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Archivo para 14 Junio 2009

Testimonio de la madre de los Jonas Brothers

Madre de los Jonas Brothers declara: “enfrentan pruebas como todos y oro por ellos”

07 June, 2009 10:42:00

Los Ángeles, California.-  A pesar de lo reservados que son los miembros los Jonas Brothers sobre su vida privada, su madre, Dennis Jonas, habló sobre la crianza de los jóvenes, su fama y su sexualidad, según informó hoy la revista People.

Durante una entrevista que sostuvo Jonas con la revista “Good Housekeeping”, la madre del trío de música pop autor de “It’s About Time” habló sobre la importancia de ejercer el papel de padre y no amigo de los hijos. A pesar de esto, señaló que los famosos músicos pueden hablar con ella de cualquier tema.

Asimismo, la progenitora de los chicos confesó que, a pesar de la supuesta promesa que sus hijos realizaron de mantener la abstinencia sexual hasta el matrimonio, sabe que sus hijos son objeto constante de seducción.

“Son hombres. Tienen deseos. Tienen testosterona. Creo que no están exentos de ser seducidos… Si cometen un error, no los voy a odiar”, indicó Jonas.

Además, respecto al anillo de virginidad que llevan sus hijos, Kevin (21), Joe (19) y Nick (16), dijo que ellos han sido objeto de crítica por declaraciones que nunca han hecho. “Se trata de una decisión privada que ha recibido atención no deseada”, afirmó.

“Ellos no quieren salir por allí e infectar a todo el mundo con una ETS (enfermedad de transmisión sexual). ¿Qué tiene de malo eso?”, indicó su madre.

La madre de los integrantes del famoso grupo originario de Nueva Jersey añadió que ora por que sus hijos estén bien. “Enfrentan pruebas y más pruebas, como todos nosotros. Oro por ellos”, declaró.

Fuente: ( AGENCIALAVOZ.COM )

El cardenal Cañizares se despide de Toledo

El cardenal Cañizares se despide de Toledo en el Día del Corpus Christi, animando a permanecer fieles a Cristo y a la Iglesia

Por SIC el 14 de Junio de 2009

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Publicamos la homilía que ha pronunciado el Sr. Cardenal Antonio Cañizares Llovera, prefecto de la Congregación del Culto Divino y Administrador Aportólico de Toledo, en la Catedral Primada, con motivo de la solemnidad del Corpus Christi. Adjuntamos también las palabras que ha pronunciado en su alocución en la plaza de Zocodover, en su despedida de la ciudad de Toledo. Al término del acto en Zocodover, tras haber pronunciado sus palabras de despedida de la Ciudad y la Archidiócesis de Toledo, el Cardenal Cañizares ha dejado la procesión, pasando a presidirla a continuación el Obispo Auxiliar, Mons. Carmelo Borobia.

EN LA SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO

Homilía del Sr. Cardenal Administrador Apostólico,
don Antonio Cañizares Llovera,
en la S.I. Catedral Primada

Toledo, 14 de junio de 2009

Celebramos la solemnidad litúrgica del Cuerpo y de la Sangre de Cristo: la fiesta en la que el pueblo cristiano aviva su fe en el misterio de la Eucaristía y lo proclama lleno de júbilo y gozo. La Eucaristía ha caracterizado siempre nuestra genuina identidad: la fe de nuestros concilios, la piedad de la liturgia hispano-mozárabe, el fervor de las procesiones del ‘Corpus Christi’, la filigrana de nuestras custodias, la expresividad de la música sacra, la catequesis de los autos sacramentales, la Adoración al Santísimo en nuestras iglesias, la inspiración eucarística de muchos institutos de vida consagrada, de cofradías y asociaciones, la inocencia de las Primeras Comuniones y la esperanza serena de Viático, la contemplación mística de nuestros santos y el testimonio de nuestros mártires por la Eucaristía”.

La Eucaristía está en el centro de la vida cristiana, es el sacramento de nuestra fe, es el el que hace la Iglesia. “Cada vez que en la Iglesia celebramos la Eucaristía, recordamos la muerte del Salvador y anunciamos su resurrección en espera de su venida. Por tanto, ningún sacramento es más precioso y más grande que el de la eucaristía; y cuando comulgamos, somos incorporados a Cristo. En la Eucaristía Cristo nos acoge, nos perdona, nos alimenta con su palabra y su pan, y nos envía en misión al mundo”. O como dice el Concilio Vaticano II: “Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que iba a ser entregado instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos el sacrificio de la Cruz, y a confiar así a su esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria venidera”.

Aquí está expresado todo lo que es el misterio insondable de la Eucaristía, en el que se encierra toda la realidad y verdad del misterio de nuestra salvación. En el sacramento Eucarístico, del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, entregado y derramada por nosotros, está toda la Buena Nueva de la salvación que Dios ha hecho posible en su Hijo entregado en sacrificio redentor por todos los hombres. En él está toda la fuente de nuestra esperanza en la gloria futura, en la felicidad, en la dicha plena que todo hombre anda buscando y que no puede hallar si no es precisamente en la íntima unión con Dios, cuando, al fin de los tiempos, podamos participar esa vida eterna.

La Eucaristía es la fuente y la cima de toda la vida de la Iglesia. Toda la vida cristiana brota de la Eucaristía y tiende hacia ella. Porque toda la vida cristiana parte del amor de Dios, que se nos ha entregado en su Hijo Jesucristo y se nos da en el pan de vida y en la bebida de salvación, y toda la vida tiende a ese amor definitivo, haciéndolo ya presente en todas las dimensiones de la vida: amaos como yo os he amado. Toda la vida cristiana, como la Iglesia entera, brota del costado abierto de Cristo, del que mana la vida y nos hace vivir y permanecer en esa vida. Toda la vida cristiana tiende, a partir de esta raíz del amor de Dios, a desplegarse en un amor que testifica el amor mismo de Dios, a desplegarse en un servicio a los demás, que es signo y presencia en medio de los hombres, del amor de Dios.

La Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana y de toda la vida de la Iglesia, es raíz y centro de la existencia cristiana, siembra y exigencia de fraternidad y de servicio a todos los hombres, empezando por los más necesitados en su cuerpo y en su espíritu. La celebración de los misterios de nuestra redención en el sacramento del Altar, nos impulsa al mismo tiempo a promover la inalienable dignidad de todo ser humano por medio de la justicia, la paz y la concordia; a ofrecerse a sí mismo generosamente como pan de vida por los demás a fin de que todos se unan realmente en el amor de Cristo, ese amor que nos hace en verdad hermanos. La Eucaristía es la gran escuela del amor fraterno. Quienes comparten frecuentemente el pan eucarístico no pueden ser insensibles ante las necesidades de los hermanos, sino que deben comprometerse en construir todos juntos la civilización del amor. La Eucaristía nos conduce a vivir como hermanos; sí, la Eucaristía nos reconcilia y nos une; no cesa de enseñar a los hombres el secreto de las relaciones comunitarias y la importancia de una moral fundada sobre el amor, la generosidad, el perdón, la confianza en el prójimo, la gratitud, el respeto a la vida, la edificación de la paz. Si el pueblo cristiano, en España, se centra más y más en la Eucaristía, en la participación asidua en ella, tened por seguro que se abrirá una aurora de paz y respeto a la vida y a las personas en nuestras tierras.

En la Eucaristía, vínculo de unidad y exigencia de amor fraterno, “Cristo, ‘nuestra paz’, nos llama a los cristianos a derribar, unido con El, muros. El se entregó a la muerte para derribar ‘la barrera del odio’ que separaba a las gentes (Cf Ef 2,14) y hacer de todas ellas una única familia bajo un mismo y único Padre. Cristo en la Eucaristía nos asocia a Él, a su cuerpo y a su sangre entregados a la muerte para derribar barreras y ponernos en comunicación de vida y amor con Dios y a los unos con los otros. No es posible, además, ser cristiano, participar de la Eucaristía y no salir al paso de tantos hombres y mujeres como esta sociedad próspera y ‘feliz’ separa. A la vista de tantos recursos económicos como se derrochan en un consumo y una ostentación injustificados y de las posibilidades de producción de los bienes necesarios, hay que decir muy alto que en la tierra “hay bastante para todos” si compartimos lo que para todos fue destinado por el Creador. Ahí, en el compartir, se juega la verdad y sinceridad de nuestra unión con Jesucristo en su entrega para derribar el muro. Ahí y en otras cosas; pero, sin duda, ahí.

Para los creyentes que han vivido el acontecimiento de la salvación en la Eucaristía, ésta no puede terminar en el interior de la iglesia. “Quien ha descubierto a Cristo y participado de Él debe llevar a otros hacia Él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo, es necesario transmitirla. En numerosas partes existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Algunos escogen la religión fácil, como un producto de consumo, a la medida de uno que no nos ayuda. Es preciso ayudar a descubrir la verdadera estrella que nos indica el camino: Jesucristo”. Ahora es el momento de hacer realidad el compromiso apostólico en los ámbitos de la familia, la sociedad, el trabajo, la cultura, la ciencia, la política, la economía, la justicia y la paz. Todas las formas posibles de actuación cristiana en estos ámbitos tienen de hecho su estímulo constante en el imperativo de la caridad de Cristo alimentada en la Eucaristía. De la misma manera que las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, destinadas a aliviar las necesidades humanas, son una consecuencia clara del mandamiento nuevo (Cf Jn 13,34-35; 15,12-17), así también la animación cristiana del orden temporal, que constituye el compromiso específico de los fieles laicos, representa hoy una consecuencia del mismo imperativo de la caridad que se contiene en el misterio eucarístico y que de él brota.

Finalmente, queridos hermanos, recordemos siempre que en la Eucaristía, Jesucristo resucitado, el Señor de la gloria, “el mismo ayer, hoy y siempre”, se hace presente en todos los lugares de la tierra donde se celebra el sacrificio eucarístico y allí donde se conserva el sacramento consagrado por el poder del Espíritu. “El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia. . . Es hermoso estar con Cristo y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (Cf Jn 13,25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el ‘arte de la oración’, ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento?”. “¡Cuántas veces, nos dijo Juan pablo II, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!” (EE 25). Que sea el Sagrario, donde se custodia el Santísimo Sacramento, como el corazón vivo de nuestras iglesias. Que cuidemos, además, los signos de adoración y culto eucarístico, como la genuflexión, la lámpara encendida, la dignidad del lugar de la reserva, etc., para que, sin cesar, vayamos avanzando y consolidando la conciencia y la experiencia en todo el pueblo de Dios de que en la Eucaristía se contiene verdaderamente el supremo bien de la Iglesia. Demos, pues, gracias a Dios, llenos de dicha y de alegría desbordante, por este don de la Eucaristía, donde nos encontramos en la cima del amor: “Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”.

CORPUS CHRISTI DE (2009-06-14):
ALOCUCIÓN DEL CARDENAL CAÑIZARES EN LA PLAZA ZOCODOVER

DESPEDIDA TOLEDO

14 junio de 2009

Señor Jesús, estás aquí, con nosotros, en medio nuestro. Contemplamos tu Cuerpo entregado por nosotros, te adoramos y nos arrodillamos ante Ti, porque Tú eres Dios con nosotros. Te amamos y deseamos amarte más a Ti, que nos has amado primero y nos ha amado hasta el extremo. Tú tienes palabras de vida eterna, Tú eres el Hijo de Dios vivo, el Santo de Dios, el Salvador único de los hombres. Tú eres el Camino, la verdad y la vida, no podemos ir a Dios, el Padre, ni alcanzar la vida plena, si no es siguiéndote a Ti. Queremos seguirte, queremos amarte con todas las fuerzas, con todo nuestro corazón, y hacer lo que Tú nos digas, que eres nuestro maestro, nuestro único maestro, y nuestro guía, el verdadero guía y pastor que conduce a la humanidad, sirviéndola y dando tu vida por ella. ¿A quién, cansados y con sufrimientos, pequeños y débiles, vamos a acudir si no es a Ti, y a quién vamos a buscar si no es a Ti, que nos has dicho: “venid a mí, que soy sencillo y humilde de corazón”, y que te has despojado de tu rango para hacerte uno de nosotros, servirnos y darte a nosotros como alimento para el largo y duro camino de la vida? En Ti, Jesús, amigo, porque nos llamas amigos y has querido que seamos tus amigos, encontramos consuelo, alivio, paz y esperanza. Te adoramos a Ti, Señor, único Señor nuestro, que estás al inicio y al final de nuestra fe; sin Ti no estaríamos aquí, ni tampoco en años anteriores, ni en años futuros, en la plaza de Zocodover, corazón de Toledo, con la mirada en Ti, el Pan vivo bajado del cielo que porta y muestra a todos la custodia de Arfe. Sin Ti no seríamos nada, ni existiría nada, nada, absolutamente nada; por Ti se hizo todo y por Ti hemos sido creados para la eternidad: Tú eres el principio y el fin de todo y nos llenas de esperanza. Tú nos has dado tu Cuerpo entregado por nosotros en gesto supremo de amor para que nos amásemos con ese mismo tuyo sin medida ni límite alguno. Tú estás aquí ante nosotros, ofreciéndote a nuestras miradas y a nuestras personas, para que seamos uno contigo y vivamos unidos con el vínculo de la caridad que procede de Ti.

Te adoramos, te amamos, te bendecimos, te damos gracias. Esta mañana, delante de Ti, me despido de mis hermanos, de mis amigos de Toledo, a los que tanto he querido y quiero, a los que Tú, misericordioso y buen pastor, un día me confiaste para que los guiase, sirviese, alimentase y llevase hasta Ti. Me despido de ellos en tu Presencia, con el auxilio de tu Amor, el que Tú nos dejaste para toda la eternidad, al despedirte de los tuyos: el auxilio de tu Cuerpo sacratísimo partido y repartido por nosotros. Por ellos te pido, por ellos ruego. Consérvalos en la verdad, junto a Ti y en Ti, que eres la verdad que nos hace libres y el amor que da fundamento, como la roca firme que da consistencia a todo hombre que viene a este mundo. Por ellos ruego para que permanezcan unidos a Ti, como el sarmiento unido a la vida, y así den fruto, frutos abundantes de amor, de justicia, de verdad, de perdón. Por ellos ruegos, para que, fieles, puedan escuchar la cosa más bella que podamos escuchar: “dichosos vosotros, porque habéis creído”. Es lo mejor que puedo desear para ellos: la fe; porque la fe es la dicha y la felicidad que todo hombre anda buscando; porque la fe es el cimiento más firme para la vida; porque es, con mucho, lo mejor para el hombre

En Ti confío, Señor, de Ti me he fiado, y con la fuerza de tu Espíritu Santo, confío en fiarme siempre. Te doy las gracias, Jesús, Hijo de Dios, nacido de María, siempre Virgen, por esta diócesis de Toledo, en la que estás haciendo obras grandes por tu misericordia. Gracias, todo es obra tuya y nada más que tuya. Permíteme que ahora, al final de mi ministerio en Toledo, con todo mi corazón les exprese mi más hondo agradecimiento. Ante el Señor, aquí presente, y ante su mirada compasiva llena de amor, hermano Obispo, hermanos sacerdotes, monjas contemplativas, religiosos, religiosas, personas consagradas, fieles seglares, Autoridades, os agradezco emocionado y conmovido, a todos, vuestra presencia hoy en esta celebración y todo cuanto habéis sido y hecho conmigo. Reunidos ahora, sois la expresión de lo que habéis sido estos años para mí. Por eso, mis queridos hermanos, gracias por vuestro afecto y cariño, gracias por vuestra cercanía y acompañamiento, gracias por vuestro trabajo y colaboración, gracias por vuestras ilusiones y esfuerzos, gracias por vuestra oración, gracias por todo. Siempre que rezo por vosotros, y lo hago siempre, lo hago con alegría. Porque habéis sido de verdad colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Estoy convencido de que Cristo mismo lleva y llevará adelante la empresa buena que El ha originado en vosotros. Gracias, muchísimas gracias. Con esta palabra os lo expreso y resumo todo. También, como tatas veces os he dicho y reiteré aquí en esta misma plaza el jueves, necesito de vuestro perdón. Debo pediros perdón. Lo hago de todo corazón. Porque soy muy consciente ante Dios, ante cuya presencia no cabe ocultamiento ni engaño, de que el ejercicio del ministerio episcopal puede llevar consigo, a veces, inevitables roces, omisiones, incomprensiones y tantas cosas que no agradan a Dios y dañan a los hermanos. Que Dios os pague y muestre con vosotros esa misma caridad que me mostráis con vuestro perdón.

Jesús, mis amigos y hermanos toledanos que me confiaste, saben que no tengo oro ni plata, que estoy en medio de ellos como el que sirve, y que lo que tengo, lo único que vale la pena, que eres Tú, no me lo he guardado para mí, he intentado darlo, darte a Ti a tiempo y a destiempo. Sabes que he querido y quiero mucho a estas buenas gentes, que son tuyas y me las confiaste, porque en Ti he palpado y palpo cómo nos quieres, y que nada ni nadie nos puede separar de Ti. No he tenido otro programa en medio de ellos, que Tú mismo, el de siempre, recogido en el Evangelio y en la Tradición viva, y he intentando darlo a conocer a todos.

Sí, entre vosotros, mis queridos hermanos, con toda mi imperfección y pecado, no he querido ni quiero otra cosa que vivir en Cristo, conocer a Cristo, convocaros a todos, dar a conocer a Cristo y ser testigo de su verdad y de su misericordia. Mirad a Cristo y seguidle. No os canséis de proclamarle. En El tenemos todo el gozo, la alegría, la felicidad, la paz. En El sólo, y nada más que en El, está la vida, la salvación y la esperanza. El es el rostro de Dios. Y Dios, como tantas veces os he dicho, es el único asunto central para el hombre. Cuando se silencia a Dios o se vive al margen de Él es el hombre el que sufre el más profundo quebranto de su humanidad más propia.

Por eso, os exhorto a que no tengamos miedo a que Cristo sea de verdad nuestro Señor, dueño y maestro, nuestro salvador: “No tengáis miedo: Abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid las puertas al Redentor”. No temamos seguirle. No podemos tener miedo a anunciarle, a evangelizar: a veces da la impresión que somos cristianos al estilo de Nicodemo, en la clandestinidad, de noche, sin que se nos note demasiado, acomplejados. No podemos permanecer con las puertas cerradas de la Iglesia o temer a abrirlas. Necesitamos el Espíritu Santo que nos haga perder ese miedo y salir a donde están los hombres para anunciarles que Jesucristo es el único Nombre en el que podemos ser salvos, el camino, la verdad y la vida de todo hombre que viene a este mundo. No podemos tener miedo a ser santos porque esa es nuestra vocación: en Cristo henos sido llamados y elegidos para ser santos e irreprochables por el amor. No tengamos miedo a vivir de verdad el Evangelio de Jesucristo, que es el Evangelio de la caridad, de la felicidad, de las bienaventuranzas, de la misericordia, de la gracia, de la reconciliación y de la paz. No podemos tener miedo, hermanos y hermanas muy queridos, a hacer presente el Evangelio en la familia, en la sociedad, en la política, en el mundo laboral y profesional, en la economía, en la enseñanza, en la cultura, en los medios de comunicación social, en todo lo que afecta al hombre y es humano. Sí, por el contrario, hemos de estar precavidos y tener miedo a una Iglesia, a unas comunidades anquilosadas y sin vida, a un ser cristianos sin profundidad religiosa y teologal, a una destrucción del hombre, a una pseudocultura hedonista, a una forma de vivir la fe desentendida de los problemas y sufrimientos de los hombres, a una cultura de la muerte y de la insolidaridad, de la violencia o del terror. De nada ni de nadie hemos de tener miedo: Dios está con el hombre, con cada hombre. En la Encarnación de su Hijo, en cierto modo, se ha unido con cada hombre, y esto se hace presente en la Eucaristía. En eso se ha manifestado su amor que disipa todo temor. En Cristo tenemos cómo Dios nos ama. Y, como dice San Pablo: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús?”

Para todos, mi afecto siempre, mi plegaria y mi bendición.

La hermana espiritual de Juan Pablo II

SU LIBRO DE MEMORIAS, OBJETO DE ANÁLISIS EN EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN DEL PONTÍFICE

Poltawska, la hermana espiritual de Juan Pablo II

Hace unas semanas se ha publicado en Polonia un libro de Wanda Poltawska, amiga durante décadas de Karol Wojtyla, en donde se recoge parte de su correspondencia que ambos se intercambiaban. Éste hecho ha provocado en algunos algo así como un escándalo un tanto farisáico. Sin embargo, las propias cartas sólo reflejan la amistad sincera y profunda entre dos personas que han compartido sufrimientos desde jóvenes.


(Renzo Allegri/Zenit) Desde hace unas semanas, su nombre circula por los diarios de medio mundo. Se llama Wanda Poltawska, es polaca, tiene 88 años y es médica psiquiatra. La razón de este interés repentino de la prensa está en el hecho de que Poltawska hizo públicas muchas de las cartas que recibió de Juan Pablo II. Y, como era previsible, algunos medios de comunicación quisieron hacer de las cartas de un Papa a una mujer un escándalo.

Las cartas, publicadas en un libro, publicado hace algunas semanas en Polonia, forman parte de una intensa correspondencia intercambiada entre Poltawska y Wojtyla en el curso de 55 años. Los dos se conocieron inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, se hicieron amigos, colaboraron juntos en numerosas iniciativas.

Primero en Cracovia, en las actividades culturales y sociales de la diócesis, sobre todo para los problemas de la familia; y, tras la elección de Karol Wojtyla como pontífice, en Roma, donde Poltawska se convirtió en miembro del Consejo Pontificio para la Familia, consultora del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud y miembro de la Academia Pontificia para la Vida.

Una actividad intensa, una amistad transparente, que todos conocían. Una amistad que tuvo extraordinaria visibilidad en 1984, cuando se supo que Poltawska había sido objeto de un milagro por intercesión del padre Pío, por medio de la solicitud de Karol Wojtyla.

La historia se remonta a 1962. Enferma de tumor, Wanda estaba a punto de morir. Los médicos no daban esperanzas. Querían de todos modos intentar una operación. Wojtyla, joven obispo, se encontraba en Roma para el Concilio. Fue informado y escribió enseguida una carta al padre Pío, pidiéndole que rezara por aquella mujer. La carta tiene fecha de 17 de noviembre de 1962. Fue entregada al padre Pío a mano por Angelo Battisti, que era administrador de la Casa Alivio del Sufrimiento. El padre Pío pidió a Battisti que le leyera la carta. Al acabar, dijo: «Angelito, a esto no se puede decir que no».

Battisti, que conocía bien los carismas del padre Pío, volvió a Roma sorprendido y seguía preguntándose el «por qué» de aquella frase: «A esto se puede decir que no». Once días más tarde, el 28 de noviembre, fue encargado de llevar una nueva carta al padre Pío. En esta, el obispo polaco agradecía al padre sus oraciones porque «la mujer enferma de tumor, se curó de repente, antes de entrar en el quirófano». Un verdadero y llamativo milagro por tanto, atestiguado por los médicos.

Conozco bien este asunto porque fui yo el que lo dio a conocer por primera vez en 1984, en una biografía del padre Pío que escribí para Mondadori (Italia). Las cartas de Wojtyla me habían sido dadas por Angelo Battisti quien me había también contado el detalle del comentario increíble del Padre: «A esto no se puede decir que no». Apenas salido mi libro, estas cartas fueron reproducidas por la prensa de medio mundo y por tanto, desde entonces, la amistad entre Karol Wojtyla y Wanda Poltawska era conocida. Enseguida hubo muchos otros artículos sobre el argumento, míos y de otros colegas, y se publicaron numerosas y bellísimas fotografías, que ahora reproducen varios diarios. Nada de nuevo, por tanto. Una gran amistad, una extraordinaria colaboración que no se interrumpieron con la elección de Wojtyla al solio pontificio.

La publicación de las cartas, sin embargo, levanta ampollas. Y también preocupación, sobre todo en el mundo eclesiástico. El cardenal de Cracovia, en una entrevista, hecha en medio de la polémica, ha recriminado a la doctora Poltawska diciendo que debía estar callada. Pero, examinando la situación con mente fría, se llega a dar la razón a la doctora Poltawska. Ha hecho bien en publicar estas cartas. Su amistad era sabida. Muchos conocían esta correspondencia. En la Congregación para las Causas de los Santos querían aquellas cartas. Pero no se sabe cómo las habrían juzgado. Y su juicio habría permanecido secreto, sepultado en los archivos de aquellos palacios infranqueables. La doctora Poltawska ha preferido la luz del sol. Precisamente porque no hay nada que esconder. Al contrario, son cartas bellísimas, de una riqueza espiritual y humana conmovedora. Demuestran, por si hubiera todavía necesidad, la grandeza desmesurada del corazón de Karol Wojtyla, el inmenso amor que tenía en aquél corazón suyo, «inmenso» precisamente porque «amaba» con el amor de Dios.

Un asunto similar se verificó en el curso de la causa de beatificación del padre Pío. En torno a 1990, la causa se bloqueó. Y precisamente por una serie de cartas que el padre había escrito a una «hija espiritual» suya, Cleonice Morcaldi. La había conocido en torno a 1930, cuando era adolescente y quedó huérfana de ambos progenitores. Como había prometido a la madre moribunda de la chica, el padre Pío se encargó de ella, como si fuera una verdadera «hija adoptiva». Y desde entonces la trató siempre con afecto y amor grandísimos, como un padre trata a una hija.

Amistad discutida, condenada, causa de grandes sufrimientos y humillaciones para el padre Pío, de calumnias e insinuaciones gravísimas. Y también en aquella historia había cartas, consideradas demasiado afectuosas.

Un día aquellas cartas me fueron dadas por dos sacerdotes, hijos espirituales del padre Pío y amigos de Cleonice Morcaldi. Me pidieron publicarlas para que el mundo juzgara si eran «cartas de pecado» o en cambio extraordinarias pruebas de una amistad espiritual altísima. Las publiqué en mi libro «A tu per tu con padre Pio». Enseguida suscitaron un auténtico revuelo, pero luego la verdad acabó por emerger y nadie habló más de escándalo sino más bien aquellas cartas contribuyeron a comprender de modo todavía más profundo la grandeza del corazón del padre Pío.

En los varios artículos publicados en estos días se habla de las cartas del Papa a la doctora Poltawska, pero nadie se detiene a explicar quién es esta mujer y por qué fue tan amiga de Karol Wojtyla.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939, Wanda Poltawska era una joven estudiante universitaria. Tenía 18 años. Asistía a los círculos de estudiantes católicos. Y cuando los nazis invadieron Polonia, como tantos otros de sus coetáneos, entró a formar parte de la Resistencia partisana, para defender la patria. Pero fue descubierta, arrestada, conducida a Alemania y pasó cinco años en un campo de concentración.

Al regresar a casa, reanudó los estudios, se licenció en Medicina, se especializó en Psiquiatría. Persona reservada, no hablaba nunca de todo lo que había sufrido. Quiso sin embargo transcribir en un cuaderno lo que recordaba para que no se perdiera. Y sólo al comienzo de los años 80 se dejó convencer por una amiga para publicar aquellas memoria suyas en un librito, que se titula «Ravenshruck. Tengo miedo de mis sueños». Me lo dio a conocer en 1996 el profesor Adolfo Turano, microbiólogo, que lo estaba traduciendo para publicarlo también en Italia. Conservo todavía el manuscrito que me dio. Luego, el profesor murió prematuramente pero sé que el libro, el año pasado, fue publicado en Italia.

Es un documento conmovedor. Desvela detalles tremendos, algunos inéditos, sobre la crueldad de los verdugos nazis. Poltawska cuenta la propia historia de joven prisionera que vive un drama espantoso, pero la cuenta con una conmovedora y maravillosa participación en el sufrimiento de los demás. Poltawska no se limita a contar, en aquellas páginas, los propios padecimientos, las propias ansias, los propios sufrimientos. Mira a sí misma y a todas las compañeras con el mismo interés. Y este es un dato a tener bien presente porque demuestra que los sufrimientos inhumanos padecidos no apagaron nunca en su corazón la bondad, la dignidad humana, la solidaridad. En los campos de concentración alemanes estaba el infierno, se extendió el «mal personificado» pero entre las víctimas inocentes hubo luminosos e increíbles ejemplos de bien, de altruismo heroico.

“«Una tarde -escribe Wanda Poltawska al inicio de su librito de memorias (cito de la traducción que me dio el profesor Turano)- estudiaba en casa cuando en la entrada una voz masculina, en polaco, resonó extraña y agresiva: ‘¿Quién de vosotros es Wanda?’. Y así empezó. Me alcé, salí… y he vuelto sólo ahora, tras casi cinco años de campo de concentración».

La joven, primero fue llevada al comando de la Gestapo, en Cracovia, y sometida a un interrogatorio que duró algunos días. Fue golpeada, violentamente, con puñetazos en la cara, en el estómago, amenazada con un revólver.

Fue luego encerrada en una celda atestada de personas. «En la prisión había piojos, pulgas, suciedad, no había agua y brotó el tifus. De noche, a veces, de repente, encendían las luces haciéndonos permanecer firmes, empezaban a llamar a algunos de nosotros. Después, en la celda, no se dormía ya, se rezaba por aquellas que habían salido. Y poco después, bajo nuestras ventanas, oíamos los disparos de la ejecución».

Tras casi siete meses, las prisioneras fueron cargadas en un tren de mercanías y enviadas a Alemania, al vituperado lager de Raven-sbruck, donde los médicos alemanes hacían experimentos con cobayas humanas. «Estábamos destinadas a morir. Nuestras vigilantes nos golpeaban hasta la sangre. Fuimos desnudadas, nos dieron vestidos de rayas, nos raparon al cero, querían destruir nuestra personalidad».

Empezaron los trabajos, pesados, pesadísimos. «Cargaban una cantidad desmedida de peso en nuestros hombros… Recuerdo haber llevado sobre mis hombros 80 kilos de cemento subiendo escaleras estrechas hasta el techo de una casa de dos pisos: me sentía morir pero no podía hacer caer el peso porque detrás de mí había otra prisionera y la habría matado… Teníamos que palear arena. Teníamos al lado a las vigilantes con terribles perros que gruñían amenazadores apenas una de nosotras descansaba un poco. Las manos sangraban. Por la mañana, la arena estaba mojada y pesada, durante el día se secaba con el viento, se levantaba, entraba en los ojos, en la boca, en las orejas».

Un tormento terrible lo constituía el frío. «Donde dormíamos pendían del techo los carámbanos. Sobre nuestras colchas había escarcha y la vigilante nos ordenaba sistemáticamente que abriéramos las ventanas de los dos lados del dormitorio para hacernos daño con las corrientes».

«En las barracas donde íbamos a trabajar hacía, en cambio, mucho calor. La barraca estaba atestada y sudábamos. Teníamos vestidos ligeros, con las mangas cortas. Mi turno terminaba a las cinco de la mañana, nos arrojaban fuera, todas sudadas y con los mismos vestidos ligeros permanecíamos horas y horas al hielo».

«Volvíamos del trabajo con las manos hinchadas, los huesos rotos. Nos echábamos en los camastros y tras una hora sonaba la sirena y teníamos que levantarnos para pasar lista. Volvíamos al dormitorio y tras otra hora otra vez la sirena para pasar lista. No se lograba pegar ojo. El cansancio era enorme. A veces, durante el paso de lista, se dormía de pie, con los ojos abiertos, y alguna caía al suelo traspuesta y era cogida a bastonazos. El hambre era más fuerte que el deseo de dormir. Estábamos delgadas como esqueletos. Ni siquiera la vista de mujeres desnudas, en cola para el baño, terriblemente flacas, causaba ya disgusto. Mirábamos con indiferencia nuestra delgadez y la de las otras, así como la pérdida de los senos y la muerte. Por el hambre nos convertimos en ladronas, nos robábamos un mendrugo, reñíamos por pocas migajas».

Y luego, en un cierto momento, el llamamiento de un grupo que fue llevado al pabellón de enfermería, entre ellas también Wanda. Son lavadas, una enfermera les depila las piernas, les practica inyecciones que hacen perder la consciencia y cuando las chicas se despiertan se encuentran con las piernas enyesadas. ¿Qué sucedió? No lo saben. Son devueltas al dormitorio en una silla de ruedas. En la cama, durante la noche, cuando acaba el efecto del potente somnífero, empiezan dolores agudísimos.

Empieza así el martirio. Aquellas chicas se convierten en cobayas humanas para atroces experimentos médicos. Las operaciones en las piernas se suceden en periodos fijos. Las heridas practicadas son tratadas con medicinas especiales que producen infecciones, gangrenas. En aquél estado, las víctimas son abandonadas solas en el dormitorio, sin ninguna asistencia. Wanda aún no pudiendo tenerse en pie, se deja caer de la cama y, agarrándose a los camastros de las compañeras, llega a aquellas que sufren más para darles un poco de consuelo, baña los rostros quemados por la fiebre con trapos húmedos, conforta a quien está agonizando. De día llegan los médicos que observan las heridas y ordenan otros experimentos. Las pobres cobayas humanas son devueltas al pabellón de enfermería y sometidas a otras horribles mutilaciones, extracciones de trozos de hueso, inyecciones de bacterias en las heridas. Un calvario espantoso e interminable. Cada poco, una chica muere. Desaparecen de este modo muchas. Wanda recuerda, escribiendo sus nombres, como sobre una lápida, porque son víctimas inocentes, asesinadas por un odio absurdo, frío, cínico, humanamente inconcebible.

La exasperación de las supervivientes es indecible. Pero Wanda, incluso en aquella tremenda situación, logra mantener su equilibrio cristiano. «No tenía odio y ni siquiera ahora lo tengo. ¿Qué veía en aquellos alemanes? Les miraba y buscaba en ellos a las personas».

Esta, en una rapidísima síntesis, la increíble y horrible experiencia que Wanda Poltawska hizo, de los 18 a los 23 años, en el campo de concentración de Ravensbruck. Una experiencia capaz de destruir cualquier equilibrio psíquico. Wanda sobrevivió física y psíquicamente a aquellos horrores gracias a su fe. Y gracias a la ayuda de un joven sacerdote, Karol Wojtyla, conocido a su vuelta a casa, logró superar y vencer las consecuencias devastadoras que los horrores padecidos habrían ciertamente dejado en su personalidad. A aquel sacerdote confió sus dramas espantosos y aquel sacerdote pudo «comprender», porque también él, en los años de la guerra, fue martirizado por grandes dolores personales que lo condujeron a la vocación sacerdotal. Y nació así una amistad, continuada para el resto de la vida, llena de actividades y de iniciativas para promover los valores que retoñaron de aquellos lejanos sufrimientos.

Publicado el 13 Junio 2009 – 2:14pm

“Se cruzaron nuestras miradas”

Dar a luz un hijo del que se sabe que vivirá pocas horas debido a enfermedades congénitas incurables es, sin lugar a dudas, una prueba extremamente difícil.

Tal vez por eso algunas personas prefieren eliminarlo antes. No fue el caso de Diane Elder, una cantante profesional que decidió tener a su hija Angela, afecta de un grave problema genético llamado Trisomia 18, que vivió solo doce horas.

Desde luego, no es el primer caso ni será el último de personas que se comportan así, pero pienso que es bueno saber que esta gente existe.En una entrevista en la CNN, Diana relató (ver video arriba, en inglés) que a pesar del dolor que tanto ella como su marido y su familia sufrieron desde que se descubrió la enfermedad (cuatro meses antes del nacimiento), cuando nació la niña todos se llenaron de “una increíble felicidad”. Muchos parientes y amigos acudieron al hospital apenas supieron la noticia, de modo que la niña –que nació con deformidades- pasaba de unos brazos a otros…Diane cuenta que Angela murió en su regazo y que sus miradas se cruzaron en varias ocasiones.

“Murió pacíficamente. El sufrimiento fue nuestro. Durante dos semanas… en realidad, todo un año, la lloramos, como se llora a un ser querido que muere. Es parte normal de la vida. No puedes evitar el hecho de la enfermedad y la muerte. Pero nos sentimos muy tranquilos cuando todo terminó”. Por el contexto y el modo de decirlo, se entiende que la tranquilidad de la que habla es la de quien siente que ha hecho lo que tenía que hacer. (transcripción de sus palabras, en inglés).

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Madre Angélica

Autor: . | Fuente: www.IESVS.org

La historia extraordinaria de la Madre Angélica, fundadora de la mayor empresa de televisión católical Eternal World Television Network (ETWN) y “la católica más influyente de Estados Unidos”

La historia extraordinaria de la Madre Angélica, fundadora de la mayor empresa de televisión católical Eternal World Television Network (ETWN) y “la católica más influyente de Estados Unidos”, según la revista Time.En 1981, un año después de que Ted Turner creara CNN, una sencilla monja, sólo con sus instintos empresariales y doscientos dólares, fundó en el garaje de un monasterio de Birmingham, Alabama, lo que se convertiría en el imperio religioso de medios de difusión más grande del mundo.

Bajo su guía, la Cadena de Televisión Eternal World (EWTN) creció a un ritmo asombroso, tanto en número de televidentes como en influencia, hasta el punto de que ahora llega a más de cien millones de televidentes en cientos de países de todo el mundo.Nacida como Rita Antoinette Francis Rizzo en Canton, Ohio, en 1923, la Madre Angélica fue abandonada por su padre y criada en la pobreza por una madre que padecía de depresión. De joven, Rita sufrió fuertes dolores abdominales que los médicos pensaron que se debían a un “problema de los nervios”, pero sus síntomas desaparecieron cuando una mística de su localidad rezó por ella.

Al darse cuenta del poder de la oración, Rita juró dedicar su vida a Dios y se hizo monja de clausura, con la esperanza de pasar toda su existencia lejos del mundo. Pero muy pronto, la fe de Rita la impulsó a realizar obras increíbles, desde establecer un monasterio en Alabama hasta dar inicio a la primera cadena católica de televisión por cable. Confiando únicamente en “la providencia de Dios”, la Madre Angélica construyó un imperio sin prestar atención a presupuestos ni a campañas de recaudación, y logró lo que ni los más altos prelados de la Iglesia Católica habían logrado hacer.

Madre Angélica 01

Madre Angélica 02

Madre Angélica 03

Madre Angélica 04

Sacramentales para tu hogar

Continuamente nos  pide la Virgen que bendigamos  nuestros  hogares, aqui unas  referencias que en distintos  lugares  ha dicho y ultimamente lo ha  solicitado para Venezuela, como en tiempos  del Exodo, marquemos  nuestros hogares  con la Bendicion de Dios

Los Sacramentales

San Pablo, en la carta a los Efesios, nos dice:
“Pónganse las armas que Dios les da, para poder resistir las estratagemas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra principados, dominaciones y potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal.” (Ef. 6, 10 y ss.)

Observen, queridos lectores, que para poder resistir las asechanzas e insidias del Enemigo (el diablo), se recomienda el ponerse las armas de Dios. Enseguida veremos cuáles. Y la razón formal que da es que nuestra lucha, no es sólo contra los mundanos, ni contra nuestras pasiones carnales, espoleadas por el mundo (Televisión, Cine, Pornografía, Modas,.etc..), sino contra los malos espíritus, contra las fuerzas preternaturales que están por encima de lo humano y más allá de lo natural.

“Por eso, sigue diciendo San Pablo, tomen las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones” (Ef. 6, 13)

¿Cuáles son las armas de Dios?. Es evidente que la oración, la limosna, el ayuno y los sacramentos (en concreto: Eucaristía y Penitencia) son muy importantes, pues son la base de nuestro crecimiento espiritual, necesarias para todo vencimiento personal en la lucha contra el pecado, bien sea contra el mundo, bien contra la carne; pero para ataques extraordinarios de fuerzas demoniacas, en estos últimos tiempos, donde Satanás y sus secuaces están tan sueltos, hace falta medios extraordinarios, es decir, “armas de Dios”. Cuanta más Fe tenga el alma que use estas armas, más lejos mantendrá a Satanás de sí, pero la historia de la Iglesia, en la vida de los santos, demuestra que hasta personas que llevaban sin fe objetos religiosos ( vg.r: crucifijo, reliquia, escapulario..etc.), fueron preservados de distintos tipos de ataques, obra del demonio. Fueron salvados milagrosamente, en atención a la medalla u objeto, a pesar de su poca o nula fe.

Veamos lo que dice la Virgen en estos tiempos sobre ello. A Raymond Shaw, Georgia, 1990, le dice:

Mis amados hijos, les digo de nuevo, recen como nunca antes. Conviertánse en plegarias vivas, tengan sus escapularios en sus manos si es posible, y siempre tengan el nombre de Jesús, María y José en sus labios” Y luego, le añade:

“Protéjanse con los objetos sagrados, bendíganse con agua bendita a menudo, ya que ésta aleja a Satanás. Bendigan sus cosas y a sus seres queridos. Mantengan objetos benditos en sus casas y en sus trabajos; lleven objetos benditos sobre ustedes. Hijo, que mis hijos no tengan miedo de usar objetos religiosos. Sólo pídanle al Espíritu Santo que les quite el temor y la verguenza de usarlos”.

En Medjugorje, Yugoslavia, 1981, la Virgen dijo:

“Queridos hijos, hoy los invito a poner en sus casas más objetos benditos y que cada uno lleve consigo algún objeto bendito. Hagan que sean bendecidos los objetos. Así Satanás les tentará menos, porque tendrán una armadura contra él. Vuelvan a la costumbre de usar agua bendita”

La misma idea le dijo a la Madre Mariana de Jesús T., en Quito-Ecuador, 1634: “Lleven puestos objetos benditos, colóquenlos en sus casas y restauren el uso de agua bendita

A Cindy C., San Diego, California, 1990, la dijo:

“Protéjanse con todo lo que es sagrado: medallas, escapularios, objetos benditos, reliquias religiosas. Coloquen velas encendidas en sus hogares. Coloquen la Cruz de mi Hijo en todas partes y nunca estén sin ellas”

“Lleven objetos bendecidos con ustedes. Bendigan sus hogares. Marquen sus habitaciones con un crucifijo bendito y tengan muchas velas benditas guardadas. Aquellos que se han consagrado al Corazón de mi Hijo y a mi Corazón inmaculado, no sufrirán el daño de los demonios del infierno, ni morirán de miedo”

A Patricia Talbot, en “las Cajas”, Ecuador, 1988, la dijo:

“Bendición para aquellos hijos que en cada hogar mantuvieren un altar con un crucifijo de mi Hijo Amado, una imagen de mi Corazón Inmaculado. Tened el Corazón de Jesús en vuestros hogares, que os mantendrá unidos y en paz”

Bendiciones a aquellos que tengan en su hogar velas benditas para cuando en los días de oscuridad las tengáis encendidas. Tened agua bendita en vuestros hogares. Que un sacerdote bendiga vuestro hogar”

En otra ocasión, la Virgen dijo a Patricia Talbot:

Uno de los logros de Satanás será hacerles creer que las imágenes y las estatuas Sagradas son ídolos. No dejéis que Satanás les impida usarlas, pues serán un gran signo de vuestra protección. Los católicos no oran a estatuas de cemento o cerámica, sino a lo que representan. Debéis volver a tener el altar en vuestros hogares…”

El Ictus

Las apariciones de Peñablanca, como consecuencia del desvío o no sometimiento del vidente a su director espiritual, cayeron en descrédito. Sin embargo, lo que dijo la Virgen a Miguel Angel Poblete en aquellos años de apariciones, 1983, son verdaderas, palabras celestiales dignas de crédito y deben ser tenidas en cuenta. El pez o ictus es un símbolo del antiguo cristianismo. Muchos sagrarios de nuestras iglesias llevan dibujado el Pez, incrustado en la puerta de ellos, así como otros sagrario llevan la figura del Cordero. Tanto el Pez como el Cordero son imágenes de Jesucristo. No es una revelación o doctrina nueva, sino una doctrina muy antigua. Escuchen a la Virgen, en un mensaje de 1983:

“Quien pone el pez (Ictus) con fe salvará su hogar y su vida. Quien no coloca el pez salvará su vida, pero no su hogar. Ya os dije que colocarais en vuestras puertas el símbolo del pez del antiguo cristianismo. Muchos lo colocarán hipócritamente, porque creen que es un amuleto de la suerte”

De todas formas, ya dijimos anteriormente, que muchas personas se salvaron del ataque de Satanás por llevar una medalla, un escapulario o alguna reliquia o crucifijo con ellas, a pesar de no creer en la eficacia protectora y salvadora de dicho objeto sagrado. De ahí que la Virgen diga en Peñablanca:

Os prometo a los que tengáis el pez, aunque sea como amuleto de la suerte, que protegeré vuestra casa con mi manto protector. No temáis, Mi Inmaculado Corazón será vuestro refugio y su manto protector os ha de salvar”

De todas formas, lo ideal es ponerlo con fe viva, creyendo en lo que representa, para salvar no sólo la casa, sino la vida sobrenatural.

Los peces pueden ser de distintos colores: blancos, rojos, azules o amarillos. La Virgen dice de los colores:

“Pinten el Ictus. Su color blanco es pureza, el rojo la sangre del cordero; azul el manto de vuestra Señora, amarillo la luz divina. El pez es un símbolo de Nuestro Señor que significa: Yo estoy con Nuestro Señor Jesucristo y lo estaré siempre por los siglos de los siglos”

La pez (Ictus en griego) es un mensaje en clave que lleva una frase:

I esous Jesus
C hristos Cristo
T heou. de Dios
U ios el Hijo
S oter Salvador

Jesús, en hebreo, significa Dios salva o salvador. él es nuestro Salvador. La palabra Cristo es griega, y significa lo mismo que la palabra hebrea Messías. En latín es lo mismo que unctus, ungido. Cristo es el Ungido del Señor. En el Antiguo Testamento eran ungidos los reyes, los profetas y los sacerdotes. El Mesías tiene la triple potestad de ser Rey, Sacerdote y Profeta. El buen rey conduce a su pueblo a la verdad, y le da a éste lo que realmente necesita. Jesucristo ve como rey lo que necesita su pueblo (su cuerpo místico), y se sacrifica, es decir, se da, se entrega, se hace sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec, para redimirnos con su cuerpo y su sangre.

Y termino con la frase de la Virgen a Miguel Angel Poblete:

“Os pido mucho, pero si pasáis la prueba Dios os premiará muy pronto. Mi corazón Inmaculado será vuestro refugio y él os conducirá a Dios”