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¿Vergüenza? ¡Sólo para pecar!

Es cierto que hoy se confiesa menos gente que hace años, y es que los cristianos están perdiendo el sentido del pecado.

En esto tienen mucho que ver algunos sacerdotes: hay muchas iglesias con el confesionario vacío.

Algunos creerán que ese kiosco será una reliquia, un adorno. Ahora bien, no en todas ocurre lo mismo. Y cuando los sacerdotes están en el confesionario, los fieles acudimos.

Hace unos días me encontré con una amiga a la que hacía años no veía, y hablando de todo un poco, llegamos al sentido trascendente de la vida y a la confesión.

Yo le hablé del bien que me hacía y ella de que la echaba de menos: había pasado tanto tiempo que no sabía cómo volver, le daba vergüenza.

Decía una santa mujer a su hijo cuando éste le decía que le daba vergüenza hacer esto o aquello: «¡Hijo mío, vergüenza sólo para pecar!» Sea por vergüenza, pereza o desánimo, a muchos nos cuesta acudir al confesionario.

También a gente de hábitos sucios le cuesta darse una ducha. Pero la incomodidad de la ducha, como la del confesionario, es necesaria para limpiarse.

¡Un pequeño esfuerzo, y después la gran alegría de saberse libres e hijos amados de Dios!

Carta de María Muñoz, Málaga. Publicada en Alfa y Omega

Categorías:Historia, Mundo, Religión
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