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Archivo para 24 diciembre 2009

Misa de multitudes en Madrid

27 diciembre 2009 Deja un comentario

Domingo, 27, a las 12:00 horas, en la Plaza de Lima de Madrid

Misa de multitudes en Madrid para celebrar la fiesta de la Familia


26/12/2009 | ALBAdigital

La solemnidad de la Sagrada Familia se celebra un año más, en plenas Navidades, con una multitudinaria misa al aire libre en el centro de Madrid. El cardenal Antonio Mª Rouco Varela presidirá la eucaristía en la plaza de Lima, el domingo 27 de diciembre. Como viene siendo costumbre, la celebración comenzará a las 12:00 h con la conexión con el Vaticano, para escuchar el mensaje que el Santo Padre enviará a las familias, y rezar con él el ángelus. A continuación se celebrará la solemne eucaristía, que concelebrarán numerosos obispos procedentes de distintas diócesis españolas.

Monseñor Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares y presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida, destacó al presentar la celebración que este año están invitadas a participar también las familias europeas: “Esta es una convocatoria para un encuentro europeo de familias que hace el cardenal arzobispo de Madrid”. En cuanto al lema elegido, “El futuro de Europa pasa por la familia”, señaló que con él quieren destacar que el futuro del continente europeo está en manos de la familia y “de manera particular, de la familia cristiana”. Argumentó que “las sociedades son lo que son sus familias. En la medida en que Europa tenga familias consistentes, ámbitos donde pueda nacer la vida humana, y que esta pueda ser educada, custodiada, con la pedagogía propia del amor, Europa será fuerte, España será fuerte”.

Un belén de tamaño natural

Por su parte, Mª Rosa de la Cierva, secretaria de la Provincia Eclesiástica de Madrid, destacó que no se trata de una concentración ni de una manifestación, sino de un “momento de oración, un encuentro para pedir al Señor que nos ayude, que bendiga a Europa, y a España, y que las familias sigan siendo el futuro de Europa”.

El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, recordó que esta celebración “pretende dar gracias a Dios por el don de la familia y exaltar la riqueza de esta institución natural, que el Hijo de Dios quiso consagrar naciendo en el seno de una familia, la de Nazaret, que se ha convertido en el modelo que debemos imitar”.

La animación del encuentro comenzará a partir de las 10:00 de la mañana, con el fin de que todas las familias procedentes de otros países europeos puedan subir al estrado y saludar. Estas intervenciones se irán intercalando con el canto de villancicos, hasta el comienzo de la misa.

El altar estará ubicado en la almendra central de la plaza de Lima. Los fieles se distribuirán por la Castellana hacia Nuevos Ministerios y hacia la plaza de Castilla, y también por la calle Concha Espina. Como novedad, en un lateral del altar se colocará este año un belén a tamaño natural, rodeado de niños. Para facilitar que todos los fieles que lo deseen puedan comulgar, se van a establecer puntos concretos de distribución de la comunión.

Para ayudar a costear los gastos de la celebración, este año se ha habilitado la posibilidad de colaborar mediante el envío de SMS con la palabra FAMI al 25323.

Una hermana especial

27 diciembre 2009 3 comentarios

Me ha ayudado a comprender lo insignificantes que pueden llegar a ser los problemas cotidianos

Por Cosme Ojeda y BEATRIZ SANDÁ

VOY A RELATAR la historia de una niña que padece una discapacidad mental. Esta niña es mi hermana.

El 11 de agosto de 1994, en una habitación de un hospital, nació mi hermana con una enfermedad llamada “retraso psicomotor”. Por entonces yo tenía dos años, así que al principio no noté nada. Pero conforme fuimos creciendo, descubrí que ella era diferente. A los cinco años no sabía hablar y sólo comía purés. Fue entonces cuando yo comencé a pensar, con cierta dosis de egoísmo: “¿Por qué a mí? ¿Por qué a mi familia? ¿Por qué no podré tener una hermana como las demás? No entendía el sentido de aquel dolor que creía injusto.

Cuando mi hermana dejó la guardería y entró en mi colegio, para mí fue un suplicio. Al principio tenía miedo de que se perdiera, de que los demás niños no la quisiesen… Pero hizo amigos, en su clase la querían y en las lecciones de apoyo con la pedagoga se encontraba con otros niños en circunstancias parecidas a las suyas.

Lo peor llegó cuando tuvo que repetir el último curso de infantil.

Aún no asimilaba los conocimientos básicos y seguía sin hablar. Me di cuenta entonces de lo crueles que pueden llegar a ser los niños. No me refiero a los de su curso, demasiado pequeños, sino a los de cursos superiores, pues se reían de ella y la insultaban.

Reconozco que, con frecuencia, se metía en problemas por defender a sus amigas. Su incapacidad para hablar le hacía sacar todo el genio que llevaba dentro. Pero los demás terminaban por tirarla al suelo, si no la pegaban antes. Cuando ella se metía en peleas, yo iba por detrás para defenderla.

Muchas veces me sentía sola, pues no conocía a nadie en mi misma situación. Pero apareció una mujer joven en mi casa. Mi madre la había contratado para darle clases particulares después del colegio. Ella tenía un hijo con síndrome de Down y en el colegio había sufrido el mismo rechazo que mi hermana. Nos hicimos muy buenas amigas. Ella y su hijo pronto fueron como de la familia. Aunque no cambiaron las situaciones en el colegio para ninguna de los dos, había siempre un momento del día en el que éramos felices las cuatro juntos.

Pasado un tiempo, los médicos recomendaron a mi hermana un cambio de aires. Mis padres buscaron una casa en Marbella en la que empezar una nueva vida. Fue todo un acierto, ya que mi hermana mejoró notablemente.

Sin embargo, conocí en mi nueva clase a una compañera que tenía un hermano en circunstancias muy parecidas. Él acababa de aprender a andar y aún no hablaba. En poco tiempo nos hicimos inseparables, nos contábamos nuestras preocupaciones y lo mal que nos sentíamos por no poder hacer que nuestros hermanos mejoraran. Pero la familia de mi nueva amiga nos dio a conocer una asociación para niños discapacitados en la que apuntamos a mi hermana. Allí progresó bastante y ha terminado por aprender a defenderse sola y a ser, de alguna manera, “independiente”.

Mi hermana me ha enseñado muchas cosas. Entre otras, que soy una chica afortunada que sabe lo crueles que podemos llegar a ser con los más débiles. Además, sé que se puede vivir con valores y principios. También me ha ayudado a comprender lo insignificantes que pueden llegar a ser nuestros problemas cotidianos frente a los de muchachas como ella.

Los enfermos tienen el coraje de levantarse cada día con una sonrisa e ir al colegio a pesar de que puedan ser no muy bien acogidos. Su inocencia les anima a acercarse a aquellos que les desprecian, los humillan e, incluso les pegan, para dirigirles unas palabras amables y creer que se las van a devolver sin gestos de burla, y todos podrán ser buenos amigos.

Y, a pesar de todo, cuando regresan a casa cuentan con inmensa alegría lo bien que les ha salido un ejercicio y las felicitaciones que han recibido de sus profesores. Son felices a pesar de que el día de mañana no podrán acceder a una universidad y tendrán que superar un sinfín de dificultades.

He visto muchas veces a mi hermana cuando coge un papel y un lápiz y empieza a escribir, o cuando coge un libro y empieza a leer con la ilusión de ponerse al nivel de sus compañeros. No puedo olvidar tampoco cuando se pone los patines con la ilusión de practicar mis mismas aficiones. Se cae y se levanta sin darse ni una sola vez por vencida. He contemplado la ilusión y la alegría cuando logra superarse a sí misma, y la he visto llorar a causa de aquellas personas que la han tratado mal simplemente por ser como es.

Poco después, dice que no les guarda rencor y que las perdona.

Al igual que mi hermana, hay muchos niños que luchan por superar sus deficiencias físicas y mentales. Son una fuente inagotable de cariño, mil veces más agradecidos que nosotros. Niños que son felices con cualquier cosa, cuyo mayor tesoro es la inocencia. En ningún caso se les puede considerar un estorbo o errores de la naturaleza. Por eso es una pena que no tengan colegios con integración para secundaria y bachillerato.

De tú a tú

27 diciembre 2009 Deja un comentario

La vocación de Ivette Barreto siempre fue la acción social. “En mi Perú natal, desde la adolescencia participaba en los diversos grupos de colaboración que coordinaba el club social de mi pueblo.

Por Cosme Ojeda;JOSÉ R. BARROS

La vocación de Ivette Barreto siempre fue la acción social. “En mi Perú natal, desde la adolescencia participaba en los diversos grupos de colaboración que coordinaba el club social de mi pueblo, donde también echaban una mano mis padres y hermanos”.

Ivette hace memoria hoy, a los 34 años, en las oficinas centrales de Emprendemás, situadas en el madrileño barrio de Puente de Vallecas. “Toda mi familia es oriunda del distrito de Mantaro. Un valle precioso pero muy castigado, primero por el terrorismo y luego por la pobreza”. Ya en Lima, Ivette, mientras trabajaba durante el día, estudiaba empresariales en el turno de noche. Luego, durante los años siguientes estuvo empleada en una importante multinacional de seguros.

Mientras tanto, seguía manteniendo vinculaciones con distintas ONG´s, siempre con la economía social de mercado como denominador común. Tenía independencia económica y un buen puesto de trabajo en la capital, pero Ivette se planteaba nuevos horizontes y, gracias a una beca de la Fundación Carolina, pudo venir a Madrid para cursar un Máster de Acción Política y Participación Ciudadana.

Gracias a una compañera conoció al gerente de una empresa constructora. Le hicieron unas pruebas y la contrataron. Y a raíz de este trabajo, y de su propia experiencia como emigrante, descubrió una necesidad latente en la sociedad española. “Los inmigrantes llegan con muchas ideas, son unos emprendedores natos, por eso están aquí, pero les falta aterrizar sus ideas en contenidos concretos, no disponen de los vínculos con las cosas prácticas que necesitan. La Administración española hace grandes esfuerzos, pero necesitan a alguien más cercano, que le hable de tú a tú”.

Fue entonces, en el año 2008, cuando decidió crear su propio negocio: Emprendemás, una consultoría social y laboral. Aunando sus conocimientos en el mundo empresarial y de la asistencia social creó una empresa con un fin muy particular: ayudar a que los demás encuentren trabajo y, a ser posible, alcancen sus propios sueños.

“Nuestros clientes”, cuenta Ivette, “en su mayoría son inmigrantes, pero también hay algunos españoles. Todos tienen en común las ganas de transformar sus vidas y las de sus familias a mejor. Y necesitan un empuje inicial, porque no suelen disponer de los recursos tecnológicos, económicos o humanos necesarios”.

Mediante talleres, conferencias y seminarios, la empresa quiere fomentar la autoestima y la motivación personal para desarrollar el espíritu emprendedor. Ivette asegura que “el deseo de querer hacer las cosas bien, de ser los mejores trabajando en equipo por un fin común, de mirar los problemas como posibilidades nuevas, es fundamental. Hay que pensar: ¡qué bueno que venga la crisis para ver cuáles son nuestros puntos débiles, desterrar los que no sirven y quedarnos con lo mejor!”.

Otra área de acción es la formulación y gestión de nuevos proyectos, enseñando a encarrilar ideas, a obtener recursos y a gestionar profesionalmente una empresa. Tal y como cuenta Ivette “ellos nos dan la idea y les formulamos el proyecto. Sólo una vez que el proyecto es subvencionado, y no antes, cobramos por nuestros servicios”.

Pero lo más sorprendente de la empresa es el perfil de sus clientes. El setenta por cien son mujeres. Ivette nos explica el porqué: “La mujer no se puede quedar estancada frente a la necesidad de criar y educar a sus hijos. Los hombres son más conservadores, las mujeres más arriesgadas”. Algunas vienen con formación de sus países, otras están aprendiendo algún oficio.

“Y, sin darse cuenta”, asegura Ivette, “muchas acaban siendo empresarias, y me atrevería a decir que empresarias de éxito”.

Incrementa tu colesterol bueno

27 diciembre 2009 3 comentarios

Las investigaciones más recientes demuestran que puedes elevar las concentraciones de “colesterol bueno”, o HDL, si consumes los siguientes alimentos.

Chocolate negro. En un estudio realizado hace poco, los voluntarios que comieron 100 gramos de chocolate negro (con un 70 por ciento de cacao) todos los días, durante una semana, vieron elevarse su HDL en nueve por ciento. Lo malo es que tiene unas 550 calorías, pero el coautor del estudio, el doctor Paul A. Gurbel, del Hospital Sinai de Baltimore, dice que comer cantidades más pequeñas a diario (por ejemplo, 14 gramos), a lo largo de un periodo prolongado, también podría ayudar.

Salmón. El nivel de HDL de los adultos que comieron dos raciones de salmón de alrededor de 115 gramos por semana durante cuatro semanas subió un cuatro por ciento, según un estudio de la Universidad Loma Linda, en California. Otros pescados grasos —la caballa, el arenque y las sardinas— deberían dar resultados similares, dicen los expertos.

Bayas. No tienen que ser frescas, pero sí abundantes. El nivel de HDL de los adultos que comieron cerca de una taza de bayas congeladas al día durante ocho semanas subió un cinco por ciento.

Huevos. De acuerdo con un estudio realizado en Tailandia, los adultos sanos que comieron un huevo todos los días durante 12 semanas incrementaron su HDL hasta en un 48 por ciento. Los huevos son ricos en lecitina, que, según estudios con animales, eleva las concentraciones de HDL.

10 recetas para una vida más larga

27 diciembre 2009 Deja un comentario

Jeanne-Louise Calment tenía 13 años cuando conoció a Vincent van Gogh en 1888 en la tienda de su tío en Arles…

Por Saskia Buitelaar

.. Más tarde, describió al artista como indeseable, grosero y poco atractivo. Esta francesa vio cómo se construía la torre Eiffel, sobrevivió a las dos guerras mundiales y, en 1988, el Libro Guinness de los Récords la reconoció como ‘la persona más longeva del mundo’. Calment tenía entonces 113. Todavía tiene más récords en su haber: en 1990, figuró como la actriz más anciana de la historia en una película sobre Vincent van Gogh; en su 120 cumpleaños, fue declarada oficialmente la persona más vieja del mundo y cuando llegó a los 121, consiguió un récord de hip-hop. Murió el 4 de agosto de 1997: tenía 122 años y 164 días.

Semejante longevidad no está al alcance de muchas personas. En España, la esperanza de vida media entre las mujeres es de 83,48 años, seis años más longevas que los hombres (76,96 años). Pero aunque las estadísticas dicen que las mujeres tienen ventaja, el tener una vida más larga y más sana depende más del individuo, según el médico holandés Joop Stork, de 70 años.

Siempre se pone a sí mismo como ejemplo. Stork come pan integral; bebe sólo pequeñas cantidades de alcohol, es un fanático del tenis y nunca se pone enfermo. Incluso así, lleva gafas, plantillas y tiene un poco de sobrepeso. El doctor sigue su propio consejo y tiene cuidado de no comer demasiado en las cenas con invitados.

Durante más de 40 años como médico, ha examinado a sus pacientes por dentro y por fuera, identificando sus problemas de salud y buscando soluciones. A menudo, son sorprendentemente sencillas. El doctor tiene diez recetas para vivir más años. Desde el predecible “haga más ejercicio y beba menos”, a este consejo: no haga dieta, simplemente coma menos. No es muy complicado, dice Stork. ‘Es una cuestión de saber qué hacer y hacerlo. Con eso podemos añadir años a nuestra vida”.

1 ¡Disfruta!

Asegúrate de vivir la vida a tope, diviértete, sé feliz, ten ambiciones; ese es el primer y más querido consejo del doctor. Cada día que no ríes, estás perdiendo parte de tu “vida”, afirma Stork. No tiene pruebas médicas para respaldar esta teoría, pero después de muchos años de experiencia como asesor en una clínica psiquiátrica, sabe que una mente enferma puede tener un profundo efecto sobre el cuerpo. Ha observado que las personas con problemas mentales se ponen enfermos más rápidamente y no cuidan de sí mismas adecuadamente. ‘Pierden años de vida’.

Las estadísticas muestran también que el matrimonio es bueno para la salud. Las parejas casadas viven más que las personas solteras o las que se han divorciado o enviudado, probablemente porque llevan un estilo de vida más sano. Los hombres casados de más de 50 años, viven de promedio cuatro años más que los solteros de la misma edad, según la Oficina Estadística Holandesa. El matrimonio otorga a las mujeres dos años más de vida.

2. Ejercicio

Si extendiéramos el corazón y los vasos sanguíneos de una persona ocuparían un campo de fútbol. Por lo tanto, no es sorprendente que los médicos quieran mantener saludable este gran órgano. “Así que hay que hacer ejercicio”, recomienda el doctor Stork. Porque en el campo de fútbol donde tenemos al equipo vascular jugando el papel de equipo de factor de riesgo, el papel principal es la obesidad, el capitán del club del factor de riesgo. De acuerdo con esta analogía, Stork explica que si la obesidad estuviera fuera de juego, sus compañeros de juego ya no serían capaces de causar hipertensión, generar colesterol malo y azúcar en sangre.

‘Cuando tenemos sobrepeso, el ejercicio es tan importante como comer menos’, enfatiza el doctor. ‘El ejercicio estimula la circulación sanguínea y eso hace que los vasos sanguíneos se mantengan limpios y saludables. La buena circulación ayuda a evitar que el tejido graso nocivo se adhiera a las paredes de los vasos. Los que llevan una vida sedentaria posiblemente se atascarán’.

Nunca se es demasiado mayor para hacer ejercicio. Tomemos a la francesa Jeanne-Louise Calment, mencionada al principio del artículo, como ejemplo. Jugaba al tenis habitualmente, seguía haciendo esgrima a los 85 años y montó en bicicleta hasta los 100.

3. Padres: asegura a tu hijo una buena nutrición

‘Los padres juegan un papel crucial a la hora de asegurar una larga vida a sus hijos’, afirma Stork. Deben proporcionar a su descendencia una nutrición saludable. Sin caramelos, patatas fritas y hamburguesas, dice el implacable doctor, que ofrece sándwiches de fresas silvestres como aperitivo a sus nietos. ‘Si nos convertimos en obesos siendo niños, nunca podremos deshacernos de sus efectos. Causa un daño irreparable al cuerpo y nos afectará a la salud durante el resto de nuestras vidas’.

La buena nutrición empieza con la latencia materna. Durante años, el Centro Holandés de Nutrición ha recomendado la leche materna como la mejor para los niños porque contiene todos los elementos nutricionales que un niño necesita y lo protege contra la enfermedad y las infecciones. En lo que se refiere a nutrición en general, el doctor Stork da tres recomendaciones para una alimentación saludable para jóvenes y mayores:

  • La mitad de la alimentación debería consistir en carbohidratos que proporcionen la energía suficiente.
  • Come de 60 a 80 gramos de proteína, los cimientos del cuerpo. Según la Fundación Española de Nutrición, en un estudio del menú medio consumido por los españoles tanto dentro como fuera del hogar el porcentaje de proteínas a la energía total se ajustó a lo deseado.
  • Asegúrate de que la mayoría de las grasas que ingieras sean ácidos grasos poliinsaturados para evitar que la grasa se acumule en los vasos sanguíneos. Entre las grasas saludables se incluyen las que contiene el aceite de pescado, de oliva y la margarina. Con el fin de digerir todo esto adecuadamente, necesitamos suficiente fibra, verduras y fruta.

Stork: ‘Vigilo mi dieta todos los días: no tomo azúcar con el té, ni mantequilla con la tostada y sólo bebo pequeñas cantidades de alcohol’.

4. Vete a vivir fuera de la ciudad

Es definitivamente mejor para las vías bronquiales, el corazón y los vasos sanguíneos. Las partículas finas invaden nuestro cuerpo, en primer lugar a través del dióxido de nitrógeno proveniente de las emisiones del tráfico, y de la industria. Lógicamente la exposición es mayor en las ciudades y pueblos que en el campo.

Si alguno de los estudios americanos sobre la exposición a largo plazo se aplica a cualquier gran ciudad, se puede reducir un año la duración de nuestras vidas a causa del agravamiento de los trastornos bronquiales y de las enfermedades coronarias y vasculares. En los países industrializados, miles de personas, la mayoría gente mayor, muere cada año, días o incluso meses antes de lo que deberían debido a la exposición a corto plazo a las partículas finas.

El doctor Stork, urbanita y amante de la ciudad de Ámsterdam, no podría dar un paso así. ‘Pero si tenemos problemas respiratorios, sería una idea excelente mudarnos a zonas con aire puro. Los médicos han recomendado esto durante años’.

5. No dejes de aprender

¿Seguir aprendiendo y mantenernos en forma? Realmente, parece que esa es la cuestión. Una investigación llevada a cabo por la Oficina Holandesa Central de Estadística (CBS) sugiere que la gente con un mayor nivel de educación vive seis o siete años más que la gente con menos formación. Las clases socioeconómicas más bajas a menudo fuman más, siguen una dieta de alimentación menos sana y suelen tener trabajos que implican una actividad física dura.

En parte se debe al desconocimiento sobre alimentación sana y sobre nuestro propio cuerpo. Según Stork, ‘la gente va al médico cuando tiene un catarro, pero no es capaz de decir, porque no lo sabe, en qué parte del cuerpo está el hígado o el bazo. La educación debería dar más importancia a este aspecto’.

Tener más estudios también presupone posibilidades de obtener mayores ingresos. Aunque en España todo el mundo tiene derecho al mismo sistema sanitario, si tienes dinero tienes más posibilidades de elección. Por ejemplo, podemos volar a Boston a por una nueva válvula para el corazón, mientras que si no lo tenemos, pasamos a formar parte de una larga lista de espera en la Sanidad Pública.

6. No te pongas a dieta, simplemente come menos

Los que comen menos, viven más. El proceso de envejecimiento de los peces, roedores y perros a los que se les impone una dieta baja en calorías parece ralentizarse. Una investigación llevada a cabo por la Universidad de California en 2004 sugería que los ratones a los que se alimentaba menos estaban más sanos, tenían menos probabilidad de desarrollar cáncer y vivían un 42 por ciento más.

Es todo una cuestión de equilibrio: comer lo suficiente para proporcionar la energía que necesitamos. Generalmente no conseguimos hacer eso. En términos generales, comemos demasiado y la mayor parte es más de lo que necesitamos, recalca el doctor Stork. ‘Comida rápida, aperitivos, dulces, refrescos, todo ello supone calorías inútiles de las que debemos deshacernos’.

Ni creas que las dietas y los consejos dietéticos pueden ayudar. Todos inútiles, según el doctor. Para perder peso, debemos comer menos y hacer más ejercicio; para llevar una vida sana debemos seguir una dieta sana. Las dietas, los gurús, las pastillas y las inyecciones no sirven de nada. Más aún, lo que hoy se considera saludable, mañana se considerará perjudicial. ‘Tomemos por ejemplo, los antioxidantes que luchan contra el cáncer pero, a su vez, lo activan. Y la cafeína: ¿sí o no? El pescado es bueno, ¡pero también estamos ingiriendo mercurio carcinogénico del mar! Nos volveremos locos en vez de saludables’.

7. No fumes

Fumar es malo para los pulmones y el corazón y debería desaconsejarse fervientemente, afirma Stork. Por otro lado, se ha observado que los fumadores tienden menos a estar deprimidos, están menos estresados y por lo tanto, causan menos accidentes de tráfico. Así es como justifica que fuma seis puros al día. ‘Me ayudan a relajarme y añaden calidad a la vida’.

Pero la realidad es que el humo del tabaco contiene alrededor de cuarenta agentes químicos carcinogénicos. Cada año mueren en España 18.000 españoles por la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), lo que la convierte en la primera causa de muerte evitable en España y la única patología relacionada con el tabaco cuya mortalidad sigue aumentando.

Los fumadores tienen más probabilidades de desarrollar otras enfermedades, como trastornos oculares, la enfermedad de Crohn, Alzheimer, artritis reumatoide y varios tipos de cáncer. Las mujeres embarazadas que fuman aumentan la probabilidad de que se produzcan abortos, nacimientos prematuros, muerte súbita y niños con problemas de salud o malformaciones congénitas.

A pesar de que se inhala menos, el humo de los puros es aún más dañino que el de los cigarrillos. Contiene más alquitrán, monóxido de carbono y amoniaco.

8. Bebe menos alcohol

‘Un médico recomendará la misma cantidad de alcohol que él o ella beba’. El alcohol es un tema engañoso, reconoce el doctor Stork, porque tiene tanto efectos positivos como negativos. Veamos la reciente investigación llevada a cabo por la Universidad Wageningen y el RIVM: los que beben vino con estricta moderación viven de media cinco años más que los abstemios. Sus estilos de vida muestran una correlación con un menor riesgo de morir de enfermedades cardiovasculares y de infarto, por ejemplo.

El alcohol aumenta la cantidad de colesterol HDL que limpia los vasos sanguíneos, explica el doctor Stork, eliminando los residuos de las paredes vasculares’. Y el vino tinto contiene antioxidantes inhibidores de cáncer. Pero la teoría de que es bueno tomar dos copas de vino tinto al día ‘nunca se ha demostrado’. Stork promueve fervientemente la moderación e incluso la abstinencia para las personas con trastornos hepáticos, porque el alcohol daña el hígado.

El Instituto Trimbos, centro científico holandés para la asistencia y tratamiento de drogadictos, cita incluso más motivos para que aquellos que quieren vivir más años y con una vida más sana moderen el consumo de alcohol. Su consumo excesivo puede causar daños en las paredes estomacales, el hígado y el cerebro. También aumenta la posibilidad de accidentes de tráfico. Los bebedores asiduos corren el riesgo de contraer enfermedades hepáticas y varios tipos de cánceres, incluyendo los de boca, garganta, esófago, hígado e intestino.

9. Ve al médico

Es la mejor forma de vivir muchos años: escucha a tu cuerpo y deja que el médico vigile tus zonas más vulnerables de forma habitual. Si sabes que tienes la tensión alta o colesterol, adapta tu estilo de vida para evitar posibles problemas. ‘La medicina puede ayudar con la diabetes, la hipertensión y el colesterol. Pero la gente a menudo no sabe en qué estado se encuentra’, asegura Stork.

En España hay cerca de 3,5 millones de diabéticos, de los cuales, casi un millón están sin diagnosticar. Sin supervisión médica, sus sistemas vasculares se deteriorarán rápidamente, recuerda Stork. ‘La diabetes no tratada puede reducir en diez años nuestras vidas. Y puede acabar repentinamente con ellas como consecuencia de un ataque al corazón’.

En su opinión, todos deberíamos pasar por la consulta del médico al menos una vez al año y nos deberíamos aprender de memoria los consejos nutricionales. También se debe aplicar a la gente joven, porque lo que se aprende en la cuna, se lleva hasta la tumba. Afortunadamente, las cosas parecen estar mejorando a este respecto. ‘Cuando empezamos a ver esas imágenes de obesos americanos y captamos el mensaje, comenzamos a cambiar nuestro estilo de vida, consiguiendo una reducción significativa de la tasa de muertes por enfermedades vasculares y coronarias’.

Desde 2008, las enfermedades coronarias y vasculares ya no son la primera causa de mortalidad. El cáncer ocupa ahora el primer lugar.

10. Sé prudente con los medicamentos

No seamos ansiosos a la hora de tomar pastillas y seamos particularmente prudentes a la hora de tomar esos analgésicos aparentemente inofensivos, advierte el doctor Stork. Sólo porque puedan comprarse en las farmacias sin receta o incluso en las parafarmacias, no significa que las podamos tomar sin control. Stork, cofundador de la Fundación Holandesa del Riñón, es consciente de que el uso persistente de analgésicos sin receta puede jugar un papel importante en los problemas renales, así como daños en el hígado y hemorragias gástricas. ‘Tenemos que leer el prospecto para ver qué tipos de efectos secundarios desagradables pueden tener ciertas medicinas, aunque una simple pastilla analgésica no puede hacer daño, tranquiliza el doctor. ‘Hasta ahora, no se conoce ningún efecto secundario del Paracetamol, pero tampoco es muy efectivo’.

Su última recomendación es que aquellos que quieran vivir más años no deben obsesionarse con ello. Si intentamos cumplir todas las normas para llevar una vida más sana, enloqueceremos. Tomemos todos los datos científicos sobre lo que es sano y lo que no lo es con una pizca de sal, dice Stork, ya que se puede demostrar lo que quieras con estadísticas.

Durante un congreso médico en Nueva York, descubrió que sus pacientes vivían dos años y medio más que los pacientes de un colega que sólo aceptaba a no fumadores en su consulta. ‘Cien médicos estuvimos hablando durante una hora sobre si el tabaco podía alargar la vida o no’. ¿Cuál fue la conclusión? ‘Tenemos fraude, tenemos engaño y tenemos estadísticas. La última es la peor de todas’.

Fui del Opus Dei y lo dejé

26 diciembre 2009 3 comentarios

Fui del Opus Dei y lo dejé: estoy agradecid@

Soy del Opus Dei y cuento mi experiencia

La inmensa mayoría de la gente que ha dejado el Opus Dei, al menos los que yo conozco -que no son pocos-, están agradecidos. Os recomiendo dos testimonios de personas ex Opus Dei:

El primero del canal de vídeos de Opus Dei al día:

Y el segundo escrito, tomado del blog de un amigo:

Hola amigo. No sabía si aburrirte con una historia personal más. Pero he decidido escribirte para que seas tu quien decida si te interesa leerlo o no.

He estado vinculado a la Obra desde pequeño. Vi mi vocación de adolescente. No sin esfuerzos fui (numerario) durante unos pocos años, hasta que el ritmo de vida debilitó mis fuerzas y tras enfermar, concluí que lo único que podía hacer era dejarlo. Estoy tremendamente agradecido a Dios y a la Obra por todo lo aprendido y “lo crecido” en tantos años maravillosos.

He procurado seguir conservando mis amistades con gente de la Obra y con cierta frecuencia acudo a recibir atención espiritual con un sacerdote del centro donde vivía.

Conocí a la que ahora es mi novia en largas charlas nocturnas sobre qué es el Opus Dei. Por diversos motivos ella quería saber cosas de la Obra pues tenía un amigo supernumerario y ella no conocía nada (nada bueno, ni nada cierto) del Opues Dei. Cuando mi novia decidió acudir a un centro de la Obra terminó mi misión informativa sobre el Opus Dei.

Desde este año mi novia es supernumeraria y yo estoy felíz porque tengo la impresión de que el Señor lo tenía todo previsto y en cierto modo me siento utilizado como intrumento de Dios en toda esta historia. He tratado de averiguar más de una vez si Nuestro Padre había dejado escrito algo dirigido a los que abandonamos la Obra. Sin éxito. He preguntado quizá no lo suficiente o no en el sitio adecuado… sin éxito.

Y al encontrarme con tu blog he encontrado la respuesta a muchas cosas que andaba buscando. Sólo quiero rogarte que continues con esta importantísima ciberlabor -mucho más de lo que imagines- con la que estás ayudando a miles de almas. Rezo por ti y te pido que lo hagas tu también por mí. Mi cariño y admiración. No tengo ningún interés en que publiques mi mensaje, salvo que tu lo consideres oportuno. Un fuerte abrazo.

Categorías:Mundo, Opus Dei, Testimonios

Una historia

26 diciembre 2009 Deja un comentario

Hola amigo. No sabía si aburrirte con una historia personal más. Pero he decidido escribirte para que seas tu quien decida si te interesa leerlo o no.

He estado vinculado a la Obra desde pequeño. Vi mi vocación de adolescente. No sin esfuerzos fui (numerario) durante unos pocos años, hasta que el ritmo de vida debilitó mis fuerzas y tras enfermar, concluí que lo único que podía hacer era dejarlo. Estoy tremendamente agradecido a Dios y a la Obra por todo lo aprendido y “lo crecido” en tantos años maravillosos.

He procurado seguir conservando mis amistades con gente de la Obra y con cierta frecuencia acudo a recibir atención espiritual con un sacerdote del centro donde vivía.

Conocí a la que ahora es mi novia en largas charlas nocturnas sobre qué es el Opus Dei. Por diversos motivos ella quería saber cosas de la Obra pues tenía un amigo supernumerario y ella no conocía nada (nada bueno, ni nada cierto) del Opues Dei. Cuando mi novia decidió acudir a un centro de la Obra terminó mi misión informativa sobre el Opus Dei.

Desde este año mi novia es supernumeraria y yo estoy felíz porque tengo la impresión de que el Señor lo tenía todo previsto y en cierto modo me siento utilizado como intrumento de Dios en toda esta historia. He tratado de averiguar más de una vez si Nuestro Padre había dejado escrito algo dirigido a los que abandonamos la Obra. Sin éxito. He preguntado quizá no lo suficiente o no en el sitio adecuado… sin éxito.

Y al encontrarme con tu blog he encontrado la respuesta a muchas cosas que andaba buscando. Sólo quiero rogarte que continues con esta importantísima ciberlabor -mucho más de lo que imagines- con la que estás ayudando a miles de almas. Rezo por ti y te pido que lo hagas tu también por mí. Mi cariño y admiración. No tengo ningún interés en que publiques mi mensaje, salvo que tu lo consideres oportuno. Un fuerte abrazo.

Perdona, pero claro que tengo interés en publicar esto tan bonito, que para nada es aburrido. Además, conozco casos similares. Dios tiene sus caminos. Enhorabuena.

Categorías:Mundo, Opus Dei, Testimonios

Milagros de la vida real

24 diciembre 2009 Deja un comentario

Deseos que se hacen realidad o repentinas recompensas; estas historias te harán volver a creer en el ser humano.

Por Gary Sledge y Natalia Alonso

El regalo de una niña

Un domingo por la tarde en diciembre pasado, Ann Sutton estaba supervisando a un esforzado grupo de cocineros en su cocina. Su hijo Mickey sacaba una bandeja de pasteles. Su hija JaKeilla y su novio, Frank, metían y sacaban galletas del horno. En medio de todos estaba su hija pequeña, Kinzie, un torbellino de siete años que no paraba de mordisquear galletas y de lanzar instrucciones desde la mesa cubierta con manteles individuales verdes y rojos.

Con una madre asistente social y un padre asistente juvenil, sus hijos habían heredado de sus padres el compromiso de servicio y sabían que no debían dar por sentado nunca su buena suerte en Navidad. La renta media por hogar en el pueblo de Kentucky (Estados Unidos) donde vivían era baja, y la conversación en las cenas familiares solía girar en torno a familias vecinas necesitadas. Muchos de los clientes de Ann habían perdido su trabajo cuando la industria de casas flotantes de la zona se hundió. Muchos otros no se habían recuperado del revés de la industria minera.

Como sabía cuánto les gustaban a sus hijos los regalos de Navidad, Ann siempre intentaba buscar ayuda para una o dos de las familias necesitadas. Este año, Kinzie estaba feliz de que Papa Noel fuera a hacer una visita especial a una madre de 22 años llamada Ashley, quien trabajaba en una fábrica y se hacía cargo sola de su bebé de 12 meses, Evan y, de su hermano de 12 años, Kenny.

A media tarde de ese alegre domingo, sonó el teléfono. Un representante de una organización local llamaba para decir que la ayuda que Ann había solicitado para Ashley no había podido ser atendida. No habría Papa Noel, ni regalos; nada. Ann vio la alegría desvanecerse de los rostros de sus hijos con la noticia. La verborrea de Kinzie se apagó. Sin decir palabra, se bajó de la silla deslizándose y se fue corriendo a su cuarto. En la silenciosa cocina, dejó de respirarse un ambiente navideño.

Kinzie volvió con una expresión llena de determinación. Había abierto su hucha y estaba contando las monedas y los billetes de dólar arrugados, uno por uno, sobre la mesa de la cocina: 3,30 (unos 2,25 euros). Todo lo que tenía. “Mamá”, le dijo a Ann, “Sé que no es mucho. Pero a lo mejor, con esto podemos comprar un regalo al bebé”.

En ese momento, todos se pusieron a rebuscar en sus bolsillos y monederos. Mickey y Frank reunieron billetes de poca cuantía y puñados de monedas. JaKeilla se fue corriendo a su cuarto y vació su hucha con forma de Mago de Hoz. Aumentar la cantidad de Kinzie se convirtió en un juego y todo el mundo empezó a buscar monedas. Los gritos de alegría de Kinzie llenaron toda la casa.

Según se acumulaba el dinero sobre la mesa de la cocina, Frank empezó a guardar las monedas en sobres de papel. Cuando acabó la búsqueda, tenían una montaña de billetes y una pila ordenada de monedas. En total: 130 dólares (unos 88 euros).

Al día siguiente, en el desayuno, Ann contó a sus compañeros de trabajo el último proyecto de su hija. Para su sorpresa, los miembros del personal empezaron a abrir sus monederos y a vaciar sus bolsillos para añadir más dinero a la iniciativa de Kinzie. La generosidad era contagiosa. A lo largo del día, los colegas de Ann fueron dejando contribuciones. Cada vez que llegaba un poco de dinero, Ann llamaba a casa. Y con cada noticia de su madre, Kinzie gritaba por el teléfono y se ponía a bailar de alegría como una loca.

Al final del día, la historia del regalo de Kinzie se extendió más allá de la oficina de Ann. Recibió una llamada de un donante anónimo. Si una niña de siete años podía dar todo lo que tenía, dijo, él podría al menos multiplicar esa cantidad por 100. Contribuyó con 300 dólares (algo más de 200 euros). Por tanto, en total habían reunido 500 dólares (340 euros), suficiente para celebrar la Navidad de tres personas.

Esa tarde, Kinzie fue con su madre y con su hermana a gastar el dinero. Compraron pantalones, camisas, pijamas y cosas básicas para la casa. Compraron también un par de botas bonitas para un niño de 12 años, una bufanda para Ashley y montones de juguetes para el bebé. Incluso tuvieron bastante para comprar comida para la cena de Navidad.

El día de Nochebuena, Ann condujo bajo una intensa lluvia hasta la pequeña caravana donde vivía la familia, y puso la parte trasera de su coche mirando a la puerta. Cuando Ashley la abrió, se encontró a Ann bajo el paraguas y escuchó sorprendida cómo le felicitaba las Navidades. Después, empezó a descargar los regalos del coche, dándoselos a Ashley uno por uno.

Ashley empezó a reírse sin poder creerlo, pero los regalos seguían llegando. Ann dejó el paraguas y Ashley se le unió bajo la lluvia, pasándole los regalos a Kenny. “Por favor, ¿los puedo abrir esta noche?”, imploró. Al poco tiempo, las dos mujeres estaban caladas hasta los huesos, y la sorpresa había dado paso a algo más profundo, un tipo de alegría que casi las hizo llorar.

Al reflexionar sobre la generosidad de la niña pequeña, Ashley dijo que esperaba que algún día ella pudiera hacer algo parecido por alguien más necesitado. “Kinzie podía haber usado ese dinero para sí misma, pero lo regaló”, dijo Ashley. “Es el tipo de niño en el que me gustaría que se convirtiera mi hijo”.

La mujer del autobús 64

Volvía de visitar el museo de Pedralbes, en Barcelona, un día del pasado mes de enero. Voluntaria de un grupo de jubilados, Montse Ventura regresaba junto a su grupo en el autobús 64 sin dejar de hablar.

Una mujer no le quitaba ojo, hasta que se le acercó y le pidió hablar con ella aparte. La mujer se disculpó por la intromisión y le dijo que la había estado observando y le recomendaba hacerse una analítica. Sacó un papel y anotó dos cosas, tras decirle que aún estaba a tiempo. La desconocida le contó que había tenido dos casos en su consulta con los mismos signos que Montse: labio inferior, nariz, manos, pies…

Montse estaba tan sorprendida que no le preguntó su nombre y la desconocida se bajó en la siguiente parada.

Cuando esta mujer de 55 años, ex maestra, viuda y madre de dos hijas acudió un mes después a una revisión ginecológica, pidió que le incluyeran las dos analíticas que la desconocida le había anotado en el papel. La revisión estaba bien, excepto los dos valores pedidos por la desconocida.

Una resonancia magnética localizó un pequeño tumor de 7 milímetros en una glándula, una zona repleta de nervios y cercana a la carótida. Le recomendaron operarse cuanto antes, ya que podía sufrir una hemorragia en el cerebro o ceguera.

Montse tenía dudas, porque su hija menor se casaba en septiembre y la operación se iba a realizar en junio. Pero finalmente decidió operarse, y todo salió bien. Montse pudo acudir a la boda de su hija.

El pasado mes de octubre, Montse envió una carta al periódico La Vanguardia, con el fin de encontrar a su particular ángel de la guarda y poder darle las gracias.

Pocas horas después, dio con la mujer que probablemente le salvó la vida. Se trata de una endocrinóloga de Barcelona, Maria Gloria P.B, de 60 años, quien se mostró bastante sorprendida por el revuelo causado.

Esta experta vio claro en Montse los signos de acromegalia, una rara enfermedad que causa la presencia de un tumor en la hipófisis, lo que genera una fabricación excesiva de la hormona del crecimiento, y en consecuencia, el agrandamiento exagerado de tejidos, como nariz, labio inferior, cejas, manos, pies…

Por fin las dos mujeres pudieron hablar por teléfono. Y tienen pensado quedar a tomarse un café cuando pasen unos días.

La pizarra mágica

Gary Cotter era un tipo grande y fuerte que se ganaba la vida como pintor industrial. Le encantaban los coches antiguos, la música irlandesa y contar historias a sus amigos después del trabajo en el Omega, un vagón restaurante abierto las 24 horas. Pero lo que más quería en el mundo era a sus hijos, sus nietos, y a Gail, su mujer desde hacía 37 años.

También le encantaban las Navidades. Todos los años era él quien elegía el árbol, ponía los adornos y colgaba las tarjetas por todo el salón de su casa en Wisconsin (Estados Unidos). Cariñoso y vivaracho, para su familia, Gary lo era todo.

En 2006, le diagnosticaron un cáncer de boca. El día de Acción de Gracias de 2007, estaba en las últimas. Su familia lo trasladó desde el hospital para que recibiera asistencia terminal en su propia casa. Sin embargo, como no podía soportar marcharse en la época del año que significaba tanto para su familia, aguantó hasta Navidad.

Fue su mujer quien se tragó su propia angustia el 18 de diciembre y dio permiso a su marido para que los dejara. Cogió la mano de Gary y le dijo “De acuerdo, puedes irte”.

Cuando Gary dejó de respirar, Gail llamó a su hija, Michelle, que vivía al otro lado de la ciudad. “Papá se ha ido”, dijo. Michelle fue junto a su madre. Mientras conducía a casa de sus padres, puso la radio y escuchó “Estaré en casa por Navidad”. Cada vez que ponía la radio durante la semana siguiente, oía la misma canción y le reconfortaba. Pero Gail estaba rota de dolor.

En abril, se fue con Michelle, su marido y sus hijas, de tres y un año. Y sin apenas darse cuenta, llegó la Navidad de nuevo, y con ella, el aniversario de la muerte de su marido. Las vacaciones se habían vuelto tristes para ella. Echaba de menos su compañía, su voz, la forma en que llenaba la habitación, la forma en que llenaba sus vidas.

Preocupada por la continua tristeza de su madre, Michelle planeaba salidas con ella. Una tarde, sugirió que fueran de compras a una tienda en la que a su padre le gustaba buscar gangas.

Para Gary, un viaje a esa tienda en Navidad era como ir a la Caza del Tesoro, con sorpresas en cada rincón, destinadas a todos sus seres queridos. Mientras madre e hija entraban en el aparcamiento, Gail, consciente de la preocupación de Michelle intentó poner cara de alegría. Sabía que sus nietas estaban impacientes por las sorpresas que siempre aparecían el día de Navidad.

Pero sin Gary, comprar en esa tienda de chollos era una tristeza. Dentro de la tienda, se dividieron las dos para buscar entre las mesas y repisas regalos para las niñas. Gail vagabundeaba apáticamente por la parte trasera de la tienda, cuando vio una pila de pizarras mágicas, unas tablillas en las que los niños pueden dibujar cualquier cosa y borrarlo pulsando un botón. Gail cogió una de las pizarras para probarla y vio algo escrito en ella. Le dio la vuelta a la pantalla para ver qué ponía. De repente, se quedó helada. En letras mayúsculas en negrita, el mensaje decía “Te quiero Gail.” Gail llamó a gritos a su hija: “Ven aquí, rápido.”

Michelle estaba unos cuantos pasillos más allá, mirando los muebles de una casa de muñecas. “¿Qué pasa? Dime, mamá”, dijo. Gail volvió a gritar. Esta vez, Michelle se dio cuenta de la urgencia con que la llamaba su madre. Corrió a su lado.

Gail sujetaba la pizarra con manos temblorosas. “¿Has escrito esto?”, le preguntó a su hija. Michelle negó con la cabeza. La escritura no se parecía a la de Gary. Gail es un nombre bastante común. Cualquiera que pasara podía haber escrito las palabras por cualquier motivo y en cualquier momento: un adolescente bromeando con su novia, un marido disculpándose con su mujer, un padre demostrando su cariño a su hija. Pero Gail sabía para quien iba el mensaje.

“Dios mío,” dijo. “Papá me ha dejado una señal”.

Gail compró la pizarra y le dijo a la dependienta de la caja que no borrara el mensaje. Ella y su hija se llevaron el juego a casa. Gail lo puso en su habitación, fuera del alcance de las niñas, ya que un pequeño toque y el mensaje se borraría para siempre. Un año después, sigue ahí: una promesa de todas las navidades futuras.

Gail es una mujer práctica. Ni ella ni su hija se dejan llevar fácilmente por el misticismo o por bendiciones divinas baratas. Pero Gail cree que en el momento más solitario de su vida, alguien puso una sorpresa y un tesoro, un mensaje de amor “para que yo lo encontrara”.

Todos los niños saben que las Navidades son una época de sorpresas. Y todos los adultos saben que, escondida entre la tristeza y la alegría, entre los disgustos y las pérdidas, entre los saldos y los lotes de rebajas, la mejor sorpresa es el amor.

El afortunado hombre de Auschwitz

24 diciembre 2009 Deja un comentario

Kazimierz Piechowski, el único superviviente vivo de la arriesgada fuga protagonizada por cuatro prisioneros del…

Por Malgorzata Szyskzo-Kondej

…campo de concentración nazi, se reúne con gente joven de todo el mundo para que puedan heredar los recuerdos de esos acontecimientos y sean capaces de distinguir entre la historia y el odio. Kazimierz viaja continuamente y no para de hacer nuevos planes porque “un scout siempre mira hacia delante”

En el tren polaco de Cracovia a Katowice, Kazimierz Piechowski se sienta junto a una ventanilla. Se ven pasar vastos campos y prados exuberantes donde pasta el ganado. Es una escena tranquila e idílica. Pero él no ve la vegetación ni el sol, sino sólo el infierno que les ha estado describiendo a los jóvenes. Auschwitz. Pilas de cadáveres desnudos, el ladrido de los perros, el hambre atroz, el frío terrible y la desesperación. Siente las patadas de los guardias de las SS y el miedo opresivo que le agarrotaba la garganta durante su huida del campo, con la vida y la muerte pendiente de una balanza. ¿Cómo fue posible sobrevivir a esa pesadilla? Sus jóvenes oyentes lo miraban incrédulos. Una de las alumnas sacó un pañuelo y se limpió las lágrimas.

El sonido del móvil le saca de esos terribles recuerdos. Es su mujer, Iga.

“Kaz, he estado estudiando las guías. Parece que en Sudamérica podríamos empezar por…” Vuelve a la realidad.

“El destino ha jugado conmigo, porque me ofrece ahora lo que debería haber tenido en mi juventud, la pasión por viajar. Pero cualquier momento es bueno para cumplir nuestros sueños. Antes de la guerra, era boy scout. Y un scout siempre mira hacia delante”, sonríe Kazimierz Piechowski, que celebró su nonagésimo cumpleaños el 3 de octubre.

La vida de Kazimierz Piechowski podría servir de argumento a un bestseller internacional y él mismo podría ser el héroe de una película de acción. Fue testigo del genocidio perpetrado en los campos de concentración de la Alemania nazi y protagonista de una fuga arriesgada y exitosa de Auschwitz y, tras la guerra, fue recluso en una prisión estalinista. Finalmente trabajó como ingeniero en los Astilleros de Gdansk, donde nació el movimiento sindical polaco Solidaridad. Su historia está estrechamente vinculada al dramático destino de muchos polacos.

Durante más de medio siglo, permaneció callado. Vivió enterrado en un pasado en el que no permitía que nadie indagara. Hizo de la vida del prisionero 918 un tema tabú. No fue hasta los 80 años, cuando comprendió que no debía guardarse para sí mismo la verdad sobre Auschwitz. Se lo debía a quienes habían sido asesinados y a los que en la actualidad no saben nada de la capacidad humana para la crueldad. “No te salvaste sólo para vivir, te queda poco tiempo y debes llevar el testimonio”, fue el mensaje que leyó en los escritos del poeta Zbigniew Herbert.

Y por eso, 60 años después, rompió su silencio. Actualmente viaja, da conferencias y escribe libros. Está haciendo realidad su sueño: dar la vuelta al mundo con su mujer.

El estallido de la guerra

Ciudad de Tczew, 1 de septiembre de 1939. Kazik se despierta con las explosiones de las bombas. Los aviones alemanes están bombardeando el puente de la ciudad que atraviesa el Vístula. Las divisiones del Ejército alemán entran en la ciudad con un plan diabólico. Exterminar a los intelectuales polacos, a los patriotas y activistas, en una palabra, a todo el que pueda oponer resistencia a la invasión.

“Los nazis también consideraban peligrosos a los scouts ”, comenta 70 años después Kazimierz Piechowski, quien entonces pertenecía a la Unión de Scouts Polacos o ZHP. “Todos los días, ejecutaban a niños de mi grupo en el paredón. Yo sabía que antes o después la Gestapo vendría a buscarme también a mí”. Por ese motivo, persuadió a Alek Kiprowski, otro boy scout, para que se uniera a él en su huida a Francia, a través de Hungría, para unirse allí al Ejército libre polaco.

Era noviembre. Durante doce días aproximadamente habían estado viajando, avanzando hacia las montañas de Bieszczady. En bicicleta, tren o a pie. Cuando estaban a 1,5 kilómetros aproximadamente de la frontera con Hungría, fueron apresados por los alemanes que los condujeron al cuartel general de la Gestapo en Baligród. Los torturaron durante 5 días. “Después de uno de los interrogatorios, Alek tenía la cabeza como una masa de heridas sangrantes”. Lo siguiente fue una temporada en la prisión de Sanok, después en Montelupi en Cracovia, más tarde fueron trasladados a Bochnia y después a Nowy WiÊnicz… Todas las cárceles estaban abarrotadas, sucias y la gente se moría de hambre. Ellos estaban a la espera de la pena de muerte.

“Pero la Gestapo nos tenía reservado algo mejor que la ejecución”, recuerda Kazimierz Piechowski con sarcasmo.

Número 918

En la estación de Bochnia había vagones para ganado. Las fuerzas alemanas metieron en ellos a 1.500 hombres.

“Ninguno de nosotros sabíamos dónde nos llevaban ni para qué”, recuerda Kazimierz.

El 20 de junio de 1940, el tren horriblemente abarrotado se detuvo. Los oficiales de las SS estaban de pie en el andén.

“¡Schnell!”, gritaron, expulsando a la gente de los vagones.

Piechowski, de 20 años, corrió al igual que los otros, instados por los golpes con palos y las órdenes a gritos. La palabra “Auschwitz” corrió de un prisionero a otro. Pero ninguno asociaba el nombre a algo conocido.

Era el segundo grupo que llegaba a Auschwitz y tres cuartas partes de los deportados eran boy scouts polacos. Sólo había tres barracas en el inmenso terreno. Eran los comienzos de Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio de la Alemania nazi más grande del mundo. Dos años después, albergaría más de 250 barracones, cámaras de gas, crematorios y 200.000 prisioneros. Una fábrica de muertos.

Kazimierz Piechowski tuvo que trabajar en la construcción de los primeros barracones y del primer crematorio con sus dos hornos.

“Desde el momento que atravesé la puerta, con la cínica inscripción Arbeit macht frei (“El trabajo nos hace libres”) dejé de ser un ser humano para convertirme en el número 918 sin nombre ni apellidos, con menos importancia que un trozo de tierra”.

Cada “número” tenía derecho a un lugar en una litera de madera de tres pisos, compartida en cada piso con otro prisionero, un cuenco de latón para comer, lavarse y orinar y una cuarta parte de una hogaza de pan negro y un cazo de sopa aguada que representaba la ración para todo el día. Los reclusos eran expuestos a trabajos extenuantes e inhumanos al aire libre, en el fango, bajo la lluvia, el hielo o el calor infernal. El hambre eterna y obsesiva que taladraba el cerebro acababa con todos los sentimientos o la capacidad de pensar. Y después estaba la muerte, al acecho en todas partes. En las cámaras de gas y en la gravera, donde ejecutaban a la gente con un escuadrón de fusilamiento, durante el trabajo, por la noche en los barracones y mientras pasaban lista.

“Todos los prisioneros iban por ahí con la muerte sobre sus espaldas y a veces bastante literalmente”, recuerda. “Lo que quiero decir es que los vivos tenían que llevar a sus compañeros de trabajo muertos sobre las espaldas y dejarlos en el suelo porque el número de reclusos presentes tenía que coincidir cada vez que pasaban lista”.

Pero todavía no había conocido el infierno. Para Kazimierz Piechowski fue tener que retirar los cadáveres del paredón.

Los guardias de las SS arrastraban a los hombres desnudos y esqueléticos desde los sótanos de los bloques de exterminio y los colocaban contra el paredón. El Sargento Mayor de las SS Gerhard Palitzsch les disparaba en la nuca, y cuando el montón de cadáveres era demasiado alto, gritaba: “¡Abran la puerta!”.

Kazik y sus compañeros de trabajo estaban esperando al otro lado de la puerta con una carretilla de mano y al oír la señal tenían que entrar corriendo, cargar los cadáveres y transportarlos al crematorio.

“Yo cogía los cadáveres por los brazos, mi compañero por las piernas, y lo hacíamos con bastante habilidad, pero ese asesino continuaba ladrando para que nos diéramos prisa, gritando, dándonos patadas y golpeándonos con la culata de su pistola… Era capaz de “segar” la vida de 500 hombres al día. Nuestra carretilla chorreaba sangre. Trabajé así durante 6 semanas. Si hubiera durado más, creo que con toda seguridad, me habría vuelto loco”.

La huida

¿Es posible escapar de un recinto infernal rodeado por 4 filas de vallas electrificadas, vigilado día y noche por guardias armados y perros? ¿Especialmente cuando uno está desmayado de hambre y simplemente vegeta sin esperanza?

Hasta entonces, aunque se habían intentado algunas huidas de Auschwitz, siempre habían terminado con el fugitivo colgando de la horca y provocando la risa burlona de las SS.

Sin embargo, Kazik decidió arriesgarse. Planeó una huida atrevida junto a un ucraniano, Gienek Bendera. Durante varias semanas, estudiaron todas las situaciones hipotéticas. Gienek, excelente mecánico, cuyo trabajo en el campo era reparar los vehículos de los alemanes, se encargaría de asegurar un coche. Kazik, que en su ciudad de residencia polaco-germana de Tczew había aprendido a hablar la lengua de Goethe con la misma soltura que la suya propia, empezó a trabajar en uno de los almacenes y por tanto podría conseguir los uniformes de las SS. El destacamento de trabajo debía estar formado por cuatro hombres, por tanto incluyeron a Staszek Jaster y Józek Lempart, un cura de Wadowice, en el plan.

El sábado 20 de junio de 1942, el destacamento de trabajo, empujando un carrito cargado de basura, se presentó en la puerta. Un guardia registró su existencia en el libro mayor del campo. Gienek fue a los garajes de las SS, donde le esperaba un Steyer 220 propiedad del subcomandante del campo con la matrícula de las SS y el depósito lleno de gasolina. Los tres fugitivos restantes entraron en el almacén a través de la trampilla cuyos tornillos había aflojado Kazik con anterioridad. Se pusieron los uniformes.

Gienek llegó con el Steyer. Cogieron armas y municiones. Con los uniformes de las SS y el coche del subcomandante, pasaron conduciendo por delante de los guardias de las SS. Al verlos, los soldados saludaron: ¡Heil Hitler!¡Heil Hitler! Piechowski respondió, elevando su brazo derecho:

Llegaron hasta una barrera que les impedía el paso. Estaba bajada. Gienek disminuyó la velocidad, ,pero la barrera no se movió lo más mínimo.

“Pensé que hasta ahí habíamos llegado”, afirma Piechowski. “Pero entonces oí la súplica de mi amigo: ¡Kazek, haz algo! Lancé un terrible juramento, como habría hecho un alemán y funcionó. Estábamos fuera y éramos libres”.

Su osada huida del campo de exterminio se convirtió pronto en una leyenda. Nunca antes se había producido una fuga del campo de concentración de Auschwitz ni se volvería a producir.

Una vez libre, Kazimierz vio la oportunidad de combatir a los invasores alemanes uniéndose a las filas del Ejército Nacional, las fuerzas de la resistencia clandestina polaca. Cuando finalizó la guerra, se marchó a casa a la región de Pomorze y se estableció en Gdansk.

Encontró trabajo. Algunos lo denunciaron a la policía secreta por haber luchado contra el comunismo y por la libertad. La policía secreta hizo una incursión en su casa y descubrió una pistola que presuntamente se le olvidó entregar. Fue enviado a la cárcel de nuevo. Esta vez, a una prisión estalinista.

En 1947, fue condenado a diez años. Cumplió una condena de siete (en Sztum y Wronki), incluyendo cuatro de trabajos forzados en una mina. “Fui enviado a la cárcel por mi propia gente en mi propio país. Eso me hizo sufrir mucho psicológicamente”, confiesa en voz baja.

En 1954 fue liberado. Tras once años en los campos, prisiones y colonias penitenciarias, empezó una vida “normal”. Se graduó en la Universidad Politécnica de Gdansk y empezó a trabajar como ingeniero para los Astilleros de la ciudad. En 1980, respaldó el nacimiento del movimiento Solidaridad. Y justo cuando se jubiló y pensaba que era el momento de tomarse las cosas con calma, su vida se aceleró de repente. Conoció a Iga, su segunda mujer, le dieron un pasaporte, vendió sus tierras (terrenos rurales recalificados como urbanos y por tanto con un enorme valor añadido) y, de pronto, obtuvo suficiente dinero para cumplir sus sueños.

Pero primero tenía que enfrentarse a su confusión interna y a sus propios recuerdos.

Los recuerdos

A menudo, los recuerdos le acechan por las noches. En sus sueños, los perros del campo que ladraban sin cesar, intentan morderle con saña, oye las órdenes a gritos de las SS, ve una pila cada vez mayor de cadáveres, como castigo le cuelgan de un poste, pierde su tesoro más preciado, su cuenco de latón…

“Por la noche mi marido gemía, gritaba, apretaba los puños. Una vez, le dio una patada al radiador tan fuerte que se partió la pierna”, cuenta Iga Piechowska. “Pero el tema del campo de concentración de Auschwitz fue siempre tabú, algo sobre lo que no hablábamos”.

Los médicos lo llamaban el “Síndrome de Auschwitz KL”. KL es la abreviatura de Konzentrationslager (“campo de concentración”). Este síndrome afectó a prácticamente todos los prisioneros. Aparecía de forma inesperada, revelándose a sí mismo y abriéndose paso entre los colores y el sol, a través de la realidad, trayendo consigo recuerdos terroríficos.

Eso es por lo que Iga decidió llevar a Kazik al lugar donde se habían originado las pesadillas, a Auschwitz. Quizás, 40 años después, conseguiría vencer esa obsesión por la guerra.

“No funcionó”, relata aún disgustada por la experiencia. “Nos acercamos al paredón y Kazik se desmayó”.

“De hecho, fue en mi segunda visita al campo, en 2002, cuando me di cuenta que ya no tenía que tener miedo”, explica el número 918 con la voz entrecortada. “Que estaba listo para pasar página de lo que había vivido y de lo que había sido testigo para compartir los recuerdos con los que sobrevivieron el exterminio”.

Fui consciente de lo importante que era esto porque una y otra vez, durante sus viajes, se dio cuenta con horror que la gente joven no tenía ni la más remota idea de lo que sucedió durante la guerra. Y cuando preguntaban, rara vez recibían respuesta. Empezó a ir a las reuniones en las que relataba su experiencia en Auschwitz. En 2003, publicó la espeluznante autobiografía Fui un número, traducida al alemán y después al español. Tres años después, fue el héroe de la laureada película Escapee, dirigida por Marek Tomasz Pawlowski.

“Perdone señor, ¿qué había hecho usted para que lo mandaran allí? ¿Por qué iban a las cámaras de gas tan pasivamente? ¿No se podían amotinar?” Alguien que no haya estado en Auschwitz puede plantear unas cuestiones tan inocentes. Especialmente la gente joven. Ocurre tanto en Hamburgo como en Czestochowa o Ankara. Y ese es el primer y principal motivo por el que Kazimierz Piechowski, dando conferencias en Polonia y por todo el mundo, enseña historia. No la historia de los libros de texto y las películas, sino la historia basada en su propia vida. Explica cuál era el culto de Hitler. Advierte contra el fascismo y el neofascismo actual.

Cuando termina de dar la conferencia, se instaura un gran silencio en la sala. Especialmente en las reuniones en Alemania, donde los ojos del público asistente parecen decir Es war nicht möglich (“Es imposible”).

“La gente no quiere creer en cosas que son demasiado terribles o incómodas”, explica Piechowski.

“Y así es como se distorsiona la historia”. Y siempre llega la pregunta más importante: “Después de todo lo que sufrió en la guerra, ¿siente odio por los alemanes?”

“No siento ningún odio” repite. “La generación actual de alemanes no puede ser considerada responsable de los pecados de sus abuelos. El Papa Juan Pablo II dijo que la “culpa no se puede heredar, pero la herencia de los recuerdos no debe perderse porque una nación sin los recuerdos de su historia deja de ser una nación”. Estoy plenamente de acuerdo con esos sentimientos.

Viajes

En 1925, el joven Kazik pasó sus vacaciones en casa de sus abuelos en el campo.

“Dame la paga”, le dijo a su madre. “Quiero salir al mundo”.

“¿Para qué?”, preguntó su madre, sorprendida.

“Tengo que ver lo que hay en el mundo”, replicó el obstinado niño de seis años.

Su madre cogió una moneda de 50 groszy de su hucha con forma de cerdito. El niño la agarró con firmeza y salió valientemente. Pero de vez en cuando dudaba y miraba hacia atrás. Al principio, vio la casa completa, después sólo el tejado, la chimenea y por último toda la casa desapareció tras una colina. Y entonces sintió miedo. Volvió corriendo con su madre.

“Pon el dinero de nuevo en la hucha, saldré al mundo más adelante”, le dijo a su madre.

Este “más adelante” llegó nada más y nada menos que a los 70 años. “Viajar es mi gran pasión”, admite con un brillo en los ojos. Junto a mi mujer, he visitado más de 60 países de los cinco continentes, desde Australia a Sudamérica.

“Somos viajeros, no turistas”, enfatiza. “El escritor de novelas de viaje Ryszard Kapuscinski hizo dicha distinción y creo que es muy acertada”. Nunca van a ningún sitio sin prepararse. En primer lugar, estudian toda la información disponible sobre un país determinado, marcan una ruta y navegan por Internet hasta encontrar la forma más barata y mejor de viajar allí. Viven en hoteles y hostales y a veces se quedan en casa de amigos.

“Iga, enseña las fotos de Tailandia o de Marruecos, o mejor todavía las de Australia y Cuba”, pide Kazimierz Piechowski.

La delgada y elegante mujer a su lado está deseando enseñar los bonitos álbumes de sus diversas expediciones. Ella escribe los textos y él hace las fotos. “Pero es Iga quien hace todo el trabajo duro del ordenador, al igual que con mis libros”, dice orgulloso de su mujer.

Todos los álbumes tienen inscrita la leyenda: “El mundo es un libro y el que no viaja, lee sólo la primera página”, San Agustín. Y también una dedicatoria a Maciek y Tomek, sus queridos nietos. Iga pasa otra página.

“¡Oh, aquí hay algo curioso! Un certificado chino de la salud de Kazik. En chino, por supuesto”, dice Iga riendo. En la provincia china de Yunnan, hay vigente una ley muy restrictiva: cualquier turista de más de 75 años debe tener un certificado que declare que está sano para volar en avión. “Me examinó nada menos que un profesor chino”, bromea Piechowski. “Confirmó que estaba bien. Y aprendí a decir “gracias” en chino”.

“Y, ¿te acuerdas del Expreso a Mandalay en Burma?”, pregunta a su mujer. “El tren se salió de la vía, tambaleándose a un lado y luego al otro…”

“¿Y Samoa?”, preguntó entusiasmado. “Estábamos comiendo pescado justo junto a la hoguera del campamento en el pueblecito y los nativos nos abanicaban con enormes hojas de palmera. Nos sentíamos muy incómodos…”

Una larga tarde de invierno, la pareja está sentada en unos sillones de colores brillantes bajo la cálida luz de una lámpara. “Iga, lee en alto nuestra despedida de Turquía”, le pide.

Su mujer lee:

21 de diciembre. Nuestra última bella puesta de sol. Nuestra aventura turca está llegando a su fin. Los dos estamos sentados junto a una pequeña mesa, tomando nuestra última cena regada con vino tinto. En un cielo intensamente azul, la luna llena observa con indiferencia la alegría y la tristeza humana. En la oscuridad de la noche, escuchamos el último canto del día del muecín.

Kazimierz cierra los ojos. Sus recuerdos traumáticos afloran a la superficie cada vez con menos frecuencia. Oye la voz de su mujer, ve los países en los que ha estado y sueña con los que le quedan por visitar. ¿Quizás la isla de Pascua el próximo?

“He sido afortunado en esta vida”, sonríe.

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Explican cómo salieron del «infierno»

24 diciembre 2009 Deja un comentario

HOY ESTÁN INTEGRADAS GRACIAS A LA FUNDACIÓN INTEGRA

Delincuentes, drogadictos y prostitutas explican cómo salieron del «infierno»

En el libro «Esquivando el destino” (LibrosLibres) de María Luz G. Sevilla, una decena de personas con serios problemas de integración relatan las experiencias que les condujeron a la drogadicción, a cometer delitos y a deteriorar sus vidas y las de sus familias.

Actualizado 24 diciembre 2009

Buena parte de los protagonistas del libro tienen antecedentes familiares y sociales problemáticos que les hacían proclives a caer en la precariedad económica o la inestabilidad psicológica. María, la primera persona que narra su experiencia, nunca ha sido drogadicta, pero cuatro de sus hermanos fallecieron por su adicción a la heroína.   Esta madrileña de 46 años tuvo que empezar pronto a ganarse la vida cuando su padre les abandonó a ella y a su familia. «Me hubiera gustado —asegura María— tener a mi padre que me dijera que tenía que ir al colegio porque era mi obligación, o que mi madre estuviera cuando teníamos que comer o que ir al médico… Y ahí no había nadie. Nos tirábamos todo el día en la calle».

Para ganar algo de dinero, María y su hermana mayor se prostituyeron: «Nos fuimos a la calle de la Montera y nos metimos en la prostitución. No conocíamos a nadie que lo hiciera, pero los hombres nos empezaron a decir que si nos íbamos con ellos nos daban dinero. Y ahí que nos metimos». Salió de ese mundo cuando se fue a vivir con quien hoy es su marido, después de casarse con él en un centro penitenciario.

Rocío, por su parte, perdió a su madre a los ocho años y abandonó la escolarización para dedicarse a las tareas domésticas: «Allí fue cuando empecé a desorientarme un poquito», dice esta andaluza de 39 años. Durante la adolescencia comenzó a consumir drogas. «Desde niña he sido puro nervio y la heroína ha sido mi tranquilidad. Me evadía de los problemas que tenía, de las discusiones con mi padre… Nunca me he llevado bien con él, siempre estábamos peleando. Me pegaba». Junto con su primer compañero sentimental y padre de uno de sus hijos, Rocío empezó a delinquir: «No me faltaba de nada porque me llevaba las 24 horas robando».

A causa de las condenas por tráfico de drogas, también terminó contrayendo el matrimonio en un centro penitenciario con su actual marido, que todavía cumple una condena de 20 años de prisión por diversos atracos.   También fueron las drogas las que condujeron a José Luis por el «mal camino». Con sus 22 años, José Luis afirma que «no me encontré a nadie que me llevara por el mal camino. No se puede decir que la culpa fuese de mis amigos. La culpa fue mía. Fue un problema de falta de personalidad y falta de madurez. Una persona puede nacer en una familia con problemas y no drogarse en la vida y uno puede nacer como yo en una familia estupenda y caer en la droga o en otras cosas».

En medio de la crudeza de muchas páginas del libro, se percibe la positiva labor que viene realizando la Fundación Integra: servir de nexo entre el mundo laboral y personas condenadas a la marginalidad y la exclusión. Más de un tercio de las 5.000 personas que ya han acudido a la Fundación ha encontrado trabajo y ha recibido una valoración positiva por parte de la empresa contratante. Integra (www.fundacionintegra.org) se encarga de constatar si la persona está en efecto rehabilitada, dispuesta a trabajar y a empezar de nuevo comprometiéndose con responsabilidad.

Que historias tan sórdidas y complejas como las narradas en «Esquivando el destino» hayan llegado a buen puerto pone de relieve el buen hacer de la Fundación Integra como la posibilidad real de un «final feliz» para cualquier trayectoria humana, por complicada que sea.

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