, el éxtasis. Me impresionó cómo San Agustín trataba a Dios de tú, el hecho de que se enfrentara directamente con Él. Quise comenzar desde esa cólera para acabar con el éxtasis. André llegó en el momento justo para indicarme el camino. 

- ¿Le han hecho crecer las resonancias profundas, el camino íntimo y la cercanía de Mandouze?
- ¡Desde luego! Dejé la escuela a los 13 años, y la catequesis incluso antes de la Primera Comunión, porque el Padre Lefévre, que era mi director espiritual, me encontraba demasiado turbulento. 

En realidad yo era un apasionado de la vida. Goloso. Vivo. Tenía el deseo retorcido en el cuerpo de conocer todo, de entender todo. Por aquella época, en los años 50, los hijos de los pobres no se mezclaban con los de los ricos. Mi padre, hojalatero aunque llegó a ser gregario del Tour de Francia, era analfabeto, y mi madre tuvo muchos hijos. 

Yo era una hierba que crecía salvaje, siempre animada por las ganas de hacer el bien. Era católico, no practicante, y siempre tenía en mí la presencia del misterio. Sin conocer nada, incluso sin saberlo, tenía la fe, pues la fe es, precisamente, las ganas de vivir, de vivir y de captar todo. Pero mis padres pusieron coto a mis ganas. La vida se ha encargado de atenderlas. He tenido que buscar mis guías. 

Y encontré dos: Jean Giono y su Canto del mundo. Y al final de mi adolescencia, cuando dejé Chateauroux, llevaba a mano en el bolsillo las Relatos de un peregino ruso. Siempre tenía en lo más profundo de mí mismo la súplica «¡Señor Jesús, ten piedad de mí!». Suspiraba con ella, y me quitaba todos mis temores. Estaba cargado de espiritualidad sin saberlo.

Categorías:Mundo, Religión, Testimonios

Pío XII realizó varios exorcismos a Hitler

Gumpel, relator del proceso de beatificación

Pío XII realizó varios exorcismos «a distancia» a Hitler por considerarlo un «endemoniado»

El Papa Pacelli exorcizó «varias veces» y a distancia a Adolf Hitler, por considerarlo una persona poseída; un endemoniado; un hombre tan diabólico en sus programas de dominio y de exterminio, hasta el punto de estar dominado por las fuerzas del Mal. Así lo declaró Sor Pascalina, secretaria particular del Pontífice.

Actualizado 7 agosto 2011

Orazio Petrosillo y Antonio Gaspari/ReL

Ocurrió durante la guerra, y «varias veces». Se trata de algo inusual, ya que los exorcismos se hacen normalmente sobre personas poseídas por el demonio o víctimas de ataques diabólicos. En el exorcismo el Papa invocaba a Dios para que liberase a aquella persona de la influencia diabólica que sufría el Führer y en base a la cual actuaba. Estos hechos de Pío XII fueron revelados por el historiador y jesuita alemán Peter Gumpel, teólogo relator del proceso de beatificación del Pontífice Pacelli, en el trascurso de una mesa redonda celebrada junto con el senador Giulio Andreotti en torno al tema «Pío XII, constructor de la paz», en Roma. Gumpel nos desvela el testimonio jurado de Sor Pascalina Lehnert, en el curso del proceso del Siervo de Dios Eugenio Pacelli, quién declaró que «el cardenal alemán Michael von Faulhaber y otros obispos estaban persuadidos de que Hitler estaba endemoniado, así que alertaron al Santo Padre, y éste, cuando se empezó la guerra, no sólo hizo oraciones, sino que recurrió al exorcismo sobre Hitler en su Capilla privada, presentes nosotras, las religiosas». 

Pío XII contra Hitler 

En contra de los panfletos que han definido sin ningún fundamento a Pío XII como «el Papa de Hitler», el motivo central de la intervención de los ponentes ha sido la réplica documentada a «cuarenta años de calumnias o de pérdida de la memoria en las relaciones de este Papa. La estrategia para proteger a Pacelli de las calumnias es, según Andreotti, la de no jugar a defenderse sino la de pasar al ataque». 

Gratitud de los judíos

En los esfuerzos de Pío XII por evitar la guerra y limitar sus efectos y sobre todo salvar al mayor número posible de judíos (cerca de 700-800 mil según el historiador judío Lapide), emerge el tema de las relaciones Hitler-Pacelli. El pontífice no se encontró con él nunca ni tuvo relación directa con él, sin embargo Gumpel, ha citado en el juicio, las palabras de Pacelli al final de su mandato en Berlín en diciembre de 1929, años antes de la ascensión al poder del dictador en 1933: «Este hombre está completamente poseído, todo lo que no le sirve lo destruye; todo lo que dice y escribe lleva la marca de su egocentrismo; este hombre es capaz de eliminar todo aquello que le resulta un obstáculo. No llego a comprender cómo en Alemania, incluso entre las personas mejores, no se percatan de lo que escribe y dice». 

Un Hitler furioso 

Los historiadores consideran que Pío XII en el año 1940 compartió el proyecto de algunos generales alemanes de expulsar a Hitler del poder. El relator Gumpel ha recordado las diversas protestas del Papa contra el nazismo, como el radiomensaje de la Navidad del 1942, en contra del programa hitleriano «Nuevo Orden», así como las denuncias de las muertes de miles de personas, tan sólo por razón de nacionalidad o de raza. La fiel secretaria del Papa, Sor Pascalina, supo por medio del cardenal von Faulhaber que el Führer estaba furioso con Pío XII, y había exclamado contra el Pontífice, diciendo: «¿De dónde saca tanta fuerza para resistirme y obstaculizar aquello que yo quiero, ese miserable, que no tiene otra cosa que piel y huesos. No puedo destruir Roma, algo que me hubiera dado mucho placer. ¡A cuántos judíos ha salvado, y no he sido capaz de apoderarme de él!».

Era amiga de prostitutas y tuvo un hijo

De traficante de drogas, cocainómana, presidiaria y madre, a monja contemplativa

Estuvo en la cárcel tres años por llevar un paquete con droga; era amiga de prostitutas; habitual de las discotecas y del acid-house; fumaba porros y tenía una vida sexual promiscua. Se quedó embarazada a los 17. Dios le demostró que nada es imposible.

Actualizado 7 agosto 2011

Mónica Vázquez/ReL

«Vivía en la calle Preciados y frecuentaba la noche. Meencantaba estar en ese ambiente de los que fumaban porros, las prostitutas, los borrachos, serenos; iba por los bares de la calle Montera y de Fuencarral, donde estaban los gays y lesbianas; tenía una vida sexual muy activa y me quedé embarazada a los 17», comenta Elsa, originaria de La Rioja.

«Iba a la iglesia del Carmen a llorar esta doble vida porque dentro sentía como una agonía», asegura. Querer sacar a su hijo adelante fue lo que la impulsó a aceptar llevar un paquete con droga a Canarias, por lo que le ofrecían una gran cantidad de dinero. La Policía la detuvo y estuvo tres años presa en la antigua cárcel de Yeserías. «Fue una experiencia maravillosa. Se sufre mucho en la cárcel, pero en el sufrimiento he llegado al entendimiento», indica con sabiduría. Cuando le dieron la ficha de salida la rompió y dejó la prisión a los dos meses. «No quería salir por lo mal que me había tratado mi familia en las visitas», confiesa.

Un encuentro carismático

Una vez fuera de la cárcel participó de un encuentro de la Confraternidad Carcelaria de España al que iba a asistir monseñor Milingo, aunque finalmente fue presidido por el entonces obispo auxiliar de Madrid, Javier Martínez. «El primer día, varios presos salieron a dar testimonio y sentí una fuerza que me impulsó a ir frente al micrófono», señala. Allí, la directora de Confraternidad Carcelaria, Carmen Rubio, le invitó a la adoración nocturna de los viernes en la calle Fomento, 13, donde empezó a ir.Jesús había puesto su semilla, pero el ambiente del piso de acogida donde residía entonces no la ayudóa desarrollar su espiritualidad. «Comencé a consumir cocaína y cada vez aumentaba las dosis. Me salvó la llamada de mi hijo que estaba en La Rioja. Me dijo que vendría a Madrid y entonces automáticamente dejé de consumir», explica.

Un mes después del encuentro participó en la Asamblea Nacional de la Renovación Carismática Católica. Un preso le pidió que lo acompañara a la «intercesión». Ella no sabía de qué se trataba, pero vio que los demás extendían sus manos mientras oraban por él. Entonces ella también quiso que oraran por ella. «El Señor me dice que vas a ser luz para mucha gente, pero espera a la persona que te va a liberar», le señalaron. Llegó la hora de la adoración y sintió un gran desasosiego. Apareció Carmen Rubio, quien «me agarró fuertemente del brazo y me dijo que el Señor me pregunta que cuánto llevas sin confesarte . Intenté que me dejara en paz, pero ella seguía agarrándome fuertemente». Elsa vio su vida pasar como un flash por su mente. Hacía ocho años que no se confesaba. En ese instante divisó a un sacerdote y no lo dudó.

Después fue ante el Santísimo: «Sentí una fuerza tremenda, como un fuego; me desplomé con una congoja llena de alegría que no he vuelto a experimentar. Vi lo que yo era, me encontré con el Señor, empezaron a cantar Cristo rompe las cadenas », prosigue.

Borrachera mental

En la eucaristía hubo varias curaciones. «Yo creí que estaban todos comprados -dice en referencia a los que levantaban la mano para decir que habían sido sanados- y de repente el padre Robert de Grandis afirmó con fuerza: El Señor me dice que quienes sientan como una borrachera mental estarán empezando a amar la eucaristía , y una fuerza me hizo levantar el brazo», continúa.

«Ya no era la misma, el Señor me había transformado».«Entonces me di cuenta de que mi vocación y el Señor habían estado siempre. Pero pensaba que no podía ser monja por mi hijo. Sin embargo, a cada monasterio que entraba por curiosidad me decían que había una madre monja, y en el de Cañas de La Rioja me señalaron que existía una abuela que tenía siete nietos. Además los libros de espiritualidad que me encontraba era de santas que habían sido madres», añade. El hijo de Elsa, ya con 18 años, ingresó en el Ejército, y entonces se sintió libre de responsabilidades para entrar al convento.

Ahora es una monja dicharachera que vive haciendo reír a los demás. «A mis compañeras del convento las pincho para que tengan de qué confesarse», narra divertida. Es parte de su carácter. «Cuando era niña me comía las hostias que había en las ofrendas para obligarle al cura a abrir el sagrario, porque me decían que ahí estaba Cristo», ríe a carcajadas. Ahora ya es feliz.

LA VISITA DE CONCHITA AL PADRE PÍO

En febrero de 1967, Conchita llegó a Roma con su madre, un sacerdote español, el padre Luis Luna, el Profesor Enrico Medi y la Princesa Cecilia de Borbón-Parma. Había sido llamada allí por el Cardenal Ottaviani, prefecto del Santo Oficio, llamado hoy la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Fue durante esta visita que Conchita tuvo una audiencia privada con el Papa Pablo VI, durante la cual sólo cinco personas estuvieron presentes con el Pontífice. Tenemos sobre esto el confiable testimonio del Profesor Medi, entonces presidente de la Asociación Europea de Energía Atómica y amigo del Papa, y quien era uno de los cinco presentes.

Como Conchita tuvo que esperar un día antes de su reunión con el Cardenal Ottaviani, el Profesor Medi sugirió que ya que tenían algo de tiempo libre fueran a San Giovanni Rotondo a ver al Padre Pío.

A continuación el recuento de la propia Conchita acerca de la visita, tomado de la entrevista de NEEDLES de 1975:

Todos estuvimos de acuerdo, así que salimos para el Monasterio en el auto alquilado del Profesor Medi. Llegamos como a las nueve de la noche y nos dijeron que no podríamos ver al Padre Pío hasta la mañana siguiente en su Misa de cinco.

Antes de Misa, el Padre Luna y el Profesor fueron a la sacristía. El Profesor me contó más tarde lo que ocurrió allí. Dijo que el Padre Luna había dicho al Padre Pío que la Princesa de España estaba allí para verle. El Padre Pío dijo entonces al Padre Luna: «No me siento bien y no podré verla hasta más tarde hoy». El Profesor Medi dijo entonces: «Hay otra persona que quiere verlo también. Conchita quiere hablar con usted.» Padre Pío dijo entonces: «¿Conchita de Garabandal? Vengan a las ocho de la mañana».

Al llegar, fuimos conducidos a un pequeño cuarto, una celda, que tenía una cama, una silla y una pequeña mesita. Le pregunté al Padre Pío si este era su cuarto y si él dormía ahí, a lo cual respondió: «Oh, no. No pueden ver mi cuarto. Este es un cuarto rico». En ese momento no sabía la clase de hombre santo que era el Padre Pío, como ahora sí lo sé. Entonces yo era muy joven; tenía sólo 16 años.

P. ¿Quién estaba en el cuarto contigo?

Conchita: Sólo mi madre, el Padre Luna y un sacerdote del Monasterio que hablaba español y estaba tomando muchas fotos. No recuerdo que la Princesa y el Profesor hubieran estado allí.

P. Puedes decirnos ¿qué se dijo durante tu visita al Padre Pío?

Conchita: Sólo recuerdo un poco. Sí recuerdo que el sacerdote que había estado tomando fotos pidió permiso para ello al Padre Pío, quien le respondió: «Has estado tomándolas desde que llegaste».

Recuerdo que tenía el crucifijo besado por Nuestra Señora, y que dije al Padre Pío: «Esta es la Cruz besada por la Santísima Virgen. ¿Quisiera besarla?» Padre Pío tomó entonces el Cristo y lo colocó en la palma de su mano izquierda, sobre el estigma. Tomó entonces mi mano, que colocó sobre el crucifijo, cerrando los dedos de esa mano sobre mi mano; con su mano derecha bendijo mi mano y la cruz. Lo mismo hizo con mi madre cuando ella le dijo que por favor bendijera su rosario, también besado por la Virgen. Yo estuve de rodillas durante todo el tiempo que estuve ante él. Me tomó de la mano, con la cruz, mientras que me hablaba.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 93 seguidores