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Archivo para 17 abril 2009

Beata María de la Encarnación, Madre

  17 de Abril

encarnacion17-4He aquí una madre de seis hijos, que pudo llevar a su país tres nuevas comunidades religiosas, y de llegar a tener tres hijas religiosas y un hijo sacerdote, además de dos hijos comprometidos en la fe católica y padres de familia.

Nació en París en 1565 de noble familia. Sus padres deseaban mucho tener una hija y después de bastantes años de casados no la habían tenido. Prometieron consagrarla a la Sma. Virgen y Dios se la concedió. Tan pronto nació la consagraron a Nuestra Señora y poco después fueron al templo a dar gracias públicamente a Dios por tan gran regalo. De jovencita deseaba mucho ser religiosa, pero sus padres, por ser la única hija, decidieron que debería contraer matrimonio. Ella obedeció con humildad, y se casó con Pedro Acarí, esmerandose por ser la mejor esposa y madre, y educando a sus seis hijos en lo espiritual.

Desde los primeros años de su matrimonio dispuso llevar una vida de mucha piedad en su hogar. Al personal de servicio le hacía rezar ciertas oraciones por la mañana y por la noche, y a la vez que les prestaba toda clase de ayudas materiales, se preocupaba mucho porque cada uno cumpliera muy bien sus deberes para con Dios. La bondad de su corazón alcanzaba a todos: alimentaba a los hambrientos, visitaba enfermos, ayudaba a los que pasaban situaciones económicas difíciles, asistía a los agonizantes, instruía a los que no sabían bien el catecismo, trataba de convertir a los herejes, a los que habían pasado a otras religiones y favorecía a todas las comunidades religiosas que le era posible.
Su marido a veces se disgustaba al verla tan dedicada a tantas actividades religiosas y caritativas, pero después bendecía a Dios por haberle dado una esposa tan santa.

Al fallecer su esposo, María empezó a dedicarse con más devoción a las labores espirituales, en especial a una, que le ha sido revelada por una visión divina de Santa Teresa: el tener que esforzarce para que la comunidad de las carmelitas logre llegar a Francia.
Desde esa fecha, la beata se dedica a conseguir los permisos para que las Carmelitas puedan entrar a su país. Pero las dificultades que se le presentan son muy grandes, pues hay leyes que prohiben la llegada de nuevas comunidades. María habla con el rey y con el arzobispo, pero cuando todo parece ya estar listo, de nuevo se les prohibe la entrada.

Una nueva aparición de Santa Teresa viene a recomendarle que no se canse de hacer gestiones para que las religiosas carmelitas puedan entrar a Francia, porque esta comunidad va a hacer grandes labores espirituales en ese país.
Al llegar San Francisco de Sales a Francia, y al saber de las gestiones de María, se convierte en su mejor aliado y habla con las más altas personalidades para ayudarla a conseguir los permisos que necesitan. Finalmente, con la colaboración de todos, logran que el Papa Clemente VIII envie un decreto permitiendo la entrada de las hermanas a Francia.

En 1604 llegaron a París las primeras hermanas Carmelitas. Iban dirigidas por dos religiosas que después serían beatas: la beata Ana de Jesús y la Madre Ana de San Bartolomé. María con sus tres hijas las estaba esperando en las puertas de la ciudad. Poco después las tres hijas de María ingresaron al convento de las monjas carmelitas y luego ella también decidió ingresar a la orden, dedicandose a los oficios más humildes y a obedecer en todo como la más sencilla de las novicias.

Al ser nombrada su hija como superiora del convento, la mamá de rodillas le juró obediencia. Los últimos años de la hermana María de la Encarnación (nombre que tomó en la comunidad) fueron de profunda vida mística y de frecuentes éxtasis. En abril de 1618 enfermó gravemente y quedó paralizada, y el 16 de ese mes, luego de un último éxtasis, falleció.

El “sí” a Dios

El “sí” a Dios: don y conquista

viernes, 17 de abril de 2009
Ramiro Pellitero


AnalisisDigital.com

Uno de los libros de Stefan Zweig se titula en castellano “Momentos estelares de la historia de la humanidad”. En ese título se contiene el mensaje de que ciertas aventuras, Almudi.org - Ramiro Pelliterodescubrimientos y acontecimientos que han engrandecido a la humanidad, han dependido de algunos momentos y decisiones de unos pocos.

Momentos y decisiones que con frecuencia pasaron inadvertidos por muchos, pero que fueron claves, “estelares”. Y por eso están escritos para siempre en el libro de la historia. Lo recordé hace poco tiempo, después de leer que, de una manera u otra, todas las personas nacen y se forman para un momento importante de su vida.

Desde el punto de vista cristiano, todo tiene su origen en el gran “sí” que Dios ha dado al hombre en Jesucristo. Éste ha sido un estribillo continuo en la predicación de Benedicto XVI. A los jóvenes franceses reunidos en Lourdes, en abril de 2008, les decía: “El Evangelio es el gran ‘sí de Dios’ que espera nuestro ‘sí a Dios’ para participar de los proyectos de su amor”.

¿Cómo es posible -cabría preguntarse- que los planes grandes y amorosos de Dios dependan de nuestro sí, que nos parece a veces tan pequeño y estrecho? La respuesta la daba el mismo sucesor de Pedro, al explicar que el sí de un corazón es capaz de hacer surgir una potentísima fuente liberadora de vida y fuerza divina, sin quitar nada de lo que aporta la verdadera felicidad:

“Nuestro sí a Dios hace brotar la fuente de la verdadera felicidad: este sí libera al yo de todo lo que lo encierra en sí mismo. Hace que la pobreza de nuestra vida entre en la riqueza y en la fuerza del proyecto de Dios, pero sin entorpecer nuestra libertad y nuestra responsabilidad. Abre nuestro corazón estrecho a las dimensiones de la caridad divina, que son universales. Conforma nuestra vida a la vida misma de Cristo, que nos ha marcado en nuestro bautismo”.

Todo esto supone, aunque no se diga, que el sí a Dios es, en primer lugar, un don de Dios. Como la madre que le da al niño el regalo para el padre, o el padre para la madre: así el niño transforma sus carencias en un regalo que le engrandece.

Hace pocos días, el Domingo de Ramos, justo antes de que los jóvenes australianos entregaran a sus coetáneos españoles la cruz de la Jornada Mundial de la Juventud que enlaza las jornadas de Sidney con las de Madrid-2011, insistía:

“Solamente en el abandono de sí mismo, en la entrega desinteresada del yo en favor del tú, en el ‘sí’ a la vida más grande, la vida de Dios, nuestra vida se ensancha y engrandece… En efecto, el amor significa dejarse a sí mismo, entregarse, no querer poseerse a sí mismo, sino liberarse de sí: no replegarse sobre sí mismo -¡qué será de mí!-, sino mirar adelante, hacia el otro, hacia Dios y hacia los hombres que Él pone a mi lado. Y este principio del amor, que define el camino del hombre, es una vez más idéntico al misterio de la cruz, al misterio de muerte y resurrección que encontramos en Cristo”.

Hacía notar el Papa, con realismo, que esto puede ser fácil de aceptar como teoría. Pero que no se trata de reconocer un principio, sino de vivir la verdad de la cruz y la resurrección. Por eso, no basta “una única gran decisión”.

“Indudablemente -señalaba-, es importante, esencial, lanzarse a la gran decisión fundamental, al gran ‘sí’ que el Señor nos pide en un determinado momento de nuestra vida. Pero el gran ‘sí’ del momento decisivo en nuestra vida -el ‘sí’ a la verdad que el Señor nos pone delante- ha de ser después reconquistado cotidianamente en las situaciones de todos los días en las que, una y otra vez, hemos de abandonar nuestro yo, ponernos a disposición, aun cuando en el fondo quisiéramos más bien aferrarnos a nuestro yo. También el sacrificio, la renuncia, son parte de una vida recta”. Como un principio educativo básico, añadía el Papa: “Quien promete una vida sin este continuo y renovado don de sí mismo, engaña a la gente. Sin sacrificio, no existe una vida lograda”.

 Y como en confidencia íntima, concluía: “Si echo una mirada retrospectiva sobre mi vida personal, tengo que decir que precisamente los momentos en que he dicho ‘sí’ a una renuncia han sido los momentos grandes e importantes de mi vida”.

El jueves santo por la mañana se detuvo en qué significa esa “renuncia” en la práctica: “No querer imponer nuestro camino o nuestra voluntad”. Y esto sólo se puede realizar bien si Cristo es el centro de nuestra vida, por la oración y el servicio a los demás. Porque sólo así pueden apreciarse los pequeños y grandes signos de su amor, que nos da continuamente, de modo que podemos experimentar una creciente alegría. Alegría que se compagina con la solidaridad por todos los que sufren, como expresó el Papa al final del Viacrucis del día siguiente. Todo eso es comprometerse con Jesús por los demás.

En algún lugar he leído que cuando una persona nunca toma una decisión importante para su vida, es como un taxista que se pasea por la ciudad con el cartel de “libre” sin querer llevar a ningún pasajero. O como una tierra fértil que nunca se acaba de sembrar, por miedo a equivocarse. Pero eso no tiene que ver con la fe y la esperanza, y desde luego no corresponde al “sí” del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo.

Dios da a cada uno la oportunidad y el don mismo de un sí plenamente libre. Y a la vez ese don ha de ser conquistado antes, durante y después, para ser recibido y multiplicado en servicio de los demás. Ese “gran sí” es la respuesta a la llamada o la vocación divina, sea en el ministerio sagrado, en la vida religiosa o, más frecuentemente, en la condición laical (vivida en el celibato o en el matrimonio). Es un gran “sí” que decide, en efecto, el destino de una vida, y que tiene una larga preparación, con frecuencia sin que uno la perciba con claridad. Y después de pronunciarlo, ese mismo “sí” se alimenta y se cuida con detalles cada día, y así se hace más grande, hasta sumergirse en la fidelidad y la fecundidad de Dios, como todo lo que pertenece al amor.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

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Beatificación de Rafael Luis Rafiringa

Anuncian beatificación en Madagascar del hermano de La Salle Rafael Luis Rafiringa

ANTANANARIVO, 16 Abr. 09 / 10:27 pm (ACI)

Hno. Rafael-Luis Rafiringa +

Hno. Rafael-Luis Rafiringa +

El Superior General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos de La Salle), Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría, escribió un comunicado por la próxima beatificación del hermano Rafael-Luis Rafiringa el 7 de junio; en el que se refirió a él como “modelo no solo para Madagascar sino para todo el Instituto y la Iglesia“.

El Superior General expresó su gratitud por “la buena noticia de que el día de la Santísima Trinidad, el Hermano Rafael-Luis Rafiringa será beatificado en Antanarivo, Madagascar. La beatificación será presidida por el Arzobispo Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos”.

Asimismo, el Superior recordó que “el hermano Rafael fue talentoso y eficaz como educador, catequista y líder. Durante un tiempo en que los misioneros extranjeros fueron expulsados del país, el Hermano Rafael fue escogido como Presidente de la Unión Católica para Madagascar, dirigiendo la Iglesia durante el período de gran oposición. Fue nombrado Miembro de la Academia de Madagascar y recibió la Medalla del Mérito Civil por el éxito de sus esfuerzos para normalizar las relaciones entre Madagascar y Francia”.

“El Hermano Rafael fue un hombre de Dios que trabajó ardorosamente enseñando, trabajando con el pobre, escribiendo libros y componiendo poesías y música. El Beato Rafael-Luis Rafiringa es un modelo no solo para Madagascar sino para todo el Instituto y la Iglesia”, dijo.

Finalmente, el Superior anunció que para conmemorar este acontecimiento se imprimirán distintos materiales para acrecentar la devoción al que será un nuevo beato de la familia de La Salle.

Categorías:Historia, Mundo, Religión

Día contra la Esclavitud Infantil

Iqbal Masih

Mons. Asenjo pide declarar Día contra la Esclavitud Infantil en memoria de niño católico

SEVILLA, 17 Abr. 09 / 03:30 am (ACI)

El Arzobispo Coadjutor de Sevilla y Administrador Apostólico de Córdoba, Mons. Juan José Asenjo Pelegrina, en una reciente carta pastoral pidió la “erradicación de la esclavitud infantil“; y solicitó que el día 16 de abril “sea declarado en todo el mundo Día Internacional contra la Esclavitud Infantil” en memoria del niño católico pakistaní Iqbal Masih, asesinado en 1995.

El Prelado recordó a los feligreses que los niños esclavizados “necesitan nuestra compasión, solidaridad y compromiso para lograr su liberación”.

“La Iglesia ha sido siempre madre y maestra en el servicio a los pobres y olvidados, especialmente los más pequeños. El Papa Benedicto XVI nos ha recordado nuestro compromiso bautismal de servir a los últimos de la tierra, que llevan en su rostro los sufrimientos del Crucificado, y entre los que ocupan un lugar destacado los 400 millones de niños esclavos“, indicó.

El Arzobispo recordó al pakistaní Iqbal Masih quien fue asesinado el 16 de abril de 1995 por luchar contra la esclavitud infantil; y pidió a los fieles a “rezar y trabajar” por “la erradicación de esta lacra social”, y para que el aniversario de la muerte de Iqbal “sea declarado en todo el mundo el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil”.

Iqbal Masih

Iqbal Masih nació en 1982 en Pakistán. A los cuatro años de edad, su padre lo vendió como esclavo a un fabricante de alfombras por 600 rupias, unos 12 dólares, para pagar la boda de su hijo mayor. Desde ese momento, Iqbal fue obligado trabajar más de doce horas diarias encadenado a un telar y era sometido a constantes palizas.

A los 10 años de edad logró escapar de la fábrica pero las condiciones infrahumanas en las que vivió causaron serios estragos en su cuerpo. A los doce años de edad tenía la estatura y el peso de un niño de seis.

Desde su escape se dedicó a denunciar, con el apoyo del sindicato de trabajadores de ladrillos, los abusos contra los niños pakistaníes. Sus denuncias cruzaron las fronteras y visitó Suecia y Estados Unidos, convertido en un líder infantil.

El 16 de abril de 1995, Iqbal, un niño católico en un país de mayoría musulmana, participó en la Misa de Domingo de Resurrección. Esa tarde salió a pasear en bicicleta en su aldea natal, cerca de Lahore. Fue asesinado a tiros y la mafia de fabricantes de alfombras fue acusada del crimen.

El día de su muerte, Iqbal llevaba en su morral una Biblia y un libro sobre la Pascua, con una imagen de Jesús. Este niño pakistaní es considerado el símbolo de la lucha contra la explotación infantil.

Categorías:Familia, Mundo, ProVida, Religión
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