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La religión en tiempos de las redes sociales

La religión en tiempos de las redes sociales: historia, oportunidad y retos

La religión tiene la acuciante tarea no sólo de usar estas redes para difundir el mensaje cristiano, sino de integrar el mensaje en esta nueva cultura

Hasta hace algunos años, el uso más común de Internet estaba ligado a visitar diferentes sitios para obtener información[1]. Hoy por hoy, son pocos los que relacionan o usan exclusivamente la world wide web con esa finalidad.

Recientemente[2], la Oficina de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos anunciaba el inicio de su presencia en una de las redes sociales más conocidas, Twitter, con el fin de hacer más visibles los comunicados de prensa y otros de sus contenidos.

Precedentemente, la misma Oficina de Relaciones ya había puesto en marcha un blog[3] en el que, además de informar, ha sido posible debatir temas candentes como la objeción de conciencia, el abuso sexual por parte de algunos miembros del clero o el nombramiento de cardenales de la Unión Americana.

El 19 de mayo de 2009 se hizo público el lanzamiento de una aplicación en Facebook impulsada por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales. La aplicación titulada El Papa se reúne contigo en Facebook, y que es parte integrante del portal www.pope2you.net[4], permite intercambiar postales de Benedicto XVI y fragmentos de discursos, alocuciones, homilías y pensamientos del Santo Padre en esa red social. “Las tarjetas podrán ser enviadas a tus ‘amigos’ en Facebook y la aplicación podrá ser compartida con cualquier persona. De esta manera podremos crear una estrecha red de comunicación alrededor de nuestro Santo Padre”, dice la entrada de Pope2You, si bien también admite que se envíen los textos y las postales desde ahí mismo.

La web de hoy es cada vez más un lugar para la participación. Portales como Facebook, MySpace, Hi5, InterNation, Tuenti, o el mismo Twitter, son realidades ampliamente presentes en la vida de millones de seres humanos que las han convertido en su ‘lugar’ diario de convivencia y en su medio ordinario de comunicación.

El caso de la Oficina de Relaciones con los Medios de Comunicación de los obispos católicos de Estados Unidos y la presencia del mismo Papa en Facebook, muestran cómo las modernas plataformas no excluyen la posibilidad de que la religión católica pueda valerse de ellas para cumplir más eficazmente su finalidad de evangelización.

Ciertamente no son los únicos casos ni las únicas iniciativas, concretamente católicas. Muchos otros grupos están aprovechando las redes sociales para promoverse e incluso para ganar nuevos adeptos.

No obstante que esta realidad digital es ampliamente popular, no deja de sugerir preguntas tanto para quienes no la conocen como para quienes las usan más habitualmente. ¿Por qué se llaman redes sociales y cuál es su origen histórico? ¿Cuáles son las características que tienen? ¿Qué oportunidades ofrecen y que retos éticos presentan? ¿Cómo las están aprovechando los grupos religiosos, específicamente los católicos, y qué resultados y problemáticas se les están manifestando?

1. Historia

Una red social es un portal de Internet que permite a los individuos construir un perfil público o semipúblico dentro de los límites de la plataforma que ofrece el servicio[5]; “Está constituida por un grupo de personas ligadas, en general, por intereses comunes, abierta a compartir pensamientos, pero también pedazos de la propia vida: desde enlaces a sitios que consideran interesantes hasta las fotografías o los propios videos personales […] Los social network están compuestos por personas comunes, no por técnicos o expertos, que distribuyen contenidos relacionados a sus propios intereses o a la propia existencia[6]”.

Actualmente hay una gran diversidad[7] de redes sociales con características propias según las diferentes posibilidades tecnológicas e intereses de los usuarios[8]. En esencia, implican un perfil más o menos visible[9] donde se ofrece la identidad de la persona (con una o varias fotografías), normalmente en base a un cuestionario previo de la misma plataforma que ofrece el servicio. No es sólo texto el que se puede “cargar[10]”. Las fotografías, noticias, archivos de música y videos personales forman parte estructural de las también llamadas social network.

Las redes sociales se enmarcan dentro de ese término más o menos conocido como web 2.0[11], un término acuñado en 2004 que subraya la diferencia técnica respecto a la así llamada web 2.1 que predominó antes.

¿Cuál es la diferencia? “el cambio en las herramientas de programación y las tecnologías utilizadas, incluyendo, por supuesto, el ancho de banda y por tanto la velocidad en el tráfico, y la mejora de los equipos informáticos […] Antes, el internauta era un mero receptor de contenidos, ahora es un usuario que interactúa[12]”.

Los orígenes históricos de las redes sociales se remontan a 1994-1995 cuando algunos sitios de Internet fueron añadiendo, con las capacidades técnicas de entonces y en ámbitos más bien restringidos, la oportunidad de agregar comentarios en foros, mensajería instantánea y, eventualmente, listas de amigos[13].

En 1997, SixDegrees.com fue la primera red social[14]. Permitía no sólo crear perfiles sino también listas de amigos y, al año siguiente, también navegar por las listas de los amigos.

De 1997 a 2001, la evolución tecnológica facilitó nuevas herramientas que permitieron que webs como la del LiveJournal o la sueca LunaStorm estuviesen a la vanguardia e hiciesen sentir involucrados a sus usuarios. El batacazo final lo dio Ryze.com cuando en 2001 impulsó las redes empresariales en Internet. Un año más tarde nacía Friendster, un portal para concertar citas on line que gozó de un éxito que también fue su ruina (las dificultades técnicas no pudieron hacer frente a la alta demanda de servicios).

Aprovechando la agonía de Friendster, Tom Anderson echó a andar en 2003 un proyecto al que apenas si se le dio cobertura en sus inicios. Lo tituló MySpace. Meses más tarde, aunque ya en 2004, un joven estudiante de psicología de la universidad de Harvard, Mark Zuckerber[15], de 24 años, lanza un proyecto para poner en línea los registros de los inscritos en la universidad. Era el germen de lo que hoy se llama Facebook[16].

El fenómeno Facebook dio pie al desarrollo, consolidación, masificación y proliferación de numerosas redes sociales en los meses y años subsiguientes: Orkut se convirtió en la primera en Brasil y en un proyecto exitoso en la India; Mixi se expandió por todo Japón; LunaStorm consolidó su primacía en Escandinavia; Holanda abrazó Hyves y Gronó se hizo con Polonia; Hi5 conoció el éxito en Latinoamérica y algunos países europeos; Bebo amplió su poder en Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Australia; QQ se masificó en China y, más recientemente, Tuenti conquistó España[17]. Actualmente, casi todas las operadoras de telefonía móvil permiten conectarse a redes sociales

Todo este breve repaso histórico por los momentos y nombres que han hecho evolucionar la técnica que facilitó el rápido desarrollo de las redes sociales, y de Internet en general, da pie a una consideración más de fondo: la necesidad a la que han respondido estas plataformas.

La popularidad de las redes sociales “responde al deseo fundamental de las personas de entrar en relación unas con otras […] Es un anhelo  de comunicación y amistad que tiene su raíz en nuestra propia naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente sólo como una respuesta a las innovaciones tecnológicas[18]”. En este sentido, el deseo de contactar y el instinto de comunicación son, en definitiva, modernas manifestaciones de esa tendencia intrínseca de todos los seres humanos a ir más allá de sí mismos.

Todo este desarrollo de las redes sociales ofrece una amplia gama de oportunidades para hacer el bien y crecer en él. Al hecho religioso le presenta la ocasión para una acción capilar aún más grande, además de los beneficios comunes para todos. Pero las redes sociales también presentan retos éticos que no pueden pasar desapercibidos.

2. Oportunidades

En 2006, MyChurch.org[19] inauguró la presencia confesional en las redes sociales de Internet. Después vinieron otras como Gospelr.com, Xianz, GodKut y, más recientemente, católicas[20] como 4marks.com, Cathcommunity.org, Xt3.com[21], Catolink y Pope2you.com.

Pero las iniciativas católicas en el campo de las redes sociales no se han circunscrito exclusivamente a la puesta en marcha de nuevas plataformas que están más bien dirigidas a auditorios muy concretos y, por esto mismo, restringidas en su estricto alcance.

La presencia actual de religiosos, sacerdotes y creyentes en redes sociales no confesionales como Facebook o MySpace no es insignificante. Muchos explicitan su identidad religiosa católica en el propio perfil de manera que otras personas pueden establecer relaciones para impulsar proyectos, compartir iniciativas y archivos, o crear grupos de admiradores de santos, beatos o líderes religiosos[22], partiendo de este previo conocimiento.

No son pocos los párrocos que se han valido de estas herramientas digitales para publicitar eventos reales del propio santuario o parroquia, o de fieles que crean grupos parroquiales o de movimientos apostólicos.

En el artículo Il fenómeno Facebook[23], el padre Antonio Spadaro, S.I., refleja mejor esta presencia en esa red social en concreto: “Los grupos son numerosos […] Para los dominicos I love Dominicans, Movimiento Juvenil Dominico y Juventud Dominica. Para los franciscanos, entre otros, Brothers and Sister of St. Francis of Assisi; par los carmelitas Carmelites Unite! Para los salesianos mencionamos un grupo como Famiglia Salesiana, Movimiento Juvenil Salesiano, o Salesians of don Bosco. Para los jesuitas se va desde Jesuits on Facebook, grupo abierto también para los laicos, e Ignatian Circle, que agrupa personas que viven la espiritualidad ignaciana. Casos peculiares son aquellos de grupos reservados sólo a los miembros de una orden religiosa, y que por lo mismo requieren una aprobación previa a la inscripción, como Jesuit in Formation, reservado solamente a religiosos jesuitas en formación, para que tengan relaciones internacionales, y que prevé responsables nacionales, y The Jesuit Facebook Rec Room e Societas Iesu, abierto a todos los religiosos de la orden. O está también el caso del grupo Missionaries Oblates of Mary Immaculate on Facebook, reservado al encuentro entre los miembros de las congregación de los Oblatos de María Inmaculada”.

Pero, además de valerse de estas herramientas para la inter-comunicación, ¿es posible la evangelización? El Movimiento Regnum Christi lanzó en marzo de 2009 el proyecto Misioneros 2.0[24], una iniciativa con la que se quiere aprovechar las redes sociales como ‘lugares’ para la evangelización, previa formación para saber hacerlo dadas las peculiaridades de esos sitios.

La oportunidad de comunicar la fe, conocer a otras personas a partir de la confesionalidad personal en los perfiles, compartir iniciativas, desarrollar proyectos que involucran la dimensión espiritual de hombres y mujeres, ya de modo individual, ya como grupos, es algo totalmente positivo pues las redes sociales permiten desarrollar relaciones a partir de contenidos (fotos, informaciones, videos, etc.). Pero “al reflexionar sobre el significado de las nuevas tecnologías, es importante considerar no sólo su indudable capacidad de favorecer el contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner en circulación[25]”.

Cada vez que un usuario ‘carga’ nuevas fotografías, música, videos, etc., lo hace para que otras personas puedan verlo o leerlo y, de esa manera, poder mantenerlos al tanto de la propia vida y, a su vez, estar al tanto de la vida de los otros: de lo que hacen, les gusta y piensan. En redes sociales como Facebook, la capacidad de relacionar a las personas ha resultado su clave de éxito.

Aceptar un nuevo ‘amigo’ en una red social implica estar dispuesto a compartir con él la propia lista de amigos y los propios datos personales, lo que a su vez hace posible un tipo de intercambio y conocimiento recíproco.

No son pocos los casos de hombres y mujeres introvertidos que en las redes sociales han hallado un medio para salir de su ensimismamiento y poder relacionarse así con otros seres humanos a partir de múltiples afinidades.

Las aplicaciones de varias redes sociales permiten agregar diversos contenidos al propio perfil, según la creatividad y destreza tecnológica de cada persona, de modo que quedan abiertas a la libre contribución de quienes deseen desarrollar más aplicaciones.

Es posible agregar aplicaciones para señalar qué libros se están leyendo[26], hacer pública una causa para defender o invitar a los propios amigos a adherirse a manifestaciones en lugares físicos; lo mismo se puede crear un grupo de admiradores para personajes famosos que grupos de interés sobre los temas más variados. Una de los recursos, quizá de los más ‘revolucionarios’, ha sido la de convocatorias para eventos presenciales que, en buena medida, está sustituyendo el uso del teléfono y, cada vez más, también del correo electrónico.

Desde el punto de vista educativo, una social network tiene mucho que ofrecer a la generación digital. Si los niños, adolescentes y jóvenes de ahora aprenden con cuñas sonoras de pocos segundos, si su atención es breve, piensan más con imágenes que con palabras y son más dados a procesar datos electrónicos, por qué no aprovechar este nuevo medio para el aprendizaje. En esta línea, las redes sociales también regalan la ocasión para conocer, valorar y aprender lo bueno que hay en otras culturas abriendo caminos para el diálogo entre personas de diferentes países y religiones: “El nuevo espacio digital, llamado ciberespacio, permite encontrarse y conocer los valores y tradiciones de otros. Sin embargo, para que esos encuentros den frutos, se requieren formas honestas y correctas de expresión, además de una escucha atenta y respetuosa. El diálogo debe estar basado en una búsqueda sincera y recíproca de la verdad, para potenciar el desarrollo en la comprensión y en la tolerancia[27]”.

Conscientes del potencial educativo de las redes sociales, hay quienes han lanzado propuestas que buscan exprimir mejor este canal. Es el caso de Imbee.com, dirigido a chicos y chicas de entre 8 y 15 años que cuenta, incluso, con áreas para profesores.

3. Retos

No obstante todos los riesgos de alienación, debe quedar claro que “las redes sociales permiten experimentar nuevas formas de contacto, de relación y de expresión personal[28]”. Antes de estas plataformas, Internet era un mero conglomerado de páginas con contenidos, pero las relaciones humanas en sí mismas no eran visibles en la world wide web.

A. Generales

a. Nuevos “amigos” y el tema de la privacidad

A diferencia de muchos blogs o foros, donde los participantes pueden intervenir mediante una identidad ficticia, las redes sociales no suelen ser lugares para el anonimato sino para relacionarse según aquello que se hace y se es realmente.

Ciertamente, al reflejar la identidad, queda latente la posibilidad de crearse una representación artificial de uno mismo, de modo que se pueda parecer más ‘atractivo’ para todos aquellos que están a la caza de ‘amigos[29]’ con especiales dotes físicas. Un perfil también puede ser ocasión para el narcisismo, el exhibicionismo y la superficialidad pues, para muchos, el deseo de aparecer como una persona socialmente atrayente, teniendo muchos ‘amigos’ en las redes sociales, no deja de ser sintomático. Tampoco es extraño encontrarse con fotos retocadas que mejoran ad extra la articulación de la identidad del usuario.

En todo caso, permanece abierta la tentación de hacer de una social network una ocasión para la construcción de un mundo paralelo que, además de alienar, podría hundir en la cohibición y en el aislamiento cada vez más radical de interacción social real a temperamentos débiles o más bien pobres en recursos para convivir.

El tema de la ‘amistad[30]’ digital es otra asignatura pendiente. Inicialmente las redes sociales implicaban una amistad basada en relaciones de la vida real, específicamente en un ambiente académico universitario. Usada como oportunidad para consolidar o para recuperar aquellas amistades que por la distancia o el tiempo se habían perdido, no pueden dejar de valorarse. Pero la ‘amistad digital’ también invita a considerar el riesgo grave de que computadoras, celulares y otros dispositivos, aíslen de las relaciones interpersonales apoyadas en encuentros reales. Una vinculación social-digital puede crear un exceso de dependencia de los otros.

Las aplicaciones[31] de las redes sociales logran que las personas hagan crónicas detalladas de sus experiencias de vida. En cierta forma, se trata de una renuncia a la privacidad[32] puesta en manos de empresas con fines lucrativos cuyas ganancias dependen, en cierta forma, de la confianza de los usuarios que ponen en sus manos la ‘parte’ de vida que ‘cargan’ en la plataforma social. No huelga recordar que “No hay que dejarse engañar por quienes –tanto en el tema de la ‘amistad’ como en el de la privacidad, ndr– tan sólo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad[33]”.

El tema concreto de la privacidad[34] es uno de los que de una manera más sugestiva plantea no pocas contras en muchos ambientes. Un estudio académico sobre intimidad y social network de los estudiosos Gross y Acquisti[35] revelaron que es alto el riesgo potencial para que a partir de los datos incluidos en los perfiles, delincuentes cibernéticos puedan reconstruir números de seguridad social. Y es que en no pocas ocasiones se da un descuido propiciado, en parte, por la inconsciencia acerca de la naturaleza pública que supone Internet[36].

Todo lo anterior plantea más interrogantes éticos y es motivo de una alerta mayor si consideramos que al menos una cuarta parte de los usuarios de redes sociales son menores de edad[37].

b. Derechos de autor

La publicidad en las pantallas de nuestros monitores nos recuerda que las redes sociales no son grupos filantrópicos sino empresas que buscan ganancias económicas.

En esta línea, no es banal recordar que las plataformas más usadas se están convirtiendo en propiedad de compañías cuyo cometido es incrementar sus entradas de dinero[38]. Si bien ofrecen un servicio, ¿quién es el propietario último de la información que libremente carga el usuario y qué disponibilidad pueden tener y hacer de ella? “Una vez que se introduce en la Red una información o mensaje, resulta altamente difícil retener el título de propiedad por parte del emisor. Los mensajes pueden ser tomados y transformados fácilmente de suerte que pierda el rastro de autoría original. Los legisladores dispensan a este tema una importancia capital. Hay piratas de ordenadores que se dedican a robar datos e informaciones en la Red como salteadores de bancos. ¿Quiénes custodian los bancos de datos? ¿Quiénes tienen acceso normal a ellos sin violar el secreto profesional correspondiente? ¿Cómo evitar el soborno o el asalto traidor a los mismos?[39]”.

Aquí, como en otros temas relacionados con Internet, se precisa una legislación internacional al respecto de modo que ningún negocio se aproveche de la confianza de las personas, independientemente de quien se trate[40].

A través de las redes sociales, por su misma dinámica relacional entre personas, es posible compartir contenidos muchas veces al margen de quienes los producen o distribuyen legalmente.

Al considerar lo anterior, percibimos dos cosas: 1) por una parte tenemos lo que podríamos llamar “derechos de autor” sobre los contenidos que el mismo usuario produce (sus fotos, videos, textos, etc.) y, por otra, 2) aquellos contenidos ajenos que muchas veces el mismo usuario hace circular o recibe. Está claro que se puede disponer de aquello que se produce, mientras no atenta contra nadie más, pero no se puede disponer sin más de lo ajeno. El hecho de que de facto se dé un masivo robo de propiedad intelectual (pensemos en la música o videos que se distribuyen o comparten), una democratización del delito, no es sinónimo de que no deba ser penado y mucho menos de que esté bien. “La conducta delictiva en otros contextos es también conducta delictiva en el ciberespacio[41]”.

c. Educación, responsabilidad y tiempo

PADRES,%20HIJOS%20INTERNET%202Siendo la familia el lugar donde se aprenden las primeras nociones del bien y del mal, los valores y las virtudes, no deja de ser una tarea pendiente el superar la brecha generacional entre padres e hijos, concretamente respecto al uso de los modernos medios de comunicación y, más específicamente, de las redes sociales en Internet. Los padres tienen la obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso. Si esto conlleva aprender lo que no conocen o conocen deficientemente, será una ganancia.

Los padres cada vez tienen menos tiempo y por ello no pueden supervisar al cien por cien qué hacen sus hijos en casa. Muchos no se dan cuenta que el mal está al alcance de un clic dentro del mismo hogar. Los padres pueden ser modelos de uso prudente de un medio de comunicación.

Una educación adecuada ayuda a los usuarios de redes sociales a discernir mejor qué es una amistad auténtica y a identificar los posibles riesgos de confundir relaciones superficiales y esporádicas en Internet con la verdadera amistad. Las relaciones humanas requieren tiempo y conocimiento directo.

La educación implica un énfasis especial en la responsabilidad de los actos. No se puede perder de vista que quien actúa en las redes sociales es el único sujeto real que existe fuera de ellas y que, por ello, cualquier acción ahí realizada es responsabilidad de quien la efectuó.

Por tanto, hay una responsabilidad que respecta tanto a lo que se carga en la red como a lo que de ella se toma. La oportunidad de compartir implica no sólo una relación sino también contenidos; y dentro de estos lo mismo se puede incluir violencia que pornografía. Por lo anterior, “quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de los nuevos medios han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona humana […] Quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos[42]”.

A la luz de esto no sobra abundar en la necesidad de una educación para discernir no sólo a quién se admite como amigo, sino en todo aquello que se pone a disposición de los demás en el propio perfil y el tiempo invertido en ello[43]. Una moderna oportunidad no puede convertirse en esclavitud. Y es que una red social reclama una alta atención del usuario: “…Cualquier mensaje, foto o video que introduce alguno de los amigos presentes en la red supone una llamada que con frecuencia es atendida con un intercambio de mensajes, de fotos o de videos. Cargar fotos y videos ya supone un cierto tiempo… y el reloj corre[44]”.

Considerando esto, nace espontáneamente una pregunta: ¿tiene un estudiante tiempo para ello? ¿En qué momento actualiza su perfil un trabajador?

B. Respecto a la religión

Es iluminador cómo muchos están llevando al mundo digital el testimonio de su fe católica[45], ya de forma institucional, a nombre de una parroquia o grupo eclesial, ya de modo personal. Los casos e iniciativas citadas anteriormente ejemplifican cómo todos los beneficios de las redes sociales también se aplican a la vida de fe. Desgraciadamente también los riesgos y puntos negativos; incluso podemos decir que con particularidades muy propias.

a. Los fieles en general

La participación física presencial en los momentos de culto en los lugares y tiempos establecidos no puede ser suplida por la modalidad virtual. No se puede olvidar que “No existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí, por la gracia de Dios, son insuficientes si están separadas de las interacción del mundo real con otras personas de fe[46]”. Es necesario encontrar a Cristo “personalmente y cultivar esta relación con Él a través de la oración, la Eucaristía y el Sacramento de la Reconciliación, la lectura y la meditación de la Palabra de Dios, el estudio de la doctrina cristiana, el servicio a los demás[47]”.

También es apremiante, no sólo para los creyentes, una asignatura que aborde una adecuada pedagogía educativa en el uso de los medios de comunicación en escuelas públicas, concretamente en lo referente a Internet y aquellas formas de comunicación más usadas dentro de él. Más que abundar en la parte técnica, es urgente una perspectiva ética que sirva de orientación para todos esos niños y jóvenes que cada vez más, a una temprana edad, se insertan como usuarios de redes sociales; debe ser una educación que ayude a que las personas “se formen criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos; se trata de un aspecto de la formación de la conciencia[48]”.

Al respecto, “Las universidades, los colegios y las escuelas católicas […] deberían ofrecer cursos para varios grupos, así como una formación más esmerada en cuestiones de tecnología, administración, ética y política de las comunicaciones…[49]”.

b. Los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas

RELIGIOSO%20INTERNETQue la propuesta del Evangelio sea promovida, escuchada y acogida, también es tarea primordial de las personas consagradas, quienes “desde su propio carisma, adquieren un compromiso en el ámbito de las comunicaciones sociales[50]”. Este llamamiento ha sido formulado y repetido en diferentes documentos oficiales de la Iglesia[51].

Afortunadamente, cada vez más sacerdotes, religiosos y religiosas actúan como fermento evangélico en el continente digital. Centrándonos en el caso que nos ocupa, el de las redes sociales, muchos de ellos se valen también de perfiles para ampliar su acción pastoral informando, formando y ayudando a madurar a sus fieles a partir del provecho que estos nuevos recursos permiten. Las almas se benefician y el apostolado se multiplica resultando más eficaz, incluso suscitando nuevas vocaciones o acercando a personas no creyentes o de otras religiones al catolicismo.

Pero los problemas que se han tocado precedentemente también atañen al sacerdote –y a las personas consagradas en general–. De ahí que todas ellas deban revisar constantemente las motivaciones de fondo que les mueven a valerse de las redes sociales. Esta consciencia y equilibrio necesarios serán más sólidos en tanto en cuanto se haya recibido una adecuada educación en el uso de los mass media durante la preparación académica previa al apostolado y trato directo con las almas[52].

Como afirmaba el padre Álvaro Corcuera, L.C., en un congreso desarrollado en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, del 26 al 27 de marzo de 2004, –algo que vale totalmente al ámbito singular de las redes sociales–: “En el contexto de la formación para la vida religiosa, los medios de comunicación tienen una finalidad específica: sirven en la medida en que pueden ayudar a la formación intelectual, cultural, humana y espiritual de los religiosos. No obstante su valor positivo, su uso indiscriminado constituye un grave obstáculo para la fidelidad a los compromisos de la vida religiosa, dada su capacidad de incentivar la dispersión interior, la ligereza, la falta de disciplina, la pérdida de tiempo, la asimilación de criterios propios de un mundo laicizado y la deformación de la conciencia religiosa. Los medios son medios. Deben ser usados para alcanzar los fines, que, como hemos visto, en la vida religiosa son muy específicos[53]”.

Los consagrados son agentes de comunicación[54], pero no está dicho que deban asumir todos los roles del comunicador. Para ayudar más y servir mejor, los laicos también asumen un papel de importancia, sobre todo, aunque no sólo, al nivel de administración técnica y operativa. Un sentido de eficacia apostólica invita no sólo a delegar sino también a involucrarlos.

La persona consagrada también puede caer en la banalización de las relaciones interpersonales a través de las redes sociales que, en el mejor de los casos, sólo le haría perder el tiempo que merecen sus almas.

Los jóvenes seminaristas, religiosos (as) y consagrados (as), al igual que otros jóvenes, son igualmente propensos a caer en la patología del trastorno de dependencia de Internet[55] que llega a imposibilitar su perseverancia pues les produce problemas que influyen en su comportamiento y en la percepción psicológica del mismo sujeto[56].

Es justo pensar en que los consagrados deban plantearse un examen de conciencia donde el tiempo invertido en las redes sociales sea la materia a evaluar, como parte del voto o promesa de pobreza. Tocante al voto o promesa de castidad, no sobra recordar que un sacerdote o una persona consagrada “no puede verlo todo, oírlo todo, decirlo todo, gustarlo todo… El Seminario –o la casa de formación– debe haberlo hecho capaz, en la libertad interior, de sacrificio y de una disciplina inteligente y sincera[57]”. Respecto a la promesa o voto de obediencia, siempre será un gesto de dependencia filial el pedir los permisos necesarios para navegar, con la bendición de Dios, por los sitios que necesitamos. El espíritu de reporte, tanto del tiempo usado en estos medios como de los lugares visitados, es también un rasgo de obediencia.

Conclusión

Las redes sociales permiten a los usuarios verse y sentirse parte de una red de relaciones en la que pueden participar con tan solo dar un clic. Más que un cambio a nivel tecnológico, que también lo comprende, lo es a nivel de su uso. Por tanto, no exige una nueva ética sino más bien la aplicación de principios ya establecidos a las nuevas circunstancias.

Bien sabemos que los medios de comunicación en general, y las redes sociales en particular, son éticamente neutros. Su bondad o maldad dependen del factor libertad humana, es decir, del uso que el hombre les da. “Nunca se insistirá lo suficiente en que los medios de comunicación social son sólo instrumentos sin alma propia[58]”.

No se puede ocultar que la fe contribuye positivamente para usar adecuadamente estas plataformas partiendo de razones humanas y enriquecidas con motivaciones espirituales que se ofrecen para ello. En definitiva, lo que está en juego en las redes sociales es si gracias a ellas la persona humana “se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados y a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda a todos[59]”. La religión tiene la acuciante tarea no sólo de usar estas redes para difundir el mensaje cristiano, sino de integrar el mensaje en esta nueva cultura[60].

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