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Archivo para 21 Agosto 2008

Fue grande porque fue santo…

 

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San Pio X

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Ninguna lectura parcial y ningún análisis crítico del período histórico en el que vivió, o incluso de su servicio pontifical, pueden afectar aquello que ha sido y sigue siendo el juicio de la Iglesia sobre este hombre que, como se ha dicho justamente, fue grande porque fue santo… 

De hecho, como todos los grandes Pontífices, podemos decir que no hay sector o aspecto de la vida de la Iglesia en el que Pío X no haya entrado para discernir, orientar, determinar, relanzar. Recordamos brevemente el campo de la liturgia, los sacramentos, la catequesis y la predicación, el canto y el arte sacros, el derecho eclesiástico, el apostolado social, los seminarios y la formación sacerdotal, los estudios bíblicos, la organización eclesiástica: en cada uno de estos ámbitos intervino con mano hábil y firme, con decisiones providenciales e incisivas. Dio orientaciones innovadoras y proféticas y, al mismo tiempo, consolidó e incrementó la fe de la Iglesia. Esta fue su máxima aspiración y preocupación: la autenticidad, la claridad, la transparencia de la fe en todo el pueblo de Dios. Luchó y sufrió por la libertad de la Iglesia, y por esta libertad se mostró pronto a sacrificar privilegios y honores, a afrontar incomprensiones y ofensas, ya que valoraba esta libertad como garantía última para la integridad y la coherencia de la fe. No se dejó detener por ningún respeto humano ni por cálculos oportunistas cuando se trató de defender los derechos de Cristo, de la Iglesia y de los más pequeños de sus hermanos…

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Ciertamente, Pedro se sentía indigno cuando Cristo habló con él después de la resurrección – después de la triple negación – y se sentía indigno Pablo, que en el pasado había perseguido a los cristianos. Indigno se sentía también Giuseppe Sarto cuando Cristo lo llamó: primero, al sacerdocio; luego, al episcopado; y finalmente -en la Capilla Sixtina, en la elección del Cónclave- como Sucesor de San Pedro en Roma. Se sentía indigno. Y al mismo tiempo, por la gracia del Espíritu Santo, tenía conciencia de que Dios, que desde el inicio confiaba su Evangelio a “hombres indignos”, quería a través de las diversas etapas confiárselo precisamente a él: a Giuseppe Sarto, hijo de esta tierra en la cual hoy se encuentra en peregrinación otro indigno sucesor de San Pedro para dar gracias a Dios por todo el servicio del Evangelio que la Iglesia debe a Pío X, Giuseppe Sarto. El Evangelio le fue confiado a él porque “sufrió”, experimentó el sacrificio en su vida, en la pobreza de sus orígenes, en la asidua aplicación al estudio, en la necesidad de la caridad de los demás, para alcanzar la deseada meta del sacerdocio.

Tuvo la valentía de anunciar el Evangelio de Dios en medio de muchas luchas. Desde que era un joven sacerdote -como atestiguan los laboriosos cuadernos del catecismo compilado en Salzano- luchó contra la ignorancia religiosa, se prodigó hacia los pobres contribuyendo solícitamente con su promoción social. Como Obispo de Mantova se dedicó a llevar al clero a una conveniente práctica de la vida pastoral. Pero sobre todo como Sumo Pontífice vivió su pontificado “en medio de muchas luchas”, obrando con valentía, a veces en la incomprensión y en el llanto, pero con una decidida voluntad de salvar a la Iglesia del riesgo de doctrinas alienantes para la integridad del Evangelio. Trabajó con gran sinceridad para poner en evidencia los pliegues solapados del sistema teológico del modernismo, con gran valentía y movido sólo por el deseo de la verdad a fin de que la revelación no fuera desfigurada en su contenido esencial.

Este gran proyecto obligó a Pío X a un continuo trabajo interior para no buscar “agradar a los hombres”. Sabemos bien cuántas adversidades debió sufrir precisamente por la impopularidad a la que se sometió con sus decisiones. Quiso agradar “a Dios, que examina nuestros corazones”, como discípulo fiel del maestro Jesús. “Al oficio de apacentar la grey del Señor que nos ha sido confiada de lo alto, Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia” (cfr. Pío X, Encíclica Pascendi).

Dio un ejemplo a la Iglesia buscando siempre todas las ocasiones posibles para “partir el pan” de la palabra de Dios a los pequeños, a la gente simple, mediante la catequesis, cuidando de sus creaturas como una madre que nutre, educa y defiende. Hombre de sentido práctico, se sentía en el deber de trazar detalladamente los programas de su acción pastoral también para los demás pastores de la Iglesia a fin de que ninguno quedara excluido de la empresa apostólica que era necesaria por el bien del Pueblo de Dios. Verdaderamente, de este modo amó con todo su ser a la comunidad cristiana y dio la propia vida, su entero compromiso, para servir auténticamente como guía de la grey.

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Palabras del Santo Padre Juan Pablo II durante su visita pastoral al Véneto en junio de 1985 con ocasión del 150º aniversario del nacimiento del Papa San Pío X – Giuseppe Sarto – y del 100º aniversario de su ordenación episcopal.

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Fuente: La Buhardilla de Jerónimo

Testimonio de Vida

Alma y Cuerpo. Olga Bejano Domínguez

Soy una mujer joven, el 3 de Noviembre de 2007 cumpliré 44 años. Debido a una enfermedad que tuve a los 12 años producida al parecer por un componente de la anestesia, el Curare, en una simple operación de apendicitis y estoy paralizada de la cabeza a los pies, soy pentapléjica. Mi enfermedad es desconocida, no es congénita ni hereditaria, pero el proceso y sus consecuencias son similares a las de una E.L.A. ( esclerosis lateral Amiotrófica)

Sólo puedo ver durante unos segundos si me levantan el párpado derecho. No puedo hablar y tampoco escribir; me comunico con un sistema de abecedario inventado por mí y con unos garabatos que sólo entiende la enfermera que me cuida habitualmente. Me alimento a través de un botón de gastrostomía y respiro de manera artificial, con ventilación asistida y soporte de oxígeno. Tengo dolores crónicos, neumonías, fiebre casi a diario y muchas infecciones continuas. Las más frecuentes son: respiratorias, gastrointestinales, de ojos ( porque al no poder parpadear se me ulceran las córneas y se producen infecciones)y de oídos (porque llevo drenajes para poder oír y para que las secreciones no se acumulen. Sin los drenajes no oiría absolutamente nada).

A los 23 años, la enfermedad se complicó y dio su cara más fea. Me pronosticaron seis meses de vida, los cuales se han convertido en 20 años de propina divina. Entonces decidí que no podía esperar a la muerte de brazos cruzados.”El alma es más fuerte que el cuerpo”, mi madurez espiritual y crecimiento personal han sido motivados por el sufrimiento y por la superación personal día a día. Mi alma es fuerte, luchadora, alegre, trabajadora y con una Fe y Confianza fuertes en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda.

Mi oración es algo constante, no falta en ninguno de mis días. Desde que descubrí a Dios me sucede algo similar a cuando una persona se enamora: me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración lo que cuenta no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros durante ese tiempo. Cuando rezo le pido fuerzas a Dios para que me ayude a llevar una Cruz que cada día pesa más y que ya ha pasado por las tres fases: al principio era ligera, como si fuera de plástico; luego se transformó en madera y desde hace 14 años, me parece de hierro. Tampoco dejo que la añoranza de sueños que no puedo cumplir me quite la paz y me abandono en la Confianza, en la Divina Providencia de Papá Dios. Dios es quién más sabe de mi. Un día soñé que el Señor me decía que iba a sufrir mucho, pero que mi sufrimiento iba a ser muy fértil. El tiempo le está dando la razón y es verdad que está dando sus frutos.

También tengo días difíciles en los que me enfado con el mundo pero intento ver las cosas de manera positiva. Aunque todos tenemos días de todos los colores, todos son necesarios en la vida para crecer y madurar espiritualmente y como personas. Como a cualquier ser humano, no me gusta sufrir. Respeto y entiendo a las personas que solicitan la eutanasia. A mi, en más de una ocasión, me han dado ganas de tirar la toalla pero ahora sé que si sigo aquí es por algo, porque ocasiones para fallecer las tengo un día sí y otro también. Mi deseo es poder llegar al final con la calidad de vida que vaya precisando y con dignidad y que sea Dios quien decida cuándo ha llegado mi día y mi hora.

Cuando estuve en coma, tuve la suerte de tener la famosa experiencia del túnel. Esto dio a mi vida un giro de 180º y me puso rumbo hacia la búsqueda de Dios. Hasta entonces había sido una creyente un poco “light”. Desde entonces, no tengo miedo a la muerte porque sé que cuando una persona fallece, en esta vida no existe nada similar para poder hacer una comparación a la luz y el bienestar que allí se sienten. Aunque también sé que todos somos diferentes y dependiendo de la vida que cada uno haya tenido, alcanzará una intensidad más o menos de la luz infinita, que es Dios. Mientras espero, mi vida consiste en luchar, sufrir, orar y escribir. Sin Dios nada vale la pena y hay que buscarlo como si quisiéramos encontrar las llaves en el fondo del mar. La Fe es muy importante para aprender a asumir cada uno su cruz. La Fe la forman dos letras. Para mi simbolizan la F de fuerza y la E de esperanza. La esperanza es el último sentimiento que cualquier ser humano debe conservar hasta el último instante de su vida.

El tiempo que la enfermera está conmigo no es suficiente para hacer todo lo que a lo largo de las 24 horas de cada día preciso. La vida es el don más preciado que Dios nos da y depende de cómo la viva cada uno puede ser el más desgraciado del planeta o el más feliz.


He escrito dos libros, el primero, “Voz de papel” narra mi experiencia de vivir con la enfermedad y la peregrinación por todos los hospitales por donde estuve ingresada. Cuento el dolor que provocó el diagnóstico y sus consecuencias clínicas. Me hice preguntas que a día de hoy nadie ha sabido responder: “¿por qué yo?, ¿por qué así?, ¿ y por qué no a mi?, ¿qué sucedió en aquel quirófano?, ¿fue una negligencia médica?, ¿falló mi organismo?, ¿estaba predestinada a ello?…”

A través de este libro, el lector puede sentir los temores, las luchas, el agotamiento, los momentos buenos, los malos y cómo sentí la presencia de Dios. Todo esto sin acritud, sin amargura, con sentido del humor en muchos casos, aunque también con buenas dosis de sinceridad, pero ante todo llena de esperanza. Por esta obra me concedieron, por votación popular, el título de Riojana del Año y seis meses más tarde, la Medalla de Oro de la Rioja, la más alta condecoración del Gobierno de La Rioja y, hasta el día de hoy, 7 de Marzo de 2007, soy la única mujer a la que se le ha otorgado tal distinción. Considero que en La Rioja, hay muchísimas mujeres merecedoras de tal distinción y, sinceramente, en la orla rodeada de tantos hombres, cuando la veo cada año, me siento muy sola y me gustaría ver la fotografía de más compañeras.


El segundo libro, “Alma de color salmón” me costó más tiempo escribirlo debido al avanzado deterioro físico producido por la enfermedad. Tardé dos años y medio en escribirlo y otros dos en publicarlo. En este libro hablo poco de mi cuerpo y en cambio abro mi alma.

Mi tercer libro está a punto de terminarse, contará con unos treinta capítulos en los que hablo de mi vida espiritual y humana. El libro ya está escrito, ahora la enfermera, a ratitos, me va leyendo todos los capítulos y, a medida que los vamos corrigiendo, voy añadiendo y quitando cosas. Si Dios quiere, yo calculo que para el mes de marzo estará terminado, aunque luego tendré que negociar con los editores y seguir todos los trámites. Ya se sabe que los papeleos y los asuntos judiciales necesitan bastante tiempo, pero estoy segura de que, cueste lo que cueste, el libro algún día, cuando Dios quiera, verá la luz. Ya tengo dos experiencias anteriores y, si con el primero tuve dificultades, con el segundo tampoco lo tuve fácil. Lo importante es que ya está escrito. El título en un principio iba a ser “Los eslabones de Dios” pero, como el título alguna persona indiscreta lo desveló y corrió la voz por internet a la velocidad de la pólvora, lo tuve que cambiar y ahora es muuuuuucho más bonito. Y la editorial es toda una incógnita porque no la sé ni yo.

Cualquier vida es única e irrepetible y tiene tanto valor como otra. Si hubiese una vida sin importancia, ninguna sería importante. Mis días son muy cortos. A las diez en punto llega la enfermera. Comienza el aseo personal que dura tres horas. Aquí se incluyen ejercicios de rehabilitación, cura de heridas, toma de constantes, administración de medicación, aspiraciones constantes por boca y traqueostomía y esterilización de aparatos. Alrededor de la una ya estoy preparada y comienza mi vida social: leo y contesto el correo postal y electrónico, hago llamadas telefónicas, recibo visitas y escribo artículos, cuentos y libros. De estos últimos voy por el tercero, como ya he dicho antes. En cada libro que he escrito, cuando veía el final, me surgían todo tipo de dificultades pero, cuando estaba a puntito de tirar la toalla, alguien aparecía en mi vida por sorpresa y todo veía la luz.

A las dos de la tarde la enfermera me acuesta para descansar; a las dos y media la comida, todo tiene que estar bien triturado para que la sonda de gastrostomía no se obstruya. A esa hora la enfermera se va y me deja descansar. Luego regresa a las cuatro y media y me vuelve a levantar, a asear, me da la merienda junto con la medicación y de nuevo, nos ponemos a trabajar. Por la tarde sigo con mis actividades sociales hasta las siete y media, cuando la enfermera termina su jornada laboral y le cede el relevo a mi cansada madre que me da la cena y me cuida hasta la mañana siguiente. Los fines de semana y festivos no dispongo de enfermera con todo lo que ello conlleva: mi madre ya no me puede asear, ni cambiarme de postura. En la cama no puedo garabatear y sólo puedo decir palabras muy concretas a través de mi abecedario.

Siempre he respetado a las personas que sufren. Nadie mejor que yo conoce el sufrimiento pero no quiero que se me manipule ni a favor, ni en contra de la eutanasia porque cada persona es un mundo y cada vida tiene unas circunstancias. Respeto y entiendo a quien quiera solicitar la eutanasia, pero pido el mismo respeto hacia los que queremos luchar hasta el final, que somos muchos.

La Madre Teresa de Calcuta dijo una vez que en los países cuyo nivel económico parece ser elevado, existen expresiones de pobreza oculta, tales como la tremenda soledad de la gente que se siente abandonada y que sufre mucho por ello. Actualmente muchos enfermos con enfermedades dependientes quieren vivir pero están silenciados por la opinión pública y la presión mediática. Muchos enfermos sufren por no tener una atención digna, centros adecuados, ayudas familiares y económicas. Siempre intento luchar por los derechos de los enfermos, por el derecho a servicios de salud más humanos e integrales y la dignificación del enfermo como un ser completo en sí mismo y con aportes que hacer a la sociedad. En vez de hablar de “muerte digna”, se debieran ofrecer ayudas para facilitar la “vida digna”.

Y por último y quizás lo más importante, es la “cariñoterapia”. Todo enfermo necesita grandes dosis de cariño, quizás más de lo normal, por también tener menos de lo normal diariamente. Una sonrisa, un detalle, la compañía o simplemente que sientas que eres importante para las personas que tienes al lado, es fundamental para la vida de cada uno de nosotros, y más para los que nos enfrentamos al dolor cada día. Para mí, cada día que tengo de vida es una propina y un milagro. Entiendo que, procesos de enfermedad larga, crónica y cruel, hagan que algunos enfermos se desesperen pero, en mi caso, mi cuerpo cada día me va diciendo que lógicamente no voy a más joven, ni a más sana; siento que el final cada día está más próximo. Si veinte años se me han pasado en un suspiro, el final sólo Dios sabe lo que va a durar pero seguro que me llegará cuando menos lo espere.

Cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía:
- ¡Otra vez estoy aquí!,
y le diré:
- Me dijiste que la próxima vez que nos viéramos no tendría que volver. Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes.

Los días cada vez son más difíciles de llevar físicamente. Las infecciones son continuas; no paso ni diez días sin necesitar un antibiótico. Los dolores son más intensos y aunque no me agarro a esta vida, me produce melancolía que esta etapa finalice.

Siento algo similar a cuando veía que iba a dejar de ser niña. Sabía que después de la infancia llegaba la adolescencia. La infancia no era el final, al igual que el fallecimiento tampoco lo es. Cada etapa de la vida tiene su encanto y hay que saber adaptarse a todo. Yo admiro mi capacidad de adaptación. Desde que era una miniatura tuve que adaptarme a los diferentes traslados debido al trabajo de mi padre: de ciudad, casa, colegio, amiguitos/as, diferentes idiomas y dialectos… Muchos psicólogos me han confesado que cualquier otra persona no aguantaría un aislamiento de veinte años entre las cuatro paredes de mi habitación con el añadido del intenso sufrimiento producido por la enfermedad.

La edad media de un ser humano que reside en Europa es de 80 años por eso se suele decir cuando se cumplen los cuarenta años “esta vida son dos días y yo ya he vivido uno”, por eso siento que la vida se me escapa.

Muchas personas me suelen decir: ¡claro, como tú has tenido y sigues teniendo experiencias místicas, eso refuerza tu fe y tus ganas de vivir! , y yo les digo que a los diecisiete años, por ejemplo, no había vivido ninguna experiencia trascendental y ya muchas veces, sin motivo alguno, se me saltaban las lágrimas de lo afortunada que me sentía, por ejemplo, al ver un amanecer en una estación de esquí o al bajar por la noche esquiando con antorchas un grupo de jóvenes formábamos palabras como “paz”.

Fuente: Alma color salmón

Tercer libro de una mujer pentapléjica

«Los garabatos de Dios», tercer libro de una mujer pentapléjica.

Zenit.org

Lleva más de dos décadas sin poder hablar. Respira a través de un respirador artificial, se alimenta con una sonda, ha sufrido casi 200 neumonías durante este tiempo, varias decenas de intervenciones quirúrgicas… La vida es cada vez menos fácil para Olga Bejano, de 44 años, pero ha decidido continuar «trabajando» y luchando para dar a conocer todo el potencial de sabiduría que lleva dentro.

Después de haber escrito «Voz de Papel» y «Alma de Color Salmón», sale ahora a la luz su última obra, «Los Garabatos de Dios», en la editorial LibrosLibres. Con motivo de su publicación, Olga ha concedido esta entrevista en la que explica los porqués de esta obra, repasa su situación actual y da razones de su esperanza en medio del dolor.

Olga Bejano

Olga Bejano

– Lo primero, lo que todos quieren saber, la pregunta que siempre surge en los foros… ¿Cómo estás?
OB: Fatal, físicamente una neumonía cada semana y psicológicamente muy cansada de tanto luchar con la burocracia. Llevamos dos meses sin enfermera y como soy una enferma de U.C.I., mi madre hace tres turnos ella sola. Estoy encamada todo el día y casi incomunicada.

–En segundo lugar, enhorabuena por tu tercer libro, y por todo el esfuerzo que ha supuesto. Dices en tu libro que el Cielo te pidió «en sueños, como quien no quiere la cosa», que escribieras otro libro. ¿Cómo fue?
OB: En este libro explico cómo el Señor me ha ido enviando a lo largo de estos veinte años porciones de conocimiento y sabiduría. Estos maravillosos regalos, eslabones de una misteriosa cadena, me han permitido abrir mi mente, madurar y crecer espiritualmente. Al principio no era consciente de lo que el Señor estaba haciendo conmigo y, ante la aparición de los regalos divinos, decía lo que casi todos los mortales: «¡Qué casualidad, qué coincidencia!». Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que todas esas casualidades y coincidencias no eran tales, y que todas, toditas, todas venían del Cielo. El Cielo hace las cosas más grandes de la manera más sencilla y todos sentimos cuándo un sueño es diferente.

–¿No quedaba suficientemente reflejada la importancia que la religión tiene en tu vida en los otros dos libros? ¿Por qué añadir más?
OB: ¡Ni muchísimo menos! De toda mi evolución espiritual y religiosa he dicho lo que me ha salido del corazón en cada momento, pero queda mucho en mi interior.

–Ahora ya, por fin, ¿tienes los deberes cumplidos?
OB: Eso sólo Dios lo sabe, aunque a mí trabajo no me falta, pero lo más importante ya lo he hecho y lo he comprendido.

–¿La relación con Dios que tienes ahora ha sido un regalo de tu enfermedad, o más bien de tu experiencia cercana a la muerte?
OB: Las dos cosas van unidas. Para mí la enfermedad no es ningún regalo. Los seres humanos somos materia y alma. La materia se puede deteriorar por muchas circunstancias y si uno acepta la situación de forma positiva, puede ser una oportunidad para madurar y crecer como persona humana y espiritualmente. Dios me da otro tipo de regalos poniendo en mi vida un equipo médico de cuidados paliativos fabuloso, un montón de amigos que siempre están cuando los necesito, mi familia, vosotros los lectores, etc.

–¿Deseas decir algo a tantas personas que alrededor del mundo te conocen, te quieren y rezan por ti cada día, aunque nunca te han visto personalmente?
OB: Desearía gritar que valoren su vida, que la sepan vivir sanamente, que vivan en paz y que sepan ser felices con lo que son y con lo que tienen. Que aprendan a ser felices y así podrán hacer felices a los demás. No se puede dar lo que no se tiene.

–¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista?
OB: Todos sabemos que lo peor de una enfermedad incurable es el principio y el final. Mi «sprint» final, por muchos motivos, me está resultando muy difícil, por eso pido oraciones en abundancia y a mis lectores siempre os estaré agradecida porque habéis sido un estímulo para seguir viviendo al límite de lo imposible.

Fuente: Alma de salmón

Un canto a la vida

Un canto a la vida,… de COLORES !

 Olga Bejano nació el 3 de Noviembre de 1.963,en el seno de una familia de profundas raíces cristianas. Sus padres, Juanma y Mª Carmen, de fe recia y miembros activos del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, transmitieron a sus hijos lo que ellos tenían por la perla preciosa y el tesoro escondido:

su FE

Olga creció junto a sus 3 hermanos, ella es la segunda, y tuvo una infancia feliz. A los 12 años fue operada de una apendicitis; una sencilla operación de la que tardó 8 horas en despertar de la anestesia. Ese fue el comienzo de una grave y desconocida enfermedad. El primer síntoma fue un cambio en su voz y siguió una dificultad para tragar y deglutir los alimentos. El cuello, los brazos y las piernas fueron poco a poco debilitándose. Comenzó un largo peregrinaje por médicos y hospitales, pero la enfermedad parecía no tener un diagnóstico y por lo tanto tampoco había un tratamiento y sin tratamiento tampoco era posible la curación.

A pesar de todo intentó llevar una vida lo más normal posible. Continuó con sus estudios de arte y decoración, especializándose en fotografía obteniendo el título de fotógrafa profesional. Y entre una cosa y otro estudió también puericultura. Sus dos pasiones eran el arte y los niños.

La rama de su vida se truncó definitivamente un domingo, 27 de mayo de 1.987. Tenía 23 años. Ese día sufrió una parada de glotis que le impidió respirar, lo que le ocasionó varias paradas cardiorrespiratorias y entró en un coma profundo. Pasó cinco días entre la vida y la muerte. Milagrosamente Olga salió del coma y su mente no sólo no presentó lesiones graves debido a la falta de oxígeno, sino que es ahora, si cabe, más ágil que antes.

Olga cuenta que en esos días que pasó en coma tuvo una experiencia cercana a la muerte, comúnmente llamada “experiencia del túnel”. Esta experiencia dio a su vida un giro de ciento ochenta grados; su vida sufrió una transformación espiritual y religiosa impresionante. A pesar del gran sufrimiento físico y psicológico que desde entonces ha ido creciendo, fue descubriendo y acercándose a un Dios amor.
Desde hace más de veinte años está paralizada de la cabeza a los pies, no puede hablar, tampoco escribir con letra legible. Se comunica con unos garabatos que logra con un leve movimiento de su mano derecha que consigue gracias a pequeños impulsos que hace con su pierna izquierda. Así traza unos signos ilegibles que sólo entiende la enfermera que está a su lado. Lleva traqueotomía y respira artificialmente con ayuda permanente de una máquina. Se alimenta por medio de una sonda y su visión se reduce a unos segundos cuando alguien le levanta el párpado derecho. Por sí misma sólo puede oír, pensar y sentir. Por si fuera poco a este sufrimiento tuvo que sumar la muerte repentina e inesperada de su padre tras una parada cardiorrespiratoria que sufrió precisamente el día que Olga cumplía 40 años. Así uno de los pilares en los que se sustentaba su vida se fue a la casa del Padre y perdió además de a un padre, a un amigo, cómplice, enfermero y confidente.

Quien piense que una vida así no puede tener sentido comete un gravísimo error. Olga tiene una vida mucho más plena y con mucho más sentido que la de muchos que podemos andar, oír, ver, respirar y comer. Desde su silla de ruedas es capaz de movilizar a medio mundo.

En 21 años ha escrito tres libros. “Voz de papel”, “Alma color salmón” y “Los garabatos de Dios”. Sólo Dios sabe a cuantos de sus lectores ha llenado de esperanza y ha ayudado a vivir. A su habitación llegan gentes de todo el mundo, atraídos por su ejemplo de vida; muchos le piden consejo, consuelo, ayuda, oraciones….

Ha recibido un sin fin de galardones: Riojana del año; Medalla de Oro de La Rioja por su trabajo y esfuerzo. Se le concedió la medalla de la Virgen de la Esperanza, patrona de Logroño y fue nombrada socia honorífica de dicha cofradía.

Olga es todavía una mujer joven, inteligente, testaruda, muy dinámica, totalmente puesta al día, con una gran fe y que consigue lo que se propone.
Desde el confinamiento de su habitación es una luchadora nata por la justicia y por conseguir que enfermos que, como ella, dependen físicamente de otras personas, tengan la atención debida para llevar una vida digna. Para ello no ha dudado en hablar con quien haga falta: políticos, medios de comunicación, médicos de casi todas las especialidades. Ante nadie se ha quedado callada, desde su silencio ha reivindicado todo aquello que considera justo.

Olga no intenta convencer a nadie, sólo da testimonio de vida, pero sin pretenderlo contagia su fe. Junto a ella Carmen, su madre, es otro ejemplo de cómo se puede vivir con alegría y entereza en medio del sufrimiento.
Los que hemos tenido la inmensa fortuna de haber podido visitarla en alguna ocasión, no hemos encontrado un cuadro de dolor y tristeza; todo lo contrario ha sido como zambullirnos en un baño de esperanza, alegría, fortaleza, generosidad y amor, mucho amor.

Fuente: Alma de color salmón

Incomoda a promotores del aborto por anencefalia

Marcela de Jesús incomoda a promotores del aborto por anencefalia en Brasil


RIO DE JANEIRO, 21 Ago. 08 / 12:37 am (ACI).- Para uno de los Cacilda y su hijalíderes pro-vida más conocidos de Brasil, la intensa vida de Marcela de Jesús Ferreira, la niña que vivió un año y ocho meses con anencefalia, se ha convertido en un contundente testimonio que los promotores del aborto pretenden omitir para lograr la despenalización de esta práctica en casos similares al suyo.

El Presidente de Pro-Vida de Anápolis, Padre Luiz Carlos Lodi Da Cruz, publicó un artículo sobre la niña titulado “Marcela: una estrella en el cielo” en el que destaca el aporte de la bebé a la causa pro-vida.

Según el sacerdote, “durante el tiempo que Marcela estuvo con nosotros” se paralizó la estrategia judicial para que el Supremo Tribunal Federal apruebe el aborto para casos de anencefalia.

“Pocos días después de la muerte de Marcela, el 7 de agosto de 2008, el Ministro ponente Marco Aurelio envió cartas a diversos órganos invitándolos a participar en una audiencia pública sobre el tema. El evento, programado para el día 26, 27 y 28 de agosto, parece haber sido montado para promover la causa abortista“, denunció el sacerdote.

En efecto, “de las once entidades invitadas, sólo dos son pro-vida: la CNBB y la Asociación Nacional Pro-Vida y Pro-Familia. Ambos deben participar el mismo día junto a la organización abortista ‘Católicas por el Derecho a Decidir‘ y la (secta) Iglesia Universal del Reino de Dios, favorable al aborto”, indicó.

El Ministro Marco Aurelio “no quiere invitar (a la audiencia) a los familiares de los bebés con anencefalia, como la madre de la niña Marcela de Jesús Ferreira, que, a pesar de haber sido diagnosticado con anencefalia, vivió 1 año y 8 meses”, arguyendo que se actuará “más en el ámbito técnico”.

Para el Padre Lodi Da Cruz “el mero recuerdo de niña que supondría un obstáculo para la aprobación” del aborto.

En su artículo, el sacerdote recogió el testimonio de la madre de la niña, Cacilda Galante Ferreira, y de los médicos que se encargaron de su cuidado.

Para la doctora Regina Elena Lopes de Freitas, Marcela “cambió todo el hospital” desde su nacimiento. En el hospital Santa Casa de Misericordia de Patrocinio Paulista

“hubo más diálogo, más unión, valía la pena trabajar por las personas que luchan“.

Tras la muerte de la niña, su madre Cacilda aseguró que siempre estuvo preparada para ese momento. “Ella sería mía por el tiempo en que Dios lo deseara. Ella era un ángel que Dios me dio”, indicó.

“Estaba triste. Pero yo no lloraba. No estaba perdiendo. Dios llegó a buscar algo que me dio, la joya rara que entregó a mi cuidado. Siento su ausencia, pero mi conciencia está tranquila. Hice la elección correcta: una vida para ella”, agregó.

Según Cacilda, “Marcela unió más a la familia. Hemos hecho tantos amigos. Ahora está allí en presencia de Dios, cuidando de mí, me da fuerzas para soportar su ausencia. Solo tengo que agradecer”.

Para el Padre Lodi Da Cruz “el paso de Marcela entre nosotros -sus risas, llantos, su reacción ante las luces de los fotógrafos, su evidente reacción ante su madre- requiere que los neurólogos revisen el dogma de que es imposible tener conciencia sin la presencia de la corteza cerebral”.

… pero aún así amo a mi bebé”

21 Agosto 2008 Moral y Luces 1 Comentario

“Fui violada y quedé embarazada a los 16… pero aún así amo a mi bebé”

 

Daily Mail)LONDRES, 21 Ago. 08 / 04:37 am (ACI).- El periódico Daily Mail recogió el impactante testimonio de Elizabeth Cameron, una joven de 19 años que resultó embrazada tras una salvaje violación, pese a las presiones de su entorno decidió tener a su bebé y hoy asegura que nunca se arrepentirá de haber optado por la vida de su hija.

En diciembre de 2005, Elizabeth tenía 16 años de edad, era una chica estudiosa y tímida. Una noche después de clases mientras esperaba que su madre la recogiera de su centro estudios, tres encapuchados la metieron en una camioneta por la fuerza y la violaron. Nunca pudo reconocerlos.

Cuando supo que estaba embarazada, el sufrimiento aumentó. “Todo el mundo, salvo mi mamá, decía que debía tener un aborto. Mi papá incluso concertó una cita en la clínica, ahí trataron de convencerme de que era sólo una masa de células y que todo sería muy rápido”, recuerda Elizabeth.

“En la escuela, mis amigos -la mayoría de los cuales no sabía de la violación- no podían entender por qué alguien de mi edad querría tener un bebé en vez de un aborto. Y los pocos a los que conté lo sucedido se horrorizaban más al saber que pretendía tener al bebé. Pero yo lo hice. Y no me arrepiento ni por un momento“, asegura la joven.

“Cada vez que miro a Phoebe, sé que tomé la decisión correcta. Nunca quise poner fin a la vida de mi bebé sólo por la forma en que fue concebida”, indicó.

Según el reportaje del Daily Mail, Elizabeth alguna vez compartió la idea de que dar a luz al hijo de un violador es impensable, pero desde que vio a su bebé en el primer ultrasonido sintió mucha ternura.

Me sorprende lo fácil que surgió el amor por mi hija mientras crecía dentro de mí, pero debo admitir que temía que mis sentimientos cambiaran cuando la viera por primera vez”, recuerda la joven.

Elizabeth sostiene que durante el embarazo tuvo muchas pesadillas sobre el ataque y pensaba que al tener al bebé recordaría más la violación. “Pero ella no me recordó esa noche y al tenerla supe que estar con ella era más importante que lo que había ocurrido“, sostiene.

“No pude considerar entregarla en adopción. Mi madre fue abandonada de bebé en una estación de trenes de Londres y eso la afectó mucho. Crecí rechazando que alguien pudiera abandonar a un niño inocente”, agregó.

La madre de Elizabeth apoya en todo a su hija. “La gente puede pensar que no es posible amar a un niño concebido de esa forma, pero créanme, la amo más justamente por eso“, sostiene la abuela.

Elizabeth agrega: “Nunca he culpado a Phoebe por lo ocurrido. Aunque lo ocurrido fue aterrador, saber que iba a ser madre me ayudó a concentrarme en otra cosa. Supuse que debía tratar de ver más allá de lo ocurrido, y ver la vida que se había creado“.

Phoebe tiene casi dos años y le costó mucho reconciliarse con su padre por intentar hacerla abortar. “Ahora él la ama y eso es lo importante. Sé que necesita una figura paterna en su vida”, asegura Elizabeth.

Elizabeth se prepara para el momento en que su hija crezca y le pregunte por su padre: “Si debo hacerlo, le diré que ella fue lo bueno que surgió de algo malo. Y le diré que nunca me arrepentí de tenerla y que no estaría lejos de ella por nada del mundo”.