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Nacer de nuevo del agua y el fuego

“Sin identidad”: un thriller para nacer de nuevo del agua y el fuego

Nadie, ni siquiera su esposa, acepta que el doctor Martin Harris sea quien dice ser y hay quien quiere matarle

Pablo J. Ginés

El director barcelonés Jaume Collet-Serra (tiene 37 años y lleva desde 1992 afincado en Hollywood) presentó este thriller de misterio y acción en la Berlinale ganándose la simpatía de los periodistas alemanes, que aplaudían en las escenas de acción ambientadas en calles que conocían bien. Aunque el libro en el que se basa está ambientado en París, él trasladó la acción a Berlín, “una ciudad que también busca su identidad”, dijo.

En cierto momento, Bruno Ganz, soberbio actor que interpreta a un antiguo agente de la Stasi comunista (“a mucha honra”, dice) reconvertido en anciano detective, afirma que “los alemanes somos expertos en olvidar: hemos olvidado que fuimos nazis, y después hemos olvidado 40 años de comunismo”. Algunos pensamos que casi toda Europa y Occidente está aquejada de esta pérdida de memoria y raíces, y vive con una identidad ficticia, falsa, incompleta al menos, que de alguna forma ha llegado a creerse.

La mención nazi nos retrotrae al inicio de “El triunfo de la voluntad” de la documentalista preferida de Hitler, Leni Riefenstahl: un avión entre las hermosas nubes, el sol sobre ellas, desciende a la ciudad, y sale el hombre, el Führer. También “Sin identidad” empieza así, con el sol sobre las nubes, el reino celestial de pureza… y luego, la sombra, la oscuridad dentro del avión… y en esa oscuridad, el señor y al señora Harris. “¿Qué le trae a Berlín, señor Harris?”, preguntan en aduanas. “Un congreso de biotecnología”, dice él. Pero la señora Harris luego se burla: no, no es eso. El espectador avezado ya verá que no es lo que parece.

Nacer del agua… y que el mundo te olvide

En un accidente, el taxi de Harris cae al río y la taxista, inmigrante bosnia en una sociedad hostil, le salva de las aguas. Ese es el primer nacimiento de Martin Harris: nacer del agua (con la ayuda de una mujer). Tras cuatro días en coma, ha olvidado algún aspecto de su vida, parece. Pero al mundo le ha pasado algo distinto: nadie le reconoce, ni siquiera su mujer, y otro hombre le sustituye y parece saberlo todo de él. Y si los demás dicen que yo no soy yo, ¿entonces quién soy? ¿Quién puede decir quién soy?

Más adelante descubre que asesinos profesionales intentan matarle, a él, pobre profesor, y a todos los que le conozcan. “Sé como son esos tíos, son como los que mataron a mi familia en Bosnia”, le dice la joven taxista, huérfana y fugitiva de la violencia. Después llegará el segundo bautismo, la gran explosión, el bautismo de fuego (bautismo también “en verdad”, que es lo que enseña el Espíritu Santo, de quien la Biblia dice que “convence de pecado”). Harris se verá reconvertido en el hombre nuevo y tendrá que matar (físicamente, con un cristal roto y afilado) al hombre viejo. Como resultado, la tierra fructificará y muchos comerán hasta saciarse.

La película, el mismo Collet-Serra lo admite, homenajea al mejor Hitchcok. Es la única película que conozco en que un personaje importante muere intentando evitar contra reloj una explosión (lo normal es que lo consigan in extremis). Los que se aferran a su maldad son gravemente castigados, y también algunos que demasiado tarde intentan atenuar su mal. Un tipo duro (blando, en realidad, es decir, sin esperanza) se suicida con cianuro: otro tipo duro, esclavos de la cultura de la Muerte, le alaba por tener valor. Pero, como se dice en ruso, “al perro, muerte de perro”: la Parca se cobrará su tributo.

¿Quién soy yo?

Nadie se aburrirá en esta película, aunque el ritmo maestro de la primera media hora pierde luego algo de fuelle. Liam Neeson es un magnífico protagonista y las escenas con coches son trepidantes. Pero hay que suspender voluntariamente la incredulidad en los aspectos psicológicos y, para quien estas cosas le intereses, en los teológicos.

¿Quién es verdaderamente Harris? El cartel de la película dice: “recupera tu vida”. El mero voluntarismo con que se afronta una metanoia brutal es poco creíble sin elemento sobrenatural. Quien quiera salvar su vida, antes ha de perderla; para recuperar la vida, hay que entregarla.

El verdadero Harris es el hombre que Dios quiere que sea. Sin Dios, sin un observador objetivo, 100% neutral, ¡100% implicado!, no hay salida del mero juego de los roles.

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