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La sexualidad en el noviazgo

¿Hasta dónde?

La sexualidad en el noviazgo

La sexualidad en el noviazgo

En nuestros días se subraya el significado de la sexualidad como “lenguaje”, como medio de expresión amorosa en la mutua donación física.

Está claro que el afecto, el amor, necesita expresarse, ser dicho. Y no sólo con palabras, sino también con gestos, acciones simbólicas, miradas, etc. pero también es evidente que hay diversos tipos y grados de amor, y que las expresiones usadas requieren ser adecuadas a cada tipo y grado. No es lo mismo el amor de una madre por el hijo, que el de dos hermanos, o el de dos amigos, o el de unos novios, o el de los esposos. Todos esos afectos piden ser expresados, pero de modo diverso. Entendemos enseguida que sería aberrante expresar sexualmente el amor filial o el cariño profundo de dos hermanos. Igualmente hay que comprender que el afecto existente entre dos amigos, o ya novios, no tiene las mismas características que el amor esponsal, y que por lo tanto no se pueden usar las mismas expresiones de amor en ambos casos.

La donación sexual plena es un lenguaje maravilloso que dice donación total, incondicional. Una donación mutua que, además está intrínsecamente ordenada a la posibilidad de engendrar nuevas vidas, fruto del amor. Todo eso “dice” la relación sexual. Algunos quieren negar o disminuir la importancia de ese significado procreativo del acto sexual, pero me parece que no se puede negar algo que se presenta con evidencia, apenas se reflexiona un poco sobre la estructura misma, la dirección intrínseca de ese acto.

Por eso mismo, querer experimentar esa relación sexual fuera de ámbito de donación total, expresamente ratificada, que supone el matrimonio, es mentir gravemente, es “decir” con el lenguaje de la donación sexual algo que no se quiere ni se piensa. Por eso la relación sexual antes o fuera del matrimonio suele ser expresión de egoísmo más que de amor; y por lo tanto un corrosivo contra el verdadero amor. Es un engaño justificarlo todo con el “ella lo quería”. También existe el “egoísmo en pareja”. No basta tampoco decir “es que nos queremos”. El amor que une a dos amigos o a dos novios no es el de dos esposos, no ha cuajado aún definitivamente en la entrega total y definitiva, abierta a la donación de la vida a futuros hijos que sólo el matrimonio realiza. Antes de él se está todavía en un estado transitorio, de prueba, de internidad. A este estado deben corresponder manifestaciones de afecto adecuadas para expresar la mutua donación, pero una donación que no es aún totalizante, definitiva. Puede parecer que los propias gestos nacen sólo del amor, pero frecuentemente se mezcla éste con la pasión, y, si no se tiene cuidado, con un naciente egoísmo que puede terminar por destruir el amor que poco a poco se había ido forjando, acabando para siempre con las legítimas ilusiones que habían ido floreciendo en el corazón de ambos desde el día en que comenzaron a enamorarse.

Algunos, pensando en las manifestaciones de afecto adecuadas al período de noviazgo, suelen preguntar: “¿Hasta dónde se puede?”. Ese modo de hablar denota ya un malentendido. La cuestión no está en saber hasta dónde se puede actuar sin caer en pecado. El amor no es así. Lo importante es tratar de basar todas las relaciones mutuas en esa donación profunda, sobre todo espiritual, del propio yo al ser amado. Se requiere luego un poco de atención y de sinceridad para autoanalizarse y ver si los propios gestos afectivos son expresiones de verdadero amor o más bien búsqueda pasional del placer, aunque esté mezclada con sentimientos de afecto. Si en sus relaciones sienten que se enciende y crece la excitación sexual, pueden sospechar que la intención no es del todo limpia.

Esto es importante, porque poco a poco se puede ir cayendo en el error de “usar” al otro, y por lo tanto, “abusar” de él para satisfacer los propios deseos de placer. No hay mejor manera para destruir el amor. Muchos de los fracasos en los noviazgos, y después en el matrimonio, derivan de ahí.

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