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Archivo para 19 marzo 2010

La denuncia de un ex gay

«ESTAS RELACIONES SE BASAN EN LA INFIDELIDAD»

La denuncia de un ex gay: «La intolerancia ha comenzado desde que no soy homosexual»


Esta es la primera parte de un testimonio cargado de crudeza, realismo y esperanza. Pablo es un hombre que ha luchado durante años para controlar su tendencia homosexual y vivir, tras años de desenfreno, castamente. Ahora que lo ha logrado, detalla la miseria moral en la que vivió y denuncia la sordidez de un mundo en el que «no hay nada gratis y el precio es el sexo».

Actualizado 22 marzo 2010

Nicolás de Cárdenas/ReL

El relato estremecedor que nos hace llegar Pablo -le llamaremos así, para mantener su anonimato-, comienza con una denuncia, cuando menos, intrigante: «En estos momentos me gustaría poder hablar con vosotros sin tener que recurrir al anonimato para protegerme. La situación político social me impode hablaros con más libertad, pero no me impide abrir mi corazón».

¿Qué situación es la que hace temer a Pablo? ¿Acaso es un inmigrante ayuno de documentación en regla? ¿Tal vez un activista por los Derechos Humanos en alguna dictadura como la cubana o la venezolana? ¿Se enfrenta Pablo acaso a los poderes de algún Estado manejado por extremistas? ¿Es un cristiano en Irak? No. Pablo ha mantenido durante décadas, relaciones homosexuales. Ahora, asegura, ha recuperado su masculinidad plena «a través de un proceso de autoayuda y sanación». Hoy, trabaja cada día por vivir en castidad, pero su experiencia de tantos años le ha dejado una profunda huella.

«He empezado otro camino»
A mitad del relato, Pablo lanza la que posiblemente es su denuncia más rompedora y la razón por la que tiene miedo. Pablo nació y vive «en dos ciudades en las que la homosexualidad es un plus. Es decir, nunca jamás me he sentido coartado, presionado, incomprendido, cuando decía que era gay. La incomprensión, el rechazo, la intolerancia han comenzado desde que ya no lo soy, desde que he empezado otro camino», deuncia.

«Vergüenza ajena en los Días del Orgullo Gay»
«Donde sí he sido discriminado ha sido en los “templos de la tolerancia”: los locales gay, el ambiente gay, donde me han insultado por viejo cuando pasé los 35; me han llamado estrecho y reprimido por no querer hacer el sexo con el primero que me lo propusiera o lo que querían que hiciera; me han insultado por medir 1,71 (demasiado “enano”); me insultaron por ser extranjero durante mis vacaciones; por sentir vergüenza ajena en los días del Orgullo Gay (sic); etc».

«En el submundo gay o hay nada gratis»
Pablo reconoce que «ya con 12 ó 13 años me sentía atraído por otros chicos, pero no de una manera carnal, sino que fantaseaba con cómo sería una amistad con este o ese chico concretos. Para mí, no eran personas reales, accesibles, sino seres alcanzables sólo en mi fantasía». Aquellos pensamientos, «nacidos de mi desorientación en el mundo masculino», con la llegada de la pubertad, se acompañaron de «estímulos sexuales», de tal forma que «acabé fijando mi sexualidad en torno a la idea del acercamiento a un hombre (inalcanzable)», asegura Pablo.

A los 18 años, tuvo su primer «contacto físico con un hombre» -desconocido, para más señas-. «Todavía recuerdo», reconoce, «esa sensación de querer vampirizar su masculiniidad, de ser como él, de ser aceptado por él, porque viera en mí a un hombre como él. Pero en el submundo gay no hay nada gratis y el precio  a pagar era el sexo».

«Sólo conocía gente muy herida, como yo»
Las relaciones que ha mantenido Pablo a lo largo de su vida han variado en cierto sentido con la edad. Cuenta que «hasta los veintipocos» era ingenuo, y buscaba más ser «recibido con ternura». Más tarde, «con más experiencia sexual se iba al grano: la gente quería sexo»; de los 30 a los 40, «uno se siente joven, pero ya no es un chaval y algunos buscaban en mí y yo en ellos una pareja». Más allá de los 40, «era ya transparente (demasiado viejo) y sólo conocía gente muy herida que era, como yo, incapaz de relacionarse con normalidad, y confundíamos el entenderse bien con el estar enamorados».

«La imposibilidad de encontrar al “hombre de mis sueños” hizo que me dedicara a, simplemente, pasarmelo bien», subraya Pablo.

Dependencia psíquica
Durante buena parte de este recorrido vital, Pablo «no era realmente consciente de la dependencia psíquica que tenía del sexo, al submundo gay y al hombre de turno en particular». Eso, hasta que «empecé a ver que consumía horas de sueño en el chat, que salía tardísimo de casa para ir a un club en busca de sexo, que descuidaba tareas urgentes, etc».

«Las relaciones se basan en la infidelidad»
Esa dependencia emocional se alternaba en sus relaciones con «rechazos por agobio», pero «nunca hubo fidelidad» y, aún así, «creía que el próximo sí que sería la pareja adecuada. Que se trataba sólo de eso. Y no he conocido en nadie nada diferente, por muchas historias bonitas que se cuenten. Las relaciones se basan en la infidelidad (consentida o no) y en una colección inacabable de amantes. Yo mismo no sé con cuántos hombres me he acostado. Ni idea».

«Me identifiqué con esa sordidez»
Pablo reconoce que «llegó un momento en que ya no sabía quién era. No me sentía heterosexual, pero tampoco me identificaba con el mundo gay: me miraba al espejo y no me reconocía. Veía a un hombre incapaz de controlar su vida, que se había inventado multitud de pretextos para hacerla llevadera, y otros aspectos secundarios (trabajo, éxito) tenían un espacio exagerado. Haberme identificado con un mundo tan sórdido destruyó mi autoimagen: me identifiqué con esa sordidez: yo era parte de ello. Y fue muy duro».

El negocio de la mentira gay
Pablo ha recorrido un largo camino y desde la experiencia, hoy es capaz de  preguntar en voz alta por algunos «dogmas» de la cultura dominante: «¿Por qué nos mienten acerca de la homosexualidad? ¿Por qué ofrecen los condones com solución a todo (y, a la vez, aumenta el porcentaje de gente que realiza prácticas de riesgo aún estando sanos)?». su respuesta es clara: «Por el gran negocio que mueve toda la gran mentira gay».

Adoctrinamiento
La convicción profunda de Pablo, desde su intensa y larga experiencia vital atrapada en lo que llama el «submundo gay» va más allá: «Estoy convencido de que este adoctrinamiento viene de gente que, en el fondo, da la razón a quien dice -como yo- que la homosexualidad es el resultado (uno de los tantos que podrían darse) de unas heridas afectivas. Y muchos activistas gay y políticos las conocen tan bien que juegan con ellas para utilizar a los gays, manipularlos para conseguir sus objetivos. Tratan a los gays de tontos y estos, encima, les dan las gracias».

«Sé del drama que viven»
Lejos de ensañarse con quienes antaño compartía el mismo planteamiento vital, Pablo expresa un gran respeto por quienes viven en la homosexualidad y defiende su recorrido vital: «¿Soy homófobo por haber seguido este camino? No. Soy una de las personas que respeta más profundamente a los homosexuales, porque sé del drama que viven, tanto los que han aceptado su estado com olos que no, tanto los que reconocen sus heridas como los que no las ven».

De cómo llegó Pablo a replantearse el discurrir de su vida, abandonó la práctica homosexual y ha logrado vivir en castidad «gozosa, positiva, afirmativa», ReL dará cuenta en un próximo reportaje, no sin antes dejar este aperitivo: «Si yo he salido adelante, cualquiera puede hacerlo. Cualquiera que lo quiera de verdad, que busque los medios, que confíe en Dios y que se deje ayudar».

Carta de Benedicto XVI a los católicos irlandeses

Resumen de la carta de Benedicto XVI a los católicos irlandeses

Por SIC el 20 de Marzo de 2010


El Papa ha enviado una carta pastoral a todos los católicos de Irlanda para expresar su consternación ante los abusos sexuales de jóvenes por parte de representantes de la Iglesia y por la forma en que fueron afrontados por los obispos y superiores religiosos de Irlanda. Pide que la carta se lea con atención en su totalidad. El Santo Padre habla de su cercanía en la oración a toda la comunidad católica irlandesa en este momento doloroso y sugiere un camino de curación, renovación y reparación.

El Santo Padre pide a los fieles que se acuerden de la roca de la que fueron tallados (cf. Is 51, 1) y, en particular, de la válida contribución que los misioneros irlandeses aportaron a la civilización de Europa y a la propagación del cristianismo en todos los continentes. En los últimos años ha habido muchos desafíos a la fe en Irlanda, debido a un rápido cambio social y a una menor fidelidad a las tradicionales prácticas devotas y sacramentales. Este es el contexto en el que hay que comprender la forma con que la Iglesia ha afrontado el problema de los abusos sexuales de menores.

El problema es consecuencia de muchos factores: una formación moral y espiritual insuficiente en los seminarios y noviciados, una tendencia en la sociedad a privilegiar el clero y otras figuras de autoridad, una preocupación desmedida por el buen nombre de la Iglesia y para evitar escándalos han llevado a la falta de aplicación, cuando era necesario, de las penas canónicas existentes. Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que dieron origen a la crisis es posible identificar con precisión sus causas y encontrar los remedios eficaces.

Durante su visita “ad limina” a Roma en 2006, el Papa exhortó a los obispos irlandeses a “establecer la verdad de lo sucedido en el pasado, a tomar todas las medidas necesarias para evitar que se repita otra vez, a garantizar que los principios de justicia son plenamente respetados y, sobre todo, a curar a las víctimas y a todos aquellos que están afectados por estos crímenes atroces”. A partir de entonces, el Papa se encontró con algunas víctimas en más de una ocasión, escuchó sus historias personales, rezó con ellos y por ellos, y está dispuesto a hacerlo de nuevo en el futuro. En febrero de 2010 llamó a los obispos irlandeses para que vinieran a Roma con el fin de examinar con ellos las medidas que estaban adoptando para solucionar el problema, con especial referencia a los procedimientos y protocolos actualmente en vigor dirigidos a garantizar la protección de los niños en los ambientes eclesiales y responder con prontitud y justamente a las denuncias de abusos. En esta carta pastoral, se dirige directamente a una serie de grupos dentro de la comunidad católica de Irlanda, a la luz de la situación que se ha creado.

Dirigiéndose en primer lugar a las víctimas de abusos, el Papa reconoce la terrible traición que han sufrido y les asegura que siente mucho lo que han tenido que soportar. Reconoce que en muchos casos nadie estaba dispuesto a escucharles cuando encontraron el coraje para contar lo que les había sucedido. Comprende cómo se debían sentir los que vivían en internados al no poder escapar de su sufrimiento. Si bien reconoce lo difícil que debe resultar para muchos de ellos perdonar o reconciliarse con la Iglesia, les exhorta a no perder la esperanza. Jesucristo, que fue víctima de sufrimientos injustos, comprende la profundidad de su dolor y la persistente secuela en sus vidas y sus relaciones. A pesar de todo, precisamente las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los medios por los cuales se destruye el poder del mal y renacemos a la vida y a la esperanza. El Papa insta a las víctimas a buscar en la Iglesia la oportunidad de encontrar a Jesucristo y de hallar la curación y la reconciliación, redescubriendo el infinito amor de Cristo por cada uno de ellos.

En sus palabras a los sacerdotes y religiosos que han abusado de los jóvenes, el Papa recuerda que deben responder ante Dios y ante los tribunales legítimamente constituidos de las acciones pecaminosas y criminales que han cometido. Han traicionado una confianza sagrada y han provocado vergüenza y deshonra a sus hermanos. Se ha causado un gran daño no sólo a las víctimas, sino también a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa en Irlanda. Mientras les pide que se sometan a las exigencias de la justicia, les recuerda que no deben desesperar de la misericordia que Dios ofrece incluso a los pecadores más grandes, si se arrepienten de sus acciones, hacen penitencia y piden perdón humildemente.

El Papa anima a los padres a que perseveren en la difícil tarea de educar a los hijos a reconocer que son amados y apreciados y a desarrollar una sana autoestima. Los padres tienen la responsabilidad primordial de educar a las nuevas generaciones en los principios morales que son esenciales para una sociedad civil. El Papa invita a los niños y jóvenes a hallar en la Iglesia una oportunidad para un encuentro vivificante con Cristo, y a no desanimarse por las faltas de algunos sacerdotes y religiosos. Tiene confianza en la contribución de los jóvenes para la renovación de la Iglesia. Exhorta también a los sacerdotes y religiosos a no desanimarse, sino más bien a renovar su dedicación a los respectivos apostolados, trabajando en armonía con sus superiores. De esta manera aportarán nueva vida y dinamismo a la Iglesia en Irlanda a través de sus testimonios vivos de la obra redentora del Señor.

Dirigiéndose a los obispos de Irlanda, el Papa señala los graves errores de juicio y el fracaso de la acción de gobierno de muchos de ellos, porque no aplicaron correctamente los procedimientos canónicos en respuesta a las denuncias de abusos. Aunque a menudo resultara difícil saber cómo hacer frente a situaciones tan complejas, sin embargo hay que resaltar que se cometieron errores graves con la consiguiente pérdida de credibilidad. El Papa les anima a seguir luchando con determinación para poner remedio a los errores del pasado y evitar que se repitan, aplicando plenamente el derecho canónico y cooperando con las autoridades civiles en sus áreas de competencia. También pide a los obispos que se comprometan a ser santos, a dar ejemplo, estimulando a los sacerdotes y a los fieles a cumplir con su papel en la vida y en la misión de la Iglesia.

Por último, el Papa propone algunas medidas concretas para estimular la renovación espiritual de la Iglesia en Irlanda. Pide a todos que ofrezcan su penitencia de los viernes, durante un año, en reparación por los pecados de los abusos que se produjeron. Recomienda recurrir con frecuencia al sacramento de la reconciliación y a la práctica de la adoración eucarística. Anuncia su intención de que se realice una visita apostólica en algunas diócesis, congregaciones religiosas y seminarios, con la participación de la Curia Romana, y propone una misión nacional de los obispos, sacerdotes y religiosos en Irlanda. En este Año Sacerdotal, presenta a la figura de San Juan María Vianney como modelo e intercesor para un ministerio sacerdotal revitalizado en Irlanda. Después de agradecer a todos los que han trabajado duramente para afrontar con firmeza el problema, concluye proponiendo una oración por la Iglesia en Irlanda, para que la usen todos los fieles para invocar la gracia de la curación y de la renovación en este momento de dificultad.

Teólogos y religiosos condenan la pederastia

Ponen sobre la mesa la revisión del celibato obligatorio

Denuncian que muchos de los que han hecho carrera eclesial han tapado o mirado hacia otro lado

Redacción, 21 de marzo de 2010 a las 13:09

Calleja: “La Iglesia va a tener que entrar a saco a investigar la trayectoria de todos los implicados y a explicar por qué se ha consentido o se ha callado y por qué se ha castigado de forma tan queda”

El rosario de abusos a menores por parte del clero ha dejado caer una de sus cuentas en Euskadi. Ahora el cordón está suelto y muchos temen que se deslicen más. Expectantes, reconocidos teólogos y religiosos condenan enérgicamente estos hechos y ponen sobre la mesa de debate la revisión del celibato. Lo cuenta Aratnza Rodríguez en Deia.

“La noticia de esta semana es sólo una ola del tsunami de abusos que creo está por llegar a Euskadi”. Con estas catastrofistas palabras, José Ignacio Calleja, profesor de Moral Social Cristiana en la Facultad de Teología de Gasteiz, vaticina que la Iglesia católica seguirá destapando nuevos episodios de abusos sexuales cometidos por sus integrantes a niños.

Los casos de pederastia en el ámbito religioso que han alcanzado ya a Euskadi son para él, sólo la punta del iceberg. “Es un oleaje que no ha alcanzado todavía su destino. Después de todo lo que ha trascendido, suponíamos que iba a llegar”. “La Iglesia va a tener que entrar a saco a investigar la trayectoria de todos los implicados y a explicar por qué se ha consentido o se ha callado y por qué se ha castigado de forma tan queda. Yo entiendo que hay que facilitar al máximo las investigaciones, ser transparente y, por supuesto, asumir responsabilidades”, afirma rotundo.

A su juicio, lo peor es la existencia de una amplia trastienda de consentidores. “Hay que ser justo, pero severo y la verdad es que mucha gente ha llegado muy arriba ocultando eso”, asegura. Considera que va a costar mucho reponerse de un escándalo que el Vaticano ha cifrado en 3.000 casos sobre 400.000 eclesiásticos en todo el mundo. “Con estos datos no se pueden hacer interpretaciones blandas o alambicadas del asunto”, sentencia.

Sin embargo, este sacerdote que imparte catequesis en Gasteiz confirma que “de cerca no he detectado nunca ningún comportamiento inmoral en la Iglesia vasca”. “En mi entorno no he constatado esa doble moral ni esas conductas, otra cosa es la homosexualidad, que es algo personal que cada uno vive como quiere. Es más, lo que he detectado es que los padres nos entregan a sus hijos con confianza”.

Aboga por una intervención rigurosa ya que, a su juicio, muchos de los que han hecho carrera eclesial han tapado o mirado hacia otro lado. Señala así directamente al primado irlandés, el cardenal Sean Brady, que se ha negado a dimitir a pesar de ser sacerdote y maestro en Kilmore cuando, en 1975, sus superiores le encargaron que entrevistara a un niño y a una niña, víctimas de los abusos del padre Brendan Smyth.

Calleja alude también al escándalo que ha salpicado al hermano de Benedicto XVI, Georg Ratzinger, en la época en la que dirigía el coro de la catedral de Ratisbona. En este sentido, resalta la tibieza en abordar el escándalo por parte de la jerarquía y pone sobre la mesa el hecho de que en el Derecho Canónico este delito prescriba a los diez años.

Tampoco le vale otro socorrido argumento como el del celibato. “Eso es simplificar la cuestión, lo que es necesario es discutir cómo se aborda la sexualidad de las personas consagradas a la Iglesia porque cuando la sexualidad es algo prohibido, se presta a que salga lo peor del ser humano. Si a la inmoralidad del pedófilo unimos el celibato esto no facilita encarar el problema”.

Aunque Calleja plantea otra espinosa cuestión. “Puede ocurrir que muchas personas encuentren en la Iglesia un refugio para encubrir su problema porque la situación de poder y confianza les facilita la relación con los pequeños”.

Las condenas son unánimes y Rafael Aguirre, catedrático de Teología de la Universidad de Deusto, no duda en calificarlo como “una aberración que no se puede encubrir”, por lo que asegura que con estos asuntos es necesaria “tolerancia cero”.

A su juicio, “el Vaticano ha llevado a cabo una política desgraciada con esa práctica de traslado de parroquias. Todos nos preguntábamos si habría aquí casos tras conocer las denuncias de Estados Unidos, Irlanda o Alemania”, reconoce. “Para mí habría que analizar el tema desde un punto de vista psicológico, al tiempo que convendría analizar hasta qué punto el celibato puede favorecer los abusos”.

El teólogo José María Castillo, a quien Ratzinger retiró el plácet de la jerarquía como catedrático de Teología en Granada por sus opiniones, abunda en la misma idea. Asegura que “la única religión que queda en el mundo exigiendo a sus ministros la obligación de renunciar al matrimonio es la católica. Además, también es la única religión que se ve en la penosa situación de soportar tantas denuncias de curas que cometen abusos. No puede ser mera coincidencia”, concluía.

Julio Pérez Pinillos, un cura obrero de Vallecas, que admite conocer casos de curas heterosexuales que mantienen relaciones consentidas con adultos, considera que “tenemos una jerarquía endogámica sin contacto con sus bases y la sociedad no entiende qué intereses hay para no sacar a la luz casos que todo el mundo conoce”.

Pérez Pinillos -que está casado- afirma que “el celibato cierra el camino normal de vivir la sexualidad y la Biblia no apoya el celibato impuesto“, subraya. De la misma opinión es Emi Robles, presidenta de la Fundación Proconcil, quien incide en que ya no se sostiene el argumento de que ministerio sacerdotal y celibato van unidos. “Si se revisase eso, combatiríamos la escasez de sacerdotes y conseguiríamos disminuir los abusos a menores”.

Excusas y Silencio

Las excusas de quienes mantienen los labios sellados han sido variadas. Primero no querían pronunciarse porque los casos de pederastia salpicaban lejos, en Irlanda o Alemania, y ahora que se ha destapado uno en Euskadi tampoco parecen tener nada que decir. Mientras el Obispado de Bilbao guarda silencio e insta a los medios a llamar a la Congregación San Viator, a la que pertenece el presunto pedófilo, la Conferencia Episcopal se limita a remitirse a las declaraciones del Papa, quien el pasado febrero condenó duramente la pederastia en el clero, afirmando que “los que escandalizan a los pequeños merecen que les cuelguen una piedra de molino al cuello y los tiren al mar”.

Más apegados a los feligreses de a pie, otros miembros de la Iglesia vasca, como el rector del santuario de Begoña, Jesús Garitaonandia, no dudan en rechazar sin paliativos “estas barbaridades”. Entre dolido e indignado -”estos casos me afectan mucho porque soy cristiano”-, este cura asegura que es incapaz de leer “la letra pequeña” de estas noticias. “Me dan hasta náuseas porque no se trata sólo de la debilidad que hayan podido tener, que ya es muy condenable, sino que además se están regodeando en el mal, tomando vídeos. Me parece de los más deshonroso y deshumanizante”, censura.

La reprobación del agresor deja paso a la solidaridad.

“A las personas que han sido abusadas, que pueden ser niños, adolescentes o jovencitos, les queda un lastre, una carga para el día de mañana psicológica y moralmente, que es algo terrible. Eso no se arregla con pagarles tanto dinero, eso tiene unas consecuencias gravísimas, con lo cual me deja una pena horrorosa”, confiesa Garitaonandia. Sin temor a decir lo que piensa, este popular sacerdote no rehuye explicar por qué a veces las altas instancias optan por el silencio. “Por una parte, puede ser que os tengan miedo a los periodistas, que a veces tergiversáis nuestras palabras, y por otra, no quieren mojarse”, comenta.

En algunas ocasiones la omisión se antoja encubrimiento. De hecho, han trascendido casos en los que, al parecer, los superiores jerárquicos optaban por trasladar de destino a los presuntos pederastas en vez de denunciarlos. “Puede que en algún tiempo algún obispo, con la mejor voluntad, haya creído que echándole una mano y poniéndolo en otro cargo, sin tratar con niños, la cosa se iba a arreglar, pero como esta inclinación sigue, eso ya no se puede borrar, porque estos son delitos no sólo religiosos y morales, sino de tipo civil”, subraya el rector de Begoña, quien considera que “hoy en día difícilmente se puede actuar tapando, por todas las consecuencias gravísimas que recaen en esos jovencitos y en las familias que han sufrido”.

De un suicidio programado a monja en Medjugorje (1)

Actualizado 20 marzo 2010

Conocí a Sor Emmanuel en Medjugorje hace unos años. Es una monja especialmente apostólica, arrolladora, de las que irradian amor a Dios y a la Virgen y tienen urgencia de trasmitirlo a todo el mundo. Algo comencé a conocer de su singular vida. Ella había nacido en Francia, y llevaba una vida muy aventurera, en la que fue probando todo lo que la sociedad pagana puede ofrecer. Llegó al borde de la desesperación tras consultar a adivinos, prácticas esotéricas, etc. Su vida ya no tenía sentido para ella y programó su suicidio para un día concreto a las cinco de la tarde. Y en su libro “El Niño escondido de Medjugorje”, nos lo cuenta todo con detalle. De él extraemos los siguientes párrafos, que no tienen desperdicio:


UNA PERSONA SE ENCAMINA A LA MUERTE

Después del almuerzo y de algunos intercambios de los que me mantuve alejada, hubo una nueva asamblea de oración (carismática) espontánea (a la que fue invitada aquel día concreto). Eran las 15:30. Mi fin estaba próximo, le había dicho a Dios: a las 17. Me senté con ellos como una autómata, sumida en la mayor desolación. No prestaba más aten­ción a sus oraciones. Hacia las 16, llegó una señora y se unió al grupo. Esta­ba muy retrasada y no había participado del resto del programa. Se llama­ba Andrée T. Ni siquiera le presté atención. Entre la treintena de católicos presentes ese día, ella era la única protestante. Apenas llegada, comenzó a agitarse en su silla. Algo le inquietaba. El Señor acababa de mostrarle una luz, y ¡era necesario que la expusiera frente a todo el mundo! Todos los temores se abatieron entonces sobre ella, el miedo a ser juzgada en vista de la magnitud de lo que tenía que decir… ¿Y si eso fuera a caer en bolsa rota?

Yo estaba postrada como un pobre ente atontado, cabizbaja, cuando una voz de trueno que retumbó en la asamblea me sacó de mi lodazal. Entre las hermosas plegarias, el mensaje parecía estar completamente fuera de lugar. Su tono era dramático. Lo que pasaba es que Andrée, no pudien­do contenerse más, entregaba con autoridad lo que el Señor le había mos­trado:

-Hermanos y hermanas, entre nosotros hay una persona que se enca­mina a la muerte. Esta persona se ha dejado engañar por el Enemigo y ha hecho lo que le disgusta a Dios. Ha practicado el espiritismo y la adivina­ción, y Satanás la ha encadenado. Pero Cristo tiene el poder de liberada de manos del Enemigo y de devolverla a la vida. Ella puede venir a nosotros y oraremos por ella en el poder del nombre de Jesús.

La asamblea estaba consternada. Por mi parte, desde las primeras palabras del mensaje: “una persona se encamina a la muerte”, mi corazón había comenzado a latir precipitadamente. Se trataba de mí, ¡era evidente! ¿Dios le había mostrado el estado de mi alma a esa señora que nunca me había visto en su vida? ¿Qué entendía ella por “hizo lo que le disgusta a Dios”?

¡Pasó a ser mi turno de agitarme en la silla! Aguardaba con impacien­cia que la oración terminara para poder ir al encuentro de esa desconocida.

Eran más de las 4:30 cuando el canto finalmente concluyó. Entonces, me abalancé sobre ella.

-Señora, usted habló de alguien que se encaminaba hacia la muerte … Andrée me acogió como lo hacen aquellos auténticos enviados de Dios: ningún remilgo, ninguna pleitesía inútil, van al grano con seriedad, conscientes de que la situación no les pertenece y de que hay vidas que están en juego.

-¡Ah, eres tú! Bueno, ven aquí... Dime, ¿qué hiciste? Has estado en el campo del enemigo, fuiste a ver a los astrólogos, a los adivinos, ¿fue eso? ¿Has interrogado el espíritu de los muertos, has hecho girar las mesas? =Sí, lo he hecho desde mi adolescencia, con mis amigas, no sabía que … -Pero, [si está escrito en la Biblia! Dios ha prevenido a su pueblo, ¡todo eso es una abominación a sus ojos! ¿Crees en Cristo?

-Sí, soy cristiana.

-Bien, voy a llamar a dos o tres hermanos para que oren conmigo sobre ti. No quiero hacerlo sola, Cristo ha dicho: “Cuando dos o más se reúnen en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos”.

JESÚS TIENE EL PODER DE LIBERARTE DE TUS ATADURAS


Era el mes de junio. Andrée me hizo salir al jardín bien florecido de las Hermanas de la Asunción. Allí había un banco. Al ver mi agotamiento, me hizo sentar, pero ella permaneció de pie con sus acólitos que me rodeaban. Me encontraba en la situación más impensable que pudiera darse, sobre todo porque se pusieron a cantar en lenguas desde el comienzo. ¡Me pre­guntaba en qué manicomio había ido a dar!

Ella dirigió las operaciones con toda maestría y planteó la cuestión de la confianza que iba a ser determinante en caso de obtener la victoria:

-Tú misma te has puesto entre las garras del Enemigo. Te tiene amordazada y te tortura. Intenta matarte. Pero Jesús lo ha vencido en la cruz. ¿Crees que hoy Jesús tiene el poder de romper tus ataduras para que tengas la libertad de caminar en la luz?

Me quedé estupefacta al oír la pregunta. Miraba a Andrée, esta mujer muy sencilla, pobre, que seguramente superaba los cien kilos. Su fe infan­til estaba preparada para desplazar montañas. Tenía 25 años y era la prime­ra vez que escuchaba a alguien que hablara así de Jesús. ¿Un Jesús que iba a hacerme el bien a mí? ¿Hoy mismo? ¿Como en el Evangelio?

-¡Sí, lo creo! -mi voz era tímida pues, a decir verdad, era más apro­piado decir que hubiera querido creer.

-Bueno, vamos a hacer una oración de liberación… Los demonios que has aceptado en ti serán expulsados por el poder del nombre de Jesús …

No tenía ni la menor idea de lo que ese lenguaje -nuevo para mí­ – implicaba. Me imaginaba que mi corazón era como una caja en la que hubiera dejado penetrar a unos usurpadores y que, en el nombre de Jesús, esos intrusos iban a salir.

-Sabes, Andrée, aún si Jesús me libera, prefiero morir de todas for­mas. Porque los demonios hicieron tanto daño en mi corazón que no puedo soportar más este sufrimiento.

Andrée no se dejaba vencer tan fácilmente, ¡era una evangelista que se había topado con casos mucho más graves!

-Pero si crees que Jesús tiene el poder de expulsar a los demonios que te han herido, ¡¿no crees que también tiene poder para sanar tus heridas?!

Nueva sorpresa sobre la identidad de Jesús. También puede sanarme. ¿A mí? ¿Y ahora? Qué pobre idea me había hecho de Él hasta entonces: un Salvador, sí, pero que había salvado a toda la humanidad (al por mayor) un día, (no hoy, en todo caso). Y he aquí que nuevamente se parecía al Jesús del Evangelio, a aquel que había curado a un fulano aquel día al ponerse el sol… ¡¿Y él es mi Salvador personal, que está vivo y actúa hoy.´!

-¡Sí, creo que puede sanarme!

-¿yte comprometes a no practicar más todas esas abominaciones?

¡Porque cuidado! Si vuelves a reincidir, [re sucederán cosas peores! Escu­cha ... Y comenzó a leer Deuteronomio 18, 9-14: “Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te dará, no aprendas a practicar las abominaciones que cometen estas naciones. Que no haya entre vosotros nadie que inmole en el fuego a su hijo o a su hija, ni practique la adi­vinación, la astrología, la magia o la hechicería. Tampoco habrá nin­gún encantador, ni consultor de espectros o de espíritus, ni evocador de muertos. Porque todo el que practica estas cosas es abominable al Señor, tu Dios, y por causa de estas abominaciones, él desposeerá a esos pueblos delante de ti. Tú serás irreprochable en tu trato con el Señor, tu Dios. Porque las naciones que vas a desposeer escuchan a los astrólogos y adivinos.”! Y me fue explicando punto por punto el sen­tido de cada versículo. Tenía a duras penas el vocabulario necesario para expresarse, de tan simple que era; pero para las cosas de Dios, tenía una inteligencia espiritual sorprendente.

-Puedes contar conmigo -le dije-, ¡no volveré a cometer nueva­mente la misma tontería!

No había tiempo que perder. Andrée y sus compañeros comenzaron a alabar a Dios alegres y confiados. Luego Andrée intercedió con poder por la pecadora que yo era y ordenó a los demonios (que fue nombrando uno por uno) a que me dejaran … Quebró también el lazo de maldición que ese adivino hindú de Nueva Delhi me había impuesto y que me aplastaba inexorablemente. Después hubo nuevas alabanzas y bendiciones, y luego se hizo silencio. Todo había acabado.

-Ya está. Se terminó -me dijo ella-o Puedes unirte al grupo para la misa. Pero continúa alabando al Señor y colocándote bajo su preciosa Sangre. ¡Necesitas su protección!

Jamás olvidaré el preciso instante en que me levanté de ese banco.

Durante la oración, no había experimentado ningún estremecimiento, nin­guna nueva emoción, nada. Pero una vez de pie, ¡caí en la cuenta de que mi angustia mortal se había esfumado! Repetidamente me llevaba la mano al corazón como alguien que palpa su bolsillo en busca de sus gafas o de su billetera. ¡Mi sufrimiento había desaparecido! Jesús había realmente pasado por allí … ¡Había hecho su trabajo de Salvador y me había devuelto a la vida!

En mi reloj, eran las cinco de la tarde…

Tenía cita con la muerte pero, a la hora D, quien había acudido a mí había sido el Dios vivo, y no la muerte. Mi pobre existencia en ruinas h sido entonces abrazada por la vida. Sentía al buen Pastor cerca de mí, había descendido al fondo de mi sórdida fosa y me había sacado de allí, tomando sobre su propio cuerpo mis heridas de muerte. Sentía que su vida corría dentro de mí como un torrente de delicias. ¡Todo mi ser estaba sumergido en la alegría de una resurrección!

Continuaremos…

Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com

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`La amarga pasión de Cristo´

ENTREVISTA A JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ DE TOCA

«Bloy decía que `La amarga pasión de Cristo´era el libro más conmevedor que se había escrito»


La beata alemana Ana Catalina de Emmerich (1774-1824) tuvo visiones sobre la Pasión de Cristo y logró transcribirlas, con la ayuda de Clemente de Bretano, conformando un relato sobrecogedor, descriptivo y completo, que ningún otro escrito ha llegado a igualar. Ese texto, directamente traducido del alemán, se reedita de nuevo con el título «La amarga pasión de Cristo».

Actualizado 21 marzo 2010

Fernando Arnó/ReL

El escritor e historiador José María Sánchez de Toca, ha sido el encargado de traducir y coordinar la reedición de «La amarga Pasión de Cristo» (Vozdepapel), de Ana Catalina de Emmerich, siendo esta edición la más completa de las publicadas en España hasta el momento.

- Muy resumidamente, ¿quién era Ana Catalina Emmerich?
- Una niña grande, limpia, noble y enamorada de Cristo. Una aldeana alemana que vivía en su cuerpo la Pasión todos los viernes, y que tenía el don de asomarse a sucesos alejados en el tiempo y en el espacio.

- Una de las fuentes fundamentales de la Revelación cristiana es el conjunto de hechos que nos narran los Evangelios. El libro de la beata Ana Catalina Emmerich, como usted observa en la introducción, no los contradice, pero aporta muchísimos más datos que los que proporcionan los Evangelios. ¿Qué credibilidad merecen las visiones que contiene La amarga Pasión de Cristo?
- La que uno quiera dar; lo que dice Ana Catalina es de fe humana, la fe que damos a un testigo de buena voluntad. Que haya dicho cosas que luego se han cumplido y que la casita de la Virgen se haya descubierto en Éfeso donde ella dijo, refuerzan su credibilidad, pero no obligan a nadie a creer lo que dice.

- Perdone que insista en esta cuestión: Mons. Cañizares advierte en el prólogo que las visiones de la beata Ana Catalina son «revelaciones privadas», pero añade que estas visiones «esclarecen poderosamente nuestra comprensión de los hechos». Esto no ocurriría si no concediéramos un valor histórico a lo que contempló la beata…
- Es revelación privada porque no tiene la condición de revelación pública. Pero esclarece nuestra comprensión, fíjese por ejemplo, cuando nos cuenta que a Jesús lo flagelaron a la romana, que empezaba con varas que hacían verdugones, luego cambiaba a azotes de pinchos que rompían la piel, y finalmente a otros con ganchos que arrancaban la carne. Nadie había dicho esto nunca ni está escrito en ninguna parte; con la visión de Ana Catalina entendemos mejor la terrible crueldad de la flagelación.

- Al parecer, además de ser congruentes con los Evangelios, las visiones de Ana Catalina Emmerich coinciden con datos que se deducen de la Sábana Santa de Turín…
- Hay una coincidencia general de lo que vió Ana Catalina con los datos que se deducen de la Sábana Santa, pero no en la propia Sábana. Ella vió que a Cristo lo pusieron en diagonal encina de una gran sábana, y que luego lo envolvieron rebatiendo los picos de la sábana encima de su cuerpo. La imagen se formó sobre los picos; no era una imagen de una pieza enteriza sobre una pantalla plana, sino sobre los cuatro picos de la gran sabana que envolvía a Jesús. Ana Catalina dice que en varias ocasiones se hicieron copias por contacto.

- Y no es ésta la única coincidencia.
- No, ¡qué va!, la coincidencia es total con uno u otro de los cuatro Evangelios, pero con otras tradiciones o reliquias las coincidencias todas suelen ser como con la Sábana Santa: las confirman en parte pero añadiendo casi siempre otras cosas inesperadas; por ejemplo, fíjese que dice que la cruz tenía forma de Y griega mayúscula. También dice que a Jesús le clavaron las manos por donde son más gruesas; no dice que le clavaran en la palma, como siempre se había representado, ni en la muñeca, como se puso de moda en el siglo XX.

- En las visiones de Ana Catalina Emmerich se pone de manifiesto la divinidad de Jesús. Pero estremece contemplar en ellas también su humanidad: tembloroso antes de la brutal flagelación que va a padecer, Jesús casi parece sentir más dolor, tal vez vergüenza, por el hecho de que todo vaya a ocurrir ante los ojos de su madre. «Aparta de mí tus ojos», le dice a María cuando se estremecía delante de la columna, justo antes de recibir una bestial paliza que a veces causaba la muerte a los reos.
- El pasaje que usted cita se debe a un sentimiento que casi ha desaparecido para la Humanidad del siglo XXI: el pudor, y más concretamente el pudor masculino que parece haber sido el peor sufrimiento de Jesús. A Jesús lo desnudaron completamente dos veces, una en la flagelación, cuando pidió a su madre que no mirara, y otra en el Calvario, donde su madre y Él rezaron angustiados para que no lo crucificaran desnudo. Y entonces ocurrió la llegada milagrosa de Jonadab

- La piedad cristiana invita a los fieles en tiempo de Cuaresma a ayudar al Señor a cargar con la cruz, a que hagan como Simón de Cirene, un pagano al que los soldados obligaron a cargar con la cruz que el condenado ya apenas soportaba después de varias caídas. Sin embargo, según la beata, inicialmente a Simón «Jesús le daba mucho asco y repugnancia pues estaba horriblemente lastimado y desfigurado». Los soldados tuvieron que obligarle «por las malas». No sé si el lector se esperará tanto realismo de un libro que transcribe visiones místicas.
- Todos estamos invitados a ser cirineos,pero hay que tener el valor de afrontar la verdad, porque la verdad es Jesús. Le voy a contar algo a proposito de realismo: Durante siglo y medio, las traducciones de la Amarga Pasión, francesas, italianas y españolas, se han callado que Ana Catalina cuenta horrorizada que a Jesús en casa del Sumo Sacerdote le volcaron un orinal entero que además tenía un paño menstrual, que los niños le tiraban boñigas por la calle y lo que le hicieron en el patio del cuerpo de guardia cuando le pusieron la corona de espinas. Aún así, la realidad debió ser infinitamente peor de lo que cuenta Ana Catalina, una pobre chica que veía sufrir a su Amado.

- España es uno de los países con una tradición místico-literaria más rica y universal. ¿Cómo es posible que un texto de la importancia de La amarga Pasión de Cristo no haya sido traducido íntegramente hasta ahora?
- No había demanda porque la gente ignoraba que existiera; y no habia demanda porque los profesionales la desconocían y no la recomendaban. Pero si me pregunta por qué la desconocían los profesionales, la respuesta es mucho más compleja. Tengo la impresión que después del Concilio sólo fueron fieles a la Pasión las cofradías de Semana Santa, ¡Dios les bendiga! El cristiano tiene que meditar la Pasión que nos da la medida de nuestra propia responsabilidad, nuestra ingratitud y nuestro desamor. Tenemos mucho que aprender de los cofrades.

- Quien haya leído los Evangelios tiene bastante materia para meditar sobre la Pasión de Cristo. ¿Por qué recomendaría leer La amarga Pasión de Cristo de Ana Catalina Emmerich? ¿Tiene alguna sugerencia para quien se esté pensando adentrarse en las páginas de un libro tan singular?
- Una recomendación, la de León Bloy: es el libro más conmovedor que se haya escrito jamás. No una sugerencia sino tres. Una, que abra el libro al azar y lea hasta donde pueda; no es un libro para leer de un tirón porque el alma se queda exhausta. Dos: que venere la memoria de Ana Catalina que lo dictaba y Brentano que lo copió. Y tres: una limosna de oraciones para el traductor.

Se infiltró en las SS, salvó vidas y se hizo católico

LA APASIONANTE HISTORIA DE DANIEL RUFEISEN

Siendo judío se infiltró en las SS, salvó vidas y se hizo católico tras refugiarse en un convento


Un joven judío sin medios económicos pero con inteligencia y sangre fría logró hacerse pasar por un alemán y llegar a ingresar en las temidas SS, la policía militar nazi, desde donde pudo salvar la vida de cientos de judíos gracias a la privilegiada información que manejaba. Tras ser descubierto huyó y se refugió en un convento de monjas católicas.

Actualizado 20 marzo 2010

Luis del Real Espanyol/ReL

Oswald Rufeisen era en 1939 un muchacho polaco de apenas 17 años, pobre pero inteligente, con un don especial para hablar idiomas de forma tan fluída que incluso el alemán podría pasar por ser su lengua materna. Era miembro del movimiento sionista Akiva, proclive a la experiencia de vida en un kibbutz.

Comienza la huída de los nazis
Con la invasión de Polonia por parte de los nazis primero, y los sovieticos, después, Oswald tuvo que hacer las maletas y huir a una pequeña ciudad al este de Polonia llamada Mir, frontera con Rusia, de apenas cinco mil habitantes, de los cuales un tercio eran judíos.

Un hecho providencial
En el trayecto hacia Mir se encontró al borde del camino una bolsa con los documentos de un aleman que se le parecía de forma extraordinaria: rubio, ojos azules… podía pasar por ser un auténtico alemán de raza aria. Eso le permitió acceder a un puesto en la Policía para ser promocionado más adelante, en otoño de 1942, en la temida SS, la policía militar nazi.

Un sionista con uniforme de las SS
El nuevo cometido de Oswald como miembro de las SS era ser el traductor del jefe de la zona: Serafamovich, temido por sus colaboradores y por los judíos, a los que atemorizaba sin piedad.

Desde su privilegiado puesto, Oswald recibía información puntual de los nuevos objetivos de la represión de las SS a los judíos. Así, el día señalado por Serafamovich para liquidar el gueto de Mir, Rufeisen se las arregló para informar a los jefes de la resistencia, facilitarles un arsenal de armas y, entretanto, despistar a la policía militar llevándoles a otra zona con la excusa de capturar unos partisanos rusos.

Es descubierto
Como las operaciones de las SS para liquidar a los judíos fracasaban una y otra vez, los nazis comenzaron a sospechar de Oswald. Interrogado por un oficial de las SS y viendo que no tenía muchos argumentos de defensa, agarró un fusil que tenía a mano y salió alocadamente, esquivando los disparos que pretendían detenerlo.

Un convento de monjas
Tras una jornada corriendo sin rumbo fijo, y completamente exhausto, pudo encontrar refugio en un convento de monjas que lo escondieron en una buhardilla. Allí leyó una revista sobre milagros que habían sucedido en Lourdes que le impactaron tanto que pidió un Nuevo Testamento. “Estaba lleno de interrogantes. -comenta Oswald- Me preguntaba por qué sucedían cosas tan trágicas a mi pueblo. Me sentía un judío, me identificaba con la difícil situación de mi pueblo. También me sentía sionista”.

Confrontarme con Jesús de Nazaret
“Tenía prejuicios contra la Iglesia -continua Oswald-. En el convento, solo, me creé un mundo artificial pretendiendo que dos mil años no hubieran pasado nunca. En este mundo de fe que yo mismo me había creado me confronté con Jesús de Nazaret. (…) La historia de Jesús es una parte de la historia judía. Así seguí los intercambios de ideas y controversias entre Jesús y algunos judíos”.

Comienza la conversión
“Me encontré de acuerdo con la visión y la actitud de Jesús frente al judaísmo -señala Rufeisen-. Sus sermones me tocaban profundamente. En este proceso olvidé todo lo que sucedió más tarde en la relación entre judíos y cristianos. Al mismo tiempo, necesitaba un maestro, a alguien que me indicara el camino, un guía, alguien fuerte, y así llegue al momento en que Jesús muere en la cruz y después resucita. De repente, no sé como, identifiqué su sufrimiento y su resurrección con el sufrimiento de mi pueblo y la esperanza de su resurrección. Comencé a pensar que si un hombre justo muere, no por sus pecados sino por las circunstancias, entonces debe ser Dios, porque es Dios quien devuelve la vida. Entonces pensé que si existía la justicia para Cristo en la forma de la resurrección, existiría también alguna forma de justicia para mi pueblo”.

Una batalla psicológica
“Cuando comprendí que me encontraba frente a la decisión de abrazar el catolicismo comenzó en mí una batalla psicológica -dice Oswald-. Tenía todos los prejuicios sobre los judíos que se convierten al cristianismo. Perfectamente consciente de esto, temía que mi pueblo me rechazará. En realidad, no lo hicieron. En cualquier caso, la batalla psicológica duró dos días. Durante todo este tiempo lloré mucho, pidiendo a Dios la guía. No era una batalla intelectual. Intelectualmente aceptaba a Jesús”.

No renunciar a las raíces
“Todo el problema -continua Oswald- concernía a la futura relación con mi pueblo judío, con mi hermano, quizá con mis padres si estaban vivos… Tendría que reconducir los elementos judíos al Nuevo Testamento, yo mismo iba a ser uno de estos elementos judíos, y otros conmigo. Hay muchas personas como yo, cristianos que se consideran judíos”.

El bautismo católico
Oswald pidió el bautismo a la Madre Superiora del convento. “Pero si no sabes nada del cristianismo”, objetó la religiosa. “Creo que Jesús fue el Mesías. Por favor, bautíceme hoy”. Habían pasado tan sólo tres semanas de la huída del cuartel de las SS en Mira, y de ser un sionista radical, estaba a punto de abrazar el catolicismo.

Comienza una nueva vida
Una vez bautizado por una de las hermanas de la Resurrección, y ante los continuos registros que efectuaban los nazis, Oswald salió del convento para adentrarse en el bosque y colaborar con los partisanos rusos hasta que Polonia fue ocupada nuevamente por los soviéticos, expulsando a los nazis del territorio.

Oswald desapareció de Mir en 1944, y reapareció de nuevo en 1952, pero ya como padre Daniel María del Sagrado Corazón de Jesús. Era sacerdote y carmelita.

Su gran sueño, vivir en Israel, pudo cumplirlo en 1956 al trasladarse al convento carmelita de Haifa, donde se reencontró con su único hermano, miembro de un moshav, así como a los amigos del movimiento Akiva y otros supervivientes judíos de Mir.

La cruz de la JMJ Madrid 2011 en CEU

La cruz de la JMJ Madrid 2011 llega a la Universidad CEU San Pablo

Miércoles, 17 de Marzo de 2010 15:58

Numerosos estudiantes, profesores y personal no docente de la Universidad CEU San Pablo han recibido en el patio de la Facultad de Humanidaes y Ciencias de la Comunicación la Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud. El presidente de la Fundación Universitaria San Pablo CEU y de la Asociación Católica de Propagandistas, Alfredo Dagnino, ha mostrado su alegría con la llegada de la Cruz. Así, ha expresado la gratitud de poder tener y custodiar en esta Institución educativa tal símbolo religioso, testigo que los jóvenes de Sidney han transmitido a los españoles: “hemos tenido la dicha que recale en nuestra casa”. El rector de la Universidad CEU San Pablo, Rafael Sánchez Saus, también ha subrayado la importancia de acoger la Cruz, ante la que se han depositado tantas sensaciones y vivencias personales. Ahora, “llega hasta nosotros, al CEU, para que podamos ofrecerle nuestros afanes”.  Y así, poder gozar del “espíritu caracterizado por la alegría y el compromiso”. La que ha llegado al CEU es la misma cruz que el Papa Juan Pablo II confió a los jóvenes en 1984 y que ha estado con ellos en todas las ediciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud, instituidas por el mismo pontífice en 1985.

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«Me reconozco cristiano y católico»

COMPROMISO RELIGIOSO EN SU VIDA Y OBRA

Miguel Delibes: «Me reconozco cristiano y católico»


Actualizado 17 marzo 2010

Mar Velasco/La Razón

Discreto, sobrio, liberal y cristiano, Miguel Delibes nunca rehuyó mostrar su fe abiertamente. Enemigo del dogmatismo, la intolerancia, del escrúpulo que puede llegar a ser una losa para la fe,  de la injusticia y la explotación del hombre o la naturaleza, Delibes representa al escritor movido por inquietudes morales y sociales que, sin embargo, no renuncia su condición creadora y su amor por la literatura. Convirtió su obra en una defensa de la dignidad humana y a través de ella luchó contra la reducción materialista del hombre y su desarraigo cultural. «Mi vida de escritor no sería como es si no se apoyase en un fondo moral inalterable. Ética y estética se han dado la mano en todos los aspectos de mi vida», reconocía.

Su defensa del no nacido
Ideológicamente, Delibes se caracterizó por un humanismo cristiano abierto, exigente, comprometido con los problemas de su tiempo. «Opté por los más débiles», reconocía en una entrevista. Esta opción queda patente, de modo significativo, en su encendida defensa del no nacido: «Una cosa está clara –escribía Delibes–:  el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio», escribía.

En nombre de  esta defensa de los más débiles, Delibes reiteró  sus críticas a la sociedad burguesa, con su progreso técnico hecho a espaldas del hombre, un progreso que, según él, lejos de liberar, inventa nuevas formas de esclavitud. Por eso volvió sus ojos a la gente sencilla, a la naturaleza, donde encontró reductos no destruidos de dignidad humana: «El hecho de que yo me incline por el hombre humilde y por el hombre víctima revela, imagino, mi espíritu democrático, pero no menos mi espíritu cristiano», reconocía en otra ocasión.

La muerte de su mujer, Ángeles, fue uno de los momentos críticos del escritor.  Se sumió en el dolor, pero supo salir adelante sin miedo a reconocer quién fue su apoyo más grande: «Cuando murió mi mujer, Dios me ayudó, sin duda. Tuve esta sensación durante varios años, hasta que logré salir del pozo. A veces, Dios ayuda. Ayuda a mucha gente que lo reconoce así. Los evangelios de Cristo son estimulantes a este respecto», explicaba en una entrevista.

La fe de Delibes –tan cercana en ocasiones a la del otro gran Miguel, Unamuno–  no fue una fe heredada ni resignada , sino vivida, luchada  y plasmada con coherencia en su literatura: «El tema religioso no lo he rehuido nunca», declaraba en cierta ocasión.  «Al rabino de “Las ratas”, por ejemplo, no le entra en la cabeza que un vecino con una cruz en el pecho haya asesinado a otro. En “Madera de héroe” hay dos curas que se confiesan mutuamente cuando estalla la guerra civil… Hay en algunos de mis libros, elemental o profundamente, una idea religiosa. Me eduqué en un colegio de hermanos cristianos, hermanos del “babero”, como les llamábamos. Luego me aparté de la religión como más o menos nos apartamos todos, pero nunca del todo. Me reconozco cristiano y católico aunque, desgraciadamente no libre de dudas que en ocasiones me torturan», reconocía.  Y al fondo, Cristo, esperando al final del camino: «Espero que Cristo cumpla su palabra y ella nos traiga una paz y una justicia perdurables a los que tanto las hemos predicado. Para mí eso podía ser una forma de vida eterna».  Que así sea, don Miguel.

«Una imagen humana del todopoderoso»
En «Señora de rojo sobre fondo gris», una de sus últimas novelas y en la que mejor se dibuja la silueta de su esposa, Ángeles de Castro, Delibes define de manera inmejorable la necesidad cristiana de un Dios persona, de un Dios hecho hombre, al que se puede encontrar en la Eucaristía: «Tu madre –escribe– conservó siempre viva la creencia. Antes de operarla confesó y comulgó. Su fe era sencilla pero estable. Nunca la basó en accesos místicos ni se planteó problemas teológicos. No era una mujer devota, pero sí leal a los principios: amaba y sabía colocarse en el lugar del otro. Era cristiana y acataba el misterio. Su imagen de Dios era Jesucristo.
Necesitaba una imagen humana del Todopoderoso con la que poder entenderse. [...] Identificó a Dios con Jesús, y ni la vida, ni las lecturas, modificaron luego su pensamiento. Y el día que comulgó por primera vez tuvo conciencia de que había comido a Jesús, no a Dios Padre, ni al Espíritu Santo. Cristo era el cimiento. En particular el Cristo del sermón de la montaña. Era la suya una fe simple, ceñida a lo humano; un cristianismo lineal, sin concesiones», explicaba.

Párroco, ¿quieres revitalizar tu parroquia?

CÉLULAS PARROQUIALES DE EVANGELIZACIÓN

Párroco, ¿quieres revitalizar tu parroquia? Aquí tienes unas ideas


Del 26 al 30 del próximo mes de mayo, la parroquia dedicada a san Eustorgio de Milán, Italia, acogerá sacerdotes y laicos de diversos continentes para un nuevo seminario internacional sobre las células parroquiales de evangelización.

Actualizado 18 marzo 2010

Isabelle Cousturié/Zenit

El seminario prestará especial atención al compromiso del organismo internacional de servicio al sistema de las células parroquiales de evangelización, en la difusión de este método en los países más lejanos de África a China.

La iniciativa también propone un coloquio internacional para sacerdotes, el 27 de mayo, sobre el tema «El sacerdote en la nueva evangelización», así como una formación específica para los líderes de estas células, los días 28 y 29 de mayo.

El seminario se dirige a todos los que deseen descubrir el método de don Pigi, cura de la parroquia de San Eustorgio y presidente del organismo internacional de las células.

Un sistema que él ha establecido en Europa y al que se debe «garantizar la durabilidad», según palabras del decreto de reconocimiento remitido oficialmente por la Santa Sede en mayo del año pasado. Este reconocimiento es el reconocimiento de un servicio que ayuda a cada sacerdote a devolver una conciencia misione ra a los fieles de su parroquia.

Don Pigi está convencido de que «cuando un cura se moviliza realmente, los fieles le siguen con gusto».

En una entrevista a ZENIT, recuerda los objetivos de estas células y muestra cómo este método, adaptado a la vida parroquial, no cesa de derramar gracias sobre parroquias de los cinco continentes, “prueba viva de su fecundidad”.

- ¿En qué consiste su próximo seminario? ¿Sobre qué puntos incidirá especialmente?

- En el próximo seminario tendremos un tema general que llevará al compromiso del Organismo internacional de servicio del sistema de células parroquiales de evangelización, referente a la difusión de nuestro método de evangelización en los países más lejanos de África a China. Presentaremos el método de evangelización del oikos, que es el sello distintivo de nuestra propuesta en materia de evangelización. La evangelización del oikos consiste en evangelizar a los que la persona se encuentra habitualmente en su vida cotidiana: familiares, amigos, compañeros de trabajo, de ocio, vecinos: ellos son los destinatarios del anuncio del amor de Dios.

He aquí por qué nosotros podemos decir que todos están llamados a anunciar a Jesús, no sólo los consagrados, los sacerdotes o los misioneros, sino todos, animados por la fuerza de su bautismo, han recibido el gran mandato de Jesús, de anunciar el amor de Dios.

Pero nunca hay evangelización posible del oikos sin la oración, porque la evangelización pasa por la acción del Espíritu Santo. Nosotros no somos más que sencillos y pobres instrumentos en sus manos.

La evangelización es ante todo un compromiso de oración: por eso, en nuestra comunidad de San Eustorgio, y yo diría que en casi todas las comunidades en las que están presentes las células, hay adoración eucarística. Durante este seminario, hablaremos de la función del Espíritu Santo porque, como escribió el papa Pablo VI en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi en el n° 75, «el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización: es él quien lleva a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en el fondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación».

Hay que educar a los fieles laicos y quizás también a los sacerdotes para tener vínculos familiares con el Espíritu Santo, abriéndose a su acción a la vez discreta y potente. Las células de evangelización apuntan a revitalizar la parroquia que descubrirá entonces su verdadera identidad y favorecerá la vocación misionera de todos los creyentes como nos sugiere Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi en el n° 14: «Evangelizar es, en efecto, la gracia y la vocación propias de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar», señala.

Y Juan Pablo II en la Christifideles Laici en el n° 33: «Los fieles laicos, precisamente porque son miembros de la Iglesia, tienen la vocación y la misión de anunciar el Evangelio: para esta actividad están capacitados y comprometidos por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del Espíritu Santo». Reconociendo este encargo, los laicos serán el fermento que transformará el rostro de la parroquia.

Pero todo esto no será posible si el sacerdote, a su vez, no se abre definitivamente y firmemente a lo que da singularidad a su servicio sacerdotal, a lo que da la unidad profunda a las miles de ocupaciones que le solicitan a lo largo de su vida: anunciar el Evangelio de Dios y formar laicos evangelizadores. Es transformándose en una parroquia viva y evangelizadora, como la parroquia cambiará de rostro.

- Recuérdenos a quién se dirige principalmente este seminario y cuál es el hilo conductor para relacionarlo con el del año pasado?

- El seminario se dirige a todos los sacerdotes que deseen transformar su parroquia y también descubrir nuevos caminos de evangelización para hacerlo, siguiendo las enseñanzas del Papa. Estos sacerdotes acompañarán a diversos laicos de su comunidad de manera que este pequeño grupo que se haya formado pueda representar una fuerza motriz en el interior mismo de la parroquia.

Este año, abordaremos más específicamente la formación de los que están llamados a ser los «líderes» de estos pequeños grupos que son las células.

- El método de las células de evangelización fue reconocido oficialmente por la Santa Sede hará un año en mayo. ¿Este reconocimiento ha tenido un impacto sobre su crecimiento este año y sobre la percepción que algunos habían podido tener de este método de evangelización?

- Por supuesto, muchos prejuicios han desaparecido, porque este reconocimiento oficial, que no habíamos pedido pero que nos ofrece el Consejo Pontificio para los Laicos, nos califica en el plan de las actividades de la Iglesia universal como tal, garantizando la ortodoxia del método sobre la base misma de los resultados espirituales y de difusión obtenidos hasta ahora.

Este reconocimiento, que expresa la voluntad de la Iglesia de que continúe este método, confirma la catolicidad y la validez pastoral de una propuesta capaz de renovar en profundidad y desde una óptica misionera, a las comunidades parroquiales.

- ¿Hay nuevas parroquias que hayan decidido, desde entonces, recurrir a este método?

- Sí, y ello viendo, de hecho, que centenares, quizás miles, de parroquias en el mundo han adoptado con éxito este método de evangelización a través de las células. En el Decreto de reconocimiento, está escrito: «Esto porque la comunidad parroquial es el tejido eclesial en el que se integra el conjunto del sistema de las células. Su desarrollo en numerosos países a través del mundo demuestra la validez de este método, que contribuye a responder a la llamada del papa Juan Pablo II a una “nueva evangelización, nueva en su ardor, sus métodos y sus expresiones”».

- ¿Este año ha estado marcado por algunos momentos fuertes que usted quiera destacar? ¿Quiere comentar alguna cosa sobre las células y su evolución en el mundo?

- Desde la presentación del Decreto de Reconocimiento, obtenido el 29 de mayo de 2009, han surgido nuevas iniciativas en numerosos países del mundo.

Mucha s comunidades nos han llamado para que vayamos a presentar este método y muchos sacerdotes y laicos han venido a conocer nuestra realidad.

Hemos vivido una experiencia importante y significativa con las comunidades chinas que, tras haber oído hablar de este método de evangelización en el ámbito parroquial, vinieron a participar en el seminario internacional el año pasado.

También hemos visitado a las comunidades parroquiales de Brasil y de Venezuela, donde la experiencia de las células parroquiales ha producido otros centenares de células. Otro momento significativo tuvo lugar en Irlanda, durante un seminario en el que yo mismo participé, con motivo de los veinte años de presencia de las células.

El pasado mes de enero, se reunieron en San Eustorgio los promotores de zona, como se llama a los que se ocupan de las células presentes en las diferentes regiones geográficas o lingüísticas del mundo.

Este encuentro fue la ocasión para poner en línea la web internacional de las células, que representa una buena herramienta de evangelización. Su dirección es www.cells-evangelization.org. El encuentro también dio lugar a la formación del equipo internacional encargado de la formación de líderes y colíderes. Además, nos permitió saber cómo y con qué amplitud las células se propagan por todo el mundo.

Hoy mismo he conocido el nacimiento de 17 células en una parroquia de Letonia y he sabido que treinta personas de esta parroquia participarán en el próximo seminario del 26 al 30 de mayo.

- ¿En qué países encuentra más seguidores esta manera diferente de vivir en parroquia?

- En Francia, Bélgica, Irlanda, Italia, Brasil, Venezuela, en los países de Europa del Este, etcétera. En una palabra, allí donde la parroquia tiende a dormirse, las células pueden representar una ocasión para renovar a los sacerdotes y a los fieles laicos. A través de la adoración perpetua, la sensibilización del pastor y este esfuerzo de evangelización, el ejercicio de la evangelización por los miembros de la célula y el líder, las células pueden producir este despertar deseado que lleva a la parroquia a dejarse de reconocer en este gigante dormido del que habla el cardenal Hume.

- ¿Son receptivas las parroquias francesas?

- Francia ha respondido con mucho entusiasmo a esta propuesta de nueva evangelización que representan las células, sobre todo porque los porcentajes de asistencia a las iglesias, que no llegan al 5%, eran extremadamente preocupantes. Esta posibilidad ha abierto el corazón de pastores y de fieles laicos a la necesidad de frenar esta situación de alejamiento de la fe y en muchos de los casos, este freno ha funcionado realmente bien.

Numerosas parroquias, apoyadas por las enseñanzas pontificales, han vuelto a descubrir la necesidad de reaccionar a la reducción progresiva de fieles, participando en una evangelización firme, basada en el mandato mismo de Jesús a la Iglesia: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes» (Mt 28,19).

Las células practican esta experiencia de evangelización desde hace más de veinte años.

- En este seminario, habrá una jornada dedicada al «sacerdote de la nueva evangelización», imagino que en relación con el Año Sacerdotal proclamado por Benedicto XVI. Explíquenos la importancia de esa jornada.

- Efectivamente, durante este 21º seminario, que tendrá lugar del 26 al 30 de mayo, la jornada del 27 se consagrará a los sacerdotes. Esta jornada debe su importancia al hecho de que la nueva evangelización sólo podrá lograrse si, sostenida por el Espíritu Santo, ve a los pastores comprometerse en primera línea. Es una necesidad que afecta a todo el mundo. Tendremos la oportunidad de mantener un encuentro con sacerdotes de cada continente y de muchas naciones con los que intentaremos descubrir la vocación específica del sacerdote en l a evangelización.

Al mismo tiempo, proporcionaremos la posibilidad de explorar un método que, como se dice en el Decreto de reconocimiento del Consejo Pontificio para los Laicos, puede «ofrecer, con la ayuda de la Gracia divina, oportunidades de conversión personal y comunitaria, sabiendo que evangelizar es la vocación misma de la Iglesia; una conciencia a transmitir a los fieles laicos que, por su pertenencia a la Iglesia, arraigada en el sacramento del bautismo, tienen por vocación la misión de anunciar el Evangelio, y están después llamados a renovar su adhesión a la parroquia para que ésta se convierta en una comunidad de fe ardiente y dirigida a la evangelización de los más alejados».

- Hace un año que el Consejo Pontificio os pidió garantizar la continuidad de este método de evangelización. ¿Qué siente hoy frente a esta gran misión en un mundo como el actual?

- Estoy aterrado, porque se me confía una misión verdaderamente superior a mis capacidades. Pero me fío completamente del Espíritu Santo, que, ya desde los inicios de mi presencia en San Eustorgio, a través del Proverbio 16,3, me sugirió: «Encomienda tus obras a Yahveh y tus proyectos se llevarán a cabo».

Aquí no se trata de un proyecto para mí, sino de un cargo a asumir, con la ayuda de la gracia divina; esta misma tarea que cada bautizado debe sentir como propia y que Jesús, al prepararse para salir de la escena del mundo, confía a la Iglesia desde entonces.

Este descubrimiento cambió radicalmente mi vida. Dejé muchas actividades y hobbies que, más allá de su legitimidad incuestionable, podían constituir un obstáculo para mi compromiso como cura y evangelizador. Cuando, en 1986, descubrí en América, en la parroquia de San Bonifacio en Penbroke Pines, dirigida por el padre Michael Eivers, una nueva parroquia, ardiente de amor por Jesús y capaz de una evangelización correspondiente a su misma naturaleza («La Iglesia existe para evangelizar» Evangelii Nuntiandi n. 14), viví en mí una conversión inicial que, poco a poco, se ha convertido en elemento motor, la razón misma de mi sacerdocio, hasta el punto de pensar toda la actividad de la parroquia en términos de evangelización.

Pero cuanto más pensaba en la posibilidad de un reconocimiento pontificio de esta realidad, más ansioso me sentía por luchar y dedicar mi energía al provecho de esta nueva evangelización, a pesar de las numerosas dificultades.

Esta situación que vivía, sostenido por la fuerza del Espíritu Santo y por la adoración eucarística perpetua, contagió a los laicos de mi comunidad, ante los cuales se abrieron nuevos horizontes de compromiso para la promoción del Reino de Cristo entre las personas de su propio entorno.

Actualmente, este compromiso que la Iglesia me ha confiado, yo lo confío a mi vez, y con gran convicción, a la acción discreta del Espíritu Santo (E.N. n.75) que, realmente, sabrá conducir esta experiencia hacia el resultado de una nueva evangelización.

Para información sobre el programa y las inscripciones para al semin ario internacional sobre el sistema de las células parroquiales de evangelización: http://cellules-evangelisation.org/spip.php?article200.

Categorías:Mundo, Religión, Testimonios

La familia: origen, hogar y sentido

Hoy, cuando los cimientos de la civilización se estremecen por el pecado -a cada cosa hay que llamarla por su nombre-, cuando con fines espurios todo, absolutamente todo, es objeto de la manipulación más descarada, cuando el egoísmo es la dictadura que gobierna las almas, cuando lo más sagrado se profana en nombre de grandes palabras, cuando el bien se ridiculiza hasta el extremo, cuando las conciencias andan anestesiadas por el dinero, cuando los cristianos nos avergonzamos de serlo. Hoy, digo, es más necesario que nunca tener muy clara la decisiva importancia de la familia, su insondable realidad.

Y para ello debemos profundizar primero en su raíz espiritual. De otra forma es difícil entender su papel y lo que significa. Porque toda familia es una prolongación sobrenatural de Dios. Dios trino es familia, y el Verbo se encarnó y vivió entre nosotros en una familia, y se hizo nuestro Hermano. Y los hombres somos hijos de Dios -filiación divina-, creados a Su imagen y semejanza. Y para colmo nos ha entregado a su propia Madre, a María, como madre nuestra.

Desde el principio Dios ha querido esta específica común unión entre los hombres. Y sus lazos van mucho más allá del parentesco, pues se anudan en un abrazo de Amor que abarca nuestro anhelo de felicidad absoluta. Hemos nacido para hacer felices a los demás, si queremos ser felices nosotros mismos. Y el entorno natural y sobrenatural de todo esto es la familia, desde la que se proyecta todo lo demás. Todo lo que de verdad importa. En ella recibimos el ejemplo de la mutua donación de nuestros padres. Cada uno somos -como dijo Juan Pablo II- fruto de un conocimiento personal de amor.

Recibimos el ejemplo y la formación. Porque la familia es la primera escuela y aquella institución -por decirlo así- en la que nunca dejamos de estar matriculados, hasta que llegue el examen final del juicio, en el que se nos examinará precisamente de amor. De ese amor que la aglutina e identifica y que posee un marcado acento corredentor. Los conocimientos, las virtudes y los valores que se nos transmiten van perfilando inteligencia, corazón y alma. Y los sentimientos se foguean en la experiencia cotidiana: en el gozo, pero también en el dolor. Desde sus tertulias, oraciones, deberes, comidas, viajes o juegos.

La historia del hombre sobre la tierra -y después en el Cielo- es una historia eminentemente familiar. Consideremos el libro del Génesis. Adán sólo se conoce a sí mismo cuando conoce a Eva. El matrimonio como sacramento que fecunda su amor en los hijos. La familia como “sociedad primera”, como hogar y como linaje de Dios. No otra es nuestra alcurnia y no en otro lugar hallaremos el sentido de nuestras vidas, nuestra vocación más específica hacia la felicidad.

Pero una vez dicho esto pensemos que Dios -Padre, Hijo y Espíritu- está todavía desterrado de muchas familias, de muchos corazones. Por ignorancia o desolación. Y debemos hacer algo. El amor se expande, tiende a darse. Creer es amar. ¿Qué hacemos por los demás? Porque el prójimo es también nuestra familia.

Categorías:Familia, Historia, Mundo, Religión
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