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Archivo para 23 enero 2010

Testimonio de mi conversión al Catolicismo

“El Demonio es protestante”, fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.

Al principio fue el Verbo
Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en esta Revista que ahora aprecio tanto, como es la que me honra publicando este trabajo. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.

No me dejaba muchos “flancos” descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.

En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como “leyendas negras“, porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.

Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al “adversario” diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.
Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un “cura nuevo“, con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.

Primera confesión de mala fe
Yo aprovechaba – Dios me perdone – de sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importaba tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.

Otra cosa que solía hacer – me avergüenzo al recordarla – era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.

En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer “dinámicas de vida“, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.

Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.

Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan “cálido” en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.

A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían “castigado” relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.

Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.

El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.

En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi… porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.

En un aprieto que me puso, le dije: “Padre M… comencemos desde el principio” Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: “De acuerdo: al principio era el Verbo y...”

Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!

Pastor Boullón“, me dijo luego, No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen… y por eso también fue el primer Evangélico“.

Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:
- Si… fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!
- Pero Cristo les respondió con la Biblia…
- Entonces usted me da la razón, Pastor… los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien… y le tapó la boca.
Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12): “Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra
-       Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito “No tentarás al Señor tu Dios“. Y el demonio se alejó confundido.
Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!

Creo que fue la plática más saludable de mi vida.

La táctica del demonio
Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan “evangélicos” como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.

Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.

Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí – creo – brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí hechos XVI, 31: “¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús – respondió Pablo – y te salvarás tú y toda tu casa.

Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.

Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:
- ¿Continuará la lectura de San Pablo?
-       Ya terminé, Padre M.
- ¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, XIII, 32.
-       Leí en voz alta: “Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy.”
- Entonces la fe…
-       La fe… la fe… la fe es lo que salva
- ¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No sé bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse.
-       ¿Salvarse?
- Sí.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva…
- …¿?
- No se quede en silencio, Pastor… siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque “como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta” (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice “Si quieres salvarte, guarda los mandamientos”. Ahí tiene usted la respuesta completa.
Me acompañó hasta la puerta y me dijo: “Le dejo con dos recomendaciones.
La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica – sólo una me basta – en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia“.

Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.

“Sólo la Biblia”
Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. “Si es sólo la Biblia“, me dije, “entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba“.

Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.

Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de esta revista y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.

El pago del mundo
Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un “Pastor” protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas “no estrictamente ecuménicas“.

Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.

Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio -pensaba- me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.

Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.

Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me sentí y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.

Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto… para ella.

Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.

Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.

Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.

Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.

Mi querido amigo se despide
No he querido exponer aquí todas las cosas que charlamos con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y él me acogía con amable paternidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!

El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.

Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades… o quedar como un tonto o verificar por mí mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba -si tenía sentido- desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.

Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía -jamás dio muestras de sufrir- y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.

Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.
Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.

Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.

Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. “Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades“, sentenció.

Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. “¡El Demonio es protestante!“, les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.

Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma… y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe.

Roma… mi dulce hogar
Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.

Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.

A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.

Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.

Bien se por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto -por superficiales y emocionales- de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!

Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre Sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.
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Un pastor evangélico que dio el paso hacia la Iglesia católica

Actualizado 21 enero 2010

Las Comunidades evangélicas, surgen de la mezcla de las doctrinas protestantes, anabautistas y Anglicanas; aunque nace del Calvinismo principalmente. En EEUU lo inicia en el siglo XVIII Jonathan Edwards, que empezó como Presbiteriano, antiarminianista, lo que quiere decir que, al contrario de los calvinistas pensaba que la salvación se puede perder tal y como se afirma en Apocalipsis 3. Se relaciona con John Whiterfield, seguidor de Wesley aunque antiarminianista como Edwards, y sus seguidores buscan experimentar el avivamiento. Hoy día las congregaciones evangélicas superan las 40.000, y desaparecen y aparecen nuevas congregaciones cada día. ¿A qué se debe esto? Pues a que cada congregación depende de su pastor, éste marca la “doctrina”, asienta sus predicaciones en un número determinado de versículos de la Biblia y establece las maneras de hacer oración sin someterse a una autoridad superior. Las interpretaciones de la Biblia son tan diversas que en muchos casos derivan en sectas.

Varias cosas identifican a las comunidades evangélicas:

-       La obsesión por la “presencia”.

-       La enseñanza basada en la Biblia Reformada, que todos deben conocer.

-       Sus reuniones se basan en alabanza con música y predicación, que terminan con una llamada a aceptar a Cristo.

-       Muchas tienen carácter pentecostal: alabanza, efusión del Espíritu con sus manifestaciones (canto en lenguas, descansos, profecía,…).

-       Exigencia del diezmo.

-       Realización de “cruzadas de milagros”.

-       De ellas forman parte los telepredicadores y cantantes evangélicos hispanos como Jesús Adrián Romero, Marco Barrientos y Marcos Witt.

-       Son profundamente anticatólicos.

Tienen obsesión por el avivamiento, por lo que realizan gran cantidad de encuentros en los que claman por “un nuevo avivamiento”. Leonor Mckinney describe el avivamiento de la siguiente manera:

Hay avivamiento cuando uno se ve a sí mismo como Dios le ve, existe una convicción profunda y una búsqueda ansiosa, que los mueve a aborrecer el pecado a las personas, existe una intensa búsqueda de Dios y de su santidad, uno siente la inundante presencia y poder de Dios, el arrepentimiento es ferviente y profundo, generalmente seguido por una sincera restitución, cada rincón de nuestro propio carácter es traído bajo el escrutinio del Espíritu Santo de Dios, hay un rechazo completo del pecado, y una completa entrega de nuestra voluntad a Dios, hay un deseo consumidor por pureza de corazón, que sobrepasa todo deseo natural, uno está dispuesto a entregar a Dios su reputación, sus amigos, su pasado, presente y futuro, a cambio de libertad; una dulce libertad viene después de la con­fesión dolorosa, el gozo y la alegría corren como río de éxtasis inexplicable, al cantar los antiguos himnos de la iglesia, y los mismos toman un nuevo y profundo significado, el pueblo de Dios se derrite por los demás, en amor divino, la adoración es real y viva, con esperanza y entusiasmo, las alabanzas y la adoración son la expre­sión profunda de un alma cuyo espíritu está glorificando a Dios, la iglesia es restaurada a su propósito ori­ginal, que fue planeada por Dios, por quien Cristo murió, y por el cual el Espíritu Santo descendió.

En definitiva, cuando leo éste texto identifico el avivamiento con la conversión, tal y como yo la he vivido dentro de la Iglesia Católica.

Hoy día las comunidades evangélicas se extienden por Hispanoamérica, donde las manifestaciones musicales y las “cruzadas de milagros” son el mayor atractivo. En estos países aprovechan la mala formación de los católicos para atraerlos hacia sus comunidades. Pero frente a éste evangelismo que crece entre comunidades pobres encontramos comunidades muy ricas, cuyos pastores visten ropa de marca, conducen coches de lujo, tienen aviones particulares y grandes mansiones y predican el llamado “evangelio de la prosperidad”, del que os hablaré en otra ocasión, pero básicamente fundamenta su predicación en que Dios bendice con medios materiales, la riqueza es una manifestación de la bendición de Dios, y algunos han llegado a afirmar que la pobreza es una prueba de ausencia de bendición de Dios. Éstos pastores son obsesos de la predicación del diezmo tal y como aparece en el Antiguo Testamento: los fieles deben dar la décima parte de sus bienes a la congregación, de esta manera se aseguran que Dios les bendecirá con el ciento por uno. Hoy día esto ha creado una gran ruptura en el interior de las comunidades evangélicas, ya que hay muchos pastores que no aceptan a los pastores del evangelio de la prosperidad.

A continuación os incluyo un testimonio de conversión de Luis Miguel Boullón, un pastor evangélico, al catolicismo. Encontraréis muchos puntos de contacto con otras conversiones ya publicadas, pero en éste caso el sacerdote con el que Boullón se enfrenta dialécticamente es un gran conocedor de la Escritura, y es por medio de ella por la que consigue enfrentar al pastor con la posibilidad de su error, precisamente lo que los evangélicos emplean como arma. Al igual que en otras conversiones anteriores, Boullón hace una crítica a aquellos que “suavizan” el mensaje de la Iglesia Católica, al tiempo que aboga por una mayor formación de los católicos en la Biblia, la doctrina y los ritos.

Es un testimonio largo pero merece la pena, espero que os guste.

Sacado de la página http://www.tengoseddeti.org/

Luis Miguel Boullón


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Catholics Come Home llena las iglesias en Estados Unidos

UN MÉTODO EFICAZ

Los impactantes vídeos de Catholics Come Home llenan las iglesias en Estados Unidos

Una iniciativa basada en modelos comerciales, creada hace diez años para la televisión y que ahora triunfa en Internet, sitúa a las personas, a distancia de un clic, ante las preguntas fundamentales.

Actualizado 23 enero 2010

Catholics Come Home, una organización laica sin ánimo de lucro, fue fundada en 1998 por Tom Peterson, quien decidió aportar a la evangelización su amplia experiencia empresarial en las áreas comercial y de marketing.

El método diseñado se basaba en la emisión televisiva de vídeos destinados a llamar la atención del espectador sobre la Iglesia católica y las preguntas fundamentales de la vida, así como recogiendo testimonios de personas que se habían alejado de la Iglesia o habían incluso perdido la fe y volvieron a ella interpelados en su interior por estas campañas.

En los últimos años esa labor se ha extendido a Internet, donde está cosechando un éxito rotundo en tres idiomas: inglés, polaco y español (pinche aquí para ver uno de los más impactantes). En Estados Unidos se han registrado incrementos espectaculares de la asistencia a Misa dominical allí donde se han difundido los vídeos. Por ejemplo, en las diócesis de Phoenix y Corpus Christi, donde comenzó el último circuito de emisiones, se calcula que alrededor de 100.000 personas han vuelto a la Iglesia en los últimos meses. Y en torno a 17,5 millones de personas han recibido ya el impacto de la campaña en Chicago, Omaha, Sacramento, Colorado Springs y otras diócesis del país.

Aunque la dirección de Catholics Come Home es completamente laica y profesional, cuentan con un equipo de asesores teológicos encabezados por el cardenal John Foley y otros seis obispos estadounidenses, y han recibido el apoyo de comunicadores y empresarios de gran influencia en el país.

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El rechazo al aborto ya es mayoritario en USA

Alcanza casi el 60% entre jóvenes de 18 a 29 años

El rechazo al aborto ya es mayoritario entre los estadounidenses en todas las franjas de edad


Cuando se cumple el 37 aniversario de la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos, en el caso Roe versus Wade, que legalizó el aborto en todo el país, una encuesta reciente muestra que una gran mayoría de los estadounidenses creen que el aborto es «moralmente incorrecto». La generación del milenio (los que tienen entre 18 y 29 años) consideran el aborto «moralmente incorrecto» incluso más (58%) que la generación del boom (los que tienen entre 45 y 64) con el 51%. El resultado de la generación X (entre 30 y 44 años) es similar al de la generación del milenio (el 60% ve el aborto como «moralmente incorrecto»). Más de 6 de cada 10 de la generación de los mayores (mayores de 65 años) piensan lo mismo.

23/01/10 9:59 AM | Imprimir | Enviar

(Zenit/InfoCatólica) Esta reciente encuesta, llevada a cabo a finales de diciembre y principios de enero, es la última de una serie de estas encuestas encargada por los Caballeros de Colón y llevada a cabo por el Instituto Marista para la Opinión Pública.

En octubre de 2008 y julio de 2009, la encuesta hizo el seguimiento de una tendencia creciente hacia la posición pro-vida, una tendencia confirmada por Gallup y el estudio del Centro Pew de mediados de 2009.

Los estadounidenses de todas las edades -y los jóvenes en un número aún mayor que sus padres- ven el aborto como algo moralmente equivocado”, dijo el supremo caballero Carl Anderson. “Estados Unidos ha dado un vuelco y está abrazando a la vida, y al hacerlo, está abrazando un futuro del que ellos -y todos nosotros- podamos estar orgullosos”.

Y agregó: “Los avances en la tecnología, muestran claramente -y cada vez más claramente- que un niño no nacido es totalmente un ser humano. Eso, junto con el gran número de estadounidenses que conocen a una de las muchas personas que se han visto negativamente afectadas por el aborto, son ciertamente dos de las razones por las que los estadounidenses están cada vez más incómodos con el legado de aborto de Roe v. Wade, y con el aborto en general. La mayoría de los estadounidenses entienden que el aborto tiene consecuencias, y que esas consecuencias no son buenas”.

La cuestión del aborto forma parte de una encuesta más amplia que será dada a conocer en los próximos días.

Este informe presenta los resultados de una encuesta a 2.243 estadounidenses –incluyendo una muestra suplementaria de 1.006 de la generación del milenio. Los resultados para los estadounidenses tienen un margen de error de +/-2% y para la generación del milenio +/-3%.

Los datos fueron recogidos del 23 de diciembre de 2009 hasta el 4 de enero de 2010, usando un panel en línea basado en probabilidades de Knowledge Networks, Inc.

Existe información adicional disponible en: www.kofc.org.

500 chicos desaparecidos bajo los escombros del Centro Don Bosco

Se eleva a 500 el número de chicos desaparecidos bajo los escombros del Centro Don Bosco de Puerto Príncipe


Siguen llegando a cuentagotas noticias desde Haití. La noticia más trágica es la muerte de los alumnos salesianos del centro Don Bosco de Puerto Príncipe. Después de una primera estimación, que hablada de más de 200 muchachos y jóvenes debajo de los escombros con algunos de los educadores, en los últimos momentos se calcula que son cerca de 500.

A este trágico número hay que sumar la muerte de tres religiosos salesianos, Hubert Sanon, de 85 años, Atsime Wilfrid, de 28 años, y Vibrun Valsaint, de 26 años.  El resto de los 66 religiosos salesianos del país están bien aunque algunos han resultado heridos. Seis centros de los salesianos, destinados mayoritariamente a escuelas, centros de acogida de chicos y jóvenes, parroquias, etc., en la capital haitiana han sido destruidos o han sufrido graves daños.

Entre los centros que peor suerte han corrido están las escuelitas del Padre Bonhem. Eran beneficiarios de estas escuelas alrededor de 25000 y 30000 niños y adolescentes a los que a cambio de ir 3 horas a clase se les daba de comer, una forma de que los chicos fueran a clase en vez de andar rebuscando por los vertederos de la ciudad. Ahora mismo el empeño es reconstruir estas obras.

Las obras salesianas de Santo Domingo y Barahona, en República Dominicana,  jugarán un papel destacado  en la organización de la ayuda a Haití. Los salesianos de Rep. Dominicana han enviado ya diez camiones cargados con víveres y medicinas. A esto se suma el contenedor de arroz enviado desde Estados Unidos y la recogida de fondos que está realizando la Familia Salesiana a lo largo de todo el mundo. Se ha creado una cadena de solidaridad hacia la isla caribeña. Una cadena que quiere ser la muestra del compromiso de Salesianas y Salesianos por el trabajo con los chicos y jóvenes más desfavorecidos de Haití. Un compromiso que nació en 1935 con la llegada de los primeros Salesianos y Salesianas a este país.

Hoy más que nunca tu ayuda es importante. Ya no son las víctimas mortales sino aquellos que han perdido todo los que lo necesitan. Si deseas hacer una aportación para paliar los daños que el terremoto ha dejado en Haití puedes hacerlo a través de esta cuenta del Banco Popular:

Misiones Salesianas – Ayuda Haití

Cuenta: 0075 0001 85 0607077059


O también rellenando y enviando el siguiente formulario:

http://www.misionessalesianas.org/posplamostrar.asp?id=88&comunidad=1

Usted tiene derecho a acceder, rectificar y cancelar sus datos en el fichero, poniéndose en contacto con Misiones Salesianas.

“En temas como el aborto todos tenemos algo que decir”

Entrevista al cardenal de Barcelona, Lluís Martínez Sistach

BARCELONA, viernes 22 de enero de 2010 (ZENIT.org).- El cardenal arzobispo de Barcelona ha señalado en esta entrevista concedida a Zenit que la nueva ley del aborto no reducirá el número de abortos sino que lo aumentará y ha propuesto mejorar las ayudas a las madres que se quedan embarazadas. “La vida humana del más pequeño lo necesita todo de la madre y de la sociedad”.

El cardenal ha afirmado además que cuando se quitan los signos religiosos, como la cruz, de los colegios y las instituciones “perdemos nuestra identidad y sin identidad no sabemos quiénes somos, de dónde venimos y a  dónde vamos”.

-¿Cómo interpreta las posiciones contrarias a la presencia de la cruz en las escuelas?

Cardenal Martínez Sistach: Es no entender debidamente el significado de la cruz. Ésta tiene un significado religioso por haber muerto a Jesús en la cruz y por eso la cruz se ha convertido en un signo de acogimiento, de fraternidad y de amor a los amigos y a los enemigos. Jesús, siendo crucificado, perdonó a los que lo clavaron en la cruz. Este signo religioso no tendría que ofender. Pero a la vez tiene un significado cultural, ya que está en las raíces cristianas de Europa y concretamente de nuestro país. Si quitamos los signos religiosos, como la cruz, de las escuelas e instituciones sociales estamos perdiendo nuestra identidad y sin identidad, en un mundo globalizado, no sabemos quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos.

-¿Si esta ley se lleva a cabo también en las aulas catalanas, como espera que reaccione la sociedad civil?

Cardenal Martínez Sistach: En Cataluña tenemos fama de actuar con juicio, aunque a veces también se nos lleva el arrebato. Tenemos que pensar qué país queremos construir, también en cuestiones como ésta. Tenemos que pensar que estamos en un Estado no confesional o laico, pero no laicista. Porque, aunque el Estado es laico, la sociedad está formada por personas, grupos y o instituciones muchas de las cuales son religiosas.

-La reforma de la ley del aborto es uno de los temas que preocupa más la Iglesia. ¿Qué consecuencias prevé que tendrá para el futuro que estamos creando?

Cardenal Martínez Sistach: El aborto siempre es un mal, porque impide que un ser humano concebido y no nacido pueda nacer. Aquí está la cuestión del respeto y valoración de la vida humana del más pequeño e inocente que no puede hablar y lo necesita todo de la madre y de la sociedad.

-¿Confía que un debate social será capaz de hacer atrás esta ley del aborto?

Cardenal Martínez Sistach: En temas de tanta trascendencia como éste es importante que haya un amplio debate social para que se puedan escuchar las razones de la sociedad, de las instituciones sociales, culturales y religiosas. Todos tenemos algo que decir.

-¿ La nueva ley del aborto reducirá el número de abortos al año?

Cardenal Martínez Sistach: Esta ley ha ampliado la ya existente y considera el aborto como un derecho de libre realización durante las primeras catorce semanas. No reducirá el número de abortos, sino que los ampliará. Habría que ofrecer a las mujeres embarazadas toda la ayuda que necesiten para que no se vean llevadas a abortar.

-En Extremadura se está realizando una campaña de educación sexual de el Instituto de la Mujer de Extremadura y del Consejo de Juventud bajo el nombre “El Placer está tus manos” ¿Cree que el gobierno tiene la autoridad `para educar en estos temas a los jóvenes?

Cardenal Martínez Sistach: La responsabilidad primaria en esta materia es competencia de los padres. Son ellos los que tienen el derecho inalienable de garantizar a sus hijos una auténtica y sólida formación del afecto y de la sexualidad de los adolescentes y jóvenes.

El año que hemos acabado ha sido fuertemente marcado por la crisis económica. ¿Cómo vive la archidiócesis de Barcelona este hecho?

Cardenal Martínez Sistach: La crisis económica tiene graves consecuencias para muchas personas y familias. Alrededor de cuatro millones de parados no reciben subsidio de desempleo. Hay muchísimas familias en las que ninguno de sus miembros tiene trabajo. Las consecuencias graves de la crisis hace que ésta sea una cuestión de Estado, de país, y eso pide que los partidos políticos, los sindicatos, la patronal y las instituciones trabajen conjuntamente para encontrar la solución a la crisis económica.

-El año 2010 será un año de importantes celebraciones para la diócesis de Barcelona. ¿Cómo se están preparando?

Cardenal Martínez Sistach: El 23 de enero celebraremos la beatificación del Dr. Josep Samsó Elias, fue rector de la basílica de Santa Maria de Mataró y murió, como mártir de Cristo, el día 1 de septiembre de 1936. Fue un excelente rector y catequista y murió perdonando a los que lo mataron, como Jesús perdonó a los que lo clavaron en la cruz.

Durante la próxima primavera, ayudando a Dios, viviremos en la ciudad de Barcelona la beatificación del P. Josep Tous Soler, capuchino que, con motivo de las disposiciones civiles del siglo XIX contrarias a la vida religiosa, vivió como sacerdote ejerciendo el ministerio durante muchos años en nuestra ciudad y que fundó a la congregación de las Capuchinas de la Madre del Divino Pastor.

También durante este año, con la ayuda del Señor, cubriremos las naves del templo de la Sagrada Familia con el fin de poder dedicar su espacio al culto y a la pastoral. Y los días 3, 4 y 5 de octubre nuestra ciudad ocurrirá la capital mundial del diálogo interreligioso y de la plegaria por la paz, con la celebración, por segunda vez en Barcelona, del Encuentro Internacional de diálogo y plegaria para la paz que promueve la comunidad de San Egidio.

Por Carmen de la Llave

Plantea la adopción de niños de Haití

El cardenal Rodríguez Maradiaga plantea la adopción de niños de Haití

Así como de seminaristas en otras diócesis

ACAPULCO, viernes 22 de enero de 2010 (ZENIT.org-El Observador).- El arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, y presidente de Cáritas Internationalis, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga ha propuesto a la atención ética la propuesta de adoptar niños que han quedado huérfanos en Haití tras el terremoto.

Al intervenir en el Primer Congreso Nacional Mexicano de Sacerdotes “Fidelidad y fraternidad sacerdotal”, que ha concluido este viernes, consideró que esta iniciativa buscaría darles una oportunidad para que estos menores “puedan encontrar un futuro” en medio de la tragedia que están viviendo.

“¡Hay tantos niños que quedarán huérfanos! Este uno de los puntos que se están planteando. A lo mejor vamos a tener que promover este discurso. Deberemos movernos para que también esos niños puedan encontrar un futuro y sé que hay personas que quisieran hacerlo”, puntualizó.

El fondo de las Naciones Unidas para la infancia, Unicef, ha denunciado este viernes el rapto de al menos 15 niños no acompañados en hospitales de Haití.

El cardenal Rodríguez Maradiaga reconoció que de proceder la propuesta de adopción se deben vigilar cuidadosamente los mecanismos, debido a que en ocasiones “entran negocios turbios” e intereses diversos en lo trámites de protección a los menores.

En su intervención inicial, el presidente de Cáritas Internacionalis dijo que una de las prioridades a las que se enfrenta el pueblo de Haití es la falta de agua y alimentos, así como las condiciones insalubres para atender a los enfermos e incinerar los cientos de cadáveres que se encuentran en toda la capital.

Desmintió que exista un monopolio por parte de los Estados Unidos para tomar el control de aquel país y que la misión fundamental en estos momentos es dar prioridad a la ayuda, que llega por parte de las diversas naciones.

Dijo que a pesar de las condiciones adversas a las que se enfrentan los pilotos que llegan al aeropuerto de Puerto Príncipe, se buscar tener un control del tráfico aéreo para coadyuvar a las tareas de apoyo y poder dar prioridad a los vuelos de carga que llevan ayuda.

“La situación es dramática, faltan agua, alimentos, después no se sabe qué hacer con tantos cadáveres, algunos incinerados. La tragedia es que no se va a poder identificar a todos por el clima que hace más rápida la descomposición y por el peligro de que haya epidemias o puedan seguir muriendo personas. Hay hospitales muy dañados, hay pacientes que necesitan cirugías urgentes, esperamos que se puedan salvar el mayor número de vidas”, deseó.

Ante este panorama, Rodríguez Maradiaga reconoció que lo más difícil va a ser la reconstrucción, pues ha quedado destruida toda la infraestructura educativa, de gobierno, hospitalaria e incluso eclesial.

Recordando el pasado de conflictos políticos que ha vivido Haití, el cardenal explicó que ha propuesto a la Iglesia en países de América Latina contribuir a la tarea de adoptar a uno o dos seminaristas por diócesis para poder garantizar la formación de nuevos sacerdotes.

El seminario de Haití, con unos 250 seminaristas ha quedado destruido. Se ha constatado la muerte de 30 seminaristas (religiosos y diocesanos), pero otros muchos han quedado ahora abandonados a su suerte.

“Deberíamos pensar de qué manera se podría organizar una especie de hermandad donde se pudiese ayudar a reconstruir templos y  seminarios”, consideró el cardenal Rodríguez Maradiaga. “No sabemos cuántos seminaristas quedarán vivos pero a lo mejor no se va a poder que sigan ahí. Yo pienso proponer a los obispos de América Latina y creo que eso puede ser una solución. El futuro es amplísimo para la caridad y las iniciativas, pero yo creo que es también un momento especial en que podamos mostrar lo que significa la hermandad entre los pueblos”, concluyó.

Por Alma C. Guerrero

Dios llora en la tierra

Haití: Dios llora en la tierra

Por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm

HUESCA, viernes 22 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos un mensaje escrito por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm,  obispo de Huesca y de Jaca, arzobispo electo de Oviedo.

* * *

Una vez más nos han saltado las alarmas. De nuevo hemos sido humillado en donde más nos duele: los pobres más pobres. No es la mano justiciera de un hada vengativa que se ríe de los opulentos del tener y del poder, sino un extraño e indeseado infortunio que se zafa ante un pueblo de por sí precario y mendigo.

Haití ha sido y sigue siendo en su interminable morgue, un tremendo dedo acusatorio que no sabemos a quién se dirige ni quién lo enarbola. Pero un dedo que se mete intruso en nuestra llaga más vulnerable y nos hace espantarnos ante una tamaña tragedia que nos deja sin hálito, sin palabra, sin nada. Y así lo hemos vivido y lo seguimos viviendo. No se trata de la cuestión de cuántos compatriotas hay bajo los escombros, o cuántos de los nuestros sean quienes sean éstos. Da casi lo mismo, y aunque no podemos ser insensibles a nuestro terruño y más a nuestra sangre, la muerte nos hace a todos iguales y lo único que nos sobrecoge es el hecho en sí mismo, sin pasaporte en ristre, sin parentesco, sin credenciales.

No han sido pocos los que se han preguntado de modo sincero por qué, e incluso no han faltado quienes se interrogan sobre el quién. Y no se halla respuesta a ninguna de las dos cuestiones por más vueltas que le demos: por qué suceden estas cosas que tanto nos duelen, quién sería el responsable al que dirigir nuestra protesta.

Y sin embargo, sí que existen esas respuestas por más que sea complejo hallarlas. Por un momento, nos damos cuenta de cuántas cosas a diario gozamos, tenemos, intercambiamos, dando por supuesto que todo eso debe ser así, dándolo por descontado, perdiendo demasiado a menudo el horizonte del don que significa el hecho de vivir, de caminar, de ver y oír, de amar. Acaso, a fuerza de sernos cotidianas todas estas cosas, perdemos de vista que suponen un regalo continuo, un don permanente.

En segundo lugar, el hecho de que los medios de comunicación nos acerquen en tiempo real lo que está sucediendo a miles de kilómetros, nos permite situarnos dentro de esta aldea global con una conciencia de proximidad que no permite que seamos indiferentes. No estamos asistiendo impávidos a una catástrofe que no tiene que ver con nosotros, que no nos afecta, sino que sentimos la necesidad no sólo de agradecer lo que tenemos como don y regalo, y hacer algo por quienes de pronto todo lo han perdido. Esta solidaridad nos hace humanos, nos saca de nuestros agujeros de seguridad y de nuestras fugas egoístas. Y nos permite adivinar con saludables sobresaltos que la humanidad no empieza ni termina en el patio de mi casa que es particular, sino que hay demasiados rincones de este mundo en donde hay gente que sufre, que está falta de libertad, de paz, de pan, de dignidad, de afecto, de fe. Una tragedia así, nos hace despertar de nuestras dormideras.

Por último, la gran pregunta que tantos se han hecho: ¿y Dios, dónde estaba? Sin duda que no estaba jugando al golf, haciendo turismo estirado o distrayéndose podando bonsáis. Dios estaba en las víctimas, muriendo con ellas una vez más. Pero también está en la gente que está entregado su tiempo, su dinero, sus talentos y saberes para ayudar a sus hermanos: ahí están las manos de Dios repartiendo ternura, ahí sus labios diciendo palabras consoladoras, ahí sus silencios cuando es callando como se dicen las mejores cosas, ahí su corazón cuando sabe palpitar con el latido de la gente que tiene entraña.

Nos unimos al dolor de ese pueblo hermano, ofrecemos nuestra oración por el eterno descanso de los que han perdido la vida, y nos brindamos de tantos modos a ayudar a cuantos necesitan todo tipo de consuelo, de esperanza, para levantar todo desde las cenizas.

Puerta grande

viernes, 22 de enero de 2010
Andrés Ollero Tassara


AbcDeSevilla.es

La muerte de la res sitúa al torero ante un inevitable juicio particular. La Maestranza no consideró que el momento justificara uno de sus legendarios silencios. Muy al contrario, los tendidos rebobinaban embelesados la faena mientras reclamaban con insistencia otra oreja. Antonio —qué nombre más torero— disimulaba su emoción recurriendo, con el pie en el estribo, al litúrgico sorbo de agua, atento a que alguna furtiva lágrima no acabara en el vaso. Cómo era posible que algo tan bonito pudiera acabarse… El alguacil aguardaba con las orejas y unos nada altruistas cargadores calibraban el modo más expeditivo de servirle de trono.

Antonio, sevillano de Guadalcanal a cuya biblioteca da nombre, catedrático en Granada donde dirigió el Colegio Mayor Albayzín, que le concedería años después la Beca de Honor, ha puesto fin a su tarea. A otro Antonio —Bienvenida, que sería del Opus Dei algo más tarde— le oí comentar, de tertulia en el Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago, que cuando uno se hace con el toro sueña con que aquello no se acabe nunca. San Josemaría, que se lo oyó decir en el jerezano Pozoalbero, no dejó de aplicarlo al trato con Dios en uno de los coloquios públicos que allí mantuviera hace ya casi treinta años.

Atrás, demostrando que en este caso es el torero el que sabe latín, han quedado las verónicas de «La Actualidad Española», el galleo de «Nuestro Tiempo» e incluso el insólito par de banderillas a algún que otro falangista converso profesional del no. Vinieron luego las tandas de naturales hondos del diario «Madrid», pasándose una y otra vez a la fiera por faja, y los molinetes enlazados en «Nueva Revista», abordando las cuestiones siempre de frente, gracias a su dominio de la circunstancia cultural y política, para acabar con el sereno volapié al arrostrar la hora de la verdad.

No sólo su, por tantos motivos, entrañable amigo Miguel Ángel aludió a su vinculación al Opus Dei. Pocas crónicas dejaron de hacerlo y sin embargo ninguna planteaba la pregunta del millón: ¿fue bético o sevillista? Se ve que consideraba aquel dato más relevante, considerándolo motor de su incansable actividad, con la conciencia de que él lo agradecería como un piropo, satisfecho de dejar una vez más en ridículo la arcaica caricatura: el franquismo lo distinguió convirtiéndolo en una de sus víctimas más sonadas (sin ahorrarse el fragor de la dinamita); asiduo a Estoril, en el Pardo ni estaba ni se le esperaba; su humanismo no rimaba con tecnocracias; nada rígido en sus planteamientos, saboreaba con fruición la amistad con los discrepantes; cristiano viejo, se mostró siempre poco proclive a ambientes clericales… Su faena fue sólo un modo más de santificar lo ordinario, entre tantos otros imaginables.

El madrileño Colegio Mayor Castilla se convirtió en palco de autoridades. No faltaron Sus Majestades para rubricar (la Reina incluso, taurina por un día…) su aprecio por la faena, constatando que en efecto se había ganado el marquesado.

El diestro sabe que abrir la puerta grande es como eternizar virtualmente una tarde de ensueño. Para Antonio Fontán esa eternidad ya se ha hecho real; se abrió en efecto la Puerta Grande, pero no para que por ella saliera sino para facilitarle la entrada, mientras aún se oía como fondo un eco unánime: ¡torero!

Dios, Haití y los barberos

Jueves, 21 de enero de 2010
Alfonso Méndiz


JesucristoEnElCine.blogspot.com

A propósito de la reciente tragedia de Haití, algunos medios de comunicación han vuelto a formular la pregunta que otros ya habían planteado cuando el 11-S y el 11-M: Pero, ¿dónde estaba Dios?.

Algunos no pueden comprender la existencia del mal en el mundo: “Si Dios es tan bueno, por qué hay terremotos, guerras y violencia –maldad, en suma– en este mundo que, se supone, ha salido de sus manos?”. Sé que no es fácil de entender y, ciertamente, lo Almudi.org - Alfonso Méndizsucedido en Haití no tiene explicación humana: hay que recurrir a la Fe para hallar respuestas. Dios está en cada moribundo, en cada persona que llora y sufre; aunque no le veamos.

Pero en lo que respecta a la maldad que deriva de nuestras decisiones (las guerras, las matanzas, la injusticia generalizada) sí podemos encontrar explicaciones; y no sólo desde la Fe. Porque está claro que somos libres, y más claro aún que Dios no quiere servidores esclavos, ni hombres que automáticamente obren el bien sin comprometer su libertad.

Es cierto que nos ha dado los instrumentos para lograr una sociedad justa y buena: nos ha dado su doctrina y su mandamiento de la Caridad (“Amaos os unos a los otros”); nos ha dado la naturaleza humana y ha grabado su Ley en nuestros corazones; nos ha dado su gracia, su ayuda y, sobre todo, nos ha dado su ejemplo muriendo en la cruz por nosotros: un ejemplo de amor y de perdón, y no de odio ni de barbarie. Pero ama tanto nuestra libertad, que nunca nos hará buenos a pesar nuestro. Tenemos a nuestro alcance todo lo necesario para ser buenos, pero de nosotros depende que lo seamos y que lo sea nuestra sociedad.

A este respecto, viene como anillo al dedo aquella historia de los barberos y Dios:

“Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas. De pronto tocaron el tema de Dios y el barbero dijo:

— Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.

— Pero, ¿por qué dice usted eso?, preguntó el cliente.

— Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O dígame, ¿acaso si Dios existiera habría tantos enfermos, tantos niños abandonados? Si Dios existiera no habría sufrimiento, ni odio, ni guerras… Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió de la tienda. Nada más salir de la peluquería, vio en la calle a un hombre con la barba sucia y el cabello largo, lleno de greñas. Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.

— ¿Sabe una cosa?, los barberos no existen.

— ¿Cómo que no existen? -preguntó el barbero- si aquí estoy yo, y soy barbero.

— ¡No! –dijo el cliente– no existen, porque si existieran no habría personas con el pelo sucio y la barba tan grasienta como la de ese hombre que va por la calle.

— ¡Ah!, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen a mí.

— ¡Exacto! –dijo el cliente– Ahí está la respuesta a su pregunta. Dios sí existe; lo que pasa es que las personas no van a Él ni quieren seguir su mensaje. Por eso hay tanto dolor y tanta maldad en el mundo”.

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