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Archivo para 8 noviembre 2010

Benedicto XVI provoca el desconcierto de “El País” [y "El Mundo"]

9 noviembre 2010 1 Comentario

Benedicto XVI, que no ‘condena’ ni ‘arremete’, provoca el desconcierto de “El País” [y "El Mundo"]

La Iglesia en la prensa

Santiago

El Papa ha demostrado, una vez más, su enorme capacidad para decir cosas interesantes, y no solo para los creyentes. Ha ocurrido en Gran Bretaña hace menos de dos meses y ahora en España. Y lo hace con un tono de propuesta, de razonamiento desapasionado, que me parece una de sus mejores armas persuasivas. Desde luego, rompe el estereotipo (que todavía dura) de un Papa que quiere imponer sus ideas.

Estaba pensando en eso cuando he visto la portada de la página web de El País, donde se dice en un titulo que : “El Papa carga contra la pérdida de la fe y el aborto en su primera homilia”. Como ese titular desmontaba todo lo que acabo de decir en el primer párrafo, he repasado con preocupación el texto de la homilía para ver dónde y cómo el Papa “carga contra” (o “arremete”, otro de los verbos de decir preferidos por El País cuando se refiere al Papa…). La búsqueda ha sido inútil.

La única frase relacionada con el aborto, palabra que no menciona, podría ser esta: “¿Cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana?”, pronunciada en el contexto de una glosa a un pasaje del Libro de la Sabiduría.  La verdad es que la homilía en la plaza del Obradoiro es una propuesta, un canto a la “gloria del hombre” amenazada por algunos enemigos que quieren robarle su dignidad. Hay que entender el desconcierto de El País, que ve como el Ratzinger real no coincide con el suyo: la respuesta del periódico parece que consiste en… cambiar al Ratzinger real para que se adapte al cliché.

[Actualización, 7.XI.10] Veo hoy que también El Mundo se ha sumado al uso del mismo verbo. La frase resulta un poco enrevesada, pero aquí va: “El Papa carga en Santiago su ‘peregrinaje’  contra el laicismo en España“.  No es el colmo de la claridad, desde luego.

No quiero ser monotemático, pero estoy sorprendido del éxito del verbo. El País vuelve a usarlo en su portada web de hoy al titular la homilía del Papa en la Sagrada Familia así: ” “El Papa pide proteger el matrimonio tradicional y carga contra el aborto”. El párrafo “implicado”  no menciona la palabra aborto sino el hecho de que la Iglesia “aboga para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción” y “se opone a todas las formas de negación de la vida humana”. Como en los demás casos, el tono agresivo que otorga la expresión “carga contra” está totalmente ausente.

Categorías:Mundo, Periodismo, Religión

La sonrisa del Papa

martes, 09 de noviembre de 2010
Rafael Navarro-Valls


La Gaceta

La calurosa acogida en Santiago y Barcelona, así como el intenso deseo de políticos de signo diverso (desde Rubalcaba a Rajoy, desde los Reyes y los Príncipes de España hasta Zapatero) de ser recibidos por el Papa, viene a confirmar: «La religión no es un problema que los legisladores deban solucionar», sino que es más bien una positiva inyección intravenosa en el torrente circulatorio de la sociedad. Como había dicho el Papa en su visita al Reino Unido: «Una contribución vital al debate nacional». Un factor social que merece un lugar bajo el sol. Tal vez por eso ha resonado con especial énfasis en el Obradoiro gallego la exclamación de Benedicto XVI: «Europa debe abrirse a Dios».

Su exaltación en Barcelona de la mujer y su trabajo (también el doméstico), del matrimonio “natural”, de la belleza, la conciencia y la vida se insertan en la línea de las grandes declaraciones de Derechos del Hombre. Una vez más se ha puesto de manifiesto que Benedicto XVI está en la vanguardia de la defensa de los derechos humanos.

Tal vez por eso no ha sido exacto el reproche que se le ha hecho desde alguna prensa cuando —todavía en vuelo— hizo una referencia a la laicidad en los años treinta y en la España de hoy. Es evidente que no era una comparación entre “violencias”, sino entre ideologías. Para los expertos en relaciones entre las Iglesias y los Estados, es sencillamente cierto que tanto en aquellos momentos como en éstos, existe un debate ideológico entre fe y modernidad. Un debate que lleva trazas, en mi opinión, de tener un desenlace positivo.

Es decir, hacer resurgir la noción originaria de laicidad, que es no tanto ser un instrumento para “liberar” a los ciudadanos de la fe, cuanto un expediente técnico para hacer a los ciudadanos “oficialmente libres” para practicarla o no (W. McLoughlin). Es decir, lo que vienen llamando hoy las Cortes de Italia, Alemania y Estados Unidos, “laicidad positiva” o “neutralidad benevolente”.

En este contexto de altura, la polémica sobre la “financiación” del viaje, como es natural, se ha ido difuminando. Recuerdo una anécdota de Juan Pablo II que, bromeando, comentó en una ocasión: «Cuando viajo a Occidente, a veces oigo que dicen “el viaje costó tanto”. Cuando viajo a África, la gente me pregunta: “¿Qué más podemos hacer por usted?”».

La moraleja es clara. Es una marca de fábrica en Occidente cuantificarlo todo en dinero. Si no es traduciendo en moneda la magnitud de un acontecimiento se nos escapa su valoración. Tal vez sea porque todo lo “cosificamos”. La verdad es que las personas y lo que las personas originan no tiene “un precio”, sino “un valor”, que es cosa distinta.

El Papa está llevando a cabo una labor titánica, de inmenso valor: renovar culturalmente el Viejo Continente. Despertar en tantos países esa “minoría creativa”, que sirva de palanca para el cambio antropológico de toda una civilización. En España también lo ha hecho. El tiempo irá mostrando su valor.

Cuando un Papa visita reiteradamente un país (hoy por hoy España es el país más visitado) significa dos cosas: especial afecto por sus gentes y también cierta preocupación por su destino. El cariño del Papa a España se explica por el hecho de que de sus 45.920.000 habitantes, más de 42 millones están bautizados en la Iglesia Católica.

Su preocupación, proviene del hecho de que nuestro país es un calidoscopio donde se mira Latinoamérica, casi un continente con ocho de cada diez de sus habitantes bautizados en la Iglesia católica. El influjo de las leyes, modas, costumbres, etc. españolas influye más de lo que pensamos.

Un ejemplo: sociólogos serios han adelantado que ni Argentina ni México hubieran introducido en sus legislaciones el matrimonio entre personas del mismo sexo si España no lo hubiera hecho antes. Algo similar está ocurriendo con la liberalización de las prácticas abortivas o la trivialización del vínculo conyugal.

Cuando Gorbachov presentó a su esposa al Papa Juan Pablo II le dijo: «Raisa, te presento a la primera autoridad moral de la Tierra». Los españoles —católicos o no— han visto en acción durante estas dos jornadas a esa “autoridad moral” que, al tiempo, es el líder espiritual de casi mil doscientos millones de personas en todo el mundo. Es natural que, cualquiera con un mínimo de sentido común, haya sentido surgir el reconocimiento y el afecto por este “peregrino” en Santiago y enamorado de la belleza en Barcelona.

Con motivo de su breve estancia, un periodista me preguntó el posible titular para un artículo sobre este viaje. Inicialmente me resistí a encapsular en cuatro palabras la riqueza ideológica, teológica y sociológica de este acontecimiento. Luego, tímidamente, sugerí éste: “La sonrisa del Papa”. Efectivamente —me lo hizo notar una prestigiosa corresponsal de La Gaceta— en ninguno de sus ya casi veinte viajes, el Papa ha estado tan relajado y sonriente. Su natural afabilidad, su sencillo savoir-faire, su poderosa inteligencia y visible humildad han estado en España normalmente adornados con una sonrisa. No es poca cosa.

Muere Jutta Burggraf

Muere Jutta Burggraf, una teóloga abierta a los demás

Firmado por Juan Meseguer

Fecha: 8 Noviembre 2010

El pasado 5 de noviembre falleció la teóloga alemana Jutta Burggraf (1952-2010), profesora de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Su docencia y su actividad investigadora estuvo centrada en el ecumenismo, la teología de la mujer, la teología de la creación…

Doctora en Psicopedagogía por la Universidad de Colonia y en Teología por la Universidad de Navarra. Es autora de más de 20 libros, algunos de ellos traducidos a otros idiomas, y colaboró en 70 publicaciones colectivas. Se incorporó al departamento de Teología Dogmática de la Facultad en 1996.

Burggraf destacó por su visión positiva de los nuevos tiempos y su empatía hacia los demás. La conocí personalmente en un Congreso internacional celebrado en Roma hace unos meses. Era una de las ponentes invitadas. Tanto su conferencia –“Comunicar la identidad cristiana en una sociedad postmoderna”– como su puesta en escena sedujeron al público.

La conferencia concluyó con una diapositiva un tanto cursi –sólo puso dos en toda la sesión– que mostraba una puesta de sol. Eso, en un Congreso dedicado a la comunicación, era una apuesta arriesgada. Y ahí estuvo el golpe de humor.

Pero el “número” no terminó ahí. Con la diapositiva de fondo, la profesora alemana leyó un poema de Nietzsche dedicado “Al Dios desconocido”. Cuando terminó, el público correspondió al regalo con una ovación abrumadora.

Creo que la anécdota refleja algo del estilo de Burggraf. Si se había propuesto hablar de la fe en una sociedad postmoderna, ¿no era razonable traer a colación –con puesta de sol incluida– al filósofo que decretó la “muerte de Dios”?

Con ocasión del congreso le hice una entrevista sobre cómo transmitir el mensaje cristiano en una sociedad postmoderna, caracterizada por una pluralidad de visiones del mundo y una creciente ignorancia religiosa. Allí me dijo que “para influir en el mundo moderno hay que amarlo” y que “antes de enredarnos en cuestiones controvertidas, debemos mostrar a la gente el atractivo de las verdades cristianas”.

Un diálogo creíble

Se podría decir que el encanto personal de Burggraf iba muy unido a su teología, y al revés. Por eso, era creíble cuando hablaba de temas tan manidos como el diálogo y la convivencia entre personas de diferentes culturas y credos religiosos.

La profesora alemana se inclinó por temas de estudio donde había distintas visiones del mundo en juego. Su preocupación por la unidad de los cristianos queda reflejada en su libro Conocerse y comprenderse (Rialp, 2003).

Con la lectura de ese libro entendí por primera vez que el “compromiso ecuménico” es una cosa de dos; un empeño común que requiere conocer y comprender mejor a nuestros hermanos en la fe.

Algo parecido me ocurrió con su libro de bolsillo Cartas a David (Palabra, 2000), donde Mary entra en diálogo con un antiguo compañero de la carrera que es homosexual. Aunque se trata de un folleto, en pocos sitios he visto reflejada mejor la postura de la Iglesia católica hacia los homosexuales.

Sin esquemas rígidos

Junto a la empatía hacia los demás, cabe destacar su apertura de mente. Burggraf supo descubrir los aspectos positivos de la sociedad actual, pero también se mostró crítica con las soluciones simplistas.

Así ocurre, por ejemplo, en sus estudios sobre las relaciones entre hombre y mujer. Frente a las recetas de cierto feminismo bienintencionado que prescribe una distribución a partes iguales de tareas en el hogar, Burggraf prefirió abordar este asunto sin esquemas rígidos.

A su juicio, la convivencia en el hogar es algo más que un reparto externo de tareas. Lo verdaderamente importante es la “disposición positiva de ambos cónyuges”; una actitud interior que se expresa de modos muy diversos “pero siempre debe quedar clara la voluntad de compartir –sea como sea– las preocupaciones del hogar” (cfr. Aceprensa, 22-06-2004).

El cristianismo es libertad

Otro rasgo del pensamiento teológico de Burggraf es su empeño por hacer visible la belleza del mensaje cristiano; un mensaje que –como recuerda continuamente Benedicto XVI– tiene que ver con el amor y la libertad antes que con las prohibiciones.

“Dios no es enemigo de la libertad; muy al contrario, es su creador, su gran amigo y protector. Nuestra libertad es un don suyo”, escribe Burggraf en su libro Libertad vivida con la fuerza de la fe (Rialp, 2006).

Este libro, por cierto, constituye una apología convincente del cristianismo (aunque no sea éste su principal objetivo) a la vez que conduce al ensanchamiento del alma del lector.

Entre otros trabajos, Burggraf participó como perito en el Sínodo Ordinario de los Obispos sobre “La vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo” (1987). Era coeditora de la revista alemana Mariologisches, miembro del Consejo Científico del Internationaler Mariologischer Arbeitskreis Kevelaer (Alemania) y miembro correspondiente de la Pontificia Academia Mariana Internationalis.

 

La más alta condecoración francesa a una tetrapléjica

Michael Cook escribe en MercatorNet sobre la figura de Maryannick Pavageau, una mujer afectada por el síndrome locked-in, premiada por su lucha en favor de los discapacitados.

Fuente: MercatorNet

Fecha: 5 Noviembre 2010

Francia ha concedido la Legión de Honor a una mujer afectada por el síndrome de locked-in (personas totalmente paralizadas y conscientes, pero que pueden utilizar el movimiento vertical de los ojos para comunicarse) y afectada por una tetraplejia desde hace 30 años. Maryannick Pavageau, de 56 años, recibió la distinción por sus años de lucha en favor de la dignidad de los discapacitados y los minusválidos.

En 1984, cuando tenía 29 años, Maryannick tuvo un ataque que le dejó parcialmente paralizada. Durante algunos meses estuvo en coma y cuando finalmente despertó sólo podía mover los párpados. Pasado un tiempo recuperó en parte el habla y el movimiento de los dedos. A pesar de ello, cuando regresó a casa después de 32 meses en el hospital seguía necesitando atención médica las 24 horas del día. Apenas podía comunicarse con su marido y con su hija de dos años. Algo realmente demoledor para una mujer activa que trabajaba como abogada y consejera matrimonial.

Pero la señora Pavageau resultó ser una mujer con determinación y coraje. “Cuando descubrí el estado en el que estaba no se me ocurrió nunca pensar `¿Por qué a mí?´ -señala- sino al contrario, me dije, `¿Qué es lo que sigue?´”.

Rechaza la eutanasia

A pesar de sus grandes impedimentos ha sacado adelante a su hija –diplomática en la actualidad-, ha viajado a sitios como Roma o Pekín y se ha convertido en una activista en la defensa de los discapacitados y en contra de la eutanasia. Jean Leonetti, cardiólogo y diputado en el Parlamento francés que escribió en 2008 un informe que sirvió para que el Gobierno cerrara la puerta a la legalización de la eutanasia, quedó tan impresionado por su inteligencia y coraje que le dedicó un capítulo titulado “la fuerza inmóvil” de su libro sobre la eutanasia en el que describe cómo Pavageau hace frente a su discapacidad.

Su entrevista con el doctor Leonetti, en la que éste recogió material para su informe sobre la eutanasia, es verdaderamente conmovedora. “Toda situación dolorosa exige respeto. Pero ¿es justo decir que ‘ya es suficiente’ cuando la gente pide ayuda a gritos? Debemos redefinir el significado de las palabras, dar un paso atrás, y no dejarnos atrapar por las olas de la emoción. Hay que saber distinguir entre lo que se presenta como un gesto de amor y lo que en realidad es un grito y una desesperada búsqueda del amor.

“Ha llegado el momento de que las asociaciones que defienden a los más débiles participen en el actual debate y afirmen inequívocamente que todos, a pesar de sus impedimentos, percances, desánimos, tienen su lugar en la sociedad, que no hay límites a la dignidad humana”.

“Confieso que en ocasiones me he sentido deprimida, completamente harta de todo”.

“Pero como respuesta a esa profunda desmoralización, ¿sólo podemos esperar lo que hipócritamente se ha venido en llamar “el último acto de amor”?. Reconozco que nuestra situación puede ser muy difícil a veces. Incluso aunque se alivie el dolor físico existe un sufrimiento mental, pero puedes mantener la esperanza porque no estas solo. Debemos mantener la esperanza, aunque solo sea en el progreso de la ciencia.

El estímulo para luchar por la vida

La señora Pavageau concedió una entrevista a un periódico local de Sainte Nazaire, donde reside, en la costa Atlántica francesa, después de recibir el premio. “Toda vida merece ser vivida, afirma. Puede ser hermosa, a pesar de la situación en la que nos encontramos. Siempre es posible un cambio. Este es el mensaje de esperanza que me gustaría transmitir. Estoy firmemente en contra de la eutanasia porque no es el sufrimiento físico el que conduce al deseo de morir, sino el desaliento que supone sentirse como una carga. Todos aquellos que piden morir por lo general lo que buscan en realidad es amor”.

A pesar de su parálisis y de necesitar atención médica continua, Pavageau encontró en el amor su familia el estímulo para luchar por la vida. “Mi vida no es lo que podría haber sido, pero es mi vida. Al final, tengo que ser fiel a mis valores. Contaba con el amor de mi marido y mi hija Myriam, que tan sólo tenía dos años en aquel momento y eso me dio la fuerza para luchar. A pesar de mis dificultades, Myriam me ha comprendido siempre al hablar con ella”.

Hace dos años, Pavageau escribió un artículo en el que criticaba el debate sobre la eutanasia en los medios. “Los pronunciamientos públicos causan daños colaterales inesperados entre la gente que padece enfermedades serias como el síndrome de locked-in. Vemos muchos programas de televisión y de radio. Y en respuesta a nuestro profundo desaliento –¿quién está libre de sufrirlo?– solamente se nos ofrece ese supuesto derecho final, hipócritamente bautizado como signo de amor”.

“Un estudio reciente sobre la calidad de vida de los pacientes que sufren el síndrome locked-in descubrió, ante el asombro de los médicos, que a la pregunta ‘¿Si sufres un ataque al corazón te gustaría ser reanimado?’, la gran mayoría de la gente contestaba afirmativamente”.

Pavageau se mostraba orgullosa de convertirse en Caballero de la Legión de Honor, la más alta condecoración francesa, aunque la ve como un reconocimiento a todos aquellos cuya dignidad queda reducida cuando los consideramos como “vegetales”.

Mensaje del Papa a España

Actualizado 8 noviembre 2010

Volando a España dijo el Papa a los periodistas que “España padece hoy un laicismo agresivo”.

Y en su homilía en Santiago de Compostela dijo que “no podemos vivir de espaldas a Dios. No podemos arrinconar a Dios. Tenemos que abrirnos a Dios. A Él debe Europa las grandes creaciones filosóficas, literarias, culturales y sociales”. “Hoy hay que construir una Europa preocupada no sólo por lo material sino también por las necesidades morales y sociales, espirituales y religiosas”.

Los españoles no podemos ni debemos ser cobardes.

“Hay que dar testimonio, valiente del Evangelio en la vida pública, en las instituciones y en el compromiso ciudadano”.

Y en Barcelona, aludiendo al templo de la Sagrada Familia, “cuyas torres son saetas que señalan a Dios”, dijo que “la familia debe ser apoyada por el Estado jurídica, social y legislativamente, pues fundada en el amor generoso e indisoluble entre un hombre y una mujer, es la esperanza de la humanidad, pues en ella se acoge la vida desde la concepción hasta la muerte natural”.

Y dijo también: “He venido a confirmar a los españoles en la fe, en un mundo que quiere desplazar a Dios”.

JORGE LORING, S.I.
jorgeloring@gmail.com
www.arconet.es/loring
Tel.: (34) 956 87 46 47

 

Me quito el sombrero ante Popular TV y RomeReports

Actualizado 9 noviembre 2010

Jorge Enrique Mújica, LC

Benedicto XVI ya dejó España y ahora es el momento de los frutos. Frutos copiosos que son, sobre todo, don de Dios. Dones de Dios en los que Él quiere que colaboren los hombres. Y vaya si los hombres y las mujeres ayudaron para que el mensaje del Papa, para que su sonrisa cercana, para que su sensibilidad conmovedora y sus palabras sabias llegaran transparentes a miles de personas.

Y quiero referirme muy especialmente a dos medios de comunicación católicos que estuvieron a la altura de la circunstancia: Popular TV y RomeReports.

La primera retransmitió en vivo los actos públicos de la visita del Papa con una calidad no sólo técnica. Las intervenciones ricas y variadas de quienes participaron en los diferentes momentos como comentaristas dieron el rasgo distintivo a este canal de televisión católico español.

Es verdad que otros canales nacionales también transmitieron el evento que ganó y atrapó a la audiencia (la agencia zenit refería los datos estadísticos). Pero los comentarios de la mayoría dejaban mucho que desear. Una mirada a la prensa impresa reflejaba más o menos lo mismo.

RomeReports, a quien ya he alabado en otras ocasiones, se mantuvo a la vanguardia del reporte continuo. No por nada es una referencia en la mayoría de las informaciones que emite y, además, dicho sea de paso, de modo gratuito.

Es cierto que EuropaPress y la agencia EFE (españolas las dos) también produjeron algunos videos. Pero entre desviar la atención a los tres gays que se besaron cuando pasó el Papa por las calles de Barcelona (y que seguramente ni vio) y el supuesto cariz reaccionario de Benedicto XVI contra el gobierno español, pues como que estaban fuera de la sintonía real del conjunto y motivo de la visita del Romano Pontífice a Santiago y la ciudad condal.

Así las cosas, me pongo de pie, me quito el sombrero y aplaudo a Popular TV y RomeReports. Dos medios católicos a la altura de muchos medios no confesionales.

 

Nos hablan las almas del Purgatorio (4)

Actualizado 8 noviembre 2010

La vuelvo a ver en seguida y continuamos con nuestras preguntas
– Sí, por cierto que es difícil describirlos. Pero, dime, ¿Jesús no va al Purgatorio?.

- Ningún alma me lo ha dicho. Es la Madre de Dios quien va. Una vez pregunté a un alma del Purgatorio si debía ir ella misma a buscar a las almas de las que pedían noticias. Me respondió que no: es la Madre de Misericordia quien da noticias. Ni siquiera los santos van al Purgatorio; en cambio los Angeles están allí: San Miguel… y cada alma tiene cerca a su Angel Custodio.

- ¡Qué estupendo, los Angeles están con nosotros! Pero, ¿qué hacen los Angeles en el Purgatorio?

- Alivian y consuelan. Las almas pueden verlos.

- ¡Oh, qué bello!. María, si continuas a hablarnos de los Angeles casi me haces venir el deseo de ir al Purgatorio. Otra pregunta: tú sabes que, hoy, mucha gente cree en la reencarnación, ¿Qué dicen las almas sobre este tema?

- Las almas dicen que Dios nos da una sola vida.

- Pero algunos sostienen que una sola vida no es suficiente para conocer a Dios y para tener el tiempo de convertirse verdaderamente, y piensan que eso no sea justo. ¿Que le respondes a tales personas?

- Todas las almas tienen una fe interior; aun si no son practicantes, ellas reconocen a Dios. No existe nadie que no crea totalmente. Cada hombre tiene una conciencia para reconocer el bien y el mal, una conciencia dada por Dios y un conocimiento interior, ciertamente de grados diversos, como sea, sabe distinguir el bien del mal. Con tal conciencia cada ser humano puede llegar a la bienaventuranza.

- ¿Qué pasa con las personas que se suicidan?. ¿alguna vez te visitó una de esas almas?

- Las almas que vienen a mí son sólo almas del Purgatorio. Por lo tanto, hasta hoy, nunca encontré el caso de un suicida que se haya perdido; eso no significa que no las haya. Pero algunas almas me dicen que con frecuencia son más culpables aquellos que han estado alrededor de ellas, porque han sido negligentes o han difundido calumnias.

A este punto pregunté a María si las almas se arrepienten de haberse suicidado, y María me respondióque si, pero me dijo que, con frecuencia, el suicida es una persona enferma. Con todo, las almas se arrepienten porque, apenas ven las cosas a la luz de Dios, comprenden, en un solo instante, todas las gracias que les estarían reservadas a ellas durante el tiempo que aún les quedaba por vivir, y ven todo el tiempo restante (meses o años), y todas las almas que hubiesen podido ayudar ofreciendo el resto de su vida a Dios; y lo que a ellas les causa mayor dolor por su pasado es ver el bien que hubiesen podido hacer y que, en cambio, no hicieron porque abreviaron su vida. Pero, si la causa del suicidio fue una enfermedad, el Señor, sin duda, no lo tiene en cuenta.
– María, quisiera preguntarte si almas de personas de otras religiones, por ejemplo judíos, han venido a visitarte

- Sí, y están en la felicidad. Quien vive bien su fe está en la paz; pero es a través de la fe católica que se gana mucho más para el Cielo.

- ¿Existen religiones que son malas para las almas?

- No, pero ¡hay tantas religiones en la tierra!. Los más cercanos a la fe Católica son los ortodoxos y los protestantes. Hay muchos protestantes que recitan el Rosario; pero las sectas son muy, muy malas. ¡Hay que hacer de todo para salir de ellas!.

- María, ¿hay sacerdotes en el Purgatorio?. (Aquí veo que María alza los ojos al Cielo como para decir: “¡Ay de mí!…”).

- Sí, hay muchos. Esos no han colaborado para tener respeto por la Eucaristía, y entonces toda la fe sufre. Con frecuencia están en el Purgatorio por haber descuidado la oración, y su fe ha disminuido; pero es también cierto que muchos de ellos han ido directamente al Paraíso. Un encuentro inolvidable para mí fue aquel con un sacerdote cuya mano derecha era negra. Le pregunté la causa: “Hubiera tenido que bendecir más”, me dijo. “Di a todos los sacerdotes que encuentres que deben bendecir mucho más: ellos pueden dar numerosas bendiciones y conjurarían las fuerzas del mal”.

- Bien, ¿y qué le dirías a un sacerdote que quisiera vivir verdaderamente según el corazón de Dios?

- Le aconsejaría de rezar mucho al Espíritu Santo y de recitar cada día el Rosario.

- María, ¿hay niños en el Purgatorio?

- Sí, pero para ellos el Purgatorio no es muy largo ni muy penoso, porque a ellos les falta el pleno discernimiento.

- Pienso que algunos de ellos han venido a encontrarte. Tu nos contabas la historia de aquella niñita… el alma más pequeña que has visto; era una niñita de 4 años. Pero ¿por qué estaba en el Purgatorio?

- ¿Por qué?. Esta niñita había recibido de sus padres, como regalo de Navidad, una muñeca. Tenía una hermana melliza, que también había recibido una muñeca. Y he aquí que esa niñita de 4 años había roto su muñeca y entonces, a escondidas, sabiendo que nadie la veía, fue a poner esa muñeca rota en el lugar de la de su hermana, y a hacer así el cambio, sabiendo muy bien, en su corazoncito, que habría ocasionado muchísimo dolor a su hermana; se daba cuenta que eso era un engaño y una injusticia. Por esta causa pasó por el Purgatorio.
Sí, los niños con frecuencia tienen una conciencia más viva que la de los adultos, y es preciso sobre todo luchar contra la mentira; ellos son muy sensibles.

- María, ¿cómo pueden los padres ayudar en la formación de la conciencia de sus hijos?

- Sobre todo con el buen ejemplo: es lo más importante; y luego con la oración. Los padres deben bendecir a sus hijos e instruirlos bien en las cosas de Dios.

- Lo dicho es muy importante. ¿Te han visitado almas que, sobre la tierra, practicaban perversiones?. Pienso, por ejemplo, en el campo de la sexualidad.

- Las almas que he conocido (todas del Purgatorio), no se han perdido, pero deben sufrir mucho para purifìcarse. En todas las perversiones está presente la obra del Maligno. En modo particular en la homosexualidad.

- ¿Qué consejo darías a todas esas personas que son tentadas por la homosexualidad, que tienen en ellos esas tendencias?

- Les diría de rezar, rezar mucho, para tener la fuerza de alejarse. Sobre todo hay que orar al Arcángel san Miguel, pues es él, por excelencia, quien combate contra el Maligno.

-¡Oh, sí el Arcángel san Miguel! ¿Y cuáles son las tendencias del corazón que pueden conducir a la pérdida de nuestra alma, a la pérdida definitiva de nuestra alma, es decir al infierno?

- Es cuando no se quiere ir hacia Dios, es decir cuando se dice decididamente: “¡Yo no quiero!”

Te agradezco por esta aclaración. Y aquí te quisiera contar que, sobre este argumento, he interrogado a Vicka, una de las videntes de Medjugorje, que me decía también ella que al infierno (¡y ella al infierno lo ha visto!), van únicamente aquellos que deciden de ir allí, y no es Dios quien los manda. Al contrario, El suplica al alma de acoger Su Misericordia. El pecado contra el Espíritu Santo del que habla Jesús, y que por tanto no es perdonado, es el rechazo radical de su misericordia, y eso en plena luz y en plena conciencia. Yo señalo que Juan Pablo II lo explica muy bien en su encíclica sobre la Misericordia; pero también en esto podemos hacer mucho, por medio de la oración, por las almas que están en peligro de perderse.
– María, ¿tendrías algún testimonio al respecto?

- Un día me encontraba en el tren. En mi compartimento había un hombre que no terminaba de criticar a la Iglesia, a los sacerdotes y hasta de ofender a Dios. No cesaba de maldecir, y yo le dije: “Usted no tiene el derecho de decir todo eso, ¡no está bien!”. Llegada a mi estación, mientras bajaba los dos peldaños de la escalerita, dije sencillamente a Dios: “¡Señor, que esta alma no se pierda!…”. Algunos años después el alma de este hombre vino a visitarme y me contó de haber estado a la orilla del Infierno y de haberse salvado sólo por la oración que yo había hecho en aquel momento.

Sí, es extraordinario ver como tan solo un pensamiento, un impulso del corazón, una sencilla oración por alguien, pueda impedirle de caer en el infierno, porque es el orgullo que hace ir al infierno. Y el infierno es eso: es el obstinarse a decir NO a Dios; pero nuestras oraciones pueden suscitar, en quien muere, un acto de humildad; y sólo un impulso de humildad, por mínimo que sea, tiene tanta fuerza como para hacemos evitar el infierno.

- Un alma me contó: “No habiendo observado las leyes de tránsito, me maté a causa del golpe, mientras iba en motocicleta en Viena”. Le pregunté: “¿Estabas preparada para entrar en la eternidad?”. “No lo estaba, agregó, pero Dios da dos o tres minutos para que se puedan convertir a cuantos pecan contra de él con insolencia y presunción. Y sólo quien lo rechaza es condenado”. El alma continuó con su comentario interesante e instructivo: “Cuando uno muere en un accidente, las personas dicen que era su hora. Es falso: eso se puede decir sólo cuando una persona muere no por su culpa. Pero según los designios de Dios, yo hubiera podido vivir aún treinta años; entonces hubiese transcurrido todo el tiempo de mi vida”. Por eso el hombre no tiene el derecho de exponer su vida a un peligro de muerte, salvo en caso de necesidad. Un médico vino un día a lamentarse que debía sufrir por haber acortado la vida de sus pacientes con inyecciones para que no sufrieran más. Dijo que el sufrimiento, soportado con paciencia, tiene para el alma un valor infinito; se tiene el deber de aliviar los grandes sufrimientos, pero no el derecho de acortar la vida con medios químicos. En otra ocasión vino una mujer. Confesó: “He debido sufrir treinta años de purgatorio porque a mi hija no la he dejado ir al convento”.

- María, ¿no te parece increíble que alguno pueda llegar al punto de decir NO a Dios en el momento de la muerte, cuando lo ve?

- Bien, por ejemplo un hombre me dijo que no quería ir al Cielo; ¿y saben por qué?. Porque, según él, Dios permite los injustos y las injusticias… Yo le dije que esto lo hacen los hombres y no Dios. Me respondió: Espero no encontrar a Dios, después de la muerte, porque entonces le romperé la cabeza con un hacha”. El tenía un odio profundo contra Dios; pero Dios deja al hombre su voluntad libre; podría impedir esta voluntad, pero no, quiere dejar a cada uno su libre elección. Dios da a cada uno, durante la vida terrena y en la hora de la muerte, muchas gracias para convertirse, aun después de una vida transcurrida en las tinieblas; pero si se pide perdón sin cálculo, ciertamente podemos salvarnos.

- Jesús dijo que es difícil, para un rico, entrar en el Reino de los cielos. Tú, personalmente, ¿has visto a veces casos de este género?

- Sí, si hacen buenas obras, pero obras de caridad, si viven el Amor, entonces pueden llegar a ser como los pobres.

- Y ahora, María, actualmente, ¿te visitan las almas del Purgatorio?

- Sí, dos o tres veces por semana.

- Quisiera saber qué piensas sobre las prácticas de espiritismo; por ejemplo cuando se llaman a los espíritus de los difuntos, se hacen girar las mesas, etc.

- ¡No es bueno!. Con frecuencia es el diablo quien hace mover las mesas.
¡Oh, si, es importante decirlo!. Hay que hacer saber esto a la gente; pues hoy, por desgracia, estas absurdas prácticas espiritistas aumentan cada vez más…

- Ahora, te ruego, acláranos, ¿existe una diferencia entre lo que tú vives con las almas de los difuntos y las prácticas de espiritismo?

- No es lícito llamar a las almas. Yo no busco su venida; vienen por sí solas, con el permiso de Dios. En el espiritismo, en cambio, se evocan a los espíritus, se los llaman. Pero es el demonio quien viene, fingiendo ser el alma de ése o de aquél. A veces se presenta bajo falsas apariencias, sin ser llamado.

 

Gianna Jessen, o cómo sobrevivir a una solución salina

«Mi madre tenía siete meses de embarazo cuando decidió abortarme. Yo soy la persona que ella abortó»

Hay quien dice que es un “aborto fracasado”, el resultado de un trabajo mal hecho. Ella proclama hoy el amor a la vida y a Jesucristo.

Actualizado 9 noviembre 2010

ReL

“Soy adoptada. Tanto mi madre como mi padre biológicos tenían 17 años de edad. Ella tenía siete meses y medio de gestación cuando decidió acudir a la Federación Internacional de Paternidad Planificada (IPPF), que es la proveedora de abortos más grande del mundo, y allí le aconsejaron someterse a un aborto de término tardío de solución salina. Esta solución se inyecta en el vientre de la madre. El bebe traga la solución que le quema por dentro y por fuera. Entonces la madre da a luz a un bebé muerto en el plazo de 24 horas”.

“Pero para la sorpresa y el shock de todos, no nací muerta sino viva el 6 de abril de 1977, en una clínica abortista en el condado de Los Ángeles”.

“Lo fantástico de todo esto, del momento perfectamente oportuno de mi nacimiento, es que el abortista todavía no empezaba su tarea, así que ni siquiera tuvo la oportunidad de continuar con sus planes respecto a mi vida, es decir, la muerte.”

Son las palabras de Gianna Jessen, una joven norteamericana que sobrevivió a un aborto, en una conferencia testimonial que ofreció en Australia en el año 2008.

Su testimonio no tiene la más mínima nota de resentimiento, amargura o prejuicio contra nadie. Se trata, más bien, de un alegato a favor del perdón, la reconciliación, la perseverancia y la alegría de vivir.

Categorías:Aborto, Familia, Mundo, Testimonios

El valor de una vida

Me quedé embarazada con 18 años, de un novio que no quiso hacerse cargo de nuestro hijo. Estaba muerta de miedo y, aunque quise abortar, no pude, porque sentía que algo latía dentro de mí que era más valioso que yo misma, y lo supe desde el primer mes de embarazo. Tuve que pasar por muchos obstáculos y renunciar a muchas cosas: Dejé el instituto, me tuve que poner a trabajar, tuve que dejar de hacer artes marciales, mi madre me hacía la vida imposible, no tenía tiempo de salir con los amigos… La causa de todo eso, 21 años después, está estudiando una doble carrera, es un joven guapísimo y maravilloso, y se llama Luis. He ido creciendo con él a lo largo de este tiempo, y mirando hacia atrás, no cambio todo lo que no he podido hacer por ser madre, por cada minuto que he pasado al lado de mi hijo. Él me ha enseñado el mayor amor que puede sentir una persona, que es el amor de una madre. He aprendido a ser fuerte a su lado, y él es la gran obra de mi vida. Ahora, 21 años después, soy funcionaria y Gestora de un Departamento universitario, estoy estudiando una doble carrera en la que mi hijo coge los apuntes cuando yo no puedo ir a clase (ambos estudiamos juntos), puedo hacer taekwondo (y mi hijo es mi compañero de gimnasio) y tengo la sensación de que tengo a mi lado el mayor apoyo y una persona que me va a querer siempre de forma incondicional.

Esther Granada Millán
Sevilla

Dos sacerdotes gemelos celebran sus bodas de oro

viernes, 05 de noviembre de 2010
César y Raúl Molaro


ZENIT.org (Entrevista de Leandro Bonnin)

El próximo 18 de diciembre, en Paraná, Argentina, ocurrirá un hecho digno del libro Guinnes: dos hermanos gemelos, los sacerdotes César y Raúl Molaro, celebrarán juntos sus bodas de oro sacerdotales. Las celebraciones tienen como lema “Cien años de sacerdocio, salvadores con Jesús”.

La entrevista a los padres Molaro, de la archidiócesis de Paraná (Entre Ríos, Argentina), la propuso a ZENIT Leandro Bonnin, antes de la clausura del Año Sacerdotal. Sin embargo sólo ahora ha podido completar el trabajo, mientras hierven los preparativos de este acontecimiento.

Por su gran interés testimonial, reproducimos íntegra la entrevista. Bonnin, el autor, fue ordenado sacerdote en 2005. Es vicario parroquial de San Francisco de Borja, en Paraná, Entre Ríos, Argentina.

Llama la atención que dos hermanos gemelos sintieran la misma vocación sacerdotal, estudiaran en el Seminario y, llegaran a celebrar el mismo día sus 50 años de ministerio. ¿Podrían contarnos como surge en cada uno de ustedes la vocación a la vida sacerdotal?

P. Raúl: El llamado del Señor, me vino a mí, siendo aún niño, una tarde que estaba con mi hermana en el mes de María, en la Capilla del Colegio Don Bosco de Paraná. Sentí como una moción interior, una invitación del Señor y de la Santísima. Virgen a ser sacerdote.

Creo que también influyó mucho el testimonio de amor y de entrega del padre José Müller, sacerdote salesiano alemán que se desvivía por los chicos del Oratorio Salesiano. Un testimonio de sacerdote abnegado, entregado, generoso y siempre alegre. Él luego se fue de misionero al Chaco Paraguayo, donde pasó muchas privaciones y sufrimientos.

Él nunca me dijo nada sobre la vocación, pero descubrí en él un verdadero sacerdote. Más adelante, perteneciendo al grupo de niños de la Acción Católica del glorioso centro Pentecostés, del Seminario viejo, al finalizar quinto grado, pude entrar en el Seminario de Paraná, gracias a la ayuda del padre Marcos Kémerer y el padre Ángel Armelín.

P. César: Cuando íbamos al Oratorio Don Bosco, los salesianos querían llevarnos a su seminario. En 1947, estuvimos en la Acción Católica del Seminario Viejo, y a fin de año, el padre Marcos Kemerer nos preguntó si queríamos entrar al Seminario. Así fue como entramos en marzo de 1948. A fin de año, en vacaciones, el rector del Seminario, monseñor Herminio Bidal decía: «Se portaron bien, yo pensaba que iban a dar trabajo…».

¿Qué importancia tuvo su familia en el proceso de discernimiento vocacional y en la vida de fidelidad al ministerio?

P. Raúl: Nuestros padres, gente sencilla y humilde de zona rural, formaron un hogar cristiano. Éramos nueve hermanos. Dos hermanitas nuestras fallecieron antes de nacer nosotros, con sólo unos meses de vida, allá por 1930 y 1933. Mis padres sufrieron mucho y eso les decidió a ir a vivir a Paraná.

Después, ya ordenados sacerdotes, supimos que mi madre, en medio de su dolor por la muerte de sus hijas, dijo: «Si Dios me da hijos varones los consagraré para que sean sacerdotes». En Paraná, la vida no les fue fácil, pasaron muchas privaciones y sufrimientos, pero llevaron adelante su hogar.

Con mis hermanos estamos muy unidos y nos apoyamos mutuamente. Durante los años de estudio en el Seminario tuvimos la visita frecuente de mi madre y hermanas. Tengo la certeza de que la familia es muy importante en la vida del sacerdote. Hay una raíz que sostiene el árbol de la vida.

P. César: Yo creo que mi familia tuvo una gran importancia. Mi padre tenía un tío sacerdote salesiano y una prima religiosa. Mi madre había sido educada en el Colegio de Hermanas de Villa Urquiza. A pesar de la promesa que hizo antes de que naciéramos, a nuestra madre le costó mucho que nos fuéramos al Seminario. Y antes de tener sotana, desde el primer año de Filosofía, todas las vacaciones nos decía: «quédense».

El día de la ordenación, ella lloró de emoción durante toda la ceremonia, y luego se sentía feliz y orgullosa de sus hijos sacerdotes. Yo pensé siempre cómo nos ayudaron las oraciones y el apoyo de nuestros padres y hermanos en la fidelidad al ministerio sacerdotal. Siempre pienso que la familia es fundamental para la fidelidad y la perseverancia en el ministerio.

¿Qué es para ustedes ser sacerdote?

P. Raúl: Ser sacerdote es descubrir el amor y el llamado de Jesús a seguirlo y trabajar con Él para que los hermanos lo conozcan y lo amen. Es tratar de vivir una identificación con Jesús Sacerdote y Pastor al servicio de la Iglesia. “Salvadores con Jesús” decía, como lema, la estampa de recuerdo de Ordenación cincuenta años atrás. Con todas las fallas y deficiencias ha sido como el ideal de mi vida de sacerdote.

P. César: Ser sacerdote es una gracia, un llamado de Dios. Es una participación del sacerdocio de Jesucristo, y por eso el sacerdote puede obrar en persona de Cristo cabeza, ya que se da una consagración especial y una configuración más profunda con Cristo sacerdote.

Jesús ha realizado la obra de la salvación por medio de su triple función de Sacerdote, Profeta y Rey. En el ministerio sacerdotal se participa de esta triple función: anunciar la palabra de Dios; santificar por medio de los sacramentos, sobre todo la celebración de la Santa Misa que es el centro y culmen de la vida cristiana; y asegurar a todos la unión en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, como pastores de la comunidad. O sea, hacer las veces de Jesús, ser salvadores con Jesús.

En sus primeros años de ministerio les tocó vivir la aplicación de la reforma del Concilio Vaticano II, con todos los cambios litúrgicos, pastorales y disciplinares que implicaba, y con las luces y sombras en que se desarrolló. ¿Cómo vivieron esa etapa y que reflexión podrían dejarnos?

P. Raúl: Durante el Concilio, podía seguir y enterarse uno de su marcha gracias a L´Osservatore Romano. Descubría una Iglesia que se abría a la acción del Espíritu Santo, que se renovaba, que se abría al querer de Dios para estos tiempos. Esto traía gran alegría y entusiasmo: ¡la Iglesia vive!

Y todo ello gracias a los grandes papas Juan XXIII y Pablo VI, a quien le tocó la parte más difícil. Este último supo ser un buen timonel y se adelantaba, muchas veces, a las propuestas de los padres conciliares en las reformas. Creo que los cambios trajeron mucho bien a la Iglesia, sobre todo un cambio de mentalidad, como por ejemplo en lo referente al encuentro con los hermanos separados y lo que significó el Ecumenismo. Así mismo, fue un saludable cambio el protagonismo dado a los laicos en la Iglesia.

 

También hubo firmeza de Pablo VI en algunos asuntos. Fue difícil, después del Concilio, afrontar la falsa interpretación del Concilio, que trajo confusión y dificultades muy grandes en la Iglesia y en el mundo. Se vivieron momentos muy duros, de mucho caos. Me parece —es una interpretación personal— que no hemos estudiado suficientemente el Vaticano II, y no lo hemos llevado a la práctica. Han pasado ya muchos años, y ese Concilio quería prepararnos al tercer milenio.

P. César: Yo tomé con gran alegría el Concilio. A los seminaristas del Seminario menor, les hablaba de las comisiones que formaba Juan XXIII y los demás preparativos. Vino el Concilio, los documentos… y un tiempo después, me di cuenta que había eclesiásticos que hablaban de reforma, y prácticamente se tiraba todo: oración, devoción a la Virgen y Santo Rosario, obediencia, celibato, liturgia, etc. Fueron años difíciles y confusos.

Hoy veo que gracias a la oraciones de mi madre, a la confianza que más que nunca me demostró monseñor Tortolo y a la gracia de Dios, no me fui más lejos ni abandoné el sacerdocio, como lo hicieron algunos de ellos. Tuve la fortuna de que cada mes o mes y medio, venía a Paraná a hablar con monseñor sobre los problemas del Instituto. Con el único que hablaba era con él. Aprendí entonces que importante que es la confianza y la obediencia al obispo.

Por otra parte, por aquel entonces estaba ocupado en el Instituto Técnico de Santa Elena, y mucho tiempo no tenía. Creo que también eso me salvó.

Ustedes han servido a la Iglesia de Paraná en varias comunidades a lo largo de estos años. ¿Cuál ha sido para ustedes el momento más fuerte de su ministerio sacerdotal?

P. César: Creo que fue en la ciudad de La Paz, donde, ya como párroco, trabajé mucho en la ciudad y en la campaña y en la atención de las confesiones. Pensar que casi sacaron los confesonarios en la época postconciliar… En general, en todas las parroquias, obedeciendo donde te mandan, pasé tiempos muy felices y de mucha gracia de Dios. Tengo que agradecer mucho a los fieles cristianos de cada comunidad, porque por su Bautismo y Confirmación, supieron ejercer la triple función de sacerdotes, profetas y reyes, como fieles cristianos.

P. Raúl: Después de los primeros años juveniles, donde vivía con alegría y entusiasmo toda la labor sacerdotal vino la responsabilidad de ser párroco. En Santa Lucía, viví intensamente la vida de la Comunidad Parroquial, y la vivencia de los distintos grupos y personas que trabajaron con gran empuje en la construcción de la iglesia parroquial. Teníamos como lema: “Mientras construimos el Templo forjemos la Comunidad; mientras forjamos la Comunidad, construyamos el Templo”.

Las vivencias sacerdotales de las otras parroquias fueron también muy importantes y me llegaron mucho, sobre todo al descubrir la acción del Señor y de su gracia en la feligresía. Lo mismo el trabajo con los niños en los colegios donde he desempeñado la misión sacerdotal.

Otro hecho que me marcó es que siendo párroco de la basílica de Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá, el Señor y la Santísima Virgen quisieron —fue un verdadero milagro de la Virgen del Carmen— que en menos de seis meses se construyeran quinientos metros del tapial del terreno (por la clausura del convento) y quinientos metros de edificación del futuro convento. Y no se tenía nada de dinero. ¡Un verdadero milagro!

Los dos han tenido oportunidad de vincularse a realidades eclesiales que les permitieron trascender la diócesis, y vivenciar la universalidad de la Iglesia. ¿Qué valores quisieran destacar en estas experiencias?

P. Raúl: Me ha impactado mucho ver las multitudes en las audiencias del Papa en Roma, que acuden con gran fe y amor al Vicario de Cristo. Además me impresiona cómo el Espíritu Santo ha suscitado múltiples movimientos eclesiales de renovación espiritual y de apostolado que están renovando a la Iglesia, en medio de tantas dificultades y de hermanos que se separan de Dios y de la Iglesia.

Estos movimientos son una levadura nueva que está transformando la masa. En relación a esto último, hay un hecho muy significativo e importante para mi vida sacerdotal: el llamado interior de la Santísima Virgen a pertenecer al Instituto de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt desde hace muchos años. Ello ha marcado profundamente mi vida.

P. César: Uniendo esto a los años difíciles después del Concilio, en Santa Elena, aunque al principio rezaba mucho (estuve del año 65 al 78), después del año 1968 o 1970, dejé de rezar por la actividad, y sentía un gran vacío interior. En septiembre del año 1976, fui a un retiro convocado por monseñor Tortolo y lo predicó un sacerdote del Opus Dei: Fernando Lázaro. Luego, cada mes venía de Buenos Aires a visitarme, como también a muchos otros sacerdotes de la Diócesis. Él me invitó a entrar en el Opus Dei.

Con los años, he visto que el Opus Dei te cuida y cuida el sacerdocio. Cada semana tenés la charla fraterna (dirección espiritual), la confesión y una reunión de formación. No te impone nada, y te exige cada vez más en la vida espiritual, con todas sus exigencias. No hay una doble obediencia: al obispo y al Opus Dei. Uno sigue siendo sacerdote diocesano y no religioso (los del Opus Dei no son religiosos) y con obediencia únicamente al obispo.

Tuve la gracia de asistir en 1992 a la beatificación de monseñor Escrivá. Aunque lo deseaba, no iba a ir a la canonización porque me habían operado del estómago el 17 de mayo del 2002, y la canonización era el 6 de octubre. El Opus Dei me pagó todo el viaje y el alojamiento, y en el avión iba un sacerdote cuidándome, y en la canonización, el mismo vicario del Opus Dei en la Argentina estaba al lado mío cuidándome.

Realmente, como decía el fundador del Opus Dei, es un buen lugar para vivir y para morir. Me alegra recordar que dos veces pude ir a Roma y ver al Papa y al prelado del Opus Dei, ir al centro de la catolicidad, vivir la universalidad de la Iglesia: fieles de todas partes del mundo que participaban de la beatificación y de la canonización.

Muchos jóvenes, inmersos en el clima de inestabilidad reinante, tienen dudas sobre si es posible mantenerse fieles en un estado de vida durante muchos años. ¿Cuáles son las claves para la fidelidad y la perseverancia?

P. César: Hoy en día, más que nunca, existe esa inestabilidad en la gente joven y no quieren comprometerse para toda la vida. Ven muy difícil la perseverancia y la fidelidad. Sin embargo, gracias a Dios, todavía hay matrimonios que celebran sus bodas de oro, y gente que se mantiene en la fidelidad. Y en el matrimonio es más difícil, porque él o ella pueden fallar.

En el sacerdocio, hay uno que no falla, y es Jesús. O sea que el sacerdote tiene el 50% de seguridad. Si uno se mantiene fiel a las normas de piedad, es obediente, y acepta las cruces queriendo hacer la voluntad de Dios, con su gracia persevera en la fidelidad. A mí me alegra y doy gracias a Dios, cuando hay fieles que me dicen: «Gracias por su fidelidad».

P. Raúl: Es un momento muy difícil ciertamente el que se está viviendo actualmente, y más para los jóvenes. Creo que una clave es saber lo que se quiere y adonde se va. Es decir, tener un ideal personal bien claro, para su vida. Pedir al Señor, en la oración, que le muestre sus caminos, qué quiere de él, cuál es su voluntad.

Y luego, confiando en la ayuda del Señor, decidirse a vivir esa entrega incondicional, “sin mirar hacia atrás”, tratando de ser fieles en las pequeñas-grandes cosas de cada día. Para la perseverancia, lo que me ha sostenido es tener un buen tiempo de oración personal con el Señor cada día, tratando de descubrir allí al “Dios de la Vida”. Escuchar qué me dice el Señor, qué espera de mí. Sin la oración es muy difícil perseverar en la entrega. Además, el tener un grupo de vida, donde fraternalmente nos ayudamos entre hermanos sacerdotes.

¿Qué podrían decirles a los actuales candidatos al sacerdocio, y a los jóvenes que se están planteando su vocación?

P. Raúl: Que si tienen dudas, ¡que no sigan! La vocación es una respuesta personal de amor y de entrega al Señor y a la Iglesia, como alguien que se casa, se compromete con la otra persona a amarla para siempre. Creer que el Señor no fallará, ¡Él es siempre fiel! No abandona la obra que ha comenzado. Los que podemos fallar somos nosotros, pobres pecadores; pero Jesús no retira su amor. Si uno siente este llamado del Señor a amarlo y entregarse a Él, que no dude, que se zambulla, que va a salir nadando

P. César: Que piensen que si están en el Seminario es porque Jesús “los miró y los amó”, y los llama para esta gran vocación: el sacerdocio. Es un inmenso don y la luz que ilumina el camino. Que uno es más libre, cuando despojándose de todo, quiere seguir a Jesús. Se gana el ciento por uno y la vida eterna. ¿Qué más se quiere? ¡Ánimo, y seguir adelante!

Los dos han estado muy ligados a la Santísima Virgen durante su ministerio. ¿Qué papel ocupa María en la vida de un sacerdote, y qué papel ocupó en la de ustedes?

P. Raúl: Ella es la madre y educadora de Jesús Sacerdote, es también, porque así lo quiso el Señor, la madre y educadora del sacerdote que es otro Cristo. Ya lo señaló San Pío X «que el camino más corto, más fácil, más seguro, para ir a Cristo, es María». Ella es la Colaboradora de su Hijo en la obra de la Salvación, y Dios quiere que sea la colaboradora de quienes son otros ‘cristos’, los sacerdotes, en su ministerio sacerdotal. De mi parte debo señalar lo que ha significado en mi vida y sacerdocio la Alianza de Amor con la Santísima Virgen en el Movimiento de Schoenstatt.

P. César: Después de Jesús, la Santísima Virgen María ocupa un lugar primordial en la vida de un sacerdote. Es la madre de Jesús y nuestra madre que cuida especialmente de sus hijos sacerdotes. Si uno se entrega a la Santísima Virgen, puede andar mal… pero la Virgen no lo deja. ¡Qué importante es el confiar en ella!

El 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, se cumplieron 54 años de mi voto de esclavitud de san Luis María Grignon de Montfort. Estaba a finales del primer año de Teología. Siempre he pensado que estar en Teología, significa estar convencido que vas a ser sacerdote. No puede uno estudiar Teología si no está seguro de su vocación sacerdotal.

Recuerdo que una vez, por los menos, fui a la basílica de la Virgen de Luján, a pedirle a la Virgen por mi sacerdocio. Tuve oportunidad de tocar y estar muy cerca de la Virgen de Luján, cuando vino por primera vez el papa Juan Pablo II, en medio de la crisis de las Malvinas. Cada día descubro nuevamente qué importantes son las tres avemarías, el rezo del santo rosario, el escapulario… en fin, sentirnos hijos de María.

Para leer más de esta singular doble vocación

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